(navigation image)
Home American Libraries | Canadian Libraries | Universal Library | Community Texts | Project Gutenberg | Children's Library | Biodiversity Heritage Library | Additional Collections
Search: Advanced Search
Anonymous User (login or join us)
Upload
See other formats

Full text of "Hampa afro-cubana: Los negroes esclavos; estudio sociológico y de derecho publico"

li i ' J 






-. ^X 



:-W: 
















\m-'>^ 



4^'- 

..^^•■í:^: 



íi..- 









0^^ 



' - '^^ > 



•*4^ ««4 



-y^FT^. 






B 




LQ3 nE6Ra5/,\N^ 
E3aAVQ5 




fERnAnpo, 

-OPII 



IPROrESOR- En 
LAUniVERSlPAP; 
IQt LA riABAMA 



PRECIO: DOS PESOÍ 



HAMPA AFRO-CUBANA 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



DEL MISMO AUTOR 



Base paba un estudio sobre la llamada kepabacion civil. (Tesis doc- 
toral), 112 páginas. Madrid, 1901. Librería de Victoriano Snárez. 

Las simpatías de Italia pob los mambises cubanos. Documentos para 
la historia de la independencia de Cuba. (Publicación oficial del 
Departamento de Estado de la República de Cuba). Marsella, 1905. 

La cbiminalita dei negbi in Cuba. (Publicado en el Archivio di Psichia- 
tria, Medicina Légale ed Antropología Criminóle. Vol. XXIV, fase. 
IV.) Tarín, 1905. 

Il suicidio tba i negbi. (Publicado en el Archivio di Psichiatria, etcéte- 
ra. Vol. XXVII, fase. III.) Turín, 1906. 

Supebstizione cbiminose in Cuba. (Publicado en el Archivio di Psi- 
chiatria. etc. Vol. XXVIII, fase. V.) Turín, 1906. 

Hampa Afbo-cubana. — Los negbos bbujos. (Apuntes para un estudio 
de etnografía criminal). Con prólogo de C. Lombroso, 48 figuras, 
432 páginas. Madrid, 1906. Librería de Fernando Fe. (Está ago- 
tada). 

La inmigbacion desde el punto de vist.v cbiminologioo. (Publicado en 
la Revista Derecho y Sociología). Habana, 1906, N? 5. 

Paba la Agonogbafia Española. (Estudio de las fiestas menorquinas.) 
41 páginas con 13 figuras. Habana, 1908. 

Los mambises italianos. (Apuntes para la historia cubana). 64 pági- 
nas. Habana, 1909. 

La Reconquista de America. (Reflexiones sobre el panhispanismo) . 
352 páginas. París, OUendorf, 1911. 

Histobia de Santiago de Cuba. (Compuesta y redactada en vista de los 
manuscritos de José M. Callejas, inéditos y originales, de 1S23 y pre- 
cedida de un prólogo). 136 páginas. Habana, 1912. 

La Identificación dactiloscópica. (Estudio de policiologla y derecho 
público). Edición oficial. 282 páginas y 185 figuras. Habana, 1913. 
Segunda edición. Daniel Jorro. Madrid, 1916. 

Entbe Cubanos. (Rasgos de psicología criolla). 232 páginas. OUendorf, 
París, 1914. 

Seamos hoy como fuebon ayer. (Discurso leído en la Sociedad Econó- 
mica de Amigos del País). Habana, 1914. 

La Fii^jsofia Pk.nal de i.os Espikitistas. (Estudio de Filosofía jurídi- 
ca). Habana, 1915. 



COLECCIÓN CUBANA DE LIBROS Y DOCUMENTOS INÉDITOS O 
RAROS, dirigida por Fernando Ortiz. 

VoI. I. Jase M. de la Torre. — Lo qik fii.mos y i.o guK somos o la 
Habana Antigua y Moderna. Habana, 1914. 

Vol. II. Henri Dumont. Antropou)GIa y Patología comparadas de 
LOS Negros esclavos. Habana, 1916. 



En prensa: 

Hampa Afko-Ci baña: Los Negros Brujos. (Segunda edición.) Madrid. 



Hampa Afro-Cubana: Los Negros Horros. 
„ „ Los Negros Curros. 



En preparación: 

Negros Horros. 
Vegros Curros. 
Los Negros Ñañigos. 



HAMPA AFRO-CUBANA 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



ESTUDIO SOCIOLÓGICO Y DE DERECHO PUBLICO 



POI 



FERNANDO ORTIZ >^^>^^c2_- 



Prafetor en 1& Universidad de la Ifabana 



CON 34 FIGURAS 



REmSTA. BIMBSTRE CUBANA 

CAILXJCS L Y 37 

HABANA 

1916 






liO 






Es propiedad del autor. 



1014, 

01 



Imprenta "La Universal" de Ruizy C?, S. en C— Habana. 



DEDICÓ 

A 

ORESTES FERRARA, 

LUCHADOR CON GALLARDA GENIALIDAD ITALIANA 

POR LA LIBERTAD Y LA CULTURA 

DE CUBA. 



ADVERTENCIAS PRELIMINARES 

El autor se cree en la necesidad de hacer una declaración precia. 
Aunque no puede deducirse de sus afirmaciones, ni siquiera de los 
datos por el ordenados, una opinit'm racista que repugnaría a sus 
convicciones sociológicas: no obstante, quizás del grupo de los que 
entre nosotros escriben o hablan para el público — especialmente des- 
de las capas inferiores de ese reducido mundo, porque también el 
intelectualismo tiene su hampa — puede surgir — y surgió en efecto al 
publicarse la primera edición de Los Negros Brujos — una ynal in- 
tencionada voz que achaque a este libro conclusiones apasionadas y 
pugnantes con el sano juicio que merece la observación científica de 
todos los caracteres psico-sociológicos de la población cubana de co- 
lor. Sin embargo, el estudio e interpretación del valor real, positivo 
o negativo, que para la evolución de la sociedad cubana tienen los 
múltiples y a menudo olvidados coeficientes que han determinado el 
estado actual de la raza negra en Cuba, de cada día más próspera y 
asimilable, no significa que los que en tal dirección acentúen sus 
esfuerzos intelectuales sean inspirados en impulsos bastardos, que 
serían ciertamente y en absoluto inmotivados. 

La observación positivista de ¡as clases desheredadas en tal o 
cual aspecto de la vida, y de tu¿ factores que les impiden un más 
rápido escalamiento de los estratos superiores, forzosamente ha de 
producir el efecto benéfico de apresurar su redención social. Así suce- 
dió con los trabajos de los Pinel. los Esquirol, los Morel. etc.. sobre 
los desgraciados locos — que si bien ya no morían como antes con la 
afrentosa coroza en las hogueras de los autos de fe. eran tratados 
aún como malhechores, como susceptibles de volverse cuerdos por la 
pena, según todavía recuerda el refrán popular — los cuales trabajos 
impulsaron el desarrollo de la psiquiatría que hoy exige que los alie- 
nados sean atendidos con la afectuosa tutela que merecen los enfer- 
mos y los niños. Así como los gigantescos esfuerzos de los Lombroso. 
los Ferri. los Lacassagne. los Tarde, los Dorado y de toda la falange 
i/e crim^inalistas modernos harán viables los idealismos de la teo- 
ría correccionaJista. socavarán las inútiles prisiones y abrirán una 
era de tutelar tratamiento para los criminales — infelices que nau- 
fragan por la inestabilidad del esquife de su organismo, juguetes del 
enfurecido oleaje del ambiente: inocentes, sin embargo, de la defec- 
tuosidad del primero, que ellos no escogen al embarcarse para el via- 



VIII 



je (le la vida, y de la procelosidad del segundo que ellos no motivan 
al tratar de fijarse un rumbo sin brvjula y sin timonel. 

Tómense, pues, las observaciones de este libro en el sentido real 
y desapasionado que las inspira, y rectifiqúense sin son equivocadas, 
y complétense si deficientes, que todo esfuerzo intelectual en pro del 
conocimiento científico del hampa afro-cubana, no será sino una co- 
laboración, consciente o no, a la higienización de sus antros, a la re- 
generación de sus parásitos, al progreso moral de nuestra sociedad y 
al advenimiento de esos no siempre bien definidos, pero no por esto 
menos nobles ideales que incuba toda mente honrada y objetiva, 
polarizados hacia una correccv'm de la doliente humanidad, para que 
los egoísmos se refrenen y canalicen y los altruismos se aviven, y 
para que libres de prejuicios étnicos y de aberrantes factores artifi- 
ciales de selección, la evolución superorgúnica siga su curso determi- 
nado por las fuerzas de la naturaleza encauzadas por sentimientos de 
amor y cooperación universal, que no son todavía tan humanos como 
nos lo hace creer el orgullo de nuestra especie, demasiado adorme- 
cida por las ideas antropocéntricas que la han mecido durante tantos 
siglos. 

Observemos con escrupulosidad microscópica y reiterada — "cum 
studio et sine odio'" — nuestros males presentes, que la consideración 
de su magnitud nos producirá la pesadilla que ha de despertarnos 
más prontamente de nuestra modorra y nos ha de dar valor y fuerzas 
para alcanzar la bienandanza futura. 



Esta declaración formó parte de las "advertencias" en la edición 
de mi obra publicada en 1906, con el título de Hampa Afbo-Cubana. 
— Lois Negros Brujos. Lo que fué primera parte de ese libro forma 
hoy, grandemente ampliado y refundido, el presente volumen. La 
segunda parte de aquél, lo que propiamente constituía el estudio 
acerca del fetichismo afro-cubano, será objeto de un nuevo volumen, 
también completamente remozado y más que duplicado en su conte- 
nido, con el mismo título del anterior. 

Al lanzar de nuevo a la luz pública el fruto de mis investigacio- 
nes sobre estos interesantes temas sociológicos, sólo aspiro a merecer 
otra vez los halagüeños comentarios con que hace años fué recibido 
mi primer ensayo. Será ello satisfacción para mi muy honda; recom- 
pensa bastante, aunque acaso tínica. 

Fernando Obtiz. 

Habana, (Villa Isis. calle L esq. a 27), 30 de Septiembre de 1916. 



HAMPA AFRO -CUBANA 



Los Negros Esclavos 



CAPITULO I 



S"U"]V-3:^I^IO: INTRODUCCIÓN AL ESTUDIO DE LA MALA 
VIDA CUBANA. — I. Interés especial de su estudio. — Componen- 
tes étnicos de la sociedad de Cuba. — II. Condiciones sociales de 
las distintas razas que la componen. — Su fusión parcial. — 
III. Fenómeno característico de la mala vida cubana. 



El estudio de la mala vida habanera, y en general el de 
la cubana, ofrece un interés especial para el sociólogo, e indu- 
dablemente ha de ser fructífero en igual grado que el conoci- 
miento del hampa de las capitales americanas y europeas. Las 
grandes ciudades ci\'ilizadas se parecen todas, tanto en la mala 
vida como en la vida honrada de sus habitantes. En todas se 
descubren las mismas llagas de la mendicidad, en todas la 
lepugnante gama de vicios sexuales muéstrase completa, en 
todas la delincuencia habitual adopta formas parecidas... Dada 
la semejanza de los componentes sociales de las grandes pobla- 
ciones, no podía suceder divei-samente. Los tipos de su mala 
vida han de pareceree, como los de su vida huena. pues así 



FERNANDO ORTIZ 



como la enfermedad se desarrolla según las condiciones fisioló 
gieas del individuo en quien hace presa, así el hampa es un 
reflejo de la sociedad en que vegeta. 

En cambio, entre los factores que han contribuido a fijar 
los caracteres de la mala vida en Cuba, hay algunos que no se 
encuentran en las sociedades comunmente estudiadas, factores 
que han contribuido de un modo especial a formar la psicolo- 
gía cubana, hasta en las más inferiores capas de nuestra socie- 
dad. Por esta razón el estudio del hampa cubana en general 
ha de dar lugar a observaciones originales y ha de sacar a la 
luz tii¥)s no conocidos fuera de Cuba, que se diferencian gran- 
demente de los hampones de otros países. 

Estos factores que se manifiestan de manera particular en 
la mala vida de Cuba y que determinan los caracteres distin- 
tivos de ésta, son especialmente antropológicos. 

La observación de la composición étnica de la sociedad 
cubana, tan divei*sa de las europeas, basta para poner de ma- 
nifiesto las diferencias que han de acentuarse en la mala vida 
de Cuba con relación a la de los demás países. 

En resumen, puede decirse que tres razas, tomando esta 
palabra en su acepción clásica y más amplia, depositaron sus 
caracteres psicológicos en Cuba : la blanca, la negra y la 
amarilla, y, si se quiere, una cuarta, la cobriza o americana, 
por más que ésta ejerciera escasa y casi nula influencia. 

La raza blanca entró en Cuba representada por los espa- 
ñoles de la conquista y de las sucesivas inmigraciones, que 
importaron el temperamento, la cultura, las costumbres, las 
virtudes y los vicios de los habitantes de las diversas regiones 
de España. 

Los primeros colonizadores vinieron a las Indias como 
aventureros. Ellos trajeron con los prolegómenos de la civili- 
zación la impulsividad propia de su pueblo y profesión gue- 
rrera, impulsividad filtrada a través de ocho siglos de guerras 
incesantes. Expulsados los árabes y después los judíos, en 
Iberia sobraron una turba de nobles y soldados hambrientos, 
imposibilitados de continuar su vida azarosa y de adquirir 
tierras enemigas a botes de lanza, y un clero belicoso y de 



Los NEGROS ESCLAVOS 3 



intransigencia exacerbada por la continua lucha con los infie- 
les. El clero hiza presa en el pueblo harapiento, que se divertía 
con los autos de fe, y los aventureros de la guerra se alistaron 
en los t^ereios (|ue corrieron por Europa o cayeron sobre las 
Indias. Consúltese el libro de Salillas, Hampa, para compren- 
der en toda su extensión la psicología de los conquistadores 
españoles. 

A Cuba llegó im puñado de esos audaces, castellanos y 
andaluces principalmente, en los que latía el heredado fer%or 
bélico de las aún recientes guerras contra la morisma, a las 
que habían asistido muchos de ellos. El hecho de prohibir 
la Reina Católica, apenas verificado el descubrimiento, el pase 
a las Indias de los que no fuesen castellanos (^), y espe- 
cialmente la circunstancia de monopolizar de hecho, y durante 
mucho tiempo de derecho también, la navegación entre Espa- 
ña y América, el puerto de Sevilla hasta 1720 y después el de 
Cádiz hasta 1764, explican que siguieran llegando a Cuba sola- 
mente españoles del sur de la Península, en los cuales el carác- 
ter impulsivo y el afán de lucro inmediato eran más agudos 
que en los habitantes del norte, avezados al trabajo sedentario, 
después de varios siglos de vida relativamente pacífica. Tales 
aventureros vinieron a hacer fortuna rápidamente ; para lo- 
grar lo cual sometieron a los indígenas y la sumisión fué tal 
que a fines del siglo xvm los'cnbanos aborígenes ya no exis- 
tían (-) y sólo han dejado algunas huellas filológicas, princi- 
palmente en los vocabularios geográfico, zoológico y botánico 
regionales, y escasos restos arqueológicos. Para substituir el 
trabajo del aborigen introdujeron desde los primeros tiem- 
pas, la esclaA-itud negra, que les transmitieron los árabes. 
I-ias rebeliones de indios y negros fueron continuas, así que 
no faltó en Cuba ocasión para dar rienda suelta a los impul- 



(1) J. A. S.vco. — Historia de la Esclavitud de la raza africana 
en el Nuevo Mundo. — Barcelona, 1879, t. I, págs. 83 y sigts. Esta pro- 
hibición fué abolida en 1526 por Carlos I. — Herrera, Décadas, 3.», 
libro 10, cap. 11. 

(2) Véase, sin embargo, lo que dice Bachiller y Morales en 
su obra Cuha Primitiva, Habana, 1883, pág. 258. 



FERNANDO OKTIZ 



SOS belicosos. Pero, no obstante, a las nobles y a los andaluces 
en general arribados en los primeros siglos, se deben las cos- 
tumbres gentiles y la esplendidez de la hidalguía castella- 
na., que trasmitieron a sus descendientes y que formaron la 
estratificación básica del carácter de las antiguas familias 
cubanas, así como de otros muchos caracteres de nuestra psi- 
cología. 

Escasa fué, en los primeros siglos, la población blanca de 
Cuba, pues los países continentales ofrecían más pingües 
empresas. La despoblación llegó al extremo de tener que pro- 
hibirse a los castellanos pobladores, bajo pena de nnierte, la 
salida de Cuba y de las otras Antillas para el resto de las 
Indias (^). 

Al mediar el siglo xvii comenzó a tomar incremento, la 
población blanca en la Gran Antilla, merced especialmente a 
la pérdida de Jamaica para España (1655). 

Al finalizar el siglo xvii después de perdida la Florida 
(1763), de creados en 1764 por Carlos III dos correos men- 
suales entre los puertos de la Coruña y de la Habana, y des- 
pués de declarada libre en 1774 la navegación entre siete 
determinados puertos de España y la Isla de Cuba; pero, 
sobre todo después de las gestiones del cubano Francisco de 
Arango para la introducción de trabajadores blancos en 1794, 
inicióse la verdadera colonización de Cuba, y a la coloniza- 
ción principalmente militar y burocrática de las regiones 
meridionales de la Peníijsula, sucedió la agrícola de los hi- 
jos de Canarias, (') y la comercial e industrial de los na- 



(1) En Granada, el día 17 de Noviembre de 1526. — Véanse las 
Decadas de Herrera. III, 10 y 11. 

(2) Estd no obstante, en Canarias se reclutaban las guarnicio- 
nes de Cuba en el siglo xvii; pero el desarrollo de la agricultura 
atrajo mayor número de canarios. Véase Arboleya, Manual de la 
Isla de Ciiha, Habana, 1859, págs. 41 y 115. Mientras en 1846 los 
habitantes españoles de Cuba originarios de la Península formaban 
el 13'07 por 100 del total de la población, los canarios ascendían al 
6 por 100. En 1693 por Real Cédula se fundó Matanzas, poblándola 
30 o 35 familias procedentes de Canarias. 



Los Negros esclavos 



turales de las provincias gallegas, cantábricas (^) y cata- 
lanas. (-) 

Casi contemporáneamente con la raza blanca, llegó a 
Cuba la raza negra, pero su importación no fué considerable 
hasta que, por el impulso dado por los inmigrantes blancos a 
la vida económica del país, se dejó sentir extraordinarimente 
la necesidad de brazos para las plantaciones, de tal manera 
que al mediar el siglo xix hubo en Cuba más negros que blan- 
cos. Y así como los blancos trajeron consigo diversos caracteres 
psíquicos, según la región de su procedencia, así sucedió con 
los negros, según la comarca africana de donde fueron arreba- 
tados: agrícolas, pacíficos y algo civilizados unos, guerreros, 
indómitos y salvajes otros, etc. 

También a mediados de la última centuria entró en Cuba 
la raza amarilla, (^) llegando a contarse en 1862 más de 60,000 
chinos, procedentes de Shangai y de Cantón, por lo común, 
asimismo para las faenas agrícolas, como los negros, y someti- 
dos de hecho a un régimen muy poco distante de la esclavitud 
a que éstos estaban sujetos. 

Vinieron todavía a mediados del siglo último a completar 
el mosaico étnico de Cuba los indígenas de Yucatán, mas en 
cantidad tan reducida que apenas han dejado recuerdo de su 
paso. (*) 



(1) Los vascongados trabaron relaciones con las Indias ya en 
1728, mediante la creación por el gobierno español de la escuadra 
mercante y de corso llamada Compañía Guipuzcoana. 

(2) La inmigración de otros países no ha tenido gran impor- 
tancia por el escaso número de inmigrantes. Puede señalarse, sin 
embargo, la francesa, originada por la revolución de Haití, que 
obligó a varios millares de colonos franceses a trasladarse a nuestra 
Isla a fines del siglo xvii, trayéndonos así un nuevo elemento de 
población inteligente y laborioso. Véase Masse, Cuba et Ja Havane, 
página 248. 

(3) En 1847, fomentada después por Decreto del General Se- 
rrano de 6 de Julio de 1860. 

(4) Jacobo de la Pezuela. Diccionario geográfico, estadístico, 
histórico, de la Isla de Cuba. Madrid, 1863, T. IV, pág. 242. 



FERNANDO ORTIZ 



II 



Pero todas estas razas encontraron en Cuba un ambiente 
tan nuevo y tan radicalmente distinto de aquél del cual eran 
originarias, que les era de todo punto imposible desenvolver su 
actividad y energías bajo las mismas normas que en sus paí- 
ses de procedencia, por lo que, al factor antropológico, se 
unieron otros sociales para determinar las características de 
la vida cubana. 

Ha sido de gran trascendencia la posición que entre sí 
mantuvieron las razas y aún los varios núcleos de individuos 
de origen nacional y condición diferentes. 

La raza blanca so dividió durante el siglo xix en das par- 
tes : cubanos ^y españoles, aparte de escasos individuos de otras 
nacionalidades, y ambas se odiaban mutuamente y se trataban 
como enemigas. El blanco nativo, por lo común, y especialmen- 
te el intelectual, fuera del ejercicio estricto de su profesión, veía 
sus energías obstaculizadas por las autoridades españolas, sin 
otra válvula que la constante conspiración política ; el cubano 
adinerado no halló en el ambiente que le rodeaba, manera de 
crearse constantes y cultos pasatiempos ni trabas para entre- 
garse a los vicios, que a veces lo hacían caer en el lodo de la 
mala vida; el cubano proletario estaba al descubierto contra 
todo factor degenerativo que pudiera contagiarlo y en contaxíto 
forzoso y constante con las otras razas, que insensiblemente 
iban influyendo en su psicología. 

El español o llegaba por la inmigración en busca de una 
fortuna y dispuesto a emplear para su conquista toda la rude- 
za de su psicología aldeana,, azuzada por el ambiente hostil en 
su mayor parte; o bien arribaba a Cuba por el ejército o la 
burocracia, en uno y otro de estos últimos casos con el ejerci- 
cio de una supremacía despótica y el convencimiento de que 
no tenía que hallar censores que castigaran su corrupción 
administrativa. 

La raza negra, de repente y en un país extraño, se halló 
en una condición social extraña también para los más de sus 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



mdi^^duos : la esclavitud, sin patria, sia familia, sin sociedad 
suya, con su impuLsivilidad brutal comprimida frente a una 
raza de superior civilización y enemiga, que la sometió a un 
trabajo rudo y constante al que no estaba acostumbrada. 
Cuando el negro fué libre, su libertad le sir\'ió para subir 
algo en la escala de la cultura, habiendo perdido varios giro- 
nes de su psicología africana en los zarzales de la esclavitud, 
pero no pudo salir de su ambiente restringido y separado del 
blanco. 

La raza amarilla supo concentrarse, aislarse en tal forma 
que significó psicológicamente poco en la sociedad cubana, 
aimque influyó más sobre las otras razas que éstas sobre ella. 

La oposición entre cubanos y españoles produjo las suce- 
sivas revoluciones separatistas que ensangrentaron el país y 
que tan hondamente ákeudieron la sociedad cubana. Las rebe- 
liones armadas y la conspiración incesante fueron otro factor 
social que penetrando incesantemente en toda la \'ida del 
pueblo cubano, contribuyó a diferenciarla de la de los demás 
pueblos, incluso en la esfera de la delincuencia. 

Asimismo el régimen de gobierno cí>lonial imperante, 
ocasionaba en todos los campos de la acti\'idad social, diferen- 
cias con las sociedades extranjeras regidas por gobiernos bue- 
nos o malos, pero pi"opios. 

La misma esclavitud en ^no tenían que vivir los negros y 
hasta los chinos, al menos durante largo tiempo, influyó desfa- 
vorablemente, contribuyendo al atraso moral de los blancos 
que estaban más en su contacto, haciéndolos más rudos y 
crueles. '"La condición moral y social de la Isla de Cuba, dice 
Merivale f^), parece que ha declinado bajo la influencia de la 
esclavitud... El plantador español se ha hecho más ciiiel e 
inmoral.'' "En todas partes donde la escla\-itud existe desde 
antiguo, escribe Humboldt (-), el simple desan-ollo de la civi- 
lización obra sobre el tratamiento de los i n.-Iüm^s con menos 
eficacia que la deseable. La civilización se extiende raramente 



(1) Cita de Lerot Beaulilu. 

(2) En su famoso Ensayo Político sobre la Isla de Cuba. 



FERNANDO ORTIZ 



entre un gran número de individuas, pues no alcanza a los que 
están en contacto inmediato con los negros en los lugares don- 
de éstos trabajan." '*La inmigración china en Cuba que se ha 
hecho en gran escala, ha traído un nuevo elemento de inmo- 
ralidad." (O 

La inmigración que tiene tal preponderancia en la for- 
mación de la sociedad de Cuba, influj^ó también desfavora- 
blemente desde el punto de vista moral, en éste como en los 
demás países donde las corrientes inmigratorias son igual- 
mente violentas y asimismo introducen junto con elementos 
sanos otros de inferioridad nociva. (-) Ija mayoría de los 
inmigrantes, en a(|uel remoto entonces, salían por primera 
vez de su aldea para pasar el Atlántico; en su país nativo, 
especialmente en algunas regiones que daban el mayor 
contingente de inmigrantes, toda preparación intelectual aun 
la más simple, el alfabeto, les era ageno, y aun los que podían 
alcanzar esté primer grado de cultura no se libraban de ser pre- 
sas de toda suerte de supersticiones y prejuicios desprovistos 
de altruismos, imbuidos por un clero igualmente ignorante y 
pobre de espíritu, y presas también de una impulsividad egoís- 
ta, difícil de refrenar. Estos caracteres hoy muy atenuados, 
porque la civilización va germinando en todos los lugares, se 
manifestaban aún en los inmigrantes de la primera mitad del 
siglo XIX con gran crudeza. Llegados a Cuba, bien en el 
campo, en aquel ambiente primitivo de servidmnbre y 
tiranía, o en la ciudad, en el terreno de la explotación comer- 
cial, la lucha por el capital absorbía todas sus fuerzas, toda ' 
su vida, sin que ni siquiera la forma elemental del altraísmo, 
la amorosa, pudiera conducirle sino raramente a un grado 
menor de rudeza. Si el individuo en tales condiciones no podía 
progresar por la virtualidad de sus innatas dotes, apenas si 
ascendía sobre el ínfimo nivel psicológico con que salió de su 
país, agravado a veces en las consecuencias de su defectuosa 



(1) P. Leeoy Beaulieu. De la Colonisation chez les Peuples Mo- 
clernes. París, 1902. Tomo I, pág. 256. 

(2) Véanse algunas pruebas en Lombboso: El Delito. Traduc- 
ción española. Madrid, 1898, págs. 91 y sigts. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



estratificación, por la conciencia de la fuerza que una fortuna 
le proporcionaba. 

De una lucha económica tan despiadada, donde los egoís- 
mos eran desenfrenados, forzosamente tenían que resultar 
ranchos vencidos que rodaban hasta los últimos peldaños de la 
escala social o que no lograban ascender por ella. 

Además, por la arteria del ejército, forma especial de 
inmigración, llegaron a Cuba desde la época del descubrimien- 
to, elementos nocivos, detritus de la metrópoli, con frecuen- 
cia criminales declarados judicialmente; por otra parte, los 
elementos sanos que el servicio de las armas traía a Cuba, eran 
a menudo absorbidos por el ambiente y se hacían nocivos, de- 
sarrollándose por el ejercicio sus móviles antisociales, que 
eran favorecidos por la vida militar colonial de entonces, de 
forzosa y casi continua holganza y de supremacía en todos los 
órdenes. 

La escasa densidad de población en el interior de la isla 
era un factor más de la delincuencia, y unida a las especies 
de cultivo más comunes, facilitaba la permanencia del abigea- 
to, del bandolerismo (^) y de los incendios delictuosos tan fre- 
cuentes todavía hoy en nuestros campos (-), etc. 

Todos estos factores peculiares de la sociedad cubana son 
los que en el poliedi'o de la mala \iáa señalan las aristas más 
salientes. Pero entre todos ellos, el factor étnico es funda- 
mental; y no solamente produjo hampones especiales de cada 
raza, sino que aportando cada una de éstas a la mala vida sus 
propios vicios, se fué formando un estrato común a todas por 
la fusión de sus diversas psicologías, estrato que constituía y 
constituj'e el núcleo de la mala -sáda. Para llegar a esto fué 
preciso que algimos estratos sociales resultaran accesibles a 



(1) Véase un artículo sobre este tema de E. J. Vaboxa, publi- 
cado en la JReiista Cubana. Tomo VII. pág. 481. 

(2) Y también en las ciudades. El delito consistente en incen- 
diar un establecimiento industrial o comercial, previamente asegu- 
rado, es muy común en Cuba y a menudo llama la atención de la 
prensa. 



.10 FERNANDO ORTlZ 



la vez a blancos y negros especialmente (^), donde ambas razas, 
desde varios puntos de vista, vivieron en un ambiente común 
favorable a la fusión, o lo que es lo mismo, que las psíquis del 
blanco y del negro en ciertas capas sociales tuvieran unas 
mismas exigencias intelectuales, emotivas, etc., que fueran, en 
fin, homogéneas. Y no cabe duda de que así fué en las capas 
ínfimas de nuestra sociedad, donde la transfusión física y 
psíquica entre todas las razas ha sido y es intensa. Téngase 
en cuenta, sin embargo, que el diverso temple psicológico de 
los elementos que integran la sociedad cubana, no me permite 
dar a la expresión de capas Ínfimas un significado casi exclu- 
sivamente económico, como suele entenderse en otras socie- 
dades, sino que al referirme a los estratos más bajos de nuestra 
sociedad me fijo en aquéllos donde la psicología primitiva de 
los varios componentes étnicos, vibra con un mismo diapasón, 
por más que la tonalidad económica sea diversa. 

Si se observan las clases psicológicamente inferiores de la 
raza blanca, sobre todo en aquellos tiempos, cuando la raza 
negra alcanzó su apogeo numérico y era base principalísima 
de nuestra economía social, se podrá comprender que la sepa- 
ración psicológica entre ambas razas, desde ciertoá puntos de 
vista no era tan radical como puede creerse observando super- 
ficialmente. En efecto, dando por repetidas las breves consi- 
deraciones acerca de la psicología impulsiva de los aventure- 
ros de la conquista, a formar el sedimento de la raza blanca 
contribuían en primer lugar los elementos ínfimos de la inmi- 
gración, a cuyas condiciones morales e intelectuales ya me he 
referido. Los blancos nativos de Cuba que dedicados a las 
tareas de la agricultura no habían recibido instrucción, no se 
separaban apenas de semejante nivel psicológico, como tam- 
poco, aunque en grado más elevado, los obreros sometidos al 
trabajo asalariado, pero unos y otros por la at-enuación de 
aquel grado supremo de ambición que es propia de la psicolo- 
gía del inmigrante, especialmente de aquel entonces, por la no 



(1) No me refiero a los chinos porque éstos han llegado relati- 
vamente tarde a Cuba y por su influencia poco intensa. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 11 



interrumpida influencia femenina de la madre y de la esposa, 
por el influjo de una noble aspiración de libertad nacional y 
por otras circunstancias de diversa índole, no inspiraban su 
actividad en tan crudo egoísmo, ni su caída moral era tan 
fácil. Tales elementos negativos precipitaban, de resultas de 
enérgica y constante reacción social, fomiando el estrato infe- 
rior de su raza, sedimento diferenciado por la ignorancia y 
por el egoísmo impulsivo, es decir por la primitividad psíqui- 
ca. ¿ Será necesario ahora recordar la misma primitividad 
psíquica de la raza negra ? 

Ambas razas se soldaron en estas capas psicológicamente 
comunes o muy afines por lo menos, y hoy la sociedad cubana 
se desarrolla psíquicamente por una gradación insensible des- 
de el blanco, cuyas dotes lo colocan al nivel del hombre refina- 
damente ci^^lizado, hasta el negro africano que restituido a su 
país natal reanudaría sus libaciones en el cráneo mondo de un 
enemigo. La soldadura fué completa, no sólo psicológica, sino 
también fisiológica, pues para que ésta se realizara fueron las 
mismas concausas, igualmente extenso el contacto e íntimo y 
permanente a la vez. Todos sabemos cuan frecuentes eran 
hace cincuenta años las miiones duraderas de blancos y ne- 
gras (^). Aun hoy día la voluptuosa mulata es la sacerdotisa 
más fer\'orosa de la deidad que la trajo al mundo, del amor 
libre. Por el influjo recíproco de ambas razas la negra fué 
adquiriendo un impulso de progreso, cada vez más desarro- 
llado, que la hizo despertar de su secular sonmolencia y salir 



(1) Digo blancos y negras, porque las uniones entre blancas y 
negros fueron escasísimas. El hecho es común a todos los países don- 
de conviven diversas razas de civilizaciones muy distintas. "En 
los cruzamientos entre razas humanas desiguales el padre pertenece 
casi siempre a la raza superior. En todas partes, sobre todo en los 
amores pasajeros la mujer se resiste a descender: el hombre es 
menos delicado... La negra o la india se cruza fácilmente con el 
blanco. La mestiza, nacida de esas uniones, orgullosa de la sangre 
de su padre, creería decaer entregándose a un individuo de color y 
guarda todos sus favores para aquellos a quienes el cruzamiento ha 
acercado." (M. de Qvatrefaok.s. — L'Espece Humaine. París. 10.* edi- 
ción, págs. 200 y 202). 



12 FERNANDO OllTtSi 



en parte del subsuelo social en que la retenía su falta de 
cultura, y la raza blanca africanizó su clase ínfima aceptando 
aquellas formas que traducían de un modo orgánico, completo 
y exacto sus impulsos primitivos, aún no aplastados por el 
peso de superiores estratos de cultura. 

En este cami>o gris, para expresarlo gráficamente, vege- 
tan con preferencia los parásitos de la mala vida cubana. La 
prostitución vergonzosa, la mendicidad abyecta, la crimina- 
lidad habitual y la organizada, la superstición absurda, la 
ignorancia crasa, la impulsivilidad salvaje se barajan como 
las razas en este subsuelo de Cuba. A este fondo legamoso 
fueron y vienen a parar todos los elementos nocivos de la 
sociedad sin distinción de colores. De ahí que los caracteres de 
la mala vida en Cuba sean particularmente complejos en pro- 
porción a las varias cloacas que en ella vierten sus patógenos 
detritus. 

La raza blanca inñuyó en el hampa cubana, mediante los 
vicios europeos modificados y agravados bajo ciertos aspectos 
por factores sociales hijos del ambiente. La raza negra aportó 
sus supersticiones, su sensualismo, su impulsividad, en fin, 
su psiquis africana. La raza amarilla trajo la embriaguez por 
el opio, sus vicios homosexuales y otras refinadas corrupciones 
de su secular civilización. 

Pero los elementos blancos de la mala vida cubana, no 
bastan para diferenciarla grandemente de los que se observan 
en los demás países poblados por la misma raza, y su fruto más 
desarrollado, el 'bandoleñsmo, que sin solución de continuidad 
se remonta a los tiempos de la conquista, puede hallarse 
allende el Atlántico con parecidos caracteres. Los chinos por 
su vida social concentrada no trasmitieron a las demás razas 
los más funestos de sus vicios, y únicamente han difundido, 
aunque con sobrado arraigo, esa forma de delincuencia frau- 
dulenta, tan propia de su carácter, los juegos o rifas paco pío 
y chiffá, llamado éste vulgarmente charada. La liaza negra es 
la que bajo muchos aspectos ha conseguido marcar caracte- 
rísticamente la mala vida cubana, comunicándole sus supersti- 
ciones, sus organizaciones, sus lenguajes, sus danzas, etc., y 



LOS NEGROS ESCLAVOS i'-i 



son hijos legítimos suyos la brujería y el ñañiguismo, que 
tanto significan todavía en el hampa de Cuba, como signifi- 
caron en su época los negros curros, hoy curiosos tipos de ar- 
queología criminal cubana. 



III 



Después de las antecedentes observaciones queda patente 
un fenómeno social que basta para caracterizar, por sí solo, 
la mala vida cubana y que es el eje fundamental alrededor del 
que giran las principales manifestaciones de aquélla. 

En la mala vida de cualquiera de las sociedades forma- 
das solamente por blancos, entran aquellos individuos de la 
misma sociedad que por defectuosa estratificación ética, debida 
a factores antropológicos o sociales, no pueden elevarse a la 
esfera moral en que se nmeve la generalidad de sus convivien- 
tes, y los que incapaces de mantenerse en ella, caen rodando 
hasta el fondo de la heria, o sean los rezagados del progreso 
moral. En Cuba toda una raza entró en la mala vida (M. Al 
llegar los negros entraban todos en la mala vida cubana, no 
como caídos de un plano superior de moralidad, sino como 
ineptos por el momento al menos, para trepar hasta él. Sus 
relaciones sexuales y familiares, su religión, su política, sus 
normas morales, en fin. eran tan deficientes que hubieron de 
(juedar en el concepto de los blancos por debajo de los mismos 
individuos de la mala vida de éstos, pues para el hampa blan- 
ca no faltaban algimos lazos de unión con la masa honrada, 
su desadaptaeión no era completa, mientras que sí lo era en 
un principio la de los infelices negros. En sus amores eran 
los negros sumamente lascivos, sus matrimonios llegaban hasta 
la poligamia, la prostitución no merecía su repugnancia, sjis 
familias carecían de cohesión, su religión los llevaba a los 
sacrificios humanos, a la violación de sepulturas, a la antropo- 



(1) En Europa un fenómeno análogo puede observarse en la 
posición social de los gitanos, aunque diverso bajo muchos aspectos. 



14 FERNANDO ORTIZ 



fagia y a las más brutales supersticiones; la vida del ser hu- 
mano les inspiraba escaso respeto y escaso era también el que 
de ellos obtenía la propiedad agena, etc.. Para aumentar la 
separación estaban el lenguaje, el vestido, la esclavitud, la 
música, etc. El desnivel moral era agravado por el intelectual. 
Fué necesario el transcurso de mucho tiempo y la sucesión de 
complejos acontecimientos, para que de la excomunión en que 
era tenida la raza negra se fuera excluyendo una parte de 
ésta ya encarrilada hacia la civilización, parte que cada día 
va afortunadamente siendo mayor, restringiendo así más y 
más el campo de la mala vida en su más amplio concepto. 

A pesar de esto no puede decirse con rigurosa expresión, 
que los negros al llegar a Cuba no fuesen honrados y sí inmo- 
rales, dado el carácter de relatividad que sociológicamente 
tienen los conceptos de la honradez y de la moral. Los negros 
eran honrados con relación a su criterio moral, no lo fueron 
cuando tuvieron en el nuevo medio ({ue regular sus actos con 
arreglo a los criterios más elevados que los blancos tenían para 
sí y que impusieron a sus dominados. 

P^ro la inferioridad del negro, la que le sujetaba al mal 
vivir era debida a la falta de civilización integral, pues tan 
primitiva era su moralidad, como su intelectualidad, como sus 
voliciones, etc. Este carácter es lo que más lo diferencia de los 
individuos de la mala vida de las sociedades formadas exclusi- 
vamente por blancos. En estos no se trata por lo general de 
una psiquis primitiva completamente desnuda por falta de 
estratos que la recubran en todas sus partes, como sucedía en 
el negro, sino de un desgarro parcial de estos estratos psíquicos 
que pone al descubierto solamiente la primitividad moral de 
una psiquis (^), la que, no obstante, sigue revestida por las ca- 



(1) Este concepto de la primitividad moral es preferible al del 
patasitisvio social expuesto por Max Nordau, aún con la enmienda 
restrictiva que ya antes habían propuesto B. de Quirós y Ll. Agui- 
LAXiEDO. Me limito en este lugar a consignar el concepto de la mala 
vida que domina en el presente trabajo, que no es sino el del atavis- 
mo moral por equivalentes de Febrero, extendido en su aplicación 
a los diversos aspectos de la mala vida. Acaso algfin día acometa la 



LOS NEGROS ESCLAVOS 15 



pas de cultura que se mantienen sobrepuestas e intactas al 
resto de la misraa. 

Sin embargo, en la actualidad, cuando ya algunas gene- 
raciones de individuos de color han vivido en el medio civili- 
zado, cuéntanse también hampones negros que muestran ese 
deseciuilibrio en su evolución psicológica, y relativamente 
civilizados intelectualmente, conservan todavía rasgos de su 
moral africana que los precipita en la criminalidad. 

En conclusión, el estudio de la mala ^^da cubana es de 
especial interés porque a medida que se profundicen y extien- 
dan las investigaciones en ese sentido, preferentemente con 
relación a la raza negra, han de aportarse originales y precie- 
sos datos a la etnografía criminal, ciencia que aún está en 
estado de formación y que ha de venir a completar la antro- 
pología y sociología criminales contemporáneas, basadas casi 
exclusivamente todavía sobre la observación dej hombre delin- 
cuente blanco. 

El presente libro es una modesta contribución a empresa 
científica de tanta monta. Este libro estudia los urgros escla- 
vos, no ya únicamente desde el punto de ^^sta jurídico, ni 
tampoco desde el filosófico o económico, que interesaron grande- 
mente durante el siglo pasado, cuando las luchas entre escla- 
vistas y antiesclavistas; sino preferentemente desde el punto 
de vista sociológico. Después, en libros sucesivos, estudiaré los 
aspectos más característicos del hampa afro-cubana, los negros 
curros, los negros brujos y los negros ñañigos, escritos espe- 
cialmente para el lector extranjero. 

Porque la mala vida es un modo de ^'i^^r que contrasta 
con otro que tenemos por normal y con relación al cual la 
definimos, se impone, antes de estudiar con detención las va- 



redacción de una teoría positivista de la mala vida, y entonces 
cabrán en ese estudio más amplias consideraciones. Conste aquí mi 
agradecimiento por la benévola cita que de esta nota mía ha hecho 
C. Berxaldo de Qcibos en la edición inglesa de su notable obra Las 

Xucvas Teorías f^r ln CrimvtnUñad, 



1() FERNANDO OKTIZ 



rías formas que adopta aquélla, el conocimiento del ambiente 
que da carácter específico a la sociedad y que se refleja hasta 
en los bajos fondos de la misma. 

Si al estudiar la mala vida de los blancos este conoci- 
miento puede darse por supuesto, al menos en sus líneas gene- 
rales y características ; cuando la observación debe recaer sobre 
la vida de la raza negra trasladada a un medio social origina- 
riamente extraño y sometida a una raza de superior civiliza- 
ción, no es ocioso dedicar previamente la atención a las nor- 
mas comunes de su vida, de ordinario inobservadas, para po- 
der contrastar con ellas los fenómenos de su vida anormal, 
de su mala vida. 

Este estudio de la condición social de los negros, siquiera 
limitado a los principales puntos de vista, es tanto más nece- 
sario cuanto que la calificación de su mala vida no solamente 
ha de hacerse, por lo que a Cuba respecta, en vista del con- 
cepto medio de moralidad que la sociedad cubana se ha ela- 
borado a través de los sacudimientos de su historia y con la 
cooperación de todos sus componentes étnicos, sino también 
con referencia al modo especial de ser y de vivir de la gene- 
ralidad de los afro-cubanos. Porque, ingresada la raza negra en 
la sociedad de Cuba sin que fueran previamente desgastadas 
por el roce con otras sociedades civilizadas las asperezas de su 
psiquis, hubo de mantenerse ésta por largo tiempo en un nivel 
inferior de cultura, así moral como intelectual,, que bastaría 
para incluir toda la raza en el subsuelo de la mala vida si ésta, 
repito, dejase de ser definida no sólo con relación al concepto 
moral de la sociedad cubana, sino también teniendo en cuenta 
el concepto moral que como norma común de vida trajeron los 
negros de su país. 

Además, si para los cubanos no es difícil conocer las ea-, 
racterísticas de la vida de la raza negra en Cuba, tal como 
hoy se manifiesta, no así para los extranjeros, ni aun para los 
mismos cubanos cuando se trata de remontar la investigación 
a tiempos que fueron, en los que hay que descubrir las antiguas 
manifestaciones más genuinamente africanas del alma negra, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 17 



de las cuales sólo va ((uedando una derivación que se desva- 
nece más y más. 

Intentaré en las páginas que siguen de este trabajo, hacer 
un resumen de los caracteres generales más destacados de la 
vida en Cuba de la raza negra, durante su esclavitud, a reserva 
de ampliar tales o cuales observaciones cuando trate concre- 
tamente en libros sucesivos, de determinados fenómenos del 
hampa negra cubana y de las causas que favorecieron su res- 
pectivo desarrollo. 



CAPITULO II 



S■L^a^A.I^TO: LOS NEGROS AFRO-CUBANOS.— I. Sus 
características. — Su número en las varias épocas. — II. Pro- 
cedencia geográfica de ios afro-cubanos. — Numerosos pueblos 
africanos representados en Cuba. — Dificultades de su estudio 
etnográfico. 



Importa ante todo consignar y quede hecha la observa- 
ción pai-a el resto de mi trabajo, que aunque al tratar de la 
raza negra en Cuba, de su psicología, de sus hábitos, etc., pa- 
rezca que se trata de un aginipamiento humano perfectamen- 
te homogéneo sin (jue entre sus agregados se note diferencia 
alguna, no es así en realidad, como no podía menos de suce- 
der dada la cifra enorme de negros importados y la gran ex- 
tensión de costa africana que abarcó la trata negi'era. 

En efecto, la cifra total de los negros en Cuba ha sido 
elevadísima. Desde el año 1517 en que el rey Carlos I de Espa- 
ña expidió la primera licencia pai*a la introducción de escla- 
vos negi-os en las Antillas (^), hasta el año 1880, época en 



(1) La Sagra. Historia Física, Política y Xatural de Ja Isla de 
Cuba, París, J842. Tomo I, pág '^2, nota. 



20 FERNANDO OBTIZ 



({ue la esclavitud fué definitivamente prohibida, miles y miles 
de negros fueron arrebatados a su país natal para regar con 
su sudor el suelo cubano y levantar con su fuerza hercúlea y 
numérica las fortunas que un tiempo fueron envidia de otros 
países y cebo de tantos inmigrantes blancos. (^) Antes de que 
la libertad fuese concedida a todos los negros éstos constituían 
3 a un sedimento notable en nuestra civilización, y ahora es y 
seguirá siendb el factor negro de trascendencia social no es- 
casa. Basta para hacerse cargo de la importancia de tal com- 
ponente étnico, observar el siguiente cuadro de la proporción 
entre las poblaciones blanca y de color en diferentes épocas. ( - ) 
Las cifras de este cuadro proceden de fuentes divei-sas (^) 
y no todas, aun cuando oficiales, dignas de crédito ; pero un 
cálculo más seguro es imposible. 



(1) Se calcula que el número de esclavos importados en Cuba 
se aproxima a un millón. J. Coopkr, (Un Continent Perdu. París, 
1876, pág. 76), hace ascender la importación de esclavos después de 
los primeros tratados prohibitivos a. 1.200, 000. 

(2) Téngase en cuenta que en algunos censos españoles se 
incurrió en la vulgaridad de incluir en el epígrafe habitantes blan- 
cos a los chinos y yucatecos. En las cifras del año 1899 también los 
incluyo para los efectos de la comparación. El resultado final, sin 
embargo, apenas se alteraría si tal error no se hubiese cometido. 

(3) Las cifras de este cuadro pertenecen: de 1768-1879 inclu- 
sive (excepto las de 1872) al trabajo publicado por el Sr. Antonio 
López Prieto en el Boletín Oficial de Hacienda y de Estadística de la 
Isla de Cuba. (Habana, Enero 15-30 de 1882, año H. p. 40) ; las de los 
años 1887, 1899 y 1907 a los respectivos censos de población. 

Las cifras de los años citados han sido compiladas por el 
Anuario Estadístico de la República de Cuba, 1914, de Okestes Fe- 
rrara. (Habana, 1915, págs. 8 y 9). 

Las cifras de 1532 están tomadas de la Colección de documentos 
inéditos de Ultramar. (Vol. IV, pág. 252.) En esa fecha había tam- 
bién en Cuba unos 5,000 indios. 

Las cifras de 1620 las copio de J. A. Saco (Historia de la escla- 
vitud de la raza africana, etc., Vol. I, pág. 261) quien a su vez las 
obtuvo de la Relación del Obispo Almendares. 

Las de 1872 las tomo de R. M. de Labra (La abolición de la es- 
clavitud en el orden económico. Madrid, 1873, pág. 251). 

Se notan algunas discrepancias entre los datos de I^pez Prieto 



Los N£0B06 ESCLAVOS 21 



Podemos sintetizar el cuadro referido exponiendo el per- 
centaje de los varios elementos étnicos de nuestra población 
en las principales fechas. 

A8o Blancos Ne^oa 



y 



1532.... 


. . 37.5 


. . 62.5 


1620.... 


. . 93.4.... 


. . 6.6 


1775 


.. 56.2.... 


.. 43.8 


1792.... 


. . 56.4.... 


. . 43.6 


1811..., 


. . . 45.5 . . . , 


. .. 54.5 


1817..., 


...45 ..., 


, . . 55 


1827..., 


, .. 44.2..., 


. .. 55.8 


1830.... 


... 44 ... 


...56 


1841... 


... 41.5... 


. .. 58.5 


1846... 


. .. 47.4... 


. .. 52.6 


1849... 


. .. 48.5... 


. . . 51.5 


1855... 


. .. 47.8... 


. .. 52.2 


1859... 


. .. 52.2... 


. .. 47.8 


1860... 


. .. 51.6... 


. .. 48.4 


1861... 


. .. 56.8... 


. .. 43.2 


1872... 


. . . 55.4. . . 


. .. 44.6 


1877... 


. .. 67.8... 


. .. 32.2 


1887... 


. .. 67.6... 


. .. 32.4 


1899... 


. .. 67.9... 


. .. 32.1 


1907... 


. .. 70.3... 


. .. 29.7 



Estos datos son ya bien elocuentes ; pero véanse para ma- 
yor comprensión los del cuadro que sigue. 



y otros autores: pero ellas no alteran en rigcr, de un modo serio, 
los cálculos proporcionales. 

Se debe además tener en cuenta que siempre los amos tuvieron 
tendencias a ocultar el verdadero número de sus esclavos, para evi- 
tarse las consiguientes gabelas y para disimular más la trata clan- 
destina. De modo que las cifras de los negros han debido ser algo 
mayores en aquella época, que las registradas en los censos. 



22 



FERNANDO ORTIZ 



Cuadro de los principales censos 




(1) 

ferentes. 
(2) 
(3) 



El Informe sohre el censo de ISOO (pág. 103) da cifras d¡- 



También dicho informe se equivoca en este año. 

En 31 de Diciembre de 1843, Lord Aberdeen escribía a Mr. 
Bul WEB, embajador en Madrid: "Los esclavos ahora no son menos 
de 900,000." Esta cifra es sin duda errónea. 

(4) R. M. DE Labra. La abolición de la Esclavitud en el Orden 
Económico. Madrid, 1873, pág. 251. 

Labra difiere algún tanto de López Prieto, aunque poco. 

(5) J. García Arboleya. Manual de la Isla de Cuba. Habana, 
1859, pág. 114. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



23 



de la población de Coba desde 1532 a 1907. 



DE COLOR ESCLAVOS ¡ 








Varones 


Hembras 


Total 


Total 
de color 


Total 
General 


Años 








500 

500 

94,740 




1532 










161:0 


45,000 


27,000 


72,000 


204,1.55 


1768 


28,771 


15,562 


44,333 


75,180 


171.620 


1774 


32,800 


17,540 


50,340 


79,557 


176,167 


1787 


47,330 


37.126 


84,456 


140,386 


373,939 


1792(1) 


76,000 


63,000 


138,000 


198,(K)0 


432,000 


1804 


130,000 


87,400 


217,400 


326,000 


600,000 


1810 


137,115 


102,579 


239,694 


358,915 


635,604 


1817(1) 


135,000 


81,203 


216,203 


313,203 


553,033 


1819 


170,000 


120,000 


290,000 . 


390,000 


715,000 


1825 -^ 


183,290 


103 6-52 


:;86,942 


393,436 


704,487 


1827(2) 


208,120 


102,098 


310,218 


423,343 


755,695 


1830 


281,250 


155,245 


436,495 


589,333 


1.007,624 


1841(3) 


201,011 


122,748 


323,759 


472,985 


898,754 


1846(4) 


199,177 


124,720 


323,897 


488,307 


945,440 


1849(*) 


200,000 


122,519 


322,519 


494,252 


973,742 


1850 


197,425 


124,422 


321,847 


491.163 


984,042 


1852 


222,400 


137,589 


359,989 


545,433 


l.a44,18^> 


1?>55(5) 


222,a55 


149,755 


372,110 


549,934 


1.110,095 


1857(6) 


220,999 


143, -¿64 


364,2.53 


539,527 


1.129,304 


1859 


224,076 


152,708 


376,784 


566.632 


1.199,429 


1860(6) 


218,722 


151,831 


370,553 


602,986 


1.396,470 


lb62(") 


203,412 


141,203 


344,615 


593,318 


1.426,475 


1867 


217,300 


145,988 


363,si88 


602,215 
615,461 
590,195 


1.399.811 


1869 
1872 


209,432 


117,343 


326,775 


1.446,372 


1874 


112.192 


86,902 


199,094 


471,572 


1.434,747 


1877(8) 


89,517 


81,570 


171,087 


45»,914 


1.384,651 


1879 








528,798 
5a5,543 
620,804 


1.631,687 
1.572,797 
2.048,980 


1887 








1899 








1907(9) 



(6) H. PiROx. L'Ile de Cuba. París, 1889, pág. 312. 
PiBON se equivoca algo. 

(7) Las cifras de este año las traen Pirox y el Informe sobre 
el censo de 1S99. No obstante, el gran aumento de población blanca 
que en ellas se nota resulta seguramente de haber incluido en estas 
cifras entre los blancos a los chinos, ascendentes a 34,834. Las ver- 
daderas cifras son: 

Año 1861.— Blancos, 758,650. Por 100, 54.3. Negros, 603,046. Por 
100, 43.2. Chinos, 34,834. Por 100, 2.5. Así da los datos dicho Informe, 
que difiere muy poco de las cifras de López Prieto. 

(8) También las cifras de los blancos en este año comprenden 



24 FERNANDO OKTIZ 



II 



Aunque la ley estatuyó en fecha remota que únicamente 
de Angola, Guinea, costas de Cabo Verde e islas adyacentes 
pudieran ser traídos negros esclavos a las Indias, la codicia 
negrera no respetó la disposición soberana y el etnólogo pudo 
hallar en Cuba ejemplares de todas las razas que pueblan las 
regiones intertropicales de la costa occidental de África y 
hasta, aunque en menor número, esclavos traídos del Oriente 
africano. No he podido adquirir una completa nota de las 
diversas procedencias de los cargamentos de ébano (^) ; apar- 
te de que darla es imposible, me limito a dar una indicación 
de los nombres de las regiones africanas que a tal respecto 
he visto citadas en las obras de autores cubanos y documentos 
antiguos que he consultado, con algunas aclaraciones y obser- 
vaciones respecto a su localización en África, por lo común 
desconocida, ya que nadie, antes que yo, se ha ocupado públi- 
camente, (^) de este tema interesante y básico para la antro- 
pología cubana. 

Veamos cuáles son los apelativos etnográficos usados por 
los afro-cubanos. 



las délos chinos, que suman 43.811. Las cifras exactas son: Año 1877. 
—Blancos, 980,188. Por 100, 64.9. Negros, 485,897. Por 100, 32.2. Chi- 
nos, 43,811. Por 100, 2.9. 

López Prieto difiere también algo del hiforme de 1899. 

(9) Estas cifras, las da el Informe sobre el Censo de 1901, en 
la tabla de la pág. 206, si bien en el texto da otras distintas, aunque 
aproximadas. ¡Así se han hecho nuestros cálculos de población en 
todas épocas! 



(1) Expresión de la jerga negrera. 

(2) Esteban T. Pichardo, hizo un mapa en 1866 con ese obje- 
to, para ser incluido, como lo fué, en un estudio sobre patología 
comparada de los negros, manuscrito por el Dr. H. Dumont; pero aún 
está inédito y a nadie se lo había oído citar hasta que en 18 de Abril 
de 1915 llegó a mis manos, gracias al joven antropólogo cubano Israel 
Castellanos. Después do 1906 el Dr. M. Pérez Beato en su revista El 
Curioso Americmio publicó datos interesantes sobre este tema. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



Abalo. — IIulx) en Cuba negros carabalís abalas, y un ca- 
bildo o sociedad así llamado. (Véase la voz carabalt). 

Aba YA. — Comarca del Calabar, según Pichardo. (') A 
primera vista, tal afirmación parece errónea, pues este nom- 
bre es el de un lugar del litoral de la Costa de Oro, entre El- 
raina y Cap Coast Sin embargo, proceden del Calabar, según 
Maclas, que los cita en su Diccionario Cubano. Según Samuel 
Cro^ther (-) los negros Abaya o Abad-ya son ima tribu del 
pueblo Ibó. Por lo tanto, son más bien lucwmis que carabalís, 
por más que los ibós entrasen en Cuba como carabalís. Den- 
nett, nos cita una importante tribu lucumí llamada Aivaya, 
que, probablemente, es la misma. 

AcocuA. — Estos negi*os son generalmente llamados Cara- 
balí Acocuá. Consta este nombre de un reglamento de la So- 
ciedad de socorros mutuos de San Diego de Alcalá, formado 
por tales africanos, inscripto en el Registro de sociedades del 
Grobierno de la Provincia de la Habana. 

En el mapa inédito compuesto por Esteban Tranquilino 
Pichardo en 1866, para el estudio sobre patología de los ne- 
gros de Cuba, del Dr. Henri Dumont (^) figura el reino de 
Cuá en el Viejo Calabar, al norte de Femando Póo. 

AcHANTi. — Este país es muy conocido, inmediato al Da- 
. homey, y con ese nombre ha llegado a nuestros días. En Cuba 
entraron sus nativos como negros minas. Un cabildo hubo en 
la Habana titulado niina-ashanté. 

Angola. — ^Región al sur del Congo, muy conocida. 

Angltnga. — Según un viejo esclavo congo, amigo mío, 
llamado en congo Enkoría. Kuata, los angunga, sus paisanos, 
son a los que en Cuba hemos llamado congos reales. 



(1) E. Pichardo. Diccionario Provincial casi razonado de Vo- 
ces Cubanas. Habana, 1852, 3.* edición, pág. 49. 

(2) Journal of one expedition on the Xiger and Tshadde rivers. 
London, 1855. pág. 200. 

(3) Hexri Dcmoxt. Antropología y Patología comparada de 
los negros esclavos. Estudio perdido e inédito hasta 1915, en que 
comenzó a publicarse por la Revista Bimestre Cubana, de la Haba- 
na. Vol. X, núms. 3 y siguientes. 



^0 PERIÍANGO ortiz 



Apapa. — Los apapaes y apapaes chiquitos, que eran dis- 
tintos, fueron de relativa importancia en Cuba, hasta el 
punto de que en la Habana llegaron a formar dos cabildos. 
Akpá es una orilla del Niger. Los habitantes del alto Niger, 
región que fué la principal zona de la trata, llaman Ahakpá a 
los negros liaussá, (^) raza importantísima hasta el punto que 
su lenguaje es el más hablado en el Niger interior, en el África 
Central. Estos negros haussa son, sin duda, los apapá tan co- 
nocidos en Cuba y habitaron un tiempo hasta el Viejo 
Calabar. (^) 

Arara. — Pichardo no localiza esta región, Texier (^) al 
hablar de la procedencia de los negros haitianos dice aradas, 
pero ni de uno ni otro apelativo se deducirá la procedencia 
africana. Arará es una palabra yoruba que significa enano. 
En la Habana hubo una sociedad o cabildo llamada "Arará 
Dajomé." ¿Querrá esto demostrar un origen o vecindad daho- 
meyano de los ararás? Apoya esta opinión el hecho de que en 
Cuba como en Haití, sean los negros llamados arará o arada, 
los mantenedores del culto oñolátrico dahomeyano. Anará 
parece ser población dahomeyana, según se deduce de Dap- 
per, pero acaso sea corrupción de arará. 

Varios africanos me dicen que los ararás son una especie 
de lucumís. Esto parece verosímil, por lo menos las supersti- 
ciones de los ararás y lucumís son iguales a las de los yoruhas 
o nagos. En los Archivos Coloniales de Francia, Pej^traud {*) 
encontró un manuscrito de fines del siglo xviii titulado Divi- 
sión genérale de VAfrique y en él se incluyen en la Costa de 
Oro y Reino de Arada a los nagos o yoruhas o lucumís. Esto 
haría creer, además, que estos negros deban llamarse mejor 



(1) Samuel Crowther. Journal of an expedition on the Niger 
and Tshadde rivers. London, 1855, págs. 202-229. 

(2) H. H. JoiiNSTON. The Niger Delta. Informe a la Royal Geo- 
graphical Society-Proceedings. 1888, pág. 754. 

(3) C. Texikb. Au Pays des Gcnóraux. París, 1898. 

(4) Uesclavage aux Antilles frangaises avant 11¡89. París, 1897, 
página 85. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



arada y no arará como aquí generalmente decimos. Arada se 
llaman en Haití. (^) 

He encontrado una ciudad llamada Arraraha cerca de la 
costa del Calabar í^) ; acaso en la época de la trata ese fuese 
un centro esclaWsta, como sin duda lo fué Ulcumí o Lucumí, 
y de ahí esa designación. 

Un negrero francés analizó los rasgos psicológicos de los 
esclavos según su procedencia, en el mercado exportador de 
Whyda (Dahomé) y vio allí esclavos Arada, Nagos, Dajo- 
nics, etc., (^) lo cual demuestra esa vecindad entre ararás, lu- 
cumts y dajomés. Corrobora lo cual el hecho de que Pichardo 
en el mapa ya citado (*) coloca los ararás entre Dahomey y 
Benin. 

Arara Agicon. — Existió en la Habana un cabildo o socie- 
dad de los negi'os así llamados. Ignoro la precisa procedencia 
de estos ararás. 

Arara CuEVAXO.^Parece una clase de negi'os ararás. Su 
nombre consta en el Registro provincial de sociedades de la 
Habana con el título de la asociación benéfica ''Unión de ¡os 
hijos de la nación Arará cuévano." 

Arara ^Ugino. — Especie de negros ararás, de los cuales 
surgió en la Habana la sociedad de socorros mutuos así lla- 
mada, con el patronato celestial del Espíritu Santo, según el 
correspondiente registro oficial. Entre los negros del reino 
Arada, clasificados por Peytraud, encuentro los negros mahy. 
¿Serán éstos? Quizás, pues el pueblo mahí está al norte del 
Dahomey (^). Pichardo sitúa los Majís al norte de los Arará. 
Por otra parte, Mahín es pueblo de la costa de Benín, cerca 



(1) Spexcer St. Johx. Haití ou la République Noir. París. 1867, 
página 179. 

(2) Cn. Partbidgf.. Cross River Xatives. Londres, 1905, pági- 
na 316. 

(3) P. Babret. L'Afrique OccidentaJe. I, pág. 147. 

(4) El del libro de H. Dvmoxt. 

(5) J. Dow. The 2íegro Races. New York, Vol. I, pág. 81. 



28 FERNANDO ORTIZ 



de esta población (^) y ello concuerda también con el 
Arada. 

Arara Nezeve. — Estos negros formaron un cabildo en la 
Habana. Desconozco su exacta situación geográfica. Solamente 
lo he visto citado en una escritura antigua. 

Arara Sabalu. — ^Ignoro de dónde provienen estos hijos de 
África. En las oficinas del Gobierno Provincial se halla ins- 
cripta "La Evolución, Sociedad de socorros mutuos de la na- 
ción arará sahalú africana," bajo la advocación del Espíritu 
Santo. 

Arriero. — Los negros gangas tuvieron su primitivo cabil- 
do que se llamó gangá-arriero, ignoro por qué. 

Bambara. — Raza bien diferenciada de negros habitantes 
del valle del Niger. Llega desde la Alta Guinea habita Tom- 
buctu. En 1700 lograron formar un reino propio cuyos cau- 
dillos principales fueron Bitón y Ngolo. Se han escrito libros 
y artículos sobre su antropología, por lo cual es bien conocida, 
sin admitir dudas, su localización. Piehardo los sitúa erró- 
neamente. 

Banguela o Banjela. — Citados por Pérez Beato. Región 
y población de la costa de la colonia portuguesa de Angola, al 
Sur del Congo. 

BaSÍon. — Ignoro también el origen de estos esclavos, cita- 
dos por Pérez Beato. 

Benin. — Citados como llevados a Cuba por Dumont y 
erróneamente como región del Calabar. Benin está en la re- 
gión de las deltas del Niger. Seguramente no fué muy usado 
este término geográfico en Cuba, y sí el de luciimi como equiva- 
lente. Sólo la he visto citada en Cuba en el trabajo inédito de 
Dumont, y probablemente esa voz la tomó de los mapas y 
no del uso. 

Berberí. — De Berbería. Negros de esta tierra se encon- 



(1) Véase el Mapa cíe Nigeria, de la Enciclopedia Británica, 
edición 11.», T. XIX, pág. 678. Véase también H. H. Johxston. The 
Niger Delta. Informe a la Royal Geographical Society. London, 12 
Nov. 1888. Mapa. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 29 



traban en Cuba antes de 1568, fecha del documento en que he 
visto citado al negro esclavo Antón, herheri. 

Berun. — Dumont cita estos negros como carahalis. 

BiBL — Región del Calabar, según Pichardo y J. M. de la 
Torre. He visto figurar este nombre en el río Congo, como el 
de una importante estación de su orilla norte, hasta donde es 
perfectamente navegable a(|uella vía fluvial. Mbibí es también 
lugar del Congo. La afirmación de Pichardo puede hacer sos- 
pechar que se trate de Ihí, factoría inglesa en el río Benué. al 
norte de los Calabai-es. 

E. T. Pichardo, sitúa Bibí al norte del Calabar, y, segu- 
ramente, esta localización es acertada, solamente que su nom- 
bre más adecuado es el de Ibibí. Así los vemos en Adams (*) 
situados en dicha región. Parecen ser vecinos de los lucumís, 
los cuales les profesaban gran aversión, tachándolos de caní- 
bales. Fueron los jefes de las rebeliones de esclavos a bordo 
de los buques negreros. ^loderaamente tenemos otros estudios 
sobre los ibibís o ibibios, que confirman esa localización geo- 
gráfica. Los ihibís se hicieron sentir en Cuba, como diré en 
otro lugar. 

BiRiNGOYO. — Dumont en su citado trabajo da la fotogra- 
fía- de un negi'o congo biriugoyo; pero no he oído ni visto 
citar tales negros en otra parte alguna. 

BoNDO, — Cita de Pérez Beato. La otra clase de negros 
llamadas fmhondó, citados también por él, deben ser los mis- 
mos. Bondó es una región del interior de África, entre los ríos 
Gambia y Senegal. E. T. Pichardo en su mapa referido, dice 
erróneamente Bondú. 

BosoNGO. — Hubo en la Habana negros congo-bosongos. 
Constituyeron cabildo. ¿Serán los ba-sango? Ba es un prefijo 
que, como Mu, significa pueblo, colectividad, población, etcé- 
tera. En este caso los basongo, equivaldría a los mmongo. 
Véase este apelativo. Unos y otros proceden de Angola, región 
lue antes se estimaba englobada en el Congo. 



(1) JoHx Adams. Remarkes on the country extetiding from 
Cape Palmas to the River Congo. London, 1823r pág. 132. 



30 FERNANDO ORTIZ 



Bran o Bras. — Bras, los había en 1568 en la Habana. 
Dice Pérez Beato que se encuentra este nombre en documentos 
cubanos de 1590 y siguientes. 

José M- de la Torre habla de unos negros hras, especie 
de los carabalíes. ¿ Serán los mismos ? Brass era y es una pobla- 
ción y tribu situada junto a los deltas del río Niger, cerca 
del Calabar. 

Bricamo. — También del Calabar, al decir de La Torre y 
Pichardo, ignoro si con razón, pero supongo que sí. En el 
Papel Penódico de la Habana del 16 de Agosto de 1792, se 
cita un esclavo de nación carahalí hricma. Supongo que sea 
lo mismo que Bricamo. 

Briche. — También calabarí según el último autor. 

En el Papel Periódico de la Habana se habla de im escla- 
vo carahali hricke, en 18 de Abril de 1799. Hallazgos últimos 
me permiten asegurar la exactitud de la opinión de Pichardo ; 
en efecto, briche o como lo escribe el inglés Adams, (^) bree- 
che, es un pueblo que está entre los carabalis y los ibó o lucu- 
mís. Adams dice que, por lo común, se toma erróneamente 
como nación distinta, debiendo de tenerse por una clase de 
ibós. 

Bríscela. — Citado por Pérez Beato. Ignoro su proce- 
dencia. 

Bungame. — En la Habana llamaron estos negros congo- 
bungamé a un cabildo. Sólo una vez lo he visto citado. 

Cabenda. — Se encuentra en Cuba ya en el siglo xvi, según 
Pérez Beato. He hallado que Capenda es una población del 
interior de Loanda, y Cabinda actualmente es una colonia 
portuguesa entre el Congo francés y la pequeña salida al mar 
del Congo bel^a. Probablemente Cabenda sea pronunciación 
defectuosa de Cabinda, pues ya en el siglo xviii se decía Ca- 
binda, como puede verse en Peytraud (-). Cobenda, escribe 
E. T. Pichardo en su mapa. 

Cacanda. — He hallado uno solo en Cuba, 



(1) Ob. cit, pág. 133. 

(2) Lpc. cit., pág. 85. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 31 



Según los mapas de Buxton (^), de Baikie (-) y de Crow- 
ther los negros cacandes son lueumís o próximos a ellos. A 
igual conclusión se llega con la nomenclatura filológico-geo- 
gráfiea de Crowther (^). Caconda fué un reino del Congo. {*) 

Cambaca. — Negro de cieii» región de Mozambique. He 
conocido un solo viejo negro cambaca. 

Campeche. — Los había en Cuba a mediados del siglo xvi. 
Seguramente eran negros traídos de ese punto mexicano. Jo- 
lofes, congos y criollos (^) los había antes de 1568. 

Carabali. — Natural del Calabar. Se les llama así en vez 
de calabares o calabarís, por con'upción de la voz inglesa Kal- 
hary. Sabido es que la trata estuvo antiguamente en manos del 
inglés, y de esta lengua se derivaron muchas voces de la .jerga 
de los negreros. 

Según J. M. de la Torre (®) los carabalíes tienen los dien- 
tes cortados en punta y se dividen en Suamo, Bihí. Brícamo, 
Bi-as, Ahoya, Briche, Eluyo, Efi, etc. Dumont, añade Halan y 
Berún, La soberanía que, aunque mal segura, ejercitó España, 
en esa región de África durante los siglos xvni y xix, facilitó 
la gran importación en sus colonias de habitantes de ese país. 

Casanga. — Citados por Pérez Beato. Loe he visto citados 
en el anotado documento de 1568. 

Congo. — Región tan conocida, que sería ocioso indicarla. 
Más interesante sería poder explicar la procedencia de los 



(1) TiioMAS FowELL BuxTox. The African S¡ave Trade and its 
reviedy. London, 1840. 

(2) WiLLiAM Balix)ub Baikie. Narrative of an exploring voya- 
ge up the rivers Kwora an Binué in 1854. London, 1856. 

(3) Samuel Cbo>vtheb. Journal of an expedition up the Xiger 
and Tshadda rivers. London, 1855, pág. 228. 

(4) Gio. AntonK) Cavazzi da Moiítecuccx)lo. Istorica descri- 
zione dei tre regni Congo, Matamba et Angola situati nelFEtiopia 
Inferior e Occidentale e delle Missioni Apostoliche efercitateui da Re- 
ligiosi Capuccini. Bologna. 1687, pág. 2. 

(5) Real Cédula de 25 Enero de 1568, creando el Mayorazgo de 
Antón Recio en Cuba. — El Curioso Americano, núms. 3-4, 1910. 

(6) Compendio de Geografía física, política, estadística y com- 
parada de la Isla de Cuba. — Habana, 1854. 



32 FERNANDO ORTIZ 



llamados congos reales. Acaso el cabildo que éstos formaron 
derivase su nombre de la condición de esclavos reales o del 
rey, numerosos en la Habana antigua, más bien que de una 
localización especial en África. J. M. de la Torre y Dumont (^) 
dicen que así se llamaban los de Angola ; pero no dicen por 
qué, y no creo que congos reales y angolxis puedan confundirse^ 
pues en Cuba no se han usado comunmente como sinónimos 
ambos nombres. 

Un viejo esclavo me dice que los congos reales son los 
congos que en África se llaman angimga, porque tenían una 
campana (angunga) en su pueblo. ¿Serán los llamados entó- 
teraf Véase este vocablo. 

Son congos: los motemhos, mwmhoma, musimdí, munibala, 
mondongos, cahenda, mayomhe, masinga, hanguela, munyaca. 
loango, musonvbo, mundamba, miisoso, entótera, etc. 

Varias de éstas y otras regiones o reinos congos pueden 
verse en la citada obra de Cavazzi da Montecuceolo, de 1687. 
Los nombres de algunas de ellas se forman por aglutinación 
de mu (país) a la verdadera raíz geográfica, como mu-sundi. 
En dicha obra de 1687, el prefijo mío, no aparece aún adherido 
al nomlsre. Así se leen Ndumha, Aiacca, Simdi, etc., y también 
Marsinga, Qídsama, etc. Entonces en el Congo comprendíase 
generalmente a Angola. 

Al Congo le llamaron Monicongo durante el siglo xvi, y 
m-onico7igos a sus hijos. Así, Cervantes. En el Quijote, el epita- 
fio a la sepultura de Don Quijote, del capítulo LII, viene atri- 
buido al monicongo, académico de la Argamasilla. En el Ro- 
mancero General (ed. de 1604) hay un romancillo, citado por. 
Rz. Marín, que dice : Pedro, el que vivía — En más cautiverio — 
Que los Monicongos — de virote al cuello. Y, según Clemencin, 
sobre la pragmática de trajes de 1593, se dice en otro romance : 
Y no hay negro monicongo — en el lusitano sitio. También Cris- 
tóbal Colón habló de los monicongos. (^) 



(1) Dumont lo tomó, sin duda, de la Torre, que fué su amigo y 
consultor. 

(2) "Véase Relaciones y Cartas de Cristóbal Colón. Madrid, 
1892, pág. 246, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 33 



Pero esta voz no fué solamente usada en España, pues el 
geógrafo Ortelius en un mapa-mundi de su colección Thea- 
trum Orbis Tcrranim (1570) también fija el país Monicongo. 

Ello se debió, seguramente, a que, según el citado Cavaz- 
zi da Montecuccolo, (^) Manicongo, significaba reino o señoría 
del Congo. Maní, significa reino. Así se dijo también : Maní- 
Imhuijla. Mani-M panga, etc. 

D.VHOME o Dajome. — Antiguo }' poderoso reino, hoy colo- 
nia francesa del mismo nombre, bien conocida. 

Efi. — Efí es el nombre propiamente aplicado en África 
al Viejo Calabar, de modo que negros efí y calabarís son los 
mismos, según Crowtlier (-) ; pero nos parece más demostrada 
la opinión de Partridge (^) que admite los Efís o Efilcs como 
la más importante tribu del Calabar, y la localiza, en el segun- 
do mapa de su obra, en la desembocadura del río Calabar. 

Egguaddo. — Negros lucumís, según me informa un feti- 
chero afro-cubano. He hallado un pueblo Addo, localizado 
precisamente en el pueblo yoruha. El Addo es un dialecto yo- 
niha o liwumí. Pero, probablemente, este pueblo será el de la 
importante población llamada Eghado por Dennet, también 
lucumí o yoruba, y éste, acaso, sea el mismo Addo que cita 
Crowther, pues también tiene dialecto propio. 

Eyo. — Xegros de procedencia lucumí, según consta feha- 
cientemente en unas actuaciones seguidas por el Gobierno 
Superior Civil de Cuba con motivo de una sublevación de 
negros en 18... En ellas declaran varios negros de nación lu-cu- 
mí eyó. Eyó es igual a Yoruha, según Crowther (*). De modo 
(|ue se comprueba la veracidad del origen lucumí. Algunos 
africanistas llaman a este pueblo Oyó, como Dennett, impor- 
tante población lucumí. 

Elugo, — Calabarí asimismo, según los citados Picha rdo 
y Macías. 



(1) Ob. cit., pág. 1. 

(2) Loe. cit., págs. 228-200. 

(3) Charles PABTBnxjE, Cross River Katives. 1905, pág. 32. 

(4) Journal etc., pág. 228. 



34 ' FERNANDO ORTIZ 



Es una tribu del pueblo Ibó, a la izquierda del Niger, de 
modo que más bien los elugo son liwumís o yoruhas. Así se 
deduce claramente de Crowther (^). Sin embargo, sabido es 
(|ue carabalis y lucumís son vecinos y que ha sido fácil la con- 
fusión de una a otra región, merced además a la comunidad de 
origen histórico y filológico, según Johnston. 

Embuyla. — Aparecen en Cuba en el siglo xvi. Región 
interior del Congo. Condado del antiguo reino congo según 
Dapper. Igualmente dice Cavazzi da Montecuccolo, (-) escri- 
biendo Imbuila. 

Enchica. — Desconozco su procedencia. Citado por Pérez 
Beato. Por el prefijo en, de esa palabra, me parece congo. 

Engüei. — Negros lucumís, según Macías, en su dicciona- 
rio cubano. 

Ensenza o Insenza. — Citado por Pérez Beato. Ignoro su 
procedencia; pero creo que también sea congo. Ensonso, es 
región del Congo, según Cavazzi da Montecuccolo. (•') 

Entotera. — Negros congos. Son los últimos, me decía el 
viejo africano <(ue me dio este nombre. Están, decía, tierra 
adentro, rayando con los macuás. Teniendo en cuenta que los 
macuás son del interior de Mozambicpie, en el oriente africano, 
el dicho del anciano congo es muy verosímil. Vinieron muy 
pocos a Cuba. Ntotela es un antiguo título (¡ue recibían los 
reyes congos. (■*) ¿Serán los congos reales? 

Epa. — Negros de nación hicumí, según se dice en docu- 
mentos oficiales antiguos. Probablemente son los negros lla- 
mados akpá o apa y también DjuJcú, haihai, mitshí, por el 
pueblo Ibó; pues ello confimiaría su origen luciimí. 



(1) Journal, etc., pág. 200. Véase también el primer mapa de 
Pautridge en su obra Cross River Natives, donde el pueblo Elugo es- 
tá perfectamente localizado. 

(2) Véase ob. cit., pág. 6. 

(3) Ob. cit., pág. 6. 

(4) Thomas Lewis. The Oíd Kingdom of Congo. The Geogra- 
phical Journal. .Tune, 1908, pág. 594, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



EsoLA. — Estos negras se apellidan, como un cabildo, con- 
go-csola. ¿ Serán los congos del río Ehola, afluente del Congo ? 

Faxti. — Pueblo de la costa de Guinea, o mejor dicho, de 
la Costa de Oro, al sur de los achantis. 

E. T. Pichardo lo sitúa tierra adentro, junto al Xiger. 

Los negros achantis debieron de venir a Cuba con este 
nombre también pues no los he visto citados en Cuba sino por 
Dumont, que en esto no es fuente de absoluta confianza. 

Fee. — Negros gangas, según J. M. de la Torre. Creo que 
está equivocado. Los negros //té son una tribu importante 
lucumí o yoruba, según Cro^\i;he^, (^) Dennett y otros. 

FiRE. — Son negros gangas, según José ]M. de la Torre. 
Véase esa palabra. 

Fulas. — Pichardo los llama mandingas, pero son de 
raza distinta, tanto que Hovelacque la llama roja, proveniente 
del Este. Viven no obstante entre los mandingas por derecho 
de coníjuista y han contribuido a la formación de pueblos 
mestizos, como los torodos, los hasonhés, etc. Es raza induda- 
blemente superior a la de los negros, dice el autor última- 
mente mencionado. 

Aunque J. 'Si. de la Torre también los llame mandingas. 
la loealización étnica de los fulas, en el Senegal, es hoy tan 
clara, que el error de él y de Pichardo es indudable. 

De la Torre siguió, sin duda, el recientemente descubier- 
to mapa de E. T. Pichardo, que él conoció, el cual divide la 
costa occidental de África en cinco grandes regiones o nacio- 
nes: Mandinga, Ganga. Lucumí, Carabalí y Congo. Este re- 
parto geográfico no puede ser más pueril. Verdad es que Pi- 
chardo en su nota puesta al pie del mapa dice que se ha servi- 
do de otros mapas y, además, de noticias particulares, para 
fijar una aproximada situación, que no obtuvo siempre. 

Ganga. — Dice a.sí Pichardo: "...gran comarca africana 
que comprende el Longohá, Maní, Quisí, et<?." Con esta voz 
(Ngangá) los negros de Loango designan a los feticheros. ¡ No 
será error dar a esa palabra el significado de una región ? Al 



( 1 > I.oc. cit., pág. 206. 



36 FERNANDO ORTIZ 



norte de Mayombe, en el mismo Congo, se encuentra el río 
Nyangá y entre aquella y Loango, el lago Nanga. Pero la re- 
gión Ganga no puedo precisarla sin duda. J. Clarke se refiere 
al dialecto mandinga Kanggá. (^) A su vez Delafosse (^) cita 
tres pueblos llamados Gan (uno de raza mosigurunsí, otro añi- 
achanti y senufo-nafaná el restante, todos de la Costa del 
Marfil o limítrofes de ella) así como el pueblo Ngan (de raza 
mandingafu). Otro pueblo (que quizás sea uno de los ante- 
riores) llamado Gondjá o Guán, se halla al nordeste de los 
achantis, de origen mandinga (^). Ahora bien, la sílaba tiga 
es en muchos lenguajes del Sudán un subfijo que significa na- 
ción, pueblo, gente de, y es muy frecuente entre los mandin- 
gas (mande-nga), yolofes, etc., oir nombres de pueblos así 
terminados. No es, pues, inverosímil que Ganga sea palabra 
compuesta de ese mencionado subfijo y de uno dé los nombres 
de pueblos ya citados. De ser así resultaría también verosí- 
mil la proveniencia de los Gangas Mams, que parecen ser veci- 
nos de la citada comarca Guan. Damgá es una parte del anti- 
guo reino de Futa-Toro, el mayor de la Senegambia. Ganga- 
rán es otra región de dicho país, al este de Banfig, con la cual 
podrían relacionarse los Gangas Quisi. 

Henri Dumont dice: "Los negros gangas, antropológica- 
mente, son inferiores a los mandingas; ya hemos visto que, 
geográficamente, éstos están situados sobre de aquéllos. En 
efecto, los gangas están comprendidos entre los 10° de longi- 
tud. Su territorio se extiende por la costa, comprendiendo 
desde el cabo llamado de las Palmas hasta el pie de las ele- 
vadas montañas, cuya cadena atraviesa desde el Oeste al Este 
del país de los mandingas. Esta aproximación de los gangas 



(1) Specimens of Dialects. Short vocabularies of languages 
and notes of countries and customs in África. Londres, 1849. Núme- 
ro 317, pág. 28. 

(2) Vocal)ulaires comparatifs de plus de 60 langues ou dia- 
lects parles a la Cote de Vlvoire et dans les regions limítrofes. Pa- 
rís, 1904, pág. 225. 

(3) BiNGEB. Du Niger au Golfe de Guiñee par le Pays de Kong 
ct le Mossi. París, 1894. Tomo TI, págs. 59 y 112, 



LOS NEGKOS ESCLAVOS 



con los mandingas no carece de importancia, pues influye en 
la condición intelectual y moral de aquéllos, sobre todo en sus 
3aracterísticas patológicas. Se puede admitir sin recelo ni es- 
fuerzo alguno, la existencia de dos variedades de gangas: una, 
representada ix)r los negros moradores del litoral, y otro, por 
los hombres del interior y de las montañas." 

J. M. de la Torre, antes que Dumont, dice que *' habi- 
tan en la costa del cabo de Palmas al sur de la cordillera de 
Kong. Añade este autor que se dividen en longohá, maní, firé, 
quisí, etc." Placías dice sencillamente que proceden de Gui- 
nea. Gangan es una población yoruba, pero no creo que de ahí 
procedan los gangas. Por otra parte, ngangá nkisí es como lla- 
man los negros de Mayombe al jefe de los hechiceros. 

La procedencia geográfica de estos negros es, por tanto, 
la más difícil de fijar, hasta ahora; sin embargo, por los datos 
anteriores es prudente localizarlos donde dice- La Torre, que 
equivale al hinterland de Liberia. Dumont sigue a La Torre 
en esto. 

L'^n negro ganga me dice que, además de los citados, hay 
ganga insuru, ganga oyesa y ganga tacna (negro colorado, és- 
te, que usa narigón). No he podido comprobar estos datos. En 
cuanto a los tacuá, véanse datos contradictorios, en esta voz. 

En una alocución dirigida por el secretario del cabildo 
gangá-arriero a sus afiliados, (1877) se citan otras especies de 
negros gangas, a saber: gangá-fay, gangá-homhalix, gangá- 
ñadejuna, gangá-tavcforú, gangá-gamhujuá ("aujique este 
último, dice, se conoce por mandinga"); y más adelante, 
otras: gangá-gorá, gangá-buchcg, gangá-iromú, gay\{já-coné, 
gangá'Cramo. Fuera de este curioso discui*so, de que trataré 
en otro lugar, no he leído dicht)s nombres. 

Gola. — Pueblo ganga, según J. M. de la Torre. Lo cita 
T. Athol Joyce en el artículo África de la Enciclopedia Bri- 
táiiica (1911) entre las del Oeste de África. (^) 

Guineos. — Con este nombre demasiado genérico entra- 



(1) Tomo I, pág. 329. 



38 ITERNANDO ORTIZ 



ron en Cuba numerosos negros de diferentes comarcas, como 
son los de la llamada Costa de los Esclavos y otras. 

Esta denominación es muy imprecisa y se Usó para los 
negros de todo el Golfo de Guinea, cuando no se quería o no 
podía usar otra especificación. 

Hatan. — Negros citados en Cuba por Dumont como una 
especie de CarabaUs. El mapa de E. T. Pichardo los sitúa al 
Sur de Calabar, al Oeste de Biafra y al Norte del Muñí. 

Iechas. — Negros del Ulcumí o lucunús, según un negro 
brujo. Seguramente serán los negros Yyecha, tribu yoruba o 
lucumÁ, según Crowther (^) y T. Athol Joyce, que escribe 
Yjesa, si bien hay que recordar la pronunciación de j como y, 
y la s yoruba que suena casi como ch castellana. 

Ibos. — Importante país casi en la desembocadura del Ni- 
ger. Suenan poco en Cuba sus nativos, seguramente por con- 
fundirse algunos con las lucumís y con los yoruhas, y otros con 
los carabalis. En la Habana hubo un cabildo carabalí ihó. 

Ingre. — Los negros cü'ahalís ingré formaron un cabildo 
en la Habana ; pero no tengo otro dato. 

lOLA. — lola se llama también una región al norte de los 
Calabares en el río Benué, que es afluente del Niger. (-) Véase 
en el mapa de Nigeria, de la Enciclopedia Británica. 

lOLOF. — Este pueblo tampoco es mandinga, como quie- 
ren Pichardo y de La Torre. Se extiende por la Senegambia, 
siendo muy conocido. Dumont se equivoca al considerarlo como 
una especie de mandingas. 

IsiEQUE. — Siempre he oído citar este pueblo en Cuba jun- 
to con el Isuama, ambos carahalís. Existió el rico cabildo de 
los carahalís isuama isieque. Véase el vocablo isimnm. He ha- 
llado el pueblo Issi Eke, perfectamente localizado en lugar 
próximo a donde Baikie sitúa los negros isuama. Así puede 
verse en el mapa que acompaña el informe de Steel sobre la 
región del Sur de Nigeria. {^) 



(1) Loe. cit, pág. 206. 

(2) Crowther. Loe. cit., pág. 230. 

(3) E. A. Steel. Exploration in Southern Nigeria. Informe a la 
Roy al Geograpliinal Society. 9, Marzo, 1908. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 39 



LoANDA. — Rí'gión importante y septentrional de la co- 
lonia portuguesa de Angola, cuya capital es San Pablo de 
Loanda. 

LoAXGO. — Localidad y región del Congo francés. 

LoxGOBA. — Comarca ganga, dice Piehardo. j Será abrevia- 
ción de Lougobanda, país inmediato al mencionado lago Nan- 
ga, en el Congo? 

LucuMi o UcuMi. — Significa una comarca importante, 
porque los lueumís abundaron en Cuba, pero Pichardo, to- 
mándolo de J. M. de la Torre, dice solamente que es el nombre 
de una región africana y que sus naturales son propensos a 
ahorcarse. Con frecuencia en Cuba se llama lueumís a las 
supersticiones que deben ser localizadas en los pueblos yoru- 
bas y sus vecinos. Aunque quizá sea remotamente relacionado 
con el lucumí, permítaseme recordar el dialecto luriciimhí lo- 
calizado en Angola, según H. Díaz Carvalho' en su Ethno- 
grafía e Historia Tradicional dos Povos da Lunda. (^) 

E. T. Pichardo fija una gran región lucumí que compren- 
de los achantis, dahomeyanos, fantís, ararás y demás pueblos 
hasta el Calahar. Tal extensión es evidentemente errónea. En 
dicho mapa se fundó Dumont, al escribir los errores que 
siguen: 

"Los negros lueumís son los más numerosos e interesan- 
tes de todos los que se encuentran en las enfermerías e inge- 
nios de la Isla de Cuba. Proceden de la Costa de los Esclavos, 
propiamente dicha; algunos les creen originarios del Sudán. 
Según nuestros informes, están separados de los Carabalís al 
Este, por la parte inferior del curso del gran río Calabar; 
al Oeste limitan con los Minas y los Gangas. Después de los 
^Minas y más al Este, sobre la costa, viven los lueumís Achan- 
tis; al Oeste de éstos se extienden los indígenas de Juda o lu- 
eumís F antis; al Oeste del territorio Juda se hallan los lueu- 
mís Popos; al Xorte y al Oeste de éstos, se encuentra la pro- 
vincia de Dahomey. Desde el cabo de San Pablo hasta las 
márgenes del Odi se distribuyen los negros lueumís, propia- 



(1) Lisboa, 1890. 



40 FERNANDO ORTIZ 



mente llamados. Después del Odi, hasta el gran curso de agua 
que los traficantes y viajeros denominan Nuevo Calabar, se 
encuentran establecidos los negros lucumís Ararás, cuycte 
ejemplares no son desconocidos en el territorio cubano. ' ' 

Escrito lo que antecede y en el momento de dar a la im- 
prenta esta edición, cábeme la suerte de hallar la localización 
indudable de este pueblo lucumí o ucmní. Examinando el tex- 
to y mapas de la notabilísima obra de 1686 titulada Descrip- 
tion de VAfrique, escrita en flamenco por O. Dapper, (^) en- 
cuentro en un mapa del Oeste africano (nigritiarum regio), se- 
ñalada la región iilcumí, al Nordeste de Benin, casi en los 
deltas del Niger. Así se explica que pasasen por ulcumís (por 
corrupción lucumí o uciomi) los yorubas. Y hasta, dada la lo- 
calización de ese pueblo idciimí en el citado mapa, podría 
suceder que se hable de un nombre antiguo y ya en desuso del 
propio pueblo yoruba. Dapper añade, (") que se trata de 
un pueblo muy poderoso, apartado de la costa y que nutre a la 
factoría de ésta de numerosos esclavos, lo que concuerda con 
los caracteres de los yorubas. Su poderío se deduce por el 
hecho de que los habitantes del litoral desdeñan su propio len- 
guaje para aprender y hablar el ulcumí. 

He podido hasta confirmar esta posición geográfica de los 
lucumís, mediante otro mapa antiguo, de 1734, el de la obra 
de Snelgrace (^). En él se sitúa el reiiiú de Ulcumí o ülcami 
aproximadamente donde lo hace Dapper, al Norte de Benin. 
En los mapas posteriores el pueblo lucumí ya no aparece. 

En el correspondiente Registro provincial de la Habana 
consta la inscripción de la sociedad Cabildo Africano Lucumí, 
bajo la advocación de Santa Bárbara. 

Su indudable procedencia del interior hizo decir a José 
M. de la Torre que le parecía que venían nada menos que del 
Sudán, Son fuertes, indómitos y estaban tatuados en las me- 



(1) Editada en Amsterdam, traducida al francés. V. pág. 219. 

(2) Ibidem, pág. 207. 

(3) WiLLiAM Snelgrace. A nexo account of Jome parts of Gui- 
nea, and the Slave-Trade. London, 1743, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 41 



jillas. Son liicumís los negros tacna, ycchas, agguaddo, etcé- 
tera, abundantes en Cuba. Según me dicen varios africanos, 
los ararás son también lucumís. También son lucumís los ne- 
gros Epá y Eyó. Estas dos últimas naciones constan en el ex- 
pediente promovido por el Gobierno Superior Civil de Cuba 
con motivo de la sublevación de los negros de Aldama (^), 
cuyos sublevados fueron todos luciinm, Placías en su Diccio- 
nario Cubano, los hace venir de Benin, lo que confirma lo 
dicho. Entre los lucumís, un africano me dice que están los 
lucumís engüei, que son "los más grandes." 

Los nagos, o sean lucumís, fueron con los minas y congos 
los que surtieron principalmente a los negreros, porque según 
Deniker (-) fueron reducidos muchos a la esclavitud por cir- 
cunstancias históricas en su propio país y vendidos a los tra- 
tantes por los dominadores. 

Más de la mitad de los buques de la trata' que \Tnieron a 
Cuba con su cargazón, cargaron en Benin, según Buxton, (^) 

Está equivocadísimo Dumont cuando dice que los lucumís 
se dividen en acJimiti^, f antis, ararás, dahom^ys, etc. 

j\L\cuA. — Pueblo numeroso de la parte oriental de África, 
que confina con Mozambique. Dialecto hantú, según Hove- 
lacque. 

Hay, sin embargo, una iwblación llamada Mahué en el 
interior del Congo francés; pero sin duda los macuás que con 
tal nombre llegaron a Cuba son de Mozambique, pues así lo 
confirman José M. de la Torre, T. Athol Joyce y E. T. Piehar- 
do, en su mapa. 

Machagua. — He visto citado un negro de nación ma- 
chagua, en un anuncio de venta de esclavo publicado en el 
Papel Diario de la Habana, número del 19 de Julio de 1792. 
Desconozco su procedencia. 

]VL\NDiNGA. — Raza negi-a, la más extendida en el Afri- 



(1) Véase en el Archivo Nacional de Cuba. 

(2) Races et peuples de la Terre. París, 1900. 

(3) Thomas Fowell Brxxox. De la traite des esclaves en Afri- 
que et des moyens d'y remédier. París, 1840, pág. 53. 



42 ti'ERNANt)0 ORTI¿ 



ca super-ecuatorial. Ocupa toda la costa desde el Senegal has- 
ta Liberia, y se extiende al interior por el norte de ésta hasta 
el país de los achantis y el Dahomey. 

Es raza muy inteligente, como con mucha razón supone 
J. M. de la Torre, por "alcanzar la civilización arábiga," aña- 
diendo este autor que ''la mayor parte han venido a Cuba 
hasta sabiendo escribir y con varias industrias que los hacen 
ser muy estimados." Dumont escribía, poco después de media- 
do el siglo pasado : 

"Ahora bien, hace mucho tiempo que los mandingas han 
dejado de ser transportados a Cuba. Esto se debe a que cerca 
del territorio ocupado por ellos, se encuentra la vigilante y 
celosa colonia inglesa de Sierra Leona, situada a 10" de lati- 
tud Norte, próximamente. Colocada entre la nación de los 
mandingas, que cercanamente tienen al Norte, y la de los Gan- 
gas, al Sud, los ingleses por medio de su flotilla de cruceros, 
impiden completamente la salida de los mandingas tanto como 
la de los gangas. 

' ' Hasta el año de 1830, el fenómeno se operaba a la inver- 
sa, hasta el extremo que los administradores de los ingenios y 
los antiguos médicos de los mismos, nos decían que las fábricas 
sobre todo, eran entonces explotadas por esclavos oriundos de 
las dos mencionadas naciones, (|ue tan pocos representantes 
tienen actualmente en las enfermerías de Cuba." 

Maní. — También pueblo ganga, según Pichardo ; pero 
no he hallado el nombre de Manhi, sino al norte de Dahomey. 
Si a este pueblo se refiriera, podría ser ganga si fuera indis- 
cutible la localización de los negros así llamados en el interior 
de Senegambia y al Norte de la Costa del Marfil, pero no si es 
que estos pueblos gangas deben ser considerados como del 
Congo. Los negros libres y poderosos de esta última región se 
llamaban a sí mismos maní, que ([uiere decir aeñor (^). Esta 
voz en vez de significar un pueblo de negros, expresaría el 
nombre de una clase social, algo como un título honorífico, al- 



( 1 ) Hisioire et Iconographie des Moeurs, Usages et Costumes 
de tous les Peuples du Monde. Bruselas, 1846. Afrique, pág. 104. 



Los KEGROS ESCLAVOS 43 



go como la palabra ganga significando hechicero. Después de 
la primera edición de este estudio he hallado un pueblo Maní 
al Sur del Congo y en el litoral. (^) 

Masinga. — Especie de negros del Congo, asociados en la 
Habana con fines mutualistas bajo la advocación católica de 
Nuestra Señora de Monserrate, la cual, dicho sea de paso, es 
de color negro. 

Está situado entre Loango y Congo, como puede verse 
en Fuchs. (-) Marsinga, escribía en 1687 Cavazzi da Monte- 
cueeolo. (') 

^LvTUMBA. — Cita de Pérez Beato. Waliimba es n-gión in- 
terior del Congo. 

Mayombe. — Localidad y región del Congo francés, en el 
litoral. 

También se llaman Mayumba y Bayombe. Véase el exce- 
lentísimo libro de Cyr. Van Oberbergh sobre este pueblo, (*) 
y el mapa que lo acompaña. 

Mina. — Pueblo de la Costa de los Esclavos, al Suroeste de 
Dahomey. Elmina fué la más antigua (1470) factoría negrera, 
visitada por Colón antes de su viaje a América. 

Los minas fueron en gran número dominados por sus ve- 
cinos orientales los achantis y vendidos por éstos a los negre- 
ros, según Deniker. Su loealizacióh es precisa. En Cuba tuvi- 
mos un cabildo mina popó de Costa de Oro, lo cual aclara más 
aún su origen. 

MOBAXGUE. — Otra especie de negros congos, junto al río 
Mubangué. Tuvieron sociedad registrada con el nombre de 
"La Caridad," consagrada a la Virgen de la Caridad del 
Cobre. 

MoMBASAS. — Citados por J. M. de la Torre, en su geogra- 
fía, por Dumont en su trabajo citado, como congos. Creo <jue 



(1) Dapper. Ob. cit., mapa de pág. 218. 

(2) BuUetin de Ja Societé Royale Bclge de Oeographie. 1895, 
página 7. 

(3) Ob. cit., pág. 7. 

(4) Les Mayombe. Bruxelles, 1907. Es un modelo de estudio 
etnográfico. 



44 1?KKNA1ÍD0 ORTÍZ 



tillo es un craso error, pues Mombasa es puerto, población y 
país importante del Este de África. Fué importante factoría 
ya a mediados del siglo pasado, al Norte de Mozambique y de 
Zanzíbar, hoy capital de la colonia British East África, y de 
ahí se trajeron numerosos esclavos. 

Mondongos. — Los cita J. M. de la Torre. He hallado los 
congos mondombos, que fueron vasallos de los henguelas, tam- 
bién congos. El Papel Periódico de la Habana del día 11 de 
Octubre de 1795, cita un esclavo de nación congo mondongo. 
Los mondongos son congos, seguramente; congo-mongongo se 
llamó un cabildo de negras en la Habana. 

MoNTEMO o MONTEMBO. — Sucna en Cuba en el siglo xvi. 
Antigua región interior del Congo, según Dapper. Hoy según 
Bruel, se denomina Monjcniho, en el Congo francés. Los cita 
J. K. de la Torre. 

Mozambique. — Región oriental de África, cuya situación 
geográfica es bien conocida. 

Mumbala. — Son negros del Congo. Los hubo en Cuba 
desde antiguo y lograron formar cabildo y sociedad especial 
de socorros mutuos. Hoy se citan como congos Ba-mbala, pero 
sabido que el prefijo Ba es análogo al Mu en su signifie-i- 
ción, según los pueblos del Congo. Habitan junto a los Miin- 
yaca. 

Mumbaque. — Se llamaron en Cuba, congo-mumhaqué y 
he visto citado un cabildo en documento viejo. ¿Será una va- 
riante de mohanguéf 

Mumboma. — Especie ele negros congos, según se deduce 
del antiguo cabildo africano, después convertido e inscripto en 
forma de sociedad benéfica bajo la advocación religiosa de 
Nuestra Señora de Regla. Están junto al río Mboma, afluente 
del Congo, y algunos dicen mamhoma. 

Mundamba o Mundembo. — Región del Congo, o mejor 
aún de Angola. Parece derivarse de Mu-Ndamba, según Le- 
wis (^). Se deriva de Mu-dembo, según Cavazzi da Montecuc- 



(1) Thomas Lewis. The Oíd Kingdom of Congo. The Qeogra- 
phical Journal. June, 1908, págs. 602, 607 y mapa. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 45 



colo; pero no lo creo a-sí pues Ndemho no tiene significado geo- 
gráfico, es el nombre de una institución jurídico- religiosa de 
la que hablaré en otro lugar. 

]\ruNYACARA O MuYACA. — NegTOs del Congo. Los he halla- 
do en Vueltarriba. T. Athol Joyee los cita (^) en la forma si- 
nónima Ba-Yaka. Formaron un reino llanLado Guango, por su 
capital y están en la gran cuna que foraia el río Congo, limi- 
tados por el Kassai. Mu-Aiacca, según el citado capuchino 
italiano. También se les llama Yacca. (^) 

^lusABELA. — Eran negros congo-musdbela y formaron ca- 
bildo en la Habana. 

MusoMBO o MusoNGO. — Espccie de negros de Angola. Los 
cita T. Athol Joyce. Residen entre los ríos Kassai y Lomani, 
Mii-nsongo decía Cavazzi da Montecuccolo. 

Los mu-samho lindan con los mu-ndamha, según se ve en 
el mapa de Le\\ñs. 

Musoso. — Negi'os de Angola. Deben de ser los Mu-)tsonso 
al oeste de los mundamha, según el mapa de Lewis. 

MusuxDi. — Estos negros venían de una región del Congo, 
según Pichardo y de la Torre. Probablemente será una de las 
seis provincias en que los portugueses dividieron el Congo, 
llamada Sundi. La sílaba Mu en el lenguaje de la parte meri- 
dional del Congo es lui prefijo que expresa el paso por algún 
sitio, o equivale a la castellana dentro o país, como ya he dicho. 

J. Athol Joyce los cita también así : Ba-Sundi. Están en- 
tre Loango y el río Congo. Son los Mu^Sundí, pueblo muy 
importante, que linda con los Quisania. Pertenece propiamente 
a Angola. (^) Hoy se le llama a ese pueblo Bakongo. {*) En 
Cuba se les llamó Congo-míisundí. 

Oro. — Así se llamaban los negros de la Costa de Oro, don- 
de está el país de los Achantis. 

Orumbo. — Los cita Pérez Beato, como importados en el 
siglo xvn. Ignoro la procedencia. Orú es una tribu de Benin. 



(1) Loe. cit. 

(2) Th. Lewis. Loe. cit., pág. 592. 

(3) Cavazzi da Montecuccolo. Ob. cit., pág. 9, 

(4) Til, LEvas, Loe, cit. 



46 FERNANDO ORTIZ 



Popo. — Estos negros entraron como minas o mi)M-popós. 
Gran Popó y Petit Popó eran poblaciones del litoral de la Costa 
de Oro, desde las cuales se hizo en gran escala el comercio de 
esclavos. 

QuisiAMA. — Aparecieron en Cuba ya en el siglo xvir. 
Quisama o Kisama fué y es una región de Benguela o Angola. 
Cavazzi da Montecuccolo, con la ortografía italiana del si- 
glo XVII, escribe Chiffama. 

Quisi o Kissi. — Son negros Gangas. Kissí es una pobla- 
ción del alta Guinea en la costa de Sierra Leona, al Este de 
Freetown, próxima a la región Gangarán ya citada. J. Clar- 
ke (^) trata del dialecto kissí, perteneciente al grupo mandé- 
fu, de las lenguas mandes o mandingas. 

Véase también de conformidad, Kissi, en Hutchinson (-), 
en el mapa de la obra de Buxton (") y en el ya citado de la 
E n ciclopedia Britá nica . 

Rey. — Aunque los llamados esclavos del rey, se llamaban 
así por pertenecer al Estado, o como antes se decía, al Rey ; 
no quiero olvidar que existe en África, al Sur del Viejo Cala- 
bar un río llamado Del Rey, de donde también se sacaron es- 
clavos. Pero no he visto ni oído tratar en Cuba de negros del 
rey, sí solamente de esclavos del rey. 

SiGUATOS. — Así dice Pichardo refiriéndose a un pue- 
blo mjandinga. Siguato es un criollismo que en una acepción 
metafórica significa atontado, imbécil. ¿Se habrá utilizado es- 
ta voz aplicándola a los negros sererés, que habitan entre los 
yolas y los yolofes, y que según testimonio unánime son los 
más atrasados de aquella costa? (*) 

He hallado en el mapa de Baikie el pueblo Iskuato, en el 
margen occidental del río Viejo Calabar. i Serán éstos los, por 



(1) Ob. cit., pág. 32, núm. 279. 

(2) Thomas J. Hutchinsoií, Ten years' wanáerings anioung 
the ethiojHans. etc. London, 1861, pag. 114. 

(3) Ed. inglesa. The African Slave-Trade and its remedy. Lon- 
don, 1840. 

(4) Véanse las citas de HovEr,.\CQUE. Les Negres de VAfriqu^ 
sousrqnatoriale. París, 1889, Págs. 29 y pigts, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



corruptela, llamados sicuatos? Probablemente. En la Habana 
hubo un cabildo carabalí sicuato. 

SuAMA o IsuAMA. — Entre el Niger y el Senegal, en sus 
orígenes, se encuentran los sama^nké. familia mandinga (hom- 
bres de iSatna; la terminación nké es frecuente como en malin- 
ke, soninké, etc., para expresar el concepto del pueblo, según 
ya se ha dicho), De ser ciertíi esta localización de los negros 
suanias, dejarían de ser calabarís, siendo sus costas más pró- 
ximas las de Senegal y Guinea. Sama, en efecto, según Dap- 
per, era una villa de la Costa de Oro, en el cabo de las Tres 
Puntas. Xo sería, por tanto, calabarí, según quiere Pichardo. 
Sin embargo, también los llama carábalíes José M. de la Torre. 
Escrito lo anterior, encuentro perfectamente localizados los 
negros suama, jjor Crowther (^) y en el mapa de Baikie. Isoa- 
ma es el dialecto principal y más popular de los iho. Lo hablan 
los eUigo, los ábai/a y otros pueblos lucumís, al' norte de Cala- 
bar; de modo que los negros suama son los caracterizados por 
hablar isoama. Ahora bien, pueden haber venido como calaba- 
ríes. Así se explica (|ue existiese un cabildo o sociedad áfrica 
na en Cuba, llamado Cabildo carabalí isiiama isieqiW. {'-) E. 
T. Pichardo los localiza en su mapa de acuerdo con estos da- 
tos últimos. 

Tacua. — Negros lucumís. ¿Serán los negros apká, como 
los lucumís llaman a los negros nupé (^) del alto Niger, al 
norte de Yoruba? ¿Serán los negros acuás del Calabar, veci- 
nos de los lucumís, con los cuales se han confundido? 

Viafara. — Golfo, país interior y ciudad al Suroeste del 
Kamerón o de los Calabares. Vinieron a Cuba en el siglo x^^. 

Zape. — Citado por Pérez Beato. En el mapa de Mungo 
Park figura Sappe como población de la ribera del Gambia y, 
seguramente, de ahí proceden. Los negros zape en Cuba sólo 
aparecen citados en documentos antiguos, y de esas regiones 



(1) Loe. cit, págs. 200-206. 

(2) En el mapa de Baikie junto a los Isuama están los isiagos 
los isielu. Indudablemente los isieque son otro pueblo vecino. 

(?.) rRowruFi!. T.oc. cit., pág. 228. 



48 FERNANDO ORTIZ 



de la Senegambia solamente vinieron negros en los primeros 
siglos de la trata. 

La precedente nota, desprovista de la debida ordenación 
y depuración etnológica, acaso no esté completa. Pero basta 
observar la localización de dichos países, para poner de mani- 
fiesto la considerable extensión de territorio que abarcó la 
trata negrera en sus rapiñas. Más todavía, si se tiene en cuenta 
que bajo los nombres mencionados llegaban con frecuencia a 
América negros del interior del continente africano. Muchas 
veces, e^jii la imposibilidad en que se encontraban los negreros 
de llevar la especificación etnográfica hasta el extremo de la 
realidad, los esclavos eran denominados según el país en que 
se adf{uirían, aun cuando no fuere el de su nacimiento; así 
por ejemplo, los negros yoruhas, no citados en Cuba, debieron 
ser traídos como guineos, y más probablemente aún como 
lucumís. 

Los pueblos poderosos de la costa hacían frecuentes y 
hasta periódicas incursiones en las comarcas del interior para 
proporcionarse, por el comercio o por la fuerza, materia de 
cambio para negociar con los hombres blancos que compraban 
hombres negros, los cuales llegaban a Cuba denominados co- 
mo originarios del puerto o región de su embarque. Esto suce- 
día por ignorancia de la geografía y de la etnografía africa- 
nas del interior, cosa nada de extrañar en los dos primeros 
tercios del siglo pasado, cuando los descubrimientos y explo- 
raciones de aquel continente no habían alcanzado el desarrollo 
que lograran después. Pero podía suceder también, por el in- 
terés que solían tener los negreros en escurrir castigos por 
haber importado negros procedentes de países cuya importa- 
ción estuviese prohibida, o por evitar el bajo precio que cier- 
tos negros alcanzaban por su mala fama de levantiscos y rebel- 
des, como los yolofes, por ejemplo. 

Asimismo complica el estudio de la procedencia y de los 
afro-cubanos la circunstancia de que en la actualidad y como 
consecuencia de los avances notables de los descubrimientos 
geográficos en África, muchos nombres que antaño fueron 
distintivos de pueblos o regiones africanas, hoy han sido substi- 



LOS NEGROS ESCLAVOS I'* 



tiiídos por otros inodenios, o de origen europeo o africano, 
impuestos por motivos de la colonización creciente. Negros que 
en los siglos xvn y xviii se importaron conocidos por el nombre 
del centro negrero de que procedían, como Yiafara, Gorea, et- 
cétera, no volvieron a importarse después con ese apelativo 
cuando decayeron esas factorías y la trata se canalizó hacia 
otros puertos. 

Por otra parte, es muy probable que los negros y los via- 
jeros adoptaran para los países de África diferentes apelativos 
según tomasen como punto de vista la población nativa, o la 
raza, o el idioma, etc.. y que el nombre usado por los propios 
negros para distinguir su nación, no fuese el adoptado por los 
tratantes. Bailíie (O se hace eco de esas enormes dificultades 
y da minuciosas listas de multitud de nombres dados por geó- 
grafos, nativos, mercaderes, etc., indistintamente a unos mis- 
mos pueblos. Aún hoy día los mismos geógrafos experimentan 
esa confusión consiguiente a la falta de acuerdo en la toponi- 
mia africana. (-) 

Así se explica que por los antropólogos modernos se co- 
nozcan con los nonibi-es de yorubas, nagos o ihós, unos mismos 
negros que entre nosotros llamamos genéricamente lucumís. 
Y séame aquí permitido recordar que, dada la influencia pree- 
minente de los lucumís en la vida afro-cubana, y el olvido com- 
pleto de esa voz toponímica en la geografía contemporánea de 
África (^), nada me ha sido más difícil en estos estudios so- 
bre esta rama de la antropología cubana que establecer el 
valor etnológico y geográfico de los lucumís, en relación con 



(1) Ob. cit., págs. 425, 426 y sigts. 

(2) The GeograpJiical Journal. London, December, 1910, pági- 
na 723. 

(3) La he encontrado viva solamente en la notable obra de 
1686, ya citada. Cuando ia primera edición (1906) de mi libro Los 
Xegros Brujos, ya había podido descubrir que la religión de los yoru- 
~bas (voz hasta esa fecha absolutamente desconocida en Cuba) era 

la de los brujos afro-cubanos. Años después he podido averiguar que 
yQrubas y lucumís son los mismos, 



50 FERNANDO ORTIZ 



los pueblos africanos cuya vida social comienzan a estudiar 
en este siglo los misioneros y los exploradores. 

Además, la nomenclatura de los negros esclavos no se hi- 
zo jamás de acuerdo con un sistema etnográfico, entonces des- 
conocido, acaso ni intentado, sino por mero empirismo y sobre 
circunstancias diversas: factorías negreras, poblaciones del 
interior, etc. La geografía y no la etnología, predominaba. 
Esta solamente pudo dar algunos nombres de grandes masas 
negras como mandingas, fulas, yolofes, etc. La geografía nebu- 
losa de los negreros suplió para los demás. Así observamos que 
si recorremos una larga clasificación etnológica de negros afri- 
canos, como, pongo por tipo, la dada por T. Athol Joyce en la 
Enciclopedia Británica (1911), encontramos en ella solamen- 
te muy pocos nombres oídos en Cuba, y éstos suelen ser de 
aquéllos en los cuales le etnología ha tomado las denomina- 
ciones de las localizaciones geográficas, que para los etnólogos 
eran anteriores y ya fijas. 

Por si esto no bastase, recuérdese que hasta que se ini- 
ció la persecución del tráfico negrero, ya bien entrado el si- 
glo XIX, era frecuente la importación de negros de otros paí- 
ses de América. Así lo podemos ver leyendo los anuncios del 
Papel Periódico de la Habana correspondiente a los años 1790 
y siguientes. Allí leemos entradas de buques con cargamento 
de esclavos procedentes de Rhode Island, Virginia, Jamaica, 
Cartagena de Indias, La Dominica, Brasil, etc., junto con 
otros que llegaban de Costa de Oro, Costa de África, etc. Este 
tráfico venía a entorpecer también el conocimiento de la exac- 
ta procedencia africana de los esclavos. 

Y bien pudiera suceder también que alguno de esos nom- 
bres de naciones de negros, que acabo de referir, fuese el de 
ima pequeña población, sin importancia, desaparecida quizás 
por el fuego de la guerra, a poco de abandonarla los negros, 
que esclavos pero patriotas, recordaron su tierra nativa en es- 
ta Antilla cuando se quiso fijar su procedencia y darles según 
ésta un apellido. Esos recuerdos geográficos de África nos los 
dpmiK'stra bien- claramf^nte nuestra toponimia nacional, ya 



LOS NEGROS ESCLAVOS 51 



que en Cuba conserv-amos algunos nombres geográficos de pro- 
bado origen africano. 

Así Songo, población cubana de la provincia de Oriente, 
es también im pueblo del Congo (^) mejor dicho, de Angola. 
Hongolosongo, villorrio cubano, ¿no se derivará de Angola- 
Songo? Cambute, caserío rural de la provincia de la Habana 
es una población de Angola (-). Yam, poblado histórico de mi 
patria, es, quizás, reproducción toponímica de Yara, tribu del 
Sur de la hoy colonia alemana del Camerón ('), que en Cuba 
entraría, probablemente, como carabalí ; Zaza, población de la 
provincia de Oriente es, quizás, copia de Sassa, (*) importan- 
te ciudad de Sierra Leona ; como análogo origen pueden tener 
La Maya, (^) poblado de la pro^^ncia de Oriente (®), etc. 

Hasta nuestro folk-lore conserva en sus expresiones el 
nombre de países africanos. Cuando queriendo significar que 
no se es tonto, dice nuestra gente inculta : ¿ Usted se cree que yo 
vengo de Ampanga?, se trata de la capital de un anti^io reino 
del Congo: M panga C) ; y cuando se quiere dar a entender 
una situación muy lejana de algo o de alguno, se dice que 
está en quimbamha o en las quimhamhas, o en las quimhámhu- 
las (*), refiriéndose comparativa e inconscientemente a Corn- 



il) Véase Cbowtheb. Y además Encyclopedia Britannica. 
(1911). Tomo 1, pág. 330. 

(2) Véase en el mapa de Angola de la Enciclopedia universal 
de Espasa. T. III, pág. 221. 

(3) V. Enciclopedia Universal de Espasa. T. X., pág. 1083. En 
el lenguaje yoruba, yara, significa rápido, veloz, y se aplicaba a la 
corriente de un río. 

(4) T. J. AxDBiDGE. The Sherbro and its hinterland. Londres, 
1901, pág. 297. 

(5) Aldbidge. Loe. cit., pág. 355. 

(6) Otras poblaciones cubanas parecen ser también de origen 
africano, como Magarabomba (Mal)oml)a, conga, según Bniel); Bem- 
ba, (Pemba, conga), etc.; pero no tenemos una demostración clara 
de ello. 

(7) Dappeb. Description de VAfrique. Amsterdam, 1686, pági- 
na 342. Th. Lewis. The Oíd Kingdom of Congo. Rev. cit., pág. 592. 

(8) En C. Villa VERDE. Cecilia Valdés, se lee: "La mujer hace 
pauchos años que me la tienen desterrada en las guimham'bas..." 



52 FERNANDO ORTIZ 



haniha, población de Angola, en la enííl los })orlugii('S(',s tuvie- 
ron una factoría negrera. (^) 

Por todo lo expuesto se explica que pudieran llegar a Cu- 
ba seres humanos arrancados del corazón del continente negro. 



(1) Dapper. Loe. cit., págs. 340 y 362. También pudiera ser que 
la palabra incrustada en nuestra habla popular fuese Quimbanibi. 
voz con la curJ en la geografía del Congo se denominan ciertas altas 
montañas, según la misma obra citada, pág. 341. Véase también T. 
Omboni. Ob. cit., pág. 121, y Cavaícz.i da Mo^Tí;cvccoívO, Ob. cit., pá- 
gina 19, 



CAPITULO III 



suii/L ¿^:eixo- la psicología de los afro-cuba- 
nos.— l Su primitividad. — Sus caracteres. — Yolofes, fulas, man- 
dingas, bambarás, lucumís, ararás, dajomés,' minas, carabalís, 
congos, etc. 



Tal amalgama de pueblos en la esclavitud cubana, hace 
difícil el estudio de la raza negra en Cuba, pues a poco que 
se profundice en la investigación se descubren diferencias de 
costumbres^ religión, carácter, etc., según la« diversas proce- 
dencias de los negros. Pero la psicología del negro en general 
es tan primitiva, sobre todo en los pueblos que surtieron el 
mercado negrero, es relativamente tan poco compleja, que las 
diferencias de uno a otro no pueden ser de gran cuantía. Un 
negro difiere muy poco psicológicamente de otro negro, dice 
Cureau. (^) 

Además, los negros en Cuba han ido apropiándose recí- 
procamente los caracteres psíquicos de los que, aunque de su 
.propia raza, eran más civilizados y cuyo contacto fué desde 
su llegada a nuestra An tilla forzoso y constante. Así vemos 
que a pesar de haber importado cada pueblo sus supersticio- 



(1) Ad. Cureau. Las Societés Primitives de VAfrique Equato- 
riate. París, 1912, pág. 70. 



54: FERNANDO ORTlZ 



lies, las de Yoruba han predominado, no sólo por la difusión 
alcanzada ya en África, sino por su superioridad con referen- 
cia a las demás. Asimismo vemos, que si bien todos los negros 
tuvieron sus cabildos, agrupaciones de carácter nacional, la 
sociedad secreta del ñañiguismo sobrevivió, aunque con ca- 
racteres distintos y extraños, porque era un adelanto, respon- 
día a un estrato superior de la civilización negra, estrato al 
que todos los negros ascendieron en breve, abandonando 
otras tendencias más atrasadas que cayeron en el olvido, a 
medida que el ñañiguismo invadía todas las conciencias ham- 
ponas y primitivas. Por otra parte, todas las originarias di- 
ferencias entre unos negros y otros van palideciendo más y 
más por el disolvente influjo de la civilización superior que los 
envuelve, los absorbe y va limando todas las aristas de su 
poliédrica psíquis. Todas estas circunstancias permiten con- 
ceder a la raza negra en Cuba una psicología homogénea, sin 
dejar de reconocer en algunos casos concretos, sobre todo en 
su estudio retrospectivo, determinadas supervivencias de 
acentuación local. 

Creo inútil repetir aquí la exposición de las caracterís- 
ticas generales que la etnografía define como propias de la 
raza negra, bien considerada en globo o bien en los diferen- 
tes pueblos que proporcionaron esclavos a las plantaciones 
cubanas. El lector que no se crea conocedor de ellas por el 
estudio o por la observación personal, puede acudir a los nu- 
merosos tratados de etnografía y relaciones de viajes. 

En cuanto a los caracteres antropométricos y fisiológic|>s, 
el lector puede hallar datos interesantes en el trabajo de Hen- 
ri Dumont, tantes veces citado. (^) 

Los caracteres psíquicos son más difíciles de precisar. 
Diré, sin embargo, a ese respecto que el negro africano fué 
traído a Cuba en la más completa desnudez física y psicoló- 



(1) Publicado por la Revista Bimestre Cuhana (1915), tradu- 
cido por Israel Castellanos. Formará un tomo de la Colección cu- 
bana de libros y documentos inéditos o raros, dirigida por Fernando 
Obtiz. 



tos ííEGBOS ESCLAVOS 5$ 



gica. El negro eu ese estado, era como decía Girard de Rial- 
le (^) "un niño grande, entregado a la impresión del momen- 
to y absolutamente esclavo de sus pasiones. Así, se manifies- 
tan en él las contradicciones más sorprendentes en su conduc- 
ta. Es ligero, inconsistente, alegre, reidor, amante del placer 
con frenesí, loco por el baile, el ruido y los vestidos chillones 
y llamativos." Los etnólogos completan esos trazos pintándo- 
nos los pueblos africanos que dieron su carne a la trata abo- 
minable, como naturalmente indolentes, de sensualidad des- 
bordante, faltos de previsión, supei-sticiosos sin límites, de inte- 
ligencia poco despierta y enemigos de las ideas abstractas, 
tímidos de espíritu ante lo desconocido, aunque valerosos ante 
el peligro real, caritativos, amantes de su ten*uño y presa de 
añoranzas en tierras extrañas por el recuerdo del país nati- 
vo, llenos de devoción a los hijos y dados a la buena amis- 
tad... O 

Tales parecen ser los rasgos psicológicos salientes que, 
según los etnógrafos, tenían las razas vírgenes sobre las cua- 
les se cebó la trata esclavista de estas Indias. 

Después, la brutalidad con que fueron aquí tratados, la 
opresión sufrida por ellos con los tratamientos ci-ueles y de 
rigor inflexible, el contacto con civilizaciones para ellos nuevas 
y superiores, y, sobre todo, la mejora del ambiente y de la 
condición social, produjeron cambios en esa psicología africa- 
na hasta llegar al negro criollo actual, uno de los más progre- 
sistas moralmente de nuestra América. 

^ero esos caracteres psíquicos, muy propios de aquella 
época esclaA-ista, eran típicos entre los esclavos hózales. Sin 
embargo, repito, podrían recordarse algunos caracteres étni- 



(1) Les peuples de l'Afrique et de VAmerique, pág. 58. 

(2) Véase un estudio de P. Barret. (Les Xoirs. París, 1892); 
el resumen muy interesante de A. Reville en su libro Les ReUgions 
des peuples non-civilicés. (París, 1883. T. I, págs. 32 a 49) con la 
escogida bibliografía fundamental; el capítulo V del libro de Le- 
-POUBXEAu: La Psychologie Ethnique; el más reciente e importante 
de Ad. Cubeau (Les Societés Primitives de l'Afrique Equatoriale. 
París, 1912) y cien más. 



56 FERNANDO 0RT12! 



eos especiales, acentuados loealmente, y que corrían de boca en 
boca en la época de la trata. 

Cuando se compraba o vendía un esclavo, negro de na- 
ción (^) era muy importante conocer su país de origen; no 
era igual psicológicamente para el comprador un lucumí, que 
un congo o un mandinga. Hasta hubo ciertos países de los cua- 
les no era lícito traer esclavos a América, como los yolofcs, 
por ser levantiscos y de carácter nada dócil. 

Algunas de esas apreciaciones acerca del carácter de cier- 
tos esclavos, distinguiéndolos de otros, podrían apoyarse hoy 
día en documentos de etnógrafos modernos y hasta en opinio- 
nes conservadas todavía de publicistas de aquella época en 
Cuba y otras colonias americanas. Pero no deseo llegar a una 
detallada exposición de los matices psicológicos que podrían 
estudiarse en las diferentes facetas étnicas de la masa africana 
esclavizada. 

Por otra parte, en estas apreciaciones sobre las condicio- 
nes psíquicas de un pueblo hay que ir con cierto tacto, fuera 
de ciertos rasgos culminantes. 

He querido no citar más que alguno que otro testimonio 
antiguo, puesto que el de los numerosos autores modernos no 
es de gran valor en este caso preciso, puesto que la acción 
colonial, aun en África, puede haber modificado algo ciertos 
rasgos psicológicos de los pueblos hoy sometidos. Así mien- 
tras Golberry (1826) dice que los hamhara son perezosos, Le 
Barbier (1906) dice que son trabajadores. Ello demuestra, 
además, lo difícil que es precisar el carácter de una raza sin 
un estudio amplio, intenso y retrospectivo, de la misma ; lue- 
go, el estudio referido a cada una de las muchas razas africa- 
nas está aún verdaderamente por hacer. Así, pues, los juicios 
sobre ciertas clases de esclavos, según sus naciones, deben to- 
marse con recelo y faltan de una comprobación científica. 



(1) Se llamaba negro ele nación, al negro nativo de Africaí, en 
contraposición al nativo de América, al que se llamaba criollo. Se ha- 
cía referencia al país de origen, así se decía: Antón, de nación Mo- 
zambique. Así se acostumbró desde antiguo. En Andalucía se usaba 
en 1620, por lo menos. Véase Archivo Hispalense, t. IV, pág. 125. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



Los yolofcs, senegaleses de color de ébano, eran aguerri- 
dos, belicosos, difíciles de gobernar, aunque excelentes cuan- 
do no eran indisciplinados. Son esos mismos negi-os valerosos 
que los franceses utilizan en sus tropas coloniales. 

Los filias, de color menos negro, algo rojizos, eran de 
especie superior en inteligencia y en belleza física. Un viajero 
dice que "los cuerpos de los negros fulas, recuerdan los per- 
files de la estatuaria griega." (^) Los hombres son buenos 
guerreros e industriosos, poco asimilables. 

Los mandingas, de negro o moreno claro, eran mansos de 
carácter, fácilmente instruibles, negociantes hábiles e infati- 
gables, generosos, francos, hospitalarios, bastante fatalistas, 
acaso por la influencia del mahomet<inismo entre ellos. Según 
Bruce (-) eran los mejores negros pai*a el trabajo, robustos, 
dóciles, fieles y resignados. Esta opinión concuerda con la de 
Dumont (^) referente a los mandingas por , él observados en 
Cuba, que inserto íntegro en obsequio a su valor local. 

"Nosotros hemos podido observar un número suficiente 
de mandingas, para poder afirmar que se distinguen espe- 
cialmente, por su gran talla, fuerza muscular y mirada 
inteligente y simpática a la vez. Los administradores de in- 
genios proclaman altamente la amabilidad y la fidelidad de 
los mandingas hacia su patrón y para cuantos le rodean y 
consideran. Sin embargo, ellos son fieros y decididos y siem- 
pre se han mostrado rebeldes y poco adeptos a los abusos y 
exigencias de algunos mayordomeas. La ser^ddumbre, que 
para ellos carece de las labores domésticas que la dulcifican, 
les ofende, y para obtener su antiguo régimen, voluntaria- 
mente se sublevan." 

' ' Un médico de un buque negrero, compadre del autor de 
este trabajo, fiel observador de todas las costumbres de la 
costa occidental de África, ha notado que el alimento de 



(1) GoLBERRY. Histoire genérale des voyages. par Walckexaeb, 
1826. T. V, pág. 417. 

(2) En la misma colección de Walckenaeb. T. III, pág. 271. 

(3) Ob. cit. 



FERNANDO OUTÍZ 



los mandingas es arroz, pescado y un poco de carne de ani- 
males. Ellos son muy dados a las faenas de la pesca y gus- 
tan de todas las peripecias del mar. ' ' 

Los Bambaras, según Grolberry, eran robustos, ' abando- 
nados al fatalismo, torpes, volubles, perezosos, amigos de lo 
ajeno, pero alegres y dulces. 

Nuestro Saco, en cambio, en unos apuntes inéditos, dice : 

"Los esclavos negros de Bambarra, que proporcionaban 
los Mandingas, se consideraban como los mejores de África 
para el trabajo. Eran fieles, sumisos, fuertes y sin la propen- 
sión de los de Guinea, a huirse o suicidarse. ' ' 

Los de la Costa de Oro bastante aptos a la cultura, pero 
muy vindicativos. 

Los Lucumis, eran los esclavos más inteligentes y civili- 
zables, pero altivos y difíciles de subyugar y atrepellar ; bue- 
nos trabajadores (^). Esta es opinión general. 

Dumont decía que en Cuba los lucumis eran superiores, 
se rescataban a sí mismos con más facilidad que los esela 
vos de otras naciones. Eran los preferidos, y muy limpios, si 
bien dados al suicidio. Eran fieles, pero muy susceptibles. 
Ningunos otros los superaban en los trabajos de sus conu- 
cos (-). A los azotes, éstos como los mandingas eran muy sen- 
sibles, no así los congos. 

"La excelente salud de que gozan los lucumis en los in- 
genios, se explica, no tan solamente por sus condiciones físi- 
cas, sino por las condiciones que les rodean en los mismos. En 
los almacenes y depósitos de los puertos cubanos, como en los 
ingenios, ninguna raza supera a los lucumis por su trabajo, 
por su franca resignación, no obstante el abandono y las in- 
justas condiciones en que se les tiene. Ellos realizan escrupu- 
losamente las excesivas tareas que les son impuestas, y mo- 



(1) MoRKAu DE Saint Mery. Loix et constitutions des colonies 
Jrangaises de VAmerique sous le vent, de 1550 a 1785. París, 1784- 
1790, Vol, I, pág. 36. 

(2) Pequeña porción de tierra que para su peculiar provecho 
se les consintió cultivar en algunos ingenios. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 59 



destamente ocultan sus sentimientos de dignidad y fidelidad 
que parecen faltar en los otros negros, por ejemplo, en los 
congos. ' ' 

Los ararás (^) según un viajero francés que analiza- 
ba en aquellos tiempos las cualidades del ébano que se envia- 
ba a los mercados de esclavos, según sus procedencias, eran 
dóciles, buenos labradores y poco sensibles a la esclavitud 
porque habían nacido en ella. 

Los da jo mes eran malos esclavos, propensos al suicidio y 
a la nostalgia, según el propio perito. 

Los biches eran tímidos y fáciles al suicidio, según 
Adams. (-) 

De los negros minas en Cuba escribió Dumont lo si- 
guiente : 

''Cuanto a la parte moral, los tuinas son delicados, im- 
presionables, cobardes en las enfermedades, sol3re todo en las 
que determinan constantes variaciones de la temperatura, que 
— como en todos los miembros de su raza — les hace exagerar 
en grado sumo su dolencia y si existen dolores". 

El mismo Dumont observaba los carahalís y decía : 

' ' Cuando el carácter de los carabalís en general es bueno. 
Son amantes del trabajo y cumplidores de sus obligaciones, 
fieles y económicos. Son sobrios en el vestir y atienden siempre 
las necesidades de su familia. Si son libres se procuran con 
sus ahorros una pequeña fortuna trabajando en los muelles, 
si son hombres, vendiendo frutas en las calles y paseos de las 
grandes ciudades, si son mujeres u hombres débiles." 

Sin embargo, los carabalís tenían fama de fieras, y hasta 
de antropófagos. Era frecuente oir decir a los negros: ¡Cara- 
balí coyyie gente! Eran muy soberbios y perros, según decían 
los amos. (") 

Estas diferencias de apreciación en cuanto al carácter de 



(1) O aradas. Citado por P. Barbet. L'Afrique Occidentale. To- 
mo I, pág. 147. 

(2) Ob. cit., pág. 133. 

(3) CiBiLo ViLLAVERDE. CeciUa Valdés. New York, pág. 393. 



60 FERNANDO ORTÍZ 



los carahalis, bien podían derivarse de contarse como de Cala- 
bar pueblos distintos. Así lo da a entender el propio Dumont, 
escribiendo : 

"Entre los carahalis hay que distinguir dos variedades: 
1?, los carahalis propiamente dichos que viven en las riberas 
del río hasta su desembocadura, y 2?, los carahalis que habi 
tan en las provincias centrales y en las montañas del Viejo 
Calabar : los carahalis Bihi, los carahalis Brichi y los caraha- 
lis Ilatam." 

"Los carabalís del Viejo Calabar son los más civilizados 
de todos porque tienen frecuente relación con los blancos de- 
dicados hoy al comercio o a la trata. Los carahalis Bihi son 
inferiores a los precedentes a causa de su carácter indomable, 
violento y vengativo; se inclinan con frecuencia al suicidio 
como los lucumis, que son también soberbios pero más socia- 
bles que ellos. En cambio, los carahalis Brichi ofrecen un ca- 
rácter más dulce, más laborioso, menos vivo y más silencioso ; 
son preferibles a todos los anteriores. Los Brichi tienen mar- 
cada la frente hasta las sienes al parecer por un hierro can- 
dente." 

"Los carahalis Hataní son de un temperamento linfático 
y de una inteligencia notable para su falta de cultura. Care- 
cen de energía y lloran como niños ante la desgracia más lige- 
ra. Su físico es poco brillante como su valor intelectual y mo- 
ral ; no están faltos de corpulencia, pero son toscos y enfermi- 
zos. Estas cualidades tan desfavorables llegaban a tal extre- 
mo, que en los últimos tiempos de la trata, los compradores no 
admitían carahalis Hatam a ningún precio. Los pocos qne 
en un principio fueron adquiridos, no soportaron el amon- 
tonamiento y las fatigas del viaje como las otras clases de 
negros. ' ' 

Los negros guineos no tenían una psicología propia, pues 
tomaban esa denominación muchas procedencias, por ser im- 
precisa y muy amplia la zona que se conoce por Guinea ; pero 
por lo general se entendía que eran buenos esclavos. (^) 



(1) C. Vjllavehde. Cecilia Valdés. N. York, pág. 393. 



LOS NEGROS ESCLAVOS fil 



Acerca de los congos escribía Duinout : 

"Los congos son fuertes, pero tímidos y extravagantes, 
dados a la insubordinación y al reposo excesivo, no sienten en- 
tusiasmo por la libertad, holgazanes por naturaleza y no 
ociosos por voluntad, están inclinados siempre a la desocupa- 
ción sin aspirar a progresos y a comodidades. Estas condicio- 
nes de los congos explican las enfermedades que padecen: 
afecciones cutáneas, ulceraciones de las piernas, etc." 

"De todos los negros africanos, los congos son los más 
dormilones ; abandonan todas las necesidades de su persona y 
de su familia para entregarse, en el suelo, al sueño más pro- 
fundo en pleno sol. ' ' 

"Los congos no son susceptibles de educación y de per- 
fección como los otros negros ; desobedecen las indicaciones de 
sus amos : no aprenden nada difícil, aunque sea solícita la vo- 
luntad de su natrón ; no pueden escogerse para un trabajo 
donde se necesite algún celo; son cobardes ante el peligro y 
las enfermedades; acogen con indiferencia el desdén y el in- 
sulto; son humildes hasta el semdlismo y acarician, sin mala 
fe, la mano que los corrige sin guardarle nunca el más leve 
rencor. Estas dos últimas cualidades merecerían el más calu- 
roso elogio si ellas no se confimdieran con una falta absoluta 
de energía moral, sólo comparable a su engañosa energía fí- 
sica ante las enfermedades." 

Los congos eran tenidos, por lo general, como dulces, ale 
gres, inteligentes, muy adaptables al trabajo colonial ; y 
eran de los más estimados por los amos, que escogían entre 
los de esa nación sus criados, caleseros y operarios. Pero eran, 
según C. Yillaverde, araganes y sucios. (^) De entre éstos no 
eran tan gratos los congos mondongos, por su ferocidad, con- 
trastando con los otros congos, que eran tímidos, aunque 
fuertes. 

Los Angola eran robustos y hábiles, también muy queri- 
dos. De ellos se decía que despedían al sudar olor intepsísimp 



(1) Cecilia Valdés, pág. 390. 



62 FERNANDO ORTIZ 



tan desagradable, que los distinguía de los de otra na- 
ción. (^) 

Los negros hisayos, según Saco, siguiendo a Brue, (^) son 
personas soberbias e indomables. En América se vendían con 
dificultad, pues no trabajan sino a fuerza de látigo, se he- 
rían con frecuencia y, a veces, se suicidaban. 

Los macuás o mozanibiques eran menos negros y menos 
resistentes a las faenas del campo que los esclavos de África 
Occidental. Eran muy propensos a la tuberculosis, amables e 
inteligentes. 

Dando, pues, por conocida la psíquis del negro, que a 
Cuba y a los demás países americanos llevó el estigma de su 
primitividad, paso a la consideración de sus manifestaciones 
principales en nuestro pueblo a través de las épocas de su 
evolución. 



(1) P. Du Tebtre. Histoire genérale des Antilles habitées par 
les Frangais. París, 1667-1671. T. II, pág. 495. 

(2) El viaje de Bkue en 1701, está en la colección de Wai.ki:- 
XAKR, (t. líJ, libro 4.°, cap. 13), 



CAPITULO IV 



SUa^TAiaiO: HISTORIA DE LA ESCLAVITUD AFRO- 
CUBANA. — I. El noviciado de civilización. — Los primeros es- 
clavos negros en Cuba. — Su introducción libre. — Las "licencias" 
— Los "asientos". — El siglo XVI. — II. La cana de azúcar y los 
primeros ingenios. — Demanda de esclavos. — Temprana apari- 
ción del contrabando negrero. — Privilegio de los ingenios. — 
III. El siglo XVII. — Más "asientos," más "trapiches" y más con- 
trabando. — IV. Primera mitad deJ siglo XVIII. — Nuevos "asien- 
tos" y monopolio comercial. 



Para hacer el estudio de la influencia que el factor negro 
ejerció y ejerce en cualquier aspecto de la sociedad cubana, es 
preciso remontar la observ^ación a tiempos pasados y a ambien- 
tes sociales que fueron, principalmente a los dos primeros ter- 
cios del siglo último. A partir de esa época el influjo del negro 
se va atenuando más y más, perdiendo su originalidad 
africana. 

Por esto la primera idea que acude a la mente al conside- 
rar la vida do la raza negra en Cuba es la de la esclavitud, 
que dio a una gran parte de la población un ambiente espe- 
cial. En los primeros tiempos otra situación del africano era 



64 FERNANDO ORTIZ 



casi desconocida, más tarde la libertad se hizo más frecuento ; 
pero de todos modos, la servidumbre fué para los hijos de 
África un forzoso noviciado de civilización. (^) 

Y en ese período primero de su vida cubana hay que es- 
tudiar al negro, para comprender en todo su significado vigo- 
roso los caracteres de su originalidad africana y poder apre- 
ciar como éstos han sellado después, indeleblemente, la vida 
de nuestras bajas capas sociales. 

En ese sentido, pues, importa estudiar la esclavitud afro- 
cubana, partiendo de la trata esclavista, que arrancaba a los 
negros infelices de su tierra nativa, hasta las adaptaciones so- 
ciales de esos negros ya libres al ambiente de Cuba. 

La importación de esclavos empezó a raíz de la conquista. 
Saco supone que cuando la expedición de Diego Velázquez 
(1511-1512) probablemente, o sino poco después, ya fueron 
traídos esclavos negros a Cuba (-), habiendo sido ya sugerida 
la conveniencia de ello para las Indias en general por la Or- 
den de Predicadores, antes que por Las Casas (^). Cree tam- 
bién*ciue antes de 1523 hubo negros en Cuba el historiador J. 
M. de Arrate (*). Efectivamente puede ser que años antes 
hubiese ya negros en Cuba. Como muy bien hace notar G. 
Scelle, siguiendo a Saco, la reglamentación de la esclavitud 
de los negros en América arranca del año 1501. cuando ha- 
biendo los reyes católicos nombrado gobernador de la Espa- 
ñola a Nicolás de Ovando, le recomendaron en sus instruccio- 
nes que impidiese la inmigración de esclavos moros y que, en 
cambio, estimulara la de esclavos negros, siempre que fue- 



(1) Aunque hubo negros que llegaron a Cuba jurídicamente 
libres, hasta cierto punto, los llamados emancipados, de hecho es- 
taban sometidos a la esclavitud. 

(2) J. A. Saco. Historia de la esclavitud de la raza africana, 
tomo I, pág. 73. 

(3) Saco. Ob. cit., t. I. pág. 68; y Help. Spanish Conquest in 
America. London, 1906. T. II, págs. 10 a 13. 

(4) Llave del Nuevo Mundo antemural de las Indias Occidenta- 
les. Los tres primeros historiadores de Cuha. Habana, 1876, t. I, pá- 
gina 71, 



K(>6 NKGKUS ESCLAVOS ^Ó 



ven nacidos en país católico ; y cabe conjeturar que los hechos, 
en este caso, dieron vida a la legislación antes que suponer 
que ésta se anticipara a los hechos; tanto más cuanto que dos 
años después, en 1503, el propio Ovando pedía al gobierno 
real que se restringiera la libre importación de esclavos por- 
que éstos se huían y se insurreccionaban con los indios. Forzo- 
samente, pues, desde 1501. por lo menos, debió de existir de de- 
recho, y antes de hecho, la libertad en la introducción de es- 
clavos negros en las Indias 3' por ende en Cuba, no siendo im- 
posible en modo alguno que el primer negro que pisó tierra 
cubana lo hiciera aún antes de fenecer el siglo xv, el siglo del 
descubrimiento. 

Hasta el propio rey Fernando V envió esclavos reales a 
laa Indias en 1505, en Enero de cuyo, año partió de España 
una carabela con 17 siervos negros para el trabajo de las 
minas. 

Los primeros negros fueron traídos de España por los 
conquistadores, pues la esclavitud negra fué bastante conoci- 
da en la Península Ibérica, jwr los árabes especialmente, antes 
del descubrimiento del Nuevo ]\Iundo. 

Ya en 1515 los oficiales reales de Santiago de Cuba soli- 
citaron del rey el envío de doce negros que ya estaban en la 
vecina isla Española. (^) 

Durante los primeros años después del descubrimiento, 
la introducción de esclavos negros en las Indias debió de ser 
frecuente y libre en lo absoluto. Por R«al Cédula de 22 de Ju- 
lio 1513 se hizo ya necesaria la obtención de una licencia; m<e«- 
dida principalmente fiscal, pues la licencia costaba dos ducados 
por cabeza, además de siete reales por derecho de exportación 
o almojarifazgo. Algunas licencias anteriores a esa época, de- 
bieron de ser gratuitas o por circunstancias especiales. 

Estas licencias se daban para esclavos blancos o negros, 
embarcados en Sevilla y cristianos. 

Muerto Femando V, el regente Cardenal Ximénez de 



(1 ) Saco. 01,. fit., t. I, páp. S.".. 



6G » FERNANDO ORTIZ 



Cisneros prohibió la introducción de negros en América (^), 
sin duda por el temor a sublevaciones de negros en las Indias, 
pues Nicolás de Ovando, gobernador de la Española, había ya 
escrito al rey en ese sentido. 

Pero el joven rey Carlos, antes de salir de Flandes para 
ceñir la corona de España, ya había concedido a sus favoritos 
licencias para traer negros a Indias. 

]\Iás tarde, la demanda de brazos que hacían los poblado- 
res de América y las predicaciones de Las Casas y los frailes 
gerónimos en pro de los indios, arrastraron a España a nor- 
malizar la trata esclavista. 

Uiego Velázquez, el primer gobernador de Cuba, en 1515 
pedía el envío de esclavos negros para los trabajos de las for- 
talezas, y como él otros funcionarios de las Indias, hacían aná- 
logas peticiones. 

Carlos V, despechado por la enemiga de los españoles, 
fué pródigo en abusivas mercedes a sus paisanos los flamen - 
eos; y una de sus gracias fué la licencia otorgada gratuita- 
mente en Zaragoza en 18 de Agosto de 1518 al gobernador de 
Bresa para introducir 4,000 negros esclavos en las Indias 
Occidentales. Por esta cédula, se reconoce por primera vez la 
trata negrera, ya que se autoriza al concesionario para ir a 
buscar esclavos "a las islas de Guinea y demás lugares de don- 
de es costumbre traerlos." El afortunado flamenco vendió 
pronto su licencia a unos genoveses (por lo cual se ha llamado 
erróneamente "asiento de los genoveses") y sus cesionarios 
vendieron a su vez parte de sus derechos. Por eso un tal Juan 
Fernández de Castro en 1519 se encargó de traer a Cuba la 
cuarta parte de los esclavos pendientes de la licencia del go- 
bernador de Bresa (menos 60, a Puerto Rico). Esas reventas 
aumentaron el precio de los negros y la escasez consiguiente. 

Las demandas de negros siguieron con insistencia. La ca- 
ña de azúcar traída a América, según se dice, por Colón, 
comenzaba a interesar a los colonos y en 1515 llegaba a 
España la primera azúcar de América. El gobierno metro- 



(1) Heereba, Décadas. II. 2, 8, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 07 



politano, por fin, eu 12 de Febrero de 1528, otorgó el primer 
asiento de negros a otros dos favoritos suyos, a los alemanes 
Eynger y Sayller, con gran escándalo y descontento de los 
pobladores de Indias, Aáctimas de ese renovado sistema de 
monopolio que no resolvía el problema, de la escasez de brazos 
en las nuevas colonias. 

Compréndase bien la diferencia que existía entre una 
Ucencia y un asiento, ya que han sido frecuentemente confun- 
didas ambas entidades jurídicas. (^) La licencia era el simple 
permiso concedido por el soberano para llevar uno o muchos 
negros a las Indias. El asiento o asiento de negros fué un con- 
trato de derecho público, sinalagmático, por el cual un parti- 
cular o compañía se obligaba con el gobierno español a susti- 
tuirse en el lugar de éste en la administración del comercio de 
los esclavos negros en las Indias o en una región de éstas. En 
el fondo fué siempre el asiento la concesión de un monopolio 
fiscal, si bien algunos asientos se aproximaron más bien a un 
arrendamiento de impuestos o a la concesión de un senncio 
público. 

La historia de los asientos y licencias es la historia legal 
de la trata negrera en las colonias españolas durante los si- 
glos xvi, xvn y parte del xvin. El lector que quiera estudiarla 
detenidamente puede leer la notable obra de Scelle ya citada. 

Los primeros esclavos negros que entraron en Cuba, se- 
gún Labra (-), fueron 300 traídos de Santo Domingo en 
1523. 

Sin embargo de esta respetable opinión y de la de Arbo- 
leya, hoy sabemos con certeza que en 1518 había esclavos ne- 
gros en Cuba, bien fuesen traídos cuando la introducción era 
libre o bien en virtud de las primeras licencias — lo que es más 
probable — con fecha anterior, o bien porque los introdujeran 



(1) Saco, Cantillo, Calvo, etc., han incurrido en ese error his- 
tórico de Derecho público. 

(2) Ob. cit.. pág. 425. Arboi-eya. (Ob. cit., pág. 25) dice que en 
el año 1524. fué cuando tuvo lugar la primera importación de negros 
esclavos en Cuba, 



68 FERNANDO ORTIZ 



algunos de los vecinos de Santiago de Cuba que en aquel año 
obtuvieron licencias para importarlos (^), Nos consta de ma- 
nera indubitada que cuando Hernán Cortés partió de Cuba 
para la conquista de México, en 1518, llevó consigo algunos 
negros de esta isla, que utilizó luego juntos con los indios para 
el arrastre de la artillería a través del suelo azteca. (-) 

En 1526 dos genoveses trajeron de Cabo Verde a Cuba 
145 negros, con licencia únicamente para 80, lo que originó 
escandalosa controversia entre los tratantes, el Ayuntamiento 
de Santiago y la Iglesia, a cuyo asilo se ampararon los negros, 
y cuyo asilo fué violado. (^) 

En 1527 el rey ordenó que 1,000 esclavos fuesen llevados 
a Cuba, (*) debido sin duda a que los asientistas preferían 
llevarlos a otra parte de las Indias, donde había más deman- 
da. No fué ésta escasa, sin embargo, en Cuba. 

En 1534 había ya en Cuba unos mil negros, según datos 
oficiales (^) ; pero en 1542 los procuradores de las villas de la 



(1) Saco. Ob. cit, t. I, pág. 111. 

(2) Colección de documentos inéditos para la Historia de Es- 
paña, publicada por la Academia de la Historia, de Madrid, t. IV, 
número S." (Cita de Saco.) Véase también en los historiadores de Mé- 
xico, GoMAKA, ToRQUEMADA y HERRERA, como poco dcspués, 1827, Pan- 
filo de Narváez llevó negros de Cuba a la Florida. Lowery. Spanish 
Settlements, 172. (Cita de Bourne). Por cierto que del desastre de 
su expedición quedaron algunos supervivientes en suelo indio (Te- 
xas), como Cabeza de Vaca, Dorante, Castillo, .Juan Ortiz y un 
negro esclavo llamado Estevancio, logrando su vida y hasta su bue- 
naventura por las milagrosas curas que tuvieron que hacer a instan- 
cias de los indígenas, que los obligaban a soplar sobre los enfermos. 
Este negro Estevancio, es, pues, acaso el primer negro 'brujo que 
hubo en Cuba, de donde procedía, (B. Smith, Cabeza de Yaca, pági- 
na 95. Cita dé Boubtíe). 

(3) Herrera. Décadas, IV, 2.°, 5. 

(4) ' Herrera. Ob. cit. Déc. III, lib. V, cap. 8. 

(5) Carta de Gonzalo de Guzmán, Gobernador de Santiago de 
Cuba, al Emperador. Cita de Saco. Historia de la Esclavitud de la 
raza africana en el Niievo Mundo. 1879. I, pág. 160. Bien es verdad 
que dos años antes se había dicho a la Emperatriz que había en 
Cuba casi 500 negros, por el Licenciado y Juez Vadillo, 



LOS NEGKOS ESCLAVOS 69 



isla Fernandina (Cuba) decían con acierto al emperador: 
"Aquí la principal finca son los negros." (^) 

No hay que olvidar, además, que constantemente se da- 
ban licencias reales para la introducción de esclavos domésti- 
cos a los pobladores de América. Así se recuerda una licencia 
de 1535 a D. Lope de Hurtado, tesorero de Cuba y a su perso- 
nal para traer sus esclavos negros. 

En 1540 la viuda e hijos de D. Pedro de Paz, contador de 
Cuba, obtu\'ieron ocho licencias. 

Esas licencias especiales duraron a pesar de los asientos 
monopolistas y de las licencias, por mercedes reales. En 1620 
se le dio licencia al Capitán General D. Francisco Yenegas pa- 
ra regresar a la Habana, trayendo dos esclavos : un benguelés 
llamado Pedro y un mulato de nombre Diego (-). Por esta 
vía del sei-^dcio doméstico debieron entrar en Cuba muchos 
esclavos negros, ladinos de Andalucía; pero ello no era sufi- 
ciente para colmar los deseos de los hacendados. 

Hay que tener en cuenta, por otra parte, que la isla Fer- 
nandina, o sea Cuba, tuvo en sus primeros tiempos de la con- 
quista que sufrir la competencia de los intereses de la isla 
Española, la cual, aun siendo de menor extensión y de posi- 
ción geográfica menos trascendente, fué objeto de más cuida- 
da colonización sin duda por los mayores intereses allí crea- 
dos a raíz del descubrimiento, por haber sido la cuna de la ci- 
vilización hispanoamericana y el centro del cual irradiaron 
durante bastante tiempo las aventuras de los adelantados, des- 
cubridores y conquistadores y las organizaciones de la buro- 
cracia dominadora. 

Además, antes de que en Cuba se sintiese la necesidad 
económica de las colonias agrarias, se pasó por una época de 
colonización minera a la cual sucumbieron preferentemente 
los indígenas. 

Por eso la esclavitud negra no fué en Cuba tan extensa 



(1) Véase el memorial en Saco. Colección postuma de papeles, 
etcétera. Habana, 1881, pág. 467. 

(2) ScELLE. Ob. cit., págs. 217 y 251. 



7o FERNANDO ORTIZ 



en los primeros años de la conquista como en otros países ame- 
ricanos. Tardó la Perla de las Antillas en haeer sentir la pu- 
janza de su lujuriosa naturaleza pero, al fin, el azúcar, el 
café y el tabaco exigieron brazos y energías. 

Bien conocido es el esfuerzo (^) de Fray Bartolomé de 
las Casas, el apóstol de las Indias, para substituir la esclavitud 
negra a la de los amerindios j así es que no trataré de expli- 
carlo. 

Cuba ofrecía en ese tiempo escasos atractivos financieros 
para que el mercado de esclavos floreciera, así es qae a pesar 
de las peticiones de los colonos y de las obligaciones de ciertos 
asientistas, los negros esclavos no abundaban en Cuba. 

II 

En 1505 se introdujo, según parece, en La Española la 
caña de azúcar, por Cristóbal Colón. Otros dan ese mérito a un 
español llamado Aquilón, según unas anónimas Décadas... de 
las Indias (-) o llamado Pedro de Atienga, según Oviedo. 

Probablemente será Aguiló, que es apellido del Levante 
español. Pero dice Gronzalo Fernández de Oviedo en su Histo- 
ria General y Natural de las Indias, Islas y Tierra-Firme del 
mar Océano, (^) que el primero que "puso cañas de azúcar" 
en la Española fué un Pedro de Atienca, y que el primero que 
allí hizo azúcar y por tanto en América, fué el catalán Miguel 
Ballester. Ya en aquella época el bien documentado Oviedo, que 
escribía en 1535, se daba cuenta de la importancia de la caña 



(1) No fué iniciativa suya, sino de la Orden de Predicadores 
en 1511, según Saco. Hist. de la Esclavitud de la raza africana. Vo- 
lumen I, pág. 68. También los frailes Gerónimos le ayudaron, según 
Carlos Nouel. Historia Eclesiástica de la Arquidiócesis de Santo 
Domingo. Roma, 1913, t. I, págs. 118 y sigts. Pero Las Casas creyó 
que tal error fué primero en él. Véase la edición de su controversia 
con GiNES DE Sepulveda, publicada en Madrid (1908) y el estudio 
biográfico que la precede por Fray Enrique Vacas. 

(2) Véase Arthur Help. The Spanish Conquest in America, 
London, 1902. Vol II, pág. 51. 

(3) Madrid, 1851, 1." parte, pág. 118. 



LOS NEGlttiS ESCLAVOS 



de azúcar en América y escribió los párrafos siguientes com- 
pletamente olvidados en Cuba que, a fuer de cubano agrade- 
cido, quiero insertar aquí, en homenaje a los manes de Atienza 
y de Ballester, y de Cristóbal Colón, quien acaso, como se verá, 
fuera el primí-r introductor de la caña de azúcar en América : 

' ' Pues aquesto del acucar es una de las mas ricas grange- 
rias que en alguna provincia ó re^mo del mundo puede aver, 
y en aquesta isla haj- tanta é tan buena y de tan poco tiempo 
acá assi exercitada é adquirida ; bien es que aunque la tierra é 
fertilidad della, y el aparejo grande de las aguas é la dispu- 
sicion de los muy grandes boscajes de leña para tan grandes y 
continuos fuegos, sean tan al propósito (como son) para tales 
haciendas, que tanto mas sean las gracias y el premio que se 
debe dar á quien lo enseñó é puso primero por obra. Pues to- 
dos tovieron los ojos ceiTados hasta que el bachiller Gonqolo 
de Velosa, a su propria costa de grandes y excesivos gastos, se- 
gund lo que él tenía, é con mucho trabajo de su persona, truxo 
los maestros de acucar á esta isla, é hizo un trapiche de caba- 
llos é fué el primero que hizo hacer en esta isla acucar : é á él 
solo se deben las gracias, como a principal inventor de aquesta 
rica grangeria. No porque él fuesse el primero que puso cañas 
de acucar en las Indias, pues algún tiempo antes que él vinies- 
se muchos las avian puesto é las criaban é facían mieles dellas ; 
pero fué, como he dicho, el primero que hizo acucar en esta is- 
la, pues por su exemplo después otros hicieron lo mismo. El 
qual, como tuvo cantidad de caña, hizo un trapiche de caba- 
llos en la ribera del rio de Nigua, é truxo los oficiales pai"a 
ello desde las islas de Canaria, é nnolió é hizo acucar primero 
que otro alguno." 

"Pero la verdad desto inquiriendo, he hallado que digen 
algunos hombres de crédito é viejos, que hoy viven en esta 
cibdad. otra cosa, é afirman que el que primero puso cañas de 
acucar en esta isla fué un Pedro de Atienda, en la cibdad de 
la Concepción de la Vega, y que el alcayde de la Vega, Miguel 
Ballester, natural de Cataluña, fué el primero que hizo acu- 
car. E afirman que lo hico mas de dos años antes que lo hiciese 
el bachiller Velosa; pero jiuito con esto dicen que lo que hizo 



T2 PERIÍAKDO OETI¿ 



este alcayde fué muy poco, é que todo lo imo é lo otro ovo orí- 
gen de las cañas de Pedro de Atienca. De manera que de la 
una é de la otra forma, esto que está dicho es el fundamento ó 
principio original del acucar en esta isla é Indias; porque 
deste comienco que a ello dio Pedro de Atienga, se multiplicó 
para llegar esta grangeria al estado en que agora está, é cada 
dia se aumenta y es mayor. ' ' 

Igual origen atribuye a la caña de azúcar el P. Bernabé 
Cobo, en su Historia del Nuevo Mundo. (') Aunque esta histo- 
ria se escribió en 1653, seguramente el dato está tomado de 
Oviedo, que por haber sido Alcalde de Santo Domingo, pocos 
años después del trascendental suceso, es testigo abonadísimo 
para dar fe. Humboldt y Prescott así creyeron también. Cristo- 
bal Colón en un Memorial a los Reyes Católicos, ya se refería 
al progreso de la caña de azúcar de Santo Domingo. Por esto 
dice fundadamente Paco, lo que sigue: (-), 

"Erróneas son las opiniones de todos los autores que aca- 
bo de citar, porque la caña entró en aquella isla al siguiente 
año de su descubrimiento, siendo Cristóbal Colón su primer 
introductor desde el segundo viaje que hizo a ella en 1493. 
Oigámosle : ' ' Somos bien ciertos como la obra lo muestra, que 
en esta tierra, asi el trigo como el vino, nacerá muy bien ; pero 
háse de esperar el fruto, el cual si tal será como muestra la 
presteza del nacer del trigo y de algunos poquitos de sarmien- 
tos que se pusieron, es cierto que non fará mengua el Andalu- 
cía ni Cecilia aquí, ni en las cañas de azúcar, según unas po- 
quitas que se pudieron han prendido." (^) 

"Este pasaje es decisivo y demuestra que en 1493 ya exis- 
tió la caña de azúcar en la Española. Colón no dice de dónde 



(1) Sevilla, 1891, t. II, pág. 408. 

(2) Historia de la Esclavitud de la rasa africana, etc., t. I, pá- 
gina 125. 

(3) Memorial de Cristóbal Colón a los Reyes Católicos en 30 
de Enero de 1494, publicado en la Colección de Navarrete, tomo 4, 
página 229. 



Los NEGROS ESCLAVOS 73 



se llevó a ella, pero es un hecho histórico que fué de España 
y no de Canarias." (^) 

"Si Colón introdujo la caña en 1493, no por eso me atre- 
veré a negar que Aguilón o Atienza, o los dos, la hubiesen lle- 
vado después de Canarias; porque pudo suceder, lo que no 
es probable, que no habiéndose propagado las sembradas por 
Colón, hubiese sido necesario importarlas de nuevo; o que, 
existiendo, aquellos ignorasen que las hubiese, o que cuando 
lo supiesen, desearan aumentar su cantidad. ' ' 

"Esa caña fué la que después de aclimatada en la Espa- 
ñola y en otras partes se llamó cnolla o de la tierra. Y no de- 
be confundirse con la de Otahiti que se introdujo en América 
en la segunda mitad del siglo xvni. En el viaje que en tomo 
del mundo hizo de 1766 a 1769 el célebre navegante francés 
Bougainville, llevó aquella caña a la isla de Francia o Mauri- 
cio. Martín, botánico francés, exportóla de allí en 1788 a Ca- 
yena y Martinica, de donde se esparció por otras islas ; y de la 
de Santa Cruz se introdujo en la Habana en 1798. (-) Desde 
entonces dióse a esta caña la preferencia en todos los ingenios, 
oor ser mucho más alta, más gruesa, más jugosa y de más 
combustible que la criolla para los ingenios. Otra esp>ecie de 
caña, llamada de cinta o listada por las vetas que tiene, lle- 
vóse de Nueva Orleans a la Habana en 1826, pero yo recuerdo 
haber visto trece o catorce años antes algunas cepas de ella en 
Bayamo o en Santiago de Cuba. También recuerdo que antes 
de 1826 se había introducido de Java otra especie de color mo- 
rado; mas ni ésta ni la de cinta se han propagado en Cuba." 

"Generalizada la caña en la Española, muchos hacían 
mieles de su jugo; (^) ¿pero cuándo se fabricó el primer azú- 
car en el Nuevo Mundo?" 

' ' Oviedo menciona que el bachiller Gonzalo de Velosa fué 
el primero que hizo azúcar en la Española fabricando con 



(1) Mrxoz. Hist. del Xuevo Mundo, lib. 4, par. 24. 

(2) Saco. Colecc. de papeles históricos, etc., sol>re la Isla de 
Cuba, t. I, pág. 370, edición de París, 1858. 

(3) Oviedo. Hist. Gen., lib. 4, cap. 8. 



74 í'ERNAKDO 0KTI2 



muchos gastos un trapiche de caballos e introduciendo los 
maestros de azúcar. No falta quienes den la prioridad a un 
Miguel Ballesteros, del que habla también Oviedo." C) 

Hablando Herrera de este asunto, se expresa así : " Y 
como el año de 1506 un vecino de la Vega llamado Aguilón, 
llevó de Canaria cañas de azúcar, y las plantó, fueron poco a 
poco dando tan bien, que con más diligencia se puso a criar- 
las el Bachiller Velosa, vecino de Santo Domingo, Cirujano, 
Natural de Verlanga, y con algunos instrumentos sacó azú- 
car, y al cab'o hizo un trapiche." (-) 

Tratando el padre Casas de esta materia habla así: 
''Entraron los vecinos desta isla (la Española) en otra gran- 
geria, y esta fué manera de hacer azúcar, viendo que en 
grande abundancia se daban en esta tierra las cañas dulces. 
Ya se dijo en el libro 2" cómo un vecino de la Vega, llamado 
Aguilón, fué el que primeramente hizo azúcar en esta Isla, y 
aun en estas Indias, con ciertos instrumentos de madera con 
quQ exprimía el azúcar de las cañas, y aun(|ue no bien hecha 
por no tener buen aparejo, pero todavía verdadera y cuasi 
buen azúcar. Sería esto por el año de 1505 o 1506; después 
dióse a entender en hacerla un vecino de la ciudad de Sancto 
Domingo, llamado el bachiller Vellosa, porque era cirujano, 
natural de la villa de Berlanga, cerca del año de 1516, el 
cual hizo el primero en aquella ciudad de azúcar, hechos al- 
gunos instrumentos más convenientes, y así mejor y más blan- 
ca que la primera de la Vega, y el primero fué que della hizo 
alfeñique y yo lo vi ; éste dióse muy de propósito a esta gran- 
geria y alcanzó a hacer imo que llaman trapiche que es moli- 
no o ingenio que se trae con caballos, donde las cañas se es- 
trajan o exprimen, y se les saca el zumo melifluo de que se 
hace el azúcar." {^) De esto aparece (¡ue Casas da la priori- 
dad a Aguilón. 



(1) Oviedo. Hist. Gen., lib. 4, cap. 8. 

(2) Hebkeka. Déc. 2, lib. 3, cap. 14. 

(3) Casas. Hist. úe las Indias, lib. 3, cap. 129. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



Tales son las opiniones de los autores mencionados acer- 
ca del primer español que extrajo azúcar de la caña en la isla 
Española. 

Saco opina que antes de 1534 pudo haber algún ingenio 
en Cuba, diciendo: 

"Mayor ineertidunibre hay acerca del año en que se llevó 
a Cuba la caña. Sin embargo, antes de 1523 y de haberse fa- 
bricado algún ingenio formal, ya se hizo allí azúcar, según 
aparece de las siguientes palabras de Herrera: "y porque ha- 
biéndose -visto por experiencia, que después que se comenzó 
la grangería del azúcar en la Isla Femandina (Cuba), iba 
en acrecentamiento, de que se esperaba que había de resultar 
mucho provecho a los pobladores ; por lo cual se entendía, que 
muchos vecinos querían hacer ingenios." Pero como los edi 
ficios y aparatos de estos eran muy costosos, y los vecinos 
tenían pocos medios, pidióse al Emperador que los socorriese 
prestándoles algún dinero. El mandó entonces, que a las per- 
sonas más horneadas que quisiesen hacer ingenios, se les pres- 
tase cuatro mil pesos de la Real Hacienda, dando fianzas de 
que no los emplearían en otra cosa, y que los pagarían dentro 
de dos años. ( ^ ) Pero aquel dinero, o no se prestó, o si se pres 
tó no se fabricó ningún ingenio con él, porque muchos años 
pasaron sin que hubiese algimo en Cuba." 

En 1534 Hernando de Castro solicitó establecer en San- 
tiago de Cuba el primer ingenio, (-) a cuyo efecto^pidió per- 
miso para introducir 50 negros ("). y petición análoga hizo 
al año siguiente el propio gobernador de Santiago (*) ; pero 



(1) Ibidem. pág. 396. 

(2) Ingenio o ingeño tanto quería decir en el habla castellana 
del siglo XVI, como máquina. Así. en Sevilla se llamó puerta del inge- 
ño a una de las murallas por estar cerca de allí una máquina para 
descargar las naves en el Guadalquivir. (Véase Archivo Hispalense, 
tomo 4, pág. 204.) En las Indias se dijo ingenio de fabricar azúcar, 
y luego, por antonomasia ha bastado decir ingenio, como aún se dice. 

(3) Herrera. Déc. 3, lib. 4, cap. 21. 

(4) Colección de documentos inéditos de Ultramar. 2." serie, 
volumen IV, pág. 358. 



76 fERNANt)0 ORTiy. 



no se sabe que la industria azucarera arraigase en Cuba hasta 
1547, en que se estableció un trapiche con maestros de azúcar 
traídos de la vecina Española. 

En 1542 los procuradores de la ciudad de Santiago y de 
las villas de Puerto Príncipe y Sancti Spíritus, escribían al 
rey : ' ' Aquí la mayor urgencia son los negros. Pedimos licen- 
cia para que cada vecino compre cuatro negros y negras li- 
bres de toda alcabala. ' ' Más tarde el cabildo municipal de la 
Habana tenía que pedir también treinta esclavos para la obra 
de las fortificaciones. (^) Las demandas de esclavos y de pro- 
ductos no cesaban, pues los colonos se sentían arruinados por 
el monopolio de Sevilla, llegando a escribir en 1556 el obispo 
de Cuba desde Bayamo, que carecía hasta de vino para la 
misa. (-) 

Estas peticiones fueron constantes por los organismos de 
la joven colonia, con tanto mayor apremio cuanto que la cri- 
sis producida por las órdenes reales prohibiendo el trabajo de 
los indígenas, fué muy radical y profunda. 

En vista del aumento exhorbitante del precio de los es- 
clavos, la Real Cédula de 6 de Junio de 1556, fijó un máxi- 
miim. Para Cuba era de cien ducados, a excepción de los ne- 
fíroF de Guinea que por sus condiciones superiores alcanzaban 
un sobreprecio de veinte ducados. Pero nada se remedió con 
esto ; se incoaron numerosos procesos, mas las leyes económi- 
cas no cejaron en su imperio. 

Por esta época el contrabando negrero ya era aquí muy 
común y cuenta el obispo de Cuba Fr. Diego Sarmiento que 
el gobernador de la isla D. Juan Dávila. so pretexto de perse- 
guir el contrabando, se apoderaba de los esclavos que entra- 
ban en Cuba y los ocultaba en las fincas de su esposa, una 
Doña Guiomar. (•'') 

En 1597 un t^l Antonio González, de la Habana, recibió 



(1) Colección, etc., 2." serie, vol. VI, págs. 317 y sigts. 

(2) Muñoz, t. 88. Cita de Scellk. 

(3) Saco. Ob. cit., pág. 188. El gobernador acusaba a su vez al 
obispo de robar el dinero de la Iglesia, el hospital y la Santa Cruzada. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 77 



poderes para confiscar numerosos negros llegados sin licencia 
de Santo Tomé y de Angola. (^) El contrabando crecía, pero 
crecía al par de la demanda de mano de obra. 

En 20 de Septiembre de 1571 Juan Hernández de Espi- 
nosa obtuvo un asiento parcial para traer 300 negros a la 
Habana. (^) Pero esas pequeñas concesiones no eran bastan- 
tes. La industria azucarera crecía paulatinamente. En 1576 
tres ingenios se estableciei*on en la Habana, con la rusticidad 
propia de aquellos tiempos. (^) En aquellos trapiches o ca- 
chimbos el producto se obtenía hir\dendo el guarapo en panes 
abiertos, dando ima azúcar muy inferior que se consumía en 
la propia Isla. Esto no obstante, cada ingenio exigía una dota- 
ción completa de 80 a 100 negros. (*) 

En 30 de Diciemjbre de 1595 y a solicitud del Ayunta- 
miento de la Habana se establecía que quedaban exentos de 
ejecuciones por deudas, los ingenios, su tierra, sus máquinas, 
sus esclavos y sus animales. (•"•) Desde esa fecha la industria 
azucarera pasó a ser la base de la economía cubana. Dicha 
Real Cédula de Felipe II se publicó en Cuba en 23 de Octubre 
de 1598, subsistiendo varios siglos. 

El gobierno español percibía entonces una tasa de treinta 
ducados por cada esclavo introducido en las Indias, la cual 
unida al precio de la concesión del acento, encarecía grande- 
mente el valor de los negros en América. 

III 

En 1601 un nuevo aliento proveyó la imi)oi'tación de 600 
negros anuales en las Antillas, fijándose que no podían ser 
traídos negros casados de España, sin sus mujeres. 



(1) Cita de Scellk. 

(2) índice general de los registros de Jas Indias. Cita de 

SCEXLE. 

(3) En el puente de Chávez, en Buenos Aires, y en el litoral de 
la Bahía. J. A. Saco. Ob. cit., Vol. I, pág. 245. 

(4) Sacx). Hist., etc. Vol. I, pág. 128. 
(.%) Ibidem, pág. 245. 



78 FERNANDO ORTIZ 



En 1604, vinieron a la Habana desde Cartagena de In- 
dias 144 esclavos para las obras de la fortaleza. Pero Cuba 
todavía no ofrecía suficiente atracción para los asientistas, 
y así se ve que en el asiento del año 1615, no se habilitó nin- 
gún puerto cubano para la importación de esclavos, a pesar de 
que se contrataban 3,600 anuales durante ocho años. 

Ya en 1617 contamos once trapiches en Bayamo y vein- 
tiséis en Santiago, que producían 28,000 arrobas de azúcar, 
la cual ya se exportaba a las otras colonias de América y a 
España. La azucarería, la minería y la ganadería florecieron 
en Oriente, mientras en la ¿Habana con los ingenios, aumenta- 
ban también los cultivos de tabaco. 

En 1639 el Papa Urbano VIII, según unos dicen, pro- 
mulgó una bula prohibiendo a los católicos tomar parte en la 
trata esclavista. Excuso decir cómo esta bula cayó en olvido y 
hasta muchos la niegan en absoluto con sólida argumentación. 
No impidió el rápido incremento de la trata y facilitó el ya 
creciente comercio clandestino mediante el contrabando y 
cual otro procedimiento ilegal; así vemos en Saco (^) que en 
1630 un buque negrero dirigido a Veracruz con 500 esclavos, 
entró en Batahanó, al Sur de la Habana para huir de un 
corsario, y el cargamento de esclavos fué vendido a los hacen- 
dados de Cuba. El caso motivó un proceso contra el goberna- 
dor, pero el contrabando creció en provecho de holandeses, 
ingleses y franceses, hasta el punto que en 28 de Junio de 
1683 una Real Orden dispuso medidas de rigor a los gober- 
nadores para impedir la trata clandestina. 

A raíz de la conquista de Jamaica por los ingleses, nuevas 
negradas se sumaron a las existentes, pues llegaron de allí 
numerosos hacendados con sus colonos; (^) lo cual, unido a la 
introducción en las Antillas de la caña de azúcar de Bata- 
via, (•■') dio nuevo impulso a las plantaciones. 



(1) Ibidem, vol. I, pág. 273. 

(2) Justo Zaragoza. Insurrecciones en Cuba. Madrid, 1872, 
tomo I, pág. 43. 

(3) Por obra del judío brasileño Benjamín Dacosta, en 1644, 

según P. liKROY BEAT'UEr, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 70 



En los asientos de 1662, 1674, 1682, 1692 y 1696, la Ha- 
bana recibió bastantes esclavos ; pero de todos modos, bien cla- 
ramente se ve que durante los siglos xvi y xvn el régimen fué 
de rígida restricción. Las colonias apenas podían contar más 
que con su propio esfuerzo y la falta de brazos fué la queja 
constante de los colonos a la metrópoli. 

IV 

El -siglo xnn fué de más libertad para la economía cuba- 
na y para los que de ella fueron auxiliares eficacísimos, los 
tratantes de esclavos. 

Los precios elevadísimos de los esclavos durante el si- 
glo x^^I y el deseo vivo de los reyes españoles de fomentar la 
producción colonial llevó a éstos a la concertación de dos asien- 
tos sucesivos, uno en Francia (en 1701 con la Compañía Fran- 
cesa de Guinea) cuyos efectos fueron impedidos por la gue- 
rra de Suecia, y otro con Inglaterra (en 1713 con la Compa- 
ñía del Mar del Sur) el cual produjo pésimas consecuencias, 
desarrolló el contrabando de tabaco cubano y de negros es- 
clavos, y fué causa eodeterminante de la guerra de 1740 en- 
tre España y la Gran Bretaña. 

Anulado este asiento último, en Cuba el comercio de ta- 
baco, azúcar y demás productos coloniales fué sometido ai 
monopolio de la Real Compañía de la Habana, la cual tuvo 
también a su cargo la introducción de negros esclavos en 
Cuba. De 1740 a 1760 esta Compañía vendió 4,986 negros es- 
clavos a un precio promedio de 144 pesos por cabeza, más 
imos 4,000 al crédito o cambio de tabaco, pues el azúcar en 
esa época estaba en gran decadencia. 

En 1741 se concertó un asiento con Martín Ulibarri y 
Gamboa para traer 1,100 esclavos en dos años a razón de 200 
pesos por cada uno, pero no introdujo más que 793. (^) 

La trata iba ya creciendo. El contrabando fué más y más 



(1) AiMKS. A history of Síavery in Cuba. New York. 1907. pá. 
gina 24. 



8(> FERNANDO ORTIZ 



frecuente y la tolerancia más amplia. En 1742 la compañía 
trajo unos 413 negros más de los permitidos y se admitieron 
éstos oficialmente, como así un cargamento de 497 que vino 
de Jamaica ilegalmente. Pero la industria azucarera se sentía 
de la falta de brazos. Las vegas de tabaco aumentaban, sin 
embargo, porque el sistema establecido por la compañía mo- 
nopolizadora así lo facilitaba, pues admitía el tabaco a cam- 
bio de esclavos, llevaba el tabaco a España, lo vendía allí y 
con ese dinero compraba mercancías baratas con las cuales en 
las costas de África adquiría esclavos que luego traía a Cuba 
para continuar así sus sucesivos canjes mercantiles; pero la 
producción de tabaco no era lo suficientemente extensa para 
que por ella se proveyera hasta el límite de la demanda el 
mercado negrero de Cuba. 

Las peticiones de la colonia eran incesantes. En 1753 el 
rey concedió autorización para importar 500 esclavos directa- 
mente de África, mientras que los plantadores cubanos pe- 
dían al menos 2,000. El precio aumentaba así y agravaba el 
problema. Un esclavo bozal valía en la Habana, en 1754, de 
220 a 300 pesos, según su edad y condiciones. 

De 1757 a 1758 el gobierno permitió que se importaran 
350 esclavos procedentes de las Antillas francesas e inglesas. 

A pesar de todo, y luchando contra la escasez de trabaja- 
dores, las industrias aumentaban de 1740 a 1760. Durante el 
período mercantil de la Real Comx)añía, ochenta ingenios más 
se establecieron, que absorbieron los esclavos existentes y apre- 
miaron nuevas demandas. 

Estas eran tan sostenidas que en 1760, una compañía di- 
rigida por José Villanueva Pico propuso que se le autorizara 
la introducción de 1,000 negros o más anuales durante diez 
años a cambio de transportar libremente todo el tabaco de 
la Real Factoría de la Habana a España, Veracruz o Tierra 
Firme, y de traer todas las municiones de guerra desde Espa- 
ña a la Habana y así como pagar la mitad de los gastos del 
sostenimiento de los guardacostas necesarios para evitar el 
contrabando en la Isla. Este asiento no llegó a concertarse, 
temerosos los cubanos de un tan rápido crecimiento de la po- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 81 



blación de color, y por la guerra de aíiuel eutouces, que cul- 
minó para Cuba con la toma de la Habana por 1<ks ingleses 
en 1763. 

En resumen, de esta priniera época de la trata, hasta me- 
diar el siglo xMii sucesivas licencias y asientos permitieron 
la entrada a repetidos cargamentos de esclavos, (') pero la 
trata fué relativamente escasa en proporción con el estado de 
la explotación agiácola cubana, en relación con otros países 
indianos de más adelantada colonización. Tan es así (|ue desde 
1521 a 1763 solamente 60,000 esclavos fueron importados, 
según cálculos de Humboldt. 



(1) El producto de tales asientos bastó para la edificación de 
los alcázares de Madrid y de Toledo, según Las Casas. Historia de 
la9 Indias. LXVI, pág. 31. 



CAPITULO V 



SI72>d:AI^IO: HISTORIA DE LA ESCLAVITUD AFRO- 
CUBANA. (Continuación).—!. Segunda mitad rfel siglo XVIil- — 
Conquista de la Habana por Inglaterra. — Libertad mercantil. — 
Incremento de la trata. — Sus causas. — II. Cese del régimen de 
los "asientos". — Libertad de la trata en 1789. — La "compañía de 
consignaciones". — III. Comienzos del siglo XIX.— Factores de la 
trata. — Surge el abolicionismo en las Cortes de Cádiz. — Esta- 
dística de los esclavos importados. 



En 1763, la ocupación de la Habana por los ingleses ini- 
cia una nueva era económica para la Isla. A los intereses reu 
tístieos y de monopolio los ingleses sustituyen un régimen de 
libertad mercantil. En los primeros cinco meses de ocupación, 
los ingleses importaron de África 10,700 hózales (^) que fue- 
ron vendidos públicamente a noventa pesos cada uno. 

A partir de esta época la trata aumentó considerablemen- 
te. En 27 años (1763-1790) más de 30,875 esclavos entraron 
en Cuba, según el mismo Humboldt. 



(1) Manuscrito del Anh. de Indias. Estante 81, caja 7. legajo 
13.— Habana, 21 Abril 1763.— Cita de Aimes. 



84 FERNANDO OKTIZ 



La política liberal de Carlos III, los progresos de la raa- 
({uiiiaria azucarera debidos a Pére Labat, la creciente demanda 
de productos coloniales desde el mercado europeo y la inmi- 
gración de españoles expatriados de Jamaica y de la Florida, 
al pasar ambos países a poder de los ingleses, fueron factores 
que impulsaron grandemente el progreso de la riqueza cubana 
en esa época. Las pasiones antiespañolas y las autoglorifica- 
ciones sajonas dieron, sin duda, una importancia exajerada en 
ese sentido a la toma de la Habana por los ingleses, sin que 
esto quiera significar que aquel acontecimiento histórico no 
fuese en verdad trascendental para Cuba. 

La política metropolitana en Cuba era contraria al fo- 
mento de la población negra en su colonia ; pero el incremento 
de la industria del azúcar hizo más y más necesarios los 
brazos esclavos para los ingenios. Así, en 1765 por real cédula 
de 15 de Octubre, el Marqués de Casa Enrile obtuvo un nuevo 
asiento para importar 1,000 esclavos anualmente, durante diez 
años. La Real Compañía Mercantil importó 4,957 entre 1763 y 
1766. De 1773 a 1779 se trajeron 14,132 por otro asientista. La 
casa inglesa de Baker and Dawson trajo 5,768 de 1786 a 1789, 
según Humboldt. Calcúlase que desde 1763 a 1789 se impor- 
taron 30,904 hózales. 

A las cifras conocidas por datos más o menos oficiales hay 
que añadir las desconocidas de la trata clandestina, tan impor- 
tante ésta que hubo que proteger con medidas especiales (Real 
Cédula de 18 Julio 1775) los derechos de los asientistas contra 
el contrabando negrero. Cuando la guerra de 1780 a 1783 la 
Habana vino a ser el mercado central para la trata, importán- 
dose cerca de 3,000 esclavos al año y exportándose la mitad 
])ara otros puntos de las Américas. Como 1,500 esclavos que- 
daban cada año en Cuba ; otros tantos eran transportados por 
los contrabandistas y negreros a las colonias vecinas. 

En 1778 España adquirió algunos puertos africanos para 
el comercio de esclavos. Los ingleses tenían entonces en África 
caiorce factorías, tres los franceses, quince los holandeses, 
cuatro los portugueses y cuatro los alemanes. 

Los hacendados cubanos se quejaron continuamente, y 



LOS ÍÍEGKOS ESCLAVOS 85 



con razón, del estado de inferioridad en que se hallaban en 
relación a los de otras colonias extranjeras. Quejábanse espe- 
cialmente de que por el sistema de asientos concedidos a ex- 
tranjeros, los españoles pagaban los esclavos más caros que en 
otras islas o en el continente americano. El comercio esclavista 
debía de ser libre para todos los regnícolas. 

El gran estadista Conde de Aranda, conocedor de la gran 
importancia de Cuba para España, quiso hacerla la ' ' llave del 
Xuevo Mundo" y la base de un intenso comercio entre Espa- 
ña y las Indias, divididas en reinos tributarios de la metrópo- 
li. Esta circunstancia favorable, así como el alza del precio del 
azúcar, hicieron que personajes coloniales como el Conde de 
Riela, pudieran obtener concesiones especiales para importar 
esclavos para sus propios ingenios y cafetales. 



II 



En 1788 se propuso el último asiento, pero fracasó. Los 
hacendados seguían protestando contra ese sistema monopo- 
lista que les traía esclavos malos, enfermos, defectuosos y 
muy caros y escasos, y el estadista cubano A rango y Par reno, 
procurador del Aj'untamiento de la Habana, instaba cerca del 
Gobierno de Madrid en pro de la libertad de la trata. Sus ges- 
tiones triunfaron, pues por Real Cédula de 28 de Febrero de 
1789 se permitió a españoles y extranjeros introducir negros 
esclavos en las Indias, por los puertos de Santo Domingo, 
Puerto Cabello, San Juau de Puerto Rico y Habana (^). Los 
esclavos habían de ser de razas dóciles y una tercera parte de 
los cargamentos precisamente de esclavas, con la idea de fo- 
mentar la reproducción de los esclavos, sin necesidad de la 
trata. 

En año y medio fueron traídos a Cuba 4,000 hózales. 
Pero eso no bastaba; había que suprimir algunas trabas que 
aún impedían la facilidad de la compra de esclavos en el inte 



(1) El puerto de Santiago de Cuba fué habilitado solamente 
para buques españoles. 



86 FEKNA-ÑDO ORTIZ 



ñor del país y la rebaja de los precios. A ese efecto y previo 
otro memorial elevado al rey por Araiigo y Parreño, la Real 
Cédula de 24 de Noviembre de 1791 extendió la vigencia de 
la anteriormente citada por seis años más, suprimió el impues- 
to anual de dos pesos por cada esclavo no dedicado a las faenas 
agrarias, dio libertad para la introducción de mujeres escla- 
vas y amplió los puertos habilitados para la trata. En Cuba 
habilitó varios puertos más, como Nuevitas, Batabanó y Trini- 
dad, para buques españoles tan sólo. 

Como se ve, España no quiso dar la libertad absoluta para 
la trata, como pedían de nuevo el Ayuntamiento de Santiago 
de Cuba en memorial al Rey, de 3 de Marzo de 1789, y el pro- 
pio arzobispo en 30 de Noviembre de 1794; pero las franqui- 
cias eran suficientes para que la población negra aumentara en 
Cuba considerablemente y para que con esa base las planta- 
ciones adquirieran un gran desarrollo, especialmente en las 
provincias occidentales. 

Al finalizar el siglo xviii la trata alcanzó, pues, gran in- 
cremento. 



III 



Durante el gobierno del capitán general Luis de las Casas 
(1790-1796) se dieron nuevas facilidades para el comercio de 
esclavos. 

En Agosto de 1792 llegó a la Habana de la costa de Gui- 
nea el bergantín español "Cometa," con 227 negros, siendo su 
capitán Antonio de la Parte que fué, como dice el Papel Perió- 
dico de la Havana, el ' ' primer buque español que ha usado de 
la Real Gracia," o sea de la libertad de la trata, asegurada por 
las citadas cédulas reales. 

A la iniciativa del general Las Casas debióse la llamada 
Compañía de comercio establecida para consignaciones pasivas 
de negros hózales, creada en 31 de Marzo de 1792 y aprobada 
por Real Orden de 20 de Julio de 1792. Esta compañía fué 
una entidad intermediaria enti*e los negreros, que se veían 
obligadas por la ley a vender los cargamentos de esclavos den- 



Los NÉGÍIOS ESCLAVÓé S7 



ti"o de los Ofho días siguientes a su arribo, y los liaceudados 
que no podían hacer dicha compra tan rápidamente, por las 
difíciles comtinicaciones, la lejanía de las haciendas, la dificul- 
tad del crédito, etc. Dicha empresa ñié la consignataria de los 
cargamentos de éhano y la que se encargó de la distribución de 
los bozales a los hacendados compradores. 

De todos los principales puertos y colonias de América 
afluyeron esclavos a Cuba. 

En 1791 entraron en Cuba 8,498 esclavos, y 8,528 en 1792. 

Nuevas circunstancias históricas dieron otix) impulso no- 
table a la riqueza cubana y, por tanto, a la trata negrera, que 
era entonces una de sus bases indispensables. Lus recientes 
adelantos ingleses en la maquinaria de los ingenios (^) y la 
revolución de Haití, que hizo emigrar a Cuba a muchos e inte- 
ligentes colonos y destruyó la riqueza azucarera haitiana, 
favorecieron nuestro adelanto económico. La trata se contuvo 
algún tanto, por el temor de que en Cuba se repitieran las 
escenas trágicas de Haití; pero la presión de las necesidades 
agrarias, apremió de nuevo la importación de esclavos. En 
1791, se importaron 5,711 tozales; en 1799, 2,001, y, según 
Humboldt, en diez años, de 1789 a 1799 se trajeron 41.500. En 
1802 llegaron 13,832 esclavos; en 1803, 9,671, y en 1804, 8,923. 

En el Consulado se trató de aumentar la población negra 
criolla, creando impuestos sobre los esclavos varones, penando 
a los hacendados que no tuviesen bastantes mujeres en sus 
negradas, obligándoles a no vender separadamente a marido y 
mujer ; pero la opasición de los intereses creados al amparo de 
la trata fué bastante para impedir esas reformas. 

Según datos de la aduana de la Habana, 236,599 esclavos 
pasaron por ella de 1790 a 1820, a cuya cifra debe agregarse 
la de los que entraron en Cuba de contrabando, cifra ascen- 
dente a la cuarta parte, cuya suma hace un total de unos 385 
mil esclavos. Desde entonces los negreros obtuvieron más pin- 



(1) Como dice Edwabds. — History of the West Iridies, yol. II, 
página 263. 



88 FERNANDO OtíTi;Í 



gües beneficios, dedicándose a la trata numerosos veleros en 
los cuales en más de una ocasión debieron arribar a las playas 
cubanas sufriendo la infelicidad de la esclavitud, la totalidad 
de los individuos de una tribu africana, vencidos y entregados 
a los negreros por cualquier reyezuelo vecino, cuyos vasallos 
entonces fuertes no tardarían quizás en pasar el Atlántico y 
sufrir en sus espaldas el igualitario trallazo de la cascara de 
vaca del mayoral de un ingenio. 

La Real Cédula de 22 de Abril de 1804 concedió derecho 
para introducir libremente negros precisamente hózales, du- 
rante doce años, a los españoles, y a los extranjeros durante 
seis. Además se inspiró en las medidas propuestas años atrás 
por el Consulado, facilitando la reproducción de los negros. 

Las guerras napoleónicas, que envolvieron a España, re- 
percutieron dolorosamente en Cuba. La trata decayó ; en 1808 
solamente 1,607 esclavos fueron importados, y 1,162 en 1809. 
Y ya al final de las guerras europeas aparece el abolicionis- 
mo antiesclavista en las propias Cortes de Cádiz, tan memo- 
rables en la historia de nuestro derecho público. 

La Constitución política de la Monarquía española, pro- 
mulgada en Cádiz en Marzo de 1812, al tratar "de los ciu- 
dadanos españoles, ' ' después de señalar en varios artículos las 
condiciones que se requieren para ser ciudadano español, dice 
en el art. 22 lo siguiente: 

"A los españoles que por cualquiera línea son habidos y 
reputados por originarios del África, les queda abierta la 
puerta de la virtud y del merecimiento para ser ciudadanos; 
en su consecuencia las Cortes concederán carta de ciudadano 
a los que hicieren sersncios calificados a la Patria, o a los que 
se distingan por su talento, aplicación y conducta, con la 
condición de que sean hijos de legítimo matrimonio ; de pa- 
dres ingenuos; de que estén casados con mujer ingenua; y 
avecindados en los dominios de las Españas, y de que ejerzan 
alguna profesión, oficio o industria útil, con un capital 
propio." 

Esto no era, ciertamente, un programa abolicionista ; pero 
iniciaba una corriente de libertad política que había de fnic- 



Los íílfiGROS ÉSCLAVoá ¿Ü 



tifiear. Siu duda los eoustituyeiites no (jiiisierou adoptar leyes 
precipitadas, en vista de lo ocurrido en Haití. En el discurso 
que sirvió de motivación de la ley constitucional de 1812, 
se lee: 

"El inmenso número de originarios de África estableci- 
dos en los países de Ultramar, sus diferentes condiciones, el 
estado de civilización y cultura en que la mayor parte de ellos 
se halla en el día, han exigido mucho cuidado y diligencia 
para no agravar su actual situación, ni comprometer por otro 
lado el interés y seguridad de aquellas vastas provincias. Con- 
sultando con nnicha madurez los intereses recíprocos del Esta- 
do en general y de los individuos en particular, se ha dejado 
abierta la puerta a la virtud, al mérito y a la aplicación para 
que los originarios de África vaj-^an entrando oportunamente 
en el goce de los derechos de ciudad." (*) 

La trata siguió robando sus hijos al África, pero la le- 
gislación esclavista entraba en la fase de las restricciones.. 

Sin embargo, se calcula en 271,659 el número de esclavos 
introducidos pública y clandestinamente desde el año 1820 al 
1853. Cerca de 200,000 se importaron a partir de la última 
fecha hasta 1880 en que cesó definitivamente la trata. 

Según Aimes (^), que con cuidado más minucioso que 
otro alguno ha recopilado estos datos, en Cuba entraron legal- 
mente, sin contar los importados de contrabando, las siguien- 
tes cantidades de esclavos : 



De 1512 a 1763 60,000 

„ 1763 „ 1789 30,875 

„ 1789 ,. 1820 236,599 

„ 1820 „ 1827 28,915 

„ 1827 „ 1841 120,489 

„ 1841 „ 1846 8,450 



(1) (Discurso preliminar leído en las Cortes de Cádiz, al pre- 
sentar el proyecto de Constitución, la Comisión nombrada al 
efecto). 

(2) A History of Slavery in Cuba, New York, 1907, pág. 269. 



OO t^ERtÍAÑDO OfeTÍ¿ 



De 1846 a 1849 6,900 

„ 1849 „ 1860 30,600 

„ 1860 „ 1865 5,000 

Total 527,828 

El año do mayor iniportaeión de eselavos fué el 1817 con 
25,841. 

Para conoeer el detalle, año por año, de la trata de negros, 
véase la importante obra del citado autor norteamericano. 



CAPITULO VI 



STJlwCAK.IO: HISTORIA DE LA ESCLAVITUD AFRO-CUBA- 
NA. (Continuación). — I. El movimiento abolicionista. — Proyecto 
de 1811. — Protesta de la colonia. — Tratados de España con Ingla- 
terra. — Burla de estos tratados. — II. Proyecto abolicionista 
del P. Várela, de 1822. — El contrabando negrero. — Su extensión. 
— III. Ley de represión de la trata de negros, en 1845. — Actitud de 
las autoridades coloniales. — Nueva ley represiva de 1867. — IV. La 
rebelión cubana de 1868 suprime la esclavitud. — Decreto 
de Bayamo. — V. La abolición en la metrópoli. — La ley 
de "vientres libres,"' de 1870. — Otras disposiciones legales. — 
Ley de 13 de Febrero de 1880. 



La abolición de la esclavitud fué tarea larga y penosa. 
España mostróse reacia en conceder reformas liberales a sus 
Antillas. La codicia y el despotismo desnaturalizaron el inte- 
rés económico, la religión, la política, etc., para lograr con 
apariencias de razón que continuara tan inicua explotación 
humana. Y no fué que hombres progresistas dejaran de hacer 
oir su voz en la colonia como en la metrópoli en pro de la abo- 
lición total o parcial, inmediata o gradual ; fué que el negrero 
y el hacendado dueño de centenares de esclavos supieron le- 



92 t'EtóNANDO Ottfl¿ 



yantar una barrera de oro entre Cuba y la civilización, con el 
beneplácito de los goberaadores que España enviaba a su co- 
lonia y de la mayoría de los políticos militantes en aquélla. 

Los antecedentes anti esclavistas en Cuba se remontan a 
1685. Parece que dos frailes capuchinos predicaron en la Ha- 
bana queriendo persuadir de que no era lícita la esclavitud do 
los negros, y "fué tanta la inquietud que causara en los na- 
turales que se originó una conmoción tan grande que se temió 
una sublevación de aquel Reyno, y se vio precisado el Gober- 
nador a obligar a los capuchinos que se embarcasen y remitir- 
los a Castilla y a tomar Su Magestad la resolución con ellos de 
f[ue se les prohibiese volver a pasar a las Indias." (^) No sé 
de otra tentativa audaz contra aquel ambiente colonial pro- 
fundamente esclavista. 

Los diputados de las Cortes de Cádiz, Guridi Alcocer y 
Arguelles, apoyados por Pérez de Castro, García Herreros y 
otros, propusieron el 26 de Marzo de 1811, la terminación del 
tráfico negrero y la abolición de la esclavitud en todos los 
territorios españoles. "Aunque desechada por fortuna, dejó la 
insensata moción de Alcocer un rastro deplorable, el de sii 
publicación circulada por la prensa de Cuba," (^) tanto que 
Someruelos, el capitán general, envió una protesta al Congreso 
el 17 de Mayo del mismo año, apoyada por las corporaciones 
del país. 

Los esclavistas temerosos de precipitar la abolición, ante 
el recuerdo de Haití, robustecieron la protesta de Someruelos 
por medio de Arango y Parreño, y las Cortes callaron sobre 
este problema. 

El temor de la metrópoli ante una posible rebeldía de los 
colonos esclavistas, la consumada pérdida de las otras colonias 
por España, las propias revoluciones y guerras civiles inte- 
riores de la Península, y el incremento de la población y de la 



(1) Consulta del Consejo de Indias de 21 de Agosto de 186.5. 
La trae Scelle, ob. cit., t. 1.°, pág. 837. 

(2) Así dice, J. de la Pezufxa, Historia de la Isla de Cuba, 
Madrid, 1871. Tomo III, pág. 424. 



UyS NEGROS ESCLAVOS 93 



riqueza cubanas por la libertad de comercio (') y la inmigra- 
ción de franceses de Lousiana y de españoles de Florida, Mé- 
xico y América del Sur. dificultaron la abolición de la escla- 
vitud en Cuba. 

Desde las Cortes de Cádiz hasta que rota la inercia del 
sentimiento colectivo, como diría Ribot, se llegó al triunfo to- 
tal de la Sociedad Abolicionista Española, transcurrieron mu- 
chas años, durante los cuales el problema negro fué el más 
general e intensamente sentido en Cuba. 

Desde el año 1814 al 1845 cinco tratadas fueron concerta- 
dos entre Inglaterra y España. Por imo de ellos, el de 1817, la 
primera nación pagó a la segunda 400,000 libras esterlinas, 
bajo condición de que fuese radical e inmediata la abolición 
de la trata. Cincuenta años después de esa fecha aún duraba el 
tráfico negrero a despecho de los tratados. Los gobernantes de 
Cuba, según confesión propia, especulaban con él contrabando 
de esclavos. (^) 

Un avance importante fué el tratado entre España e In- 
glaterra de 23 de Junio de 1835 por el cual eran declarados 
en libertad los esclavos hallados a bordo de naves apresadas 
por los buques de guerra de una de anxbas naciones. En la 
práctica, no obstante, este principio fué en gran parte ilu- 
sorio. 

La mala fe de las gobernantes españoles era manifiesta 
Así se ve que en 1821 cuando las Cortes trataron de votar una 
ley para que se cumpliera el tratado con Inglaterra, después 
de haber pasado el proyecto en tres lecturas, se pidió por el 
Gobierno una sesión secreta, en la cual se acordó que no se 
debía votar la ley; y el tratado hispano-británico siguió sin 
cumplimiento efectivo. 



(1) Por Real Decreto de 10 de Febrero de 1818, debido a Fer- 
nando VII a propuesta del Intendente Alejandro Ramírez, ayudado 
por Arango. 

(2) Véase, sino, el Informe al Oobiemo metropolitano por el 
Capitán General de Cuba J. J. de la Concha, de 21 de Diciembre 
de 1850. 



94 FERNANDO OUTIZ 



II 



De esta época es un proyecto de abolición, injustamente 
olvidado por Aimes, notable por ser el primero, y por ser de- 
bido a uno de los primeros pensadores cubanos, el sacerdote 
Félix Várela. Saco hablo de él con encomio. (^) 

Várela lo redactó cuando fué diputado a Cortes (1822 a 
1828) pero no fué presentado al Congreso, por no haberse 
dado una oportunidad en acjuel breve tiempo, primero por ha- 
bei-se dispersado las Cortes ante la nueva invasión francesa y 
después por la restauración absoluta borbónica. Este proyecto 
de 1822, es una clara demostración de cómo pensaron los inte- 
lectuales cubanos, después de Arango y Parreño, en materia de 
esclavitud y es honra de nuestra historia. (-) En él se encierra 
el germen de todas las reformias abolicionistas posteriores. 

El contrabando negrero se hizo en gran escala. La gran 
longitud de las costas cubanas, sus numerosas, resguardadas y 
entonces casi desiertas bahías ofrecían garantías a los contra- 
bandistas, seguros de la benevolencia del país y del gobierno. 
Hubiera sido necesario un bloqueo completo y dificilísimo de 
la isla para iralpedir la trata clandesitina. El comisionado in- 
glés Mr. Jameson, para el cumplimiento del tratado, afirmaba 
con razón, que en Matanzas, Nuevitas, Trinidad, Baracoa y 
Batabanó el contrabando gozaba de la mayor impunidad y ga- 
rantía. En Cabanas, Bahía Honda, Mariel y en la misteriosa 
Ensenada de Cochinos, los arribos de esclavos eran frecuen- 
tes; pero ¡hasta 1842! (goljernando en Cuba Valdés y en Es- 
paña el liberal Espartero), no se logró la primera captura de 
un buque negrero con bozales, por las autoi'idades coloniales. 



(1) Hist. de la Esclavitud de la raza af ruana, etc., t. II, pá- 
gina 100. 

(2) Véase en Apéndice. Las grandes figuras de nuestra histo- 
ria cultural fueron antiesclavistas y sufrieron persecuciones por 
tales ideas. Sean ejemplos: Saco, Delmonte, Gener, Betancourt Cisne- 
ros, Luz y Caballero, etc. 



LOS NEGROS ESCLAVOS í)5 



La lucha eutre el gobierno español y los representantes 
ingleses en torno a la esclavitud, fué larga. 



III 



En 1845 (2 de Marzo) se promulgó por España nna ley 
de represión del tráfico de ne^os. después quizás, f|ue la insu- 
rrección de negros en Cuba, demostró el peligro de no poner 
coto al contrabando de esclavos. Por esa ley se imponían pe- 
nas a todos los que interxúniesen en la trata ilícita. 

La ley no fué aplicada por las autoridades gubernativas 
de Cuba con todo rigor; pero, justo es decirlo, las judiciales 
tomaron empeño en que fuera cumplida. 

La Audiencia de la Habana, amparada en dicha ley de 
2 de Marzo de 1345, dio un paso en firme en pro de su juris- 
dicción en la represión del contrabando negrero. Hasta esa 
época la Real Audiencia Pretorial no conocía de los casos de 
introducción ilícita de bozales de África hasta que el Capitán 
General le iiemitía los expedientas gubernativos. Esto e<{uiva- 
lía a poner en manos de las autoridades gubernativas la re- 
presión del contrabando de negros, y la Audiencia impuso 
por Circular núm. 11, de Marzo de 1853, después de ocho años 
de dictada acjuella ley, que las autoridades judiciales conocie- 
sen desde su inicio de los casos e instruyeran las sumarias. Ello 
mermaba la omnipotencia gubernativa, hacía más difícil la 
impunidad. Esta medida fué después ratificada por R. O. de 
31 de Diciembre de 1855, y parece que la Audiencia tuvo mar- 
cado empeño en que el tráfico clandestino se reprimiera, pues 
dictó sucesivas circulares excitando el celo de los jueces en 
instruir las sumarias. En ima de dichas circulares, (2 Ju- 
nio 1856) decía la Audiencia: "La introducción de negros bo- 
zales en la Isla no es sólo un crimen que nuestra ley nacional 
reprime y castiga, es también la infracción de tratados, que 
pudieran producir desagradables conflictos con naciones ami- 
gas. Los delincuentes, pues, no sólo violan aquella ley, sino 
estos convenios, y perturban con su delito la tranquilidad 
de la tierra. Lleva además consigo cierta nota ese tráfico 



96 FERNANDO ORTIZ 



criminal (jue puede eiiipañar, si no se descubren y castigan 
los reos, la reputación de las autoridades encargadas de repri- 
mirle; y los jueces y magistrados españoles han sido siempre 
tan celosos de su fama, (pie no pueden permitir (|ue sobre hx\ 
limpia honra se dé si(juiera lugar ni a la más insignificante 
sospecha. ' ' 
^ Análogas excitaciones dirigía el Ministerio Fiscal. 

Era ya por esta época corriente la oi)ini(jn abolicionista 
salvo en los }x>lítieos defensores de los intereses de los acauda- 
lados hacendados, basados en la esclavitud. Lcxs jurisconsultos 
cubanos eran abolicionistas graduales, al fin i-ecordaban bus 
excitaciones de las Siete Partidas. (^)' 

Del mismo año 1866 es un R. D. (29 Septiembre) por el 
cual se puso en vigor en Cuba un proyecto de ley, después 
elevado a ley (17 de Mayo 1867) para acentuar la represión y 
castigo del tráfico negrero. Esta ley mejora notablemente la 
anterior de 1845, en cuanto a precisión en los términos, ampli- 
tud de medidas y conceptos, aumento de penas, previsiones 
procesales, etc. La ley demuestra en sus, ^nnueiosas pres- 
cripciones el sincero deseo que animaba al legislador de acabar 
con el infame contrabando. 

IV 

En el año 1868 se inicia en Cuba la era abolicionista. Así 
la metrópoli como la colonia, ya en armada rebeldía naciona 
lista, y ambas en revolución, proclamaron su criterio franca- 
mente liberal y la esclavitud tuvo sus días contados. 

El 15 de Octubre de dicho año la Junta Superior Revolu- 
cionaria española dictó un decreto en el que tras de afirm9,r 
(pie ''la esclavitud de los negros es un ultraje a la naturaleza 
humana, una afrenta para España, única nación en el mundo 



(1) Véase como ejemiplo, el Método sintético compendioso de 
la legislación para uso de los niños, de Josk Fkknanoez Fistkr. — Ha- 
bana, 1858, pág. 9. Hablaba de la esclavitud (iiie introdujeron algu- 
nos especuladores, y "que el gobierno ha tenido (lue sufrir (i)," pero 
era abolicionista. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 97 



civilizado que aún la conservaba en toda sii inte^dad," pro- 
ponía al Gobierno Provisional que declarase la libertad de 
todos los nacidos de mujer esclava. Así quería solemnizar 
España su revolución septembrina. 

La revolución cubana fué mucho más radical, no sentía el 
peso de los grandes dignatarios coloniales, antes al contrario., 
conocedora profunda de la corrupción política aquí imperante, 
tendía a syprimir la soberanía española, cristalizada entonces 
en una anacrónica constitución político-social. 

El 27 de Diciembre de 1868, pocos meses después de ini- 
ciada la guerra de emancipación colonial por Carlos Manuel 
de Césnedes, en su ingenio La Demajagua, libertando simul- 
táneamente sus esclavos, (como habían hecho antes en otras 
épocas varios revolucionarios separatistas), el citado jefe de 
la revolución, proclamó la libertad de los esclavos en Cul)a 
libre. 

Según Alvaro de la Iglesia, "al constituirse el 28 de Oc- 
tubre de 1868 el primer municipio libre en la heroica ciudad 
de Bayamo. imo de sus primeros acuerdos fué decretar la abo- 
lición inmediata y absoluta de la esclavitud. Los regidores Ra- 
món Céspedes y José Joaquín Palma, presentaron dicha mo- 
ción, enérgicamente apoyada por Estrada Palma. ^Manuel 
^Nluñoz y José García, acordándose llevar una petición a Car- 
los Manuel de Céspedes, en tar sentido y en su consecuencia 
fué decretada la abolición inmediata." 

El decreto de Carlos ^Manuel de Céspedes aboliendo la 
escla\'itud. fué publicado en Bayamo el 27 de Diciembre de 
1868 y dice en resumen : 

"Carlos Manuel de Céspedes, Capitán General del Ejér- 
cito Libertador de Cuba y encargado de su Gobierno pro- 
AÓncial : 

' 'La revolución de Cuba al proclamar la independencia de 
la patria, ha proclamado con ella todas las libertades y mal po- 
día aceptar la grande inconsecuencia de limitar aquéllas a una 
sola parte de la población del país. 

' 'Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista y la abo- 
lición de las instituciones españolas debe comprender y eom- 



98 FERNANDO ORTIZ 



prende por necesidad y por razón de la más alta .insticia la de 
la esclavitud como la más inicua de todas. 

' 'Como tal se halla consignada esa abolición entre los prin- 
cipios proclamados en el primer manifiesto dado por la revo- 
lución. Resuelta en la mente de todos los cubanos verdadera- 
mente libres, su realización, en absoluto ha de ser el primero 
de los actos conque el país haga uso de sus conquistados dere- 
chos. Pero sólo al país cumple su realización como medida ge- 
neral, cuando en pleno uso de aquellos derechos proceda por 
mtedio del libre sufragio acordar la mejor manera de llevarla 
a cabo con verdadero provecho, así para los antiguos como 
para los nuevos ciudadanos. 



"Por tanto, y en uso de las facultades de que estoy inves- 
tido, he resuelto que ahora y mientras otra cosa no se acuerde 
por el país, se observen los siguientes artículos : 

' 'Primero. — Quedan declarados libres los esclavos que sus 
dueños presenten desde luego con este objeto a los jefes mili- 
tares, reservándose los propietarios que así lo deseasen el de- 
recho a la indemnización que la nación decrete y con opción 
al tipo mayor que se fije para los c(ue se emancipen más tarde. 
Con este fin se expedirán a los propietarios los respectivos 
comprobantes. 

"Segundo. — Estos libertos serán por ahora utilizados en 
el servicio de la patria, de la manera que se resuelva. 

'"Tercero. — A este efecto se nombrará una comisión que 
se haga cargo de darles empleo conveniente, conforme a un re- 
glamento que se formará. 

' 'Cuarto. — Fuera del caso previsto se seguirá obrando con 
los esclavos de los cubanos leales a la causa, de los españoles 
y extranjeros neutrales, de acuerdo con el principio de respe- 
to a la propiedad proclamado por la revolución. 

"Quinto. — Los esclavos de los que fueren convictos de ser 
enemigos de la patria y abiertamente contrarios a la revolu- 
ción, serán confiscados con sm demás bienes y declarados 11 



LOS NEGROS ESCLAVOS 99 



bres sin derecho a indemnización utilizándolos en el servicio 
de la patria y en los términos ya prescriptos. 

"Sexto. — Para resolver respecto a la confiscación de bie- 
nes de que trata el artículo anterior se formará respectivo 
expediente en cada caso. 

' 'Séptimo. — Los propietarios que faciliten sus esclavos pa- 
ra el servicio de la revolución, sin darlos libres por ahora, con- 
servarán sus propiedades mientras no se resuelva sobre la 
escla\átud en general. 

"Octavo. — Serán declarados libres desde luego, los escla- 
vos de los palenques que se presentaren a las autoridades cu- 
banas, con derecho a bien vivir entre nosotros, bien a conti- 
nuar en sus poblaciones del monte, reconociendo y acatando 
al gobierno de la Revolución. 

"Noveno. — Los prófugos aislados que se capturasen o los 
que sin consentimiento de sus dueños se presenten a las auto- 
ridades, o jefes militares, no serán aceptados sin previa con- 
sulta con dichos dueños o resolución adoptada por este gobier- 
no conforme está dispuesto en anterior decreto. 

' 'Patria y Libertad, Bayamo, 27 de Diciembre de 1868. — 
Carlos M. de Céspedes." 

Dos meses después (25 Febrero 1869), la asamblea del 
Camagüey, compuesta de Salvador Cisneros Betancourt, 
Eduardo Agramonte. Ignacio Agramonte. Francisco Sánchez 
y Antonio Zambrana, dictó un decreto en sentido aún más 
amplio que el de Carlos M. de Céspedes. De hecho dejaba abo- 
lida la esclavitud, acordaba indemnización para los amos y 
destinaba los nuevos ciudadanos al servicio de la patria. 



Las leyes metropolitanas en ese sentido no se mani- 
festaron hasta 1870, en que estimándose poco menos que aba- 
tida la revolución iniciada en 1868 (aún duró ocho años más), 
se creyó oportuno hacer alguna concesión al liberalismo crio- 
llo. Por otra parte el fermento liberal de los septembrinos 



loo FERNANDO ORTIZ 



españoles, entonces en el poder, impulsaba hacia las reformas 
radicales, con gran desesperación e ira de los elementos inte- 
gristas de la. isla. 

La derrota de los esclavistas en la guerra civil de los Es- 
tados Unidos puso en situación difícil a los explotadores de 
la trata en Cuba, y a partir de la ley Moret de 1870, la corrien- 
te antieselavista fué acelerándose merced a la incesante propa- 
ganda de la Sociedad AhoUciomsta Eapaíiol^, de los políticos 
cubanos, de la guerra de independencia de 1868 a 1878, et- 
cétera. 

Alvaro de la Iglesia refiere acertadamente aquellos días 
históricos : 

"La s\ibida al ministerio de Ultramar, de D. Segismundo 
Moret, amigo íntimo y compañero de redacción que había 
sido de D. Nicolás Azeárate. en Ln Voz del Siglo, de Madrid, 
puso aún en mayor alarma al integrismo, o. para ser más exac- 
tos, al esclavismo, porque dadas las afinidades que existían 
entre el ministro radical y el partido reformista, que tenía 
buenos representantes y agentes en la metrópoli, era lógico 
esperar que muchos proyectos se t-raduieran entonces en de- 
cretos. El momentáneo abatimiento de la insurrección pareció 
prestar mayores probabilidades a. esta opinión, haciendo de- 
cir, desembozadamente, a los directores de la opinión integris- 
ta en la Habana, que con semejantes hombres en el gobierno 
no se iba más que al fracaso, pues toda la acción resolutiva de 
las armas venía a ser esterilizada por las complacencias que 
sie gastaban en Madrid con los laboristas. La indignación llegó 
a su colmo al ponerse en vigor la ley decretada y sancionada 
por las Cortes Constituyentes y sancionada por el regente del 
reino el Greneral D. Francisco Serrano, el 4 de Julio de 1870. 
Ya en otra ocasión dijimos las simpatías que poseía en el pue- 
blo cubano este General, desde que había ocupado el Gobierno 
General de la isla y decretado extraordinarios honores a los 
restos de Luz y Caballero. Está de más decir que cuanto más 
alto era el concepto merecido a los cubanos por este gobernan- 
te tanto mayor era el aborrecimiento despertado contra él en 
el corazón de los esclavistas, 



LOS NEGROS ESCLAVOS lOl 



"El proyecto de esa ley, que se conoce en la historia con el 
nombre de "Ley de vientres libres," no era obra de Moret. 
sino de su antecesor, D. Manuel Becerra. Declaraba libre el 
vientre de las negras esclavas, es decir, al ser que llevaban en 
su seno, y libres, asimismo, a los nacidos desde el 17 de Sep- 
tiembre de 1868, a los que habían auxiliado a las tropas du- 
rante la guerra, a los emancipados o siervos propiedad del 
Estado, así como a los esclavos que tuvieran 60 años cumpli- 
dos, a la publicación de la ley. (^) 

"A tanta distancia ya de los sucesos, quienes no conozcan 
aquella trabazón de la escla\átud, aquel andamiaje de iniqui- 
dad que constituía el miayor nervio de riqueza de este país, 
creerán pueril el que la alarma cundiese, tratándose de la 
abolición de la servidumbre para niños recién nacidos y an- 
cianos sexagenarios; pero entiéndase que unos y otros repre- 
sentaban una propiedad y la ley de "vientres libres" venía a 
atentar a esa propiedad. Además, entre los esclavos del Esta- 
do, que la ley de 4 de Julio hacía libres, figuraban muy cprca 
de 5,000 negros embargados a los enemigos de España y que 
estaban repartidos. Dios sabe cómo, en las fincas de los pro- 
hombres del int-egrismo. " 

Con esta ley el impulso abolicionista estaba dado. La 
Real Orden de 12 de Agosto de 1871 evitaba al esclavo que 
pretendía su emancipación por haber pisado tierra de libertad, 
las dilaciones de un litigio; serían suficientes unos sumarios 
expedientes gubernativos. 

En 22 de ]Marzo de 1873 se abolía totalmente la esclavitud 
en Puerto Rico, por ley de la República Española. Únicamente 
las mal entendidas exigencias de la guerra separatista cubana, 
impedían ya la promulgación de una ley igual para este 
país. 

En 13 de Febrero de 1880 se promulgó, al fin,- la ley 
aboliendo la esclavitud en Cuba, con lo cual se entró en la úl- 
tima fase escla\'ista cubana; pero como se verá, la abolición 



(1) Véase en Apéndice. 



102 Í'ERNAÍÍDO ORtí¿ 



fué gradual, sustituyendo a ésta un estado de patronato. A 
los ex-eselavos se les llamó patrocinados. 

Y en 7 de Octubre de 1886 se suprimió el patronato y ya 
no hubo más esclavos en Cuba. 

El lector que desee ampliar sus datos acerca de estos ex- 
tremos interesantes de la historia extema de la esclavitud, 
puede acudir al resumen valioso de Aimes, tantas veces refe- 
rido y a la importantísima obra de Scelle La traite negriére, 
amén de los insustituibles libros de nuestro Saco. Datos más 
extensos que los ya expuestos no caben en este libro, dada su 
índole y finalidad. 



CAPITULO VII 



SITlSd: AI^IO: LA TRATA NEGRERA.— I. Aspectos de la 
trata.— Cómo se obtenían los esclavos en África. — La esclavitud 
africana. — La caza de esclavos. — Su crueldad. — II. El transporte 
de los esclavos a la costa. — Sus horribles procedimientos. — 
III. Los "barracones" de las factorías negreras. — Su inhumani- 
dad atroz. — El embarque. 



El estudio de la trata, negrera debe de comprender los as- 
pectos siguientes : cómo se obtenían los esclavos, cómo se trans- 
portaban a las Indias, cómo se entregaban a los plantadores; 
situación del esclavo en cada una de esas tres fases de 
la trata. 

África surtía ampliamente las necesidades de las planta- 
ciones indianas. La esclavitud no era, ciertamente, ni nueva 
ni rara en los pueblos africanos. Los prisioneros de guerra, los 
reos de homicidio, robo, hechicería, adulterio o deudas, caían 
generalmente en servidumbre por el derecho salvaje de aque- 
llos países. 

La hechicería africana, la brujería, como diríamos noso- 



104 í'ERNANDO ORTtZ 



tros, envió también esclavos a Cuba, según nos cuenta un 
viajero. (^) 

Hasta se perdía la libertad por el juego, según Labat. {^) 
El hambre obligaba a tribus enteras a venderse como esclavos. 
Tales eran las causas primeras de la esclavitud negra. 

Pero convengamos en que la esclavitud africana era muy 
diferente a la indiana. No consistía el cambio solamente en el 
color del amo, sino en el distinto régiraJen. "Con las notables 
excepciones del Dahomey y de Achanti — dice Hutchinson (^) 
— la esclavitud en el oeste africano es de hecho poco más que 
una nominis umhra." Con bastante frecuencia, el esclavo en 
esos países era más rico y poderoso que su pobre amo, según 
el mismo autor. Efectivamente, salvo naturales excepciones, en 
toda el África Occidental así sucedía. La diferencia social y 
económica entre ©1 esclavo y el libre era muy tenue; como 
puede leerse en las relaciones de todos los viajeros de la época 
anterior a la trata o de la época actual. 

La trata fué, precisamente, lo que convirtió en temible 
a la esclavitud. 

Cuando los blancos realizaron en gran escala el comercio 



(1) "Cuando un hombre va a Aro a consultar al dios Tshuku 
es recibido por algunos sacerdotes fuera de la población, junto a un 
riachuelo. Aquí él hace algún sacrificio y se mata una ave, y, si aquél 
no resulta propicio los sacerdotes echan al río cierta cantidad de 
sustancia roja que tiñe las aguas de la corriente, diciendo al pueblo 
que esa es la sangre del infeliz arrebatado por Tshuku, mientras el 
infortunado negro es escamoteado por los sacerdotes. De allí éste 
con otros víctimas de Tshuku, es llevado en canoa al Viejo Calabar 
y vendido ahí como esclavo. Uno de mis informantes me habló de 
veinte infortunados creyentes del fetiche, llevados a Cuba como es- 
clavos." — WiLLiAM Bai.foub Baikiic. — Nürrative of an exploring 
voyage up the rivers Kwora and Binué in 185//. — London, 1856, pá- 
gina 313. 

(2) Nouveau voyage aux íles. — T. IV, pág. 62. 

(3) Thomas J. Hutchinson. — Ten years wanderings among the 
ethiopians ; with sketches of the manners and customs of the civi- 
lized and uncivilized tribes, from Senegal to Gabon. — London, 1861, 
páginas 6 y siguientes. 



tos NÉGtlOS ESCLAVOS 105 



de esclavos, entonces la tiranía de los reyezuelos negros buscó 
en la servidumbre de sus vecinos y hasta en la de sus vasallos, 
nuevas fuentes de riqueza, no bastándoles con vender sus pro- 
pios siervos. El rey de Dahomey, vendía a su capricho como 
siervos a todos los habitantes de una aldea. (^) 

Según el mismo viajero muchos reyes obligan a sus con- 
cubinas a seducir a jóvenes inexpertos, los cuales, denunciadas 
después por la propia adúltera, quedan esclavos del rey. En la 
jerga de los negreros franceses poigner significaba el derecho 
de los reyes de reducir a sus subditos al cautiverio sin más 
razón que su voluntad inatacable. (-) 

La guerra en busca de un botín viviente de prisione- 
ros para los tratantes de esclavos se hizo normal en África, y 
no pocas veces llegaron a estas Indias personajes africanos, 
atados por unas mismas cadenas a sus antiguos servidores. 
Cuando los negros en nuestra tierra — hoy todavía, aunque ya 
raramente — hablaban de que tal o cual paisano merecía para 
ellos el título de rey, no se referían a un homenaje caprichoso, 
sino que revivían en este país consideraciones sociales arraiga- 
das en Ultramar en honor de sus bamboleantes pero por ellos 
respetadas dinastías. Las razzias o cacerías de hombres surtían 
los barracones de los negreros en la costa, y los reyezuelos del 
litoral por sus propias fuerzas o amoldados por los mismos mer- 
caderes de carne humana se hicieron intermediarios de la 
mercancía abominable entre los buques de la trata y los pue- 
blos del interior, donde se cazaba al hombre para traficar con 
su libertad, como se cazaba al elefante para comerciar con el 
marfil de sus colmillos. 

La caza de los esclavos era en sí misma, la primera cruel- 
dad sufrida por sus víctimas. Los viajeros y escritores de 
hace un siglo nos pintan con abundancia de detalles es^ esce- 
nas de pillaje y de destrucción. Wilberforee, ]\rungo Park y 



(1) Clabksos. — Essai sur les désavantages politiques de la trai- 
te des négres, pág. 28. 

(2) Degbaxpre. — Voyage a la cote occidental d'Afrigue fait pen- 
dant les années 1186 et 1787.— París, 1801. T. I, pág. 409. 



l06 . IfERNAIÍDO OETI¿ 



otros nos documentan ese primer momento de la esclavitud 
del negro. ''Se ataca una aldea pacífica durante la noche y, 
si es necesario, para aumentar la confusión y facilitar el éxito, 
se la incendia; los desdichados habitantes así sorprendidos, 
huyen desnudos para librarse del fuego... se les captura y ya 
son esclavos. Esta costumbre es tan general en todo el conti- 
nente africano, que no hay allí seguridad posible ni para la 
persona ni para las propiedades." (^) Bryan Edwards, uno 
(le los más hábiles e inteligentes defensores de la trata, y ne- 
grero asimismo, confirmaba el dicho de Wüberforce. Y casi 
todos los viajeros de la primera mitad del siglo xix convienen 
en que si los buques negreros no anclaran en las costas de 
África cesarían por encanto casi todas las frecuentísimas gue- 
rras de exterminio, seguidas por los pueblos africanos entre 
sí. El aguardiente, los tejidos chillones y las bujerías y aba- 
lorios, llevaron la desolación a todos los pueblos del África 
salvaje. 

Se comprenderá fácilmente cómo la captura de los negros 
libres no se hacía sin resistencia, y cómo cada negro esclavi- 
zado suponía otros negros muertos y montones de ruinas 
John Newton, que fué negrero, declaraba que los prisioneros 
esclavizados para la venta eran menos que los matados. ¡ Qué 
horrible despilfaiTO de crueldad ! 

De estas atrocidades negreras se tenía cabal conciencia 
desde el primer siglo de la trata, en la corte de las Españas, 
pero jamás se intentó ponerles freno. Clara prueba de ello nos 
la dan algunos textos de autores del siglo xvi, que Amezúa, 
con otra finalidad, recuerda en una erudita nota (^), diciendo 
así : " Tratando el padre Mercado Del trato de los negros de 
Caho Yerde, capítulo XX del libro II (y sabido es que por 
Guinea se conocía entonces toda la costa occidental de África), 



(1) WiLBERFORCE. — Carta de — sohre la abolición de la trata. — 
Londres, 1807, pág. 23. 

(2) Agustín G. de Amezua y Mayo. — El casamiento engañoso y 
el coloquio de los perros. — Novelas ejemplares de Miguel de Cervan- 
tes Saavedra. — Edición crítica. — Madrid, 1912, pág. 512. 



Los NÉGÍÍOS ESCLAVOS 107 



escribe: "También presupongo lo que en efecto pasa, según 
es pública voz y fama, que en rescater, sacar y traer los negros 
de su tierra para Indias, o para acá, hay dns nii' > iHjinins. y s. 
hacen mil robos y se cometen mil fuerzas... pues en cual(|ui<'i- 
parte hay aparejados portugueses o los mismos negros para 
mercarlos. Demás de estas injusticias y robos que se hacen 
entre si unos a otios. pasan otros mil engaños en aquellas ¡xir- 
tci... engañándolos ¡i fraijcndolos como a bozales, que son. o l<>s 
¡liKi-fos. con unos boitel illos, cascabeles, cucnlns i/ < scrtlxin'uL'i 
que les dan, y nictit'.ndolos disimuladamente en los navios al- 
zan anclas y echando velas se hacen afuera can la pn sa a la 
mar al la. Aunque, a la verdad, en tiempos pasados hubo mayor 
corrupción en esto, ahora en gran parte se ha remediado, así 
porque los mismos negros se han avisado y hecho ladinos y no 
se dejan ya fácilmente engañar, como por las leyes penales que 
el Rey de Portugal ha establecido y ejecutado con rigor ; pero 
en fin, todavía dura algo de ello... Por lo cual es y ha sido siem- 
pre pública voz y fama que de dos partes que salen [de los ne»- 
gros de Guinea] la una es engañada o tiránicamente captiva o 
forzada." (i) 

Más conciso y expresivo, si cabe, es aún otro texto de un 
autor también del tiempo, el padre Francisco García, quien, 
estudiando bajo el aspecto moral "la venta y compra de hom- 
bres," decía: "de los negros de la Guinea se debe y puede 
tener probable opinión en general que muchas de ellos no son 
de derecho cautivos, sino libres, porque es fama común que los 
cautivan ordinariamente, no en guerra justa, sino con violen- 
cia o con engaño, tomándolos en las naves y convidándoles con 
dijes y niñerías según ellos son bozales, y después que allí los 
tienen no los dejan salir y se van con ellos." (-) 



(1) Fbay Tomas de Mercado: Summa de tratos y contratos. — 
Sevilla, 1857; folios 102 a 104. 

(2) Parte primera del tratado útilísimo y muy general de to- 
dos los contractos quantos en los negocios humanos se pueden offre- 
cer. Hecho por el muy R. P. F. Francisco García, Doctor Theologo 
de la Orden de Predicadores. — Valencia, Juan Navarro, 1583; in 8.", 
folios 490 y 491. 



lOá t^ERNANDO ORTi2 



Y sin necesidad de buscar tantas reconditeces, bien a las 
manos estaba el siguiente pasaje de Mateo Alemán: "Ved 
quién somos, pues, para los negros de Guinea, bozales y bár- 
baros, llevan cuentecitas, dijes y cascabeles, y a nosotros con el 
sonido, con la sombra y resplandor de estos vidritos nos en- 
gañan." (1) 



II 



Capturados y reducidos a servidumbre los negros, comen- 
zaba para éstos un calvario. Tenían que ser llevados a la costa 
para embarcar en los buques negreros. La mayor parte de los 
esclavos eran, en efecto, aprehendidos en el interior y largas 
caravanas de ellos llegaban a la costa desde lejanos países, 
que ni siquiera conocían por sus nombres los europeos, según 
dice Mungo Park. 

Este célebre viajero nos describe esas tristes caravanas: 
''Una vez encontré, dice, una coffle (^) o caravana de esclavos 
viniendo de Segó. Eran unos setenta atados unos a otros por 
el cuello, por medio de tiras de piel de buey retorcidas en 
forma de cuerdas. A cada soga iban siete custodiados por un 
hombre con un mosquete." (^) En otro lugar añade: "Gene- 
ralmente se procura impedir la fuga de los esclavos uniendo 
por un mismo cepo la pierna derecha de uno con la izquierda 
de otro. Alzando sus cadenas por medio de una cuerda pueden 
marchar, aunque muy lentamente. Además van atados cuatro 
a cuatro, por medio de una larga y pesada horquilla (|ue los 
aprisiona el cuello. Durante la noche todavía se refuerza la 
seguridad por unos grilletes en las manos, y otra cadena de 
hierro por el cuello." "Los mismos que siguen la caravana vo- 



(1) Guzmán de Alfarache; parte II, libro III, cap. II. 

(2) Palabra derivada de la árabe káfila, usada también por 
nosotros los de habla castellana. 

(3) Viajes. T. I, pág. 290. 



lio FERNANDO ORTIZ 



Inntaiiainente sufren mucho, caminando a veces de sol a sol 
sin comer un bocado."' 

Gray, vio en 1821 una de esas caravanas. "Los hombres 
iban atados de dos en dos por el cuello, las manos amarradas 
a la espalda. Las mujeres solamente llevaban ataduras al cue- 
llo, pero si se las había dejado las manos libres no era por un 
sentimiento de piedad hacia esas desgraciadas, sino para obli- 
garlas a cargar sobre sus cabezas los pesados sacos de trigo, 
arroz y demás provisiones, llevando además sobre sus espaldas 
según costumbre africana, los hijitos que no podían andar. Se 
las hacía marchar a un paso rápido para seguir los caballos de 
los tratantes." 

Frey, extracta de la obra Campagne dans le haut Senegal 
et le haut Niger, lo que sigue: (^) "Con frecuencia se encuen- 
tran estas caravanas marchando en largas filas, compuestas por 
hombres agotados, enflaquecidos, exhaustos por la falta de 
alimentación, embrutecidos por los golpes vacilantes bajo el 
peso de su carga ; por mujeres enfermas, con las piernas hin- 
chadas y cubiertas de llagas repugnantes, obligadas a apoyar- 
se en largos bastones para sostenerse en su marcha ; por viejos 
completamente quebrantados y encorvados por la fatiga. A 
cada lado de la caravana, por senderos paralelos al camino 
seguido por los esclavos, marchan los Dioulas con el látigo o 
la lanza en sus manos, golpeando encarnizadamente a los reza- 
gados. Si uno de estos miserables cae rendido, el Dioula, no 
tanto para abreviar sus dolores como para demostrar a los 
demás que nada bueno deben esperar retrasándose en su mar- 
cha, le corta la cabeza con un largo cuchillo y abandona el 
cadáver a las hienas y los buitres." (Véase fig. núm. 1.) 

"Los Dioulas tienen prisa por abandonar estos países ri- 
bereños del Niger, donde ha poco vivían en plácida libertad 
esos cautivos que ellos conducen hoy como un vil rebaño. Te- 
men que éstos intenten romper sus cadenas para huir hacia 
sus hogares cercanos, prefiriendo en su desesperación la mis- 
ma muerte a las torturas que les esperan en el cautiverio. Así. 



(1) Fbey. — Cote occidentale d'A/rtíue.— París, 1890, pág. 255. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



111 



no hay suplicio a que no acuda el bárbaro amo para rethicir- 
los e impedir las evasiones. Le partirá el cráneo de un tiro al 
recaleita*ante o rodeará su cuerpo desnudo con ramas espinosas 
que al menor movimiento arranearán al desgraciado gritos des- 
garradoi"es. ' ' 

Con frecuencia el modo de asegurar precautoriamente a 
los esclavos, era el siguiente: a cada uno se le ataba por el 




Fig. aúm. 2.— Ksci.\ - 

(De uoa estampa de ¡a épica) 



cuello a una horquilla de palo cuyo extremo se ata a su vez 
a la honiuilla del que va detrás, y así sucesivamente. La fuga 
en masa qx-a así imposible. El conductor con una cuerda anu- 
dada al cuello del primero aseguraba así la marcha de una 
larga hilera de siervos. En caso de peligro o por la níxíhe los 
brazos de los infelices eran también atados a las ramas de las 
respectivas horcas. A veces se les obligaba a cargar gruesas 
piedras, atadas a sus cuerpos." (Véase fig. núm. 2.) 
Los actos de crueldad salvaje eran frecuentes. 



112 FERNANDO ORTIZ 



Una negra, enentA Mnngo Park, estaba completamente 
rendida por el cansancio ; el foete apenaos consiguió hacerla 
avanzar unos pasos más. Toíla violencia fué inútil y de toda la 
caravana surgió un grito: ¡liang-tcgi! (¡cortadle la cabeza!) 
Poco rato después la pobre esclava fué desnudada y abando- 
nada en la selva a los ataques de las fieras, a la muerte segura. 

El transporte de los esclavos por las ríos era igualmente 
penoso. ' ' Se les tiende en el fondo de las canoas, atadas las ma- 
nos y los brazos; y como el viaje dura muchos días resulta 
insoportable para los infelices expuestos constantemente a un 
calor intenso y a lluvias torrenciales (|ue llenan de agua el 
fondo de las frágiles embarcaciones donde van tendidos e 
inmóviles los cautivos." (i) 

Las distancias recorridas ei-an a veces comsiderables. 
(ylarkson nos habla de cautivos ])rocedentes de 300 y hasta de 
1,200 millas lejos de la costa. 

Esais marchas bajo el sol ecuatorial, con alimentos esca- 
sos, sin agua apenas, por un suelo i)edregoso y accidentado, 
ocasionaban sufrimientos indecibles. Los es((ueletos insepultos 
jalonaban las rutas de esas caravanas del dolor hacia la cos- 
ta. (^) Meyer, sostenía (¡ue la mortalidad de los esclavos en su 
marcha forzada hasta l;i costa ascendía a cinco dozavos de la 
totalidad. (^) 



III 



Los sufrimientos de los esclavos no cesaban al llegar éstos 
a la factoría de la costa del mar. 

"Una vez vendidos los esclavos a los tratantes, son ence- 
rrados por estos últimos en rústicas casas de bambú o de tron- 
cos de árbol llamadas barracones, donde los desgraciados son 



(1) Frossard. — La raiisse des nrgres esclaves. Lyon, 1789. T. 1, 
página 204. 

(2) V. TissoT et C. Amf.ro. — Au pays des négres, peuplades et 
paysages d'Afrique. — París, 1887, pág. 10. 

(3) BuxTON. — De la traite des esclaves en Afrique et des mo- 
yens d' y remedier. — París, 1840, pág. 125. 



114 FERNANDO ORTIZ 



encadenados y vigilados con cuidado... Vanamente procuran 
los negreros evitar entre los esclavos de los barracones los efec- 
tos de nostalgia y de tristeza (jue los ani(|uilan rápidamente. 
Para lograrlo los hacen salir de los barracones dos veces al día 
y los obligan a sentarse formando círculo, si bien encadenados 
en el patio del establecimiento de la trata ; los carceler-os o 
barraconeros los acompañan. Entonces un sii-viente negro ar- 
mado con un látigo, entona un canto africano y lo acompañan 
otros golpeando las manos una contra otra. ¡ Desgraiciado del 
esclavo que no los imite ! El foete con sus trallazos imprime por 
el terror que produce, un movimiento enérgico de alegría, de 
risas, de cantos y de palmoteos en ese vasto círculo de carne 
humana. Otro negro se embadurna de blanco o de amarillo y 
trata de excitar las risas de los esclavos con sus danzas y con- 
torsiones..." Así describía en 1848 el Vicealmirante francés 
Bouet-Villaumez, las escenas de los barracones de África. (^) 
(Véase fig. núm. 3.) 

Buxton nos cita varios testigos presenciales de la vida de 
los esclavos en el barracón, donde eran aherrojados después de 
un penoso viaje por el interior. {^) Owen en 1825 escribió 
después de una visita a Benguela: "Hemos visto numerosos 
esclavos de ambos sexos, encadenados a pares. Un centenar de 
estos infelices acababa de llegar de un punto muy lejano. Mu- 
chos eran verdaderos esqueletos, presas de todos los males 
ocasionados por la fatiga y el hambre. En algunos de ellos el 
roce continuo de los grilletes había carcomido las carnes y el 
hueso aparecía desnudo: las heridas ulceradas eran receptácu- 
los de miríadas de insectas que depositaban sus huevos en esas 
cavidades gangrenadas. " Lo mismo aseguraban haber visto 
Nicolls en los Camerones y Lander en Acca. (Véanse figs. nú- 
meros 4 y 5.) 

La gangrena, la viruela, la disentería, el hambre... diez- 
maban la población de los barracones. 

"Son los barracones o tumks, como dicen los inglesi's. lu- 



(1) Fbky.— Ob. cit., pág. 248. 

(2) Ob. cit., págs. 126 y sigts. 



LOS NEOKOS ESOLAYOS 



115 



gares de horror y de condenación, verdaderas salas de putre- 
facción, donde los esclavos confunden todos sus excrementos, 
donde permanecen cerrados noche y día por temor de que se 

fuguen. Allí se experimen- 
tan esos olores infectos 
que atosigan a los europeos 
(jue penetran en los barra- 
cones unos minutos, y allí 
sufren, sin embargo, los 
esclavos hasta su parti- 
da, un verdadero suplicio 
que agota en pocos días su 
salud y su vigor." (^). 

Esta vida horrible del 
barracón se prolongaba a 
veces de modo extraordina- 
rio en espera de la llegada 
del buque negrero (|ue de- 
bía cargar esa mercancía 
viva para las plantaciones 
coloniales de América. La 
inseguridad de la navega- 
ción a la vela y, después, 
los temores de un apresa- 
miento por parte de los 
cruceros ingleses persegui- 
dores de la trata, alargaba 
las estadías de los barcos 
negreros en sus fondeade- 
ros de África. 

En Badagrí, en la 
costa de Benin, cuando fué 
el mercado general de los 
negreros, no era raro (jue abundasen los esclavos a la venta y 
que escaseasen los compradores. En ese caso el sostenimiento de 




Fig. BÚm. 4.— GRILLOS Y GRILLETES CSADOS 
POR LOS TRATANTES DE ESCLAVOS 

{De dibujos de la época) 



(1) Le Ck)MTE Mabsillac. — La More-Lack. París, 1789. pág. 34. 



116 



FERNANDO ORTIZ 



los desgraciados corría a cargo del gobierno ; pero contando éste 
con escasos recursos, el rey ordenaba una visita que llamaría- 
uios de saneamiento. Los enfermos, los viejos, los débiles eran 
separados y encerrados en uno de los barracones. Lander, (jue 
esto cuenta, (^) dice que vio en Badagrí cinco barracones con 
mil esclavos cada uno. Al día siguiente, la mayor parte de estos 
infortunados, con los brazos atados, eran llevados al borde del 




Fíg. núm. 5— ESCLAVOS en un ckpo.— {Estampa de la época) 



mar. Allí se les amarraba al cuello un peso cualquiera y en las 
canoas los llevaban a arrojarlos al agua para <iue muriesen. 
La misma suerte esperaba a los esclavos (jue por otras razones 
no eran adquiridos por los tratantes, o bien eran matados en 
los sacrificios humanos que anualmente devoraban centenares 
de víctimas. 

Leonard, escribiendo sobre sus viajes, dice cómo el rey 
de Loango refirió fríamente en 1830 a los oficiales del 
"Primrose" que él pudo cargar en una semana ocho bu(iues 



(1) Expedition to Niger. N. York, 1858, 



Los NÉQlíOS ESCLAVOS ll7 



negreros, con 400 o 500 esclavos cada uno; pero que no pu- 
diendo colocar la mayor parte de sus prisioneros, se vio obli- 
gado a matarlos. 

Un capitán negrero contaba a Buxton cómo después que 
los buques cargaban su mercancía humana, los pobres esclavos 
por ellos rechazados eran devueltos a tierra, y vio suplicar 
a esos infelices de la manera más intensa y desgarradora para 
que no los devolvieran al barracón, sabiendo que su regreso 
significaba para ellos la muerte por hambre. 

' ' Muchas veces los negreros se aproximan siete u ocho no- 
ches seguidas a tierra sin ver el resplandor de las fogatas cími- 
venidas para indicar si el momento es oportuno para efectuar 
la carga. Fondean entonces, prestos para largar el aparejo a 
la primera alarma, y en piraguas y chalanas les llevan a bordo 
la mercancía esperada procedente de los barracones. Si bien 
los encargados de las factorías esclavistas no son muy liberales 
en lo que toca a la alimentación de sus cautivos, pues sólo les 
dan al día algunos plátanos o bananos y uno o dos pescados 
ahmnados; sin embargo, se ha dado alguna vez el caso de que 
la imposibilidad de embarcarlos los ha llevado a hacer una 
cruel hecatombe con todos esos infelices. Así pasó en Lagos. En 
un solo día fueron matados 900 esclavos que durante tres me- 
ses esperaron el buque salvador de sus ^^das." (^) 

Un oficial inglés que en 1837 bloqueó en Biafra a un ne- 
grero portugués, escribía: "Supe que el negrero portugués 
había cargado 400 esclavos. Temeroso de ser capturado por mi 
bu(|ue demoró su salida durante varias semanas. Tiempo des- 
pués me informaron que 300 de sus esclavos habían muerto, 
principalmente de hambre, y otros muchos fueron muertos a 
tiros por los portugueses. El buque esclavista zarpó de Biafra 
sin un solo esclavo a bordo ; toda su cargazón había perecido. ' ' 

Según Cook, en 1837, toda una cargazón de im barco de 
Montendeo fué desembarcada por haberse enfermado de oftal- 
mía; y en este caso los esclavos no fueron matados sino que 



(1) J. B. F. — Campagne de l'Eldorado. 1850. — Cita de Barrkt. 
Obra cit., t. I, pág. 145. 



118 



FERÍíANbÓ ORfi^ 



vagaban, ciegos y hambrientos, en espera de su última hora. El 
propio marino dice: "lo« esclavos que mueren a bordo de los 
negreros antes de zarpar no son inhumados en la tierra inme- 
diata, sino que se les echa al agua, y si no son devorados poi 
los cocodrilos y los tiburones, se les ve flotar en la playa du- 
rante días y días a merced del flujo y del reflujo, exhalando 




F/g". núm. 6. —UN barco negrero cargando esclavos.— (í)í6í;/o de la época) 



una insoportable hediondez, hasta que depositados en tierra 
por azar de marea creciente son festín de los buitres. 

El transporte de los esclavos desde el barracón al buque 
negrero no era menos penoso. (Véase fig. 6.) El abate Laffite 
nos lo describe en un libro sobre el Dahomey (^) diciendo: 
"El traslado en pocas horas de 1,200 negros a bordo parece un 
prodigio si no se conocen los medios empleados para asegurar 
el éxito en esta clase de expediciones. A la salida del barracón 



(1) L'AnHE Laffitte. — Le Dahomé. Toars, 1874, pág. 145, 



Los NEGROS KSCLAVOS 119 



los esclavos se dividen en bandas ; cada una cuenta 25 a 30 es- 
clavos de toda edad y sexo, marchando uno tras otro. Una fuer- 
te argolla de hierro los rodea el cuello, a la cual va unido un es- 
labón por el que pasa una larga cadena que une a todos los 
negros de una niisnia banda, regulariza sus movimientos y les 
impide la fuga. Si el tiempo no apremia la banda va lentamen- 
te, regulando sus pasos según caminen los viejos; pero si los 
cruceros que persiguen el tráfico esclavista están próximos a la 
casta entonces hay que ganar la orilla a la carrera-. ¡ Desgracia- 
dos los viejos y los débiles ! Ellos son arrastrados con desespera- 
ción por sus compañeros de miseria y cuando la banda se de- 
tiene para tomar aliento, no faltan algunos que quedan sus- 
pendidos por el cuello de sus argollas como masas inertes. Dra- 
mas siniestros han resultado a veces de esos instantes de re- 
poso. Yo he visto un pobre esclavo a punto de perecer, sin 
fuerzas : el latigazo lo encontraba ya insensible ; liabría que de- 
morar la marcha unos minutos para desatar la cadena. Pero 
los minutos parecen entonces horas para los negreros... y en- 
tonces ¡ horror ! el viejo esclavo fué muerto de im pistoletazo, 
le fué cortada la cabeza quedando así libre la argolla de su 
presa, y la banda, aligerada, emprendió de nuevo su marcha 
rápida hacia la orilla del mar. Todo estaba listo, no había por 
qué demorarse en la playa. Aquel día, por orden del rey, todas 
las piraguas estaban a disposición de los negreros. A los cau- 
tivos se les quitaban sus cadenas, y se les arrancaba el único 
trozo de tela que les servía de vestido y se les amontonaba en 
las piraguas. Los que caían al mar, caso frecuente, al paso de 
la barra, eran abandonados a los tiburones. Libados a bordo 
eran arrojados a la cala; ya ellos buscarían el modo de aco- 
UKxlarse como pudieran." 



CAPITULO VIII 



SUl«a:AE.IO: LA TRATA NEGRERA. (Continuación).— 
I. Los negreros en la costa africana. — Las factorías. — Su incre- 
mento. — II. Caracteres del comercio de esclavos. — El precio. — 
La moneda. — Las mercancías para el cambio. — Cuánto valía un 
esclavo en las factorías. 



Frente a estos barracones y alonas veces en los buques, 
antiguamente, cuando las relaciones entre los navegantes y los 
negros de la costa no eran francas y sí llenas de desconfianza 
y de perfidia, era donde se concertaban las operacion&s del 
tráfico esclavista. 

Primeramente los bu(|ues se aproximaban muy poco a la 
costa, temerosos de un abordaje de las piraguas, caíío no raro 
cuando los blancos no habían difundido en aquellos parajes de 
la costa africana el prestigio y el temor de la superioridad de 
sus armas. Así el P. Labat en su Relación del África Occiden- 
tal, aconseja que en ciertos fondeaderos los tratantes no bajen 
a tierra, ni permitan que se les acerque más de una piragua a 
la vez debiendo celebrar todas las negociaciones a bordo 
mismo 



12 "i í'ERÍÍANlDO OíiTiZ 



Pero poco a poco fueron estableciéndose factorías perma- 
nentes en la costa, donde la trata era más fácil y el fondea- 
dero más seguro. Entonces la factoría surgía amparada por 
una fortaleza, al abrigo de cuyos cañones y mosquetes arrai- 
gaba la colonia de traficantes, que atraía las caravanas de escla- 
vos del interior en espera de los veleros de la trata y cambiaba 
por ellos los productos europeos. 

Así surgieron Goréa, Arguim, Badagrí, Albreda, etc. La 
obra del P. Labat con sus numerosos y excelentes grabados 
nos muestra lo que fueron esas factorías negreras, sus barraco- 
nes y sus fortalezas. Hoy han pasado a la historia, pero duran- 
te los siglos de la trata florecieron en las costas africanas. 

La trata de esclavos con América se extendió principal- 
mente por toda la costa occidental de África y hasta alcanzó 
a Mozambique en la costa oriental. Constantemente, en espe- 
cial durante la segunda mitad del siglo xvii y todo el siglo 
XVIII, ingleses, franceses, holandeses, portugueses y daneses, 
estuvieron en competencia por delimitaciones de zonas de lito- 
ral africano, favorables para el comercio de esclavos. 

En un principio no pensaron los Estados europeos en la 
colonización territorial de África. Ijos tratantes particular- 
mente y después protegidos por sus gobiernos, y los gobiernos 
mismos, fundaron en diversos puntos de la costa factorías dedi- 
cadas al comercio con los indígenas. Estas factorías o comp- 
toirs, según los franceses, o loges, según los ingleses, fueron 
muchas veces provisionales mientras las circunstancias favo- 
rables subsistían; pero algunas de ellas se hicieron perma- 
nentes, dando origen a unas factorías ampliamente comerciales 
que fueron arraigando, hasta ser base de las actuales colonias 
territoriales europeas. 

Por esa multitud y transitoriedad de factores es muy difí- 
cil seguir de cerca los vaivenes de la trata negrera en ese su 
aspecto geográfico. He de limitarme a copiar unos párrafos de 
un trabajo inédito del primer publicista cubano, escrito preci- 
samente mientras existía el régimen esclavista en estos países, 
con los datos propios de aípiellos tiempos. 



Los KEOEOá ESCLAVOS 123 



Saco (^), dice así: 

"La trata se hacía al norte y al sud de la línea Norte 
ecuatorial. Al norte empezaba en Cabo Blanco, junto a Ar- 
guim y no lejos de Portendic. Los holandeses quitaron a los 
portugueses estos puntos en 1638. Aquéllos los cedieron a los 
ingleses en 1666, pero en pocos meses los voháeron a adqui- 
rir. En 1687 LuLs XIV, los arrojó de ellos contentándose en 
destruir sus obras. ' ' 

"Por entonces Federico Guillermo, elector de Brandebur- 
go, queriendo dar actividad a sus estados arruinados por las 
guerras, oye las proposiciones de algunos comerciantes de 
las Provincias Unidas que deseaban participar del tráfico del 
África occidental, y le persuaden a levantar altos fuertes y 
comprar esclavos para Aníérica. Se formó una compañía la 
que en 1682 adquirió tres establecimientos en la costa de 
oro, y uno en la isla de Arguim. Los corsarios, la rivalidad de 
de esas naciones y la ignorancia o mala fe de los agentes de la 
compañía, la arruinaron. El rey de Prusia vendió estas pro- 
piedades a la Compañía de Holanda en 1717. Antes de haber 
tomado los holandeses posesión de Arguim, Francia que pre- 
tendía pertenecerle por el tratado de Xiniega, la tomó en 1721 ; 
la perdió y la vohñó a ocupar en 1724. Francia desde enton- 
ces ocupó tranquila estas posesiones hasta 1763 en que Ingla 
térra, que durante la guerra que había cesado en ese año había 
adquirido el Niger o el Senegal, las reclamó como dependientes 
de él. La victoria le dio a Arguim y a Portendic. Por la paz 
de 1783, estas radas se hicieron comunes y ambas naciones 
pudieron frecuentarlas, pero sin poder Inglaterra formar 
ningún establecimiento de ningún género. El fuerte San Luis 
está en una isla poco distante del mar. De la ribera izquierda 
del Senegal sacaba Francia las gomas y de la derecha 1,200 o 
1,500 esclavos anualmente." 

"La paz de 1783 restituyó el Senegal a Francia. Esta po- 



(1) De unos nutridos apuntes para un libro semiacabado con el 
título de La esclavitud en las Antillas Francesas, que, por desgnacia, 
continúan sin publicar y hasta hoy han sido ignorados. 



124 fEBNÁNDO ÓRtít 



seía, además, cincuenta leguas de costa desde la boca de este 
río hasta la del Ganibia. Siempre gozaron pacíficamente del 
comercio exclusivo de ese espacio de costas, y sus tres comp- 
toirs... de Joal, Portugal y Albreda nunca dieron al año más 
de 300 o 400 esclavos. La pequeña isla de Gorea es la capital 
de estos pobres establecimientos," 

''A ocho o diez leguas de la embocadura del Gambia, río 
arriba, en una isla, está situado el fuerte James de los ingle- 
ses ([ue en un siglo ha sido tomado, rescatado y saciueado siete 
u ocho veces. De él sacaban anualmente los ingleses 3,000 
negros, cuya mayor parte se recibían del interior." 

"En las márgenes de los ríos Cazamanza y Bissagos cons- 
truyeron los portugueses tres pueblos y dos fuertecitos. Mas 
a pesar de considerarse como soberanos de este país, otras 
naciones han hecho también el tráfico sin hacer caso de los 
portugueses, ' ' 

"Antes que Sierra Leona perteneciese a los ingleses, éstos 
tenían dos loges particulares donde habían concentrado sus 
negocios. De aquí y de otros puntos vecinos sacaban cera, 
marfil, oro y 4,000 o 5,000 negros." 

"En las costas de Granos, de Dientes y Quaynas, los bu- 
(j[ues compraban arroz, marfil y negros. Algunas veces hacían 
comptoirs provisionales, y otras esperaban al ancla a (lue los 
negros fuesen a bordo a hacer sus tratos," 

"En cabo Apollonia formaron los ingleses en el siglo 
pasado un establecimiento donde la trata de negros era con- 
siderable. No pudieron adquirir el comercio exclusivo." 

"La Costa de Oro empieza después del cabo Apollonia y 
termina en el río Volta, teniendo 130 leguas de largo. De 
ella sacaron mucha utilidad los portugueses, lo cual excitó la 
envidia de las naciones. España dominó a Portugal y enton- 
ces los holandeses ocuparon el Fuerte de la Mina en 1637 y 
a Axim en 1643, y trataron como los portugueses de excluir 
a las demás naciones. Los portugueses para poder ir a la Costa 
de Oro tenían que pagar a los holandeses la décima parte de 
los cargamentos." 

"Los esclavos de la Costa de Oro son muy fuertes. A ella 



LOS NEGROS ESCLAVOS 125 



acudieron los europeos. Los holandeses tenían ilncí o tii<-. 
COniptijüs, los (linainai'i|UiNrv. 5^ y los ingleses, 10: dr los (|\ie 
el principal es (aho Coiso. Los franceses (pie no j)articipaban 
dé ese eomereio. trataron de apoderai'se de Annoljún, pero los 
ingleses los lanzaron a cañonazos." 

"Los ingleses, franceses y portugueses iban a buscar ne- 
gros con frecuencia al Petit Popo." 

** Juda era un mercado célebre por el número y la calidad 
de sus esclavos. Solamente estaba abierto a los ingleses, fran- 
ceses y portugueses, cada uno de los cuales tenía un fuerte 
en la isla de Gregoi a dos millas de la costa. La rada de Epé 
algunas veces estaba muy surtida de esclavos, otras no. Así 
es que muchas veces no había buques en ella." 

"En Portonovo, los portugueses tienen la ventaja por la 
pasión de los habitantes de ese paraje por el tabaco del Bra- 
sil ; los ingleses y portugueses forman sus cargamentos de 
rchut del de los portugueses.' 

"A Badagri se llevan muchos esclavos. Los francés,-^ y 
los portugueses concurrieron juntos; porque sus mercaderías 
eran diferentes. Este era el punto de la costa más frecuentado 
por los franceses. ' ' 

"Athoni está en las islas de Curamo, Era casi exclusiva- 
mente frecuentado por los ingleses. La costa de Benin. abun- 
dante en marfil y esclavos, estuvo este comercio casi exclusiva- 
mente en poder de los ingleses." 

"Después de Cabo Formoso están el nuevo y el viejo Cal- 
barí o Calabar. Costa baja, inundada en seis meses del año 
y por consiguiente enfermiza. A pesar de los naufragios y del 
mal clima, los ingleses acudían allí a comprar a precios muy 
baratos de siete a ocho mil negros al año. Pocos franceses so- 
lían ir allí. ' ' 

"En el río Gabón había mayor actividad. Iban pocos 
franceses; algunos portugueses de las islas de Santo Tomás 
y del Príncipe. Los holandeses exportaban marfil, cera y palo 
de tintes. Los ingleses compraban casi todos los esclavos que 
entre sí se hacían las pequeñas naciones de esa costa." 

"Los esclavos de Benin, Calbari y Gabón, eran muy in- 



126 FERNANDO ORTIZ 



feriores a los de otros puertos. Así ((\ie los ingleses procura- 
ban llevar a las colonias extranjeras la mayor parte de éstos. ' ' 

"Sur. — Después de Cabo López, la costa es de difícil ac- 
ceso hasta la bahía Mayoiuba. El clima es malo. Los ingleses 
y holandeses (jue iban a buscar palo de tinte, compraban los 
esclavos que de -cuando en cuando se vendían allí." 

''Loango, a una legua de la ciudad, en una altura, esta- 
ban los comptoirs de los europeos. Los negros eran baratos, 
mas a pesar de esto, como esa altura se consideraba como mal- 
sana, los europeos no acudían allí sino cuando era grande la 
concurrencia en otros puertos." 

' ' En Molembo se compraban muchos negros y de excelen- 
te calidad. Vendíanse también en Cabinda. Estos dos puntos 
también se reputan muy enfermizos." 

"A Moysula enviaban los ingleses, franceses y portugue- 
ses que iban a otros puertos importantes, sus botes, y de allí 
solían sacar algunos esclavos. ' ' 

''Los holanreses quitaron a los portugueses (en 1641) las 
posesiones que tenían en Angola. Estos las recuperaron 
en 1648." 

' ' Al sud de África, empezaban las posesiones portuguesas 
a las 8^^ latitud y acaban a los 180*^ latitud, extendiéndose a 
veces hasta 100 leguas al interior. La capital de estas pose- 
siones era San Pablo de Loanda. ' ' 

"En esas posesiones terminaban los establecimientos y 
el tráfico de los europeos. Los portugueses tenían en ellas un 
comercio extenso. Sus buques se dirigían a San Pablo o a San 
Felipe. Allí compraban mayor número de esclavos porque 
aquí eran más robustos. La mayor parte de los buques salían 
del Brasil, esto es, casi todos de Río Janeiro." 

"Dos tercios de los esclavos se compraban al norte de la 
línea y un tercio al Sud. Esos eran más caros que aquéllos, 
no porque fuesen mejores, sino porque las costas son de más 
difícil acceso, porque los mercados no estaban tan bien sur- 
tidos, porque la navegación es más larga y morían muchos y 
porque para hacer aguada, era preciso arribar a la isla del 
Príncipe o a la de Santo Tomás." 



LOS NEGROS ESCLAVOS 127 



Deseosa España de evitar la trata negrera por buques ex- 
tranjeros, por cuanto introducían los buques junto con los es- 
clavos numerosas mercancías de contrabando, en 1777 adqui 
rió las islas de Fernando Poo, Annobón y Coriseo; pero la 
trata desde estos establecimientos de Guinea no pudo desarro- 
darse por causas múltiples, excepto en Coriseo, mientras los 
franceses ocuparon el estuario del Gabón. 

Después de la supresión legal de la trata, los negreros de 
Cuba, piratas de todos los países, acudían con frecuencia a 
Río Pongo, al Norte de Sierra Leona, de donde trajeron mu- 
chos negros fulas y mandingas, y a la costa de la Guinea por- 
tuguesa y del Congo. 

Más tarde, cuando esos coynptoirs fueron destruidos por 
los ingleses y franceses, los tratantes se encaminaron a la co- 
lonia de Gallinhas. Se cuenta de un tal D. Pedro Blanco, ma- 
lagueño, que dirigía allí un gran comercio de esclavos a lo 
largo de la costa africana de la hoy Liberia, exportando sobre 
5,000 esclavos anualmente al Brasil, las Antillas y Estados del 
Sur, desde 1822 a 1839, año en que se retiró con una fortuna 
de un millón de libras esterlinas, según se dice, a Cuba y des- 
pués a la plácida Ri\áera italiana. (^) 

En 1847 los puertos españoles para la trata fueron aban- 
donados por la acción de los ingleses y la trata fué decayendo 
poco a poco hasta que en 1853~pudo estimarse prácticamente 
suprimida. 



II 



El comercio de negros esclavos se hacía en esas factorías 
generalmente por lotes de ellos, en los que entraban hombres, 
mujeres, viejos y niños, para lograr así colocar a los peores y 
obtener un precio medio. El esclavo tipo era el varón o hem- 
bra de quince a treinta años, sano, bien conformado .y con la 
dentadura completa, el cual recibía el nombre de pieza de In- 



(1) Harry H. Johnstox. The yegro in the New World. Lon- 
don, pág. 41. 



128 



FERNANDO OHTIZ 



dias. En la jerga negrera tantas piezas cMjuivalía a tantos es- 
clavos perfectos. 

Los esclavos eran examinadois minuciosamente por los 
compradores, pues una vez efectuada la compraventa no había 
evicción posible. La falta de un diente, de un dedo, de un ojo, 
hacían desmerecer el valor del esclavo. Por eso se le hacía co- 
rrer, saltar, hablar, mover todas las articulaciones, para des- 
cubrir cualquiera imperfección o vicio oculto de la mercancía 
({ue abaratara su precio o hiciera imposible su ad([uisición. 




íF¡g. núm. 7. — MKRCADKR DE ESCLAVOS.— D/ftujo de la época 

Un viajero dice (|ue aun cuando el pudor de las esclavas 
no era muy riguroso, ellas se avergonzaban de la minuciosi- 
dad indiscreta con que se verificaba la inspección. 

Un escritor francés (^) refiere la extraña costumbre de 
ciertos traficantes que le lamían la barbilla a los esclavos, pa- 
ra descubrir, ; según el sabor de los sudores !, si aquéllos esta- 
ban enfermos, y para asegurarse por la dureza del pelo de la 
barba si el esclavo era de mayor edad (pie la declarada. (Véase 
figura núm. 7.) 

Las operaciones eran con frecuencia fatigos;as y las esta- 
días de los buques se hacían muy caras. Había ((ue pagar en 



(1) Chambón. Du commerce de V Amerique par Marseille, 1764. 
Cita de Dk Vaissiebe, 



LOS NEGROS ESOLAVOB 129 



los fondeaderos, donde no hal)ía factorías arraigadas, derrchos 
(Je anclaje a los reyezuelos rapaces y pérfidos; y eran más 
gravosos todavía los forzosos y numerosos intermediarios ha- 
bitantes de la casta, cuyo tráfico llevaba el espíritu de la 
ni«la fe. 

Lo complicaba inás aún la necesidad de calcular y reali- 
zar las transacciones, cambiando los esclavos por su valor en 
esi>ecie o en monedas extravagantes de exclusivo valor local. 
Tales son. por ejemplo, los cauris o cowñes, que son pequeñas 
Conchitas marinas provenientes de las islas Maldivas, de Zan- 
zíbar o de Mozambique, llamadas por los naturalistas cyprea 
moneta y mtiy difundidas y apreciadas en África Occidental 
del Norte, hasta el punto de habei-se traído bastantes a Cuba 
por los mismos esclavos y negreros. (^) Asimismo la hatra de 
hierro hacía las veces de moneda en la trata; pesaba de 40 a 
50 libras, tenía 13 pies de logitud por 2 pulgadas y media de 
ancho y 4 a 5 líneas de espesor. (-) 

En los tiempos primeros de la trata los esclavos se com- 
praban con bujerías y abalorios, engañándolos como a los 
indios. (^) De entonces (1612) son unas quintillas de Fray 
Pedro Beltrán, en las que se dice: 

"Vidrios con dos mil reflejos 
y espejos (lue allá se estañan; 
que a todos, niños y viejos, 
como negros nos engañan 
con vidrios y con espejos." 

Por todo eso se hace difícil cuando se lee la cuenta de 



(1) Todavía se encuentran entre los afro-cubanos, como se 
ve en mi libro Los Negros Brujos. 

(2) Una barra valía 20 cauris. 

(3) Véase, además de las citas ya hechas, a Francisco Rodri- 
GXTEZ Mabix. Buria burlando... Madrid, 1914, páginas 180 y 
siguientes. 



130 FERNANDO ORTIZ 



una cargazón de esclavos, hacer juicio exacto de] precio (¡ue se 
pagó por ellos. 

De las mercancías (|ue servían para ese comercio de cam- 
bio, así como del vario valor de éstas, puede conocer el lec- 
tor en las siguientes páginas inéditas, debidas a Saco, (\ue 
forman parte de la obra incompleta y no publicada ya aludi- 
da. Dice así : 

"El padre Demanet (^) que ejerció su misión en el Áfri- 
ca francesa en 1764, observa que ciertas mercancías europeas 
con que se compraban negros cuarenta años antes, ya no tenían 
en aquella época ningún valor y que éste había variado mucho 
en aquellas que lo tenían. Los artículos más útiles para el trá- 
fico, cuando él visitó el África eran dos siguientes, acerca de 
los cuales es preciso hacer alguna observación." 

*^ Hierro en barras. — Estas, según la costumbre de la 
Compañía del Senegal, eran para el río Gambia más fuertes, 
y por lo mismo más caras que en otras partes de África. ' ' 

"En la factoría de Gorea cada barra valía 5 libras y 5 
sueldos de Francia; j)ero los negros no la recibían sino por 
4 libras, de suerte que en cada barra se perdía una libra y 
cinco sueldos. Por esto era interés de los europeos dar en las 
tratas con los negros el menor número posible de barras. Como 
éstas en el río Cambia eran diferentes a las del resto de la 
costa de África, también lo era la cantidad de mercancías que 
con ellas se podían comprar; así era que con una barra de 
Cambia se obtenían cuatro pintas de aguardiente, y sólo tres 
con una de la cesta de África. Un fusil de trata se vendía por 
cinco barras del Cambia y por seis de la costa de África." (^) 

"Aguardiente — Este y *^1 hierro eran los artículos más 
necesarios para el tráfico africano. Con ellos, todo se podía; 
sin ellos nada se lograba. ' ' 

"Armas. — Debían estar guarnecidas (gamies) de cobre, 



(1) Tom. I, cap. 8, sec. 1.", pág. 236. (Esta obra de 1767, que 
cita Saco, está en la colección de Walckf:naer, vol. V." 

(2) Dkman-í^, t. t,". cap. 8, seco. 3," 



LOS NEGROS ESCLAVOS 131 



pues las que lo estabau en hierro o cuero, no teuían vsalifta, 
por hallarse expuestas al euinohecimiento u oxidación. " 

^* Pa foques de Holanda. — Ellas y las piastras fueron la 
única moneda (jue conocían los negros y su uso era indispen- 
sable para la trata de esclavos en la Gambia y sus inmedia- 
ciones. La imtaca de Holanda, que según el precio corriente 
de Francia no valía en Gorea sino tres libras y un sueldo, 
valía entre los negros lo mismo (|ue una piastra goiddre que 
en Francia llegaba a valer hasta 5 libras y 5 sueldos. Por con- 
siguiente, en cada pataca había una ganancia de 2 libras y 
4 sueldos. 

"Fusiles finos y pistolas, ya de un solo cañón, ya de dos. — 
Los fusiles de dos cañones se destinaban únicamente para los 
Reyes y los Grandes de su Corte. 

'* Pólvora y halas de plomo. — Después del hierro y el 
aguardiente, eran los artículos más necesarios |iara la trata." 

''Tijeras, cuchillos, navajas, hebillas de zapato, espejos, 
jahón, tabaqueras y tabaco. — Este era entre todos esos artícu- 
los el más estimado. * ' 

"Medias de hilo y zapatos para los que en la costa se ves- 
tían a la francesa. Canequins blancos o rayados, telas raya- 
das, y baftas de 12, 14 y 15 anas, y principalmente de 6 y 7." 

*^Las agujas, los candado^, cascabeles, relojs, pajuelas, 
lana hilada de color rojo, azul o amarillo, y cintas de seda 
de fondo rosado y con brillo de oro o de plata eran efectos 
que dejaban una utilidad de 400 por 100." 

''El clavo, especia, se empleaba en collares y cinturones 
de las negras que gustaban de colores." 

"El papel le buscaban los Marabous para escribir algu- 
nos pasajes del Alcorán y los yrigris u oraciones con que man- 
tienen la superstición de los negros." 

"Los pamcelos de fondo rojo brillante los usaban mucho 
las negras para envolverse la cabeza y dejaban grande ga- 
nancia. Aún mayor era la que rendían hxs rasos y las piezas 
pequeñas de seda de fondo blanco y de rayas rojas que te- 
nían proporciones y particularmente las mulatas, deseaban 



132 FERNANDO ORTIZ 



comprar esas telas para hacer pagues (^) con ((ué cubrirsí!. 
Vendíanse también con mucha estimación las telas de Bre- 
taña y las camisas ordinarias. ]nics en totia la costa del Se- 
negambia, y particularmente en el río Gambia las buscaban 
los mulatos, los negros cristianos y aún los mahometanos. Una 
camisa y unos calzones de esa tela (jue se ponía un negro ya le 
hacía creer que era superior a los demás negros ([ue andaban 
desnudos. ' ' 

"El ámbar amarillo y el coral eran artículos necesarios 
para la trata. Para evitar la operación de pesar el primero se 
daban 7 granos por una barra. El coral fino de Marsella era 
tan estimado que en el interior del África se cambiaba por el 
oro, peso por peso. Para la compra de esclavos no se daba de 
ese coral, sino de otro común al que se le denominaba rassate o 
de otro modo cualquiera." 

"Las bujerías de vidrio eran las mercancías (lue dejaban 
más ganancia a los europeos, las que los negros compraban 
más barato y las que tenían un consumo más grande, — en la 
costa de África. Negros y negras, mulatos y mulatas, — dice 
Demanet (^) usan cinturones enormes que a veces tienen 
un pie de largo y 3 o 4 hileras de grueso. Las verreteries finas 
son para las personas acomodadas y las comunes para sus 
esclavos. Una negra no se consideraría en estado de presen- 
tarse, si no tuviera un número de collares y cinturones muy 
anchos de coral, de ámbar, de loqids, de gallet, de cornalinas, 
de cristales, de granos de oro y plata pendientes y de oro que 
fabrican los negros. Así, todas las clases de abalorios son abso- 
lutamente necesarias para la trata de esclavos, lo mismo que 
para procurarse lo necesario a la vida. ' ' 

* ' ¿ Pero cuál era el precio de esas y otras mercancías ? ' ' 

"El francés Le Maire hizo a la costa de África un viaje 
en 1682. Estuvo en la isla de San Luis, en la boca del Sene- 



(1) Pague es un nombre general que se da a cualquier peda- 
zo de tela en forma de banda, cuya anchura puede ser máfe o menos 
grande. Los negros cosen estas bandas para formar vestidos. 

(2) Tom. I. cap. 8, sección !,•' 



LO» NEOBOS ESCLAVOS 133 



gal, y a ella llevaban los eoiaerciautes negros a los franceses, 
cueros, marfil, esclavos y algunas veces ámbar gris. De las 
moros recibían la goma arábiga. Los franceses daban en 
cambio, cobre, estaño, algodón, telas, aguardientes y granas 
de vidrio. Estos tratos dejaban a los franceses una ganancia 
de 800 por 100. Un buen esclavo que se compraba por 8 fran- 
cos y algunas veces pour quatre ou ciiiq caries d'eaii-de-vie, 
se vendía después por 100 pesos. Los esclavos se enviaban a 
América, y las demás mercaderías a Francia." (^) 

"En 1698 se vendía en el reino de Galam allí un esclavo 
varón de 18 a 30 años por mercaderías de 20 libras de Fran- 
cia. Así lo dice Brüe, director de la Compañía del Sene- 
gal." C-) 

"Desde 1772 los traficantes franceses compraban en An- 
gola los negros a 50 y 700 francos." (^) 

"Demanet que estuvo en la costa de África (*) en 176-1, 
según he dicho ya, presenta una tabla del valor que tenían 
en la factoría de Gorea, t^bla que yo considero digna de 
transcribirse. ' ' 



Una barra de hierro 5 

Una pinta de aguardiente 

Una libra de pólvora 

Una libra de plomo en balas 

Una libra de plomo para cazar (¿municiones?). 

Un fusil de trata guarnecido de cobre 9 

Un par de pistolas guarnecidas de cobre 7 

Un sable común 2 

Una pieza de tela fina azul de 14 anas 43 

Tela azul común de 14 anas 17 



5 


6 


7 


6 


16 




6 


6 


6 


6 


6 




15 




4 


6 



(1) Un compendio del viaje de Le Maibe se halla en la colec- 
ción de viajes por Walckexaeb, vol. 2." 

(2) Véase Walckexaer, CoUection des relations de voyages. Vo- 
lumen 3, liv. 4, chap. 1." 

(3) Maloxet, t. I, Correspondencia o/iotoí, pág. 445. 

(4) Tom. I, cap. 8, sección 2.* 



134 íi'ERÑANbO OR'm 



Una pieza de indiana de 14 anas 33 4 

Cien piedras de fusil 4 

Una pataca de Holanda 3 1 

Una onza de coral común 16 

Una onza de ámbar amarillo 6 

Una cuerda de cornerina 2 

Una libra de bujerías de vidrio comunes 14 

Una cuerda de bujerías de vidrio finas 1 10 

Abalorios, una cuerda de 30 granos 1 10 

Una libra de cristales comunes 14 

Una cuerda de 30 granos de cristales finos 1 10 

Un cuchillo fiamenco 3 

Una libra de azúcar fina 1 

Una libra de azúcar quebrada 16 

Una ana de muselina 9 10 

Una ana de escarlata común 16 

Una ana de paño azul 16 

Una ana de frisa. 9 

ídem de paño rojo 16 

ídem de raso 6 

Una mano de papel 10 

Una libra de clavos especia 12 

Una olla de estaño 2 10 

Un plato de estaño 2 

Una fuente de cobre 2 

Una nuez moscada 3 

Una libra de café 1 2 

Pañuelos comunes de fondo rojo 2 

Camisas comunes sin pecheras 5 

ídem id., con pechera 7 

Camisas finas con pechera 9 6 

Medias ordinarias de hilo 1 15 

Medias finas de hilo 3 

Pañuelos finos de fondo rojo y brillante 5 5 

Una libra de lana hilada 2 10 

Un par de zapatos 3 

Una libra de te 8 



Los NEGROS ESCLAVOS 135 



Una libra de tabaco rapé 5 5 

Una libra de tabaco sin torcer en cuerdia 3 

Calzones de tela de color 3 

' ' Pero si el precio de estas mercancías sufrió alteraciones, 
también los experimentó el de los esclavos." 

"Los franceses establecieron en Gorea una factoría, la 
cual comprendió el comercio de los reinos de Cayor, de Sin y 
de Salum. Del reino de Cayor se sacaban anual ';^-^te 200 
o 300 esclavas. Dos muchachos se recibían por un hombre 
o tres de aquéllos por dos de éstos, atendidas su edad y 
su constitución, y en saberlos escoger consistía la habilidad de 
los factores. ' ' 

' ' Los únicos puertos para el comercio con el reino de Sin, 
eran Joale y Faquiou; y de ellos se sacaban anualmente casi 
200 esclavos." 

"Los franceses establecieron en Gorea tres tarifas y por 
ellas se gobernaron durante muchos años, pues que aún re- 
gían en 1714. Sirviéronse de la primera para tratar con el Rey 
que era, generalmente, a quien se compraban los negros ; de la 
segunda, para sus empleados y de la tercera para los nego- 
ciantes particulares. La tabla siguiente indica los efectos que 
en aquellos tiempos se daban por un esclavo." (^) 

"Por esta tarifa se compraba al Daniel o Soberano de 
Cayor : ' ' 

Plata acuñada o patacas de Alemania 

que valen 28 S. la pieza 30 por 1 esclavo. 

Gran Macatón (-) con su cadena 1 ,, 1 „ 



(1) Labat, Nouvelle relation, t. 4, cap. 15. 

(2) Había dos especies de Macatón, el grande y el pequeño. El 
grande era una cajita cuadrada de plata, de 3 pulgadas 9 líneas de 
alto, otras tantas de ancho y una pulgada 4 líneas de grueso, con 

una tapa de la misma forma y con anillos en los cuatro ángulos 
para pasar un cordón o cadena de plata de 4 pies 7 pulgadas de lar 
go, que junto con el macatón pesaba 4 onzas de plata. El macatón 
pequeño era la mitad menos en peso y tamaño. Los negros usan de 
entrambos para guardar olores, sortijas y otros objetos preciosos. 



136 Í*EftNA.NbO OKTl^ 



Ámbar grueso, amarillo, libras 3 por 1 esclavo. 

Balas de fusil, libras 100 „ 1 „ 

Coral rojo grueso, onzas 9 „ 1 „ 

Cuchillos flamencos 240 ,, 1 „ 

Cajas de tambores a la francesa 2 „ 1 „ 

Paño de escarlata, anas 4 „ 1 „ 

Bandas de tafetán con franjas falsas, anas 4 „ 1 „ 

Aguardiente, pintas 100 „ 1 ,, 

Barras de hierro 30 „ 1 „ 

Fusiles comunes 4 „ 1 „ 

Fusiles guarnecidos de. cobre amarillo . , 3 „ 1 „ 

Clavo, especia, libra 4 „ 1 „ 

Iris de Florencia, libras 4 „ 1 „ 

Lana roja hilada, libras 30 „ X „ 

Pistolas, pares 3 „ 1 „ 

Pólvora, libras 50 ,, 1 „ 

Papel, resmas 12 „ 1 „ 

Telas rojas y amarillas, anas 30 „ 1 „ 

Satalas o medias fuentes de cobre 30 „ 1 „ 

Tela de quintín, piezas 6 „ 1 „ 

Tela indiana de 5i/^ varas la pieza 5 „ 1 „ 

Cuentas o granos de vidrio, grandes y pe- 
queñas, de mil en hilo, hilos 10 „ 1 „ 

"Esta tarifa no regía enteramente en Rufisque, Portugal 
y Joal pues allí se daba indistintamente para el soberano y 
los subditos." 

Pito con cadena 1 por 1 esclavo. 

Corneta o bocina, con cadena 1 „ 1 „ 

Macatón con cadena 1 „ 1 ,^ 

Bandas de tafetán con franjas 2 „ 1 ,, 

"Desde el segundo tercio del siglo xviti, el precio de los 
esclavos ([ue compraban los franceses había variado mucho. 
Si en otro tiempo se vendieron desde 12 hasta 18 barras, o su 
equivalente en mercancías, ya no se podían conseguir en la 



Loa KÉGROá ESCLAVOS 13? 



costa sino a 31 barras (^) y a 51 en el río Gambia. Procedía 
esta notable diferencia de la alta tarifa que habían puesto los 
ingleséis, para excluir a los franceses y apoderarse enteramente 
de la trata de a<iuel río. El precio convenido no se pagaba todo 
en barras, sino en varios efectos y suponiendo que aquél fuese 
de 31 barras, éstas se podían repartir en el orden siguiente:" 

4 de hierro 21 

10 de aguardiente 15 

2 de pólvora 3 4 

2 de balas de plomo 3 12 

12 de dos fusiles de trata 19 12 

1 en bugerías de vidrio comunes 1 8 

31 barras Precio del esclavo. 63 16 

"Algunas mercancías se vendían con thnta estimación 
que, a veces, ellas solas hastaban para comprar un esclavo. 
Así era que éste se obtenía por dos fusiles finos con labores de 
oro o plata en el cañón o por uno de dos cañones de la misma 
calidad, o por un par de pistolas de dos cañones. ' ' 

' ' Cuando la mayor parte de las barras que se habían de 
pagar, consistían en ámbar, hierro, coral o patacas de Holan- 
da, entonces el precio del esclavo se aumentaba a proporción 
del valor intrínseco de las barras; pero si éstas costaban me- 
nos que las anteriores, como sucedía con las de plomo, pól- 
vora, bujería de vidrio, armas y aguardiente, el precio baja- 
ba a proporción. Por eso, cuando se compraban muchos negi-os, 
no sólo se hacía entrar en el número de barras toda clase de 
mercancías, sino que se procuraba determinar la naturaleza y 
calidad de las barras con que se había de pagar. De este moro, 
los esclavos, unos con otros venían a salir en la costa de África 
a 70 libras de Francia." (-) 



(1) Entiéndase de los esclavos llamados piezas de Indias, es- 
to es, jóvenes y sin defectos; pues si los tenían, entonces vallan 10 
barras poco más o menos. 

(2) DEjr.\XET. t. 1.", c. 8, secc. 3. 



138 FERlSfANDO OUTlZ 



' ' No así en el Gambia, cuyo precio subía a 51 barras que 
se pagaban así : " 



3 en coral y en ámbar 30 16 

4 en patacas de Holanda 24 4 

5 en hierro 26 5 

12 en aguardiente 18 

10 en una pieza de tela fina azul o indiana 35 

10 en dos fusiles de trata 18 12 

2 en pólvora 3 4 

51 barras Precio del esclavo. 58 1 

"Aparece, pues, que el precio de un negro en el río Gam- 
bia era más del doble de otro en las costa.s de África y esta 
enorme diferencia no tanto provenía del número de las barras 
cuanto de su calidad, pues había mucho más coral, ámbar, hie- 
rro y patacas de Holanda. ' ' 

"Demanet dice que aun(|ue a su llegada al África en 1764, 
esos eran los precios de los negros del Gambia, él los hizo 
bajar y refiere el modo como lo consiguió: He aquí sus pala 
bras: "Yo hice comprar un esclavo en mi presencia por mi 
cuenta particular. El precio de la trata es, se me dijo, de 51 
barras. Yo las entregué. Hecho esto, observé que el vendedor 
de este esclavo no se llevaba 6 barras que eran part€ del pre- 
cio. Dos días después, hice mis diligencias por saber la razón 
de esto y encontré ([ue esas seis barras eran la ganancia de 
algunos intérpretes. Instruido por este descubrimiento, al día 
siguiente yo mismo compré otro esclavo sin el auxilio de in- 
térpretes. Después de haber hecho alejar de la factoría a todas 
las personas sospechasas que hubieran podido perjudicarme 
sirviéndose de la lengua que yo ignoraba, él no me costó sino 
36 barras. Para asegurarme más y más de la verdad, quise 
comprar otro esclavo de la manera que acabo de decir y su 
precio fué de 35 barras. Por entonces, los residentes de la fac- 
toría (piedaron desconcertados y no supieron responderme otra 



t.OS 1ÍEGR08 liSCLAVOá l3d 



cosa sino (|iie los intérpretes los habían engañado. Desde esa 
época, el precio del esclavo ha quedado reducido a 35 barras." 
"Tales son los precios a que se compraban negros en el 
occidente de África en los siglos xvii y xvni. El corto valor 
de las mercancías que daban en cambio por ellos, les asegura- 
ban una ganancia muy considerable, y esta ganancia es el argu- 
mento más poderoso que puede presentarse contra la hipocre- 
sía de los (jue, para continuar el más infame de los traficas, 
han invocado en su favor la religi(3n v la humanidad." 



CAPITULO IX 



!TJ2^AE,IO: LA TRATA NEGRERA. (Continuación).— 
I. El buque negrero. — Su cabida. — El cargamento de "ébano". — 
Su martirio. — La comida a bordo. — La "echazórt". — Las enfer- 
medades. — II. Las sevicias. — Las rebeliones. — Los suicidios. — 
Los naufragios. — La época de la represión del contrabando. — 
III. La organización internacional de la trata. — Armadores, 
consignatarios y banqueros. — Sus utilidades. 



Sabiendo ya cómo se adquirían los esclavos, veamos cómo 
se transportaban a las Indias. 

El mero hecho de ser vendidos para las colonias de Ultra- 
mar, constituía para el esclavo un atroz sufrimiento, según 
nos revela un antiguo misionero, (^) pues los negros creían en 
aquel entonc<'S que los blancos compraban y embarcaban a los 
negros para devorarlos en panta^uélicas fiest.ais antropo- 
fágicas. 

Pero los sufrimientos físicos eran de bien otro jaez. 



íl) Gio. AxTOXK) Cavazzi da Montecüccolo. latorica descrizio- 
-ne dei tre regni Congo. Matamba et Angola situati nelVEtiopia Inte- 
riore Occidentale e delle Missioni Apostoliche ejercitateui da Religiofi 
Capuccini. Bolonia, 1687, pág. 707. 



142 FERNANDO ORTIZ 



Como dice De Vaissiére, (O los "cautivos que pasan do 
los barracones al entrepuente de lo« buíjues negreros cambian 
de lugar sin cambiar de dolor." 

Ante totlo, resultaba evidente la insuficiencia de la cabida 
de la8 naves esclavistas. El número de esclavos encerrados eti 
los buíjues era excesivo en proporción al tonelaje de éstos. Las 
legislaciones inglesa, portuguesa y española habían establecido 
(jue los buques destinados a la trata no podían embarcar escla 
vos sino en la proporción de cinco por dos toneladas. (-) La 
proporción análoga para el transporte de tropas en naves 

inglesas era de tres solda- 
dos por dos toneladas y, 
sin embargo, con razón 
eran constantes las quejas 
de los militares. Calcúlese, 
pues, si eran justificadas 
las quejas de los esclavos 
y si sería cruel el viaje de 
los mismos en esas condi- 
ciones. (Véanse las figuras 

Fig. núm 5.— BUQUE negrero. " V .^ 

(Corte vertical. Pero cllo no bastaba. 

Los buques registraban ofi- 
cialmente en sus documentos de abordo un tonelaje mucho ma- 
yor, a veces el doble (|ue el tonelaje verdadero ; con lo cual se 
burlaban las disposiciones legales y se hacía más aflictiva la 
condición de los pa.sajeros esclavizados y más productivo el fie- 
tamento. Y aun cuando ese falso tonelaje no se registrase, siem- 
pre fueron desusadas todas las medidas humanitarias de los 
gobiernos. 

Un comandante de un buque negrero citado por Buxton, 
cargando su buque en el Viejo Calaba r, temeroso de ser sor- 
prendido por los cruceros ingleses, aglomeró todos los esclavos 




(1) Saint-Dominique. París 1909, pág. 158. 

(2) TiioMAS F. Buxton. The A frican Slav^ ^rade and its 
remedy. London, 1840, pág. 123. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



143 



<Mi el eutrepuente cuya altura 
apenas era de tres pies y ce- 
rró las escotillas durante un 
día. Al abrirlas, cincuenta es- 
clavos habían nuierto. El mi- 
serable hizo arrojar los cadá- 
veres al agua y fué a tierra 
para eolinar los vacíos con 
nueva mercancía. 

"En la bahía de Benin, 
dice Lander, (^) he visto 400 
esclavos encerrados en una 
goleta de ochenta toneladas. 
Xo puede imaginarse nada 
más repulsivo ni más lastimo- 
so que el estado de esos infe- 
lices; atados de dos en dos O 
por el cuello, no se les dejaba 
a cada uno más que un pie 
de cadena para sus movi- 
mientos. 

Un testigo presencial de la 
trata negrera a bordo de los 
buques destinados al tráfico 
de ébano, nos pinta con vivo 
colorido la vida de los escla- 
vos en alta mar. Falconbrid- 
ge en su obra sobre la tra- 
ta (^) escribe lo que va a con- 
tinuación : ' ' Los negros varo- 
nes en cuanto llegan a bordo 
de un buque, son separados y 




(1) Cita de Bixton. 

(2) Hasta se procuraba unir a esclavos de diferente proceden- 
cia y lenguaje, para dificultar más cualquier complot o rebelión o 
fuga. Peytr.vid. Ob. cit.. pág. 107. 

(3) The Slave trade. Londres, 1788, pág. 19, etc. 



144 FERNANDO ORTIZ 



atados de dos en dos por medio de esposas <|ue les ligan las 
muñecas y por grilletes (pie les aprisionan las piernas... Con 
frecuencia son aglomerados unos contra otros al punto de es- 
tar obligados a acostarse de costado, sin poder cambiar 
de posición. El escaso puntal de los entrepuentes no les 
permite en forma alguna, salvo directamente bajo las escoti- 
llas, acomodarse algo, poniéndose de pie ; especialmente en 
aíjuellos buques donde hay plataformas, lo que es muy ordina- 
rio que suceda. Estas plataformas son una especie de tablas, de 
ocho a nueve pies de largo que van desde los castados de la 
nave hasta él centro de la misma. Van colocadas, aproximada- 
mente, en el medio del espacio que se encuentra entre los puen- 
tes y a la distancia de dos o tres pies de cada puente. Y sobre 
esas tablas son hacinados los esclavos del mismo modo que so- 
bre el puente que hay debajo." Acerca de esto decía el almi- 
rante francés Bouet-Villaumez : ' ' Dos o tres tongas de barri- 
cas llenas de agua destinada a los esclavos forman el lastre del 
buque en el fondo de la cala ; sobre estas barricas van algunas 
planchas que forman un puente muy irregular, y en este entre- 
puente improvisado se amontonan los esclavos los cuales no 
pueden permanecer sino agachados o acostados a causa del 
poco espacio que queda entre las planchas y el puente supe- 
rior. Algunas veces los negreros, faltos de tablas, colocan a los 
esclavos sobre las mismas barricas. Tal es la prisión horrible 
en la cual los esclavos padecen meses enteros, en la cual, el 
recuerdo de los barracones los hace aparecer como agradables 
y ríen tes. " Tienen menos espacio en los buques negreros los 
esclavos que el que tienen en sus tumbas, como decía un 
escritor. 

Sigue diciendo Falconbridge : ''Con frecuencia sucede que 
los esclavos que están situados lejos de los cubos que se colo- 
can allí para las necesidades fisiológicas de los esclavos, al 
procurar acercarse a ellos ruedan sobre sus compañeros a 
causa de los grillos que dificultan sus movimientos. Estos acci- 
dentes, si bien inevitables, ocasionan riñas continuas en las 
cuales hay siempre heridos y a veces muertos. Desolados por 
esta situación renuncian al objeto de sus esfuerzos con detri- 



LOS NEGROS ESCLAVOS . 145 



mentó de la más elemental higiene y ello es rnusn ¡k riiüirniit"' 
de disputas y de desorden y agrava todavía má.s las incomodi- 
dades propias de su situación a los pobres cautivos." 

"Cuando el tiempo es favorable se hace (nic <'<iiiian sobif 
el puente ; en caso contrario los víveres se distribuyen en el en- 
t.i*epuente. Las riñas son entre ellos frecuentes, más cuando 
«e les sirven raciones exiguas, lo cual es na<la raro. En > sa> 
disputas los débiles tienen que conten t a i-sr con las raciones 
más escasas. La ración de a^a es media {)inta a cada comida." 
Peytraud, (^) tomándolo de una Memoria inédita de la 
época, dice que, generalmente, se calculaba una barrica de 
agua por indi^áduo, y 10 toneladas de víveres por cada cien 
esclavos. Se procuraba alimentarlos en tanto era posible con 
comidas de su país, como ñames, maíz >■ arroz. Por la mañana 
se les daba alguna galleta y después se les ser\'ían dos comidas, 
una de nueve y media a diez y otra de tres y media a cuatro. 
Se les daba ima gaveta de una pinta para cada diez liocas. 
Fuera de las comidas se les daba de beber al mediodía, y una 
o dos veces por semana se les reanimaba con un poco de 
a^ardiente. 

A veces al llegar los esclavos a bordo se les marcaba con 
un hierro candente con una letra u otro signo cualquiera, como 
a los antiguos galeotes. Esa era la señal de sus propietarios, 
algo así como el hierro de las ganaderías actuales, que se les 
imprimía en el estómago, en los brazos o en la espalda. Y se 
decía que ello causaba poco dolor, que desaparecía con un 
vaso de aguardiente. Pero, generalmente, a los esclavos, se 
les marcaba en tierra, al desembarcar, con el hierro de sus de- 
finitivos amos de las plantaciones. 

"Cuando los negros, sigue diciendo Falconbridge, rehu- 
san tomar sus comidas, se les queman los labios con carbones 
ardientes, expediente cruel acompañado de la amenaza de 
hacerles comer esos carbones si persisten en no querer comer. ' ' 
Y a veces en los viajes largos (|ue duraban hasta ochenta 



(1) UEsclavage aux Antilles Iranqaises avant 77.''>. París, 1897, 
página 108. 

10 



146 FERNANDO ORTIZ 



días, retrasados por las calmas, las provisiones escaseaban y 
las raciones eran inás reducidas ; y entonces ocurrían nuevas 
escenas de horror. Autores hay ( ^ ) que cuentan cómo a causa 
de la desusada prolongación del viaje por vientos contrarios 
o largas calmas «e dieron casos de haber envenenado los negre- 
ros a sus esclavos para deshacerse del mayor número. Un co- 
misario de marina M. d'Arglancey, que pasó a Indias a bordo 
de un buque negrero, vio (-) cómo el capitán, falto de víveres, 
tomó la resolución de matar a parte de sus negros \ para ali- 
mentar con sus carnes el resto del armazón ! 

Cualquiera que sea el grado de veracidad de este dato, 
no es iraenos cierto que las sevicias y violencias eran frecuentes 
a bordo de esos barcos negreros que Mirabeau llamara ' ' prisio 
nes flotantes." Por todas partes, rejas, cerraduras, barrotes, 
cadenas, cepos, esposas, grilletes. Las crónicas, libros y perió- 
dicos antiesclavistas están llenos de relatos espantosos, que 
documentan ampliamente la descripción de los horrores de 
la trata a bordo de los barcos negreros. 

Los casos de esclavos, de cargazones enteras, arrojadas al 
mar, son muchos y se recuerdan por el nombre del buque en 
que ocurrieron (el "Gustave Vassa," 1783; el "Zong," 1781; 
etcétera), aún antes de que la trata fuera contrabando. Des- 
pués los casos comprobados de barbarie, con más abundantes. 
Citemos algunos : 

En 1814, el negrero español ''Carlos" es capturado. Tiene 
200 toneladas y lleva 512 negros, 180 más de los perinitidos. 
Antes de la captura se echaron 80 al agua, no pudieron arrojar 
el resto. 

En 1819, el negi-ero francés "Rodem" con 160 esclavos 
zarpa para la Guadalupe. A los pocos días la disentería y la 
oftalmia se propagan en la negrada. A su destino llegan 93 
esclavos completamente ciegos, 12 han perdido un ojo, 14 tie- 



(1) The substance of the evidence on the slave trade. London. 
(Cita de Vaissiere.) Metbal. Les esclaves. 1836. I.°, pág. 187. 

(2) Carta inédita en el Archivo del Ministerio de las Colonias. 
París. Cita de Vassiií;ke. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 147 



nen manchas considerables; el resto ha sido arrojado al agua 
después de cegar, y más tarde se cobra su importe de la com- 
pañía aseguradora. 

El mismo año un crucero inglés captura a un negrero por- 
tugués "La Nova Felicidade," con 71 esclavos a bordo, y con 
¡11 toneladas de desplazamiento!, y en 1826 se sorprende la 
"María Pequeña," de 5 toneladas, llevando 23 esclavos, pro- 
piedad de una tal Doña María Cruz Gómez, negrera por- 
tuguesa. 

En 1820 fué cazado el negrero "La Jeune Estelle" y el 
capitán negó tener esclavos a bordo; pero se encontró un 
barril dentro del cual habían sido encerradas dos niñas escla- 
vas. Xo se encontraron más ; el resto del cargamento de carne 
humana lo habían arrojado al mar. 

En 1822 al ser capturada la goleta española "La Vicu- 
ña," se encontró una mecha encendida sobre la, escotilla de la 
santabárbara, llena de pólvora. Se esperaba que cuando la tri- 
pulación fuera trasladada al navio de guerra, saltara la goleta 
con 325 esclavos en la cala. 

En 1823 contaba un ciudadano de Freetown cómo en los 
bufjues negreros se llevaban perros feroces para impedir que 
los esclavos, de noche, subieran al puente, esos mismos perros 
que se usaban en Cuba y en Brasil para perseguir los negros 
fugitivos. 

¿ A qué seguir... ? 

Se calculaba en 1825 que cada año se arrojaban al mar 
por los negreros unos 3,000 esclavos vivos, bien para escapar 
de los cruceros, bien para librarse de mercancía inutilizada por 
la enfermedad. 

Las enfermedades hacían presa en las armazones y las 
mermaban grandemente, durante los viajes. 

La viruela, la disentería, la oftalmía y el escorbuto, eran 
las más frecuentes. 

El aímbiente no era para menos. Falconbridge, médico, 
dice : ' ' L^na de las privaciones más insoportables es la del aire 
puro. La mayor parte de los buques tienen respiraderos; pero 
cuando hay mal tiempo o llueve hay que cerrarlos, así como 



148 FERNANDO OKTIZ 



las escotillas, por donde el aire libre puede entrar. Así se de- 
sarrolla un calor insoportable y el aire cerrado «e satura de 
los miasmas que despiden tantos negros aglomerados, y su 
respiración fétida basta para producir fiebres y afecciones que 
privan de la vida a gran número de esos infelices." "A veces, 
dice, el entrepuente está tan lleno de sangre y de defecaeionees 
de los disentéricos <iue parece el piso de un matadero." En 
ese viaje que él cuenta, de 380 esclavos, murieron 105. 

"Los enfermos, cuando haj^ quien los atienda, dice Fal 
conbridge, son llevados bajo del puente, y allí no tienen otro 
lecho que la tabla desnuda. Con frecuencia los vaivenes del 
buque rozan la carne de los pobres negros, en los codos, los 
homóplatos y las caderas, produciéndoles grandes llagas, y los 
dolores atroces que tienen que sufrir por tener que estar va- 
rias semanas sin moverse, son indecibles. En efecto, muy pocos 
son los que pueden resistir. Casi todos los días al abrir el en- 
trepuente se encuentran esclavos muertos." 

El "Intrépido" llegó a la Habana en 1828 habiendo em- 
bai'Cado 343 esclavos en África y perdido 208 durante la tra 
vesía. Al año siguiente el buque negrero "La Pama," de Cá- 
diz, llegó a la Habana con 300 esclavos, diciéndose que había 
pirateado en las costas de África, robando a otros negreros 
unos 980 esclavos de los cuales muchos murieron durante el 
viaje por la viruela y otras enfermedades, que asimismo redu- 
jeron la tripulación de 157 hombres a 66. El propio año, "La 
Constancia" desembarcó en Cuba 70 esclavos, supervivientes 
de los 438 negros que embarcara en África. Todavía en el año 
1829 la captura del "Midas" reveló haber embarcado 560 escla- 
vos de los cuales al ser capturado quedaban unos 400 ; a la Ha- 
bana solamente llegaron 282. En 1838 fué capturada la goleta 
"Aragón," a la altura del cabo de San Antonio, viniendo de 
Gallines a la Habana, con unos 300 esclavos ; más de 50 habían 
perecido en la travesía del Atlántico. En 1839 el negrero ' ' Ex- 
plorador" cargó 560 negros, y a la Habana llegaron solamente 
360. Los casos son numerosísimos, habiendo procurado sola- 
mente reunir en estas páginas algunos referentes a Cuba. 

Aun en los viajes más afortunados las bajas por enferme- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 149 



dades no bajaban de un 7 a 8 por ciento, notándose una mor- 
talidad mayor en los viajes desde Benin, el Calabar y la Costa 
de Oro. que desde Angola y el Congo. 

La legislación española llegó a reconocer en 1866 (Real 
Decreto de 29 de Septiembre) esta horrible situíJcíÓB, pues el 
artículo 12 de dicho Real Decreto, pena la mortandad de ne- 
gros bozales habida en buques negreros por falta o escasez de 
alimentos o de aguada, o procedente de infecciones o asfixias 
por la desproporción del número de los negros embarcados con 
la capacidad del buque o ' ' por otras causas que debieran pre- 
verse y pudieran evitarse." 

n 

Entre las sevicias sufridas por las cautivos deben contar- 
se los atropellos que se hacían sufrir a las hembras. Falcon- 
bridge nos habla ampliamente de ello. En un expediente que 
obra en el Archivo Nacional de Cuba sobre el apr^amiento 
del bergantín "Jesús María" por el inglés "Rigdore," se lee 
cómo ese buque llegó a Cuba con 252 esclavos de los cuales 97 
eran hembras de 13 a 14 años de edad. ¡ Todas habían sido 
violadas durante el viaje ! Su capitán V. florales, huyó apenas 
ancló el buque en la Habana, y quedó impune. 

Cuando la nostalgia entristecía a los negros se les subía 
al puente y se les obligaba a bailar y cantar. Si a ello se resis- 
tían, el látigo los forzaba, como en los barracones. (^) Así, una 
de las diversiones favoritas de los negros, resultaba para éstos 
un nuevo suplicio. El barón Alejandro Humboldt decía (-) 
a propósito de esto, como sigue : 

"Si se azota a los esclavos, decía luio de los testigos d^ la 
sumaria del parlamento de 1879, para hacerlos danzar sobre 
el puente de un buque negra-o, y si se les fuerza a cantar a 
coro: mese, mese, malherida (qué alegremente se vive entre 



(1) AuGEARD. Etude sur ^I traite des noirs avant 1790. Nan- 
tes, 1901, pág. 34. 

(2) Ensayo político sobre la Isla de Cuba. París, 1827, págs. 264 
y siguientes. 



IB ó FERiíANbo OfeTiSi 



los blancos), esto sólo prueba los cuidados que nos tomamos 
por la salud de los hombres. Cuidados tan delicados me re- 
cuerdan que en la descripción de un auto de fe (|ue yo tengo, 
se pondera la prodigalidad con que se distribuían refrescos a 
los condenados y la escalera que los familiares de la inquisi- 
ción habían hecho ejecutar en el interior de la hoguera para 
comodidad de los relajados." 

Se comprenderá fácilmente cómo las rebeliones de los 
esclavos habían de estallar algunas veces a bordo de las naves 
negreras. En tal caso la represión era igualmente cruel, sin pie- 
dad, sin freno. La voluntad del negrero, única ley de la trata, 
se manifestaba entonces en toda su desnuda fiereza. 

A los rebeldes se les mataba, se les torturaba horrible- 
mente. Se dice que un negrero en 1729, sospechando una rebe 
lión a bordo, condenó a dos esclavos a muerte. Uno de ellos fué 
decapitado y cortadas las entrañas en 300 pedazos, que luego 
hizo comer a los demás cautivos, aterrorizados por el castigo. 
El otro era una mujer; a ésta se la azotó hasta echar sangre, 
y después se le fueron cortando sus muslos hasta que los huesos 
(¡[uedaron al descubierto, y así murió esta infeliz. (^) 

Estaba prohibido en los barcos negreros que los blancos 
tripulantes bajasen al entrepuente, aunque fuese para apaci 
guar disgustos entre esclavos, por temor de que éstos aprove- 
charan la ocasión para matarlos. 

La suposición de una rebelión fué con frecuencia alegada 



(1) Este es un caso de depegage criminal muy típico. Este y 
otros muchos casos de criminalidad negrera, hacen pensar que ha- 
bría de ser un estudio interesante de criminología retrospectiva el 
del negrero. No solamente habría que considerar s». personalidad 
psicológica, sino su significación diversa a través de los cuatro siglos 
de la trata según ésta era no sólo lícita sino patriótica, o era prohi- 
bida o tolerada, o execrada francamente. En una época hasta los 
reyes y reinas y los grandes marinos fueron negrero*, después fué 
ocupación de grandes mercaderes, más tarde fué n<^gocio de piratas 
y contrabandistas. 

El negrero, como el filibustero, el bucanero y el raquero, son 
tipos aún no estudiados, que dan temas muy curiosos para la inci- 
piente criminología tropical. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 151 



para justificar tratamientos inhumanos o la merina de la ar- 
mazón durante el viaje transatlántico. 

Los esclavos, impotentes para sacudir su servidumbre, se 
suicidaban a veces, arrojándose al mar saltando por la borda 
de los buques. Por eso ciertos negreros hacían tender alrededor 
del barco una especie de redes muy resistentes, cuando los 
esclavos subían al puente. (^) Moreau de Saint-Méry cita 
casos de esclavos sublevados a bordo, que una vez vencidos se 
han dejado morir de hambre y sed. (-) 

A esas causas de dolor y de mortalidad durante el \aaje 
de los buques negreros, se unían otras: las tempestades y el 
naufragio. 

Los datos comprobatorios son muchos. Para no referir 
más que alguno referente a la trata en Cuba, citaré la goleta 
"Yeanam, " que en viaje a la Habana se hundió con 380 es- 
clavos; el "Mágico'' naufragó embarrancado en 1826, perse- 
guido por im crucero inglés, salvándose la tripulación y unos 
200 esclavos y pereciendo muchos más; en 1827 naufragó la 
goleta "Teresa" con 186 esclavos; el "Invencible'' que venía 
en 1837 de Cabo Verde para Matanzas, naufragó con otros 
varios buques en las Bahamas, ahogándose 150 negros; la 
goleta "Esperanza," también embarrancó allí perdiendo 100 
esclavos ; en el " Explorador, ' ' negrero pirata que de Mozam- 
bique venía para la Habana, el mismo año, murieron 300 es- 
clavos durante un ciclón ; etc. 

Todas esas causas de mortalidad aumentaron cuando la 
represión de la trata por Inglaterra, y después, cuando fué 
totalmente prohibida. Las exigencias del contrabando, como 
hemos visto, se traducían en mayores sufrimientos para la 
masa esclava. 

Las persecuciones de los buques de guerra ingleses y fran- 
ceses obligaron a los negreros a prescindir de buques de gran 
calado, cómodos y más capaces. Todo lo sacrificaron en per- 
juicio del cargamento humano, a la velocidad, adoptando bar- 



(1) Metr.\l. Ob. cit, pág. 133. 

(2) Cita de PEYTR.vrD. Ob. cit., pág. 11' 



15á FEKNÁNDO ORTIÜ 



quichuelos de escaso tonelaje o esos buques de rápido andar 
pero de construcción detestable que los marinos conocían por 
american cUppers. 

La tripulación de esos buques debió de tener todos los ca- 
racteres del pirata. Numerosos corsarios norteamericanos, pro- 
cedentes de la guerra de 1812 se dedicaron a la trata y no 
dudaron en combatir contra los pequeños cruceros ingleses. 

Los buques negreros llegaron a montar cañones y a ejer- 
cer actos de verdadera piratería, robando sus armazones a 
•otros negreros más débiles, como sucedió con el "Explora- 
dor" ya referido, negrero español de la Habana y con el bu- 
que portugués ' ' El Pocha, ' ' también de la trata habanera con 
Mozambique. (^) 

Los negreros usaban el pabellón de su propia nación o de 
la nación que aprovisionaban de esclavos. A veces usaban pa- 
bellones usurpados, y a veces dos. Así, se sabe que el ' ' Venus, ' ' 
negrero de Baltimore, salió de la Habana en 1838 y cargó es- 
clavos en Mozambique con pabellón norteamericano y llegó 
a la Habana con 890 negros, bajo el pabellón portugués. 

Aun. después de la prohibición, la trata fué durante mu 
cho tiempo provechosa. La línea de vigilancia de los ingleses 
y franceses era demasiado extensa, desde Grorea a Loanda. La 
flota humanitaria tenía que registrar el sinnúmiero de bahías, 
puertos y estuarios de la costa africana y luchar en velocidad 
y astucia con los negreros. La misión de esos buques, luchando 
contra el sol del ecuador, la monotonía desesperante de esas 
costas, lo insalubre de los fondeaderos y lo ingrato del clima, 
no tenía nada de agradable, y la mortalidad de la tripulación 
era también considerable. 

Cuando la navegación a vapor se extendió, InglateiTa la 
utilizó montando una porción de avisos guardacostas para 



(1) Este negrero llevaba cuatro cañones, fusiles, etc., y una 
tripulación numerosa. Llegó a piratear en las costas de Mozambique 
hasta el punto de reducir a esclavitud las tripulaciones de dichos 
buques árabes, también negreros, que fueron abordados. He hallado 
este caso en Le Constitutionnel, de París, (24 Agosto 1842). 



Los NfeGKOS ESCLAVOS 15^ 



perseguir la trata. Pero los contrabandistas también la usa- 
ron. (^) El P. Laffite nos habla de un vapor negi-ero brasi- 
leño que hizo siete viajes desde el Dahomey a la Habana, con 
1,200 esclavos a bordo en cada viaje, y que no fué apresado 
cerca de dicha capital sino después de haber desembarcado 
toda su armazón, en el momento en que se aprovisionaba para 
el otro viaje. (-) 

Sin embargo, así como la locomotora significaba el fin 
del bandolerismo ; el buque de vapor significó el fin de la pira- 
tería y de la trata. 

Los ingleses otorgaron primas en dinero a aquellos de 
sus marinos que alcanzaban apresar un buque con esclavos. 
En los fondeaderos como en alta mar los cruceros ingleses 
ponían como vigías en las cofas a dos negros, los cuales con. su 
excelente vista eran preferibles a los blancos. Una vela negre- 
ra señalada por ellos les valía una libra esterlina, y una bolsa 
con cinco libras era colgada frente al timonel para ser adju- 
dicada a éste en caso de captura. 

Cuando se apresaba un buque tratante, si llevaba esclavos, 
independientemente del valor del barco, se pagaba al buque 
captor cinco libras por cada esclavo; el negi'ero era hundido. 
Anualmente se repartían las primas alcanzadas entre todos los 
que componían la escuadra encargada de perseguir el contra- 
bando. Inglaterra y Francia, al fin, vencieron y poco a poco 
fueron tomando posesión de la costa occidental de África, 
donde estaban las factorías esclavistas, exceptuando las zonas 
de Portugal y alguna (jue otra, que después cayó en poder de 
Alemania. Los puertos fortificados para favorecer la trata, se 
convirtieron en baluartes contra la misma, y quedó extinguido 
aquel gran comercio de piezas de Indias que a tantos enrique- 
ció, que a tantoá países dio esclavos para las plantaciones y 
que de tantas abominaciones fué objeto. 



(1) David Turxbill. Travels in the West-Cuba; uHth notices 
oí Porto Rico and the Slave Trade. London, 1840, págs. 186 y 436. 

(2) Le Dahomé. Tours, 1874, pág. 143. 



154 í*ERNANÍ)0 O&TIZ 



III 



El comercio de esclavos, especialmente en la época de ab- 
soluta libertad, dio origen a una gran organización mercantil 
digna de estudio. La base era triangular: Europa, (Liverpool, 
Burdeos, Nantes, Cádiz, etc.) donde estaban principalmente (^) 
los armadores de los buques; África, donde estaba la mercan- 
cía ; América, donde estaba el consumidor. 

La importancia de las transacciones y la tardanza de las 
comunicaciones en aquella época, hacía necesaria la inversi(5n 
de grandes capitales en el comercio esclavista. Desde que 
zarpaba el bucj^ue negrero de las costas de Europa con su car- 
gamento de artículos para el cambio en África, hasta que vol- 
vía al puerto de origen con productos coloniales, después de 
haber cambiado su primer cargamento por otros de esclavos y 
luego este segundo cargamento por otro de frutos tropicales 
(azúcar, tabaco, cera, mieles, etc.) o bien regresaban en las- 
tre con el precio de lo vendido en letras de cambio, transcu- 
rrían largos meses y se realizaban sucesivas y muy variadas 
transacciones ([ue suponían una organización bastante com- 
pleja. De ella podrá juzgarse por los siguientes párrafos to- 
mados del Papel Peñódico de la Habana, de 26 de Diciemlbre 
de 1799. El artículo, referente al mecanismo de la trata por 
los ingleses, que puede tomarse como tipo, dice : 

"El Comercio de África es para la Inglaterra de la ma- 
yor importancia. Por esta razón los armadores han procu- 
rado quanto podría contribuir a la seguridad de sus capitales. 
Atendiendo a que es imposible realizar de contado el valor de 
las ventas hechas en las Colonias, a que por otra parte sus 
remesas en especie ocasionan pérdidas, no pueden los Capita- 
nes Africanos ser los agentes de sus poderdantes para vender 
las armazones, (^) y así sus dueños a fin de remediar estos in- 
convenientes, y recibir con facilidad el capital y beneficio de 



(1) También los hubo en Norteamérica, pero fueron propor- 
cionalmente escasos. 

(2) Armazón se llamaba al cargamento de esclavos. 



LOá NEGROS KáCLAVOS ISS 



las expediciones luego que regresan sus bajeles han ocurrido a 
las casas coloniales, cuyo establecimiento es el más sólido, de la 
suerte que aquí se verá explicado." 

"Aunque sin excepción corren con el mejor crédito las 
casas que hacen el comercio de África, aunque han dado en la 
Europa pruebas de que tienen unos capitales muy considera- 
bles, y aunque han mantenido aquella puntualidad que debe 
caracterizar al hombre que negocia; con todo, los armadores 
no han creído bastante esta seguridad, y antes de fiarles sus 
intereses han exigido la responsabilidad de las casas coloniales 
más conocidas y más considerables de Londres, la quales que- 
dan por fiadoras de las primeras mediante el interés de uno y 
medio por ciento." 

"Estas responsabilidades se piden por una y se dan por 
la otra parte del modo más sencillo. El armador de Liverpool, 
o de otra qualquier Ciudad del Reino, que tiene pronta una de 
sus embarcaciones para que navegue a las costas de África, si 
intenta vender su armazón en las Islas de la Dominica o Gra- 
nada, escribe de antemano a la casa de Londres que sabe es la 
fiadora de la casa Americana a (juien determina consignar sus 
Negros. La respuesta a semejante carta es una obligación de 
(jue se aceptarán y pagarán las letras de cambio que se libren 
sobre ella, resultantes de la suma total que haya producido la 
cargazón de la embarcación mencionada." 

' ' Luego que llega el Capitán a la Dominica o Granada se 
dirige al negociante (jue le indican sus instrucciones. Este 
'toma conocimiento del número y calidad de los Negros que 
componen la cargazón; trata con el Capitán acerca del plazo 
que han de llevar las letras de cambio que ha de librar a Lon- 
dres, y cuyo valor es el producto total de la venta. Aquellos 
plazos sólo son variables en caso de que los esclavos estén enfer- 
mos, viejos o muy muchachos, y por consiguiente de dificul- 
tosa salida ; pero quando las armazones son de buena calidad y 
bien surtidas, es práctica común librar las letras de cambio a 
nueve, doce y quince meses de vista, y alguna vez a seis y doce 
quando resultan de una cargazón hermosa sacada de la Costa 
de Oro." 



156 FERNANDO Ok'FVÁ 



' ' Señalado el día en ({ue se ha de abrir la venta, que por 
lo común es el octavo o décimo después que llegó la embar- 
cación, se presentan todos los Negros a vista de los comprado- 
res, quienes informados del precio y condiciones con que han 
de pagarlos, hacen un escrutinio de los esclavos, y separan to- 
dos aquellos que son de mala calidad, que están enfermos o tie- 
nen otros defectos. Después se divide la cargazón en lotes igua- 
les, quarenta o cincuenta cada uno, en cuyo número entra una 
porción de Negros piezas, de mugeres y de niños, como más 
abajo se explica. Hechos estos lotes, y cerciorados de su igual- 
dad los compradores, los numeran y reparten entre sí, cogien- 
do cada uno el que le destina la suerte. ' ' 

"Las cargazones de la Costa de Oro regularmente se com- 
ponen de dos terceras partes de varones y una tercera parte 
de mugeres, en cuyas porciones rara vez entra algo más de la 
quarta de niños de uno y otro sexo. Surtidos los lotes de estas 
tres clases se venden a ciento ochenta y seis, y a ciento noventa 
pesos fuertes cada cabeza. ' ' 

"Las cargazones de la costa de Barlovento, como Sierra 
Leona, Cabo del Monte, Islas de Loes, Costa de Angola, Río de 
Gambia, & por lo regular se componen como las de la Costa de 
Oro de dos terceras partes de varones, y una tercera parte de 
mugeres, pero incluyendo mayor número de niños, (es decir 
qúando menos la tercera parte) que tendrán de cuerpo quatro 
pies a quatro pies y (patro pulgadas, medida Inglesa. Distri- 
buidos en estas clases y porciones se venden siempre los lotes 
de ciento setenta y seis a ciento ochenta pesos fuertes cada 
individuo. ' ' 

"Las cargazones de Iliboes, viejos y nuevos Calabares, 
son más numerosas en Mugeres, pero incluyen pocos niños, lo 
que dimana de ser más fácil el trato de esta parte de la costa. 
Las mugeres de la primera Nación tienen mejor aspecto, y son 
mucho más industriosas que las de ninguna otra parte del 
África. Si estas cargazones son de buena calidad, si traen 
Negros sanos y buenos mozos, aunque se consideran entre los 
Ingleses como de la tercera clase, se venden de ciento ciníjuen- 
ta y seis a ciento sesenta pesos fuertes cabeza. ' ' 



LOS NEGROS ESCLAVOS 157 



"El consignatario (|ue ha dispuesto de la cargazón recibe 
cinco por ciento por la venta y cinco por ciento por la reme- 
sa ; pero también es responsable de <juanto resulte, puesto que, 
como ya llevo explicado, el Capitán en el momento ([ue conclu- 
ye la venta recibe el líciuido importe de los Negros en letras 
sobre Londres." 

"La causa porque el armador Europeo prefiere siempre 
las letras de cambio a cualquiera otra especie de paga, es por- 
que estos valores librados por casas conocidas y bien acredita- 
das, y revestidos con la aceptación de una Casa de Londres 
cuya solidez es notoria, sir\'en para comprar en las manufac- 
turas y para volver a armar los Baxeles del tráfico siendo en 
tal caso estos papeles de tan fácil negociación como los del 
Banco, quando con otra especie de moneda que no fuera mo- 
neda corriente, perdería el cargador a lo menos de un diez a 
un doce por ciento. ' ' 

' ' El comprador que condicionó pagar en los pactados pla- 
zos queda obligado a contribuir un interés de seis por ciento 
al año, contándole tres meses después del día en que se le entre- 
garon los Negros, cuyo interés pertenece al consignatario que 
le hizo la venta, por haber quedado de fiador. ' ' 

"Como las Islas de la Dominica y Granada son las únicas 
que están abiertas a los extrangeros, así también a sus puer- 
tos principales se lleva la mayor porción de Negras, cuyas car- 
gazones están consignadas a solo quatro casas de las quales hay 
dos en cada una de las Islas. Suelen venderse algunas carga- 
zones en otras Colonias, mas solo para su consumo, no para 
que pueda ningún extraugero acudir a semejante mercado." 

"De todos los Baxéles empleados en el Comercio de Áfri- 
ca, ni uno solo se queda ocho días en las Colonias después que 
vendió sus Negros. Los Capitanes pertrechados con sus letras 
de cambio salen prontamente a fin de ponerse con brevedad en 
Europa, y aprovechar las diversas estaciones convenientes para 
volver de nuevo a la costa de África, lo que no lograrían mu- 
chas veces, si esperaran en las Colonias a cargar sus Buques de 
efectos como lo practican los Franceises. ' ' 

"Las casas de Jamaica que hacen el Comercio de África 



158 FERNANDO ORTIZ 



que son de tres a (jiiatro, a la manera de las Islas de Barlo- 
vento, y sin embargo, de que tienen en Europa crecidísimos 
fondos, dan en Londres una fianza de ciento cinquenta o dos- 
cientas mil libras sterlinas para asegurar a los armadores de 
(jue se les pagarán puntualmente sus letras de cambio. Esta 
fianza les cuesta de uno a uno y medio por ciento de todo lo 
([ue importan sus contratos." 

"Por antigua y establecida regla los Factores o Consig- 
natarios reciben un interés de seis por ciento al año, tirado del 
importe total de los Negros vendidos a crédito, y comenzando 
a contar treinta días después que se entregan. Esta suerte de 
ventas como sucede en las Islas de Barlovento corren a riesgo 
de los Consignatarios, pues la embarcación lleva siempre con- 
sigo en letras de cambio el total de sus fondos." 

''Como esta Colonia es mayor que las otras dos mencio- 
nadas necesita de más tiempo para que circulen los avisos, y 
así en la Jamayca no se abren las ventas hasta catorce o quince 
días después de la llegada de la embarcación, ' ' 

"De diverso modo {|ue en la Dominica o Granada los com- 
pradores de la Jamayca escogen a su beneplácito entre todos 
los Negros de una armazón aciuellos (jue mejor les parecen, sin 
ser obligados como en las mencionadas Islas a formar una por- 
ción de cada clase. Pero también pagan por cada uno de estos 
Negros de primera qualidad escogidos el día primero de la 
venta doscientos trece pesos por cada uno, inclusos los derechos 
de introducción y venta ((ue son ({uatro pesos y medio fuertes 
por cabeza, pagando las otras clases proporcionalmente. En la 
mañana y día siguientes, va baxando el precio desde ciento 
ochenta fuertes hasta ciento cin(juenta, pero ha de observarse 
que nunca se pasa el primer día sin que se lleven los mejores. ' ' 

"De quatro añas a esta parte no se ha vendido cargazón 
ninguna en la Isla de Jamayca que no haya producido un indi- 
viduo con otro de quarenta y dos a ({uarenta y siete libras 
sterlinas, lo que equivale de ciento setenta y siete a ciento no- 
venta y ocho pesos fuertes. Últimamente se han vendido algu- 
nas de la costa de Oro que han producido hasta ({uarenta y 
nueve libras sterlinas o doscientos y ocho fuertes por cabeza. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 159 



Lo qiial es muy contrario a lo que piensan muchas personas de 
esta Isla de Cuba, que nunca estuvieron en la de Jamayca." 

Análogo era el mecanismo mercantil de la trata con los 
buques españoles, auxiliado por la compañía de consignacio- 
nes creada por el General Las Casas en la Habana. También 
existieron compañías para el comercio lícito de esclavos y des- 
pués para el contrabando. Los buques salían de nuestros puer- 
tos con una falsa destinación para Tenerife, Cabo Verde. Mon- 
tevideo, etc., por cuenta de negociantes acreditados y partici- 
pantes o accionistas. Los grandes hombres de negocios de los dos 
primeros tercios del siglo pasado en Cuba fueron negreros y 
la tradición nos cuenta cómo ellos eran, a la vez, los amigos 
íntimos de los gobernantes, sus consejeros civiles y, acaso, sus 
consocios. El capital empleado en el contrabando era en su 
mayor parte extranjero, según opinaba Humboldt. 

Los rendimientos eran halagadores, tanto más cuanto ma- 
yores eran las dificultades de la importación* de esclavos. Así 
podemos ver el cálculo financiero de una cargazón, según carta 
particular de sus armadores. El "Venus" llegó a la Habana 
con 850 esclavos que desembarcó en una bahía cerca de dicha 
ciudad. Debió de traer un millar; pero la aproximación de un 
crucero le obligó a zarpar de África sin completar el carga- 
mento. El precio de los esclavos en esa época era de unas 70 
libras esterlinas cada uno de primera calidad; así es que no 
siendo toda la cargazón de primera, calculamos que se ven- 
dieron a 50 libras como promedio. 

850 esclavos a 50 libras cada imo £ 42,500 

A deducir: 

Gastos de viaje £ 2,500 

Costo de los esclavos a 4 libras „ 3,400 

,, OjiHX) 

Producto neto £ 39,600 

Era un buen mai^en para tentar a los audaces y para 
allanar muchas dificultades legales. 



160 FERNANDO ORTIZ 



Por otra parte, el costo, equipo y armamento del "Ve- 
nus" podían apreciarse en 50,000 dollars; de modo que un 
solo viaje afortunado bastaba para indemnizar una posible 
pérdida de la nave con cargamento inclusive, en un viaje 
subsiguiente. (^) 

Un funcionario inglés le escribía a Buxkm en 1838 este 
otro cálculo : ''En Guinea un esclavo de primera cuesta unos 50 
pesos en mercancías y se vende en Cuba por 350 pesos. Pero 
deduciendo el flete, la prima del seguro, las comisiones, la 
alimentación durante la travesía y demás gastos accesorios, (^) 
quedará un beneficio de 200 pesos por cada pieza de Indias: 
y reduciendo más aún esa cifra para separar una cantidad 
para accidentes e imprevistos del negocio, siempre resultará 
un remanente de 150 pesos por cabeza." No es de extrañar, 
pues, que el contrabando negrero resistiera tanto contra la? 
medidas de represión y tardara tanto en desaparecer. 



(1) Cita de Buxton. 

(2) La alcabala o impuesto que se pagaba por la compraventa 
de esclavos era primero del 2 por 100, (Leyes XIV y XXV del Títu- 
lo 13." del Libro Octavo de las Leyes de Indias) : pero llegó a ser del 
6 por 100 por R. C. de 8 de Noviembre de 1765. (Véase el Reglamen- 
to alcahalotorio, tras variaciones diversas, aprobado por R. O. de 8 
de Septiembre de 1830.) No se pagaba por la libertad, y hubo una 
época, de 1812 a 1814, en que no se pagó tampoco por la compra- 
venta. 



CAPITULO X 



SUIMIAieiO: LLEGADA DEL ESCLAVO A CUBA.— I. El 
arribo a Cuba. — Privilegio de los barcos negreros. — El contra- 
bando favorecido por el cohecho. — II. El esclavo es herrado. — 
El nombre del esclavo. — Los barracones. — Venta de los '"boza- 
les." — Anuncios por la prensa. — III. Clasificación de los esclavos. 
— "Bozales" y "ladinos". — "Piezas," "muleques" y "mulecones". 
— Negros "de nación". — IV. Precio de los esclavos, según las 
épocas. — Formalidades de la venta. — Anuncios típicos. 



Al fin, después de calvario horrible, llegaba el esclavo a 
su destino. 

Cuando la trata era permitida, el buque llegaba a velas 
desplegadas a los puertos coloniales. En Cuba, a la Habana, 
Matanzas, Santiago y demás puertos habilitados al efecto, 
según las Reales Cédulas ya citadas, de fines del siglo xmu. 

Los barcos negreros tuvieron en Cuba el privilegio, negado 
a los demás buques, de entrar en puerto durante la noche. (O 

Cuando la trata fué contrabando, los buques debían alijar 



(1) Según el embajador inglés en Madrid, en 1837, Mr. Vüxiebs. 
Cita de Buxton. Op. cit., pág. 30. 



162 FERNANDO ORTIZ 



SU cargamento en playas o bahías desiertas, favorecidos por 
el cohecho de las autoridades o arrostrando las iras de éstas y 
del tiempo, según las ocasiones. Cuba se prestaba, con 2,000 
millas de bajas y accidentadas costas y sus numerosos cayos y 
bahías, para el contrabando. 

En las playas vecinas a la Habana, Mariel, Cojimar, Bata- 
banó, Bahía Honda, Jaimanitas y Baracoa, fueron frecuentes 
los alijos más o menos tolerados. (^) Por Matanzas, Camarioca, 
Guanimar, Bañes, Punta de Guanes, Manzanillo, etc., entraban 
también impunemente, así como por Juraguá, fondeadero 
vecino a Santiago de Cuba. (-) 



(1) El cohecho negrero en las Antillas fué denunciado oficial- 
mente. En Í838 el fiscal de la Audiencia de Puerto Rico acusaba en 
público informe que el contrabando esclavista se facilitaba por las 
Autoridades de la Isla mediante un soborno de 30 pesos por cabeza, 
que se repartían así: 8 pesos al Capitán General, 2 a su secretario, 
2 al Segundo Cabo, 3 al Comandante de Marina, 1 al Capitán del 
Puerto y 8 al Intendente. La prensa de Madrid en 1844 hacía igual 
denuncia acerca de Cuba, y J. A. Saco en 1839 en sus respuest<"s al 
célebre interrogatorio de Mr. Madden. decía que el Capitán General 
de Cuba recibía 8 pesos y 4 reales por cada bozal que desembarcaba 
de contrabando, y que el General Tacón durante los cuatro años de 
su gobierno recibió unos 450,000 pesos por ese concepto clandestino, 
que giró sobre París y Londres. — Véase este autor. Historia de la Es- 
clavitud de la Raza Africana en el Nuevo Mundo. Habana. 1839. T. II, 
páginas 107 y 371. 

AiMES (págs. 239 y sigts.) se empeña en librar a Tacón de esa 
mancha, sin argumentar; pero él mismo reconoce que hicieron cons- 
tar esa nota de cohecho en los capitanes generales de Cuba de aquel 
entonces, casi todos los extranjeros que visitaron el país. Así Turn- 
RüLL. (Cuba, London, 1840, pág. 155.) Madoex. (The island of Cuba, 
London, 1853, pág. 31). WuRniMAN, (Notes on Cuba, etc., Boston, 
1844, pág. 255). Kimbatx, (Letters front, Cuba, Knikerbocker Maija- 
sine, Vol. XXV, p. 157). Ballon, (History of Cuba. Boston, 1854, pá- 
gina 189). Ampí:rí;, (Promenade en Amerique, París, 1855, Vol. II, pá- 
gina 200). Phillipps, (United States and Cuba. New York, 1857, pági- 
na 409), y otros más. Es verdad que el agente inglés Macleary escri- 
bía en 1834 que sobre Taxjón no había sospecha alguna; pero en 
1848, su sucesor Kennedy, aseguraba lo contrario, 

(2) BuxTON. Ob. cit., pág. 36, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 163 



Un viejo esclavo congo me contaba no hace mucho, un 
desembarco en Cuba por Jaimanitas, a donde arribó en el ber- 
gantín "Santa María." {^) 

Si los negreros contrabandistas tenían influencia, lo que 
era muy común, tocaban los buques en Puerto Rico y allí obte- 
nían una especie de pasaporte que evitaba el peligro de una 
captura y hacía aparecer la armazón como procedente de esa 
Antilla. Si no podía desembarcarse la cargazón en los puertos 
habilitados se anclaba en cualquier bahía desierta o junto a 
cualquiera de los numerosos islotes o cayos que bordean nues- 
tras costas, y de allí iban los esclavos a las plantaciones para 
las cuales venían consignados o eran llevados a la Habana pú- 
blicamente, como si fuera la negrada de un ingenio en liqiii- 
dación. 

Un caso característico de desembarco consentido fué el 
del "Minerva." En 3 de Abril de 1826 el buque salió de la 
Habana para África y los comisionados ingleses lo denuncia- 
ron al Capitán General de la isla. En 17 de Agosto del mismo • 
año fué capturado el mismo buque por dos cruceros ingleses, 
frente a la próxima bahía de Cabanas y traído a la Habana. 

Inmediatamente un oficial inglés pretendió visitar el bu- 
que sospechoso, pero le fué exigida la autorización del capitán 
del puerto. Este lo envió al jefe del Apostadero, Conocido el 
caso ampliamente por esta autoridad de marina, fué preciso 
visitar al gobernador. No se le encontró en palacio, pero se ini- 
ció el expediente y varios oficiales españoles fueron comisiona- 
dos para practicar una información urgente para el goberna- 
dor. Pocas horas después volvía el oficial inglés al palacio y 
habló con el gobernador, pero éste le dijo que no podía hacer 
nada hasta recibir informes del Apostadero de marina y pro- 
metió resolver con rapidez. En tanto los cruceros ingleses 



(1) Vino siendo mozalbete por haberlo vendido un tío suyo a 
otros negros, allá en el Congo. Llegó a Jaimanitas para la fincas del 
señor Anselmo del Valle, y después que estuvieron todos en tierra 
quemaron el barco, sin duda para evitar su captura. Su nombre con- 
go es Encoriacuata, 



164 FERNANDO ORTIZ 



enviaron una lancha a vigilar de cerca al ' ' Minerva ' ' y pudie- 
ron saber cómo a media noche todo un cargamento de esclavos 
era desembarcado en seis lanchones en uno de los principales 
muelles, en Casablanca. A la mañana siguiente el "Minerva" 
pudo ser examinado, no traía esclavos. Los ingleses protestaron 
y aquel corrompido gobernante que se llamó el General Vives, 
manifestó gran asombro por la denuncia, que tachó de invero- 
símil. Se instruyó causa y el "Minerva" fué absuelto, nada se 
probó; pero los esclavos llegaron a sus consignatarios fe- 
lizmente. 



II 



Llegado el esclavo a Cuba, en la época del esplendor de la 
trata, era herrado, es decir, se le marcaba con el hierro distin- 
tivo de la propiedad de su amo. 

Este hierro consistía en una planchuela de metal retor- 
cida de modo que formaba una cifra, o letra o signo, a la cual 
se unía un mango con el extremo de madera. Para marear un 
negro se calentaba el hierro sin dejarlo enrojecer, se frotaba 
la parte del cuerpo donde se debía estampar la señal, general- 
mente el hombro izquierdo, (^) con un poco de sebo o de grasa, 
se ponía encima un papel aceitado y se aplicaba el hierro lo 
más ligeramente posible. La carne se hinchaba en seguida y 
cuando los efectos de la quemadura pasaban, quedaba una 
cicatriz impresa en la piel que nada podía ya borrar. Esta cos- 
tumbre fué desde los primeros tiempos de la trata; por eso A. 
de Torquemada al hablar de las brujas dice que se dejan mar- 
car del demonio como esclavos. (-) Y fué conocida en España. 
Gestoso ("■) nos refiere casos de esclavos marcudos (1500) en 
una mejilla con una ñor de lis y una estrella en la otra ; de 
otros (1520) marcados con una S en un carrillo y en el otro un 



(1) C. ViLLAVEBDE. CeciUa Valdvs. pág. 127. 

(2) Cita de Amezxja. Ob. cit., pág. 592. 

CS) José Gestoso y Pérez. Curiosidades antiguas sevillanas. 
Sevilla, 1910, pág. 87 y sigt. 



Los NEGROS ESCLAVOS 165 



clavo; de otros (1552) marcados con un letrero en la cara que 
dice: "esclavo de Juan Romero," de otra (1555) marcada en 
la cara con un letrero que dice: "Juan Sánchez, cantero." 
Comunmente la atroz marca consistía, según Gestoso, en una S 
y un clavo que colocaban en el centro de dicha letra vertical- 
mente. 

También se usó el hierro con los amerindios. 

En una anónima Relación del gobierno e población de lasi 
Indias en ctuinto a la Isla Española, Cuba, Xamayca e Saint 
Xoan de Puerto Rico (^) se critica esa costumbre infame: 
"... e el otro es el yerro de los naborías, que pues son libres e 
non esclavos, es concyencia er rallos e pagar dineros por el 
yerro, e bast« que se yerren los esclavos." 

Esta \ej de infamia cesó de regir en 4 de Noviembre de 
1784, por disposición de Carlos III. 

A esta cruel operación se la llamó calimbar, y así se sigue 
aquí llamando hoy, pues se aplica a las marcas del ganado. 

Al herrar o calimbar al esclavo, se le ponía un nombre 
cristiano. A fines del siglo pasado la individualización civil de 
los mismos era más complicada. Así vemos todavía en 1829, 
una lista de negros entregados al Real Consulado, con el nom- 
bre africano, el número del barracón en que estaban y el nom- 
bre católico que se les había puesto. (-) Pero lo general fué 
prescindir del nombre africano y usar sólo el católico, que a 
los bozales se les grababa en una latica que se les colgaba del 
cuello como un amuleto, y además se les marcaba en la ca- 
misa. (^) 



(1) En el Archivo de Indias. (Patronato. — Estante 2." Caja 1.* 
Legajo 1.°) La inserta el erudito portoriqueño Coll y Tc(ste en su 
Boletín Histórico de Puerto Rico. Año III. núm. 2.°, págs. 118 y si- 
guientes. Xo tiene fecha, pero Coll y Tosté opina que es de 1519, y 
acaso del célebre Oviedo. 

(2) Los nombres africanos de esos bozales gangas eran los si- 
guientes, según consta en expedientes del Archivo Nacional: Yagua- 
na, Yoní. Yanguagua, Cundo. Guañabisí. Mina, Bá, Yorú, Tomu, Ya- 
londo, Bandoré, 8exé, Bombó, etc. 

(3) Véase en Papel Periódico de Ja Havana, número del 30 de 
Abril de 1795. 



166 i'ERÑANDO OfeTlÜ 



Antiguamente, además del nombre se les daba a los escla- 
vos como apelativo el de su nación; así teníamos : José Ganga, 
Macario Carahali, Rosa Lucumí, Juana Mandinga, etc. Pero al 
adquirir la libertad tomaban comunmente el apellido de sus 
amos, y así vemos que los apellidos más abundantes entre los 
afrocubanos son los de nuestros antiguos ricachos y magnates 
tFe la colonia. 

Pero esto no era sin excepciones, dado que en los prime- 
ros siglos del descubrimiento no sólo no era constante como 
hoy llevar los hijos el apellido del padre, sino que, al contra- 
rio, era muy corriente el no llevarlo, y aun el usar los herma- 
nos entre sí diferentes apellidos, (^) y esto aun entre los des- 
cendientes de los más alcurniados linajes, en los cuales debió 
de ser más tentador el mantenimiento de los apelativos genti- 
licios. Entre la gente de obscura cuna los apodos bastaban. 

Inmediatamente que arribaba el negro era llevado a las 
plantaciones para las cuales iban consignados, o, lo ((ue era 
más común, conducido a los barracones destinados al efecto. 

En la Habana los hubo en Regla y la parte de extramuros 
donde hoy está el Prado, la avenida principal de la ciudad. 
Eran unas cuarenta construcciones toscas, de madera no labra- 
da y techo de guano. (-) 



(1) Véase una curiosa documentación en una nota erudita del 
ilustre F. RonBUií'EZ Marín al Quijote. (Edición de "La Lectura," 
Madrid, 1913. T. VL pág. 247.) 

(2) Acerca de su origen, así como de un incendio que acabó 
con muchos de ellos, véase lo que escribe Alvaro de la Iglesia: "Pro- 
longándose la guerra entre Inglaterra y España, iniciada en 1779, 
como en aquella época se prolongaban todas, por lo tardío de la nave- 
gación a vela, lo lejano de las colonias, el género de lucha, que se 
desenvolvía en encuentros parciales, la dificultad de las comunica- 
ciones que hacía a veces combatir en territorios lejanos después de 
firmada la pea, ocurrió que en Agosto de 1781 llegara a la Habana la 
fuerte escuadra española al mando de D. José Solano, con ocho mil 
hombres a las órdenes del general D. Victorio de Navia, y que había 
de destinar a las órdenes de Gálvez o de quien conviniese el gober- 
nador general Navarro. 

Como era una fuerza miuy numerosa para la habitual que con- 
taba la Habana, se luchó con la carencia de alojamientos. 



Los iíEGROS ESCLAVOS 167 



Esos barracones eran, además, el mercado de los esclavos 
nuevos, de los hózales, de donde éstos pasaban a las faenas de 
las plantaciones o de las ocupaciones urbanas. 



No era posible destacar dichas tropas en pueblos próximos a la 
capital, porque se dificultaba su aprovisionamiento, ni en otras 
ciudades porque se necesitaba tenerlas listas para su embarque 
cuando fuera ordenado. 

La Intendencia ordenó, con anticipación, al declararse la gue- 
rra, la construcción de 40 barracones muy capaces, entre la calle 
de Consulado y la Alameda, o sea nuestro Prado actual. 

Empezaban esas construcciones a la altura de la calle de Colón, 
y se extendían de Norte a Sur, hasta la de la Zanja. 

Los barracones eran de madera redonda, es decir, sin labrar, .y 
techo de guano, y en ellos cupieron perfectamente los 12,000 hombres 
conducidos por la flota de Solano. 

Pronto se dio destino a esas fuerzas, pues Gálvez, ascendido ya 
a mariscal de campo, en premio de haberse apoderado de Mobila, 
emprendió, de orden del rey, la conquista de Panzacola, que fué 
atacada por aquel bravo militar, pero estupendo derrochador de 
millones el 10 de Marzo de 1782, y tras de una vigorosa defensa 
capituló el 8 de Mayo, cayendo en poder de los españoles toda su 
guarnición, reducida a 800 hombres y 50 piezas de artillería. Casi al 
mismo tiempo el almirante Solano capturaba cuatro fragatas de 
guerra inglesas. 

Aquella expedición habría sido muy afortunada si la fiebre ama- 
rilla no hubiera causado destrozos en el ejército, y el tremendo hu- 
racán que sobrevino a fines de Octubre no destruyera gran parte de 
la escuadra, dejando muy maltratados a los barcos que lograron 
salvarse. 

Doce años después, siendo Intendente de la isla, el ilustre ha- 
cendista D. José Pablo Valiente, que operó una salvadora reacción 
en las depauperadas rentas de Cuba, atendiendo a minuciosidades 
y pequeneces que antes se desdeñaban, pero que junto con otras más 
importantes economías levantaron el erario y fueron el origen de la 
prosperidad que reinó en el país, se dio un raro destino a los barra- 
cones construidos, para alojar las tropas de Navia. Se dividieron 
aquellos enormes caserones en distintos departamentos, habilitán- 
dolos como viviendas y alquiladas a gente pobre por cuenta de la 
Real Hacienda. 

Algunos de los barracones se utilizaron para depósitos munici- 
pales y de guerra, pero aún así pudieron dedicarse al arriendo más 



1G8 PERNAIÍDO ORTIZ 



Buxton narra como sigue una visita a uno de esos barra- 
cones: (^) 

"Por la tarde fuimos al lugar donde se estaba vendiendo 
una cargazón recién arribada de 220 criaturas. Nos encontra- 
mos a estos desgraciados echados por el suelo en un gran barra- 
cón ; y durante una hora o más que duró nuestra visita, nin- 
guno de ellos profirió una sola palabra. Cuando aparecimos 
todos los ojos se volvieron hacia nosotros como si quisieran leer 
su muerte en nuestros semblantes. 

"Todos estaban casi desnudos, (^) apenas cubiertos por 
una pequeña camisa marcada en la pechera. Salvo pocas ex- 
cepciones no tenían más que la piel y los huesos, y tan débiles 
y vacilantes que no podían sostenerse ; acostados sobre el suelo 
y apoyada la espalda a la pared. 

"Cuando se presentaba un comprador se les hacía levan- 
tar, a lo cual obedecían con visibles esfuerzos. Algunos eran 



de 60 casas, como ya hemos dicho, desde cerca de Refugio hasta la 
calle de Salud. 

Las necesidades de la importación de negros, que alcanzó enton- 
ces gran importancia, tal vez porque se le tenía muy poco miedo a 
Inglaterra, hicieron pensar en un depósito para los bozales que llega- 
ban por conducto del Consulado, dentro de la contrata con Baker y 
Dawson, que en 1786 se obligaron a traer a Cuba durante cuatro años 
seis mil negros anuales. 

Los barracones pasaron entonces a poder del Consulado, que los 
dedicó a alojamiento de los esclavos que llegaban de África. 

Destinados a un servicio como ese y tratándose de unas cons- 
trucciones tan peligrosas para el fuego, no es de extrañar que un 
día, el 25 de Febrero de 1822, se declarase el incendio que los con- 
sumió casi en su totalidad, pues la parte más densa, esto es, de Nep- 
tuno a Genios, voló como si fuese de yesca. 

Aún duraron, no obstante, algunos años más, los que quedaron 
y que puede colegirse la belleza que prestarían alzados al borde del 
principal paseo de la ciudad. El último barracón vino a destruirse 
en 1836. Se hallaba situado en Animas y Prado, donde había una 
fábrica de carruajes, a mediados del siglo pasado y hoy el edificio 
del Casino Español." 

(1) Ob. cit., pág. 209. 

(2) En el Aviso de la Habana, del 16 de Julio de 1809, se lee 
que los negros en los barracones sólo usaban taparrabos. 



Loa NEGROS ESCLAVOS 169 



ya muy viejas, pero la mayor parte eran verdaderos niños de 
10, 13 y 15 años. 

"Los guardianes nos dijeron que pertenecían a tribus di- 
versas y que no se entendían entre ellos ; diversidad de origen 
que probaba la diferente conformación de sus cabezas. 

"Estando nosotros allí se separaron cinco muchachos de 
ambos sexos para llevarlos al interior ; en cuanto al parentesco 
no se tiene en cuenta para nada, y una vez separados los fami- 
liares entre sí es para no volverse a ver jamás... Al salir vimos 
algunos tendidos bajo unos plátanos; eran los que más habían 
sufrido en la travesía y pronto la muerte los libraría de las 
cadenas de la servidumbre. ' ' 

Bachiller y Morales (^) recordaba los barracones que cali- 
ficaba de corrales. Decía que no se le había olvidado la alegría 
de los esclavos, especialmente los jóvenes, cuando llegaba un 
comprador que los iba a sacar de aquellos inmundos locales. 
Añade que a los negros se les esparcía aceite por la piel "para 
que brillasen con la tersura del azabache, que era indicio de 
salud." 

He aquí cómo describe un mercado de esclavos hózales 
el viajero Arago, allá por 1820. 

"Allá en un salón bajo y hediondo están clavados en el 
suelo y en las paredes, bancos negros y grasicntos. En éstos 
bancos y sobre este piso húmedo, se sientan desnudos, hom- 
bres, mujeres, niños y alguna vez ancianos que esperan al 
comprador. Apenas se presenta éste en la puerta, y a una señal 
del amo, todo el harén se levanta, gesticula, se agita, se contrae, 
muge canciones salvajes prueba que tiene pulmones y que ha 
comprendido perfectamente la esclavitud. ¡ Infeliz del que no 
trata de distinguirse de sus compañeros! el látigo está prepa- 
rado para surcar su cuerpo y hacer volar por el aire pedazos 
de carne negra. 

Ahora, silencio: el negocio va a tratarse, y cerrarse la 
venta. 

— ¡ Eh, pst, tú, aquí... ! 



(1) Los Negros. Barcelona, pág. 56. 



11o Í^ERÑAÑDO Ok'tiÜ 



"Cualquiera cosa" se levanta: esa cualquier cosa es un 
ser que tiene dos ojos, una frente, sesos, un corazón como vos y 
como yo... ¡ Pero me engaño ! ese pecho no encierra un corazón ; 
pero por lo demás está completo. 

— Mirad "esto". (Es el amo). 

— Camina. 

"Y "eso" se pone a caminar. 

— Ahora corre. 

"Y "eso" corre. Alza la cabeza, agita los miembros, patea, 
ríe, grita, enseña los dientes. 

— Vamos bravo. ¿ Cuánto vale ? 

— Seis cuadruplos. 

— Doy cinco. Pero ahora que me acuerdo, ¿ha pasado ya 
la viruela ? 

— Ya la ha tenido ; mirad bien. 

"En efecto, manchas amarillas y lucientes esparcidas so- 
bre el cuerpo negro testifican el contacto de un peíjueño hierro 
candente cuya cicatriz ha dejado una señal (pie engaña al 
inexperto comprador. 

— Está bien ; he aquí vuestros cuadruplos. 

"Un nuevo comprador se presenta; es un fraile. 

— ¡ Hola ! levántate, camina, salta, absolutamente como aca- 
bas de hacerlo. 

— Es bastante regular, es joven, sus dientes son deslumbra- 
dores; pero... 

— Se puede estar tranquilo, respondo yo... 

— ¿Dices que tres onzas? Tómalas. 

— ¿Y vuestra bendición? 

—Tómala. 

— Cantad ahora vosotros. 

' 'La cascada cae mugiendo, los dos compradores, salen, em- 
pujando delante de ellos a puntapiés su adquisición. El amo 
mete su oro en una bolsa de cuero, y se coloca en la puerta para 
detener otros parroquianos al paso; he aquí en miniatura un 
mercado de negros. ' ' 

Cuando llegaba un cargamento se anunciaba una especie 
de feria en el Diario de la Hahana. Bachiller copia en su libro 



LoS í^Etíítoá éscLaVos l7l 



el facsímil de un pequeño anuncio, repartido en Noviembre de 
1812, que dice: *' Aviso al Público. — El lunes 30 del corriente 
a la hora acostumbrada, en el barracón núm. 10, se abre feria 
de 112 negros bozales de ambos sexos, que ha conducido de la 
bahía de Todos los Santos, la goleta española "Nueva Ana," 
su maestre D. Francisco de Gurriaga. a la consignación de don 
Pedro Olivery Ca." 

Cuando la trata era lícita, se anunciaba siempre la llegada 
de los buques negreros en los periódicos de la Habana, en los 
cuales pueden verse numerosos anuncios de esa clase. 

III 

Para conocer el valor de los esclavos había que atender a 
su clase. 

Los esclavos se dividían en piezas de Indias, malecones o 
mulecotias y muleques o miilecas. 

También se dividían en bozales, ladinos y criollos. 

Según La Torre (^) se llamaba bozales a los venidos de 
África, cuando aún no conocían nuestro idioma, y ladino se les 
Uanxaba luego que lo hablaban. Los nacidos en Cuba eran los 
llamados criollos; y los hijas de éstos eran los relloUos. 

Se llamaba bozalón al bozal muy torpe. 

Al bozal de 6 a 14 años se le llamaba muleque, en la jerga 
negrera ; al de 14 a 18, mulecón, y pieza de Indias o pieza al de 
18 a 35. Antiguamente se entendía por ladino, al negro que 
había residido 2 años en España o Portugal. 

Veytia Linage dice (-) que bastaba un año de residencia. 
También se llamó ladinos a los indios que permanecieron en las 
ciudades fundadas por los españoles, según Arthur Help. (^) 

Estas denominaciones de bozal y ladin-o, fueron efectiva- 



(1) Compendio de Geografía física, política, estadística y com- 
parada de la Isla de Cuba. Habana, 1854. 

(2) Xorte de la Contratación de las Indias Occidentales, lib. 1.", 
capítulo 35. 

(3) The Spanish Conquest in America, London, 1902, T. III. 
página 151. 



172 Fernando ortiz 



mente bastante antiguas y se usaron désele el decubrimiento y 
en los siglos de la colonización eran f recuent-es. ( ^ ) 

A los negros africanos, hózales o ladinos, se les llamaba 
también negros de nación, en oposición a los criollos. 

¿Por qué a los negros africanos se les llamaba de nación f 
Sin duda ello obedecía a una costumbre propia del derecho de 
aquella época. Cuando después del siglo xv una serie de tra- 
tados, llamados capitulaciones, aseguraron a los extranjeros re- 
sidentes en las regencias bárbaras, en los puertos turcos y cana- 
les de Levante un tratamiento privilegiado que los sustraía a la 
jurisdicción local, al conjunto de extranjeros procedentes de 
cada Estado se le dio el nombre de la nación; y así en Túnez 
o en Esmirna había una nación española, una nación portugue- 
sa, etc. ; y por eso en esas poblaciones un español no era un 
hombre del país, sino un hombre de nación. Y aún entre países 
occidentales fué usual el sistema de cónsules- jueces extranjeros 
en cada país, y también, lo que hoy llamamos colonia extran- 
jera, se llamó nación, en los pueblos de Occidente. Así en Espa- 
ña hubo jueces conservadores de la nación francesa hasta du- 
rante el siglo XVIII. (^) Cuando en Cuba decíamos, pues, de un 
negro que era de nación, queríamos decir que no era del país, 
sino extranjero. Al principio hubo quizás alguna ironía en esa 
aplicación a los esclavos de una expresión que significaba pre- 
cisamente una capacidad jurídica privilegiada; pero sin duda 
el uso la extendió hasta hacerle derivar una acepción algo 
diversa. 

No solamente los negros de nación se vendían, sino tam- 
bién los criollos y hasta los mestizos, ya que la descendencia de 



(1) Véase usada en La Picaba Justijía. (Biblioteca de Autores 
Españoles, T. XXXIII, págs. 77 y 101), la palabra bozal, como equi- 
valente a torpe; y la voz ladino aplicada a una negra, en El Celoso 
Extremeño, novela de Ceuvantes, cuando habla de la negra Guio- 
mar, que era portuguesa y no muy ladina," o sea no muy lista. Y 
también en Guzmán de Alfarache (parte II, libro III, cap. II) se 
habla de bozales en igual sentido; y en el curioso libro del P. Merca- 
do, de 1587, citado por Amezúa y ya referido en este libro. 

(2) SCELLE. I, pág. 33. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 173 



un blanco no libraba de la esclavitud. ¡ Cuántas veces un hijo 
fué vendido por su padre ! Así se veían en venta como los ne- 
gros, los mulatos y los chinos, (^) 

IV 

El precio del esclavo variaba, repito, según fuese bozal o 
ladino, y según su edad, salud, oficio, carácter, etc. Aimes, en 
su citado libro, ( - ) nos da una relación de precios según fechas, 
de acuerdo con datos por el consultados. De ella son los si- 
guientes : 



1528 bozal $55 a 60. 

1535 ., $47. 

1713 „ $300. 

1741 „ $144. 

1754 $210 a 225 un muleque ; $250 a 270 un mulecón ; $280 a 

300 una pieza. 
1768 $225, muleque ; 240, raulecón ; 260, pieza. 
1788 $230, muleque : 250, mulecón ; 260. pieza. 
1792 bozal 200 ; ladino. 300 ; criollo, 400. 
1797 a 1800 bozal $375. 
1802-3 bozal $300 a 350. 
1807 bozal $225 a 265. 

1818 ,, $300 a 450. 

1819 „ $380 a 500. 
1821 „ $500 a 600. 

1824 „ $370 a 400; ladino, 450 a 500; criollo, 600 a 
1,000. 



(1) Mulato es el hijo de blanco y negra, o viceversa: y chino, 
el de mulato y negra o viceversa. Acerca de los cruces étnicos y de su 
nomenclatura, trataré en otro libro. Cuando llegaron a Cuba natura- 
les de China, como colonos, se les llamó en la documentación oñcial 
asiáticos. 

(2) Ob. cit, pág. 267. 



174 



FERNANDO ORTIZ 



Años 


za; 




1827 bo 


$300. 


1831 , 




$200 a 250. 


1835 , 




$200 a 250 ; criollos, $800. 


1836 , 




$3066 por toda la cargazón ; $500 escogidos. 


1838 , 




$300 a 320. 


1841 , 




$300. 


1844 , 




$300. Un lote escogido de 40, a $440 cada uno. 


1845 , 




$300 a $350. Criollos, $350 a 500. 


1846 , 




$375 a 420. 


1849 , 




$394 a 496. 


1854 , 




$400 a 500. 


1855 , 




$500. 


1855 a 1860 bozal $1,250 a 1,500. Promedio de todas clases } 


sexos 


$1,000. 


1861 bozal $1,000. 


1862 „ 


$600. 


1864 „ 


$700 a 750 ; ladinos, 1,000. 


1866 ladinos $1,000. 


1867 „ 


$700. 


1869 


$450 a 500 ; criollos, 550 a 650. 


1872 


$2,000. 


1873 „ 


$1,500 a 2,000. 


1875 


j> 


$1,600. 



En adición a estos datos se puede recordar a Saco, el cual 
en el interrogatorio absuelto por él en 1839 para Madden, el 
comisionado inglés, dice que (^) un negro adulto varón valía 
de 350 a 400 pesos ; unos 50 p-ísos menos las hembras ; un mule- 
(pie valía de 150 a 200 pesos. 

Los criollos sin oficio, a veces valían monos (¡ue el bozal ; 
pero si eran del eampo valían más que éste. 

Los esclavos llegaban a venderse i antes de nacer ! Saco nos 



(1) Historia de la raza africana en el Nuevo Mundo, II, pági- 
na 368. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 175 



dice cómo por el futuro esclavo se pagaban antes de su naci- 
miento 25 pesos, y 50 a los ocho días de nacido. 

Los negros solían ser comprados a plazos, aumentándose 
en ese caso un interés de uno por ciento al mes. 

Y se vendían sin responder el vendedor de evicción en caso 
de muerte por enfermedad. Por eso se hacía constar en el con- 
trato de compraventa, que éste se hacía del esclavo alma en hoca 
y huesos en costal, como queriendo decir que se vendía y la 
venta era perfecta aun cuando el negro fuese a exhalar el últi- 
mo suspiro o tuviese el alma en su boca, a punto de escapársele, 
y sus huesos prontos a ser metidos en un costal para llevar al 
enterramiento. 

A pesar de esto se solía asegurar en los contratos que el 
negro vendido no tenía taclias o que tenía tal o cual otra. Y 
eran las tachas: ser ladrón, borracho, pendenciero, cimarrón 
o huido, etc. 

Las negras embarazadas o lactando a sus pequeñuelos se 
vendían con o sin la cría. (^) 

De lo que era ese comercio infame dan buena idea los 
anuncios que aparecían en los periódicos, juntos con los de 
ventas de bestias o de objetos cualesquiera. A continuación 
van algunos: 

— Se vende una mulata de 26 años, casada en la Villa de 
Santiago, con su cría de cinco meses. En 300 pesos, alcabala y 
escritura, y sin incluir la cría. — (Papel Periódico de la Ha- 
bana. — 7 de Noviembre 1790), 



(1) De cómo se mixtificaba la beneficencia y se la convertía 
en esclavitud, es buena prueba el adjunto recorte del Papel Perió- 
dico de la Habana, correspondiente al 21 de Noviembre de 1790, 
referente a seis indias mexicanas: "En la fragata del Rey que entró 
de Veracruz, han venido 6 indias mecas que se pondrán a cuidado 
de las personas de su sexo que sean a propósito para instruirlas en 
Religión, las cuales podrán disfrutar su servicio. Los que quieran 
contribuir a esta obra de piedad deberán ocurrir al Sr. Gobernador 
y Capitán General y les entregarán con la circunstancia de dejar 
recibo para que conste su entrega, obligadas a dar cuenta a esta 
Superioridad siempre que profuguen o en caso de que mueran." 



176 FERNANDO ORTIZ 



— Un mulato, como de treinta años, buen cocinero, sano y 
con todas tachas, menos ladrón ; también se cambia por negro, 
muías, caballos o volanta. En el almacén que era de D. Juan 
Rincón darán razón. — (ídem, 18 Enero 1795). 

— Se venden una negra, media ladina, en 200 pesos; un 
negro ladino y hábil para todo, sano y con la tacha de cima- 
rrón, en 250; y dos muías, buenas para volanta, en equidad. 
En la calle de San Francisco de Paula, núm, 12. — (ídem. 17 
Agosto, 1800). 

— Se vende una magnífica negra de 24 años de edad, de 
hermosa y bonita presencia, excelente lavandera, planchadora 
y cocinera, más que regular costurera, nacida en la casa, acos- 
tumhrada a hnenas maneras con sus amos y particularmente 
con los niños, siempre ha estado en las poblaciones de la Isla ; 
no tiene vicios, tacha ni enfermedades, muy robusta y sana: 
calle de Manrique, niim. 17, impondrán. — (El Siglo, Haba- 
na, 1865). 

— A petición suya se vende un mulato joven, general co- 
cinero, repostero, criado de mano, calesero, buen sastre, sano y 
sin tachas, pero sin acción a redivitoria, según se acostumbra 
hoy en 100 ps. fs. libres: Príncipe Alfonso, núm. 63. — 
(ídem). 

— Dos mulatas jóvenes, juntas o separadas, de 15 y 17 
años, nacidas en poder del que las vende : impondrán en el 
Cerro, calle de Santa Catalina, núm. 14, entrando por la del 
Tulipán. — (ídem) . 

— Por necesitarse dinero, se vende una negra de las mejo- 
res cualidades, cocinera, lavandera, planchadora y costurera, 
de toda confianza, muy fiel y humilde, sana y sin tacha, en 950 
pesos fuertes: impondrán en la casa niim. 64, calle de la Ha- 
bana. — (ídem). 

— Buena ocasión : En el segundo piso de la casa núm. 61 
de la calle de San Francisco, se venden los esclavos siguientes : 

Una mulata de 18 años de edad, recién venida del campo, 
sin vicios malos, resabios y muy dócil, propia para el servicio 
íntimo de una familia : en 500 ps. fs. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 177 



Otra de 30 años, buena cocinera, sana y sin vicios: cohar- 
tada en 500 ps. fs. 

Otra de 35 a 40 años, lavandera y cocinera, sana, siti vi- 
cios y de buenas costumbres, cohartadas en 400 ps. fs. 

Un negrito retinto, criollo, de 16 años, sano, muy Usto y 
entendido en el servicio doméstico y en aptitud de aprender 
las labores del campo, en 500 ps. fs. — (ídem.) 

En una escritura pública de 1575 ( ' ) consta cómo se daba 
posesión ' ' actual y corporal ' ' de los esclavos que se adquirían, 
tomándolos el adquirente por la oreja y mandándoles "lo que 
habían de hacer como cosa suya." 



(1) Otorgada en 18 de Enero de 1575 en la villa de San Cris- 
tóbal de la Habana ante el muy magnífico Sr. Feo. de Avalos, alcalde 
ordinario, referente al primer mayorazgo fundado en Cuba, el de 
Antón Recio. (Véase en El Curioso Americano de M. Pkrez Beato. 
Habana, Mayo-Junio, 1912, pág. 38. 



CAPITULO XI 



suis¿rjA.iexc: el trabajo del esclavo rural 

AFRO-CUBANO. — I. Fué menos cruel que en otros países. — 
Diversa situación de los esclavos. — El esclavo rural. — El "inge- 
nio". — La zafra. — Duración del trabajo del esclavo. — Salida de 
la "dotación". — La "gente" en los campos. — El regreso. — En el 
trapiche. — Dureza del trabajo. 



La esclavitud fué en Cuba lo que en los demás países ame- 
ricanos. Xo fué ten cruel como en otros países, especialmente 
en las Antillas menores; (^) pero tenía en sí misma el horror 



(1) Al menos así lo afirmó en su Ensayo Político sobre la Isla 
de Cuba. pág. 347. A. Humboldt. En cuajito a la mayor crueldad de 
la esclavitud en las Antillas británicas, es testigo un inglés. Véase 
JoHX AuüuSTiXE Walleb. — A voyage in the West Indies. London, 
1820. págs. 90 y 9j.. Y en cuanto a la mayor crueldad de los franceses, 
aunque Pikbre de Vaissiere enfáticamente afirme ( Saint-Domingue. 
París. 1909, pág. 194) que los franceses fueron los más humanos de 
todos los europeos, en ese sentido; es lo cierto que sobran testigos 
de su crueldad refinada, como el propio barón J. L. Vartec, (a) que 



(a) CoUection de Memoires sur les Colonies. — Au Cap Henry. 
1814, pág. 6. 



180 FERNANDO ORTIZ 



de la abyección del ser humano, con toda la gama de sus tris- 
tes consecuencias. 

Pero la esclavitud tenía también sus matices, y la situa- 
ción del esclavo era muy varia, no solamente por el carácter 
del amio, cruel o dulce, sino también por distintos factores 
sociales. 

En líneas generales podemos distinguir, desde el pimto de 
vista de su situación servir más o menos intensa, al escla o 
destinado a las plantaciones, del esclavo dedicado a las faen s 
urbanas y domésticas. 

La esclavitud en los campos era más aflictiva (|ue en las 
poblaciones. En los ingenios de fabricar azúcar, en los cafe- 
tales, en las vegas de tabaco se exigía a los esclavos una labor 
superior a sus energías y se les mantenía en una situación infe- 
rior a la que reclamaban sus escasas necesidades. 

Veamos cómo era la vida del esclavo en el ingenio; pero 
antes tengamos una idea de lo (pie era un ingenio cubano en la 
primera mitad del siglo pasado, para lo cual léase cómo lo des- 
cribe Arboleya en su Manual de la Isla de Cuha: 

"El ingenio de azúcar es la finca más importante de 
la Isla y la mayor de cuantas se destinan al cultivo. Es más 
bien un peíiueño pueblo con grandes límites jurisdiccionales, 
que una hacienda campestre, por la numerosa población, ex- 
tensos edificios y costosos aparatos empleados en la elaboración 
del azúcar. Por de contado (|ue no de todos puede decirse lo 
mismo, pues hay algunos harto humildes, sino de aíjuellos de 
importancia por su extensión y adelantos industriales." 



VaissiekI'; rechaza, y Mokkat dk Saint Mkhy en sus diversas obras 
sobre Santo Domingo. Tratando este autor de la parte española de 
dicha isla, decía: "Los esclavos de los españoles son más bien los 
compañeros de sus amos, que sus siervos." Bastante exagerr.ción ha- 
bía en esta tesis; pero indudablemente se puede decir como otro 
francés: "Los españoles maltrataban menos a sus esclavos que Jo 
que lo hicieron los plantadores de las Antillas y de la América del 
Norte." (b) 



(h) P. Chemix-Dltü.ntks. — Les Petites Antilles. París, 1908. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 181 



i- 

"Los ingenios que se hallan en este caso tienen general- 
mente una buena casa de vivienda que a veces merece el nom- 
bre de palacio, con capilla u oratorio para celebrar la misa : 
casas del mayoral y del maquinista; &nfcrniena u hospital; 
cocina, casa de purga, casa de calderas y trapiche. Todos estos 
edificios, inmediatos entre sí, forman una anchurosa plaza que 
lleva el nombre de hatejj. A él van a parar las principales 
guarda-rayas o caminos (lue en distintas direcciones recorren 
la finca, siendo la principal la que conduce a la talanquera, 
(tranquera) o puerta de entrada en la cerca exterior. Un 
poco separados del batey se hallan los bohíos o habitaciones de 
los negros, formando calles que se cortan en ángulos rectos co- 
mo una pequeña aldea. Los bohíos se van substituyendo por el 
barracón, vasto paralelógramo con tantas habitaciones como 
siervos, las cuales dan al patio interior: cerrada la puerta de 
esta especie de cuartel, quedan aquéllos en completa seguridad 
durante las horas de sueño : el barracón y los bohíos son gene- 
ralmente de manipostería. ^lás adelante se halla el tejar, 
grande edificio con hornos de alfarería destinado a la fabrica- 
ción de objetos de esta clase, y también las casas de bagazo, el 
alambique, la herrería, la carpintería, caballeriza, corral de 
vacas, chiqueros y hornos de cal. " 

' ' Los edificios más notables por su buena y aun bella cons- 
trucción son la casa de vivienda y la enfermería, y por sus 
dimensiones el barracón donde lo hay, y la casa de purga : ésta 
es de planta cuadrilonga y con dos pisos: constituye el alto 
una armazón de madera llena de huecos circulares (furos) en 
que se colocan las hormas (vaso cónico de barro u hoja lata) 
para que escurra la miel : por una pared del costado abierta al 
efecto, salen y entran las gavetas, grandes cajones sobre rue- 
das donde se pone a secar la azúcar^ Hay casas de purga con 
20,000 y más furos. Pero lo que más llama la atención en uii 
ingenio es el trapiche y la casa de calderas. El trapiche es un 
tinglado espacioso en cuyo centro se halla el trapiche propia- 
mente dicho o máquina de moler caña a impulso de la fuerza 
animal, del agua o del vapor. Prescindiendo del aparato motor 
su mecanismo consiste en tres o más cilindros llamados mazas. 



l82 t*ERÑANbO ÓHllZ 



que colocados horizontal o verticalraente ruedan sobre su eje 
exprimiendo en su rotación unos contra otros las cañas pues- 
tas a mano entre ellos: el guarapo o jugo de la caña cae en un 
estanque de donde pasa por una cañería a las pailas. Ya éstas 
pertenecen a la casa de calderas que es lo más interesante de 
un ingenio. Un fuego subterráneo que sólo se percibe por el 
humo y ebullición del guarapo y (jue se desahoga por la torre, 
gran chimenea en figura de obelisco o pirámide truncada, se 
esparce en diferentes grados de calor por debajo de las calde- 
ras embutidas en una armazón de ladrillos: el conjunto de cal- 
deras o pailas por (|ue ha de pasar el guarapo para clarificarse, 
desea chazar se (defecarse) y adquirir el punto de meladura, se 
llama tren, y algunas casas de calderas donde el trapiche es de 
vapor tienen varios trenes. De las últimas pailas llamadas 
tachos se pasa el guarapo a las resfriaderas, donde se bate y se 
empieza a cristalizar: la almíbar (lue en la batición salpica las 
paredes de las resfriaderas cubriéndolas de una costra de miel 
endurecida, es lo (jue se llama raspadura, dulce sui géneris ((ue 
en vano intentaría imitar el más hábil repostero. De las res- 
friaderas se saca la almíbar ya azucarada para llenar las hor- 
mas, y estas se colocan en los furos : no se llenan enteramente 
de azúcar pues se pone sobre esta una capa de barro prieto 
para descolorarla. Las hormas están así expuestas por espacio 
de más de un mes, en cuyo tiempo la miel no cristalizada escu- 
rre por un agujero en la parte más estrecha de la horma (tam- 
bién se llama furo este agujero) y va por cañerías al grande 
estanque de la miel de purga. Pasado ese período se extrae de 
las hormas el pan de azúcar que contienen, blanco por la parte 
más en contacto con el barro, y prieto por el extremo opuesto : 
esta operación se llama aventar. Los panes, ((ue pesan sobre 
arroba y media, se parten a pedazos (jue se separan en tres 
divisiones : los enteramente descolorados constituyen el azúcar 
blanco, los medio descolorados el quebrado o terciado, y los 
prietos el azúcar de cucurucho. Las dos primeras clases se 
echan entonces en las gavetas donde el sol o un calor artificial 
las seca completamente, y cuando ya lo están no hay más que 
envasarlas. ' ' 



LOS UEGfeOS kscLaVos l83 



"Si se quiere hacer azúcar mascahado no se deposita en 
hormas, sino en unas grandes pipas (bocoyes) de 50 a 54 arro- 
bas, que se ponen a escurrir casi por el mismo tiempo sin em- 
plear medios descolorantes. Si sólo se quiere hacer mela- 
do O el guarapo se extrae directamente de la paila respec- 
tiva. Los ingenios en que sólo se hace miel y raspadura se lla- 
man trapiches: la raspadura se elabora en ellos llenando mol- 
des apropósito con miel batida." 

La vida del esclavo en el ingenio era más dura que en las 
vegas y cafetales, por cuanto la perentoriedad de la molienda 
exigía un gran consumo de energías en breve tiempo. 

La zafra azucarera en Cuba se hace desde Diciembre has- 
ta que allá en IMayo o comienzos de Junio, rompen las lluvias 
y el arrastre de la caña se hace imposible. Durante ésta época 
todos los brazos son pocos: el corte de la caña en los campos, 
el acarreo al trapiche y la elaboración del azúcar extraído del 
guarapo, son operaciones incesantes y <iue en. a(iuellos tiempos 
de maquinarias imperfectas reíjuerían innumerables esclavos. 
Las siembras, limpias y operaciones del llamado tiempo muer- 
to eran igualmente penosas, pero menos apremiantes. (-) 

"Siquiera en los cafetales recolectar el café es una 
operación muy sencilla, antes distrae que molesta a los negras, 
es cosa que se hace jugando ha.sta por los criollitos; de noche 
no se vela, se escoge el café un rato, y luego se van a dormir. 
Cuando no están en la cosecha, podar los cafetos y echar semi- 
lleros son todos los trabajos, tan pocos y tan simples en verdad 
que es menester ocupar la negrada en otros que no pertenecen 
al cultivo de aquella planta para no desperdiciar el tiempo, 
como en chapear y barrer las guardarayas, recortar los árboles 
y embellecer los jardines. Mas en los ingenios, quizás porque 
así lo exijan el cultivo de la caña y la elaboración del azúcar. 



(1) Hay una notable diferencia entre la miel de caña o mela- 
do, y la miel de purga. Esta no se usa aquí en los alimentos, sino 
aquella directamente extraída y no purgada. 

(2) AxsELMO Slarkz. — Colección de Artículos. Habana, 1859, 
páginas 196-7. 



184 t'ERÑAÑbO OETIi^ 



las faenas son muy diferentes. Los negros se levantan mucho 
antes de rayar la aurora, y luego no tienen ni lindas guardara- 
yas, ni frescas arboledas, ni olorosos jardines donde trabajar 
a la sombra. Cortar caña, si es tiempo de molienda, al resiste- 
rio del sol durante el día, meterla en el trapiche, andar con los 
tachos y las pailas, atizar las fomallas, juntar caña, acarrearla 
hasta el burro, cargar el bagazo; y por la noche hacer estos 
trabajos en los cuartos de prima y de madrugada al frío y al 
sereno, muriéndose de sueño, porque para diez y nueve horas 
de fatiga sólo hay cinco de descanso ; y, acabada la zafra, sem- 
brar caña y chapear los cañaverales, que es de las faenas más 
recias de un ingenio por la postura del cuerpo inclinado hacia 
la tierra no permitiendo enderezarse los machetes, instrumento 
que regularmente se usa para el efecto ; y todo aguantando las 
copiosísimas lluvias de la estación de las aguas entre el fango 
y la humedad ; he aquí la pintura, aumiue muy por encima, de 
la clase de labores que hay en estas fincas..." 

La esclavitud de los negros subsistía principalmente para 
la zafra. Se verá que sin esa institución social, no había forma 
de obtener los brazos necesarios para la cosecha de la caña y 
elaboración de su jugo sacarino. Y era entonces cuando se 
exigía del músculo esclavo el máximum de su esfuerzo. De 
una parte la necesaria productividad para el amo del trabajo 
del esclavo, y de otra la necesidad de conservar para el amo 
esa máquina humana, tan productiva ; tales eran los resortes 
que movían la vida legal, moral, económica y física del negro 
siervo. 

Como se vé, la condición legal del esclavo afro-cubano era 
mejor que la del afro-francés, en cuanto al trabajo se refiere, 
sometido solamente al capricho del amo ; ( ^ ) pero convengamos 
en que, con sobrada frecuecia, las leyes esclavistas eran entre 
nosotros letra muerta. 



(1) Peytraud. Ob cit., pág. 214. 



Los NEGROS ESCLAVOS 1 S5 



II 

Los esclavos de un ingenio constituían lo que ae llamaba 
su dotación, o la negrada. 

Esta comenzaba el trabajo ant€S de que saliera el sol. 

La cubana Condesa de Merlin (*) resumía así el trabajo 
del esclavo en los ingenios : 

"A las cinco de la mañana el Mayoral llama a las puertas 
de los bohíos y todos se levantan y corren al batei: allí se dis- 
tribuye la tarea del día, y los negros parten guiados por el 
contramayoral o segundo jefe. A las ocho se le da un desayuno 
compuesto de carne y legumbres, a las once y media al sonido 
de la campana vuelven al batei donde se les distribuye una ra- 
ción de carne ya cocida, para ahorrarles este trabajo durante 
las dos horas que se les da para descanso ; la llevan a su bohío 
donde preparan un guisado abundante, mezclado con muchos 
plátanos y sazonado con ajonjolí, además tienen zambumbia a 
discreción. A las dos vuelve la campana a llamarlos a la faena ; 
al retirarse traen yerba para los animales y se reúnen en el 
batei al sonar la oración, allí la rezan de rodillas, vigilados 
por el mayoral. Es un espectáculo grande, imponente y ex- 
traño. ' ' 

"Antes de retirarse la negrada a sus trabajos, (■) lo mis- 
mo al Ave María (lue al Mediodía y a la Oración, se ahila 
formando un semicírculo, los varones a un lado y las hembras 
a otro, delante de la casa del mayoral ; éste se pone de pie en 
el centro, y cuando ha notado los negros que les faltan, opera- 
ción que ejecutan nuestros guajiros con increíble rapidez, le 
intima sus órdenes al contramayoral, que estos chapeen, que 
aquellos corten caña, que tales vayan a la casa de calderas, 
cuales al trapiche, quienes a los secaderos ; y en seguida estalla 



(1) Este cuadro no era exacto. Parece bucólico: otra era la 
vida de la negrada. 

(2) Anskiaco Su.\bez. — Francisco. Novela cubana. New York, 
1880, pág. 41. 



l8tí t^EbNANbO O^tí'Á 



el cuero en el aire, y los despide con un ¡arreen, lijero, que no 
les vea las patas...!" 

De los bohíos y de los barracones de la dotación salían 
unos para los cortes de caña, otros para las casas del ingenio 
donde aquélla brindaba su jugo a la cristalización del azúcar. 

Al salir para el trabajo, se le daba a cada negro su herra- 
mienta, pues los instrumentos de trabajo, (machete, etc.) eran 
guardados en una pieza segura cuya llave no se debía confiar 
jamás a ningún esclavo. ( ^ ) 

En los campos, hombres y mujeres trabajaban juntos, sem- 
brando o cortando la caña de azúcar con sus machetes, ('-) 
(Véanse figs. 10, 11 y 12) como se sigue haciendo en nuestros 
días, por no haber la mecánica agrícola suplido, todavía, el 
brazo humano en esa penosa faena. 

Anselmo Suárez, que nos ha dejado tantos paisajes cuba- 
nos admirablemente descriptos, escribió como sigue, en 1853, 
del corte de caña por la negrada del ingenio. {^) 

"El chirrío de las carretas que cargadas de caña entra- 
ban en hilera en el batey, decidió el rumbo que llevarían nues- 
tros pasos. Las vimos atravesar por el frente de la casa de vi- 
\?ienda, tiradas cada una por dos yuntas de bueyes, con la 
caña hasta la extremidad de las estacas, con los haces de cogo- 
llo arriba, con los carreteros a pie y armados de largas varas 
de aguijar, hasta (jue llegaron en la pila, donde debían ser 
descargadas. ¡ Al corte de caña, al corte de caña ! exclamaron 



(1) Reglamento de Esclavos de 1842, arts. 16 y 17. 

(2) Machete se dice a una arma cortante, cuchillo ancho, a 
veces del largo de una espada, compañero inseparable del campesino 
cubano. Con él se corta la caña. También se acostumbra decir ma- 
chete calabozo, o calabozo solamente al machete corto. Esta palabra 
es de uso antiguo en España. El Diccionario de Autoridades dice así: 
"Calagozo. Instrumento de hierro de podar árboles. Covarrubias lo 
llama calabozo, de calybís. que significa hierro o acero. Cuando va- 
yas al rozo, no vayas sin calabozo." En una memoria del canónigo 
de Sevilla D. Juan de Loaysa, de 1691, se habla de un fraile que 
mató a su prior con un calabozo. (Véase Archivo Hispalense. Sevi- 
lla, T. IV, pág. 133). 

(3) A. SuABEZ. Colección de Artículos, págs. 226 a 230. 



Los NküROS KSCLAV08 



187 



muchos a un tiempo, y al instante nos encaminábamos allá 
siguiendo las huellas (jue en las yerbas y en la tieiTa habían 
dejado las llantas de las carretas." 

"De repente, al entrar en otra guardaraya, divisamos un 
cañaveral «jue casi todo había caído ya al filo de los machetes. 
Sobre la paja se hallaban posadas muchas garzas. Aquella 
paja, de color pálido, formaba lúgubre contraste con el verde 




Fig. núm. l(?.--siEMBRA de caña. {EsUmpa de ¡a época) 

de los cañaverales que la rodeaban. Resbalando aquí, tropezan- 
do allá con las macollas, al fin nos acercamos a los esclavos, 
que desde el alba hasta la noche, exceptuando el tiempo que 
se les da para comer, se ocupan en cortar la caña que han de 
devorar las ma^^s del trapiche, y (jue han de llenar las cajas 
del hacendado." 

"Todos los esclavos continuaban trabajando; pero las 
negras miraban de cuando en cuando para las señoritas, y ha- 
blaban unas con qtras en voz baja como haciéndose observacio- 
nes, y como admirando algunos de sus adornos. El contrama- 



188 



FERNANDO ORTIZ 



yoral, negro también, sonaba el cuero en el aire, y daba gritos 
excitando a sus compañeros a redoblar sus esfuerzos. Vedlos 
asir fuertemente las cañas, separar de ellas en un instante las 
hojas secas y los bejucos, cortarlas de un solo machetazo cerca 
de las raíces, dividirlas en trozos de un mismo tamaño, arro- 
jarlas sobre los otros amontonados alrededor, y no interrum- 
pir nunca siv afanosa tarea. Hombres y mujeres cortan caña. 




Ftg núm lí. - CORTANDO CAÑA. (Oe un dibujo de la ép'ca) 



y a veces alguna de éstas ha abierto en el cerrado cañaveral, 
blandiendo la hoja del poderoso machete con hercúleo brazo, 
un trecho más grande íjue el del negro (jue trabaja a su lado. 
El sudor, a pesar del aire frío que corre, baña sus caras, sus 
hombros y sus cuellos. Cuando no habíamos llegado al corte, 
estaban cantando; ahora no se escucha más (pie el ruido de los 
machetes y los golpes de los trozos de caña al caer sobre los 
otros. Sus vestidos son de rusia ; algunos llevan un chaquetón 
de lana; otros tienen enredada al cuerpo la frazada. Una tira 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



189 



de cuero ciñe el talle de las negras, cuyas cabezas cubren pa- 
ñuelos de cuadro de algodón. Todos están descalzos. Hay una 







negra y un negro <iue porfían a quién trabajará más. Los dos 
son altos, robustos, de formas desarrolladas. El negro vence 



190 FERNANDO ORTIZ 



unas veces, la victoria os en otras ocasiones de la negra. Al cabo 
aquel se ha llevado la palma, porque la ha dejado algunos pa- 
sos atrás; pero su triunfo no encierra nada amargo, y si que- 
réis convenceros de ello, reparad cómo se ríe, y cómo desvane- 
ce el ligero sinsabor de la africana dándole a beber agua en el 
güiro que lleva siempre al campo. ' ' 

"En estos momentos el sol estaba para esconderse. Las 
caras de las señoritas reflejaban sus últimos resplandores, y 
las puntas de las hojas de las cañas, coronadas de güines flore- 
cidos, estaban todavía iluminadas. Ya la alegre comitiva se 
disponía a volver a la casa de vivienda, cuando un negro an- 
ciano comenzó a cantar, y los demás le respondieron estrepito- 
samente. Su voz temblaba en fuerza de los años, como tiembla 
el ácana azotada por el huracán. Oidlo sin embargo, y aunque 
os cueste trabajo el entenderlo, fijad la atención en la letra de 
su canto salvaje. En él manifestaba que había tenido gusto en 
((ue los blancos presenciasen las tareas de los negros, (jue en eí 
ingenio se les daba de comer y vestir bien, (|ue muy pocas 
veces caía sobre sus cuerpos el látigo, que en sus enfermedades 
eran cuidadosamente asistidos, que por estar en la molienda 
comían y bebían toda la raspadura y todo el guarapo (jue ape- 
tecían, (jue se les permitían conucos, (¡ue se les dejaba criar 
cerdos y aves ; pero que no podían resistir las veladas de la za- 
fra, (|ue el sueño los rendía, ([ue durmiendo cargaban caña, 
que durmiendo la metían en el trapiche, (jue durmiendo desca- 
chazaban las pailas, que durmiendo daban punto a las tem- 
I>las, (jue durmiendo batían el azúcar en las resfriaderas, fiue 
durmiendo llevaban las hormas a los tingladillos, (jue dur- 
miendo extendían el bagazo en el batey. Después, con el rostro 
placentero, se aproximó a nosotros, se hincó de rodillas y nos: 
pidió la bendición, y consecutivamente todos los demás fueron 
haciendo lo mismo. Mis amigos les arrojaron algunas monedas. 
Entonces corrieron en busca de sus machetes, y, como si no 
llevasen ya tres meses de molienda, como si hubiesen obtenido 
todo lo que ((uerían, tornaron a cortar caña con más vigor y 
entusiasmo (|ue antes. El anciano cantaba y se reía, y todos 
cantaban y se reían también. Nos manifestaban su gratitud 



LOS NEGROS ESCLAVOS 191 



por las monedas que se les habían repartido, y prometían no 
dar minea motivo para que los azotasen, 'y trabajar contentos 
hasta que el trapiche hubiese exprimido la última caña." 

"En esto regresaron las carretas que cargadas de caña 
habíamos visto entrar en el batey, y que venían a llevar el últi- 
mo viaje. Apenas pudimos presenciar la operación de llenar- 
las otra vez formándose dos tongas con los trozos de caña colo- 
cados horizontalmente hacia el pértigo y hacia la parte poste- 
rior de la cama de las carretas. El sol se ocultaba por un lado 
sobre las fábricas del ingenio vecino, y la luna aparecía por el 
otro en los troncos de las palmas." 

Al obscurecer, los negras macheteros regresaban del corte 
de caña; pero todavía no podían descansar. 

"Cerca de la Oración, al esconderse el sol, cuando ya la 
oscuridad de la noche confundía los objetos, la negrada fué 
a las márgenes del río, que a breve distancia se deslizaba, a 
cortar hierba de Guinea para los caballos, pues aunque de or- 
dinario en la molienda se les lleva el cogollo de la caña con las 
ramas, la copia de aquel pasto, muy más sabroso y nutritivo 
para las bestias, le hizo al mayoral preferirlo. Cada negro cor- 
tó un buen haz. lo ató con bejucos y lo cargó en la cabeza ; 
unos metieron los machetes en él, otros en sus vainas, y las mu- 
jeres los colocaron en la tira de cuero con que se ciñen el talle 
a modo de cinturón ; el contramayoral se colocó el último de 
todos, y en este orden, aglomerados los varones y las hembras, 
los chicos y los grandes, y hablando im guirigay a su manera 
ininteligible, cogieron el camino de las fábricas. Entonces tocó 
el ingenio las campanadas de la Oración, las primeras con es- 
pacio de una a otra, y las restantes sucediéndose con rapidez; 
y así fueron oyendo las campanas de las fincas vecinas, por 
cuyos divereos sonidos conocían de donde eran ; hasta que en- 
traron en el ancho batey, iluminado por la luna. Esta hora 
en cualquiera parte es solemne, en cualquiera hombre despier- 
ta sentimientos que le abaten las alas del corazón ; pero en 
los ingenios, en los ingenios, en los ingenios ¡yo no sé cómo 
explicarme! en los ingenios es menester llorar. No se escucha 
más que los grillos de los negros, los cantos del trapiche, el 



192 FERNANDO ORTIZ 



crugir de las carretas que descargan la caña en la pila ¡ y al- 
gunas veces el chasquido del cuero!" 

Entonces el mayoral repartía en la fila los negros del 
cuarto de prima y los del cuarto de madrugada, "es decir, la 
cuadrilla que debía velar hasta las doce, y la que le reempla- 
zaba hasta el Ave María, donde se ([uedan en los trabajos de 
las fábricas los negros menos fuertes, y los más robustos y 
ágiles vuelven a carretear y al corte. Hay una diferencia muy 
notable entre estos cuartos ; el de prima es mejor que el de 
madrugada ; acostándose los esclavos a las doce cuando les 
acosa el sueño, no padecen ni la mitad (jue a<iuellos que se 
recojen a la Oración cuando no lo desean." 

En el trapiche el trabajo era abrumador a todas horas. 
(Véase fig. núrn. 13.) 

Véase la pintura maestra (lue de él nos legó Anselmo 
Suárez : 

"Una noche desde el colgadizo de la casa de vivienda mi- 
raba para el batey iluminado por la espléndida luna de nues- 
tra patria, y por donde iba y venía a intervalos el carretón 
del bagazo. Las canciones de los negros del trapiche, el ruido 
de la máfjuina de vapor y los gritos del contramayoral llega- 
ban claramente hasta allí. A alguna distancia de las fábricas 
percibía el grupo de los bohíos. La casa de purga estaba cerra- 
da; pero en la de calderas y en la de trapiche aún no habían 
terminado los trabajos. Junto a la pila de caña, parte acumu- 
lada en los colgadizos y parte formada en el batey, estaban 
varios negros juntando la que los cargadores habían de llevar 
en hombros hasta el burro. Unas veces corrían, otras andaban 
despacio, a ocasiones casi no se distinguían, a ocasiones los 
acompañaban risas y algazaras. Apenas alumbrada por las 
farolas la casa de trapiche, los negros que acarreaban la caña, 
los (|ue la metían en los cilindros, el contramayoral y el ma(iui- 
nista parecían de lejos más bien fantasmas (|ue seres humanos. 
Sobre el tejado de la de calderas se extendían ondulantes y 
negras columnas de humo (|ue brotaban de las torres, y cuyas 
chispas, volando con la brisa, se apagaban luego de súbito." 

"Muchas ocasiones a esa hora he ido a la casa de trapi- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



193 



che, y en ella, ora apoyado en la baranda, ora sentado en una 
silla de cuero, me he pasado largo espacio mirando los traba- 
jos. Aquella noche fui también. Los negros, en cuanto me 
vieron salir del colgadizo y encaminarme hacia ellos, se lo 
comunicaron de unos en otros hasta los de la casa de calde- 
ras, y sus cantares, bañados entonces de júbilo, animciaban. en 
letra grosera pero sentida, el placer de ver llegar al amo. Pasé 
por el lado de los juntadores y crucé por entre los calcadores 
de caña para ir a colocarme cerca de las mazas. El burro estaba 




Fig. núm 13.— TRAPICHE PRIMITIVO. iDibajodeF. Hea»res) 

vacío al llegar yo ; la voraz máquina de vapor, a manera de un 
monstruo fabuloso, tragaba rápidamente cuanta caña arroja- 
ban los metedores a los largos y relucientes cilindros. Los me- 
tedores golpearon en el burro, los cargadores oyeron el ruido, 
el contramayoral estalló el cuero, y en un momento el burro 
estuvo lleno, y los cargadores entonces, riéndose en son de 
mofa, amontonaban la caña en el suelo. La máquina bramaba, 
sus ruedas giraban con menos velocidad, las mazas, repletas 
de caña, retardaban su rotación, crujían los guijos, y los meté- 



is 



194: FERNANDO OBTIZ 



dores eran salpicados por chispas y chorros de guarapo. Los 
brazos y el pecho de éstos, empapados en sudor, brillaban a la 
luz de las farolas ; su incesante movimiento de arrojar monto- 
nes de caña a las mazas fatigaba sólo de verlo, y aunque pare- 
cía que después de tantas horas de faena no debieran ya tener 
fuerzas para respirar siquiera, todavía conversaban entre los 
dos, todavía pedían más caña, todavía mezclaban sus roncas 
voces a las canciones de los demás. ' ' 

"Miraba a los negros subir y bajar de la pila de caña al 
trapiche, miraba para la casa de calderas, y entre el blanco 
vapor de las pailas y los tachos que llenaba el aire de una deli- 
ciosa fragancia, distinguía el espumoso guarapo semejante a 
oro derretido; miraba brillar el azúcar de las resfriaderas; 
miraba las gruesas vigas y los robustos horcones que forma- 
ban aquellas casas de colosales dimensiones; miraba girar las 
ruedas de la máquina, moverse tantas piezas con admirable 
concierto, el vivísimo fuego que la alimentaba, el maquinista 
sentado cerca ; y sin querer mis pensamientos se fijaron en lo 
pasado y en el porvenir. No hacía muchos años que en mi pa- 
tria casi todos los trapiches eran movidos por bueyes ; las cose- 
chas de los ingenios apenas pasaban de mil cajas ; la superficie 
de una de estas fincas no se componía de gran número de 
caballerías de tierra ; las negradas, comparadas con las de mu- 
chos ingenios de hoy, eran escasas. ' ' 

No es menos vivida la pintura de Cirilo Villaverde en 
Cecilia Valdés: 

"Alumbraban el trapiche unas fogatas que habían encen- 
dido los negros, no tanto para obtener claridad en aquel 
ancho y tenebroso edificio, como para calentarse ; pues se 
sentía un relente desapacible y ellos carecían de abrigo, excep- 
to el gorro de lana que algunos llevaban puesto. Ruidos dis- 
tintos y gran batahola reinaban por todas partes. Hombres y 
mujeres pasaban y repasaban del tablero de alimentación del 
trapiche a las pilas de cañas, ya con los brazados a la cabeza, 
ya de vacío, según era el caso; todos siempre de carrera, esti- 
mulados por el látigo del contramayoral, que no les concedía 
jTipmpntí? de descanso i^i de respiro. En sus idas y vepídftS, 



LOS NEOBOS ESCLAVOS 195 



pasaban lo más cerca que podían de las fogatas, así para ati- 
zarlas con el pie, como para recibir de lleno el calor, en cuyas 
ocasiones la llama rojiza, cual siniestro relámpago en medio 
de una noche tempestuosa, solía iluminarlos de pies a cabeza, 
con lo que se podía echar de ver que eran seres humanos y no 
fantasmas de las regiones infernales, quienes desempeñaban 
tan recias faenas en horas que la mayoría de los obreros se 
entrega al sueño. ' ' 

"En esta parte de la casa de calderas, no se oían, pues, 
más que los estallidos de los ramos verdes y del bagazo toda- 
vía húmedo con que los negros alimentaban el fuego, o el 
crugido de los haces de caña al pasar por entre los cilindros 
macizos y relucientes del trapiche, o el zumbido sordo, pecu- 
liar, del volante de la máquina de vapor en sus vertiginosos 
giros. Con este afanoso trabajar, desaparecían una tras otra 
las pilas de caña, especie de murallas verdes, que al principio 
circunvalaban casi la casa de ingenio ; de suerte que la corrien- 
te del guarapo en la canal de madera, hacía el mismo murmu- 
rio que un arroyuelo ordinario." 

"El departamento propio de las calderas estaba pobre- 
mente alumbrado por unos cuantos candiles de grasa común 
colgados a trechos de las gruesas vigas, en derredor del labo- 
ratorio o tren jamaiquino. Más huíno que luz emitían, soltando 
de cuando en cuando gotas de grasa encendidas, que se apa- 
gaban luego que tocaban en el suelo de ladrillos. Por su parte, 
el vapor que desprendía la miel en cocimiento, cargaba más 
la espesa atmósfera de aquel sitio, disminuyendo a compás la 
poca fuerza luminosa de los candiles. De tal modo era esto así, 
que pisando el suelo caliente y pegajoso de las calderas, por 
largo rato las personas recién venidas sólo veían a los fabri- 
cantes del azúcar como a través de un espeso velo de gasa. A 
veces un rayo de luz penetraba la nube de humo y vapor, hería 
el busto de los negros y del maestro de azúcar afanados en 
torno de las calderas; y entonces se repetía aquí al vivo uno 
de aquellos cuadros en que suelen representar a las ánimas 
del pui^a torio." 

pe estos trabajos del trapiche, el más recio, como decí^ 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



197 



A. Suárez, era el de "meter combustible en las fomallas de 
las calderas en que se elabora el azúcar ; los negros prácticos y 
experimentados en ese ejercicio no lo extrañan casi nada ; ha- 
bitúanse al calor del fuego, adquieren una destreza extraor- 
dinaria en alimentarlo, resguardando al mismo tiempo su 
cuerpo, y entienden perfectamente el idioma de los maestros 
de azúcar, que desde arriba junto a las pailas, donde se puri- 
fica el guarapo, y cerca de los tachos donde comienza la cris- 




Fíg. núm. í5. — F.NVASAXLX) azi-car [be ¡a época) 



talización del azúcar, mandan la maniobra, señalando, por sus 
gritos a los negros, la cantidad de fuego y el lugar en que lo 
quieren; un hmzado, a la boca, templadito, apriétale, para la 
ma)w. mete para adentro, que se duerme, he aquí algunas de 
las frases que se usan comunmente por los maestros de aziicar. 
El calórico que despiden las fornallas es intenso, y háse me- 
nester toda la fortaleza y maña de los negros que tienen el 
ejercicio de entretenerlo, para no derretirse; según la expre- 
sión de un célebre y desgraciado novelista americano (^), pare- 
cen las bocas de un monstruo voraz que jamás se sacia, y (¡ue 
siempre está hambriento. ' ' 



(1) Maynard. 



198 frEftííAIÍDO OÍlfí¿ 



A pesar de lo expuesto no faltaron quienes para defender 
la posibilidad de los grandes cultivos en Cuba con jornaleros 
blancos, sostenían que el trabajo en los ingenios no era abru- 
mador. Así contamos a J. A. Saco O que escribía: 

' ' Dureza del trabajo de los ingenios : 

' 'Este trabajo debe dividirse en dos partes : agrícola, o sea 
el cultivo de la caña ; e industrial, que consiste en el conjunto 
de las operaciones necesarias para la elaboración del azúcar. 
La primera es un trabajo igual a muchos, y aún más fácil que 
otros de los cultivos en que se ocupa la gente blanca en Cuba : 
y el hecho más victorioso que se puede alegar es, (jue no sola- 
mente hubo, desde los tiempos pasados, sino que también hay 
hoy, muchos labradores blancos dedicados a sembrar, cortar y 
vender esa misma caña, para el consumo abundante que de 
ella se hace en todos los pueblos de la isla, donde se come como 
cualquier otra fruta. Ninguno que conozca el arte de la fabri- 
cación del azúcar, se atreverá a decir que es tan penoso como 
se le supone, pues la decantada dureza de sus operaciones 
más bien procede del abuso que algunos hacen recargando de- 
masiado a los esclavos, que de su difícil naturaleza. ¿Habrá 
quien pueda negar que las herrerías, la construcción de cami- 
nos, puentes y canales, la preparación de ciertos productos 
químicos, la explotación de las minas, etc., son trabajos mu- 
cho más recios que la elaboración del azúcar?" 

No se equivocaba Saco. La dureza del trabajo en los inge- 
nios, era la dureza del tratamiento a los esclavos. El trabaja- 
dor libre no habría de experimentarla como el trabajador 
esclavizado. 

Reconozcamos también que en aquellos tiempos, la maqui- 
naria no suplía todavía en el grado que ahora al trabajo ma- 
nual y que ciertas operaciones industriales de labor ruda, hoy 
han sido absorbidas por las máquinas. 

El trabajo del esclavo era en verdad abrumador y capaz 
de destruir en poco tiempo el más férreo organismo africano. 



(1) La supresión del tráfico de esclavos africanos en la Isla de 
Cuha. Madrid. 



Los ÑEGKOS ESCLAVOS 199 



El reglamento de esclavos, promulgado en 1842, por el bando 
del capitán general Valdés, disponía que normalmente traba- 
jasen los esclavos durante diez horas diarias, distribuidas 
según le pareciera al amo; pero durante la zafra podían ser 
obligados aquéllos a trabajar dieciseis horas al día, concedién- 
doseles seis horas para dormir durante la noche y dos para 
descanso por el día. (^) Las demás horas y días festivos que- 
daban libres para el esclavo, (-) con el fin de que, como decía 
el bando con bondadosa expresión, pueda adquirir peculio y 
proporcionarse la libertad. 



(1) Disponía también el citado bando que por la noche, una 
vez concluido el trabajo, se debía instruir a los esclavos en los dog- 
mas religiosos y hacerlos rezar el rosario. ¿No era esto hasta sar- 
cástico? 

(2) Menos dos horas destinadas a la limpieza de las habitacio- 
nes, maquinaria, etc. 



CAPITULO XII 



s\ji^a:rxo: el trabajo del esclavo rural 

AFRO-CUBANO. (Continuación). — I. Trabajo de los negritos en 
los ingenios. — El de las mujeres. — II. La habitación de los es- 
clavos. — El "barracón". — Los "bohíos". — III. La "esquifa- 
ción". — IV. La alimentación. — V. La figura del mayoral. 



La edad infantil no eximía siempre del trabajo. 

Townsend, (M visitando un ingenio, vio lo que sigue: 

"En la puerta de la fábrica había de 50 a 60 negritos de 
ambos sexos y de seis a doce años ocupados en echar caña al 
elevador que la llevaba al trapiche para ser triturada; las ca- 
rretas iban y venían con su carga de caña. Estos pobres niños 
bajo el sol ardiente y sometidos a un trabajo mortal, volvían 
la mirada hacia un foete de cuero (jue blandía un negro sobre 
aquéllos, si querían descansar o comer un trozo de caña." 

En 1842 (-) tratóse de regular algún tanto la vida de los 
negritos esclavos, mediante varias disposiciones legales. Estas 
decían : 



(1) Cita de J. Cooper. Un Continent perdu. París, 1876. 

(2) Reglamento de Esclavos. Arts. 8 a 11. 



20á FERÑANbÓ Oittl^ 



''Artículo 8. — Los negros recién nacidos o pequeños, cuyas 
madres vayan a los trabajos de la finca, serán alimentados con 
cosas muy ligeras como sopas, atoles, leche u otras semejantes, 
hasta que salgan de la lactancia y de la dentición. 

"Art. 9. — Mientras las madres estuvieren en el trabajo, 
quedarán todos los chiquillos en una casa o habitación que 
deberá haber en todos los ingenios o cafetales, la cual estará 
al cuidado de una o más negras que el amo o mayordomo 
crea necesario según el número de aquéllos. 

"Art. 10. — Si enfermasen durante la lactancia, deberán 
entonces ser alimentados a los pechos de sus mismas madres; 
separando a éstas de las labores o tareas del campo, y aplicán- 
dolas a otras ocupaciones domésticas. 

"Art. 11. — Hasta que cumplan la edad de tres años debe- 
rán tener camisillas de listado, en la de tres a seis podrán ser 
de coleta ; a las hembras de seis a doce se les darán sayas o 
camisas largas, y a los varones de seis a catorce se les provee- 
rá también de calzones, siguiendo después de estas edades el 
orden de los demás." 

Cuando el amo aparecía, los negritos tenían que arrodi- 
llársele, pidiéndole ¡la hendición! (Véase la fig. 16, de la 
época). 

También las mujeres trabajaban en las plantaciones, dan- 
do al amo todo el jugo de sus energías, (Véase la fig. 17). En 
los primeros siglos de la trata no eran muy numerosas las es- 
clavas hembras en los ingenios, como dice Saco (^) en una de 
sus obras : ' ' Grande había sido desde épocas anteriores, la resis- 
tencia de los hacendados para introducir negras esclavas en sus 
ingenios, y esto provenía de tres causas : 1" la facilidad con que 
se sacaban esclavos de las costas africanas, y el error de los ha- 
cendados en creer que el tráfico nunca habría de sufrir altera- 
ciones. 2? Que los moralistas de aquel tiempo consideraban 
como escandaloso tener en sus haciendas negros de ambos se- 



(1) Historia de la Esclavitud de la raza africana en el Nuevo 
Mundo y en especial en los países hispano-americanos. Habana, 1893. 
Tomo II, pág. 38. 



Los ííÉOROS ESCLAVOS 



^03 



xos que no fuesen casados: mientras que, según la expresión 
de im ilustrado cubano (') no escrupulizaban en condenar a los 
varones a perpetuo celibato. Los únicos que se apartaron de 
tales ejemplos fueron los monjes Belemitas, pues admitieron 
negras en su ingenio de Baracoa, casándolas con sus negros. 
3- y última consistía en la mayor aptitud de los varones para 
el trabajo porque las mujeres, además de ser en general me- 




Fig BÚm. Í6— NEGRITOS PIDIENDO LA BENDICIÓN AL AMO 

{Dibujo de U época) 



nos fuertes para las tareas de un ingenio, principalmente en 
aquellos tiempos, están sujetas a todos los inconvenientes del 
embarazo, de los riesgos del parto y de la crianza de los hijos. ' ' 
Desde antiguo sintióse la necesidad en Cuba de traer 
negras de África. Ya en 5 de Mayo de 1528 los procuradores 



(1) Representación que por encargo del Ayuntamiento, Consu- 
lado y Sociedaa Patriótica de la Habana, hizo con este motivo el 
Alférez Mayor de aquella ciudad D. Francisco Araxgo y Pabreño, 
y se elevó a las Cortes por los expresados cuerpos. Impresa en Ma- 
drid en la colección de Documentos sobre el tráfico y esclavitud de 
los negros. — Madrid. Imprenta de RepuUes, 1814. 



^04 



FERNANDO ORtíÜ 



(le los cabildos de las ciudades fundadas en Cuba, suplicaron 




Fi^. núm. i7. -esclava con su hijo en el trauajo. (Oleo de Landaluee) 

al rey el envío de hembras, (^) pero a comienzos del siglo pasa- 



(1) Saco. Hist., etc. T. I, pág. 144, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 205 



do experimentóse con mayor premura la necesidad de traer 
mujeres de África para que en nuestros campos convivieran 
con los negros. El economista cubano Arango y Parreño fué 
quien más luchó en ese sentido tratando así de moralizar la 
vida del esclavo y de lograr un aumento de la población escla- 
va por la reproducción natural. Sus gestiones recibieron la 
enemiga cruel de los hacendados. Saco cuenta estas gestiones 
de Arango, el cual hubo de referirle como "hallándose en 
Jamaica a fines del pasado siglo xviii, convocó a una junta 
a todos los comerciantes y demás vecinos de Cuba que se ha- 
llaban a la sazón en aquella Isla. Era su objeto manifestarles 
la utilidad que se obtendría introduciendo en Cuba negras es- 
clavas, pues además de moralizar a los varones por medio de 
los matrimonios que contrajesen se aumentarían los esclavos 
con los hijos que nacieran. "Creí, me dijo, cubrirme de gloria 
aí|uel día ; pero mis oyentes apenas comprendieron el objeto 
de mi discurso, <|ue todos me interrumpieron con gritos e inju- 
rias, obligándome a retirar de la sala en que les hablaba.'' 

"Xo por eso se desalentó aípiel ilustre patricio. El consu- 
lado de la Habana, de cuya Corporación era Síndico y el hom- 
bre que todo lo manejaba, celebró el 1" de Agosto de 1795 una 
junta, a la que además de los vocales natos asistieron como cin- 
cuenta de los principales vecinos de la Habana ; y en ella pro- 
puso Arango que para asegurar la propagación de los esclavos, 
se exhortase a los hacendados a introducir en sus fincas hasta 
un tercio de negras; y que para facilitar su importación, se 
las eximiese de todo derecho, mientras que a cada varón se 
impusiese el de 6 pesos a imitación de los ingleses. 

"En otra junta habida en 12 del mismo mes, y a la que 
asistieron los miembros del Consulado y dieciocho de los prin- 
cipales vecinos de la Habana, encontró fuerte oposición el pen- 
samiento de imponer im derecho a la introducción de negros 
varones, y mucho más la proposición que se sustituyó por el 
mencionado Arango de establecer una capitación proporcional 
sobre las haciendas que no tuviesen una tercera parte de hem- 
bras. La pluralidad de votos se inclinó a no ser conveiiieute 
que se emplease para la propagación de los esclavos criolloa 



206 FERNANDO ORTIZ 



medio alguno restrictivo, puesto que habían nuestras leyes pro- 
visto suficientemente la libertad que tenían los esclavos de ca- 
sarse cuando les pareciese. 

"Celebróse otra sesión en 9 de Diciembre de 1796, en la 
que se nombró a D. José Ricardo O'Farrill y Dr. D. Antonio 
Morejón en calidad de diputados para proponer los medios más 
suaves y conducentes para conseguir la reproducción de negros 
en el campo. Esta diputación dio cuenta de su trabajo en 23 
de dicho mes, proponiendo tres medios : 

"1" Que se impetrase del Soberano la gracia de que no 
adeudase alcabala la venta de los negros del campo. 

"2" Que el amo de negro del campo casado con esclava 
de otro sea obligado a venderlo por tasación siempre que el 
dueño de la esclava lo quaisáere comprai*, contando tam- 
bién con la voluntad del negro, y entendiéndose con el amo 
del negro que no tenga un tercio de hembras en su hacienda, 
y también cuando el amo del negro no le permite casarse." 

"3" Que la Junta Consular estuviese atenta a la propa- 
gación de criollos en las haciendas y recomendase al Rey a los 
vecinos que más se distinguiesen en el buen establecimiento 
de hembras en sus haciendas, tanto por el número 'de matrimo- 
nios que tenga, como por el mayor fruto que logre de ellos." 

"Estas proposiciones encontraron igual oposición que las 
anteriores. 

"Cuatro años corrieron sin que de este asunto se hubiese 
vuelto a tratar en aquel Consulado; mas renovóse con la re- 
presentación de 10 de Julio de 1799, elevada al Gobierno Su- 
premo, y en virtud de la cual se expidió la mencionada Real 
cédula reservada de 22 de Abril de 1804. Esta solamente se 
cumplió en la parte relativa a la libertad del tráfico, pues el 
jefe de la Isla jamás tomó ninguna providencia para introdu- 
cir negras en las haciendas." (^) 

Por esta Real Cédula se ordenaba, entre otras cosas, que 
en los ingenios y haciendas donde sólo hubiese negros, se pu- 
siesen también negras, limitándose el permiso para introdq» 



(1) Saco. Loe. cit., págs. 39 a 4X, 



LOS NEOROS ESCLAVOS 207 



cir negros en esas fincas a ese solo sexo, hasta que estuvieren 
casados todos los negros que lo desearan. Esta disposición real 
fué comunicada con reserva, a las autoridades de la Isla, según 
en ella se dice: ''para evitar los inconvenientes que podían 
resultar si los negros, enterados de ella, intentaban exigir de 
pronto su cumplimiento. ' ' Pero, como se ha visto, no fué cum- 
plida. 

Andando el tiempo, el egoísmo de los hacendados fué de- 
mostrándoles cómo la entrada de hembras en las plantaciones 
les era ventajosa ; especialmente cuando, después de iniciada 
la restricción y represión de la trata, se hizo más y más difí- 
cil la importación de nuevos cargamentos de ébano. 

Al mediar el siglo ya se encuentran negras esclavas en 
todas las haciendas, compartiendo las rudas faenas agrarias. 

Anselmo Suárez, condensa la situación de ellas en estos 
párrafos : 

"Te hablaba de las negras, de las negras, que mientras 
sus novios y maridos y sus padres y hermanos y parientes 
duermen en la tarima o a la sombra de los árboles, siguen las 
pobres sus quehaceres, desde la muchacha que empieza a sus- 
pirar con el machete o el azadón en la mano hasta la tierna 
madre que oye en torno suyo el llanto de los crioUitos. Esas 
negras puede decirse que no descansan ni los domingos ni los 
días de fiesta, esas negras parece que son hechas de hierro, 
porque no dormir más que cinco horas durante la molienda, 
levantarse cuando aun no piensan en lucir los primeros res- 
plandores de la mañana, y estarse metidas, sin más tregua que 
el rato del mediodía en que vienen a comer a las casas, entre 
los cañaverales tumbando caña al sol, al sol derretidor de los 
trópicos, y en medio de esto, si cae un aguacero, aguantando 
agua, y en invierno, el frío, que en el campo y a los africanos 
penetra hasta los huesos, y luego el domingo y los días de fiesta 
dar de mamar al hijo, lavar y coser la ropa, guisar la comida 
¡ yo no sé, yo no sé cómo tienen resistencia para tanto ! Y con 
todo, amigo, ¿lo creerás? andan siempre alegres, el rostro pla- 
centero, no tienen aquella gravedad que tienen de ordinario 
Iqs negros, j rara ye^ se Jas ve desesperadas quitarse la vi4a 



208 



FERNANDO ORTTZ 



ahorcándose. Por esto dicen los mayorales que las negras son 
de más resistencia y de más constancia en el trabajo que los 
hombres, y lo atribuyen a ser de mejor temple su naturaleza 
física; pero los mayorales, como es natural, no pueden pene- 
trar el fondo de las cosas. Por lo que a mí hace, cuando veo 




Fig. núm. Í5. -VIEJA esclava preparando comida (Futosrafia de la énoca) 



(|ue a las negras no les falta nunca el tiempo para sus hijos, 
sus esposos y sus padres, por muy largas y recias que hayan 
sido sus faenas ; cuando las veo peinándose trenzas y moños los 
días de descanso en lugar de acostarse como los negros a dor- 
mir, engalanarse con túnicos de zaraza, con pañuelovS de vaya- 
já, con collares de cuentas de vidrio de vivos colores, y estar 



LOS NEGROS ESCLAVOS 2^9 



siempre prontas a reir y a cantar y a bailar, busco la causa en 
otra fuente muy diversa. ' ' 

El art. 14 del Reglamento de esclavos, dispuso: 
" Art. 14. — No podrá obligarse a trabajar por tareas (^) a 
los esclavos varones mayores de sesenta años o menores de diez 
y siete ; ni a las esclavas, ni tíimpoco se emplearán a ninguna 
de estas clases en trabajos no conformes a su sexo, edades, 
fuerza y robustez." 

Las esclavas, sabían preparar la comida de los esclavos, y 
así ocurría siempre en las plantaciones en que los siervos reci- 
bían cruda su ración. Junto a los barracones y bohíos las ne- 
gras viejas dirigían la cocina, pilaban como en África el maíz, 
confeccionaban sus platos nacionales, el quimhomió, el calalú, 
el ccó, etc. (-) (Vea use figs. 18 y 19.) 



II 



Las habitaciones de los negros en el ingenio eran de dos 
clases: el harra<;ón y los hoMos. 

El barracón era, generalmente, un vasto paralelógramo 
construido de mampostería y teja. En el centro un patio ro- 
deado de un colgadizo al cual daban las salidas de los diferen- 
tes departamentos existentes en los cuatro lados del edificio. 
Del exterior se entraba (Véanse figs. 20, 21 y 22) generalmente 
a un pequeño zaguán atravesando una amplia puerta en el 
centro de la cual había una especie de torniquete formado 
por un madero vertical que giraba alrededor de dos ejes, afir- 
mados respectivamente en el dintel y en el umbral, y que lleva- 
ba atravesados en cruz por el centro dos palos cuyo largo 
alcanzaba aproximadamente el ancho de la puerta : cuyo apa- 
rato tenía dos funciones : la de facilitar el conteo de los escla- 
vos al entrar y salir del barracón y la de impedir la entrada 
de caballos al interior del edificio. 



(1) Fuera de tareas, sí que tenían que trabajar. 

(2) En un libro futuro de esta serie trataré con más amplitud 
este tema de la cocina afro-cubana. 



it 



210 



FERNANDO ORTIZ 



En este zaguán estaban a la derecha las dos habitaciones 
del negro contramayoral y de su familia, a la izquierda la ha- 




Fig. núm. Í9.— VIEJA esclava pilando maní. J(Fotignfii]d! Ii épj^a) 



bitación donde estaba el cepo. De él se pasaba al patio interior 
por otra puerta enrejada por fuertes barrotes de hierro, ante 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



211 



los cuales un hombre armado vigilaba de noche la seguridad de 
los esclavos encerrados. ( ^ ) 

El patio estaba rodeado de un colgadizo del cual se entra- 
ba a varios departamentos : uno para hombres, otro para mu- 
jeres, (^) otro para colonos chinos semiesclavos, otra para los 
cuadrilleros de los chinos, otro para las doncellas negras, amén 
de un inmundo cuartucho donde los habitantes del barracón 
se refugiaban para sus más ocultables necesidades. 

Pequeñas y herradas ventanas daban luz a las habitacio- 




Fig. núm- 20.— BARRACÓN de esclavos en vn ingenio. {Dibojo del natural) 

lies. En el centro del patio había un pequeño colgadizo cua- 
drado, bajo el cual estaba la cocina y, a veces, el brocal de un 
pozo. En algunos bairacones, había varias habitaciones altas 



(1) O'Kelly, citado por Labra. La ahoUción de Ja esclavitud 
en el orden económico. Madrid. 1873, pág. 441. 

(2) Aunque Arboleya dijera que cada siervo tenía su habita- 
ción en los barracones, esto no era así. Precisamente el art. 25 del 
Reglamento de Esclavos de 1842, decía: "Los amos cuidarán con el 
mayor esmero de construir para los esclavos solteros habitaciones 
espaciosas en punto seco y ventilado con separación para los dos 
sexos y bien cerradas y aseguradas con llave, en las cuales se man- 
tendrá una luz en alto toda la noche; y, permitiéndoselo. sus faculta* 
fies, harán una habitaeióu aislada para eada matrimonio.'" 



212 



FERNANDO ORTIZ 



para el mayoral, único blanco que en él moraba ; pero general- 
mente vivía fuera. 

Así los describe en 1875 un viajero, que los visitó: "Los 
barracones son edificios de ladrillos de un solo piso, forman- 
do una plaza cerrada por dobles rejas de hierro. Cuando 
entramos, dos perros de talante poco conciliador vinieron 
ladrando hasta nosotros; pero habituados a no morder más 




Fig. núm. 21 - puerta de un barracón de esclavos 



que a negros no nos inquietaron. Los cuartos de los esclavos 
daban al patio, con puertas de fuertes barrotes y cerrojos. A 
través de ellas vimos habitaciones de catorce pies cuadrados, 
las más asquerosas que se pueden imaginar : las paredes ne- 
gras, la tierra húmeda y malsana, la luz y el aire entrando so- 
lamente por la puerta... 



los Kegkos esclavos 



213 



"Por todas partes inmundicias y podredumbre; en cada 
una de esas habitaciones vive una familia entera, mil veces 
más desdichada y degradada que las bestias de los campos." (^) 



^ =; ^^tt!s ^^ ^.■A^VJa ■a-v.\vas» ? s?t^.VMl ^ H^aRV-'^^^^^ R^v^'^V^V^y^ K&Sl^syiVi^WW'SS^ IB 



; '}»>»)»}}}»»»»)»» -~ 



10 



10 



\ •— 


• i\ 


» 1 


lool 


> O 




©« 

k i 




-> • • \ 



» kvwvvwvwvw^vv -; 



• B 



10 




üt- nÚffl. 22.— PLAXO DE UX BARRACÓN DE ESCLAVOS DE UN INGENIO 
ES PLICA CION 

8 Departamento de enfermería. 

9 Cuarto escusado 

10 Colgadizos laterales. 

11 Colgadizo central. 



1 Habitación del contramayoral 

2 Habitación del cepo 

3 Departamento pmra esclavos. 

4 Departamento para colonos chinos. 

5 Departamento para esclavas. 

6 Habitación de cuadrilleros de los chinos. 

7 Habitación de esclavas doncellas. 



15 Puerta con reja 



12 Pozo. 

13 Cocina. 

14 Puerta con torniquete. 



(1) E. Tbench Towxsexd. L.a vie sauvage en Florida et une visi- 
te a Cuba. Cita de J. Coopeb. Un Continent perdu. París, 1876, pág. 77, 



214 í'EiíNAÍíiJO ÚÜttó 



Por lo común el barracón se situaba cerca de la casa del 
trapiche, y más lejos de la casa de vivienda ; y según un escri- 
tor se colocaban a sotavento de la misma para impedir que 
hasta la casa de los amos llegaran así los malos olores, como 
laí? llanms de un incendio, cosa no ciertamente rara, acaso 
porque los esclavos dormían manteniendo viva durante la 
noche una hoguera. 

En lo alto del barracón, o cerca de él, estaba, en fin, la 
campana que ordenaba las horas de las faenas. 

Mejor estaban los esclavos que vivían aisladamente en ca- 
sas separadas, en hohíos, cuyo conjunto a veces recibía también 
el nombre de harracmies. Estas son supervivencias de las ha- 
bitaciones precolombinas, que aún usan nuestros campesinos. 
En las haciendas las habitaban los negros casados, por lo co- 
mún. Véase la siguiente bella descripción que de ellas hizo 
Anselmo Suárez en uno de sus interesantísimos artículos: 
"En algunas fincas los hay de manipostería y t«ja; mas 
ahí no ha dominado seguramente otro móvil que el lujo o el 
tener más sujetos a los esclavos, por(|ue en general, si los hacen- 
dados hacen tan grandes y costosas las demás fábricas, nu 
sucede lo mismo con los bohíos. En vez de trazarlos en calles 
formando un cuadro u otra cualquier figura simétrica, dejan a 
los negros levantarlos en el lugar que a cada cual se le antoja ; 
y menos buscan albañiles y carpinteros que los fabriquen, si no 
de mucho costo por ser innecesario, con alguna belleza aunque 
fuera. Los días de fiesta son los que se conceden a los negros 
para hacer sus bohíos, porque en los de trabajo sólo tienen lu- 
gar jDara comer al mediodía la ración, y para acostarse a dor- 
ifiir por la noche en cuanto llegan del campo. De suerte que 
hoy abren los hoyos y clavan los horcones, de allí a ocho días 
cruzan los cu jes, y al cabo de otros tantos cubren con yaguas 
y con guano las paredes y echan la cobija; y es de figurarse 
cómo les saldrá la obra cuando a la prisa que se dan por con- 
cluirla y a lo malo y escaso de. los materiales se agrega la rusti- 
cidad propia de los esclavos. La figura de los bohíos es por lo 
regular un cuadrilongo, si bien imperfectamsente trabado, 
con el techo de dos aguas, que es el que más se usa en todas 



ros NEGRC'S ESCLAVOS 



ál5 



las casas del campo, y muy bajos de puntal, por lo que dice a 
las paredes, pero subiendo desde éstas al caballete. Después 
que entierrau los horcones y entrelazan los cujes, sean dere- 
chos o torcidos, lisos o ñudosos, y unos más largos y más grue- 
sos que otros, desaliño en que poco se diferencian de los gua- 
jiros, y después que arman el esqueleto de arriba, comienzan a 
cobijar y a tapar las paredes. Pero esto último no lo hace 
solamente con sus ahijados y amigos el amo del bohío ; enton- 
aes se reúnen todos los negros de la finca, y lo ayudan, cantan- 
do alegres tonadas, riéndose y alborotando con la más estre- 
pitosa algazara cual si fuera para ellos im día de fiesta. 

''El repartimiento de las piezas es uno mismo en todos. 
Cojnpónese de una sala pequeña y un cuarto más pequeño 
todavía sin contar con el que hace los oficios de gallinero ; y ?i 
se <(ují*re saber por qué éste se halla dentro del bohío, fácil es 
explicarlo en vista de los frecuentísimos robos de unos negros 
a otros, robos que no bastan a impedir casi nunca ni la más 
exquisita vigilancia de ellos mismos ni la de los mayorales. 
Donde se vive de ordinario es en la sala. Allí lo hacen los ne- 
gros casi todo, allí tienen el tizón ardiendo perennemente, allí 
cocinan, allí comen, allí conversan. El cuarto no sirve más 
que para guardar el cajón de la ropa, para colgar jabucos 
sabe Dios con cuántas cosas dentro, para poner las canastas 
en que mecen a sus hijitos, y para dormir los ahijados y pa- 
rientes, pues los amos del bohío se quedan en la sala. La bar- 
bacoa se halla en ésta enfrente de la puerta, y en ella depositan 
el maíz, el arroz, el maní, el ajonjolí y el quimbombó que han 
cosechado en los conucos. El gallinero se distingue únicamen- 
te del otro cuarto en las escaleras donde duermen las gallina?, 
en las hormas rotas de purgar azúcar llenas hasta la mitad 
de paja en que aquéllas ponen los huevos, pero todo tan sucio 
que da asco, y en las gateras por donde las sueltan al medio- 
día para que hasta el obscurecer vayan a escarbar y a re- 
volcarse. 

"Ninguno de los dos cuartos tiene puerta: Sólo hay una 
en todo el bohío, de yaguas o de guano toscamente formada, 
y tan gacha que para pasar por ella es menester doblar el 



'2l6 FERNANDO OÜTÍZ 



cuerpo; puerta que algunos negros cierran con candado de 
hierro, y, si no, que es lo más común, con una llave de madera 
a modo de sierra, cuyo mecanismo, aunque muy sencillo, no 
permite que fácilmente se falsifiquen, por ser todas de diver- 
so tamaño. Esta puerta está en la fachada del bohío. El quicio 
de ella es un trozo como quiera de madera metido hasta la mi- 
tad en el suelo, con el cual se ataja la corriente de las aguas. 
Los largos aleros del techo hacen las veces de guardapolvo. 
Cerca de cada bohío está el chiquero con una canoita dentro 
llena de agua para que beba el cochino, cubierto por un lado 
con unas cuantas yaguas o pencas de guano sin atar siquiera 
con ariques, y construido con maderos puestos unos sobre 
otros horizontalmente y sostenidos en los cuatro ángulos, por 
las cabezas, entre estacas. 

"Con corta diferencia asi hacen siempre los negros sus 
bohíos. En donde suele haber alguna curiosidad es en los de 
los contramayorales y en los de los esclavos más viejos y ladi- 
nos; pero tan poca que únicamente consiste en recortar mejor 
los aleros y en cubrir más las paredes. Vistos a cierta distan- 
cia, más que viviendas de humanas criaturas parecen monto- 
nes de paja seca. ¡ El color ceniciento del guano, lo estrecho, 
desigual y torcido de las calles, las malvas, los bledos, y las 
escobamargas de que están cundidas, los trillos que por entre 
esas yerbas se cruzan en todas direcciones, tan limpios y lisos 
y lustrosos que resplandecen a la luz del sol, y, por último, el 
aire de pobreza y de melancolía que todo respira allí, le dan 
a uno que cavilar y que sentir por mucho tiempo, especial- 
mente a ciertas horas ! ' ' 

Las habitaciones de los esclavos del ingenio eran cierta- 
mente muy pobres; pero no hay que extremecerse grandemen- 
te por ello, pues no es menos cierto que ninguno de los negros 
la tuvo ntójor en África; ni aún hoy en muchos ingenios los 
trabajadores indígenas, especialmente si son de color, las tie- 
nen mucho más confortables y aseadas. La habitación del gua- 
jiro pobre sigue siendo africana o indiana. Y no faltaría a la 
verdad si dijera haber observado cómo en un antiguo barracón 
de esclavos, con las rejas caídas, sin cierres en las puertas y ven- 



Í.08 NEGROS ESCLAVüS 2l? 



tanas que abriguen durante las madrugadas frías, sin que una 
lechada haya blanqueado una vez durante cuarenta años las 
paredes ennegrecidas por el humo del hogar... así viven traba- 
jadores blancos, venidos de Europa, como los argonautas en 
busca del vellocino de oro. 

En los barracones, como en los bohíos, algunas tarimas 
mal formadas con tablas de desecho, cubiertas con hojas secas 
de maíz, con una sucia frazada, hacían las veces de camas don- 
de dormían pele-méle, padres e hijos. Un par de banquillos, y 
algunos güiros y jabucos completaban el menaje del esclavo. 



III 



Su vestido era igualmente escaso y se le llamaba esquifa- 
ción. Para que les sirvieran durante un año se le daba a cada 
esclavo dos mudas de lienzo de cañamazo, a veces una chaqueta 
de ' ' bayetón " y un gorro para el invierno, un pañuelo y una 
manta o frazada de lana para la cama. 

El art. 7 del Reglamento de Esclavos disponía como sigue : 
"Deberán darles también dos esquif aciones al año en los 
meses de Diciembre y Mayo, compuestas cada una de camisa y 
calzón de coleta o rusia, un gorro o sombrero y un pañuelo; 
y en la de Diciembre se les añadirá alternando un año, una 
camisa o chaqueta de bayeta y otro año una frazada para 
abrigarse durante el invierno." 

La esciuifación variaba en algimos detalles, según los inge- 
nios y las épocas; así he leído que de calzones y camisas de 
bratrmnte, camisas de rollo, de listado, etc. ; pero era análoga 
en todos ellos. La bondad del clima permitía esa sobriedad en 
la indumentaria • por más que en las noches y madnigadas del 
invierno resultase deficiente. (Véase fig. 23.) 

Generalmente no usaban zapatos; cuando los conseguían, 
hechos por ellas mismos con pieles de las reses muertas en el 
ingenio, tenían un lujo. Las negras esclavas presumidas algu- 
nas veces alcanzaban a tener zapatos de piel de venado. 



sis 



FERNANDO ORTiZ 



Véase cómo Cirilo Villaverde (^) describe el desfile de los 
esclavos y sus vestimentas. 




Fig. núm. 23.— ESCLAVO con su esquifacion. {Oleo de Landalace, de la época) 



(1) En Cecilia Valdcs, New York, 1882, págs. 400 y 401. 



tos ÑKGROS ESCLAVOS ^19 



**En aquel punto desfilaban en el batey del ingenio de La 
Tinaja entre la casa de vivienda y la de calderas, los 300 y 
más esclavos de su dotación y el mayoral diciendo, "con licen- 
cia", fué a ponerse a su cabeza para pasarles revista y darles 
las últimas órdenes por medio de los contramayorales, que eran 
también esclavos. Desde buena distancia les había precedido el 
rumor de sus conversaciones y el sonido de las prisiones de los 
penados. Dos de ellos llevaban grillos, con barra atravesada y 
cadena de dos ramales suspendida a la cintura y caminaban 
con mucho trabajo, pues para avanzar tenían que describir 
medios círculos ya con un pie ya con el otro. Uno llevaba gri- 
llete, del cual pendía una cadena como de unos seis pies de 
largo, cuyo extremo inferior iba engarzado al anillo de una 
masa férrea como pesa de reloj, la que, al caminar, era fuerza 
que llevara al brazo, so pena de que el roce de la argolla le 
moliera el hueso de la canilla, aunque se lo había abrigado con 
un trapo. Este mismo se detenía de cuando en cuando y alzaba 
la voz en tono melancólico y timbre argentino, que resonaba 
por todas partes, diciendo: "Aquí va Chilala, cimarrón." 

"Penados o no, varones o hembras, todos traían algo a la 
cabeza ; ya haces de cogollo, ya de ramas de ramón, de que 
tanto gustan las caballerías en Cuba; ora racimos de pláta- 
nos verdes o maduros, ora de palniiche para los cerdos; éste 
una calabaza, aquel un brazado de leña. Unos pocos, quince 
o veinte, llevaban camisa y calzón de cañamazo nuevos o de 
pocos meses de uso y estaban enteros ; el traje de los restantes 
se componía de harapas, a través de cuyos agujeros se les veían 
las carnes negras y sin lustre. Ninguno calzaba zapatos, uno 
que otro abarcas de cuero sin curtir, ajustadas al pie por cor- 
dones de majagua, bien de ariques de yagua, que no son menos 
resistentes. Las hembras, de treinta a treinta y cinco por todas, 
sobre andar revueltas entre los hombres, apenas se distinguían 
por otra cosa que por la especie de saco talar de cañamazo 
con que se cubrían el cuerpo desde los hombros hasta un poco 
más abajo de las rodillas, sin mangas; para que no faltase 
nada a la tosca imitación de la túnica romana." 



2^0 FERNANDO OKl'l¿ 



IV 



La alimentación del esclavo rural era sobria. Saco escri- 
bía lo que sigue a ese respecto : ( ^ ) 

"Alimentación de los esclavos rústicos. — Hasta 1856 el 
costo de alimentar, vestir y curar a los uegros de los ingenios 
ascendía por término medio a $3 y medio al mes, o sean $42 
al año ; pero de 1856 acá, habiendo aumentado el precio de 
algunos comestibles, el costo se computa de $4 a $4 y medio lo 
más, mensuales, que serán al año $60 o $72. 

"El alimento de los esclavos rústicos bien cuidados con- 
siste diariamente en media libra de tasajo de Buenos A.ires o 
Tampico. Esta ración es con frecuencia de carne fresca de 
vaca en algunos ingenios de tierra dentro, como Trinidad y 
Sancti Spíritus. En los ingenios de la jurisdicción de la Haba- 
na y Matanzas, es raro que se les dé ración de carne fresca. 
Además de dicha porción de carne se les da diariamente pláta- 
nos y ñames o boniatos a discreción: media libra de arroz y 12 
onzas de harina de maíz. Con todas estas porciones, el negro 
hace dos o tres comidas diarias. 

' 'Es de advertir que las 12 onzas de harina de maíz no se 
las comen todas, sino que reservan una parte para los cochi- 
nos que crían, pues en muchas partes se les permite criar estos 
animales. 

"A los chinos de los ingenios se les aumenta el arroz, en 
algunas partes, pues se les da hasta una libra diaria. 

"En el "Ácana," ingenio de D. José E. Alfonso, vi que 
se hacían galletas para los negros ; pero no sé si eran para to- 
dos, o sólo para los enfermos." 

Sobre alimento de los esclavos, el art. 6 del Reglamento de 
1842, ordenó lo siguiente : "Los amos darán precisamente a sus 
esclavos de campo dos o tres comidas al día como mejor les pa- 
rezca, con tal que sean suficientes para mantenerlos y repo- 
nerlos" de siLs fatigas, teniendo entendido que se regula como 



(l) Apuntes autógrafos inéditos, ya citados. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 221 



alimento diario y de absoluta necesidad para cada individuo 
seis u ocho plátanos o su equivalencia en buniatos, ñames, 
yucas y otras raíces alimenticias, ocho onzas de carne o bacalao, 
V cuatro onzas de arroz v otra menestra o harina." 



Entre el amo, interesado en la conservación del esclavo a 
la par que en la producción de la mayor cantidad de trabajo, 
se interponía en las plantaciones la repugnante figura del 
mayoral, flagelando con su látigo los bronceados dorsos de las 
dotaciones, ya para exigirles jomadas de trabajo que duraban 
dieciseis horas, ya para dirimir disputas y apagar rencillas con 
argumentos contundentes, y en uno y otro caso para satisfa- 
cer las exigencias de sus brutales impulsos. 

Era, sin duda, el tipo alrededor del cual giraba la vida de 
los esclavos rurales, el tentáculo de la sociedad blanca que 
hacía presa en la miseria negra. Era la figura más repulsiva 
de aquellos tristes tiempos. Después de 1832, especialmente 
por Circular del Capitán General Ricafort, fué siempre de 
raza blanca. 

De él jamás nadie estuvo satisfecho, ni el esclavo que su- 
fría sus crueldades, ni el amo que sufría sus malicias. Duro y 
cniel tenía que ser para domeñar las negradas y doblarlas al 
trabajo excesivo; y siendo de alma dura para el negro siervo, 
lo fué también para el blanco amo, cuando podía a sus espal- 
das dar rienda a su egoísmo de mal hombre. 

Así podemos damos cuenta del concepto que mereció ese 
tipo de nuestra sociedad de antaño leyendo un curioso artículo 
irónico inserto en el Papel Periódico de la Havana (^) el año 
1791, Dice así: 



(1) Números correspondientes a los días 24 y 28 de Julio 
de 1791. 



222 FERNANDO ORTIZ 



*' Instrucciones que ha dexado un Mayoral de Azucarería 
A sus herederos 

"Hijos mios: no teniendo otro caudal que dexaros sino 
el oficio de Mayoral en que me he empleado siempre, os encar- 
go lo practiquéis observando estos documentos para que os 
sean provechosos. 

"Quando os vayáis á ajustar con algún Amo ifeis muy 
limpios, armados de buen machete, sombrero de pelo, ceñidor 
encarnado, calzón largo y ancho, de color subido, espuelas de 
plata con correas hechas por mano de alguna moza, manatí 
con cabo y anillos de plata, y al descuido un pañuelo al cuello, 
camisa blanca muy risada, pero sin chupa ni volante. Vuestro 
aire ha de ser humilde, por entonces, prometeréis hacer mucho, 
y mas ([ue todos vuestros antecesores: pediréis largo, añadien- 
do (|ue otros os dan lo mismo ; pero (jue por servir al Caballero 
perdéis vuestro bien : que venga por delante la mitad del sala- 
rio de un año para pagar trampas, para aviar la familia, y 
fomentarse. Algo se puede rebajar; porque vosotros tomareis 
á manos llenas lo que os niegue el Amo. 

"Os presentareis en la Hacienda sin familia para no 
es{)antar: registrareis el campo, os entregareis, pero siempre 
blasfemando de los antecesores. Este ingenio está perdido: no 
lo entienden los que lo han gobernado: clavos de oro va á 
hacer su Dueño: yo los enseñaré á trabajar. Esto ha,beis de 
repetir á todas horas: pero aun importa conservar las apa- 
riencias de mansedumbre. 

"Vamos a repartir la gente: ya es preciso mudar de sem- 
blante como el Proteo : la crueldad, la dureza, el rigor, la arro- 
gancia, continuo castigo, mucha asistencia al campo, grillos, 
cepos, tablas, mazas conviene mucho los primeros dias para 
que sepan los Negros que hay hombre en Casa, y que el Mayo- 
ral no es Juan Bragas. Después se puede afloxar un poco espe- 
cialmente en esto de la asistencia al campo aparentando ocupa- 
ciones en la Casa de molienda ; pero cuidado que sepáis soste- 
íier el earaetep de inhumanos, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 223 



"Mucha alianza con el Mayordomo, que será vuestro Pa- 
niaguado y Compadre, lo primero para que os franquee sin 
reparo quanto pidáis, lo segundo para que no os acuse con el 
Amo. Por este medio.se os proveerán del Almacén las jáquimas 
y sogas que necesiten vuestros animales, la harina y arroz 
que querrais para Casa, y el maíz de vuestras gallinas y caba- 
llos, sin escusar la carne salada, azúcar y raspadura que hayáis 
menester, cerones y aparejos para mandados &c. 

''Xo menos con el Maestro de azúcar llevareis amistad, 
que de este modo podréis tirar contra él las libranzas que gus- 
tareis, 

''Constituida la familia en el Ingenio haréis que todos los 
Negros reconozcan á vuestras muge res por sus Señoras, de 
modo que á la Ama se ha de llamar con este titulo, y á la Ma- 
yorala, la Señora. Obediencia ciega se le ha de prestar con 
preferencia á les Dueños: la Mayorala puede quitar á los 
Negros que guste del trabajo de su Amo para sus quehaceres 
y mandados, aunque sea á distancias largas, y por cosas de 
poca consideración, como traher ciruelas, coger cangrejos. Si 
está embarazada y se le antoja pescado, que se metan dos Ne- 
gros los mas á propósito en el rio, que gasten las horas que 
sean menester sumergidos en el agua, (|ue importa poco enfer- 
men : vale que el Mayoral no los pierde. A cada uno de vues- 
tros niños pondréis un Negrito de la Hacienda para que jue- 
gue con él, y según os fueren naciendo haréis lo mismo para 
(]ue los cargue. Aunque tengáis Negras, y os las haya dado ó 
suplido el Amo, nunca perderéis el derecho del Negro de dota- 
ción que os debe dar la Hacienda : cuidarlo como que no es 
propio; pero guarda que se le asista con la misma, ó mejor 
ración que á los demás, aunque todo su trabajo sea en vuestro 
provecho, y en enfermando que lo cure su amo. Ver si puede 
encompadrar con el Dueño, ó alguno de sus parientes, y no ser 
zeloso. 

"Para que vuestros mandados se hagan eon prontitud, 
que vaya el Negro mas hábil, que se monte en el mejor caballo 
del Amo, y esto á pesar de ser dia festi%'B por mas que se gaste 
medio dia en la diligeneia; porque si bien he eido á algunos 



224 FERNANDO ORTIZ 



Capellanes repugnarlo diciendo, que no es licito mandar 
requas, harrias y correos a la Ciudad en dias de fiesta, por ser 
verdadero trabajo dado á los Negros en dias que tienen dere- 
cho á descansar (excepto los casos sabidos) nada quiere decir 
esto. Si el esclavo muere en dia de ñesta [. quien lo pierde ? Yo 
he oido decir que es licita la ocupación subsidiaria en tales 
dias para socorrer alguna necesidad grave, y no dexa de llevar 
camino porque dice Luz de la Fé, que Christo aprobó la dili- 
gencia que se hacia en Sábado para sacar el Buey de la furnia 
en que cayera, y todos saben que solo la muerte es peor que la 
esclavitud : según esto los Negros pueden hacer en dicho dia 
algún trabajo para libertarse, ó socorrerse, y asi bien podian 
hacer algo con tal que se les pagara, y no obligara; pero el 
Mayoral tiene privilegio para lo contrario. Nada paga á los 
Negros, y el harriero se ha de despachar en dia de fiesta para 
que el Amo no pierda su trabajo. 

"Pocos utensilios en Casa, que en siendo amigo del Ma- 
yordomo os servirán los de la Casa de vivienda : pailas, ni por 
pienso, las resfriaderas y bombas sirven hasta para hacer ale- 
gñas. Sostener la práctica de que os dé algo quando se ma- 
te Res. 

"Es dotación de Mayorales tener buen caballo, y yegua 
andona la muger, aunque no haya camisa, y se deban las ore- 
jas : mantenerlos en la caballeriza del Amo : bañarlos, picarles 
el cohollo, tener uno o mas Negros empleados en cuidarlos, y 
aunque haya algunas omisiones con los del Amo, las que se 
executen con los vuestros serán imperdonables : en suma baño, 
pienso, comida, agua, aseo, peinada, todo se ha de hacer pri- 
mero y mejor con los caballos del Mayoral. La mejor vaca de 
leche para la muger y los niños : luego que estos se sepan atar 
el machetico a la cinta procurar se acomoden y ganen salario 
aunque nada sepan hacer, y sean haraganes. El gran mérito 
de un Mayoral pide estas consideraciones. 

' 'Sembrar maloja y viandas con titulo de que son para el 
Amo ; pero en realidad para vosotros, la suegra y cuñados, y 
la maloja para vuestros caballos, que siempre han de estar 
rollizos, El Ingenio será hospedería general de los parientes. 



U»S NEGROS ESCLAVOS 225 



compadres, amigos, paisanos, y en creciendo las hijitas, escue- 
la de danzarines, cantadores, guitarristas para que se aficionen 
á ellas, y se casen ; pero no consintáis bayles deshonestos, como 
el Juan Grande, y el Toro, porque he oido que grandes y chi- 
cos, los (jue baylan y lo consienten, todos todos quedan excu- 
mulgados por el mismo hecho, y que es menester Bula para ab- 
solver ese pecado. 

"Tomar tierras cerca del Ingenio aunque no tengáis Ne- 
gros, que para eso están á vuestra devoción todos los de la 
Hacienda, Buscareis im mozo á salario, pagareis uno ú otro 
Xegro el dia de Fiesta para que trabaje en el Sitio; pero en el 
de trabajo mandareis á él todos los que querrais : á bien que si 
el Amo pregunta quien os labra el Sitio podréis responder que 
vuestro mozo, y los Negros que pagáis. 

"Cuidado con no tocar a las Negras aunque no seáis casa- 
dos ; pero si podréis traher a Casa una ó dos que mejor os pa- 
rezcan para ^niestra asistencia y cuidado, y si los maridos lo 
repugnan, buscarle el cuesco á la breva, con pretexto de otra 
falta, castigo y prisiones por el termino de vuestra voluntad : 
ya sabéis que los presos no necesitan mugeres que duerman con 
los demás en el calabozo ; aunque ahora hay imas novedades 
que yo no veia en mi tiempo : ya muchos Amos de Ingenio de 
estos que leen libros franceses no fabrican calabozos, y otros 
por no sé que papel que han hechado en la Havana, están qui- 
tando los que tenían. En el Ingenio que hay Negi-as no tiene 
para que criar sus hijos la ]\Iayorala : la mejor de ellas que dé 
de mamar a vuestros hijos, duenna con ellos, los asee, y vues- 
tras mugeres de Señoritas, no han de levantar una paja del 
suelo para que estén hermosas y robustas. 

' 'El cuento será en llegando el Amo á averiguar todas es- 
tas cosas: ¿que importa? ¿os ha de ahorcar? Lo que le debáis 
no se paga segiui es costumbre : echarse á cuestas el costal de 
liij^^, y salir con la muger, que mas pobre salió Adán del Pa- 
raiso quando lo echó Dios ; pues he leido que los calzones eran 
de ojas de higuera: iréis echando contra el Amo. contra el 
Ingenio, contra los operarios quantas pestes querrais, ridicu- 
lezes del Dueño, retension de salario, genio insufrible, perse- 

}9 



226 FERNANDO ORTIZ 



cuciones á la niuger, malísimo trato, todo para que se piense 
que habéis salido por no poderlo aguantar. Solicitareis otro 
Amo de Ingenio con (juien os acomodéis, y no olvidarse de es- 
petarle totlo este Calendario de impertinencias, aunque sean 
falsos testimonios, lo (jue tiene cuenta es buscar la vida sea 
como fuere. ' ' 

Del mayoral tenemos otras pinturas maestras, (^) como 
la de A. Suárez en su novela Francisco, escrita con éxito para 
exponer el cuadro de la esclavitud a los antiesclavistas ingle- 
ses. Inspirada por la aversión general contra los mayorales, la 
Condesa de Merlin (^) pudo llegar a decir que la zafra era 
más deseada de los esclavos que el tiempo muerto. 

''La época de la molienda, dijo, es la más penosa; pero 
también la más deseada : es el momento de la misericordia. El 
amo está allí cerca de los esclavos, los escucha, los perdona si 
han nxerecido algún castigo y contiene al mayoral, siempr'e 
áspero e inexorable en sus rigores. Pero el adversario más temi- 
ble es el contra-mayoral, esclavo como los otros, y por esto duro 
y cruel hacia sus compañeros, especialmente con los {jue han 
sido de una tribu enemiga a la suya; entonces llega a ser fe- 
roz, implacable por espíritu de venganza." 



(1) De maestra la calificaron José Zacarías González del Va- 
lle, José Jacinto Milanés, y otros literatos de su tiempo. Esa novela 
Francisco, es nuestra Cabana del tío Tom, 

(2) Ob. cit. 



CAPITULO XIII 



STT^d:A.^IO: LA VIDA DEL ESCLAVO RURAL. — 
I. Las diversiones. — Baile de tambores. — La *^umba". — Los 
cantos. — i i. La jerga de los bozales. — III. El trabajo en cafetales 
y vegas. 



Los domingos v demás días de tabla, o sean de festividad 
religiosa cuya celebración no podía excusarse, cesaban las fae- 
nas del ingenio, si no era época de zafra, descansaban los es- 
clavos; podían éstos divertirse. 

El Reglamento de Esdavos en sa art. 3". decía: **En 
los domingos y fiestas de ambos preceptos, después de lle- 
nar las prácticas religiosas, podrán los dueños o encar- 
gados de las fincas emplear la dotación de ellas por espacio de 
dos horas en asear las casas y oficinas; ipero no más tiempo ni 
ocuparlos en las labores de la hacienda a menos que sea en 
las épocas de recolección, o en otras atenciones qae no admi- 
tan espera, pnes en estos casos trabajarán como en los días 
de labor." 

Y el art. 23, añadía: "Permitirán los amos qne sns escla- 
"vos se diviertíin y recreen honestamente los días festivos des- 
pués de haber enmplido con las prácticas religiosas; pero sin 




228 FERNANDO ORTIZ 



salir de la finca, ni juntarse con los de otras, y haciéndolo en 
lugar abierto y a la vista de los mismos amos, mayordomos o 
capataces, hasta ponerse el sol a toque de oraciones y no más." 

Se encarga, además, (art. 24) "muy particularmente a 
los dueños y mayordomos, la más exacta vigilancia para impe- 
dir el exceso en la bebida y la introducción en las diversiones 
de los esclavos de otra finca y de otros hombres de color 
libres. ' ' 

"Si en los ingenios son tristes los días de trabajo, especial- 
mente a la hora de la siesta, aún más tristes son los domingos, 
porque en aquéllos hay siquiera el recurso, ya que no pueda 
uno salir a causa del sol a pasearse por el campo, de irse al tra- 
piche y a la casa de calderas, y distraerse allí aunque no sea 
más que con las canciones de los negros. Pero la molienda para 
regularmente los sábados a media noche, y, si bien siguen an- 
dando hasta el domingo los tachos y las pailas, es sólo hasta la 
hora en que se acaba de echar en las hormas del tingladillo 
toda la azúcar. Así es que a excepción de dos o tres negros 
que quedan limpiando los trenes, de los macuencos y enfermi- 
zos que pican, apalean y revuelven el azúcar en los secaderos, 
y de algún otro que crujza por el batey con su jicara de funche 
en la mano, el cual viene de la cocina de la gente y va a comér- 
selo en su bohío, no ve uno otra alma viviente esos días. 

"Pero así como todo respira tristeza en la fábrica, ponte 
el sombrero de paja, y endereza tus pasos a los arrabales del 
ingenio, quiero decir, a las enyerbadas calles de los bohíos, y 
escucha. No oirás más que risas y cantos alegres que te ensan- 
charán el corazón, no oirás más que el ruido de los pilones 
donde los negros preparan ciertas comidas, el chisporroteo de 
la leña que arde en medio de la sala de cada bohío con viva 
llanm. el cacareo de las gallinas y el piar de los pollos que 
vienen de la manigua a comer los pocos granos de maíz que 
les riegan sus amos en el limpio de enfrente de la puerta. 
Pero guárdate por Dios de ponerles a tus negros un semblante 
adusto, de demostrarles en nada la autoridad de señor, porque 
en tal caso la linda escena perderá todo su mérito, porque en 
tal caso^ apenas te columbren, se callarán y se estarán quedos. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 229 



No, amigo mío, llega con la cara risueña más bien brindando 
confianza que inspirando recelo, anímalos con algún donaire, 
entra en los bohíos, acércate a los eriollitos, cárgalos, suspén- 
delos por las sienes en el aire o hazles otra maldad cualquiera, 
y verás qué diferencia! Delante de tí seguirán sus pláticas, 
delante de tí entonarán canciones, delante de tí bailarán lle- 
nos de animación y de júbilo, y tendrán sus retozos y sus 
juegos. 

' \Mas ese tiempo de huelga y de alegría pronto pasa, por- 
que el trabajo de toda la semana, el sueño de tanto velar en 
la molienda, y la sombra de los bohíos después de haber estado 
abrasándose a los rayos de fuego de nuestro sol, van poco a poco 
amodorrando a los negros, que acaban los más por ([uedarse 
dormidos como una piedra sobre las tarimas o sobre la yerba 
bajo las ramas de algún árbol, hasta ({ue la campanada de 
botar la gente al campo, los gritos del contra ma^voral y el esta- 
llido del cuero les hace levantarse apresuradamente a coger el 
machete y el garabato. Las hembras son las (lue casi todas se 
quedan despiertas y en movimiento, ya dando de mamar a los 
hijos, ya levantándolas y sacándoles las niguas, ya cosiendo y 
remendando sus cañamazos y los de sus novios y maridos, ya a 
orillas del río o de la laguna jabonando la ropa sucia." (*) 

El esclavo tenía, como ya puede suponerse, muy escasas 
diversiones en el campo. Una le era lícita empero, le era obli- 
gatoria, pudiera decirse : el baile. 

Así como se le obligaba a bailar en los barracones de los 
tratantes africanos o en la cubierta de los buques negreros, 
así tenían que bailar en las plantaciones. El látigo que los avi- 
vaba en la faena, los lanzaba a veces al desenfreno del baile. 
La autoridad veló siempre, teóricamente al menos, por que al 
esclavo se le diera esa ocasión frecuente de expansión para 
sacudir su nostalgia de desterrado. 

En 4 de Julio de 1839, el Capitán general de Cuba, Ezpe- 
leta, dictaba una circular estableciendo que debía permitirse 
a los esclavos de las fincas de campo bailar a iLsanza de su 



( 1 ) A. ScAREz. Coleccvm de Artículos, pág. 205. 



230 FERNANDO ORTI¿ 



país, en días de fiesta por la tarde, hasta prima noche, bajo la 
vigilancia de los mayorales, sus bailes conocidos por de tambo- 
res, sin consentir admisión de negros de otras fincas. 

En las épocas de conspiración, parece que los negros se 
entendían trasmitiendo de una finca a otra sus ideas rebeldes 
por medio del son de sus tambores. Por esto en 21 de Junio 
de 1843 el gobernador de Cienfuegos pedía al Capitán gene- 
ral de la isla (^) que se prohibiera el toque de tambor por 
los esclavos por ser muy ruidoso y ' ' para evitar que los esclavos 
hagan uso de toques que ellos conocen para formar grey o ha- 
cer reunión, ocurriendo algún acontecimiento." Pero el solí- 
cito gobernador no pretendió que se les prohibiera la música 
y el baile a los negros, y para sustituir al tambor proponía se 
usara siempre la tumbandera, (^) menos ruidoso. 

Con frecuencia se bailaba en las plantaciones no solamente 
durante los días festivos, sino también los sábados por la no- 
che, durando la danza hasta nacido el nuevo día, como en la 
actualidad sigue pasando entre muchas de nuestras poblacio- 
nes rurales de color. 

Del baile en los ingenios da viva idea la descripción de 
Anselmo Suárez : ('■) 

"Apenas botaron la yerba en la pila, se dirigió el más 
viejo y ladino de ellos a la casa de vivienda, mientras los otros 
se quedaron aguardándolo, hechos un montón, a corta distan- 
cia. Venía a pedir licencia para que en señal de haber llegado 
a(|uel día los amos los dejasen hailar tambor. Poco después 
tornó el viejo a donde los otros, en cuya repentina vocería y 
carreras hacia los bohíos bien se demostró que había alcanzado 
éxito favorable la solicitud. No fué menester más para que yo 
que me divierto tanto en observar estas cosas, siempre nuevas 
para quien viene de la ciudad al campo, saliese inmediatamen- 
te detrás de la negrada encaminándome también a los bohíos. 



(1) En el Archivo Nacional de Cuba obra la comunicación. 

(2) De este instrumento, como de los demás usados por los 
afrocubanos, se hablará en otro libro. 

(3) Colección de artículos, págs. 198 y 199. 



tos NEGROS ESCLAVOS 231 



Cuando Ue^é ya se habían sacado los tambores a un pequeño 
limpio circular y pelado de yerba, ciertamente con el roce con- 
tinuo de los pies; me escondí detrás de un árbol, porque en 
habiendo algún blanco delante, los negros se avergüenzan y 
ni cantan ni bailan; y desde allí pude observarlos a mi sabor. 
"Dos negros mozos cogieron los tambores, y sin calentarlos 
siquiera comenzaron a llamar, ínterin los demás encendían en 
el suelo una candelada con paja seca o bailaban cada cual por 
su lado. Al toque los guardieros de aquí y de allí, los que 
servían en las ca.sas, los criollitos, todos se juntaron en el 
limpio. Entonces sí que fué menester calentar los tambores, 
para lo cual se encendía la candelada ; así es como se endurece 
el cuero que cubre la más ancha de sus cabezas, y rebota la 
mano, y retumba mejor el sonido en el hueco del cilindro; la 
candela es la clavija de esos instrumentos, sin ella no se oyen 
bien lejos por las fincas a la redonda, ni aturden los oídos, ni 
alegran los ánimos, ni hacen saltar. La negrada cercó a los 
tocadores, pero dos bailaban solamente en medio, un negro 
y una negra; los otros acompañaban palmeando y repitiendo 
acordes el estribillo que correspondía a la letra de las cancio- 
nes que dos viejos entonaban. ¿Y qué figuras hacían los bai- 
ladores? Siempre ajustados los movimientos a los varios com- 
pases del tambor, ora trazaban círculos, la cabeza a un lado, 
meneando los brazos, la mujer tras del hombre, el hombre 
tras de la mujer; ora bailaban uno enfrente de otro, ya acer- 
cándose, ya huj^éndose ; ora se ponían a virar, es decir, a dar 
una ^^elta rápidamente sobre un pie, y luego, al volverse de 
cara, abrían los brazos, y los extendían, y saltaban sacando el 
vientre. Algunos, luego que tomaban calor, alzaban un pie en 
el aire, seguían sus piruetas con el otro, y cogían tierra con las 
manos inclinándose hacia el suelo que parecía que iban a caer- 
se. A montones llovían pañuelos y sombreros sobre los más 
diestros bailadores, y, agotados que eran, había quienes por 
hacerse los chistosos y gracejas les tiraban un collar de cuen- 
tas a ver cuál lo levantaba antes si el hombre o si la mujer, 
pero se entiende que sin dejar de bailar ni perder el compás, 
; Qué bulla, qué gritería, qué desorden, amigo mío ! Ya he dicho 



23á FERNANDO ORtí¿ 



que sólo dos bailan en medio; pero quién contiene a los ne- 
gros de nación y a los criollos que con ellos viven, en oyendo 
tocar tambor? Así es que por brincar se salían muchos de 
la fila, y aparte de todos, como unos locos, mataban su deseo 
hasta más no poder, hasta que bañados de sudor y relucientes 
como si los hubiesen barnizado, hi jadeando, casi faltos de re- 
suello, se incorporaban nuevamente en la fila. Los varones 
iban sacando a las hembras ; un pañuelo echado sobre el cue- 
llo o sobre los hombros hacía las veces de convite. Viejos y 
muchachos, hasta los más cargados de niguas, todos bailaban." 
Otro aspecto del baile esclavo, allí en los cafetales de la 
provincia oriental, llamado tumba, nos pinta Bacardí en una 
de sus obras, (') acaso la mejor novela cubana de estos 
tiempos : 

" — Mi amo, la tumba va a empezar." 

" — Bueno, que empiece; ya iremos allá." 

"La sala de trillar café se había convertido en salón de 
baile. Desmontadas las mesas de tijera, yacían recostadas a 
las paredes, y a ella también los bancos cuajados de mujeres. 
En una especie de tarima alta, se hallaban presidiendo, el 
rey y la reina, corte elegida por los esclavos; un poco más aba- 
jo el bastonero, director de las danzas; junto a ellos hombres y 
mujeres señalados con diversos títulos jerárquicos, y por el 
resto de la sala, bastante amplia, esparcida la dotación casi en 
su totalidad. Seis ventanas sin rejas y dos puertas abriéndose 
al exterior, daban claridad al recinto. En un lado los músicos 
con sus (-) tumbas y chachas; la mayoría de las negras con 
maracas (") de hoja de lata, llevando con ellas el compás de la 
música y del canto. Algunas pencas de palma, una bandera 
española y otra francesa, bastante desteñidas ambas, y varios 
farolitos con velas de cera amarilla, eran los adornos de aquel 



(1) Emilfo Bacardí. Via-Cruvis, Santiago de Cuba, 1914, pági- 
nas 54 a 57. 

(2) Tumbas y marugas. 

(3) Marugas. . - 



Los ÜÉGROS ESCLAVOS 233 



salón. El rey y la reina ocupaban sillas de cuero ; el bastonero 
una de lo uiLsnio, pero más pequeña." 

''Ensordecían las tumbas picadas por las duras manos 
del trabajo y el eco de los parches, retumbando en la sala, 
enloquecía a aquellas gentes, fanáticas de la danza. El chacha, 
cuajado de manos de cinta de diversos colores, vibraba frené- 
ticamente en las manos de las acompañantes. Y el cantar mo- 
nótono y lento de las negras llenaba de embriaguez a músicos 
y danzadores." 

"Rompía el babul con su cadencia, e inauguraba el baile 
la más gallarda de las negras jóvenes: se bailaba por amor al 
arte, y el compañero era un negro, ya de bastante edad, el me- 
jor bailador de la hacienda." 

"Ella, alta y de facciones regulares, con la boca entre- 
abierta por una sonrisa de vanidad satisfecha, lucía una den- 
tadura simétrica y de perfecta blancura. La cabeza adornada 
con el indispensable tiñón de seda, erguida y un tanto echada 
hacia atrás, ostentaba ojos adormilados, lanzando a la redonda 
miradas preñadas de voluptuosa languidez; el pecho pronun- 
ciado y atrevido palpitaba fuertemente, como (jueriendo ras- 
gar, con la dura morbidez de las carnes, el corpino de batista, 
de algodón rosado, cjue comprimía el airoso seno, en tanto que 
la larga cola de la falda iba describiendo círculos, sujeta en 
parte por el brazo izquierdo con elegante dejadez. Tendida al 
galán la mano derecha, va asida por la punta de los dedos, 
destacándose el mórbido brazo adornado con un brazalete de 
oro donde brillan gruesas esmeraldas falsas; desafía con su 
altanera belleza y exagera a veces el cimbrar del talle, dejando 
adivinar, por el escultórico busto, descubierto casi por el es- 
cote, a una espléndida Venus africana, de sangre oriimda de 
los arenales de fuego, embellecida por selección en los pinto- 
rescos campos de Cuba." 

'"Descalzos los pies, deslízanse por el tablado del piso, 
como si anduviesen con patines; en un instante retiénela el 
compañero en forzada tensión, obligándola a describir círculos 
y más círculos, e inclinándose de momento en momento, y 
pasando bajo el brazo de ella, corao bajo galante arco triunfal, 



234 FERNANDO 0RtI2í 



obtienen una ovación de los que les contemplan. Los carriles 
se repiten, y a un movimiento cadencioso e incitador de cade- 
ras, el delirio llega a su colmo: las maracas agítanse como 
enloquecidas, o poseídas de furia ; auméntase el repicar de las 
tumbas; la más anciana de las negras ata un pañuelo verde a 
una pantorrilla del bailador ; un mozo introduce en la boca de 
la beldad un real de plata, y en tanto que espectadores de 
ambos sexos se disputan el limpiarles el sudor del rostro, el 
cantar agudo y delirante, resuena con inusitado brío:" 

"Blan la yo qui sotí en Frans, ¡oh jelé... ! 
Yo pran madam yo serví sorellé... 
Pu yo caresé iiegués...!" (') 

•'Y vibra en los espacios la última sílaba, larga, prolon- 
gada, lastimera, sin tomarse aliento, como un ¡ ay ! que se vi 
perdiendo en los espacios; imprecación del servilismo, protes- 
ta de impotencia y quejido de un rebaño de la humanidad. 
Ese cantar es el desahogo inocente y patético, a la vez, de la 
raza oprimida que con letra en que se contiene la idea que 
zahiere se venga del amo, acompañando las notas musieale^3 
con un canto tristísimo de dolor infinito." 

Los bailes usados por los negros eran muy variados, aun 
en su ruda primitividad, como muchas eran los procedencias 
etnográficas de las mismas. De su carácter general, así como de 
los instrumentos de su música salvaje se tratará en otro libro, 
al referirnos a los negros libres, principalmente urbanos, 
los cuales tenían más facilidades para dar rienda suelta a los 



(1) Traducción literal: 
Blancos esos que salen de Francia, ¡oh, gritadlo! 
Toman a sus señoras para que sirvan de almohadas... 
Para acariciar a las negras...! 
Traducción libre: 

De Francia los blancos que vienen, ¡gritadlo, decidlo muy alto! 
Con dueñas de haciendas se casan, ¡gritadlo, decidlo muj' alto! 
Pretexto que toman, usando sus lechos, ¡ gritadlo, decidlo muy alto! 
De nido de amores, con negras queridas, ¡gritadlo, decidlo muy alto! 



Los NEGROS ESCLAtOS ^35 



entusiasmos coreográficos y rítmicos tan característicos en los 
hijos de África y sus descendientes. 

El baile era la preferente diversión del negro esclavo, no 
solamente porque en África lo fué también, sino porque era 
favorecida por el amo por ser la más inofensiva. Así sucedía 
con las canciones con que se acompañaban todas las tareas del 
ingenio así en los cortes de caña, como en los trapiches. (^) 

Anselmo Suárez llamó la atención sobre esto en sus ar- 
tículos sobre nuestra vida campesina de mediados del siglo xix. 

''Yo estaba de pie con la espalda apoyada en un horcón 
de quiebrahacha. Noté que los negros se reían unos con otros 
y que sus cantares eran estrepitosos. Un negro viejo, juntador 
de caña, decía en voz baja algunas palabras, y luego los jóve- 
nes, varones y hembras, prorrumpían en ciertos estribillos. 
Puse atención y vi que la letra se refería a mí. Aquel día se 
habían repartido las esquifaciones y las frazadas, aquel día 
había hecho quitar algunos grillos, aquel día había ido a la 
cocina de la gente para cerciorarme de cómo se le preparaba 
la comida, y aquel día también había dado licencia para que 
el domingo próximo se casasen algunos, se bautizaran varios 



(1) Dumont atribuye a los congos la mayoría de las cancio- 
nes de las negradas de los ingenios. Dice: "Aunque carentes de las 
interesantes características de los mandingas, lucumís y carabalís, 
los negros congos han logrado imprimir entre las masas pobladoras 
de los ingenios y almacenes de Cuba, muchas de sus cualidades, ne- 
cesarias y fáciles de reconocer; se han arraigado hasta tal extremo 
en las mismas, que hoy son el alma y la alegría de las dotaciones, 
en las que se han naturalizado los cantos, los bailes, el son de los 
tambores y un gran número de palabras congas. Si una parte de la 
dotación de un ingenio toca un aire o canta, en ausencia del congo 
que los preside, se puede afirmar que es una reminiscencia, una 
reproducción de los aires cantados por los congos. Las condiciones 
mentales de los cantantes negros son muy limitadas: tienen una sola 
medida para sus canciones, que, al unísono, regulan con movimientos 
esforzados. El director, primeramente, entona algunas notas monó- 
tonas y sin sentido verdadero; cuando él termina, el coro repite las 
mismas frases con igual monotonía y las repite sin variar durante 
un cuarto de hora..." 



236 Í^ERNAIÍDO OÉTIZ 



niños, y por la noche, desde las oraciones hasta las diez, se 
tocase el tambor en el batey frente a la casa de vivienda. Tales 
eran los asuntos que contenían los estribillos; el negro viejo 
los iba apuntando, y los mozos después los variaban a su al- 
bedrío. Con las gracias que de esta manera me daban, mezcla- 
ban también nuevas peticiones, y los que estén al cabo de 
nuestras costumbres y comprendan el tosco dialecto de los 
negros de los ingenios,, habrán oído con frecuencia en esas 
canciones necesidades (jue los atnos ignoraban, (juejas, y hasta 
epigramas y sátiras contra los (pie a veces los gobiernan sin 
saber su obligación. Sonreíame escuchando las sinceras expre- 
siones de su agradecimiento, cuando advertí que el negro vie- 
jo se levantó del madero en (pie se le permitía sentarse para 
juntar la caña, y que lo colocaba más cerca de mí. Después 
de haber cantado alegremente con sus compañeros, quería pe- 
dirme, que por estar ya achacoso y anciano, lo dejase descan- 
sar. ' ' Yo he chapeado mucho ; yo he arado casi todas las tie- 
rras del ingenio; yo he cortado más caña que hojas hay en las 
matas; j'o he visto elevarse las palmas que apenas se levanta- 
ban de las yerbas cuando vine de mi tierra ; yo tengo varios 
hijos (pie trabajen por mí ; déjame ir a reposar y (3alentarme, 
hasta ({lie muera, junto al fuego de mi bohío." — Así me decía, 
mirándome y moviendo su encanecida cabeza, el septuagenario 
cortador de caña." 

"No hay suceso en los ingenios, enlazado de alguna ma- 
nera con la vida de los negros, que no se refiera alegre o tris- 
temente en sus canciones. Si el buey brioso y bello, (pie todos 
se disputan por tener en su carreta, ha muerto, en un día abra- 
sante, de cangrena; si un tacho se ha desfondado; si las coro- 
nas del trapiche se han roto ; si en los cañaverales ha prendido 
fuego, y con afanoso trabajo ha sido menester atajar aquel 
mar de llamas; si las crecientes del río han arrastrado con el 
maíz, con el arroz, o con la caña acabada de sembrar en sus 
márgenes ; si una seca o unos aguaceros horrorosos amenazan 
las cosechas; si el cerdo ya cebado y pronto a ser vendido al 
especulador que recorre las fincas, se ha muerto de repente, 
sin saberse por qué; si el compañero, ([iie solitario en los cam- 



LOS NEGROS ESCLAViiS 237 



pos estaba desmochando palmas, se ha caído; si se ha dado 
por el mayoral y por los perros con la guarida de algún negro 
cimarrón ; si la vaca bermeja, si la puerca de hocico blanco, si 
la yegua más hennjosa del potrero han parido ; la letra de las 
canciones lo dirá cuando se esté chapeando o cortando caña, 
cuando se junte o cargue en la casa de trapiche, cuando dos 
negros uno enfrente del otro batan en las resfriaderas, con las 
bombas, la templa que acaba de ser sacada del tacho. Lo mismo 
sucede en habiéndoseles cambiado el alimento; en habiéndose 
aumentado o disminuido las horas de trabajo; en habiéndose 
introducido una máquina, un instrumento, un proceder cual- 
quiera, que a la vez que los asombra, facilita y minora las 
faenas ; en anunciando los aguinaldos sobre las cercas y los ma- 
torrales que pronto llegarán los amos; en concediéndoles un 
pedazo de tierra para que hagan, concluida la zafra, sus co- 
nucos; en dejándoles desmochar guano para cubrir los bo- 
híos ; la ocasión que se mata una res para repartirla en racio- 
nes ; la ocasión que se muda el mayoral que los apuraba dema- 
siado; la ocasión que la señora escoge de entre los criollos el 
que ha de llevarse a la casa de vi\áenda ; la ocasión que se dio 
una recompensa al carretero que, con las astas de los bueyes 
coronadas de güines de caña, entró primero con su carreta, 
el día que rompió el corte, en el anchuroso batey ; la ocasión en 
(pie despedido el maestro de azúcar, continuaron los tacheros 
sacando templas tan buenas como antes ; lo <iue acaeció el día 
«[ue se estrenó la máquina, el día que se levantó tal fábrica, el 
día que el tren de carga o de pasajeros del ferrocarril <|ue 
atraviesa la finca, cruzó por los cañaverales haciendo suspen- 
der los machetes a los estupefactos tumbadores de caña. ' ' 

También se les obligó a cantar en los buques de la trata, 
y las factorías esclavistas de la costa africana, como ya se 
ha dicho. 

Esos cantos de trabajo, como diría Bücher. no fueron ca- 
prichosamente impuestos por los blancos, ni fueron moralmen- 
te una carga más sobre los esclavos, pues se conoció para regu- 
lar el trabajo de los siervos en Egipto. Grecia, etc., los negros 
jnismos en los trabajos de sus tierras nativas (casa, siembras, 



238 FERNANDO ORTIZ 



transportes, guerra) acostumbraban ayudarse con los cantos, 
ya que el canto se presenta como un poder ordenador de las 
multitudes que trabajan colectivamente, y al mismo tiempo 
como un elemento animador y estimulante y de alivio que se 
produce espontáneamente. Este es un fenómeno universal que 
se observa en todas las épocas desde los pueblos primitivos, 
salvajes e históricos, hasta los más civilizados, profundamente 
analizado por K. Bücher, a cuyo libro remito al lector cu- 
rioso. (^) 

II 

La ignorancia del idioma castellano por parte de los escla- 
vos recién llegados a Cuba, y las dificultades de aprenderlo 
como de enseñárselo, dieron origen a una jerigonza especial 
para comunicarse con los bozales de las negradas en las planta- 
ciones. Se componía de pocas palabras, formadas generalmente 
por la duplicación de la raíz tomada del idioma inglés, que fué 
durante mucho tiempo el de las factorías y el de la trata, o 
bien de origen onomatopéyico. 

BRUCU^Malo, mal hecho, desaprobación. 

Capiango, (voz africana, probablemente conga )= 
Ladrón. 

CucHA-crcHA' (del castellano escuc/i«. j=Escuchar, oir. 

Chapi-chapi (del verbo chapear, limpiar la tierra de yer- 
ba con el machete. )==Chapear. 

Ftno-pino (del castellano.) ==Bueno, bien hechr "mv 
bien, aprobación. 

Fon-fon (onomatopéyica.) ^Castigo de azotes, azotar. 

Guari-guari (del inglés to wardf) ^Hablar o charlar. 

Guasi-guasi (del inglés to ivas}if)='La.var, limpiar. 

LuKU-LUKu (del inglés to look. )=Yer o mirar. Aún se 
usa en el habla vulgar. 

Llari-llari (del castellano llorar, o del inglés to yeam.) 



(1) K. BucHER. Trabajo y Ritmo, traducción española. Madrid, 
1914. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 239 



==Llorar, tener melancolía o tristeza, padecer algún dolor, 
enfermar. 

MERi-MERL=^Estar borracho. 

MusENGA-MUSENGA (voz conga.) =¡ Caña ! ¡Caña! Excita- 
ción al trabajo del corte de caña de azúcar. 

Xapi-napi (del inglés io ;<«/>. j^Donnir. 

ÑAMi-ÑAMi (onomatopéyico.)=Comer, comida. 

Piquinini (del diminutivo castellano pequeñín o peque- 
ñito. )=Cosa o pei-sona pequeña. 

Pisi-Pisi (del inglés to piss. )=Orina.r. 

PuRU-PURU.==Evacuar el vientre. 

QuiQUiRiBU (voz africana, probablemente mandinga. )= 
Morir. 

SANGARA.^Caminar. aguardiente. 

SoQui-sOQT-i.=Fornicar. 

TiPi-TiFi (del inglés to th i e ve.) ^Hurtar, robar. 

Cuando el bozal rampía a haWar^ o comenzaba a usar 
voces castellanas, su lenguaje era bastante confuso, pero lo- 
graba entenderee. Véa.se lo que dice Pichardo en el prólogo 
de su Diccionario. (^) 

''Otro lenguaje relajado y confuso se oye diariamente 
en toda la Isla, por donde quiera, entre los Negros bozales o 
naturales de África, como sucedía con el Francés criollo de 
Santo Domingo: este lenguaje es común e idéntico en los Ne- 
gros, sean de la Nación que fuesen, y f|ue se consei-van eterna- 
mente, a menos que hayan venido mui niños : es un Castellano 
desfigurado, chapurrado, sin concordancia, número, declina- 
ción ni conjugación, sin R fuerte, S ni D final, frecuentemen- 
te trocadas la Ll por la Ñ, la E por la I, la G por la V, etc. ; en 
fin, una jerga más confusa mientras más reciente la inmigra- 
ción ; pero que se deja entender de cualquiera Español fuera 
de algunas palabras comunes a todos, que necesitan de traduc- 
ción. Para formarse una ligera idea de esto, vertiremos una 
respuesta de las menos difíciles: "yo mi ñama Frasico Man- 



(1) Diccionario Provincial casi-razonado de Voces Cubanas. 
Habana, 1862, pág. VII. 



240 FERNANDO ORTIZ 



(¡inga, nenglito rehurujaoro, crabo musuamo ño Mingué , de la 
Cribanerí, branco como cárabo n, suña como nan gato, poco poco 
mira oté, cpibi pápele toro ri toro ri, Frasico dale di-nele, non 
gurbia dinele, e laja cabesa, e bebe guariente, e coje la cuelo, 
guanta cjui guanta..." 

El estudio glotológico de esta especie de endósinosis lin- 
güística está por hacer; espera la pluma experta (.le nuestro 
Dihigo. Bachiller y Morales en un discurso a la Sociedad 
Antropológica de la Habana, (^) expuso algunas observaciones 
superficiales. De él son estos párrafos que inserto por su inte- 
rés : " La mayor parte de los negros conservan los cantares de 
su tierra, con los aires y lenguas respectivas: pero los congos 
por lo común se unían a los criollos y la letra de sius tangos en 
las fiestas de campo, cuando se regocijaban los domingos, era 
en el castellano que hablaban. Cuando los amos asistían a sus 
fiestas era un medio de hacerles súplicas y pedirles justicia. 
Si el mayoral era malo, los cantores hacían acompañar a los 
ecos de sus tambores palabras significativas : ' ' mayorá come 
gente" — ''mayorá so malo," etc." 

''Es singular (pie las modificaciones de la lengua, al 
aceptarla el negro, no fuesen las mismas para el bozal o afri- 
cano c|ue para sus descendientes, y que estos introdujesen 
otras sobre las que la gente menos culta, especialmente de las 
provincias de fuera de Cuba ya habían generalizado. El negro 
bozal hablaba el castellano de un modo tan distinto al que sus 
hijos usaban, que no hay oido cubano que pudiese confundir- 
los. No era sólo la expresión trastornada, sino aun la inflexión 
el dejo especial^ de cada interlocutor :• a oscuras, con los ojos 
cerrados, de cualquiera modo podría conocerse a ese negro y 
si era bozal, ladino o criollo. Difícilmente podría explicarse 
por qué el bozal empleaba la o y la u supliendo otras vocales ; 
más difícil sería dar una razón de que el criollo, tras la aspi- 
ración de la h pronunciada como los andaluces y los isleños 
del pueblo, sustituían la i a \a I en los artículos y las combi- 
naciones finales de las palabras." 



(1) Revista de Cuba. T. XIV, pág. 97. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 241 



** Algunos escritores del país, no con objeto filológico sino 
en agradables burlas, imitaron su lenguaje corrompido en 
poesías populares, como lo hicieron los españoles en sus piezas 
dramáticas que reflejaban las costumbres, y los portugueses 
que antes llenaron de negros a Lisboa. En las piezas dramá- 
ticas de Lope de Rueda, aparecen criados negros y aun due- 
ñas, cuyas frases se parecen mucho a las de sus semejantes 
que hemos conocido en Cuba." 

"Lo mismo ha sucedido para el africano ladino en Cuba. 
Ha suprimido las eses finales ; ha convertido a la A de los por- 
tugueses en /, como aquí la j de los andaluces ; ha suprimido y 
maltratado la palabra después; y la I de pintos se vuelve i\" 

"Como los negros se mnltiplicaron en Cuba más de lo 
conveniente a la isla, las criollos tuvieron que hablar algo me- 
jor que sus padres, y así el dialecto de los unos llega a diferir 
como se ha indicado. ¿ Hasta dónde se separan del castellano 
esas corrupciones que expresan los antecedentes de los interlo- 
cutores? La poesía popular a que antes hice alusión, nos pro- 
porciona los medios de su demostración." 

"Varios escritores han empleado en sus horas de buen hu- 
mor el lenguaje de los bozales ladinos y el de los criollos ne- 
gros: se hizo una vez en un diálogo y se nos facilita el ejem- 
plar que necesitamos. En Matanzas se publicó el diálogo de 
donde copiamos los ejemplos y aunque se dijo que era parte 
de un libro que debía imprimirse por una ima musa juguetona, 
no ha llegado a mi noticia esa publicación." 

' ' CRIOLLO 

' ' Venga uté á tomai seivesa 

Y búquese un compañero, 
Que hoy se me sobra ei dinero 

En medio de la grandesa. 
Dio mirando mi probesa ' 

Me ha dado una lotería 

Y en mi radiante alegría 

w 



242 FERNANDO ORTIZ 



Me ha convertido en poeta; 

Y aquí está mi papeleta, (^) 
Que no he cobrao entuavía. ' ' 

AFRICANO 

"Ah! si oté no lo cubra, 
Si oté toYÍa no fué, 
¿Pa que buca que bebé? 
¿ Con qué oté lo va paga ? 
Cuando oté lo cubra, anjá. 
Antonsi ma qui ti muere 
Bebe oté como oté quiere, 
Come oté como dan gana, 

Y durmí oté una semana 
Ma que lan tempo si piere. ' ' 

"No es posible confundir un lenguaje con el otro: la su- 
presión de letras, la conversión de otras, no es peculiar de todo 
negro : la i final por la I, propiedad del criollo, es lo esencial 
que le toca ; la o por la u en combinación al principio de la pa- 
labra y el trastorno de los pronombres y los sexos en ellos, 
predominan en el africano. Por lo demás, tiene que confesarse 
que una gran parte de sus alteraciones las inicia la generalidad 
de la gente del pueblo, con especialidad la del campo. Fueron 
andaluces los más de los pobladores, y siguiéronles los isleños, 
los catalanes y otros malos hablistas, que dejaron huellas, que 
van desapareciendo, aunque no tanto como debía esperarse, 
en las clases más desatendidas. ' ' 

Baste lo antecedente para dar ligera idea del lenguaje de 
los negros. En mi próximo libro Los Negros Curros, volveré 
sobre el tema. 



(1) Las personas pobres compran cédulas de lotería en socie- 
dades de especuladores y valen una fracción de los billetes de la del 
Estado, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 243 



III 



En los cafetales y vegas, el trabajo no era tan intenso 
como en los ingenios. Ni la siembra, ni la recolección, ni las 
operaciones manuales que requieren el café y el tabaco son tan 
fatigosas como las que exige la caña de azúcar. Algiuias de 
ellas — ninguna en los ingenios — se practicaban estando senta- 
dos los esclavos. Y fué, sin duda, teniendo esto en cuenta, 
que Salas y Quiroga, un viajero español que visitó a Cuba en 
el primer tercio del siglo pasado, pensó que a los ignorantes 
negros esclavos debía instruírseles leyéndoles algiin libro ame- 
no durantes esas operaciones silenciosas de la industria de los 
cafetales. Decía así: "En este cafetal, tuve ocasión más que 
en ninguna otra parte de la isla, de lamentar el estado comple- 
to de ignorancia en que se tiene a los esclavos. Una de las ope- 
raciones últimas del café, consiste en colocar sobre una espa- 
ciosísima mesa grandes cantidades de grano, y varios negros, 
sentados de un lado y otro, escogen sus diferentes clases y van 
haciendo de ellas separaciones. La habitación construida con 
este objeto en el cafetal de que hablo, es sumamente linda. 
Larga, estrecha, cerrada con hermosos cristales y bastante ele- 
vada. Cuando nosotros entramos, un silencio sepulcral reinaba 
allí, silencio que jamás es interrumpido, a lo que se nos ex- 
plicó. Cerca de ochenta personas entre mujeres y hombres, 
hallábanse ocupados en aquella monótona ocupación. Y enton- 
ces se me ocurrió a mí que nada más fácil habría que emplear 
aquellas horas en ventaja de la educación moral de aquellos 
infelices seres. El mismo que sin cesar los vigila podría leer 
en voz alta algún libro compuesto al efecto, y al mismo tiempo 
que templase el fastidio de aquellos desgraciados, les instruiría 
de alguna cosa que aliviase su miseria." 

Acaso a esa iniciativa, que no prosperó en los cafetales, 
se deba igual práctica muy difundida aun hoy día en las fábri- 
cas de tabaco, donde los torcedores entretienen el silencio posi- 
ble de sus tareas oyendo la lectura que en alta voz les hace des- 



244 FERNANDO ORTIZ 



de lo alto de una tarima un escogido lector. ( ^ ) Así sucede des- 
de antaño en los refectorios de los conventos y seminarios mien- 
tras dura la comida, y quizás ello sugiriría a Salas y Quiroga 
su peregrina iniciativa. 

Bien clara se ve, pues, la preferida situación del esclavo 
rural en los cafetales; pero no se quiere decir con esto que los 
mayorales no fuesen en las haciendas de café tan crueles como 
en las de caña, ni que la esclavitud fuese menos odiosa; sola- 
mente puede afirmarse que por la naturaleza de los trabajos 
agrícolas e industriales, la labor de los siervos era menos 
dura. (^) 



(1) Lástima grande que por varias causas esta práctica no sea 
más utilizada como medida progresiva por nuestro numeroso ele- 
mento tabaquero. 

(2) Véase una novela dedicada a pintar la vida de los antiguos 
cafetales, debida a Malfica, titulada En el cafetal. 



CAPITULO XIV 



SU3S¿rJLiaXO: los castigos a los esclavos.— L Varie- 
dad de suplicios. — El de azotes. — El boca-abajo. — Sus clases. — 
II. Otras penas. — La prisión. — El cepo. — El grillete. — La maza. — 
El collar. — El pregón. — La nnáscara. — III. El derecho de castigar 
de los amos, según las épocas. 



Para mantener en las haciendas esa férrea disciplina de 
siervos, era preciso un fuerte régimen represivo. El derecho 
penal esclavista tendente, no a reaccionar contra las impulsio- 
nes antisociales de los hombres, sino a comprimir las natura- 
les impulsiones humanas dentro de un sistema antisocial e 
inhumjano, tuvo que ser cruel, violento, primitivo y salvaje 
como lo era la institución que pretendía sancionar. 

En efecto, en las plantaciones menudeaban los castigos, 
especialmente los corporales, propios, al fin, de una fase de la 
civilización que aceptaba la esclavitud y el consiguiente olvido 
de la condición humana de una gran parte de la sociedad. 

El castigo o pena más usual era el de azotes. Era el de 
ejecución más fácil, más ejemplar, menos costoso para el amo. 
Era también legal, reconocido por el derecho. 

Se llamó tumbadero el sitio destinado habitualmente para 



Uú 



FÉRNAÑÍDO Ofetí¿ 



la pena de azotes, donde los esclavos se tumbaban o viraban 
para que sobre sus espaldas el látigo marcara el rigor d'e la 
represión esclavista. Esto no significa que los azotes no se 
dieran en otro paraje cualquiera. ¡ Cuántas veces la cólera del 
mayoral ordenó la ñagelación inmediata en el lugar mismo 
de la falta ! 

No se cuentan dentro de esta calificación de la pena de 
azotes, el número de zurriagazos que, especialmente en los 
campos, llovían sobre los esclavos a modo de acicate que avi- 




Fig. üúm. 24.--BOCA abajo. {Dibujo de la época) 



vaba su trabajo o que subrayaba las órdenes violentas de los 
mayorales. 

A la pena de flagelación se la llamaba también boca-abajo, 
por la posición que se hacía adoptar a la víctima, tendida en 
el suelo, dejando descubierto el dorso a la acción del foete. 
(Véase fig. núm. 24.) 

Algunas veces se metía al esclavo en un cepo, otras se le 
ataba por sus extremidades; pero lo más frecuente era uti- 
lizar a dos o más esclavos que sujetaban al reo para someterlo 



Los Negros esclavos 247 



al castigo, como esclavo era también el ejecutor de la pena, 
generalmente un contraraayoral. 

El instrumento del suplicio era un látigo de corto mango 
al cual se unía una tralla hecha comunmente con finas tiras de 
cuero, por lo cual acostumbraban llamarlo cascara de vaca, 
la que solía rematar en una pajuela de cáñamo, para que pu- 
diera rajar las carnes del azotado. Este es el símbolo de la au- 
toridad en las plantaciones, como lo fué el rebenque de los có- 
mitres para la chusma de los galeotes. 

También se usaban sendos vergajos o ramas flexibles que 
se plegaban sobre el cuerpo del infeliz azotado, ciñéndolo con 
un abrazo de dolor. En las provincias orientales usaban un 
bejuco, que por eso aún se llama elocuentemente mata- 
negro. (^) 

El efecto de los azotes era horriblemente doloroso. La 
cascara de vaca arrancaba en tiras el pellejo del esclavo, mar- 
cándolo con listas de sangre, que luego perduraban como verdu- 
gones y cicatrices. La sangre manaba en abundancia y, por 
lo general, los azotes terminaban en una forzada reclusión en 
la enfermería. 

En el habla vulgar de los ingenios de azúcar, al acto de 
azotar a un esclavo se le llamaba menear el guarapo. 

La fantasía de la crueldad creó algunas variantes a la 
flagelación de los esclavos. Así, se llamaba novenario cuando 
el número de azotes era solamente de nueve diarios que se 
repetían durante nueve días seguidos, con lo cual el número de 
aquellos podía aumentar, sin peligro inmediato para la vida 
del esclavo. 

El boca-ala jo llevando cuenta era aquél que se imponía 
al negro agravándolo con la obligación de ir contando los 
latigazos que recibía ; un error significaba recomenzar la pena, 
que, por ser tal error cosa harto explicable y natural, se con- 
vertía en una flagelación sin duración realmente predetermi- 
nada que dependía del arbitrio del mayoral o de los contrama- 
yorales azotadores. 



(1) Véase el Diccionario de Pichardo. 



248 FKRIÍANDO OtiTlZ 



Escalera se llamó a ese suplicio cuando al esclavo se le 
ataba a una escalera, y en nuestra historia política así sufrie- 
ron la tortura umclios patriotas conspiradores y muchos ino- 
centes de una famosa conspiración que de ello recibió el sinies- 
tro nombre. 

Bayona era cuando al negro se le ataba como en el cepo 
de campaña de los militares, que así se llamó. 

A dos manos era el hoca-ahajo doble, dado por dos con- 
tramayorales, uno a cada lado de la víctima, alternando sus 
golpes. 

En las plantaciones se conoció otra variedad del boca- 
abajo para las negras embarazadas. En este caso había que 
conservar la cría que era un futuro aumento de la negrada, un 
instrumento de la riqueza del amo. Para lograrlo se excavaba 
algo el suelo donde había que tender a la esclava madre, de 
modo que en esa concavidad pudiera quedar resguardado su 
abultado vientre y en él su engendro, que ya debía sentir en 
su corazón los latidos acelerados por el látigo, aún antes de 
nacer para el mundo. 

Véase cómjo Cirilo Villaverde (^) describe el hoca-ahajo: 

" — ¡Vírate! (-) — dijo a la esclava echándole garra por 
un hombro con el objeto de derribarla de bruces. 

"Mas ella joven, robusta y ya prevenida, se mantuvo 
firme y dijo : 

" — Sumecé no me catiga, mi suama mi madrina. 

" — ¡ Já! ¡ Já! déjame reir. ¿La señora tu madrina? Pues 
dile que se levante de la cama y que venga a salvarte del boca- 
bajo. Mira, negra de Barrabás, vírate, o te mato... 

' ' — ¡ Mata ! — repuso ella con arrogancia. 

' '^¡ Agárrala tú ! ¡ Túmbala tú ! — gritó el mayoral, ya en . 
el paroxismo de la ira, a los compañeros de la esclava. 

"Tres de estos obedecieron sin tardanza. Dos la cogieron 



(1) Ob. cit., págs. 414 a 416. 

(2) Virar, en su acepción activa, significa poner boca-abajo, 
en la recíproca rebelarse. 



Los NEGROS ESCLAVOS 24^ 



por uu brazo y el otro por un pie, con lo que fué fácil hacerla 
perder el equilibrio y dar con ella en tierra boca abajo. 

"De presumir es que la misma ciega obediencia con que 
los tres se prestaron a ejecutar la orden perentoria del mayo- 
ral, excitara más la cólera de éste respecto a Julián arará, que 
parecía dispuesto a desobedecer. Midióle D. Liborio de alto a 
bajo con ojos en que se traslucía algo de la rabia que le domi- 
naba, no poco de sorpresa y un mundo de recelos, porque era 
amenazadora la actitud del negro, y, como la mayoría de sus 
compañeros allí presentes, estaba armado de machete corto o 
calabozo y azadón. Vino a comprender entonces que había an- 
idado algo imprudente, y que estaba perdido como flaquease en 
el momento crítico. Así que, haciendo de tripas corazón, gritó 
con más aparente brío que nunca : 

" — ¿Y tú qué haces, perro? ¿Por qué no metes mano? 
Dobla el lomo... (soltando uno de los temos que acostumbraba, 
a falta de mejor expletivo). 

' 'Acompañó, además, las palabras con tan fuerte garrota- 
zo con el mango del látigo en la cabeza del esclavo, que le hizo 
titubear y caer luego de rodillas a los pies de Tomasa. Aun allí, 
abatido y todo, no dio muestras Julián de que iba a obedecer ; 
antes temiendo el mayoral que se recobrara del golpe y se 
pusiera de nuevo en pie, agregó : 

" — Sujeta por la pata a e^ grandísima p... o vive Dios 
que te muelo a palos. 

"Y por vía de apremio le asestó un segundo ga- 
rrotazo, que no por más fuerte que el primero, sino porque 
quizás acertó a darle en lugar donde el cabello lanudo no pro- 
tegía completamente el cráneo, le dividió la piel como con un 
cuchillo y brotó un chorro de sangre de la herida. Julián a 
tientas apoyó la mano abierta en la garanta del pie de su 
compañera, y... empezó el bocabajo. 

"Para mayor abrigo, llevaba D. Liborio atado a la cabeza 
un pañuelo de algodón, dos puntas de la lazada del cual le 
caían por detrás y encima se había encasquetado el sombrero 
de paja. Traía la camisa suelta por fuera o faldeta, el puñal 
en la cinta y el machete en su puesto, asegurado con una faja 



25o Í^ERNÁNDO 0RTÍ2 



de lienzo blanco. Apoyó la mano izquierda en la empuñadura y 
con la extremidad del mango del látigo, arrolló las faldas del 
vestido de la esclava hasta más arriba de las caderas y soltó 
la trenza del cuero crudo, que había sujetado en el hueco de la 
misma mano derecha. Todo esto por su orden, bien calculado, 
con calma y formalidad, como quien no tenía prisa, antes se 
proponía saborear goce exquisito, a cuyo efecto no debía pre- 
cipitar los sucesos. 

"Clareaba el horizonte por el Este con las purísimas lu- 
ces del alba. Descargado el primer latigazo con el aplomo y tino 
de quien posee brazo experimentado y de hierro, pudo conven- 
cerse el mayoral que la pajuela o punta de cáñamo torcida 
y nudosa, con chasquido peculiar, había trazado un surco ceni- 
ciento en las carnes de la muchacha. En seguida descargó 
otros y otros en más rápida sucesión hasta hacer saltar peda- 
zos de la piel y fluir la sangre ; sin que a todas estas la víctima 
exhalase una queja, ni hiciese otro movimiento que contraer 
los músculos y morderse los labios. 

"Así tuvo un desfogue momentáneo la ira del mayoral, 
mas el estoicismo de la muchacha le privó en mucha parte del 
placer que se prometía al azotarla. El dolor, sensación fatal 
en todo ser animado, no la redujo, como él esperaba, al extre- 
mo de pedir perdón a su verdugo. Por eso, y porque deseaba 
concluir antes de salir el sol, encomendó a los dos c^ontraraayo- 
rales el castigo de Juana y de sus compañeros, contentándose 
él con observarlos de cerca, para hacerles "apretar la mano", 
cada vez que por compasión o por otro motivo cualquiera supo- 
nía que no daban bastante recio. Tan pronto como se despa- 
chaba uno, le hacía lavar la llaga con orines en que se habían 
echado de antemano unas puntas de tabaco, a fin de evitar el 
pasmo o tétano, ordenando que los herreros les pusieran los 
grillos que para eso se hicieron venir de la mayordomía de la 
finca. Por lo que respecta a Julián, que se había desmayado 
dos o tres veces, o por el rigor del castigo, o por la pérdida de 
la sangre, juzgó prudente fuese trasladado a la enfermería 
para que le curase la herida de la cabeza. A los demás penados, 
impedidos por el peso de los grillos y el dolor de los crueles 



LOS ÍÍÉGROS ESCLAVoá 25l 



azotes, los obligó a trabajar, junto con los restantes negros, 
en el chapeo de las guardarayas alrededor del caserío del inge- 
nio, — (jue fué la fagina que desde el principio se propuso sa- 
car D. Liborio. ' ' 

Era, en fin, el bocabajo el espectáculo más frecuente y 
repulsivo de la vida esclava en los campos. No es que se aban- 
donara en las poblaciones ; pero aquí la represión fué siempre 
más atenuada. 

Esto no obstante, importa no olvidar que en la Habana, 
dadas las dificultades que por lo común experimentaban los 
amos para azotar a sus esclavos y escarmentarlos duramente, 
había lugares como la Maestranza de Artillería y el Veda- 
do (^) donde se admitía a los esclavos para castigarlos y se les 
azotaba por cuenta del amo. 

"En la maestranza de artillería de la Habana, situada de- 
trás del palacio de la Intendencia, había una especie de presi- 
dio correccional, cuyo cjipataz, sargento cumplido del cuerpo, 
se hacía cargo de castigar al esclavo que, habiendo cometido 
una falta, se lo remitían los amos con ese objeto. Le azotaba 
más o menos fuertemente, según la orden escrita, que a veces 
portaba la misma víctima, siempre a condición o en cambio 
de los trabajos que podía desempeñar en la maestranza, por 
dos o tres semanas. El salario se le cargaba al Gobierno y lo 
pagaba la Hacienda pública, aunque no rezaba que la deuda 
procedía de la aplicación de unos cuantos azotes. 

"Lo mismo ocurría en el Vedado, terrenos pertenecientes 
a la familia de Frías, dedicados por su aridez exclusivamente 
a la explotación de cantos y de cal para la fabricación de 
casas. Aquí también distribuían azotes a cambio de trabajo 
del esclavo castigado por cuenta y riesgo del amo.'' 

La flagelación solía agravarse, refinarse su crueldad, pues 
so pretexto de curar las heridas causadas por la cascara de 
vaca, el mayoral ordenaba que fueran untadas aquellas con 
un inmundo menjurje compuesto con ¡ orines, aguardiente, sal, 
tabaco o pimienta! Parecida operación, más cruel aún, se usó 



(1) C. ViLi.AVERDE. Cecilia Valdés, pág. 205. 



252 l<'ERNANt>0 OlíTlZ 



también en la Metrópoli, donde se llamaba pringar. Los datos 
demostrativos no son pocos. (^) 

Loz azotes fueron primeramente ilimitados en su número 
por la ley; pero el reglamento de esclavos de 1842, en su ar- 
tículo 41, los reducía a 25. Mas el novenario y el llevando 
cuenta, amén de otros refinamientos de crueldad, y de la poco 
menos que ninguna sanción que pesaba realmente sobre los 
amos que sevieiaban a sus esclavos, convertían en letra muerta 
aquella limitación reglamentaria. 

Los casos de sevicia contra los siervos africanos y criollos 



(1) Por ejemplo: "al esclavo, si muero, mando que cada día le 
pringuen tres veces." (Francisco de Quevedo. El entremetido y la 
dueña y el soplón. Véase en sus Obras Satíricas y Festivas, Madrid, 
1911, pág. 306.) No parece acertada la observación de Julio Cejador 
a esta voz usada en El Lazarillo de Tormes. (Edición de "La Lectu- 
ra." Madrid, 1914, pág. 85). Dice el autor de la picaresca obra: "a mi 
padre agotaron y pringaron," y Cejador anota: "Pringaron o pinga- 
ron, colgaron, ahorcaron. (Tirso: Mari Hern., 3, 22: Pues, según nos 
quiere mal, | he de pringarme. Q. Benau. I, 331: Te arrojo y pringo 
en las nubes. Pingar por ahorcar, colgar, se usa en León, Maragate- 
rla, Palencia, Segovia, de pen (di) car (e), penderé)." Sin embargo, 
es evidente que Pringar no tiene nada que ver con pingar. Si esta 
voz viene de pendicare, y lo demuestra más claramente su derivado, 
aún hoy en uso, pingajo; la voz pringar, en cambio, debe de deri- 
varse de pringue: grasa que da de sí el tocino u otra materia crasa 
cuando se aplica y derrite al fuego. Pringar es la acción de untar 
con pringue alguna cosa. Y antiguamente, aunque lo olvide Cejador, 
se solía en España castigar a los esclavos echándoles pringue hir- 
viendo. Cuando Quevedo hace desear a un esclavo que lo pringuen 
tres veces al día, no quiere decir, como interpretaría Cejador, que le 
ahorquen tres veces diarias. Ello sería un absurdo. En Cuba también 
se pringó a los esclavos, como se verá más adelante al transcribir 
precepto de las Ordenanzas de Alonso de Cáceres. Hasta los diccio- 
narios de la lengua castellana, en las voces pringar y pringue expli- 
can su significado en relación con el bárbaro castigo citado. Véase, 
por ejemplo, el Nuevo Diccionario de la Lengua Castellana, editado 
en 1879 por la librería de Ch. Bouret, de París, que no es el mejor 
aunque sí es el que, ahora que escribo, tengo a mano. Pringar, tanto 
vale como lardar o mechar los esclavos con grasas, resinas o pringue 
hirviendo. Más tarde, suavizados los castigos, la voz pringar se adop- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 253 



eran numerosos; pero casos como el referido por Pirón (^) 
pertenecen al campo de la psicopatología y no pueden tomíirse 
como reflejo de la normalidad. 

Lo mjsmo, acaso, debe de pensarse de muchos suplicios 
descriptos por viajeros de las colonias francesas e inglesas, los 
cuales demuestran o que su celo antiesclavista o narrativo les 
hizo presentar como frecuentes, hechos del todo desusadas, o 
que la esclavitud en aquellas pequeñas colonias antillanas era 
mucho más cruel que entre los españoles, circunstancia ésta 
muy verosímil y creíble dada la gran abundancia de documen- 
tos justificativos de la refinada crueldad de los plantadores de 
las otras ccolonias de las Indias. (-) 



tó para la aplicación del menjurje descrito, que, acaso, produciría 
parecidos sufrimientos. 

En el entremés de Los Negros, de Simox Agitapo. (") un señor 
amenaza a un negro esclavo con pringarlo, gastando cuatro libras de 
tocino en su harriga a ese fin. Los esclavos del entremés, a pesar de 
que el amo quiere tomar una hacha para pringarlos, acaban cantando 
y danzando, demostrando que están emperrados en hacer su vo- 
luntad: 

"Mira mexo, Dominga 

que te vienen a pringar. 

y no me pienso mudar 

aunque ma se me pringa." 
Este entremés interesantísimo responde definitivamente a la 
cuestión. Es curioso observar cómo sin duda por igual razón, en la 
jerigonza maleante de la bribia hispana del siglo xvi se llamaba 
tocino a los azotes, según Salillas. C*) 



(a) Es de fecha 1602. según el Ms. que se conserva en la Bi- 
blioteca Nacional de España. — ^Véase en Emilio Cotarelo, Colección 
de entremeses, loas, bailes, jácaras y mojigangas desde fines del 
siglo XVI a mediados del XVIII. Tomo 1." Vol 1.°, págs. 31 y sigts. 

(b) Rafael Salillas. El delincuente español. El Lenguaje, Ma- 
drid, 1896, pág. 178. 



(1) Ob. cit., pág. 60. 

(2) No tiene razón Fierre de Vaissiere, cuando en su notable 
libro Saint-Domingue (París, 1909) dice que los franceses fueron 
entre todos los europeos los menos crueles con sus esclavos. En el 
citado libro puede verse una detenida relación documentada de los 
muchos suplicios sufridos por los negros en aquella isla vecina. 



254 FERNANDO ORTIZ 



Nuestros literatos pintaron muchas veces esas escenas de 
barbarie de la vida cubana de aquel entonces. Los antiescla- 
vistas intensificaron el sentimiento de oprobio y de horror que 
llegaron a inspirar ; y ningún cubano viejo o que haya tenido 
una miadre criolla que le narrara en la infancia los cuentos de 
la esclavitud, puede olvidar el gemido de los esclavos azota- 
dos, el retorcerse de sus miisculos al estallar el foete, la sangre 
que brotaba del surco de los azotes, y la honda súplica de pie- 
dad, incesante, rítmica como el látigo: ¡Ta hueno, mi amof 
¡Ta bueno, mi amito! ¡Ta bueno, mi am/)! ¡Ta bueno, niño...! 

Anselmo Suárez, ponía lo que sigue en boca de un ma- 
yoral : 

''Les mandé a Juan, a Candelario, a "Wenceslao y a Cris- 
pín que me lo sujetaran por las manos y las patas; y yo mismo 
con estas manos ¡ cómo las maldecirá el maldito ! empecé a des- 
flecarlo. Uno, dos... lleva la cuenta, le dije ; en equivocándote, 
vuelvo a empezar la fiesta. A los ocho se equivocó, y tuve que 
cumplirle la palabra. Comencé de nuevo ¿qué iba a hacer? 
Pero el negrito se emperró, que parecía un berraco montuno, 
y no quiso contar más ; mordía la tierra, se mordía los bembos, 
echaba sangre por la boca, y crujía los dientes. Bien. La jarana 
le costó treinta zurriagazos de añadidura. Por cincuenta llevó 
ochenta. Estos marinitos de la Habana creen que uno se mama 
el dedo, y que se deja pasar la mota por la cara." 

" — ¡Toma que si salió! A mares, Niño Ricardo. A cada 
beso de la pajuela saltaba un chorro; al fin, es de cáñamo. Y 
no fué eso lo mejor del cuento; los orines con aguardiente, 
sal y tabaco con que le embarré las nalgas; no le valió la 
guapería ; dio más saltos que un venado. ¡ Si digo yo que la 
unturilla es áspera!" 

"Le pegué un par de trabas, le di su machete, y se 
zumbó a cortar caña con la gente. ¡ Estaría bueno dejarlo des- 
cansar a la sombra ! ¡ Las cosas del Niño ! Y mañana tempra- 
nito, veinte y cinco, y pasado, otros veinte y cinco ; el nove- 
nario de Arcángel. No le faltará tampoco el ungüento de la 
Magdalena; soy un médico que paso de inteligente en la fa- 
cultad. Después lo pondremos donde syde para que le salgan 



LOS NEGROS ESCLAVOS 255 



los malos humores que debe de haber traído de la Habana, 
verbi gracia, en las fornallas metiendo combustible; siempre 
con su grillete, y alerta sobre él.'' 

No hay que olvidar, sin embargo, que la pena de azotes 
no fué privativa de la esclavitud colonial, pues entraba en el 
régimen penal de las galeras para los siervos de la justicia (¡ ), 
De esa época aún nos quedan expresiones incrustadas en nues- 
tra habla vulgar. Cuando un sujeto está muy pobre y abatido, 
dice que está pasando una crujía, frase jergal de los galeotes. 
"Es pasar crujía — dice Cristóbal Suárez de Figueroa(^) — 
tenderlos desnudos en medio de los dos lados de la galera. 
Amárranlos fuertemente de manos y pies, y con un gniesc 
cordel embreado descarga el de más pujanza sobre los infe- 
lices un centenar o dos de espantosos golpes. Si se está í(ueJo 
el castigado, hojaldéanle cruelmente espaldas y asentaderas; 
si se vuelve, regálanle la barriga y pecho con la suavidad del 
indomable rebenque. Por manera, que, dar el azote, hacer 
cardenal, y reventar la sangre todo es uno. Sigúese luego la 
más importante caricia. Abiertas en esta forma sus carnes, 
tienen prevenido un lebrillo de sal y agua, con que se le salan 
y abrigan las heridas. Considerad cuan grave será su dolor, 
cuan insufrible su tormento. Con saber eran los que padecían 
la gente más vil y facinerosa del mundo, me fiuebraba el cora- 
zón siempre que vía ejecutar en ella semejante suplicio.'' 

¿Qué extraño, pues, que se considerase natural y plausible 
el castigo de azotes al esclavo? Y así pasó a nuestras costum- 
bres coloniales, de la vida marinera de la flota, como otros 
hábitos y con muchos giros y expresiones. (^) 



(1) El Pasagero. Advertencias útilísimas a la vida humana. 
1617. Edición "Renacimiento." Madrid, pág. 151. 

(2) Los azotes fueron usados también en el ejército español. 
Véase cómo trata de justificarlos en la esclavitud negra José Fesieb 
DE CouTO. (Los Negros, etc. Nueva York, 1864, págs. 94 y 95). Dice 
así: "En estas consideraciones, y en prejuicios generales en aquella 
época se inspiró la Condesa de Merlin al decir lo que sigue: Está 
prohibido aplicar penas corporales a los esclavos a menos que no sea 
por faltas graves; y aún en este caso el castigo será limitado por ¡a 



256 FERNANDO ORTIZ 



II 



Otras penas sufrían además los esclavos. El referido ar- 
tículo 41 del Reglamento de esclavos, de 1842, decía: "El 
señor puede castigar al esclavo con prisión, grillete, cadena, 
maza o cepo, o con azotes que no pasarán del número de vein- 
ticinco." 

La prisión se sufría en el departamento del barracón des- 
tinado al efecto, donde existían inmundos calabozos, que ya en 
1791, en plena era esclavista, excitaban la abominación de las 
personas de buen juicio. Así puede verse en un escrito publi- 
cado en dicho año por el Papel Periódico de la Hava^ia (8 de 
Marzo) en el cual, después de referii-se a las epidemias rei- 
nantes, dice: 

"Por todas estas razones os suplico coloquéis un cepo 
fuerte en parte ventilada para que duerman seguros los pre- 
sos: no quede piedra sobre piedra de calabozos: destruyase 
hasta su memoria, indigna del marcial nombre Havano, y no 
sepa la posteridad que huvo tiempos de hierro en que se usa- 
ron. Quando he visto á estos miserables que después de haber 
sufrido el peso del dia, haraposos, encadenados, y tal vez ham- 
brientos baxan la escalerilla de la casa de molienda para en- 
trar en su prisión, no he podido menos de volver el rostro 
por no mirarlos, horrorizado de que nuestros antiguos nos 
dexasen esta practica. Practica nociva, exhalados en sudor, 
abiertos los poros, los saca al campo, al aire húmedo, al frió. 



ley: nos repugna esta cruel condición; pero es de imperiosa necesi- 
dad, y el negro acostumbrado a este rigor desde su nacimiento en 
África, sea por hábito, sea porque no siente el peso moral de esta 
ignominia, no la mide sino por el dolor: así su repugnancia por el 
trabajo y su indolencia no ceden sino a la violencia, que es mucho 
más chocante para los hombres nacidos en los países civilizados, 
para quienes las ideas de dignidad y de afrenta tienen un significa- 
do. ¿El soldado inglés no tiene que sufrir el flogging? el soldado ale- 
mán no está sujeto al schlagF y el marinero francés no recibe loe 
coupa de corde o de touline?" 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



257 



y les produce constipaciones, pulmonias, dolores pleuriticos 
que acaban con ellos, y nuestro dinero. 

"Tan tristes efectos, y el clamor de estas infelices victimas 
de la malicia humana (que asi los llamo, porque creo es la 
esclavitud la mayor maldad civil que han cometido los hom- 
bres quando la introduxeron) que desde el fondo de sus pri- 
siones parece que me dicen: Ednc de custodia animam meaní 
es lo único que me mueve a escribir esta carta esperanzado de 




Fig. ntm. 25.— CASTIGO del cepo. (Dibujo de ¡a época) 

mejorar la suerte de estos desgraciados, y contribuir según 
puedo á la felicidad común." 

Frecuentemente la prisión se agravaba con el cepo. Deje- 
mos la descripción de este suplicio, así como la de otros, a un 
curioso opúsculo de propaganda abolicionista. (^) 

'*E1 cepo consiste en un enorme tablón con agujeros en los 
cuales se introduce el pie. la mano o la cabeza del negi'o casti- 
gado. A veces son los dos pies los sujetos, y entonces el negro 
descansa, bien sobre la espalda, bien sobre el pecho o vientre. 
El castigo se convierte en un verdadero suplicio a poco que se 



(;) El cepo y el grillete^ M^idrid, 1881, págs. 12 y sigts. 



268 



FERNANDO ORTIZ 



le prolongue, sobre todo por las circunstancias climatológicas 
de Cuba. Cualquiera puede imaginarse lo que será el cepo de 
cabeza, reducción del antiguo y bárbaro suplicio del enterra- 
miento con la cabeza fuera. Los mosquitos, moscas e insectos 
de toda especie, cuyo número es incalculable en las Antillas, 
se ceban hasta lo indecible en el rostro y la cabeza del pobre 
esclavo, imposibilitado de defenderse con las manos," (Véanse 
fi guaras núms. 25 y 26.) 

El cepo no fué inventado por los negreros. Se usó en 




Fig. nüm. 26. -CASTIGO del cepo. (Dibujo de ¡a época) 



muchos países blancos para penados vulgares, y lo conocieron 
los propios negros en sus tierras con igual fin penitenciario. (^) 

El grillete, usado también entonces por los presidiarios, 
era una argolla de hierro que se ponía en el tobillo de los escla- 
vos por medio de remaches, que hacían muy difícil que el pro- 
pio esclavo se los quitase. 

Una variedad del grillete era la maza. (Véase fig. núme- 
ro 27.) 

' ' Se llama maza un enorme tronco de madera, al cual está 



(1) Paul B. Du Chaillu. A Journey to Ashango-Land. London, 
1867, pág. 136. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



259 



sujeta la cadena que por el otro extremo enlaza con el grillete 
aplicado a la garganta del pie del negro. De este modo se difi- 
culta hasta lo indecible la marcha del castigado, que para 
andar tiene que recoger la maza y ponerla sobre su cabeza." 
''Naturalmente el grillete con maza se emplea menos, no 
tanto por lo duro del castigo (que esto preocupa poco al hom- 
bre sin entrañas que se llama muy oral de un ingenio), cuanto 




Fie- DÚm. 27- CASTIGO de la maza. (.Dibujo de la épca) 



porque es punto menos que imposible que un negro abrumado 
con el peso de la maza y la opresión del grillete se dedique a 
los agotadores trabajos del campo." 

"Lo más usado es, pues, el grillete sencillo, que se carga 
a una o a las dos piernas. En este último caso, una gruesa ca- 
dena sujeta a los dos grilletes (simples argollas o aros de 
hierro con barretas ajustadas a la pantorrilla del hombre), y 
el negro para andar ha menester recogerla, y o bien atarla a 
la cintura o llevarla en la mano izquierda. Excusado es decir 
que los grillos y la cadena se unen a fuego. En esta situación 
el negro es llevado a la corta de caña, y en general a todas las 
terribles labores del ingenio." (Véase fig. núm. 28.) 

"Naturalmente este castigo produce no pocas enferme- 



260 



FERNANDO ORTIZ 



dades. Los negros de campo padecen mucho de insolaciones o 
de tabardillos, quebraduras y de enfermedades de ríñones. 
Lo primero es propio de lo rudo del trabajo, a cielo abierto, 
en un clima extremaso y bajo un sol abrasador como ninguno," 
''En cuanto a las relajaciones y demás enfermedades, 
harto se comprende que por mucha que sea la robustez y resis- 
tencia de la ra^a africana (y éstas se exajeran en la misma 
proporción en que interesadamente se rebaja la aptitud del 
blanco para las operaciones agrícolas) es imposible que las 




Fíg. núm. 25.— GRILLETES CON CADENA. {Díbujo de la época) 



caderas de un pobre negro no se quebranten con el peso de la 
cadena, que se aumenta a medida que el negro parece más 
fuerte. ' ' 

"Y aparte las llagas, úlceras y heridas que producen los 
grilletes, cuya dureza atenúa el pobre esclavo introduciendo 
yerba y hojas entre el hierro y su piel. En est« punto no es 
fácil precisar los efectos de tan bárbaro castigo. En Cuba, 
donde no hay contabilidad, ni estadística, ni administración 
en el rigoroso sentido de la palabra, nadie sabe ni puede saber 
lo que pasa en las enfermerías de un ingenio." 

Jll collar era ''otro instrumento más degradante ^qn, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



261 



cuanto que consistía en un aro de hierro que se colocaba en el 
cuello al penado, cerrándose con llave o remache ; de este aro 
partían dos a modo de cuernos, también de hierro, que sobre- 
saliendo por los lados a la cabeza, tenían en los extremos supe- 
riores una campanilla cada uno, como las que se acostumbran 
poner a las vacas en cría, y así, a donde quiera que se dirigía 
el esclavo llevaba consigo el sonsonete ominoso que le denun- 




Fig. núm 29.— CASTIGO de la máscara. (Dibujo de ¡a época) 

ciaba, " ( ^ ) Este castigo se usaba generalmente con los esclavos 
que se huían, (2) lo mismo que el pregón, por el cual el casti- 
gado se veía obligado a ir giñtando su castigo y presencia ; por 



(1) Mabtin Mobua Delgado. Sofía, novela, Habana, 1891. 

(2) La huida era con tal collar muy difícil en el monte. En las 
Antillas francesas se usaba contra las esclavas que se hacían abor- 
tar, y no se les quitaba hasta después del parto. 



Í^ÉRlÍAÑtio Otttl¿ 



ejemplo: ¡Aquí va Fulano que se jmjó, cimarrón! ¡Aquí va 
Fulano que robó una canasta de boniatos... ! 

No sé si en Cuba se usó la máscara (Véase el grabado nú- 
mero 29) usada en las demás Antillas; pero es probable que 
se usase en tiempos antiguos. Consistía en una especie de más- 
cara de lata que se aplicaba sobre la cara y se sujetaba con un 
candado cerrado a llave. El esclavo con la cabeza metida en tal 
artefacto no podía comer, ni beber, sin permiso. Por eso se 
aplicaba a ios borrachos, a los que comían tierra, y a los que 
¡ comían caña ! 

Cuando tenía que aplicarse la pena de muerte a un escla- 
vo, solía aplicarse en el batey del ingenio ante la dotación, 
formada al efecto. Se daba la muerte en garrote, máquina sim- 
ple, como puede verse en la fig. 30, que no tenía los perfeccio- 
namientos del garrote oficial, usado con los demás delincuentes 
reos de esa pena en España y Cuba. Un tablón clavado en el 
suelo sirve de respaldo a un asiento donde se pone el reo. A la 
altura del cuello de éste se abre un agujero en el tablón, por 
el que pasan los extremos de una soga que enlaza el cuello de 
la víctima. Por detrás del tablón se atan los extremos de la 
soga, a la cual se le tiene que dar vueltas con un garrote, apre- 
tándose así la garganta del condenado hasta la asfixia. 

Los que estudiaron la esclavitud en las otras Antillas nons 
describen castigos de crueldad tan refinada que escapan a la 
imaginación normal, como puede verse, por ejemplo, en Vais- 
siere. (^) Según este autor, en las otras Antillas el boca-abajo 
se daba a veces colgando al negro por sus extremidades y así 
se le llamaba hamaca, o bien se le colgaba de las manos. Los 
esclavos a veces eran echados vivos a los hornos, o quemados 
parcialmente con tizones o hierros enrojecidos. Algunos hubo 
a los cuales se les puso pólvora para hacerla explotar con una 
mecha, a lo que se llamó hriiler un peu de poudre au cul d'un 
ncgre. A las mujeres se les quemó las partes deshonestas. A 
otros se les derramó solare sus cabezas guarapo hirviendo. Las 
mutilaciones fueron también frecuentes ; y lo fué, aún en tiem- 



(1) Saint-Domingue, págs. 189 y sigts. 



Los NEGROS ESCLAVOS 



26á 



pos relativamente modernos, el suplicio de enterrar vivo a un 
esclavo en la fosa que él mismo se abría, dejándole la cabeza 
fuera, la cual se untaba con melaza para que lo comieran las 
moscas. A veces los ataron desnudos, y tendidos en el suelo, 
embarrados con azúcar, junto a los hormigueros. Estos casti- 
gos horrendos, y otros análogos, no fueron vistos en Cuba, 
salvo rarísimos casos de índole patológica. 







Fig. núm. 3(?.— GARROTE DE ESCL.wos. (Dibujo de l3 época) 

Nuestros literatos, (^) nuestros abolicionistas más furi- 
bundos (^), no pudieron jamás en su fervor antiescla\'ista más 
exaltado, citar hechos de tal sevicia. En Cuba no fueron tan 
inhumanos. 



(1) Por ejemplo, Axselmv) Si'arkz en su novela Francisco, que 
fué la Cabana del tío Tom de Cuba. 

(2) "Véase, por ejemplo. Un Camagieyaxo. L'esclavage dans 
rile de Cuba. París, 1862. 



264 FERNANDO ORTIZ 



III 

Sin embargo, en los primeros tiempos de la colonia, sí 
hubo que registrar castigos muy crueles, de salvajes refina- 
mientos, bien pronto suprimidos en lo posible, justo es decirlo, 
por el derecho esclavista. Los datos que conservamos de aíjuella 
época son harto escasos. 

El Cabildo municipal de la Habana en sesión de 10 de 
Diciembre de 1565 acordó ciertas medidas de orden militar 
para defender la ciudad contra los piratas y dispuso que al 
negro libre o esclavo, o mulato que las infringiera se le pondría 
de peim "que fuese desjarretado de un pié." (*) Además de 
esta pena, y de la de cortar las orejas a los esclavos huidos, die 
que trataré más adelante, hallamos una más horrible y bárbara 
aplicada en Cuba, como en la Metrópoli. 

Unas disposiciones de las Ordenanzas de Alonso de Caca- 
res (1574) nos ponen de manifiesto a la vez que los abusos de 
poder dominico y las sevicias frecuentes, el cuidado de repri- 
mirlas, por más que, dicho sea también en verdad, tales orde- 
tmnzas sólo fueron puestas en vigor unos setenta años después 
de redactadas por el oidor con cuyo nombre se conocen en la 
historia del derecho cubano. 

Así hallamos los arts. 60 y 61, cuya claridad excusa todo 
comentario. 

"60. — Que porque muchos se sirven de sus esclavos y no 
les dan de comer y vestir para cubrir las carnes, de lo cual se 
sigue que los tales esclavos andan a hurtar de las estancias 
comarcanas para comer, y de los tales malos tratamientos vie- 
nen a se alzar y andar fugitivos : ordenamos y mandamos que 
todos los que tuvieren negros en estancias, hatos o criaderos de 
puercos y otras cosas, les den comida suficiente para el traba- 
jo que tienen, que asi mismo les den dos pares de zaragüelles 
o camisetas de cañamazo cada año por lo mfenos, y no les den 



(1) Desjarretar es cortar los jarretes, parte posterior de la ar- 
ticulación de la rodilla. 



LOS KEGROS ESCLAVOS 265 



castigos escesivos, y crueles, y que para ver si se les cumple 
esto, y como son tratados, los alcaldes de esta villa, el uno el 
mes de marzo y el otro el mes de octubre, sean obligados a visi- 
tar los hatos y estancias ; de informarse del tratamiento de los 
dichos negros; si les han dado la dicha comida y caloña, y si 
hallaren negros incorregibles, y que alteran los otros, mandar 
a su amo los saque a vender fuera de la tierra. 

"61. — Porque hay muchos que tratan con gran ciiieldad 
sus esclavos, azotándolos con gi-an crueldad y mechándolos con 
diferentes especies de resina, y los asan, y hacen otras cruelda- 
des de que mueren, y quedan tan castigados y amedrentados 
que se vienen a matar ellos, y a echarse a la mar. o a huir o 
alzarse y con decir que mató a su esclavo no se procede contra 
ellos : que el que tales crueldades y escesivos castigos hiciere a 
su esclavo, la justicia lo compela a que lo venda el tal esclavo 
y le castigue conforme al esceso que en ello hubiere fecho. ' ' 

Sin duda, más adelante tales atrocidades desaparecieron, 
pero no cabe duda de la frecuente injusticia de los castigos, 
por cuanto no existía una proporción legalmente establecida 
entre la falta y su represión violenta. Hasta el Reglamento de 
Esclavos de 1842 puede decirse que no se conoció limitación ni 
en la forma de los suplicios, ni en el número de los azotes, si 
bien, como hemos visto, los excesos, aún con expresión indeter- 
minada, de los amos podían ser a su vez castigados. Por el ar- 
tículo 41 de este reglamento, el amo podía castigar correccio- 
nalm^nte al siervo ''según la calidad del defecto o exceso;'' 
sin que se establezca regla precisa de proporcionalidad de esta 
justicia correccionulista. El art. 43 exige la moderación; y el 
46 define (^) como excesos en las penas correccionales (sic) el 



(1) Las citadas disposiciones legales, dicen textualmente: 
"Art. 41. — Los esclavos están obligados a obedecer y respetar 
como a padres de familia a sus dueños, mayordomos, mayorales y 
demás superiores y a desempeñar las tareas y trabajos que se les 
señalasen y el que faltare a algunas de estas obligaciones podrá y 
deberá ser castigado correccionaJmente por el que haga de jefe en 
la finca segiin la calidad del defecto o exceso, con prisión, grillete, 
cadena, maza o cepo donde se les pondrá por los pies y nunca de 



266 Í^EfeNANbO ORTIZ 



causar contusiones graves, heridas o mutilación de miembro: 
y el art. 32 pena a los amos con la venta obligatoria del esclavo, 
cuando le cause vejación, le dé mal trato o cometa en él exce- 
so contra la himianidad o racionalidad. 

Y en ese Reglamento de 1842 se limitó a 25 el número de 
azotes, y se dispuso que el cepo se usara por los pies y nunca 
por la cabeza. Además de estos dos castigos, se reconocían 
como únicos legales la prisión, el grillete, la cadena y la maza. 



cabeza, o con azotes que no podrán pasar del número de veinte y 
cinco. 

Art. 42. — 'Cuando los esclavos cometieren excesos de mayor con- 
sideración, o algún delito para cuyo castigo o escarmiento no sean 
suficientes las penas correccionales de que habla el artículo anterior, 
serán asegurados y presentados a la justicia para que con audiencia 
de su amo si no los entrega a la noxa o con la del Síndico Procura- 
dor si los entregase o no quisiese seguir el juicio se proceda a lo 
que haya lugar en derecho; pero en el caso de que el dueño no haya 
desamparado o cedido a la noxa el esclavo, y este fuere condenado a 
la satisfacción de daños y menoscabos a un tercero, deberá responder 
el dueño de ellos, sin perjuicio de que al esclavo delincuente se le 
aplique la pena corporal o de otra clase que merezca el delito. 

Art. 43. — Sólo los dueños, mayordomos o mayorales podrán cas- 
tigar correccionalmente a los esclavos con la moderación y penas que 
quedan prevenidas, y cualquier otro que lo hiciera sin mandato ex- 
preso del dueño o contra su voluntad, le causare otra lesión o daño, 
incurrirá en las penas establecidas por las leyes, siguiéndose la 
causa a instancia del dueño o en su defecto a instancias del Síndico 
Procurador, como protector de esclavos, si el exceso no es de aquellos 
que interesen a la vindicta pública, o de oficio si fuere de esta últi- 
ma clase. 

Art. 46. — Si las faltas de los dueños o encargados de regir la 
esclavitud en las fincas fueren por exceso en las penas correccionales 
causando a los esclavos contusiones graves, heridas o mutilación de 
miembros u otro daño mayor, además de las multas pecuniarias cita- 
das, se procederá criminalmente contra el que hubiere causado el 
daño a instancia del Síndico Procurador o de oficio para imponer la 
pena correspondiente al delito cometido, y se obligará al dueño a 
vender al esclavo si hubiere quedado útil para el trabajo o a darle 
la libertad si quedase inhábil y a contribuirle con la cuota diaria 
que señalase la justicia para manutención y vestuario mientras viva 
el esclavo, pagaderas por meses adelantados." 



Los ISEGROS ESCLAVOS 267 



Pero nuuca se reglamentó la forma del castigo, y en eso estri- 
baba con frecuencia la mayor o menor crueldad del mismo. 
Dos años después, la limitación se derogaba por el art. 2? de la 
providencia del Grobierno colonial de 31 de Mayo de 1844, en 
el cual se concedió a los amos amplio arbitrio para castigar a 
los sien'os "con azotes o prisiones en el número y por el tiempo 
que el empleado o encargado considere conforme a las ins- 
trucciones del amo, advirtiéndole que por ningún caso aplique 
por su mano el castigo de azotes y que al ordenarlo se incline 
más bien a la moderación que al exceso," Desde entonces, 
dieron los boca-ahajos los eontramayorales, negros, esclavt>s 
también, constituyendo así otro refinamiento de crueldad. 
Hasta en el tratamiento de los esclavos los hacendados magna- 
tes de la colonia se resistían a todo progreso. 

Después la ley de "vientres libres" de 1870, suprimió los 
azotes (art. 21) y castigó la sevicia más duramente, pero sub- 
sistieron el cepo, el grillete, la maza, la prisión, etc. La ley 
abolicionista de 1880 que suprimió los esclavos y creó los pa- 
trocinados, ratificó para éstos la prohibición de los azotes (ar- 
tículo 14) pero dejó también vigentes los otros suplicios. Y 
hay que llegar preeisam.ente al Reglamento de esta ley (8 de 
Marzo de 1880) para hallar la primera escala de penas a los 
esclavos, digo mejor, a los patrocinados ; de modo que el Esta- 
do no se ocupó de regular el arbitrio del amo en materia de 
castigos a sus esclavos, sino después de abolida la esclavitud, 
y para los sometidos a ese estado de semiservidumbre, o de 
esclavitud transitoria, que se llamó patroyiato. 

Dice el art. 36 de dicho Reglamento lo que sigue: (^ 

"Art. 36. Se considerarán de tres clases las faltas de 
los patrocinados que pueden ser castigadas por los patronos ; 
a saber : leves, menos leves y graves. 

"Serán leves las siguientes: 



( 1 ) Este Reglamento no se publicó en la Gaceta ni en la Colec- 
ción Legislativa, y no figura en Alcubuxa, Oliva, Zamora, y otras 
colecciones particulares. 



^68 FERNAIÍDO ORtlZ 



"La resistencia pasiva al trabajo cuando fuere uniperso- 
nal ; el mal servicio ; la salida de la casa o de la finca sin per- 
miso del patrono o su representante ; las querellas o discordias 
con otros sirvientes; la falta de respeto o de obediencia al pa- 
trono, al representante o familiares; y cualquier otro hecho 
análogo a los expresados. 

' 'Serán faltas menos leves : 

' 'La repetición de las leves ; la fuga de la casa o finca por 
término que no exceda de cuatro días; la desobediencia grave 
o perturbación en el orden del trabajo a que está consagrado ; 
u otra de igual índole. 

"Se entenderá por faltas graves: 

"La falta de enmienda en el patrocinado; las injurias al 
patrono, sus representantes o familiares; la fuga que exce- 
diese de cuatro días, no pasando de dos semanas; el dar cour 
se jo a los otros trabajadores ([ue se resistan al trabajo, para 
que no cumplan con sus deberes, o para que practiquen o de- 
jen de practicar algún otro acto que amenace con una pertur- 
bación en el orden interior de la finca o establecimiento, de 
las previstas en el art. 48. 

"Las faltas leves podrán ser castigadas con cepo durante 
uno a cuatro días. 

' 'Las menos leves con igual penalidad de uno a ocho días, 

"Finalmente, las faltas graves podrán ser castigadas con 
cepo y grillete durante uno a doce días, quedando los patronos 
facultados para duplicar este plazo, si no se notare enmienda 
en el patrocinado. 

' 'Los patronos podrán igualmente disminuir el extipendio 
mensual de los patrocinados en proporción al tiempo que 
éstos dejaren de trabajar por hallarse sufriendo castigo ; pero, 
si hicieren uso de ese derecho, deberán dar el oportuno cono- 
cimiento a la Junta respectiva. ' ' 

Al fin estas penas de cepo y grillete desaparecieron por 
Real Decreto de 21 de Noviembre de 1883. 

Después de lo que antecede no acierto a comprender, 
fuera de un celo esclavista, cómo hubo viajero que pudo afir- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 269 



mar que la situación del negro esclavo en las Indias Occiden- 
tales, era preferible a la esclavitud que tenía en su país ori- 
ginario. "Si a un bozal, decía, (^) se le brinda la restitución a 
su país^ativo y la entrega a sus antiguos amos, noventa veces 
de cien, rehusará el ofrecimiento. ' ' 



(1) J. Smith. Trade and travels in the Gtilph o/ Guinea, with 
an account of the manners. habits, customs, and religión of the in-, 
habitants. London, 1851, pág. 57, 



CAPITULO XV 



s\tií/la.:eixo-. las enfermedades del esclavo ru- 
ral. — La mortalidad de los esclavos. — Sus causas. — Los mé- 
dicos. — "Cirujanos romancistas y barberos ilustres" — Las enfer- 
medades. — La enfermería. — Abandono de la higiene. 

Las enfermedades y suicidios diezmaban las filas de las 
dotaciones. Y con ellas el alcoholismo, pues la embriaguez ei*a 
bastante frecuente en las plantaciones. En un expediente que 
obra en el Archivo Nacional se trata de este mal diciendo que 
los esclavos en las plantaciones donde recibían ¡-ación cruda, 
cambiaban treinta raciones de tasajo por una botella de aguar- 
diente. Y a menudo el bodeguero era el proveedor de su vicio 
a cambio de algún animalejo, ahorrito u objeto hurtado. Ber- 
nard de Chateausalins atestigua también de la embriaguez 
frecuente en los esclavos rurales de Cuba. Los siervos tenían, 
pues, en su contra un enemigo más, poderoso e irresistible. 

Es verdad que los que llegaban a la vejez, seleccionados 
ya sin duda por la propia lucha de su vida, solían alcanzar lar- 
ga edad, dando así margen a la popular extraordinaria longe- 
vidad de los negros ; pero no es menos cierto que la mortalidad 
era mucha y los que se libraban de la muerte prematura eran 
pocos en aquellos tiempos de esclavitud, que desgastaban 
las más hercúleas fuerzas de los africanos. 



272 



FERNANDO ORTIZ 



El capitán Trench Townsend escribió (^) que la vida del 
esclavo en Cuba dedicado al trabajo agrícola no pasaba de 
cinco años. Merivale (^) dice que era de unos diez años, mien- 
tras que en Barbadas llegaba a los 16 años. No sé lo (lue puede 
haber de cierto en estos cálculos; pero en la brevedad de la 
vida del esclavo en Cuba, están de acuerdo todos los que de la 
esclavitud se ocuparon. No es posible dar datos estadísticos 
acerca de estos particulares. Publicista tan bien documentado 
como La Sagra no pudo reunir una estadística satisfactoria, (^) 
en la época del apogeo de la esclavitud. 

El médico de las plantaciones, donde los había, no podía 
ser, por otra parte, de lo más selecto. Anselmo Suárez lo refle- 
jó tal como era en realidad"en su novela Francisco. Pero ade- 
más, no era cuestión de poca monta la asistencia médica de 
los esclavos. La mayor parte de éstos no hablaban castellano, 
hablaban lengua, su lenguaje nativo, ininteligible para el mé- 
dico, por lo cual un médico extranjero tan culto como Henri 
Dumont, en su trabajo ya citado decía que la medicina de los 
esclavos, por la torpeza de éstos en conocer su propia dolencia 
y la imposibilidad de entenderlos, tenía en la práctica las difi- 
cultades y caracteres de la veterinaria, y proponía con acierto 
que se formularan vocabularios de conversación adaptada a 
las necesidades del médico, en los diferentes lenguajes africa- 
nos hablados en Cuba. {*) Si los misioneros africanos han sido 
los más afortunados estudiantes del lenguaje de los negros de 
África, único modo de poder practicar con esperanzas de 
éxito la cura de almas, con igual motivo era ello necesario, y 
debió practicarse por los médicos de los ingenios y cafetales 
para la cura de los males físicos de las negradas. Pero no 
fué así. 

Los médicos de ingenios no eran los más propicios para 



(1) La vie sauvage en Florida et une visite a Cnha, 1875. Cita 
de OooPER. 

(2) Cita de Lkroy-Beaulieit. 

(3) Ramo>n de I.A Sagra. Cuha en 1S60. París, 1863, pág. 24. 

(4) Y predicando con el ejemplo, compuso un breve diccionariq 
de frases lucumí?, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 273 



esa preparación, ni los hacendados se preocupaban de que la 
obtuvieran. 

Ante todo, no siempre en los ingenios había médicos; ni 
éstos abundaban como ahora, ni como ahora las autoridades 
sanitarias se ocupaban de tales aspectos de la salud pública, 
obligando a los hacendados que, erróneamente, tampoco se 
interesaban gran cosa por la salud de sus negradas. La enfer- 
mería era más bien un lugar de descanso, y esto era precisa- 
mente lo que más contrariaba a los amos y mayorales. Así ve- 
mos que en un librito publicado para dar reglas al perfecto 
mayoral. (^) se le aconseja lo que sigue: ''Cuando observare 
que algún negro viene a la enfermería sin tener causa cono- 
cida, como acontece muchas ocasiones, fingiéndose enfermos 
con dolor de huesos, o todo el cuerpo en general, lo encerrará 
en el cuarto solo, poniéndolo a una dieta rigurosa y ba.jo de 
llave donde lo tendrá hasta que el hambre le fatigue. Enton- 
ces no dándole comida alguna y aplicándole unos cuantos lati- 
gazos se lo entregará al mayoral, para que se lo lleve a traba- 
jar, y perderá toda devoción a la enfermería. ' ' 

Y eso, digamos nosotros, que las enfermerías en aquel 
entonces no eran para tentar ni a los africanos; asquerosas, 
fétidas, sin medicinas apenas, sin médicos casi siempre. Léase 
lo que dice el propio Vázquez y Torre : 

''Generalmente se observa que la mayor parte de los ma- 
yordomos ya sea por impericia, pereza y otras causas, miran la 
enfermería con alguna indiferencia y como agena de sus ope- 
raciones y confiando este cuidado a negras enfermeras, faltas 
de toda racionalidad y experiencia, los negros mueren frecuen- 
temente %'íctimas de los excesos, de la hambre, del poco aseo y 
asistencia, y terminan sus infelices días abandonados a la más 
cruda y espantosa miseria.'' 

Y añadía este otro consejo: 

"Todos los días muy de mañana hará que las negras des- 



(1) Maxcel Vázquez y Tobke. El Mayordomo de un Ingenio. 
Origen del mal desempeíio que se observan en estas plazas, y algunas 
reflexiones a los seíiores hacendados. Habana. 



]8 



274 FERNANDO ORTTZ 



tinadas a la enfermería la limpien y aseen, echando algunos 
sahumerios de incienso u otra cosa para disipar el mal olor, y 
en los tiempos de mucho calor, se regará diariamente con agua 
y vinagre; y de este modo la enfermería, que muchos mayor- 
domos miran con cierta mengua y menosprecio suyo, como un 
depósito de inmundicias; se conservará siempre con el mejor 
aseo y limpieza, imponiendo un castigo serio a las negras des- 
tinadas a este trabajo cuando observase descuidos de su 
parte. ' ' 

Bien claramente demuestra esto cuan poco caso se hacía 
de los siguientes artículos del Reglamento de 1842, de suyo 
poco exigente. 

''Artículo 27. — Asimismo habrá en cada finca una pieza 
cerrada y asegurada con la división oportuna para cada sexo 
y otras dos además para los casos de enfermedades contagio- 
sas, donde serán asistidos los esclavos que cayeren enfermos 
por facultativos en los casos graves, y por enfermeros o enfer- 
meras en los ma,les leves en que sólo se necesita de remedios 
caseros; pero siempre con buenas medicinas, alimentos ade- 
cuados y con el mayor aseo, 

' 'Art. 28. — Los enfermos a ser posible, serán colocados en 
camas separadas, compuestas de un gergón, estera o petate, 
cabezal, manta y sábana, o en un tablado que preste el desa- 
hogo suficiente para las curaciones de los individuos que en él 
se reúnan, pero siempre envuelto." 

En un muy interesante y raro libre jo que trata especial- 
mente de la medicina de los esclavos (^) en Cuba, se refleja 
el estado general del problema en nuestro país, al mediar el 
siglo último. 

"Importa, pues, mucho a los hacendados de las Antillas 
tanto por humanidad como por interés propio, no confiar el 
cuidado médico de sus fincas, sino a hombres peritos en ciru- 



(1) Honorato Bp;r.\ard dk CiiATEArsALiNS. El Vademécum de 
los hacendados cubanos o guía práctica para curar la mayor parte de 
las enfermedades : obra adecuada a la zona tórrida y muy titil para 
aliviar los males de los esclavos. Piladelfia, 1848. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 275 



gis, y medicina, ilustrados por una larga experiencia y que 
hayan ejercitado la profesión médica en las regiones equino- 
ciales. En general sucede lo contrario en los países españoles 
americanos. El amo de una finca se ve precisado por falta de 
otros a acomodar unos facultativos que con el mero título de 
cirujanos romancistas o barberos ilustres, (^) profesan en el 
campo todos los ramos del arte de curar. Los médicos y ciru- 
janos de instrucción y práctica, prefieren ejercer su profesión 
en una ciudad populosa a establecerse con algunas ventajas 
en desiertos, donde sus talentos son frecuentemente descono- 
cidos por la ignorancia y confundidos con la crasa impericia 
de tantos que profanan el título de médico." 

"La suerte de los nebros esclavos tocante a su salud que 
tanto importa conservar, es despreciada en sumo grado. Regu- 
larmente al arbitrio de hombres que con las facultades de ma- 
yoral o contramayoral, no les permiten siquiera quejarse aiui- 
que tengan el cuerpo adolorido, desprecian sus lamentos, exi- 
gen de ellos en este principio de enfermedad, trabajos recios 
y así es que en muchos casos estos infelices llegan a la enferme- 
ría sólo para exhalar el alma. — Estos accidenta suceden a 
menudo pudiendo precaverlos con el mero hecho de ordenar el 
descanso y el uso de algunas bebidas diluentes. Muchas veces 
un charlatán, que nunca falta, abusa con impudencia de la 
credulidad de los hacendados, administra medicamentos vio- 
lentos y agrava una enfermedad que, abandonada a los es- 
fuerzos saludables de la naturaleza hubiera ofrecido un carác- 
ter sencillo y de ninguna malignidad : otras un joven europeo, 
que recién llegado de España, Francia, Inglaterra, etcétera, 
se retira al campo, hace sus primeros ensayos en los negros 
esclavos, y careciendo de la experiencia necesaria para reparar 
las m.odificaciones directas que trae consigo -el clima sea en 
la naturaleza de una enfermedad, sus causas, síntomas, cura- 
ción, dosis de los medicamentos, etc., practica la medicina en 



(1) Existen en la isla de Cuba, y debo decirlo, algunos ciruja- 
nos romancistas de mucho talento y experiencia, y es un dolor que 
estos hombres no salgan de esta clase inferior de facultativos. (Ck.) 



276 FERNANDO ORTIZ 



las playas ardientes de la Habana o Veracruz, del mismo modo 
que lo haría en Madrid, París, o Londres, comete infinitos 
errores hasta que la experiencia de muchos años, le de- 
sengaña a costa de los hacendados, resultando de su impericia 
la extraordinaria mortandad que se nota, y a costa de la huma- 
nidad que gravemente ofende. Sería muy conveniente que el 
Protomedicato no permitiese el ejercicio de la medicina a nin- 
guno de tales individuos, antes de haber practicado a lo menos 
un año bajo la Zona Tórrida, en los hospitales en compañía de 
un médico nombrado al efecto. ' ' 

"Muchos hacendados de Puerto Rico, Cuba, las provincias 
Mejicanas, y Costa Firme, como me consta por haber viajado 
en estos países, vista la dificultad de encontrar profesores dis- 
tinguidos, se determinan a favor de la primera obra que ha- 
llan a la mano, y buscan en ella el modo de enterarse de las 
enfermedades humanas con el fin de socorrer la humanidad. 
La idea es loable ; mas los medios son errados por la falta de 
obras acomodadas al clima abrasador de los trópicos: una infi- 
nidad de personas poseen en sus casas la obra del célebre Tis- 
sot, aviso al púhlico sohre su salud, o la de Buchan, medicina 
doméstica; como también algunas otras de menos nombre es- 
critas para la Europa. Estos autores escribieron el primero 
para los habitantes de la Suiza, y el segundo para destruir 
errores populares esparcidos en Irlanda y Escocia, clima que 
exige modificaciones bien diferentes de las que comprende la 
Zona Tórrida. Otros hacendados hacen uso de cualquier reme- 
dio celebrado por algún charlatán que para engañar mejor 
invoca la experiencia a favor del medicamento, y callando los 
desastres que causa, consigue engañar a muchos hombres hon- 
rados e incautos." 

' ' Uno se dice poseedor de pildoras específicas contra todos 
los males, el otro fabrica un elixir que sana el espasmo y es al 
mismo tiempo antigotoso ; aquel celebra a todo el mundo, anun- 
cia con mucho énfasis, avisando por las esquinas, y poniendo 
en los papeles públicos que la casualidad le hizo descubrir un 
agua, un polvo, un jarabe, una panacea, un bálsamo, una 
opiata, etc., y dándoles lo§ nombres más retumbantes y extra 



Los ÍÍEGÍÍOS ESCLAVOS 277 



ños, vende y engaña, que es lo que busca. Ya es un regenera- 
dor, ya un purgante balsámico, ya un polvo que remoza y as- 
tringe los tejidos relajados. Se presenta otro declarando gue- 
rra abierta a sólo los intestinos; por todas partes encuentra 
humores corrompidos, pestilenciales, humores depositados, y 
el cuerpo en su concepto es únicamente un receptáculo de 
impurezas : representa el verdadero pui^ón burlado por el cé- 
lebre Moliere. Tal es el charlatán Le Roy, o medicina cu- 
rativa." 

"Llega otro curandero, que olvidando e ignorando la cir- 
culación, la respiración, las escreciones, etc., hace dimanar 
únicamente todas las enfermedades del estómago : según él, 
este órgano está siempre lleno de bilis y embriagado de este 
humor: a fuerza de vomitivos inflama aquella viscera, pro- 
duce diarreas, y disenterías tenaces y a veces la muerte prema- 
tura del hombre crédulo, víctima de su fanatismo.'' 

Más adelante, al fijar las reglas que se deben seguir con 
el esclavo que se queja de una dolencia, y en otros apartados 
del libro nos deja entrever claramente su autor las manifesta- 
ciones concretas de ese criminal abandono médico de los escla- 
vos, y la etiología de muchas enfermedades analizada en el 
régimen de vida de las haciendas. Dice así : 

"Al momento que un esclavo se queja al encargado de la 
hacienda, debe mandarlo iniííediatamente a la enfermería o a 
cualquier lugar dispuesto para recibirlo, y aunque sepa que el 
esclavo es uno de aquellos que se quejan a menudo, no debe 
dilatar el mandarlo. La experiencia me ha hecho ver que estos 
infelices considerados como haraganes, son de una complexión 
débil y cuya salud no puede soportar por mucho tiempo los 
trabajos recios de las fincas sin enfermar, y si se desprecian 
sus lamentos, mueren mucho antes del tiempo señalado para 
su conclusión." 

Y sigue analizando las causas de la mortalidad de los 
esclavos : 

"Bocios. Se fabrican de embarrado y guano, de tablas 
o de mampostería con teja maní o tejas: sea la que fuere su 
construcción, que esto depende de los bienes de fortuna del 



278 T^ERÍÍANDO OIÍfl¿ 



hacendado, siempre aconsejaré se fabriquen en forma de ba- 
rracón con una sola puerta, cuidando el administrador o ma- 
yoral de recoger la llave por las noches. Cada cuarto que se 
fabrique, no tendrá otra entrada que una sola puertecita, y al 
lado una ventanilla cerrada con balaustres para que el negro 
no pueda de noche comunicarse con los otros : el encargado cui- 
dará del aseo continuo de este cuarto; jamás permitirá que 
se encienda en él candela por ningún pretexto, tanto por razón 
de la salud del esclavo como por miedo de incendio de las 
fábricas. ' ' 

"La condescendencia en este caso, ha costado a muchos ha- 
cendados la pérdida de muchos negros muertos del tétanos o 
espasmo por resultas de esta licencia y algunas veces el in- 
cendio del barracón. Los negros después de haber trabajado 
de día, no estando bien encerrados, roban el tiempo que deben 
dar al descanso para salir fuera de la finca de noche. Estas 
salidas nocturnas se hacen con tres fines, o para ir a enamorar 
a las otras negras de los vecinos, o buscar bebidas espirituosas 
como aguardiente de caña o vino, o bien ir a robar los frutos 
del amo, sea azúcar, café, etc., que dan a los taberneros en 
cambio de las bebidas. Cuan dañoso es a la salud del esclavo 
salir así de noche, no admite comentarios : hace el negro esta 
carrera con todo el apuro posible así a caballo como a pie: 
llegan sudados a la finca, se embriagan, se echan muchas veces 
sobre el suelo húmedo con toda la transpiración abierta, y 
suelen venir al día siguiente o dos después enfermos con sín- 
tomas de espasmo o pulmonía o cualquiera otra enfermedad 
grave : el lunes en este caso es siempre el día de muchos enfer- 
mos : estando bien vigilado el barracón y haciendo la ronda el 
administrador de cuando en cuando sin tener día fijo, evitará 
este grande inconveniente." 

' ' La incomunicación de los negros y las negras, es imposi- 
ble, y todo hacendado que quisiere ver reinar las buenas cos- 
tumbres en su finca, podrá conseguir este fin tal cual por el 
casamiento legal. Sin embargo, el celo, efecto de la educación, 
del amor propio y de la envidia, no existe entre los negros r 
estos sentimientos, tormentos de los hombres civilizados, no 



Los ÑEGlíOS ESdLAVOS 279 



les causan ninguna enfermedad. Al contrario, el sentimiento 
opuesto es el que debe combatir el hacendado. Los ne^os 
poco instruidos en los principios de la religión: no miran el 
matrimonio como indisoluble, se prestan mutuamente sus mu- 
jeres, vuelven a ellas y las vuelven a dejar : las cambian entre 
sí con la mayor harmonía, y de esta poligamia resulta la pro- 
pagación en las fincas del mal venéreo. Se debe impedir este 
abuso del mejor modo que se pueda, y si no pudiere cortarse 
de raíz, a lo menos que el encargado no lo tolere nunca." 

"Alimentos: Sin alimentos sanos, no hay salud, y sin la 
salud de los negros, no hay ni café ni azúcar : ahorrar los ali- 
mentos o darlos de mala calidad, es arruinarse y faltar a 
todos los principios del honor, de la conciencia y de la re- 
ligión. ' ' 

' ' Los alimentos que se acostumbra dar a los esclavos son : 
1? el agua : 2? las viandas que produce la finca como plátanos, 
yucas, patatas, ñames, maiz, malanga, calabazas y arroz: d" 
tasajo o carne salada de vaca, bacalao, pescado salado y algu- 
nas veces carne fresca, ' ' 

"Las principales frutas que nacen en la mayor parte de 
las haciendas y que suelen comer los esclavos son : 1? el mango : 
2? la naranja dulce y medio dulce : 3? la papaya : 4° los melo- 
nes de agua y amarillos dulces: 5" la pina: 6? los limones, 
limas y cidras: 7° los cocos: 8° los caimitos: 9? los zapotes: 
10 mameyes colorados y de Santo Domingo: 11 el anón y el 
mamón : 12 la guanábana : 13 las guayabas : 14 el ieaco : 15 la 
pomarosa : 16 los marañones : 17 las granadas y granadillas : 18 
el tamarindo: 19 la caña y otros frutos silvestres como el 
ácana, el atege, la jagua, las uvas silvestres muy abundantes 
en los campos de Cuba." 

' ' Los varios condimentos que suelen los negros echar en la 
comida, son el azafrán, la pimienta de Castilla, los varios 
ajíes, el comino, el culantro, la yerba buena, el torongil y la 
canela." 

' ' Del agua. Siendo la sola y única bebida de los esclavos, 
importa dársela buena. ' ' 

"Las varias aguas económicas de este país, o son de ma- 



280 FERNANDO ORTIÜ 



nantial o de pozo, o de lluvia y de ríos corrientes, y de lagunas : 
todas no gozan de la virtud potable : en efecto, varias aguas de 
pozo y de manantial contienen sales calizas, el sulfato de cal 
las hacen insalubres: el agua de laguna encierra materiales 
orgánicos vegetales que las hacen pesadas y de difícil di- 
gestión. ' ' 

' ' El agua por lo común es buena si no tiene olor y que sea 
de sabor agradable, no insípido, ni picante, ni salado: debe 
cocinar fácilmente así los legumbres como las habas: con ja- 
bón debe hacer espuma fácilmente; y de lo contrario se llama 
gorda, y dispone a las obstrucciones. ' ' 

''En el caso que el hacendado no pueda procurarse agua 
con todas estas condiciones, si la que tiene es de laguna, la 
hará sentar mucho tiempo antes de entregarla a sus esclavos, 
le echará carbón o azufre y algunas veces la aromatizará con 
algunas botellas de aguardiente de caña." 

"Entre los alimentos que se dan a los negros, haré algu- 
nas reflexiones sobre el uso del maíz : este grano cereal se come 
en las fincas de dos modos, 1" seco y maduro : 2? verde y no ma- 
duro : el primer modo de comer el maíz, es el más saludable ; 
se reduce a harina gorda, se cocina con agua y sal y algunas 
veces manteca o tasajo, y este alimento no puede dañar a me- 
nos que haya exceso. La segunda manera es muy perjudicial 
no estando maduro el maíz, produce una fermentación en el 
estómago e intestinos, los inflama, determina unas diarreas y 
disenterías tenaces de que he visto morir muchos criollitos y 
negros de edad viril." 

' ' El tasajo y pescado salado. Llega muchas veces con un 
principio de fermentación pútrida muy dañosa : aconsejo a 
los hacendados un gran cuidado sin el cual resultan enferme- 
dades pútridas que pueden despoblar una finca." 

"Entre las frutas antes citadas, señalaré como dañoso el 
mango: esta fruta cuyo árbol es tan magnífico tanto por su 
continua verdescencia como por la sombra tan deleitosa que 
produce, contiene un mucílago de color amarillo, una parte 
azucarada, agua vegetal, y una resina purgante y violenta 
antes de la madurez de la fruta. Si los negros comieran con 



Los NEGROS ESCLAVOS 2Sl 



moderación algunos mangos maduros, en lugar de serles da- 
ñosos, les causarían una leve diarrea que por sí misma se con- 
tendría y produciría todos los buenos efectos de un purgan- 
te, pero como irracionales y embrutecidos por la esclavitud, 
no esperan su madurez, y se hartan de ellos en los meses de 
calor, tiempo en que sazona esta fruta. De aquí se originan 
disenterías o evacuaciones de sangre, inflamaciones agudas del 
estómago y del hígado, convulsiones y algunas veces la muer- 
ta: el único modo de eWtar este exceso es guardar el árbol 
para la hermosura de las guardarayas con el cuidado de des- 
truir su flor." 

"La papaya refresca y alimenta : la naranja es la amiga de 
la complexión humana : bien madura nunca hace daño, la pina 
a veces produce indigestiones : la zapotiila es sabrosa y nunca 
produce malos efectos: el mamey es ventoso: el anón hace 
provecho bebiendo encima un trago de vino:, el ycaco y las 
guayabas son astringentes, la guanábana es resolutiva y con- 
viene particularmente en los afectos del hígado; la pomarosa 
es venenosa comida en grande cantidad, indigesta con facili- 
dad, y su semilla es un veneno activo : el aguacate es temperan- 
te o por mejor decir no tiene virtud medicinal: el coca ali- 
menta y tempera, y su agua es el mejor diurético, es decir, me- 
jor provocante de la orina, conviene en las gonorreas. Las 
otras frutas no tienen nada de particular que las haga 
apreciar. ' ' 

"Trabajos. Dos contrastes bien diferentes se reparan en 
las fincas: unos hacendados poseen negros sobrantes para el 
cultivo de sus frutos, y otros están tan escasos de ellos ([ue 
apenas pueden cultivar el azúcar, café, tabaco y algodón : de 
estos dos extremos resulta por una parte las enfermedades de 
la ociosidad, y por otra los males de un trabajo y ejercicio 
forzoso; de manera que los que están con escasez de negros, 
los hacen trabajar de noche y día sin exceptuar el domingo, y 
con el nombre de faena no dejan reposar bastante a sus escla- 
vos que apenas tienen tres o cuatro horas de descanso, lo que 
no es suficiente para conservar la salud, de donde dimanan 
muchas enfermedades agudas y los esclavos terminan pronto 



^8^ iFERNANbO ORTÍ¿ 



SU carrera. Otros hacendados por un interés mal calculado y 
por miedo de la muerte de sus esclavos instrumentos de su ri- 
queza, los dejan descansar demasiado, se infestan de todos los 
vicios inherentes a la esclavitud ; y estos mismos son por lo co- 
mún los más insolentes, los más perversos y los que serán siem- 
pre los focos de cualquier motín que pueda haber en la isla 
de Cuba; entre estos dos excesos hay un justo medio, y es 
que el encargado arregle los trabajos de manera que en las 
veinte y cuatro horas haya doce de ocupación y doce de des- 
canso, y habrá entonces esclavos robustos, fuertes y sumisos." 

"V£STiiX)s. Este país (la isla de Cuba) requiere pocos 
vestidos: el clima benigno no admite lana más que en ciertos 
días de la estación del frío; sin embargo, aconsejo a los amos 
de finca el que tengan siempre a los negros con tres mudas, dos 
de rusia o cañamazo y una camisa de lana; de suerte que pue- 
dan al momento que se mojan o están sucios, mudarse de lim- 
pio : de este modo evitarán las pulmonías y las enfermedades 
cutáneas producidas por la falta de aseo." 

"Castigos y Recompensas. Castigar al delincuente en 
una finca y castigarlo cada vez que lo merezca, es una ley de 
disciplina sin la cual no puede haber esclavitud ; y la falta de 
castigo hace más daño que los excesivos, ¡ Cuántas muertes 
alevosas se podrían haber evitado, si el amo de la finca hubiera 
sido menos indulgente con sus esclavos ! ¡ Cuántos mayorales y 
administradores recomendables vivieran todavía sin esta fatal 
condescendencia ! hay amos que miran con indiferencia el robo 
y la desobediencia de sus siervos: otros sin calcular ni arre- 
glar la pena al delito cometido, castigan con demasiado rigor, 
de manera que muchos esclavos mueren ha jo el látigo en el 
castigo llamado boca ahajo; estos dos extremos igualmente per- 
judiciales son la causa de muchas enfermedades : en el primer 
caso, acostumbrado el negro a no temer al que lo manda, des- 
precia sus miradas, se entrega a los vicios a cara descubierta 
y los males, hijos de la borrachera, lujuria, etc., aniquilan 
pronto al negro." 

"Por otra parte, las llagas inveteradas, las apostemas inte- 
riores del pulmón e hígado, los suicidios frecuentes, los abortos 



LOS NEGROS ESCLAVOS áí^3 



y hemorragias uterinas, son las consecuencias del manatí, del 
látigo muy crudo y del machete. ' ' 

"Los malos tratamientos de las negras durante su preñez 
originan otros males: "Luego que sepa el hacendado que está 
embarazada una de sus negras, evitará darle un tratamiento 
duro, eximiéndola de aquellos trabajos que exigen fuerzas: 
será también excusado darle medicamentos si ella no se queja, 
y conviene darle mejores alimentos que antes, agasajarla con 
finezas y concesiones para interesarla en la conser\'ación del 
producto de su concepción y cria del nuevo criollito, pues e.< 
cosa muy frecuente entre las negras esclavas temer y aun abo- 
rrecer el estado de preñez hasta abortar por medio de algunas 
yerbas acres que conocen, y cuya propiedad abortiva es siem- 
pre infalible.'' 

' ' El extremado rigor de sus amos, los injustos castigos de 
los mayorales y contramayorales durante la preñez, los traba- 
jos que exigen de ellas en este estado tan penoso, el abandono y 
descuido de sus crías y muchos otros motivos así como la bar- 
baridad de su madre, la animan a este acto de desesperación y 
crueldad. Permítaseme decir en honor de la humanidad que 
me consta que en todas las fincas donde reinan la bondad, la 
dulzura, y atenciones de los amos hacia los negros, se encuen- 
tran muchos negritos alegres cuyas madres manifiestan su 
contento en su canto y caras risueñas. Al contrario, el desor- 
den, los motines, un aire triste y descontento existen donde 
reinan imperiosamente el despotismo atroz, la barbarie, el 
desprecio de todo sentimiento humano y algunas veces la in- 
justicia y liviandad a que se entregan aquéllos que deberían 
respetarse a sí mismos. ' ' 

' ' Algunas veces a pesar de todas las precauciones de que 
hemos hablado en el artículo de la preñez, sucede que la negra 
llega a la enfermería para abortar y a menudo después de 
haber malparido. ' ' 

' ' Las causas más comunes del mal parto de las negras son 

la debilidad, la plétora sanguínea, la plenitud del estómago, 

■ enfermedades agudas, tos violenta e inveterada, los vomitivos 

impinadentemente dados, las hemorragias considerables, el mal 



284 FERNANDO ORTIZ 



venéreo, el libertinage, úlceras en la matriz, labor violento, 
caídas, golpes, especialmente los dados con el manatí, esfuer- 
zos para cargas y descargar alguna cosa pesada, y finalmente 
todas las enfermedades del feto. ' ' 

Los descuidos con las criaturas esclavas, con los criollitos, 
motivan nuevas bajas en la dotación de las haciendas, Bernard 
de Chateausalins nos lo dice en varios párrafos: 

"El niño no se debe despechar hasta haberle salido a lo 
menos una docena de dientes y los colmillos; pero con todo, 
el amo no debe permitir que se separe la madre de su hijo 
hasta tener éste, año y medio. Una deplorable esperiencia me 
ha demostrado que por descuido de esta regla, pierden muchos 
hacendados la mitad de los criollitos, que mueren de los acci- 
dentes de la dentición. ' ' 

''El hacendado que desee, pues, conservar sus criollos y 
tener la finca bien poblada, no sólo debe cuidar bien a la cría 
sino también a su madre. ' ' 

"Algunas horas después del nacimiento se arreglará el 
hacendado respecto a la cría, a las precauciones mencionadas 
en el artículo espasmo de los recién nacidos ; y habiendo preve- 
nido así esta enfermedad que entierra una mitad de los negri- 
tos, reconocerá si la madre está en el caso de criar." 

' ' Casi siempre creen las negras que a sus crías no les bas- 
tan lo que mamian, por cuyo motivo no es cosa extraña cogerlas 
dando a sus criaturitas un alimento basto, y como es a escon- 
didas, lo suelen hacer sin que lo conozca el amo ; así es que los 
llenan de plátanos, ñames, buñatos, etc., etc., provocando em- 
pachos casi siempre incurables por ser continuos los excesos." 

"Sería fácil remediar dicho inconveniente, vigilando y 
dando órdenes al efecto. Otra mala costumbre que tienen al- 
gunos hacendados es de no consentir a la madre que dé de 
mamar a su hijo sino una vez al día. Esta idea es muy perjudi- 
cial, pues la falta de alimento arruina la salud delicada de 
aquellos pequeñuelos; cuando los oyen llorar, suelen darles sin 
consideración alimentos bastos, y estos tarde o temprano pro- 
ducen infaliblemente fatales consecuencias." 

"El espasmo de los recién nacidos, esa plaga de las hacien- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 285 



das azote de los países meridionales, es desconocido en Euro- 
pa ; pero se puede decir sin la más mínima exageración (jue en 
la isla de Cuba destruye la tercera parte de la raza negra, 
donde se ve reinar principalmente durante los meses de Di- 
ciembre, Enero y Febrero. He conocido a varios hacendados 
tan desgraciados que no podían conseguir un solo criollo, por- 
que eran víctimas de dicho azote cruel. Los españoles de Amé- 
rica llaman vulgarmente esta dolencia mal de los siete días, 
porque después de ellos, muy rara vez ataca a los niños.'' 

"Se llama tétanos o espasmo de los recién nacidos una 
contracción involuntaria que proviene de las músculos que 
sirven para bajar o levantar la (juijada inferior, la que se 
manifiesta en pocas horas con una trabazón tan fuerte de qui- 
jada que es muy difícil abrir la boca a los niños, y si continúa 
el mal, los músculos del cuello, pecho y brazos se contraen, y 
se ponen tiesos : el mal se va extendiendo hasta la boca del 
estómago, y sucede una especie de movimiento convulsivo que 
comunmente se llama punzada. La criatura se resiste a tomar 
el pecho, su transpiración se suprime, no puede ni ({uiere reci- 
bir alimento, su respiración es oprimida y corta, el pulso es 
flojo y acelerado, los pies y las manos se enfrían y se ponen 
tiesos, la cabeza cae hacia las espaldas, se agita la criatura, y 
da un quejido al que sigue muchas veces la muerte o antes o 
a los siete días del nacimiento. ¿Y cuáles son las causas que 
disponen a este terrible mal ? ' ' 

"He notado invariablemente en la isla de Cuba (jue esta 
enfermedad es rarísima entre los blancos, un poco menos entre 
los mulatos y negros libres, y muy fi*ecuente entre los negros 
esclavos. ' ' 

''Los blancos y mulatos libres gozando de comodidades, 
visten bien y mudan la ropa a sus niños cada vez que lo nece- 
sitan ; durante los primeros días de su nacimiento los mantie- 
nen calientas en un aposento bien abrigado, en el cual están 
igualmente resguardados del frío y de la humedad de la noche, 
y por consiguiente menos expuestos al espasmo de los recién 
nacidos. ' ' 

"Las negras en general tienen poco apego ^ sus crías, co« 



286 FERNANDO ORTIZ 



especialidad las solteras no pensando en otra cosa más que en 
cumplir con la tarea exigida por el amo; viven indiferentes; 
poco les importa la existencia de un ser que les parece debe 
cuidar su amo. A menudo le dejarían perecer si no fuera el 
castigo que en llegando este caso se les aplica. Su estado de 
miseria y servidumbre no deja de contribuir mucho a este 
abandono, y la repugnancia natural de criarlos para verlos 
esclavos destinados a trabajar toda su vida y contribuir a la 
fortuna de su amo a quien por lo común aborrecen, son tam- 
bién causas de su apatía. ' ' 

"Los bohíos de los negros están en la mayor parte de las 
fincas en mal estado, llenos de agujeros por todas partes, colo- 
cados por lo regular en un paraje frío y elevado, y por lo mis- 
mo muy dañoso principalmente a los niños que día y noche 
están expuestos a las impresiones de los vientos colados cuyos 
efectos perniciosos se conocen bien. Esto debe considerarse 
como una de las causas que les exponen a esta enfermedad, la 
cual no se cura porque estando sus padres y madres siempre 
ocupados en trabajar para su amo, no pueden como la gente 
libre reedificar -sus casas." 

"Las negras tienen poca ropa y las que tienen cierta por- 
ción, la conservan para su uso, resultando de esto que sus crías 
envueltas bien que mal en algunos andrajos viejos, y rara vez 
mudados, pasan la mayor parte de las noches en sus excre- 
mentos. ' ' 

"Contribuye otra causa a lo menos tanto como la prece- 
dente y es la ulceración del ombligo ocasionada por caerse an- 
tes de tiempo la ligadura, cuyo accidente proviene por lo regu- 
lar de los rozamientos que el extremo del cordón umbilical 
recibe cuando los niños no están bien fijados." 

"Las vendas que se aplican, se aflojan al cabo de pocas ho- 
ras, es preciso tener el cuidado de apretarlas con frecuencia, 
cuya precaución es tanto más necesaria, cuanto que los negri- 
tos se hallan en las manos de unas madres bárbaras que las 
vuelven y revuelven toscamente, y especialmente cuando llo- 
ran, resultando de aquí que el pedazo de cordón umbilical que 
se halla pegado al lienzo así flojo, está continuamente expuesto 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



287 



a recibir tirones y verse separado con violencia, como algunas 
veces sucede, al segundo día. ' ' 

"En casos semejantes padece el ombligo (ulcerado por el 
lienzo) ludimientos, causando en breve una tensión dolorosa 
en aquella parte, la que rápidamente se va propagando por 
medio de los nervios que son conductores de la sensibilidad 
hacia los músculos del abdomen. Entonces es cuando no tarda 
en producirse dicha convulsión, y la irritabilidad de las fibras 
motrices excitadas por el dolor y el sentimiento demasiado deli- 
cado de aquella pequeña úlcera. ' ' 

"Podría todavía enumerar varias causas del espasmo de 
los niños; pero este artículo me haría salir de los límites de 
esta obra. He señalado los principales diciendo que las que dis- 
ponen a este fatal mal son el temperamento de la atmósfera 
fría y seca de los meses Noviembre, Diciembre, Enero y Febre- 
ro, la ligadura del cordón umbilical, la negligencia de las ne- 
gras y la ulceración del ombligo. ' ' 

Otras enfermedades son muy difundidas entre los esclavos 
por concausas derivadas de la propia esclavitud. Así la sífilis 
o mal de buhas. "Así se llama una enfermedad contagiosa que 
se manifiesta en el cutis : es oriunda de África : se comunica 
con rapidez por medio del coito o en virtud de otro cualquier 
contacto con individuos que las padecen : muchas veces los ne- 
gros que no quieren trabajar por algún tiempo, se las ino- 
culan." También la caquexia: "Esta enfermedad conocida por 
los franceses por Mal d'estoniac y con el nombre de Diri eatinri 
en las colonias inglesas, fué llamada por los españoles vicio de 
comer tierra, porque en efecto es el principal carácter que la 
hace reconocer y que constituye la lesión física.'' 

"Este mal se observa con frecuencia entre los negros re- 
cién llegados de África." 

"Esta especie de enfermedad es una verdadera consun- 
ción producida por falta de nutrición. La pesadumbre que pro- 
viene en los negros de la distancia en que se hallan de su país 
nativo, la esclavitud, los malos alimentos, el trabajo excesivo, 
y el duro tratamiento que experimentan, son las causas de esta 
caquexia. Sin embargo algunas veces es una enfermedad consti- 



288 FERNANDO ORTIZ 



tueional, procedente de una relajaci(5n general y de malas di- 
gestiones, y ataca en particular los temperamentos linfáticos." 

Y el tétanos: "Esta terrible enfermedad es seguramente 
una de las más funestas que atacan a la especie humana, en 
los campos de la isla de Cuba particularmente en los meses de 
frío. Las fincas se ven desoladas todos los años por la muerte 
prematura de muchos negros. ' ' 

' ' El espasmo o tétanos es una enfermedad convulsiva que 
consiste en una contracción constante e involuntaria de una 
parte del cuerpo o de todo en general : siendo limitada al cue- 
llo y a la mandíbula inferior se llama Trismo, y sea que el 
cuerpo se encorbe, o por atrás o por adelante, toma otros nom- 
bres pero inútiles de saber para el método curativo ({ue es 
igual. Atacando a los recién nacidos, se llama vulgarmente, 
mal de los siete días. ' ' 

"Se distinguen dos especies de espasmos relativamente a 
la causa que lo produce, el uno está causado por una herida o 
algún cuerpo extraño, y el otro por causas atmosféricas e in- 
ternas. Andando los esclavos descalzos y siendo propensos por 
sus trabajos a herirse los pies o cualquier parte del cuerpo sea 
con clavos, vidrios, troncones, etc., se evitará este accidente 
evitando las causas disponentes." 

"La segunda especie de espasmo más común y menos gra- 
ve, reconoce por causa la impresión súbita del frío estando el 
cuerpo en transpiración : la estación de los meses de Enero, 
Febrero y parte de Marzo, predispone también a este mal : 
para evitarlo se prohibirá a los negros tener candela de noche 
en sus bohíos, vigilando mucho sobre las correrías que éstos 
hacen después de oscurecer: se evitará que beban en el campo 
agua fría estando sudando ; se les permitirá de cuando en 
cuando mezclar un poco de aguardiente de caña con el agua 
que beben y particularmente después de una mojada." 

Y las úlceras: "Una de las plagas en las haciendas de la 
isla de Cuba y en varios otros establecimientos rurales de Mé- 
xico es la abundancia de llagas en la gente trabajadora. El ve- ' 
rano en los ingenios y cafetales es la estación en que reinaii 
mucho más generalmente que en otro tiempo, ' ' 



LOS NKGR08 ESCLAVOS 289 



"Causas goierales de las llagas. Tiempo del verano, es- 
tación en que los hacendados exigen trabajos recios de sus 
esclavos para acabar la cosecha de sus frutos, los negros en los 
cañaverales y cafetales se arañan, se dan golpes, caídas, se 
hieren, los mayorales no quieren hacer caso de estos males, se 
envejecen y forman llagas de modo que para no perder el tiem- 
po de dos días de un negro sacrifican algunas veces un año en- 
tero; los vicios venéreos, bubosos, leprosos, etc., los alimentos 
continuamente salados, el retroceso de humores y enfermeda- 
des cutáneas causan también las llagas. ' ' 

La primera noticia que se tiene de una tentativa seria de 
cuidar médicamente las enfermedades de los esclavos en Cuba, 
procede de 1798, consistente en una obra manuscrita, y aún 
por desgracia inédita, de 892 páginas, y a la cual su autor 
anónimo puso por título el siguiente, al gusto de la época: (^) 
"Reflexiones histórico físico tiaiiircUes médico quirúrgicas, o 
prácticos y especidativos entretenimientos acerca de la vida, 
usos, costumhres, alimentos, vestido, color y enfermedades a 
qu£ propenden los negros de África venidos a la América. Bre- 
ve análisis de los reinos mineral, animal y vegetal. Finalmente 
se detallan en un discurso compendioso los conocimientos más 
útiles de la Naturaleza, reuniendo en él los característicos sen- 
timientos de la candad española por la conversión de negros e 
indios y del horror que éstos tienen o conciben de las otras na- 
ciones europeas con particularidad a la AngUcana y República 
francesa de cuyas dos naciones han aprehendido estos infelices 
el Esplín, es decir la última maldad de acabar la vida por sus 
mismas manos. TAbro segundo y periodo segundo. Comenta 
esta obra con varias adiciones y enfermedades nuevas para 
bien de la humanidad el licenciado Francisco Barrera y Do- 
mingo. Hahana, 12 de julio de el año 1798." (-) 

El autor, que trata con una, entonces cívica, enérgica corn- 



il) Manuscrito original en la biblioteca del De. M. Pérez Beato 
el cual da cuenta de este interesantísimo libro en El Curioso Ameri- 
cano. Habana, Mayo-Agosto de 1910, págs. 90 y sigts. 

(2) Del contexto de la obra no aparece ser segundo libro, como 
dice el título.— Nota del Dr, M. P, B. 



290 FERNANDO ORTIZ 



pasión a los esclavos y critica acerbamente a los amos, justi- 
fica su trabajo así : " El motivo principal que tuve para aplicar- 
me a esta fatiga, ha sido el deseo de emplear siempre honesta- 
mente el tiempo y el cuidado de no vivir ocioso ; persuadido de 
las miserias, desnudez, hambre, esclavitud, llena de ultrajes, 
golpes de palo, vexucos, azotes atados a una tabla en el suelo 
hasta saltar la carne a pedazos de todo el cuerpo, y enfermeda- 
des internas y extemas de tantos millares de infelices negros 
(jue gimen bajo la dura serviduralbre de la esclavitud bárbara 
no sólo de ingleses, franceses, portugueses, holandeses y españo- 
les, etc., sino de todas las. naciones del mundo. Bien es verdad 
que en las Américas españolas les tratan inhumanamente, nun- 
ca llega a la barbarísima crueldad de las demás naciones de 
Europa, no porque no haya verdugos cruelísimos, sino por el 
miedo de que si matan al negro en el castigo y se descubre como 
generalmente sucede, la Justicia (aunque no por caridad sino 
por el interés pecuniario), toma la defensa del negro hacién- 
dole gastar al inhumano Nerón, más que valen 20 negros, y 
este temor acobarda a sus amos a no hacer lo que hicieron un 
Diocleciano, un Calígula y un Nerón." 

"Los negros continuamente se hallan inspirando un mis- 
mo aire en las moliendas de la caña de azúcar de las heces que 
se vierten en ese vegetal, de las calderas, o de las mieles que 
corren a sus estanques, y también por hallarse noche y día 
de ellos muchos juntos ; con este motivo, a cada inspiración va 
en su aumento la corrupción del aire y al mismo tiempo la de 
los negros. Consideremos ahora aquella atmósfera elemental 
cual se hallará de insectos cubierta que acudirán a la miel, a 
las heces y al cuerpo de los negros, llenos de polvo, sudor, sal 
amoniacal que en la transpiración de su cuerpo despiden. Aña- 
diendo a todo esto su desnudez, los verdugones y cardenales 
junto con las heridas, escoriaciones, etc., que las hacen los ma- 
yorales con palos, bejucos y cordeles embreados, etc." 

Más tarde, en pleno siglo xix, aún puede estudiarse la 
situación triste de la medicina esclavista. 



CAPITULO XVI 



STJIS¿r-A.K,IO: LA MUERTE DEL ESCLAVO RURAL.— 
I. El viejo ■•guardiero". — El negro '•matungo". — M. El cemente- 
rio del Ingenio. — 111. Seguro mutuo contra la muerte del esclavo. 
— IV. "Lo más negro de la esclavitud no es el negro". — V. Im- 
portancia numérica de los esclavos rurales. 



El esclavo de broncínea constitución física que resistía 
e.sa vida de cautiverio, no podía ser abandonado por el amo. 

El art. 15 del Reglamento de Esclavos, decía: "Los escla- 
vos que por su avanzada edad o por enfermedad no se hallen 
en estado de trabajar, deberán ser alimentados por los due- 
ños, y no podrán concederles la libertad para descargarse de 
ellos a no ser que les provean de peculio suficiente a satisfac- 
ción de la justicia, con audiencia del Procurador Síndico para 
que puedan mantenerse sin necesidad de otro auxilio." Est^ 
disposición prueba que tal abuso fué tan frecuente que requi- 
rió una medida legal prohibitiva. 

A tales negros se les llamó negros matungos, como al ani- 
mal que ya no puede dar más provecho al amo que su pellejo, 
al ser matado. También se les llamó negros cangrejos, ep 
Oriente^ según Picbardo, 



292 



FERNANDO ORTIZ 



El puesto que comunmente se le reservaba al negro 7na- 
tungo en las plantaciones, cafetales e ingenios, era el de guar- 




diero o guardián de las talanqncras de la finca, del ganado 
en el potrero, de la puerta de los barracones, etc., ocupaciones 
apacibles propias de su edad. (Véase fig. 31.) 



tos JÍEGROS ESCLAVOS 293 



Anselmo Suárez, no olvidó esa interesante figura de nues- 
tras antiguas plantaciones y la pintó varias veces en sus cua- 
dros realistas : "Un negro anciano de setenta años era el guar- 
diero de aquel punto ; inútil, más bien por las llagas innumera- 
bles y envejecidas de sus piernas, que por lo avanzado de la 
edad, vivía solitario, a semejanza de un destierro, en el peque- 
ño bohío o rancho, que él mismo se había fabricado casi sobre 
la ribera. ¿Quiénes le acompañaban en su retiro? Un perrillo 
sato, flaco, de hocico largo y aguzado, y diez gallinas — la jaba- 
da, la jira, la india — que vio nacer y que crió, cuyos hijos y 
huevos vendía al casero o cambiaba por pañuelos, picadura, 
cañamazo, y demás cosas precisas en su pobreza; gallinas que 
le entendían en llamándolas — piú, piú, piú — piú, piú, piú — 
para darles el maíz ; y que soltaba todas las tardes a escarbar 
y revolcarse, abriéndoles la gatera. Rara vez aparecía este 
viejo en el batey, algún domingo, algún día de fiesta, a punto 
que le ladraban los perros al extrañarle vestido de un chaque- 
tón de paño, la camisa por fuera, y un gorro blanco y encar- 
nado en la cabeza; y habíais de ver entonces su apuro en 
espantarlos con el bastón y a voces, y al gritar y carcajadas de 
los operarios ; vueltas para acá y para allá, no sabemos cómo, 
al fin se libertaba de que lo mordieran. Seguíale a cualquier 
parte el satillo, y a pesar de que en el rancho ladraba noche y 
día perennemente a las lagartijas, a los gatos, y aún a las 
pajas que el viento meneaba, en el batey, a presencia de Azu- 
lejo y de los otros perros, bajaba el rabo, echaba las orejas 
para atrás, y huía despavorido, sin tener en cuenta el desam- 
paro de su amo, a quien esperaba durmiendo junto al bohío. 
Este era la habitación del guardiero, fabricado, según dicen, 
de vara-en-tierra, por ser el techo de figura cónica, triangular, 
besando las pencas de guano el suelo ; una puerteeilla, con su 
llave de ácana, a modo de sierra, le servía de entrada a un 
reducido espacio, alto como un hombre en medio, y estrechán- 
dose sucesivamente hacia los lados. Una tarima, una percha 
con plátanos, dos o tres canastas, el cajón de guardar la ropa, 
he aquí sus adornos. Contigua a la sala principal había una 



2§4 Fernando ortiü 



división haciendo las veces de gallinero, no ya de guano ni tan 
cubierto, sino de cujes enlazados y de yaguas por techo." (^) 

II 

Sin higiene, sin mesura en sus funciones corporales por 
ignorancia, por vicio o por la fuerza del látigo, y sin trata- 
miento médico adecuado para reparar sus míales físicos, el 
negro moría; y atravesado sobre un caballo era conducido al 
cementerio de la hacienda. Ahí terminaban sus males. 

No es ciertamente inoportuno transcribir aquí, como re- 
sumen de la exposición de la vida material del esclavo en nues- 
tros tropicales campos, una de las páginas de más hondo sen- 
timiento e intenso colorido que ha producido la literatura cu- 
bana, el artículo El cementerio del ingenio, publicado por An- 
selmo Suárez en 1864, en el cual se ven en cuadros rainiatura- 
les, las más claras síntesis de la vida esclava en las plantacio- 
nes de Cuba. 

''Una tarde, dejando en la casa de vivienda a varios ami- 
gos que habían ido a pasar la Pascua en el ingenio, me encami- 
né por la guardaraya de cañas bravas hacia el potrero. Como 
faltaba poco para ponerse el sol, la sombra de los troncos se 
extendía a larga distancia, los pájaros se guarecían entre las 
ramas y las nubes que blancas como la nieve habían corrido 
antes por el espacio a impulso de los vientos, rodeaban, teñidas 
de magníficos colores, al astro prepotente que iba a ocultarse 
detrás de los palmares. La brisa perfumada con el eterno aro- 
ma de los campos, traía en sus alas todas las inefables melodías 
que arranca de las hojas de los árboles. Las dos zanjas que se 
deslizan al lado de las cañas bravas, sonaban tristemente, y a 
pesar de su murmurio, escuchábase el lejano rumor de las cas- 
cadas del río. Entre las malezas desaparecía algún jubo, y las 
lechuzas, agitándovse ya para emprender sus nocturnas rapi- 
ñas, clavaban en mí los azorados ojos." 



(1) Francisco. Págs. 60 a 62. Véase también un artículo El 
Guardiero en su colección de artículos citada, pág. 209. 



Los NfeGÍlOS ESCLAVOS 295 



' * Crucé el puente que sirve de límite a la guardarraya de 
cañas bravas, y principié a andar por los terrenos del potrero, 
donde se halla, en el centro de un montecillo, el cementerio del 
ingenio. Por todos lados se dilataba un prado de yerba de gui- 
nea, que terminaba en las cercas de pina y piñón ; millares de 
palmas, meciendo cadenciosamente las rizadas pencas, levanta- 
ban en aquella llanura sus enhiestos troneos parecidos a las 
infinitas colunmas de un templo cuya techumbre era el azul 
del cielo; los aguinaldos cubrían los matorrales, y los jiulíos, 
posados en bandadas sobre los arbustos, entonaban todavía su 
acompasado canto. Un estrecho y tortuoso trillo, abierto por las 
reses al buscar las sombras y los abrevaderos, conducía a la 
entrada del montecillo. Allí ese trillo se borraba casi del todo 
debajo de las ramas de los atejes, las guásimas, los almacigos y 
los caimitillos; pero pronto descubrí en un limpio las paredes 
del cementerio." 

"Hacía años que yo no \dsitaba aquel punto de la finca. 
Antes estaba cercado de pina y piñón como lo demás del po- 
trero; pero ahora lo circuían paredes formadas con piedras 
sueltas. En medio de su recinto había enterrada una cruz, y la 
puerta era de madera con un cerrojo. Hallábase todo cubierto 
de escobas amargas, y únicamente las flores de varios romeri- 
llos nacidos entre aquellas, mitigaban el lúgubre aspecto de la 
última morada de tantos negros como se habían sepultado allí 
desde la fundación del ingenio. Contemplé los alrededores; 
¡ qué soledad y qué silencio ! Pensé que a aquel sitio había cer- 
ca de cien años que no se acercaba sino de cuando en cuando 
una carreta con el cadáver de un esclavo en\aielto en su fra- 
zada, y conducido por dos negros que abrían la puerta, cava- 
ban la fosa, dejaban caer en ella a su compañero, y luego re- 
gresaban para las fábricas a continuar sus faenas. Viniéronme 
en tropel a la memoria todas las criaturas amadas que yo había 
perdido en el espacio transcurrido desde ia postrera ocasión 
que estuve en el cementerio del ingenio, y un río de lágrimas 
corrió por mis mejillas. Infinidad de personas de mi familia, 
infinidad de amigos, infinidad de seres a quienes sin tratarlos 
siquiera había querido y respetado profundamente, alegrías de 



296 FEÉlíANbO orUiü 



la infancia, devaneos de la juventud, luchas de la vida, victo- 
rias y sacrificios por el deber, esperanzas realizadas, amargas 
decepciones, himnos de entusiasmo, gritos de dolor, espléndi- 
das auroras y terroríficas noches del corazón, infamias, heroís- 
mos; todo me arrancaba sollozos. En el humilde recinto que 
tenía al lado ¡ cuántos yacían dignos también, hasta por su 
misma ignorancia y maldad, de un patético recuerdo! Más de 
quinientos esclavos de todos sexos y edades estaban reunidos 
en aquel breve pedazo de los terrenos tantas veces regados con 
el sudor de sus frentes, y yo, que había sido uno de sus dueños, 
debía afligirme a su memoria." 

''El primero que se me representó como cuando lo veía 
siendo niño, fué un negro anciano, de nación macuá, llamado 
Pedro, que solamente se ocupaba en preparar la comida de la 
dotación. Con el cuerpo ya encorvado y las pasas enteramente 
blancas, salía por la uLadrugada a recoger la leña necesaria, 
para volver luego a desgranar el maíz, pelar las viandas, atizar 
la candela, y revolver el grosero alimento con su palo, resis- 
tiendo en pie junto al caldero las corrientes de vapor y de 
humo que se elevaban hasta el techo de guano. Tenía siempre 
los ojos encendidos y llorosos; pero a pesar de su vejez, de 
sus achaques y de su embrutecimiento, no sé por qué mis her- 
manos y yo nos complacíamos a menudo en permanecer muchas 
horas en compañía de Pedro el cocinero de la negrada. Al re- 
gresar una Pascua al ingenio, corrimos a su bohío apenas nos 
desmontamos de los caballos ; mas si el humo subía aún por la 
puerta, las gallinas escarbaban alrededor y gruñía el cerdo 
dentro de su chiquero, ya nuestro pobre amigo había sido 
enterrado en el cementerio del potrero. ' ' 

"Teodoro, a causa de sus frecuentes fugas, andaba siem- 
pre con grillos. Apenas se le quitaban, cuando alguien inter- 
cedía por él, tornaba a huirse, perseguíasele, encontrándolo los 
perros agazapado entre las breñas, lo mx>rdían, y después, aco- 
sado por ellos, entraba en el batey al trote por delante del 
arrenquín del mayoral. Un día Teodoro, al percibir desde un 
jobo entre cuyas ramas se había escondido, los ladridos de 
los perros, se echó al cuello un lazo con un arique; y cuan- 



LoS ííErtKoá é^láVoS 2^7 



do aquellos le clavaron los dientes en los pies, ya estaba 
ahorcado. ' ' 

' ' En uno de los viajes al ingenio habíamos encontrado sir- 
viendo en la enfermería una mulata a quien no conocíamos, y 
(jue después supimos llamarse Dorotea, No tenía pasas sino la- 
cios cabellos, su tez era casi blanca, y todas sus maneras y pa- 
labras demostraban que había sido criada de mano de alguna 
familia decente. Vestía como las demás esclavas del ingenio, 
túnico de rusia; no calzaba zapatos, y llevaba el pelo recién 
cortado de raíz. Un hijo suyo muy lindo estaba en la casa de 
los criollos, y a Dorotea se le pennitía tres veces al día, ir a 
darle de mamar. Nos dijeron que habiendo cometido en la ciu- 
dad ima gran falta, sus amos la habían mandado a castigar. 
A cada momento la sorprendíamos llorando, y compadecidos 
de ella, le guardábamos comida de la casa de vivienda y se la 
llevábamos a escondidas. Hasta nos aseguraron los otros negros 
que ya le habían dado muchos azotes; pero ella nunca quiso 
respondernos sobre esto sino anegándose en lágrimas. Al cabo 
de cuatro meses Dorotea fué llevada en carreta al campamen- 
to del potrero." 

"Carlos, siendo el calesero de la familia, padeció tanto 
de los ojos que al fin perdió la vista. Era criollo del ingenio, y 
como además tenía allí a todos sus parientes, pidió que lo lle- 
vasen junto a ellos. Tejía canastas en tiempo muerto, y duran- 
te la molienda juntaba caña en la pila, haciendo cuartos lo 
mismo que los otros. Pero el cambio de alimentos y de trabajos 
lo condujo pronto al sepulcro." 

' ' El mina Rogerio se señalaba entre todos los esclavos de 
la dotación por su elevada estatura y la atlética complesión 
de sus miembros. Adusto con los blancos y hasta con sus com- 
pañeros, jamás, sin embargo, cometía faltas por las cuales se 
hiciese acreedor a ningún castigo. En el corte de caña, arando, 
como carretero, en los chapeos, junto a las pailas y los tachos, 
no había esclavo que se le igualase. Siempre tenía en ceba co- 
chinos, numerosas aves poblaban sus gallineros, y en su bien 
cobijado bohío se encerraban varias arrobas de arroz, algunas 



^08 FERNANDO OtlfI2¡ 



fanegas de maíz, y montones de ñames, de yucas y de boniatos 
que había cosechado en el conuco." 

"Mirando con indiferencia a todas las negras del inge- 
nio, había entregado su corazón a una africana, de la misma 
tribu que él, y perteneciente a la dotación de un cafetal situa- 
do a una legua de distancia. Un día se prendió fuego en los 
cañaverales, e implorado con el tañido de la campana el auxi- 
lio de las negradas circunvecinas, acudieron todas, incluso la 
de ese cafetal. En ella venía una negra, a quien Rogerio dio 
a beber agua en su mismo güiro, y en la cual pensó continvia- 
mente desde entonces. Igual impresión sintió el alma de la 
africana. ' ' 

"Transcurrieron desde el día del incendio varios meses, 
y nadie sospechaba que Rogerio, después de tocarse la campa- 
nada de la queda, salía de su bohío armado del machete de 
cortar caña, atravesaba el río, y dejando atrás los terrenos del 
ingenio, se metía por las fincas intermedias hasta llegar al lado 
de la mujer que debía costarle la vida. Al rayar el alba ya 
Rogerio se hallaba otra vez en su bohío. Pero una noche, des- 
pués de muchas en que había salido airoso de su empresa, 
acechábanlo algunos negros del cafetal, y en el instante en que 
puso los pies fuera del bohío de su amada, se vio acometido por 
aquellos. Defendiéndose como un león, m'ata a dos, huyen los 
otros, y él lleno de heridas, logra salir del cafetal, cruza las 
demás fincas, vadea el río y llega al batey del ingenio. Casi 
exánime entra en la arboleda; piensa que tal vez no volvería 
nunca más a ver a la mujer idolatrada, y acercándose a los 
gajos de un mamey, pone término a su vida ahorcándose." 

' ' Por la mañana contemplábamos todos poseídos de dolor 
su ensangrentado cadáver," 

"Allí dormía también sueño perdurable la infortunada 
Gertrudis, por cuya belleza palpitaban no pocos corazones de 
los esclavos del ingenio. Ella calzaba siempre zapatos de vena- 
do, ella se ponía siempre túnicos de listado, ella llevaba sienv 
pre argoyas en las orejas, y collares de cuentas de vivísimos 
colores le rodeaban siempre la garganta. En los tambores se 
llevaba la palma, y cuando tumbaba caña, cuando chapeaba, 



los NEGROS ESCLAVOS 2^9 



cuando hacía el haz de yerba, cuando recogía los bejucas para 
su cochino y cuando apaleaba el azúcar en los secaderos, el 
negro más inmediato a ella se complacía, abrigara o no espe- 
ranzas de ser correspondido, en ahorrarle gran parte del tra- 
bajo." 

"Con la risa perennemente en los labios y sin cesar can- 
tando, Gertrudis caminaba por el sendero de su existencia 
como si estuviese sembrado de flores, y era uno de los innume- 
rables ejemplos que nos presenta en ese sexo capaz, por la deli- 
cada sensibilidad de su alma, de soñar venturas en cualesquiera 
situación de la vida. ¡ Cuan ingenuo y cordial alborozo había 
en la risa y en los cantos de Gertrudis ! Asemejábanse a esos 
rayos de sol que penetran en las profundas ascuridades de las 
cavernas, a esos riachuelos que serpentean en medio de los 
bosques, y a esas esplendentes alas de los pájaros que se posan 
sobre las abruptas peñas de las montañas. Contaba veinte años 
y era criolla, hija de un negro carabalí y de una negra man- 
dinga. Una ocasión mi madre, que escogía entre las criollas 
del ingenio una que fuese a servirle en la ciudad, eligió a 
Gertrudis, sin atender casi a otra cosa que a su hermosura; 
pero aquella prefirió quedarse en el lugar donde había nacido 
y al lado de sus padres, de sus hermanos y de sus parientes. 
Cuando estábamos en el ingenio, venía todos los días en señal 
de agradecimiento a pedirle la bendición a mi madre, y con 
frecuencia obtenía en cambio de su humildad algún pañuelo, 
algún vestido, algunos zapatos usados, que recibía con el ma- 
yor regocijo." 

* ' Una mañana después de almorzar estábamos sentados en 
el portal de la casa de vivienda, cuando de improviso oímos 
gritos en la de trapiche. Los negros bajaban por las rampas 
con los brazos levantados. Mis hermanos y yo corrimos hacia 
allá. Los negros lloraban, y entre sus confusas exclamaciones 
se distinguía solamente el nombre de Gertrudis. Subimos pre- 
cipitadamente las rampas, entramos en la casa de trapiche, mi- 
ramos despavoridos por todas partes, y cuando comprendimos 
la causa de aquella consternación ; nos cubrimos los ojos con 
las manos." 



'¿00 Í^EKNANtlO OÜtti 



' ' Metiendo Gertrudis caña en el trapiche, habíase quedado 
dormida con un brazado en las manos, y una de éstas fué mor- 
dida por las mazas; el contramayoral había corrido a la com- 
puerta para detener el trapiche, los negros al mismo tiempo 
echaron enormes cantidades de caña ; pero las mazas continua- 
ron girando por algunos instantes, y esto bastó para que todo 
el brazo y parte del cuerpo de Gertrudis fueran horrorosa- 
m,ente destrozados. ' ' 

"Aquella escena desgarradora no se me olvidará nunca. 
La justicia no vino hasta el día siguiente a instruir la suma- 
ria, y mientras tanto varios negros velaban el cadáver, y noso- 
tros íbamos también con frecuencia a mezclar nuestras lágri- 
mas con las suyas. ' ' 

"En el mismo lugar reposaban las cenizas de Fernando. 
Fernando había ido al ingenio en una partida de bozales, que 
lo miraban todos con respeto. Al igual de los demás cogió la 
guataca, el azadón, el machete, la despumadera, y aró, chapeó, 
aporcó, cargó panes de azúcar, lo batió en las resfriaderas, 
anduvo con las carretas, metió brusca en las fomallas, y vivió 
muchos años como suele suceder a los africanos ; pero Feman- 
do llevaba siempre una nube de tristeza en el semblante, sus 
cantares fueron siempre únicamente los cantares africanos, 
nunca bailó sino al compás del tambor, y con sus carabelas ja- 
más habló otra lengua que la lengua de su tribu." 

"Allí descansó de sin iguales martirios el tachero José, 
que con aquella confianza que inspira la costumbre de arros- 
trar con frecuencia un mismo peligro, había resbalado por 
descuido al andar encima de los trenes, precipitándose dentro 
de una paila rebosada de guarapo hirviendo. Espantosamente 
quemado, no duró vivo más que breves momentos, pero en ellos 
sufrió cuanto puede padecerse en siglos de tormentos. ' ' 

"Dentro de aquella tosca cerca de piedras sueltas se ha- 
llaba asimismo el criollo Wenceslao. Niño de la propia edad 
que nosotros, nos había acompañado en todas nuestros juegos. 
Con él habíamos trepado sin zapatos los escalonados troncos de 
los cocos, con él habíamos encontrado entre las más elevadas 
ramas de las seibas los nidos de las auras tinosas, con él ha- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 301 



bíamos corrido tras de los venados, con él nos habíamos baña- 
do en las aguas del río. montado en los potros casi cen-eros, 
armado trampas a las jutías, enlazado por el pescuezo a las 
jieoteas, llenado de cocuyos los agujereados güiros, mirado los 
gusanos arrastrándose por los troneos, aprisionado mariposas, 
ensartado maravillas en cañitas de rabos de zorra, huido de 
los majaes, presenciado los estratégicos combates del caballito 
del diablo con la araña peluda, y tapado la boca de los bibija- 
güeros. Esto fué algún tiempo nada más, porque luego Wen- 
ceslao era ya pastor de los bueyes, y cuando regresaba del cam- 
po por la noche, hacía también cuartos juntando caña en 
la pila." 

" Su fin fué bastante lastimoso. Había aprendido e desmo- 
char palmas subiendo hasta las pencas por medio de trepa- 
deras. Pasábase días enteros en las prodigiosas alturas a (|ue 
llegan aquellos árboles, sin otra salvaguardia que su agilidad 
y su destreza ; pero una ocasión se rompieron los estribos de las 
trepaderas, y Wenceslao había muerto mucho antes de frac- 
turarse todo el cuerpo de la terrible caída. ' ' 

'^Y en verdad de toda la dotación que yo había conocido 
en los primeros años de mi vida, pocos eran los esclavos que aún 
existían. Viejos en la actualidad, servirán de guardieros en los 
linderos, cuidaban los gallineros, revolvían el azúcar en los 
secaderos, echaban y quitaban el barro de las hormas, las lava- 
ban en los tanques, caminaban desde la salida hasta la puesta 
del sol detrás del buey de la pisa; los demás habían venido 
unos después de otros, cubiertos con sus frazadas y sobre la 
cama de una carreta, a confundirse con los huesos de sus com- 
pañeros. Recordé por largo tiempo las biografías de muchos 
de ellos, y a cada paso, como le hubiera sucedido a otro cual- 
quera en semejante sitio, prorrumpía de nuevo a llorar." 

"El sol se había ocultado, y las sombras de la noche ha- 
bían derramado pavorosas tinieblas sobre los objetos que me 
rodeaban. Al pálido fulgor de las estrellas se dibujaban 
vagamente entre las ramas de los árboles la cruz y las paredes 
del cementerio. Las ráfagas del viento, sacudiendo las hojas, 
traían a mis oídos santas modulaciones. Caí de rodillas, mur- 



302 FERNANDO ORTIZ 



jxmí^é plegarias, apoyé la cabeza en las piedras de las cercas, y 
al levantarme para volver al batey, sentí que una dicha, nunca 
hasta entonces experimentada, inundaba en celestial arroba- 
miento lo más íntimo de mi corazón." 

III 

Contra la mortalidad de los esclavos, en la época en que 
la trata libre era imposible y el contrabando más y más difí- 
cil, trataron los hacendados de defenderse, estableciendo com- 
pañías de seguros mutuos sobre la vida de los esclavos. En la 
Habana se fundaron dos: una "La Protectora," en 1855, por 
el Sr. José María Morales, el mismo notable mutualista que 
fundó la hoy poderosa compañía de seguros mutuos contra 
incendios "El Iris;" otra, "La Providencia," en 1856, por el 
señor Miguel Embil. Esta llegó a asegurar esclavos por valor 
de cerca de catorce millones de pesos, (^) y ambas pudieron 
ser parte en los procedimientos incoados por muerte de escla- 
vos asegurados, según Auto acordado de la Audiencia de la 
Habana. (^) 

Ignoro el fin de ambas compañías y si había alguna extran- 
jera que contratara tales seguros. 

IV 

No obstante todo lo dicho, es preciso recordar que no han 
faltado quienes han sostenido que la situación económica, del 
esclavo en Cuba era mejor (|ue la de muchos obreros europeos. 
Me limito a citar, por ser extranjero ageno al apasionamiento 
esclavista o antiesclavista, a un escritor italiano, A. Gallen- 
ga (■') el cual manifiesta su creencia de que muchos labriegos 



(1) Pbaxcisco Cartas. Cartera de la Habana. Habana, 1856, pá- 
ginas 33 y 34. 

(2) Véase Circular núm. 169, de 30 de Julio de 18.59. 

(3) La Perla delle Antille. Milano 1874, pág. 58. En 1873 dicho 
periodista llegó a Cuba como corresponsal del Times, de Londres, 
para estudiar los problemas que entonces se debatían: la indepenr 
dencia y la esclavitud. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 303 



de las lljanuras de Lonibardía y aún muchos aldeanos de Ingla- 
terra, padecían una situación material peor que la de los 
esclavos afro-cubanos. 

Gallenga pudo sin duda documentarse con numerosos da- 
tos, pues la bibliografía de los abusos del industrialismo eu- 
ropeo en la primera mitad del siglo xix, era ya abundante, aun 
en la época en que escribía el viajero italiano : duración indefi- 
nida de la jomada de trabajo (15, 16 y 17 horas), salarias 
míseros, ignorancia crasa, enfermedades y vicios consiguientes, 
trabajos agotantes de las mujeres y niños, etc. Y si a Polonia y. 
a Rusia hubiese ido Gallenga años antes, habría visto cómo en 
las plantaciones de trigo se apaleaba a los labriegos; (^) y 
hasta en Xormandía (Francia) fué el vergajo un instrumento 
de organización de trabajo, según la interesante obra de Villau- 
mé, (jue tan vivamente ha descrito la triste vida del obrero y 
el martirio do sus hijos. (-) Y así de I00 principales países 
ultraniarinos. 

Xo cabe duda, pues, de que la situación del obrero europeo 
no se alejaba mucho de la esclavitud, y aun se podría afirmar 
sin reparo, que la posición económica de muchos obreros en 
los grandes centros industriales europeos, en ciertas explota- 
ciones mineras y comarcas agrícolas meridionales, no se aleja 
mucho de la del esclavo, sobre todo del urbano, siendo como es 
ilusoria la libertad en la contratación del trabajo. Pero esto 
no impide que las negruras de la esclavitud sean reco7iocidas 
en toda su espantosa realidad, no solamente en el aspecto eco- 
nómico sino también en el moral, jurídico, sexual, etc., dignos 
de no menor consideración. 

La vida moral del esclavo era igualmente horrorosa. La ley 
le concedía escasos derechos, siendo los principales : 1? la facul- 
tad de casarse libremente; 2? la facultad de buscar amo si el 
actual era severo en demasía ; 3° el derecho de formarse un 
peculio; 4" el de pagarse su libertad. Pt-10 tales derechos no 



(1) SiSMOXDi. Nouveaux Principies d'Economie Politique, 2.' 
éd. 1827. T. 1.", pág. 257. 

(2) Tablean de l'Etat physique et moral (Les ouvriers, 1840, 



304 FERNANDO ORTIZ 



eran viables y con razón dice Pirón (^) que si bien revelaban 
un contraste con las leyes bárbaras de las colonias francesas y 
sobre todo de las inglesas, no era menos cierto que tcxlos estos 
derechos eran a menudo ilusorios, especialmente en los anti- 
guos tiempos. 

En efecto, arrebatado el negro a su patria y hogar se veía 
para siempre imposibilitado de formar una nueva familia, 
pues hasta en el régimen sexual, de hecho la omnímoda volun- 
tad del amo imponía a veces las uniones. Hombre y mujer 
.eran separados para siempre, vendidos en distintos lugares y 
para diversos amos, separados también de sus hijos. Además el 
ingenio o el cafetal era de hecho como un feudo donde no se 
reconocía más autoridad que la del amo, cuyas simpatías y 
favores interesaban más a los poderes públicos que las lamen- 
taciones de los esclavos. ¿ Podían esperar los negros en tal con- 
dición cambiar de amo? Acaso la cáscura de vaca no bastaba 
para acallar sus voces en pro, no de la libertad, sino simple- 
mente de otro amo. Después de lo ya expuesto con relación al 
trabajo del esclavo rural hablar del derecho al peculio y a la 
emancipación por la compra de su libertad, es ocioso. Des- 
de estos dos últimos puntos de vista la situación del es- 
clavo urbano era distinta como se verá. Pero repito, el escla- 
vo en las plantaciones era tratado como una bestia, como un 
ser al que se le desconocía todo carácter humano como no fuera 
para obligarle en las horas de ocio a adorar el dios de sus amos, 
un dios que era también blanco y que les negaba toda satisfac- 
ción en esta vida. Al contemplar la condición del negro esclavo 
en el campo se comprende toda la amarga exactitud de la 
expresión del maestro eximio J. de la Luz Caballero: Lo más 
negro de la esclavitnd iio es el negro. 



(1) Ob. cit. pág. 57. PiBON' se equivoca al decir que esos dere- 
chos eran los únicos que la ley concedía al esclavo. Así dicen tam- 
bién Mebivale y Leboy Beavlieu. 






iC^O 3^ »-< o TJ" '^U? o !M l>(MCOIMO>-'iO'^'^t^i>Tt<iO:COOOCC O_O_G0 •"^'^ 




^ .-1 ic ec 



oocc-^^'— xosos^-'- 
oí -«1" ;c c ic ce sJ 




CCiqWXíO--r-it>-i-isO'^» — 1— lOOít-O'^t^i— iXI>-C<l«i0^^eOiC»0<©iO 




cCíCcr!^^ci-ooas:c-^ioocO'^HíD?ir~c;:cxxL';t^:r'Xít3^it-:£ic 
lont^— xoo;t^c;xt^'«9'íci>ot-t-'^'Mí?ítOítiCícxt^;cc;c^'Míi 

icc;ccc500xcq'n'X->*íCt^--x:c:cx-^t^?:i<ix:c — xcti^ — i-i — 51 



t^t^r-ii^Cit^-^t^ !:ci<)OíCXt^xc<>^ccecx:MX-^^íiCi^;03;— 'íi'M 



©«CCCt-XCiCCu'ít-^t-.íC- 

^-:cr-xcDOccr'"~ 

C5 os ;0 o lO Ti< TC I 



iCSCDXXXOSiCl^iOOÍ^-^XOOCOiCO 
iI^'MeCt^O^iCCC-tiO — rt^íO — ooox 

_. _, ^_ _ ™ ^_ ... ^ ^ ... ^ .. - w. „j Tti os so lo o 05 ^ CD -^ lO •w o o eo c<5 »o c<i CD 
cócsoii-iox'coi-I cJcí<i4ci6a5 05oot>^xc;iooioec(r424i>o;;DC<iaJícc^ 

Oí r-ii-i o ^ I-I (M --1 ,-( ,-1 ,-1 ,-1 ,-1 I-i iM (M -H 




^ 



306 



FERNÁN DO ORTIZ 



Terminemos estos capítulos sobre el negro esclavo rural, 
trayendo a estas páginas algún resumen estadístico, que permi- 
ta al lector apreciar la importancia numérica de los esclavos 
campesinos y, por tanto, la presión intensa que en una tan 
amplia masa de población había de producir su mísera condi- 
ción de servidumbre. 

El siguiente resumen se debe a La Sagra (*) el cual lo 
dedujo de un gran estado formado en 1855. (-) 





EN LAS POBLACIONES 


EN LOS CAMPOS 


EDADES 


Varones 


Hemlr» 


Totales 


Varónos 


Heabras 


Totales 


Menores de 12 años 
Entre 12 y 60 años.. 
Mayores de 60 años 


7.312 

21.459 

1.082 


8.113 

26.400 

1.153 


15.445 

47.859 
2.235 


33.751 

147.725 

12.747 


31.599 

79.731 

5.692 


65.350 

227.456 

18.439 


Totales 


29.853 


35.686 


65.539 


194.223 


117 022 


311.245 



Desde otros puntos de vista se ha formado otro resumen, 
el del estado de la página 305, tendente a poner de relieve el 
reparto de la población esclava por las jurisdicciones de 
Cuba, expresando a la vez su relación con los blancos, y las 
cifras referentes a los sexos. 

Por este estado se ve que el reparto de esclavos responde 
al de la intensidad agrícola. En Colón, Cárdenas, Bahía Hon- 
da, Guanajay, Guantánamo, Santiago, Baracoa, etc., se acumu- 
laban las mayores masas de esclavos rurales. Aun hoy se nota 
en el reparto actual de las razas de Cuba, las consecuencias de 
esa situación al mediar el siglo último. 



(1) Ob. cit., pág. 14. 

(2) Feux Ei$euchu?í. Anales de la Isla de Cuba, 1855. 



CAPITULO XVII 



SITM: A T^IO: el esclavo urbano.— i. EI trabajo del sier- 
vo en la población. — Sus condiciones.— Situaciones posibles del 
esclavo urbano. — Los negros "arrendados". — II. La "coartación". 
— El peculio del esclavo. — Costumbre jurídica. 



La condición material del esclavo era mucho mejor en las 
poblaciones, bien dedicado al servicio personal de los amos o 
bien a los variados oficios manuales que ofrece a la actividad 
humana el ambiente urbano. 

Alejandro de Humboldt en su Ensayo Político sohre la 
islu de Cuba se dio cuenta de la diferente posición de los escla- 
vos, y hubo de escribir lo (|ue sigue : 

' ' ¡ Qué distancia entre un esclavo que sirve en la casa de 
un hombre rico en la Habana y en Kingston, o que trabaja 
por su cuenta dando únicamente a su amo una retribución 
diaria, y el esclavo sujeto a un ingenio de azúcar ! Las amena- 
zas con que se trata de corregir un negro recalciti*ante, sirven 
para conocer esta escala de privaciones humanas. Al calesero 
se le amenaza con el cafetal, al que trabaja en el cafetal con 
el ingenio de azúcar. En éste, el negro que tiene mujer, que 
habita una casa separada, que afectuoso, como lo son la mayor 



áOá FERNANDO 0RT1¿ 



parte de los africanos, encuentra después de su trabajo quien 
le cuide, en medio de una familia indigente, tiene una suerte 
que no se puede comparar al esclavo aislado, y como perdido 
en la multitud. Esta diversidad de posición no la conocen los 
que no han visto el espectáculo de las Antillas. La mejora pro- 
gresiva de estado, aun en la casta servil, hace concebir como, 
en la Isla de Cuba, el lujo de los amos y la posibilidad de la 
ganancia por medio del trabajo, han podido atraer a las ciu- 
dades más de 80,000 esclavos, como la manumisión favorecida 
por la sabiduría de las leyes ha podido ser de tal modo activa, 
que ha producido, sin pasar de la época actual, más de 130,000 
libres de color." 

El esclavo que, ladino entre los ladinos, se hacía simpático 
al amo o era lo suficientemente civilizado y listo para desem- 
peñar trabajos especiales, era separado de la dotación del inge- 
nio y convertido en criado, en esclavo doméstico. (Véase figu- 
ra 32.) Su condición mejoraba mucho, especialmente si era 
llevado a la población. El barracón hediondo y tenebroso desa- 
parecía. La comida insustancial era trocada por las sobras del 
amo, generalmente abundantes por aquel entonces. La tarea 
jornalera, (pie en tiempos de zafra se alargaba hasta 16 horas, 
bajo el sol de Cuba y llevando hasta el máximo el esfuerzo 
muscular, se reducía casi siempre a los trabajos domésticos, de 
los cuales era el más deseado, por la relativa autonomía que 
llevaba consigo, el de calesero. Por otra parte ya no se temía al 
mayoral, y en cambio a veces se hallaban las ternuras de una 
amita y el cariño de los pequeñuelos blancos, que crecían en el 
regazo de las esclavas, a menudo sus nodrizas, y jugaban con 
los negritos, inconscientes del abismo social (jue había de sepa- 
rarlos, abismo tan insondable en a<iuella época como el étnico. 
El esclavo doméstico encontraba también una fuente de recur- 
sos económicos y de benevolencia, sirviendo de cómplice y encu- 
bridor a los hijos de sus amos en sus aventuras juveniles, a 
pesar de que tal ocupación tenía sus quiebras. (^) Pero, sobre 



(1) Véase en la novela Cecilia Toldes de C. Villaverde. (New 
York, 1882) la vida del esclavo doméstico. En la pág. 203 se leen 



Los NEGROS ESCLA-VoS 309 



todo, los castigos aplicados en el campo no eran posibles, por 
lo general, en las ciudades; por esto cuando el amo se hartaba 
de las perrerías del esclavo lo enviaba al ingenio o al cafetal, 
si era hacendado, o si no, lo vendía. El relavo urbano perdía 



algunos párrafos que, en parte, la condensan. "No carecía de objeto 
el sentarse doña Rosa todas las mañanas en ese sitio. Registrábase 
desde allí el interior de la casa, y se veía si las lavanderas prepa- 
raban la legía para el lavado de la ropa, o el brasero con carbón 
vegetal para el aplanchado desde temprano; si las costureras, en 
vez de ponerse a coser las esquij aciones, perdían el tiempo en con- 
versaciones con los otros siervos; si los caleseros lavaban los ca- 
rruajes, daban sebo y limpiaban las correas de las monturas; si Apon- 
te volvía temprano o tarde de bañar los caballos, lo que probaba que 
había ido al muelle de Luz o a la Punta más distante; si Pío, el 
anciano calesero de Gamboa, hacía zapatos de mujer en el zaguán 
para uso de las criadas de la casa y a veces hasta para las amas, al 
mismo tiempo que desempeñaba el oficio de portero, cuando no tenía 
que ponerle el carruaje a su amo; por último, si el cocinero, negro 
de fire aristocrático, bien hablado y racional, según dicen los escla- 
vistas, — había ido o no de madrugada al mercado inmediato de la 
Plaza Vieja, en busca de vituallas y hortalizas que se le habían en- 
cargado la noche anterior." 

"Era éste el que más madrugaba en la casa. Debía hacer el fuego, 
y preparar el café con leche, a fin de que Tirso y Dolores pudieran 
servirlo tan luego como despertaran los amos. No siempre despacha- 
ba el cocinero el mercado a la misma hora, ni en breve tiempo, aun 
cuando la Plaza Vieja distaba poco de la casa de Gamboa. En la ma- 
drugada de que hablamos ahora, por ejemplo, salió para allá dema- 
siado temprano. Pero andando en esa dirección con el farolito en 
una mano, según estaba mandado por las ordenanzas municipales, 
desde los tiempos de Someruelos, y un canasto en la otra, sonó el 
cañonazo de las cuatro, el capitán de llaves abrió las puertas de la 
muralla y al silencio mortal de la ciudad se sucedieron el tumulto y 
toda toda clase de ruidos tan disonantes como desapacibles." 

"A la vuelta del mercado había siempre ajuste de cuentas del 
cocinero con su ama, regaños y amenazas de castigo por el precio de 
las carnes, por su calidad y aun peso, porque en vez de pollos trajo 
gallinas, por la hortaliza, pues en vez de habichuelas, trajo guisantes 
y berros por lechugas, o viceversa. Porque es condición del esclavo 
no acertar nunca a complacer a sus amos." 



§lo 



FERNANDO OÜTI¿ 



la esquif ación O que toleraba la libertad de movimientos 
musculares que él y su pueblo gozaron siempre, a cambio de 




(1) Así se llamaba al vestido ligero de los esclavos, vestido 
que, a veces, no pasaba de ser un simple taparrabos. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 311 



la incómoda vestimenta de los blancos. Un consuelo debió te- 
ner sin embargo el negro vanidoso, el de poder pavonearse 
ante sus iguales con las prendas de vestir que a su juicio le 
daban superioridad y excitaban la envidia, especialmente si 
la tolerancia de los amos les llegaba a permitir hacer vida de 
curros, (^) por más que esto fué caso raro. Los varones solían 
vestir, aunque más modestamente, como los blancos; las hem- 
bras lo mismo, generalmente saya de listado y camisa de plan- 
tilla con un paño de olán como reboso. Las negras de aquel 
entonces, recién salidas de la desnudez africana, no eran muy 
recatadas que digamos, y la clemencia del clima favorecía la 
ligereza del vestido. 

El esclaVo urbano tenía además sus diversiones; ya era la 
posibilidad de conversar y beber libremente en la hodega o el 
puesto de fnitss^ c^n sus amigos o sus carabelas, (-) ya la de 
correr algima aventura aniorosa o la de bailar con frecuencia 
sus eróticos tangos en los cabildos o efi los bailes de cuna. 
Las negras gozaban además de otra venta.ja, de la facilidad de 
proporcionarse algún dinero y aún de librar su emancipación, 
haciendo vida sexual común con algún blanco, caso bastante 
frecuente. Ello era un honor para la favorecida lo cual no ex- 



(1) Se llamaban negros curros, ciertos matones que infestaban 
la vida habanera del primer tercio del siglo xix, marcados con ca- 
racteres tan salientes y peculiares en aquel ambiente corrompido, 
que necesitan un estudio especial. A él dedicaré un volumen de los 
que compondrán esta serie referente al Hampa Afro-Cubana. Véanse 
algunos datos en Febx.\xdo Ortiz, Entre Cubanos. París, 1913. 

(2) Llamaban así los negros a los que habían llegado esclavi- 
zados a Cuba a bordo de un mismo buque. Para algunos casi venía a 
constituir un parentesco esa unión íntima entre los carabelas (voz 
ésta de los antiguos buques del siglo xv y del xvi, atávica por tanto 
al ser usada hasta el siglo xix). H. Kobter (Yoyage dans Ja partie 
septentrionale du Brcsil depuis 1809 jusq'au 1H1.5: París. 1818. T. II, 
página 357). refiriéndose a los carabelas del Brasil, allí llamados 
malungos, dice que "se establece una especie de parentesco entre los 
esclavos que han venido en el mismo navio". 



312 FERNANDO ORTIZ 



trañará al (iiie haya leído las crónicas de algunas de las explo- 
raciones del África occidental, (') 

La esclavitud urbana permitía ciertas situaciones favora- 
bles al esclavo. Una de ellas era la nacida del contrato de 
arrendamiento que el amo hacía de los servicios dé aquél a 
una tercera persona. El esclavo urbano era el que mejor podía 
beneficiarse de esta condición, desconocida generalmente del 
esclavo agrícola, pues el hacendado compraba esclavos cuando 
los necesitaba, para revenderlos después cuando le eran inú- 
tiles; pero no los arrendaba por lo general. Pero en las ciu- 
dades este contrato era relativamente frecuente. La pequeña 
burguesía invertía sus ahorros a menudo comprando un escla- 
vo como podía comprar un animal de carga, y lo arrendaba 
convirtiéndolo en fuente de ingresos. El esclavo se beneficiaba 
también, pues el lazo (|ue lo unía al amo se relajaba, y logra- 
ba con frecuencia cambiar de arrendatario, que de hecho era 
el amo. Por otra parte, estos esclavos se dedicaban a los oficios 
manuales, además de a los domésticos, cuya circunstancia les 
ponía en constante contacto con los negros libres y les facilita- 
ba el peculio por medio de trabajos extraordinarios, por sisas a 
sus amos y a veces por la delincuencia ; más fácil todo ello que 
estando constantemente recluidos en el hogar del amo y bajo 
su inmediata vigilancia. Las negras solían ser también arren- 
dadas ya para las labores caseras, ya como nodrizas, ya para 
la costura, en cuyo caso eran miuy buscadas. 

El esclavo urbano podía hallarse en otra condición más 
cercana a la libertad, se arrená<iha a si mismo. Previo el pago 
periódico a su amo de determinada cantidad el esclavo podía 
trabajar por su cuenta. La coartación y la emancipación suce- 
siva eran mucho más fáciles, y de hecho era casi libre, propie- 
tario de sí mismo, salvo esa especie de censo que sobre él 
pesaba. 



(1) Véease un ejemiplo en lo que dice Brunache (Le Centre 
VAfrique. — Autour du Tchad. París, 1894, pág. 15) y sobre todo 
DuFAY (UAfrique. Tomo II, pág. 147) refiriéndose a los habitantes 
de Benin, que en Cuba llamaríamos lucumís. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 313 



Esto no obstante, entre los negros esclavos se consideró en 
cierta época como poco decoroso el ser an-endados ; acaso por- 
que ser esclavo arrendado significaba, por lo común, no serlo 
de gente rica y de buena posición social, sino de modestos 
amos que buscaban en el arriendo de sus sien'os una pequeña 
fuente de ingresos. (*) 

Pero no cabe duda de que esta situación favorecía la coar- 
tación a la que difícilmente podían aspirar los esclavos del 
campo. 



II 



La coartación consistía en el derecho que adquiría el es- 
clavo entregando una cantidad de dinero a su amo, de no 
ser vendido sino por un precio prefijado del cual se descontaba 
dicha cantidad, pudiendo libertarse entregando al amo la di- 
ferencia en dinero que mediaba entre la ya "entregada por la 
coartación y el precio prefijado. 

La coartación limitaba, restringía, coartaba la potestad 
dominica del amo, por lo cual era ciertamente impropio llamar 
coartado al esclavo, cuando en rigor el coartado era el señor. 
La coartación dimanaba del derecho que tenía todo esclavo de 
emanciparse entregando al amo el precio de su libertad, el 
importe del valor medio de un esclavo en el mercado : y del de- 
recho de canibiar de amo, de buscarse un nuevo amo que lo 
comprase. En este casóla compraventa llegaba a ser obligatoria 
para el vendedor. Este derecho de libertarse, o de hacerlo par- 
cialmente, es decir, de coartarse, a veces se podía ejercitar por 
el esclavo, ya mereciendo esa gracia por legado testamentario 
de algún blanco, amo o protector amigo, caso frecuente en las 
ciudades y en las casas ricas en favor de los esclavos domésticos ; 
o ya comprando la libertad por el ahorro. (^) Este en el campo 



( 1 ) Véase C. Viiía\-ebde. Cecilia YaUdés. N. York, 1882, pág. 516. 

(2) "A poder de tiempo, de industria y de economías, viviendo 
entre gente rica y rumbosa, que visitaban personajes notables, logró 
Dionisio reunir dinero suficiente para coartarse, quiere decir, para 
fijar el precio en que se le vendería, si le vendían, — dando a su amo 

21 



314 FEENANDO OKTIZ 



era muy difícil por más íjue los esclavos tuvieran sus conucos, 
pequeños paños de tierra que ellos podían cultivar con frutos 
menores en provecho propio, durante los domingos y fiestas, 
si es que no había faeiias extraordinarias impuestas por mayo- 
rales abusadores. Pero en la ciudad el ahorro no tenía más 
fuerte obstáculo que la imprevisión característica de la primi- 
tividad psicológica africana, y a veces la maJa fe del amo. Sé 
de un caso en que el pobre esclavo, (jue como casi todos no 
sabía leer ni escribir, marcaba cada peso de su ahorro con una 
muesca en su bastón, con cuya única y débil prueba quiso con- 
vencer, en vano, a su amo depositario, de que le había entrega- 
do ya dinero suficiente para su libertad. 

Para tutelar los derechos de los esclavos y administrarles 
justicia se facultaron los síndicos en las ciudades. El esclavo 
agrícola no podía hacer oir sus quejas sino ante el capitán de 
partido. Pero sería candoroso creer que la raza no pesaba en 
la balanza de la justicia de tales funcionarios blancos y con 
frecuencia dueños de esclavos, también. 

Fué lícito en cierta época (^) arrendar sus propios escla- 
vos, o sea echarlos a ganar, sin licencia expresa del cabildo 
municipal, previa prestación de fianzas por persona abonada. 

El lector puede considerar los desastrosos resultados mo- 
rales que en la raza negra había de producir una condición 
social tan abyecta, mucho más si se tiene en cuenta el predo- 



diez y ocho onzas de oro, o 306 duros. Sacáronle, sin embargo a rema- 
te, junto con otros varios esclavos por ante el escribano público don 
José Salinas, a la muerte del conde, para cubrir las grandes costas 
que ocasionaron su testamentaría y división de bienes. La habilidad 
de Dionisio en la cocina y la repostería, a que le aplicaron apenas 
llegó a la virilidad, le daba más valor en el mercado que a los, otros 
esclavos sin oficio, de consiguiente, la coartación sólo le sirvió para 
que le vendieran en 500 pesos, en vez de los 800 en que le estimó el 
amo cuando le aceptó la suma arriba mencionada. En el lote, don 
Cándido le obtuvo por menos de los 500 pesos en que quedó coartado, 
aunque él no fué el mejor postor; pero supo untraie en tiempo la 
mano al oficial de causas, y no aparecieron las otras pujas." Cirilo 
ViLLAVERDE. Cecilia Valdés. New York, 1882, pág. 206. 

(1) Art. 54 de las Ordenanzas de Alonso de C áceres (1640). 



LOS NEGROS ESCLAVOS 315 



iiiiiiio de la población de color esclava sobre la libre, al mismo 
tiempo (jue enseña el paso constante de la esclavitud a la liber- 
tad, o sea la importancia que tuvo en nuestro país la eman- 
eipación. 

La condesa de ]\íerlin, con evidente exageración decía así : 

"No es cosa rai'a que un negro que guarda sus ahorras 
pueda libertarse a los dos o tres años de su llegada de África ; 
pero frecuentemente prefiere la esclavitud y deposita su dine- 
ro en manos de su amo ; si ensaya el libertarse, presto se arre- 
piente y acude a su señor, suplicándole que vuelva a to- 
marlo. ' ' 

Y añadía más adelanta: "Cuando ha obtenido su libertad 
por coartación, procura conservar los privilegios de esclavo, 
porque si éste no tiene derechos, tampoco tiene deberes, y el 
negro que por su libertíid goza de los primeros, quisiera liber- 
tarse de los segundos; así poseyendo esclavos, casas y tierras 
tiene ciudado de quedar debiendo a su amo medio real por 
día como jornal de 50 pesos, cantidad que le falta para su 
libertad; por este medio se vé libre de las contribuciones y 
del servicio militar.'' 

"Aunque el esclavo posee el derecho de propiedad, a su 
muerte sus bienes pertenecen a su amo ; pero si deja hijos nun- 
ca el propietario de Cuba se aprovecha de esta herencia, sino 
«lue conser\a cuidadosamente el peculio del difunto, lo hace 
valer, y cuando es suficiente liberta a sus hijos por orden de 
edad. Muchas veces el negro libre deja por heredero al íjue 
fué su amo. Yed un ejemplo entre mil. En la época en que 
reinaba aquí el cólera, una vieja enfermera asistía los negros 
de mi hermano : ella había sido su esclava, y aunque se había 
libertado hacía años, continuaba sir\'iéndole. Atacada de la 
epidemia llamó a mi henitóino y le dijo : ' ' Mi amo, yo me voy 
a morir; estas diez y ocho onzas son para su mercé, esta mone- 
da para mis camaradas: este buen viejo, mi marido, se va a 
morir también, si su niercé quiere puede darle una onza para 
ayudarle a pasar la \-ida." La pobre vieja no murió, pero 
escapó milagrosamente. ' ' 

"Citaré otro hecho para que se vea la elevación y la deli- 



316 FERNANDO ORTIZ 



cadeza de alma de un esclavo. El conde de Jibacoa tenía un 
negro, el cual queriendo libertarse, preguntó a su amo cuánto 
quería por él. El conde le respondió: — Nada, ya eres libre. — 
El negro calló, miró a su señor, derramó lágrimas y partió. A 
las pocas horas volvió trayendo un hermoso negro hozal, que 
había comprado con el dinero que destinaba para su libertad, 
y dijo al conde: "Ma amo, sit mercé tenía antes im esclavo, 
ahora tiene dos." 

La excepcionalidad de casos como éstos no atenúan la si- 
tuación general de los esclavos urbanos, que si a menudo fue- 
ron, especialmente si bozales, serbales y dignos de la esclavi- 
tud, por lo general comprendieron su situación y la soportaron 
por imposibilidad de rebelarse. 

Bien lo prueba la diligencia ({ue se daban los esclavos por 
utilizar los escasos miedlos a su alcance para alcanzar la liber- 
tad. No me refiero yo a los medios violentos, a qvie me referiré 
después, sino a los extrictamente legales; por ejemplo, la 
coartación. 

Cuando el esclavo reunía un corto peculio (50 pesos) y 
éste no le alcanzaba para libertarse, se coartaba. La coartación 
tenía como ventajas la de facilitar el cambio de amo, cuando 
el actual era inconveniente, puesto que el comprador adquiría 
un esclavo sin pagar su valor íntegro, sino la parte de él que 
({uedaba fuera de la coartación. Esta venía, pues, a ser una 
especie de compra de sí mismo a plazos. 

Así lo entendió la Condesa de Merlin (^) al decir: 

''No sólo puede el esclavo, cuando pOvsee el precio en que 
se le estima, obligar a su amo a darle la libertad, sino que, 
aunque no tenga toda la cantidad, le hace recibir parte de 
ella, siendo más de cincuenta pesos y así sucesivamente hasta 
que se redima del todo. Desde la primera suma que el esclavo 
paga, ñja su precio y no puede aumentársele. La ley es pater- 
nal, porque el esclavo pudiendo libertarse j>or pequeñas sumas 
no gasta su peculio a nfedida que lo gana, y por este medio el 
amo es el depositario de sus ahorros ; además, no se desalienta 



(1) Los esclavos en las colonias españolas. Madrid, 1841. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 317 



con sus pequeñas ganancias delante de la perspectiva de reu- 
nir una gran cantidatl, y se cree más cerca,no del fin de sus 
esperanzas, puesto que puede alcanzarlo por grados. Aún hay 
más (y este es un beneficio debido no a la ley sino al dueño, y 
consagrado por la costumbre), tan pronto como un negro se 
coarta tiene la libertad, de no vivir en casa de su amo y ganar 
la vida por su cuenta, con tal que pague un salario convenido 
y proporcionado al precio del esclavo; de modo que, desde el 
momento en que éste paga los primeros cincuenta pesos, ad- 
quiere la misma independencia que tiene un hombre libre que 
se ve obligado a pagar una deuda a su acreedor." 

A mediados del siglo xix eran frecuentes en las ciudades 
y en las regiones de pequeñas plantaciones, las coartaciones de 
esclavos, contra la voluntad de los amos. (^) 

Es interesante hacer constar que la coartación fué una ins- 
titución esclavista netamente americana, más consuetudinaria 
que legislada. Escribió acerca de ello Bachiller y florales (-) 
como sigue : 

"Yo creo que la coartación se debe a la bondad de los 
dueños que admiten por fracciones el valor de sus esclavos 
para facilitarles el rescate. En España no fué conocida y toda- 
vía menos creo que tuvo origen en la escla\'itud Hispano-Ará- 
biga. Los moriscos fueron siempre exceptuados de la esclavi- 
tud indiana y nunca se admitieron en América. La priinera 
vez que hemos visto la palabra coartados en España es en la 



(1) "En 1855, el Alférez Real interino, D. Ruperto Ulecia Le- 
desma, presenta una moción al Ayuntamiento contra "Zo facilidad 
con que Jos negros esclavos consiguen coartarse sin haber mejorado 
en medios para proporcionarse los cincuenta pesos que ellos necesi- 
tan, poniendo así coto a la libertad con que el amo pudiera estimarlo 
para caso de venta, y bajo la tutela del síndico de la Corporación 
Municipal, piden papel para buscar amo, por queridos que sean." — 
Emilio B.vcardi. Crónicas de Santiago de Cuba. Barcelona, T. III, pá- 
gina 141. 

(2) A. B.\CHiiXER T Morales. Los Xegros. Barcelona, pág. 155. 
Léase todo el interesante Apéndice de dicho libro, sobre los esclavos 
coartados. 



§18 FERNANDO Ok'ñí. 



Ley de Felipe V de 1712 que es el v, título ii, libro 12 de la 
Novísima Recopilación. No habla sino de moros que llaman cor- 
tados o libres cuya expulsión también se dispuso entonces, 
como lo habían sido antes los demás moriscos. También se 
adoptaron medidas sobre los esclavos cortados a tiempo que 
nada tienen que ver con nuestra coartación. Esto no se refiere 
a limitación de precio. ' ' 

Los derechos de los esclavos coartados fueron a menudo 
muy discutidos por esa falta de legislación directa sobre ellos ; 
pero generalmente se entendió que tenían el derecho de cam- 
biar de amo. 

Los escritores esclavistas insistían en la facilidad y fre- 
cuencia de las coartaciones de los esclavos urbanos, para ate- 
nuar la animosidad creciente contra la esclavitud colonial. Así 
Ferrer de Couto (^) escribía: 

"Esta clase de negros de ambos sexos que se alquilan en 
las ciudades por las gentes que no tienen otros medios para 
adquirirlos a su servicio, siendo éste el más gravoso, tienen 
prefijada la cuota que han de abonar a sus dueños y todo lo 
que ganan de más les queda a su beneficio." 

"Lo mismo sucede, y aun con más amplitud, en los escla- 
vos que van a servir por su cuenta y riesgo de caleseros públi- 
cos, en los muelles y en las aduanas como descargadores, o en 
las calles como mandaderos ; pudiéndose asegurar que el (]ue de 
estos ha practicado dos o tres años oficio, y no es libre aun, no 
ha querido serlo hasta entonces por miras más interesadas. Al- 
gunos trabajando no solamente aspiran a comprar su libertad, 
sino también hacienda con qué vivir después sin mucha nece- 
sidad de su trabajo ; lo cual casi siempre consiguen, particu- 
larmente en las capitales de ambas islas, y en los demás pun- 
tos de las costas más frecuentadas por el comercio." 

"Los que ejercen oficios e industrias productivas, tales 
comió sastres, zapateros, tabaqueros, y otros semejantes, que 
son muchos, y los que se dedican a la música y logran aprender 
a tocar un instrumento, también ad(iuieren suma facilidad 



(1) Ob. cit., págs. 91 y 93. 



Los kégros esclavos 319 



para hacerse libres; coartándose pn^resivainente hasta pagar 
de su primitiva tasación toda la suma, según y como en las or- 
denanzas se ha consignado. ' ' 

"En resumidas cuentas, para dejar de ser esclavo en las 
grandes poblaciones y en el servicio doméstico de las menores, 
los que quieren dejarlo de ser. no tienen más que ti*abajar 
moderadamente y observar buena conducta durante algunos 
pocos años. ' ' 

' ' Pai-a rescatarse de la esclavitud los negros de las hacien- 
das tampoco tienen tanta facilidad como los otros, siquiera 
tengan alguna, en especial cuando dan muestras de claro en- 
tendimiento, de honradez y de obediencia. Porque bien sea (jue 
los administradores de las fincas o los mayorales entonces los 
aparten de la negrada, para su sei-vicio particular, o esto lo 
haga el mismo dueño, como sucede de ordinario con los negros 
de tales condiciones, desde aquel momento el favorecido se 
pone en aptitud de ser libre por medio del servicio doméstico, 
si es económico, con las gratificaciones y propinas que reciben 
en abundancia." 

' ' Algunos lectores supondrán que por este camino debe ser 
muy limitado el mimero de los que se liberten, atendiendo 
también a lo limitado que será el de criados en las fincas. Pero 
este argumento natural para los (^ue no conozcan los países a 
que aludo, la gente perita puede en el acto rechazarlo con la 
demostración del sinnúmero de criados que se alimenta en las 
fincas y en las casas de los señores, por esa costumbre apuntada 
ya de no dedicarse uno solo a d(^ oficios, ni siquiera en un ofi- 
cio mismo al servicio de dos personas diferentes. Cuando el 
propietario de uno o más ingenios tiene mucha familia y negros 
en buena proporción, es fabuloso el número de criados de am- 
bos sexos que se ocupan en la vivienda, porque cada individuo 
de la familia tiene el suyo ; y si hay niños que amamantar, las 
amas de cría llevaban en pos de sí, aunque sea para no hacer 
nada en todo el día, a su marido y a sus pequeñuelos: toilos 
los cuales, si se portan bien, no vuelven ya más a las labores del 
campo. ' ' 

"Además, es práctica constante en las haciendas enseñar 



á20 



FERNANDO ORTIZ 



algún oficio o ceder algún pedacito de tierra a los negros que 
desean una u otra cosa ; y con esto todos están en aptitudes de 
aprovechar el tiempo, y de su trabajo extraordinario reunir 
peculio con que coartarse poco a poco, lo cual el amo no puede 
estorbarles nunca. ' ' 

La condición del esclavo urbano lo aproximaba más al amo, 
que el esclavo del campo, lo cual permitía que la fidelidad del 
siervo al señor fuese más frecuente y manifiesta. Se cuentan 
casos de fidelidad heroica. La condesa de Merlin, escribía (O 
en 1841 este caso curioso : 

"Los negros se identifican con los intereses de sus dueños 
y toman parte en sus querellas: el general Tacón, antiguo go- 
bernador de la Habana, que ha hecho algunas cosas buenas en 
esta colonia, pero cuyo carácter duro e inflexible ha excitado 
tantos resentimientos, se complacía en humillar a la nobleza 
con actos de despotismo : había perseguido al marqués de Casa- 
Calvo, que, a fuerza de sufrimiento, acabó por morir desterra- 
do. Algún tiempo después el general Tacón daba una gran co- 
mida, buscáronse muchos cocineros, pero el mejor de la ciudad 
era el negro Antonio, perteneciente a la marquesa de Arcos, 
hija del desgraciado Casa-Calvo. El gobernador, deslumhrado 
por el prestigio de su alta posición, creyó que nada podía resis- 
tírsele ; lo pidió a su señora, la cual, como era de esperar, se lo 
negó. Picado el capitán general, hizo ofrecer al negro no sola- 
mente la libertad, sino una cuantiosa gratificación, si dejaba 
a sus señores para ir a servirle ; pero el negro respondió : ' ' Di- 
gan al gobernador que prefiero la esclavitud y la pobreza con 
mis amos a las riquezas y a la libertad con él. ' ' 

Todavía hoy es frecuente en las antiguas familias cubanas 
encontrar servidores adictos, antiguos esclavos o descendientes 
de los esclavos de la casa, domésticos de confianza, cuya influen- 
cia en la educación de los blan quitos fué intensa. (-) 



(1) Los esclavos en las colonias espartólas. Madrid, 1841. 

(2) De ella trataré, bajo cierto aspecto, en Los l<!egros Curros. 



CAPITULO XVIII 



SU:L^AI^XO: los emancipados. — l. Proporción entre los 
negros esclavos y los libres. — II. Los •"emancipados". — Su histo- 
ria. — Su situación desventajosa. — III. El regreso a África. — 
Casos curiosos. 



El lector puede considerar los desastrosos resultados mo- 
rales que en la raza negra había de producir una condición 
social tan abyecta como la estudiada, y la importancia social 
de la esclavitud en Cuba, mucho más si se tiene en cuenta el 
predominio de la población de color esclava sobre la libre, 
como demuestra el cuadro siguiente ; al mismo tiempo que en- 
seña el paso constante de la esclavitud a la libertad, o sea la 
importancia que tuvo en nuestro país la emancipación. 

Población de color 



Afios 


Esclavos 


V0¡0 


I,ibres 


PO/O 


1774 


44.333 


59,0 


30.847 


41,0 


1792 


64.590 


54,4 


54.151 


45,6 


1817 


199.292 


63,3 


115.691 


36,7 


1827 


286.942 


72,9 


106.494 


27,1 



32 2 í*ERÑAIÍDO ORTI¿ 



Años 


Esclavos 


PO/O 


lyibres 


PO/O 


1830 


310.978 


73,5 


112.365 


26,5 


1841 


436.495 


74,1 


152.838 


25,9 


1846 


323.759 


68,5 


149.226 


31,5 


1849 


324.187 


66,3 


164.712 


33,7 


1855 


366.421 


67,2 


179.012 


32,8 


1858 


364.253 


67,5 


175.274 


32,5 


1860 


367.758 


63,7 


209.407 


36,3 


1861 


377.203 


62,9 


225.843 


37,4 


1872 


379.523 


61,7 


235.938 


38,3 



1877 199.094 44,3 272.478 55,7 {') 
II 

Pero en Cuba hubo falsos emancipados. 

Vida igual que la de los esclavos llevaban los llamados 
emancipados que Ainxes (-) calcula en 25,660, desde el año 
1824 al 1866. 

Emancipad/fS se llamaban impropiamente a los esclavos 
sorprendidos en poder de los negreros, cuando comenzó a res- 
tringirse la trata por consecuencia de los tratados concertados 
entre España e Inglaterra en 24 de Septiembre de 1817 y 
28 de Junio de 1835. 

El art. 13 de este último tratado dispuso que los negros 
que se hallasen a bordo de im buque detenido por un crucero 
y coiidenadí; \hv. la e;)rtii«inn mixta, (juedarían a disposición 
del gobierno, cuyo crucero hubiese hecho la presa; en la inte- 
ligencia de que no sólo habrían de ser aquéllos puestos en 
libertad y conservarse en ella saliendo garante de ello el go- 



(1) Las cifras correspondientes al año 1877 están topiadas del 
informe sobre el censo de 1899 (pág. 104), sumadas ambas resulta 
un total de 471,572 individuos de color. No obstante, en el mismo 
informe (pág. 103) se dice que la población de color en 1877 ascen- 
día a 485,897, cifra que he consignado en la pág. 25 de este libro. No 
pudiendo consultar el censo original de 1877, me limito a consignar 
el error. 

(2) A History of the Slavery in Cuba. New York, 1907, pág. 237. 



Los ÑhGROS ESCLAVOS 3^3 



bierno a que fueran entregados, sino que quedaba éste obligado 
a dar las noticias y datos más cabales acerca del estado y con- 
dición de dichos negros siempre que fuese requerido por la 
otra parte contratante. Con ese fin se extendió el reglamento 
que como anexo C se unió a dicho tratado, entendiéndose que 
formaba parte del mismo. La perspicaz diplomacia británica 
preveía que las estipulaciones del tratado iban a ser incum- 
plidas por las autoridades de Cuba, 

Los esclavos que eran declarados buena presa por la Co- 
misión mixta y apresados por un crucero español, eran traídos 
a la Habana, según disponía el art. 4 del referido anexo C. 

Como dice Pezuela: '"En las raras presas de negreros, 
los cogidos por los ingleses en las aguas o costas de la isla 
(Cuba) cuando declaraba el tribunal legítimo su decomiso, 
poníanse los bozales de aquella procedencia a disposición del 
Gobierno, a quien exclusivamente competía ya su manejo. De- 
positábanse generalmente en algún caserío próximo a la Ha- 
bana, y en el que guardaban los cimarrones recogidos." El 
caserío de referencia fué Regla, al otro lado de la bahía de la 
Habana, en cuyos barracones destinados a ese objeto espera- 
ban la decisión de su suerte los emancipados. 

Pero no fué siempre así, pues Inglaterra obtuvo situar un 
depósito flotante, el "Ronmey", en la bahía de la Habana 
para recibir provisionalmente a los negros declarados emanci- 
pados que debían ser entregados al gobierno británico. Fué 
poco usado el •Romney'' pero fué un baluarte del abolicio- 
nismo en el corazón del esclavismo. El "Romney" estaba, 
para mayor significación, provisto de una guardia de solda- 
dos negros y los esclavos de la Habana llegaron a creer que 
ese barco era una especie de sagrado asilo, de modo que 
significaba la libertad para todos los que en él lograron refu- 
giarse, escapándose de la tierra de su servidumbre. Además, 
años después, se habilitaron barracones para emancipados a 
poca distancia de la Quinta de los Molinos o palacio de recreo 
del Capitán General. 

. Dada la semejanza, por no decir identidad, entre la situa- 
ción del esclavo y el emancipado, repito, éste cuando era des- 



324 í*ÉRÑAIÍDO ORTI25 



tinado a las faenas agrícolas sufría todas las desgracias del 
esclavo en igual ambiente; así como permaneciendo en las 
poblaciones disfrutaba de la vida propia del esclavo urbano. 
Pero, de todos modos era tenido por la peor clase de esclavos. 
Entre éstos mismos, emancipado o inglés era el peor de los 
insultos, (^) 

Por esto la denominación de emancipados era impropia. 
En el art. 5 del anexo C. se prevenía que se estableciese en la 
Habana un registro de todos los negros emancipados en el 
cual s<3 inscribirían los nombres puestos a los negros, los de 
las embarcaciones en que hubiesen sido apresados, los de las 
personas a cuyo cuidado se entregasen y cualesquiera otras 
circunstancias que fueren útiles al fin propuesto. 

Puedo añadir (¡ue no solamente se registraba el nombre 
cristiano que se ponía al hozal emancipado, sino también 
el que traía de África. Pero, por más que el tratado exigía 
ingenuamente que ese registro se llevase con escrupulosa 
exactitud, es fácil comprender cómo la identificación de los 
emancipados, que con tal registro se pretendía, era ilusoria; 
y cómo entregado el negro hozal sin instrucción, sin entender 
el idioma y sin amigos, a la protección de patronos endureci- 
dos al calor de la esclavitud secular y a la del gobierno venal 
y esclavista, pronto habría de sucumbir el africano al absor- 
bente medio que sobre él echaba sus garras esclavizadoras. 
Saco (-) escribía a Madden, comisionado inglés, cómo en las 
fincas fué frecuente al morir un esclavo, dar por muerto en su 
lugar a un emancipado sometido al cuidado de los mis- 
mos amos. 

El plagio del emancipado no lo evitó, pues, ciertamente, 
la previsión británica, que logró estipular la existencia del 
registro de emancipados y la inspección de éste (art. 4?) pre- 
via una entrega semestral al tribunal mixto respectivo. 

El capitán general era el que, p9r medio de delegados al 



(1) Informe de los Comisionados ingleses, 1832, Marzo, 29. — 
British and Foreign State Papers, pág. 160. Cita de Aimp:s. 

(2) Saco. Hist., etc. T, II, pág. 373. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 325 



efecto, distribuía los emancipados entre los hospitales, 
conventos, jardín botánico y obras piiblicas de la Ha])ana. 
Más tarde se entregaron también "a vecinos honrados y 
laboriosos para adoctrinarlos en el trabajo y en la civilización 
cristiana," como decía Ferrer de Couto. C) La mayor parte 
eran entregados a pequeños empleados, viudas de militares y 
otros vecinos honrados que no podían comprar esclavos. Pero 
el número de emancipados crecía y pronto los hacendados y 
pei-sonas ricas creyeron conveniente hacerse de buena canti- 
dad de ellos, para utilizarlos como criados, cocineros, caleseras, 
aguadores, estivadores: dulceros, tabaqueros, operarios del fe- 
rrocanñl. etc. Ya en 1854 la mayoría de los emancipados esta- 
ba en las plantaciones. (^) 

Poco a poco, iba dificultándose a.sí la identificación del 
emancipado; su diferencia del esclavo fué atenuándose hasta 
desaparecer de hecho. 

Los emancipados debían obtener del patrono, alimento, 
vestido, y calzado como la costumbre exigía para el servicio 
doméstico, instrucción de lá fe católica j pronto bautismo, 
cuidados médicos y entierro. Además, el emancipado debía ser 
enseñado a trabajar en oficio manual. 

En caso de malos tratamientos el emancipado era entre- 
gado a otro vecino honrado. La pena por vender un emancipa- 
do como esclavo, o darlo por fallecido (^) era de $.500 además 
de la general por el delito de plagio ; de cuya multa la mitad 
era para el denunciante y la otra iba a un fondo para emanci- 
pados enfermas. Si el negro era de carácter incorregible el 
gobierno se hacía cargo de él nuevamente. Los comisarios de 
barrio y jueces de paz fueron los encargados de velar por la 
situación del emancipado. 

Las hijos de éste eran libres y a.sí se hacía constar en las 



(1) Ob. cit., pág. 82. 

(2) BritisJi and foreign papers. Vol. XLV, pág. 989. Cita de 

AlMES. 

(3) Delito éste frecuente, según Saco. Hist. de la Esclavitud de 
la R. A. T. II, pág. 371. 



326 FERNANDO ORTIZ 



partidas de bautismo. Pero ¿cómo lograr la identidad del re- 
cién nacido, cuando creciera y se hiciera iitil, con el nombre 
consignado en el registro parroíiuial? 

El patrono debía entregar por lo general al tesoro insular 
una prima que variaba de 51 a 170 pesos, en atención a los 
beneficios que obtenía del trabajo personal' del emancipado, 
durante los cinco añovS por los cuales se hacía la entrega. Algu- 
nas veces fueron entregados sin pago alguno; pero esto fué 
raro ; habiéndose tenido el ingreso por emancipados como una 
renta más del tesoro público. El emancipado fiue a los cinco 
años era devuelto al Gobierno, podía ser y lo era siempre re- 
enganchado por otros cinco años y así sucesivamente pre\do el 
pago de otra cuota, con lo cual la servidumbre del emancipado 
no tenía fin mientras era útil ; el patrono lo seguía explotan- 
do hasta (jue, viejo o inútil, lo entregaba definitivamente, y 
las rentas de la colonia obtenían un ingreso constante. C^) 

Con estos datos se comprenderá prontamente cómo a los 
paniaguados del gobierno colonial les fué posible hacer un 
pingüe negocio a medida que el valor de los brazos negros iba 
subiendo en el mercado ; cual era el de hacerse entregar nume- 
rosos emancipados y alquilarlos a empresas, hacendados o par- 
ticulares como jornaleros u operarios. (-) Aimes (') cita, do- 
cumentándolo, el caso de un tal Gabino, aguador, que dio en 
diez y seis años a su patrono un ingreso de $5,528, habiéndole 
costado a éste en las cuatro veces que lo había tomado al Go- 
bierno, solamente $612. 

El general Concha trató de remediar este abuso en 1854 



(1) Del fondo de emancipados se dedicaron gruesas sumas a la 
Quinta de los Molinos, al convento de San Felipe, a la cárcel, a la 
iglesia de Cienfuegos, etc. Cuando moría un emancipado se devolvía 
al patrono lo que éste había pagado por él (¡). Coxcha. Memoria so- 
bre el estado de la isla de Cuba. pág. 161. 

(2) "Hoy se pagan muy buenas onzas por conseguirlos y es la 
granjeria mayor de los favoritos o paniaguados." — R. Fkrbeb, folleto, 
Madrid, 1862. 

(3) Ob. cit., pág. 231. Cita de Francisco Calcagno. Dicciona- 
rio Biográfico cubano. New York, 1878, pág. 643, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 327 



limitando el número de emancipados que podía tener asigna- 
dos cada persona y estableciendo el pago de cuotas mensua- 
les (unos diez pesos) de las cuales el emancipado recibía al ser 
puesto en libei-tad las tres cuartas partes, y fijando ciertas 
condiciones de garantía para e\ntar la especulación. A los cin- 
co años se les daba papel de libertad y si habían tenido buena 
címducta podían permanecer en la isla. 

Este permiso no dejaba de tener importancia, porque el 
gobierno insular temió siempre la existencia de muchos negros 
libres en la colonia, especialmente después de las primeras 
rebeliones negras, así que ya por real orden de 15 de Abril de 
1828 (no en 1829, como dice Ainies) se determinó embarcar 
los emancipados sobrantes, no colocados, a Ceuta, y a otras 
colonias españolas para allá ser empleados en obras públicas. 
La Comisión mixta se opuso, pues no quería que se sustraje- 
ran así a su vigilancia; pero después en 1833, habiéndase he- 
cho una importante presa de esclavos cuando el cólera causaba 
más estragos en la Habana, se convino en remitirlos a Trini- 
dad. No fué, quizás agena a esta resolución le insistencia con 
que los gobernantes de Cuba querían sacudirse el problema de 
los emancipados, como se ve por la recomendación hecha en 
13 de Octubre de 1832 por el capitán general Francisco Dio- 
nisio Vives al Gobierno de Madrid de ''que los negros eman- 
cipadas se saquen de la isla, agitando el expediente que obra 
en la Secretaría de Estado, por lo mucho que importa remo- 
ver estos libertos de la isla." Y asimismo en 31 de Mayo de 
1844 un bando del capitán general ordenaba la recogida de los 
emancipados ' ' tan luego como se hallen en el caso de hacer uso 
de su libertad" (¡curioso eufemismo para no mentar su. escla- 
vitud!) a fin de proporcionarles embarque y salida de este 
territorio." Y en 1845 salieron forzosamente de Cuba para las 
islas Trinidad y Granada 1,207 negros libres, de los cuales 978 
eran emancipados. 

La vigilancia de los comisionados ingleses fué constante. 
Al principio obtuvieron facilidades, pero poco a poco fueron 
obstaculizadas sus iniciativas en ese sentido. Cuando el céle- 
bre Tumbull fué nombrado cónsul inglés y el no menos cele- 



328 FERNANDO OETIZ 



bre Madden fué nombrado juez de la Comisión, se hicieron 
reclamaciones enérgicas contra el capitán general ; pero el go- 
bierno de Madrid se mantuvo firme y pidió y obtuvo la revo- 
cación de esos nombramientos. Verdad es que ambos funcio- 
narios ingleses, llevados de un celo abolicionista y humanita- 
rismo combatiente, se extralimitaron a menudo en sus atribu- 
ciones. El gobierno español llegó a acusar a Tumbull de 
ser el instigador de las revoluciones negras de JVIatanzas en 
1843 y 1844. El gobierno inglés en 1845 ordenó a sus agentes 
que no se entrometieran en los asuntos cubanos fuera del radio 
de sus facultades, concertando con España el derecho para 
aquéllos de poder remitir informes oportunos al capitán ge- 
neral; pero no el de seguir polemizando con él y sugiriéndole 
medidas de gobierno. 

En 1870 fueron libertados, en fin, los emancipados, si 
bien transformados por seis años más en contratados, obliga- 
dos a trabajar para el amo sujetos a las reglas del trabajo libre, 
recibiendo en pago diez pesos al mes, y diariamente 8 onzas de 
sal, 2 y media libras de boniatos u otro alimento análogo, así 
como cuidado médico si era preciso. Además recibía dos mu- 
das y dos camisas al año. 

Por lo que antecede, pudo Labra escribir en resumen 
sobre la situación de los emancipados, lo siguiente : ' * Para su 
educación se inventó una especie de patronato, que había de 
durar sólo de tres a cinco años. Los pupilos o emancipados 
deberían ganar un jornal, que variaba de tres a ocho pesos 
mensuales, destinándose las dos terceras partes, por regla ge- 
neral, a constituirles un fondo o masita. Verdad, que en el 
ínterin aquellos otros compañeros suyos que habían tenido la 
suerte de haber sido descubiertos por los cruceros británicos, 
eran llevados a Sierra Leona y allí integrados inmediatamente 
en la plenitud de los derechos del ciudadano inglés. Pero toda- 
vía el emancipado español tenía que arrostrar nuevas desgra- 
cias; dado que los cinco años de tutela — de prórroga en pró- 
rroga — ^no terminaron hasta 1870 (y de manera bien original 
por cierto) y en todo este lapso de tiempo fueron tratados de 
un modo tal que es notorio que en Cuba las esclavos se creían 



LOS NEGROS ESCLAVOS 329 



y declaraban en mejor situación que los emancipados : porque 
la condición de éstos era idéntica a la de los primeros, con la 
doble desventaja de carecer los últimos del derecho de redimir- 
se y de entrar en el goce de la libertad (que sin embargo, como 
he dicho, los tratados y la ley les habían reconocido plenamen- 
te), y de no ser tratados por sus am^s, al parecer, temporales 
— por sus patronos como la ley las llamaba — cual a esclavos 
propiamente«.tales, en cuyo vigor y cuya salud estaban intere- 
sados, como en la salud y el vigor de un caballo o de cualquiera 
otra bestia comprado con su bolsillo y que por tanto repre- 
sentaba su capital." (^) 

Saco pudo decir, contestando a Madden: (-) "Los eman- 
cipados son esclavos, más que esclavos." Según el mismo pen- 
sador cubano, ni un solo emancipado logró emanciparse, pues 
el Gobierno .se negaba a darle la libertad, "pues habiéndolo 
solicitado algimos, ofreciendo el precio que otro cualqiera da- 
ría por ellos para tenerlos a su servicio, se les ha contestado 
([ue se les admitiría su propasición ¡si se retirasen a África!; 
esto sucedió en tiempo de Tacón. ' ' 



III 



Y a fe que ese regreso a África era de hecho imposible 
para los emancipados, como para los demás africanos libres. 
Un viejo esclavo, conocido mío, me dice que en 1866 salieron 
de la Habana para África, tres barcos con lucumís y dos con 
ararás ; pero ello es, sin duda, un error de mi pobre informan- 
te. Jamás han salido de Cuba barcos con expediciones de re- 
patriados africanos, y si no fuera por algún dato suelto que he 
hallado, creería que ni siquiera ha habido lugar a repatria- 
ciones individuales. Parece que alguna hubo, pues leo en 
La Ilustración de Cuha, de 1? de Xo\'iembre de 1895, ya en 
plena guerra independizadora, lo que sigue: "Curioso dato 
en estos tiempos es consignar que recientemente han sacado 



(1) R. M. DE Labra. Ob. cit.. pág. 16. 

(2) Ob. cit., pág. 373. 



28 



330 FERNANDO ORTIZ 



pasaporta en el Gobierno Civil de Matanzas, para marcharse a 
San Pablo de Loanda, África, les dos morenos Jucumis Braulio 
y Melitón Campos, antiguos vecinos de aquella ciudad, traídos 
a esta Isla esclavos por los años de 1862 al 64. A Braulio lo 
acompaña su mujer Juana Veliz Sánchez, también lucumi, 
cuatro hijos que tuvo con otra mujer que falleció, y una ente- 
nada, estos cinco últimos cubanos. A Melitón sólo le acompaña 
su mujer Dolores Llopiz, Incumi como él. (^) Ambos morenos 
representan tener de 50 a 60 años. El viaje lo hicieron embar- 
cándose el 10 de Octubre para la Península, desde donde se di- 
rigirán a Lisboa, tomando allí uno de los vapores de la línea 
África-Portuguesa. ' ' 

Algún otro dato he obtenido de esas extraordinarias repa- 
triaciones. Mariano Torrente (^) dice así: "En 1817 se ofre- 
cieron a los negros libertos los medios de trasladarlos a su 
país nativo: no llegaron a cincuenta los que abrazaron este 
partido, y a poco tiempo se les vio de regreso en la Isla de 
Cuba, bendiciendo con mayor entusiasmo la mano que los ha- 
bía rescatado de la miseria y degradación de la vida salvaje, 
haciéndoles gustar las dulzuras de la vida civilizada." Con 
vengamos, sin embargo, en el escaso valor de ese dato de un 
escritor esclavista, que se refiere, sin duda, a los primeros 
emancipados. Ya sabemos lo que con éstos se hizo. 

Todavía unos casos más extraordinarios son los que cita 
la Condesa de Merlin. ¿Sería sorprendida por alguno de los 
muchos señorones esclavistas que la rodeaban y sugestionaron 
en su favor? Escribió lo que sigue, (^) mi paisana: "Hace 
algunos años que dos hijos de un cacique fueron robados por 
fraude o por violencia y conducidos aquí por un buque negre- 
ro portugués. Los vendieron, y poco tiempo después llegó a la 
isla una embajada de lucumies embadurnados y llenos de plu- 



(1) Sería curioso conocer las aventuras de esos lucumís, en 
Loanda, es decir, en Angola, país muy distante del de su nación. 
Supongo, por eso, que algún error debe contener esa noticia. 

(2) En un folleto titulado Cuestión Importante sohre la Escla- 
vitud. Habana. Nota. 

(3) Los Esclavos en las Colonias Españolas, Madrid, 1841. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 331 



nías, que venían de parte de su jefe a reclamar a los dos prín- 
cipes robados. El gobernador consintió sin dificultad el de- 
volverlos ; pero ellos se negaron a dejar a Cuba, donde decían 
gozaban de una felicidad que no habían conocido en su país. 
Así el estado de príncipe en África no equivale al de esclavo 
en nuestras colonias." (sic.) 

' * El ejemplo que acabo de citar no es único : he visto en 
el establecimiento gimnástico de Cuba un joven negro, hijo 
de un jefe rico y temible, vendido a los comerciantes europeos 
por los enemigos de su padre, el cual desde que ha descubierto 
la residencia de su hijo, le enAÍa cada seis meses emisarios 
para persuadirle que \'uelva cerca de él y no ha conseguido ha- 
cerle consentir: se ocupa en domar caballos.*' 



CAPITULO XIX 



STJ2^^AI^IO: CONDICIÓN JURÍDICA DEL ESCLAVO 
AFRO-CLBANO. — I. Definición del esclavo. — La esclavitud pre- 
colombina en España. — II. El esclavo en "Las Siete Partidas". — 
Concepto. — Derechos del esclavo. — Derechos del amo. — Cómo 
el siervo adquiría la libertad. — III. La legislación del siglo 
XVI. — IV. El derecho esclavista del siglo XVII. — Inicio de un 
derecho cubano. — Las Ordenanzas de Alonso de Cáceres. — La 
Sínodo diocesana de 1680. — La "coartación".— Otras disposi- 
ciones. 



Estudiemos ahora cuál fué la condición jurídica del escla- 
vo en Cuba, como en el resto de las Indias, cuál fué el derecho 
que la voluntad soberana de la níetrópoli y la potestad de los 
gobiernos coloniales impusieron a la vida de los esclavos afri- 
canos. 

Los jurisconsultos españoles del siglo pasado solían defi- 
nir la esclavitud que regía en las colonias antillanas como "el 
estado de un hombre reducido a la propiedad de otro." Defi- 
nición ésta evidentemente impropia e inexacta entonces, que 
si puede disculparse por sugestiones tradicionales, y por con- 
sideraciones de hecho, no ciertamente por la legislación hispa- 



^Sé i'ERNANDO OR'ÍI^ 



na, aún desde la época precolonial. Las leyes, en efecto, no 
autorizaban a confundir al esclavo con las cosas, antes al con- 
trario, lo consideraban, ya se verá, como un sujeto activo de 
derechos, derechos harto limitados si se quiere, pero derechos 
subjetivos al fin, de los cuales no podía ser titular sino la per- 
sona humana, como tal calificada y mantenida jurídicamente. 

El siervo no tenía el status libertatis, ni tenía la plena 
capacidad civil ; pero indudablemente en la legislación caste- 
llana, como en la romana de los últimos tiempos, no podía en 
rigor sostenerse como en el Digesto que servns juris civilis 
communionem non habet in totiim. No podría, en fin, negarse 
el carácter de persona al hombre esclavo. 

No en balde las influencias éticas habían llegado al espí- 
ritu del legislador medioeval, modificando el antiguo rigoris- 
mo de la esclavitud e infiltrándole el individualismo germá- 
nico a través de las legislaciones inspiradas por los hárharos. 
La misma esclavitud no fué nunca entre los germanos, al 
decir de Tácito, tan aplastante como en Roma. 

En España existió la esclavitud antes que las Indias fue- 
sen descubiertas. Mejor dicho, la esclavitud que en Iberia 
encontraniios desde los tiempos menos conocidos, llegó a tra- 
vés del derecho autóctono, del fenicio, del cartaginés, del ro- 
mano y del visigodo, a la vida jurídica de los monarquías 
medioevales. Nunca cesó de haber esclavos en España. Así es 
que el descubrimiento de América y la naturalmente improvi- 
sada economía política de los conquistadores y colonizadores, 
encontró completamente fabricado el molde de la esclavitud 
en los cuerpos legales de la nación descubridora. 

No sucedió como en Norteamérica donde los colonos no 
tenían ah initio una verdadera legislación esclavista. Esta 
surgió en la legislación misma de las colonias. Así en 1628 la 
establecieron New York y New Jersey, en 1630 Massachussets 
y así sucesivamente las demás colonias. En 1661 reconoce Vir- 
ginia la esclavitud, en 1662 la hace hereditaria, en 1667 esta- 
blece que el bautismo no altera la condición legal del negro 
esclavo, etc. Quizás a esta circunstancia se debió que la legis- 
lación esclavista de las Indias inglesas fuese más rigurosa que 



í.os NÉoRos escLaVoS 335 



la española y que los derechos dominicos a los cuales fué some- 
tido el esclavo eu a(iuéllas fueran más absolutos e irrefrena- 
bles. Los colonos españoles familiarizados desde antiguo con la 
esclavitud en su patria, la conocieron templada en sus códigos 
al calor de las doctrinas religiosas y filosóficas y de la tradición 
jurídico-germánica colonial ; y si en la práctica la hicieron dura 
e inhumana, no tuvieron la potestad legislativa pai^a endurecer 
los preceptos legales esclavistas, promulgados en un ambiente 
metropolitano que se substraía en gran parte a los requeri- 
mientos y exacerbaciones del medio colonial. Cuando pudieron 
burlar la ley metropolitana, al amparo de una abusiva auto- 
nomía gubernativa colonial, así lo hicieron, como se verá pron- 
to, y ello demuestra que en las Antillas españolas se habría lle- 
gado a iguales rigorismos y abusos en la legislación de los 
esclavos, si como en el Norte la regulación jurídica de su con- 
dición hubiese estado eu las mismas manos de los planta- 
dores. 

II 

Cuando la esclavitud africana fué introducida en Amé- 
rica regía en materia de esclavitud y era el código ciril de 
aquel entonces en Castilla y León, el admirable código de 
Las Siete Partidas. (Siglo xiii). 

La esclavitud llegó a ellas del derecho romano a través 
del Fuero Jiugo, del Fuero Real, de las Leyes del Estilo, de las 
Leyes Nuevas, del Ordenamiento de las Tafurerias, del Es- 
péculo y del derecho canónico. Arrastraba ya una larga tradi- 
ción legislativa. 

La partida cuarta dedicó el título xxi a tratar de los 
s^iervos. Entonces no era usual la voz esclavo. En el título 
XXIII se dice que "'los ornes o son libres, o son siervos o afo- 
rradas a que se llaman en latín libertos." 

Y de la definición legal de la servidumbre personal que da 
la Ley i, Título xxi. Partida iv, surge ya la eontradición 
evidente entre el espíritu justo del legislador metropolitano y 
el obcecado de los esclavistas de las colonias. Servidumbre es 



á36 



FEKNANDO ORTIZ 



postura e establecimiento, que fisieron antiguamente las gen- 
tes, por la qufil los ornes que eran ¡laturalmente libres, se fazen 
siervos: e se meten a señorio de otro, contra razón de natura. 
Esta apreciación de (¿ue la esclavitud fué contra razón de natu- 
ra, no fué coiripartida nunca por los indianos. Fácil sería acu- 
mular aquí citas de los defensores de la esclavitud para ver 
cómo ellos la juzgaron, hasta los mism^os días del abolicionismo 
triunfante, como ajustada a razón y a naturaleza. 

Todavía en las Partidas hallamos una nueva reprobación 
y concepto de la servidumbre, en la introducción al tít. v, 
Partida iv, cuando dice : ' * Seruidumbre es la mas vil, e la mas 
despreciada cosa, que entre los omes puede ser. Porque el ome, 
que es la mas noble, e libre criatura, entre todas las otras cria- 
turas, que Dios fizo, se torna por ella en poder de otro: de 
guisa que pueden fazer del lo que quisieren, como de otro su 
auer biuo, o muerto. E tan despreciada cosa es esta seruidum^ 
bre, que el que en ella cae, non tan solamente pierde poder de 
non fazer de lo suyo lo que quisiere, mas aun de su persona 
misma, non es poderoso, si non en quanto manda su señor." 

La servidumbre podía tener origen por tres causas: por 
caer cautivos de guerra siendo enemigos de la Fe; por ser 
hijos de siervas y por voluntad del hombre libre que se hace 
siervo. Para esto último era preciso que él consintiese la venta, 
que tomase parte del precio, que supiere que era libre, que el 
comprador creyera que no era, y que fuese el vendido mayor 
de veinte años. Además la ley 3? reconoce otro modo de caer 
en servidumbre, pues declara siervos de la Iglesia, al hijo de 
clérigo y mujer libre ; y otro modo aún, la ley 4?, o sea la ser- 
vidumbre a los cristianos traidores que dan ayuda o consejo a 
los moros. 

No faltaron quienes, basándose en esos preceptos legales 
traducidos casi todos del derecho romano, tan grato a Alfon- 
so X el Sabio, sostenían la ilegalidad de la esclavitud de la 
mayor parte de los africanos traídos a las Indias, cazados en 
su patria por aventureros de la costa y esclavizados contra sn 
voluntad. Pero jamás intentóse el análisis del origen y funda- 
mento del estado servil de cada uno de los esclavos. La vida 



Los NÉOKOS ESCLAVOS 33? 



jurídica del esclavo comeuzaba desde el momento que arribaba 
a estas playa-s, como si el africano hubiese surgido ya siervo 
del foudo de las aguas atláuticas. Su pasado eu África, escla- 
vo o reyezuelo, nada importaba : la trata los consideraba a 
todos con rigor igualitario. De todos modos, acaso por pudor 
jurídico el rey Felipe III en su R. C. de 12 de Diciembre de 
1619 llamaba a la trata negrera rescate de esclavos negros. (') 

El hijo sigue la condición de la madre eu cuanto a la ser- 
vidumbre o libertad. El nacido de hombre esclavo y de mujer 
libre, era libre. 

Las leyes 5? y 6? fijan las obligaciones de los siervos con 
sus señores, diciendo: "Todo sieruo es temido de guardar su 
señor de daño e deshonrra, en todas las maneras que pudiere, 
e supiere : e es tenudo de obedecer e de acrescerle su honrra, e 
su pro, en todas guisas. E non tan solamente, es tenudo el sier- 
uo, en estas cosas sobredichas al Señor, mas a su muger, e a 
sus fijos : e si menester ouieren su ayuda, queriéndolos alguno 
matar, e deshonrrar, deue acorrer a cada vno dellos, e morir 
por ellos: por escusarlos de muerte: o de deshonrra. E esto 
deue fazer cada vn sieruo bien e lealmente: e non. se puede 
eseusar por ninguna manera, que non lo faga assi, lo pudiendo 
fazer : fueras ende, si f uesse enfermo, de guisa que lo non pu- 
diesse cumplir, o si fuesse preso, o encerrado, o tan lueñe, de 
aquel lugar, que non pudiesse llegar en ninguna manera a aco- 
rrerles. E si el sieruo firiesse, o matasse alguno amparando su 
señor de peligro de muerte, deue ser sin pena. ' ' 

* ' Llenero poder ha el señor sobre su sieruo, para fazer del 
lo que quisiere. Pero con todo esso, non lo deue matar nin lasti- 
mar, maguer le fiziesse porque, a menos del mandamiento del 
juez del lugar, nin lo deue ferir, de manera que sea contra 
razón de natura, nin matarlo de fambre : fueras ende si lo 
fallasse con su muger : o con su fija o fiziesse otro yerro seme- 
jante destos. Ca estonce bien lo podría matar. Otrosí dezimos 
que si algún ome fuesse tan cruel a sus sieruos, que los matasse 



(1) Esta R. C. pasó a ser la Ley VI del Tít. XVIII del Llb. 8 de 
las Leyes de Indias. Véase en el Apéndice. 



33á t'EÍlíÍAÑDO 0Rfl2 



de fambre : o les firiesse : o les diesse tan grand lazerio, que non 
lo podiessen sofrir, que estonce se pueden quexar los sieruos, 
al juez. E el de su officio, deue pesquerir en verdad si es assi: 
e si lo fallare por verdad, deuelos vender, e dar el prego a su 
señor. E esto deue fazer, de manera que nunca puedan ser tor- 
nados en poder, ni en señorio de aquel, a cuya culpa fueron 
vendidos. ' ' 

Como se vé esta ley 6'', resumen de preceptos análogos ro- 
manos, fijaba primeramente un poder dominico pleno, llenero; 
pero después lo limitaba. El amo no tenía el jus iñtae et nocís, 
no podía matar al esclavo, ni lastimarlo o herirlo, ni privarlo 
de la alimentación, ni darle tan malos tratamientos que non 
lo podiessen sofrir. Para el caso en que el amo abusase de su 
señorío, establecía un recurso de queja, con derecho subjetivo 
en favor de los siervos para acudir en demanda de protección 
y justicia al juez; y éste, comprobada la verdad de la acusa- 
ción contra el señor, hacía vender al siervo quejoso y dar el 
precio al amo, de tal manera que nunca el siervo víctima de la 
sevicia señorial pudiese volver a caer en dominio del amo cul- 
pable. Es decir, reconocía la ley castellana al esclavo, como 
hizo ya el emperador An tonino Pío, el derecho de cambiar de 
amo cuando el amo no respetaba lo que podríamos llamar sus 
derechos individiuUes mínimos: a la vida, a la integridad cor- 
poral, a la alimentación, al buen trato. 

La ley 7^' trata de la capacidad civil del esclavo, absorbida 
plenanüente por el señor : ' ' Todas las cosas que el sieruo gana- 
re por cual manera qiiíer que las gane, deuen ser de su Señor." 
Hasta los legados que al siervo se hicieran, se entendían he- 
chos al Señor; de modo que el esclavo no podía adquirir ni 
por testamento. Tampoco por prescripción (Ley iii, título 
XXIX, Partida 3'-) porque non seria guisada cosa que oviesse 
señorío sohre las otras cosas el que non lo ha sobre si mismo. 
Pero, en cambio, la ley establecía con cierta lógica, que si el 
amo pone al esclavo al frente de tienda o nave o de otro nego- 
cio (de ahí la adío exercitoría y la actio institutoría de los 
romanos), todos los pleytos que tal sieruo fixiere con quien 
quier que los faga por razón de aquel menester o mercedu- 



Los ÑÉGRüS ESCLAVOS 



339 



ria... es tenudo el señor de los guardar e de los cumplir tam- 
bién como si el misnw los oiiiesse fechos. Y además el esclavo 
podía adquirir por prescripeióu para el amo, en iguales cir- 
cunstancias ; con lo cual bien claramente se ve que el esclavo 
podía realizar ciertos actos jurídicos civiles y mercantiles 
plenamente valederos, aun cuando a él no le aprovecharan. 

Esto no impedía al siervo el poder tener peculio propio o 
pegujar apartado, si el señor se lo consintiere (la llamada 
libera administraiio peculi) o hubiese dado; en cuyo caso el 
siervo podía salir fiador por otro; precepto (ley ii, tít. xn, 
partida 5*) legal éste que admitía, aunque muy restringido, 
un jus commercii para los esclavos, como igualmente lo hizo la 
costumbre jurídica i-omana. (^) 

También el esclavo podía ser nombrado heredero con la 
condición y ánimo de que sería aforrado o libertado al morir 
el testador, a menos que el esclavo nombrado heredero hubiese 
hecho adulterio con la testadora, (ley iii, tít. iii, part. 6^) o 
que con ello se quisiera burlar a legítimos acreedores (ley 
XXIV, tít. III, part. 6^ ) 

Los siervos tenían derecho a casarse válida y católicamen- 
te entre sí, aun contra la voluntad de sus atnos, según la ley 
1?, tít. V, part. IV, lo cual implica el reconocimiento de una 
especie de jus conmtbii. Es más, la ley limitaba nuevamente 
en esto el señorío de los amos, estableciendo que si los dos 
cónyuges esclavos pertenecían a distintos amos, si éstos tuvie- 
sen que venderlos, debían hacerlo de manera que puedan vivir 
juntos y servir a los compradores; no pudiendo venderlos el 
uno en una tierra, y el otro en otra, de modo que tuviesen que 
vivir separados. 

Si se casaren dos siervos de distinta tierra que non se 
jmdieren ayuntar, debía la Iglesia apremiar (ley ii del mis- 
mo título) a los señores que comprase el uno el siervo del 
otro. Si no pudiese lograrlo debía apremiar a uno para que 
vendiese su siervo a morador de la tierra donde vivía el 



(1) Tbinchebi. — Studi sulla condv:ione degli schiavi in Roma. 
—Roma, 1888, c. II. 



340 FERNANDO OKTIZ 



Otro, y si no se hallare quien quisiera comprarlo, cómprelo la 
Iglesia, porque non vivan depariidos el marido e la mujer. 

La misma ley legitima un curioso caso de desobediencia 
al señor. Si éste le exigiese al siervo un servicio y al mismo 
tiempo ^'le llamasse su muger que cumpliesse su debdo, es de- 
cir, para que cohabitase con ella, el siervo debía obedecer antes 
al señor, excepto si entendiesse el marido que si non fuere en- 
tonces a ella que faria enemiga con airo," es decir, cometería 
adulterio. 

Los casos de errores matrimoniales debidos a la ignorada 
condición de servidumbre de uno de los cónyuges daban origen 
a varios complicados preceptos y nulidades; pero se observa 
siempre el deseo del legislador de sostener la validez del ma- 
trimonio salvo en casos de error que viciaran el consentimien- 
to del vínculo. 

El título xxu de la ndsma partida iv habla de la liber- 
tad ({ue define magistralmente, traduciendo la Instituta: Li- 
bertad es poderío que ha todo orne naturalmente de faser lo 
que quisiere; solo, que juerga, o derecJio de ley o de fuero, non 
gelo embargue. 

El amo puede, como en la época romano-helénica, dar la 
libertad al esclavo en iglesia, o ante el juez, o en otra parte, 
o en testamento o por carta. La manumisión es acto personalí- 
simo que no puede hacerse por mandatario o descendiente del 
manumisor. Para aforrar, o sea dar el amo la libertad, por 
carta, debe hacerlo ante cinco testigos. 

Un siervo podía ser de varios amos a la vez, estableciendo 
la ley ii una especie de retracto inter condominos por el cual 
uno de los condueños podía obligar a los demás a venderle las 
partes del señorío que tuviera sobre el esclavo, siempre que 
fuese por precio derecho e guisado. 

El siervo ganaba la libertad y tenía que ser aforrado aun 
contra la voluntad del amo en estos cuatro casos : Por denun- 
ciar un rapto o violación de mujer virgen; por descubrir al 
caudillo que desampare sin consentimiento del Rey a los caba- 
lleros a su mando ; o al caballero que desamparase al Rey o a 
su caudillo; por acusar al matador del amo o lo vengase, o 



LOS NEGROS ESCLAVOS 341 



descubriese traición que se tramara contra el Rey o el Reino. 
En los tres primeros casos el Rey debe pagar al señor el precio 
del siervo. Se constituía así una especie de expropiación for- 
zosa por utilidad pública, considerando como tal la conve- 
niencia de estimular a tan ventajosas acciones a los esclavos. 

Las sierras se aforraban también cuando el amo las pros- 
tituía públicamente. En este caso no era un premio a la escla- 
va, sino un castigo al amo, a cuyo señorío jamás podían vol- 
ver aquéllas. 

Y por presunción de la voluntad dominica, quedaba 
forro, (^) el esclavo que se casare con mujer libre, o la sierva 
con hombre libre, sabiéndolo su amo y no contradiciéndolo ; o 
la esclava que casaba con el amo. Por igual razón quedaba 
libre el siei*A'o que se hiciese clérigo, aun contra la voluntad 
del amo si ya fuese diácono, misa cant-ano u obispo. 

Además la libertad se adquiría por prescripción de diez 
años en la tierra del amo, y de veinte en otra tierra, siempre 
que hubiere buena fe; en caso contrario se requerían treinta 
años. Pero si el esclavo huía a tierra de moros se hacía libre, 
como el cautivo moro que al entrar en tierra cristiana era libre 
también. 

En fin, podía el siervo libertare dando él mismo el dinero 
de su precio al amo. 

TodaA-ía al aforrado se le exigían ciertos deberes para 
con el amo : debíale respeto y honras, fohseqtiiiim y opera hon- 
na, decían los romanos) no podía demandarlo sin licencia ju- 
dicial, ni podía acusarlo salvo por delitos que atañesen al 
reino o al rey, o fueren contra él por el amo haciéndole tan 
grand tuerto lo non pudiesse escusar. Y debíale alimentos y 
auxilio en caso de que el que lo aforró se empobreciera. Si el 
manumitido no cumpliera estos deberes podía ser tomado en 
esclavitud por ende, si se hubiese aforrado sin pago de precio 
alguno o lo hubiese pagado él mismo. Otros derechos tenía el 



(1) Esta voz se cambió luego por evolución Idiomática en ho- 
rro, y así se usó en Cuba mucho. Tanto quiere decir como manumi- 
tido o liberto. 



342 FERNANDO OKTIZ 



patrono^ que así llama la ley al ex-amo sobre las tierras del 
liberto; era su heredero absoluto en ciertos casos, legitimario 
en otros, a menos que el patrono incurra en determinadas 
faltas que llamaríamos de indignidad. 

El señor tenía el derecho de castigar mesuradamente al 
siervo (Ley ix, tít. viii, part. 7-). Pero como quiera que 
según la propia ley hay amos crueles que hacen mal a sus 
siervos con piedra o palo o con otra casa dura, se prohibe que 
así se haga, y si alguno así hiciere y como consecuencia murie- 
se el siervo, aunque el amo no tuviese intención de matarlo, 
éste debía ser desterrado por cinco años en alguna isla. Y si 
lo hizo a sabiendas con intención de lo matar, debe ser casti- 
gado como homicidio. No deja de ser curioso observar cómo 
esta misma ley trata indistintamente de los castigos excesivos 
al siervo por el amo, al hijo por el padre, al vasallo por el se- 
ñor y al discípulo por el maestro, sin distinguir tampoco en 
la pena. 

Los insultos al esclavo y los pequeños golpes, (pescoza- 
das) no podían ser perseguidos por el amo (Ley ix, tít. ix, 
partida 7-), poro sí los graves y deshonras que atañesen al se- 
ñor. Si un siervo insultaba a una persona, el amo debía ponerlo 
a disposición de ésta para que lo castigasen. (Ley xii.) 

Por lo demás el siervo venía sometido a la penalidad 
comlín con agravaciones en algunos casos. 

No hay que terminar esta exposición de la legislación 
esclavista de las Partidas sin copiar la primera y segunda de 
las 37 reglas de derecho que cierran dicho gran código, for- 
mando su título último, las cuales traducían el favor lihertatis 
de la jurisprudencia romana y la pietas del derecho justinia- 
neo, y es buena expresión del espíritu liberal que inspiró al le- 
gislador precolombino de la esclavitud: Es regla de derecho, 
que todos los judgadores deuen ayudar a la libertad, porque es 
amiga de la natura; que la aman non tan solamente los ornes, 
mas aun todos los otros animales. E otrosí decimos, que servi- 
dumbre es cosa que aborrecen los ornees naturalmente. 

En resumen, el derecho esclavista colonial de España fué 
en su inicio el propio metropolitano, basado, como se ha visto, 



LOS NEGROS ESCLAVOS 343 



en el derecho romano de Justiiiiano, influenciado algún tanto 
por el derecho visigodo. 



III 



La legislación -esclavista del siglo xvi fué principalmente 
política y fiscal. 

Así vemos numerosas disposiciones reales tendentes a 
prohibir la ida a las Indias de ciertos esclavos (^), o la de to- 
dos los esclavos en general sin permiso del rey, para dar así 



(1) R. Provisión de Jl Mayo 1-526, prohibiendo que se lleven 
esclavos ladinos por ser de malas costumbres y temer que aconseja- 
ran mal a los otros y a los indios. R. Cédula de 19 de Dic. de IñSl, 
prohibiendo llevar a Indias esclavos 'berlteriscos. R. C. de 28 de Sep- 
tiembre de 1532, prohibiendo llevarlos de la isla de Gelofe o sean 
negros jolofes por ser soberbios, inobedientes, revolvedores e incorre- 
gibles, y causa de alzamientos y muerte de cristianos en Puerto Rico 
y las otras islas. R. C. de 1." de Mayo de 1543, prohibiendo llevar 
esclavos mulatos aun a los que tengan licencia para llevarlos negros. 
R. C. de 1-i de Agosto de 15't3 ordenando la expulsión de los esclavos 
berberiscos, moros e hijos de indios que residieren en las Indias. 
R. C. de 16 de Julio de 1550, prohibiendo que pasen a Indias esclavos 
negros de Levante (Cerdeña. Mallorca, Menorca, etc.) por ser de 
casta de moros o criados con moriscos aunque sean de casta de ne- 
gros de Guinea. Ordenanza de la Casa de Contratación repitiendo la 
prohibición de conducir esclavos de casta de moros o judíos o mula- 
tos y que no se lleven sin licencia. R. C. de 11 de Marzo de 1551. dispo- 
niendo que no desembarquen en las Indias negros sin licencia de los 
oficiales reales. R. C. de 21 de Junio de 1525, reiterando la prohibi- 
ción de llevar esclavos sin licencia y condenando al infractor a in- 
demnizar al asentista. R. C. de 6 de Junio de 1556 por la cual se 
puso tasa, al valor en venta de los esclavos, para que no se pudieran 
vender a más de 100 ducados. R. C. de 15 de Septiembre de 156 i. que 
revocó la anterior, restableciendo la libre contratación en este cam- 
po. R. C. de 28 de Agosto de 1511, fijando que se pague el tributo por 
cabeza de esclavo atendiendo a los que llegaban a Indias, no a los 
que embarcaban en Guinea. R. C. de 18 de Mayo de 1512 disponiendo 
que tributen los hijos de negros libres y esclavas e indias. R. C. de 
12 de Febrero de 1519, regulando la exención de derechos de licencia 
de esclavos. R. C. de 4 de Abril de 1598, ordenando se den determi- 
nadas facilidades a los asentistas en los puertos de las Indias. 



344 FERNANDO ORTIZ 



fuerza legal al monopolio de los asentistas a que me he referido 
al hablar de la trata. También debemos considerar como de ca- 
rácter político otras disposiciones legales referentes al orden 
público de las colonias en relación con los esclavos y negros 
libres, (') cuales son las (jue pasaron al título v del Libro 7 de 
las Leyes de Indias. Y así también las varias que se refieren a 
la captura de esclavos negros fugados, de que se tratará más 
adelante. 

Encontramos en este siglo xvi escasas leyes referentes al 
status civil de los esclavos ; las pocas que hay son adaptaciones 
de la legislación metropolitana a las nuevas condiciones que 
surgían en las colonias y en todo caso están inspiradas por 
los mismos principios de aquélla. Todavía la potencia política 
de los colonos no ha logrado subvertir el espíritu liberal de 
la ley de Castilla. 

En 11 de Mayo de 1527 el emperador y el cardenal Cis- 
neros dispusieron que en lo posible se procurara que los negros 
casaran con negras, declarando además que el matrimonio de 
los esclavos, aun con el consentimiento de sus amos no debía 
equivaler a su manumisión. 

Esta real provisión, reiterada en 20 de Julio de 1538 y 26 
de Octubre de 1541, que pasó a ser la Ley v del título v del 
Libro 7 de las Leyes de Indias {^) demuestra cuan firme era 
el deseo del emperador Carlos Y de velar por la pureza de 
las razas. Dicho sea en verdad la insistencia real coincidió 
siempre con la insistencia en desobedecer sus exigencias que 
tuvieron los subditos, así que de negros e india-s y de blancos 
y negras fueron los ayuntamientos, sino los matrimonios, en 



(1) R. C. de .'t de Abril de 1542, ordenando que los negros no 
anden de noche por las ciudades fuera de las casas de sus amos. 
R. C. de 19 de Noviembre de 1'>'>1. reiterada en /.s de Febrero i/ 
11 de Agosto de 1552, referente a que los negros libres o esclavos no 
pueden traer ningún género de armas públicas ni secretas, de día 
ni de noche. R. C. de 10 de Diciembre de 156S, repetida el 1." de Di- 
ciembre de 1513, disponiendo que los mulatos no traigan armas. 

(2) Véase en el Apéndice. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 345 



demasía frecuentes, y se tuvo en desuso general, salvo excep- 
ciones, la ley que a tales uniones se oponía. 

Referente a la familia esclava, el legislador hispano si- 
guió su antiguo criterio de reconocerla y fortificarla, esta- 
bleciendo por R. C. de 1? de Febrero de 1570 que los que tu- 
viesen licencia para llevar esclavos no se sirvieran de indios o 
indias, teniendo a éstas por mancebas, tratándoles mal y opri- 
miéndolas; por lo que hubo de dictarse la R. C. de 14 de No- 
viembre de 1551, reiterada en 14 de Junio de 1589 (después 
Ley \Ti, Tít. v del Libro 7? de las Leyes de Indias) (^) pro- 
hibiendo tamaños desafueros, imponiendo penas a roso y ve- 
lloso, hasta a los amos que tales consintiesen, sin poder alegar 
ignorancia ni falta de noticia. 

Que las uniones entre blancos y esclavas negras fueron 
frecuentes lo prueba una R. C. de 31 de Marzo de 1563 (Ley 
M, Tít. V del Libro 7? de las L. de I.) {^) dictada por el rey 
Felipe II en la cual se dice que habiendo "españoles que tie- 
nen hijos con esclavas y vohuitad de comprarlos para darles 
libertad, siempre que se hubiesen de vender se prefieran los 
padres que los quisieran comprar para ese efecto, con cuyo 
refracto paiernal, A^alga la expresión, se continuaba la tradi- 
ción piadosa, el favor lihertatis de los legisladores romanos y 
de las Partidas. 

También en este siglo xvt se ocupó por primera vez la 
legislación indiana de tutelar la libertad de los libertos y la 
int^^idad personal de los siervos, como ocurría en el terri- 
torio castellano, habiéndose dictado en 15 de Abril de 1540 
una R. C. ordenando a las Reales Audiencias que si algún 
negro o negra proclamare a la libertad, los oigan y hagan jus- 
ticia y provean que por esto no sean maltratados de sus amos. 
Difícil debió ser a los supuestos esclavos, por razón de su insol- 
vencia, distancia geográfica, etc., apellidar libertad ante las 
Audiencias Reales, entonces muy escasas en Indias; pero no 



(1) Véase en el Apéndice. 

(2) Véase en el Apéndice. 



23 



346 FERNANDO ORTIZ 



cabe dudar de que esa disposición soberana fué la expresión de 
un piadoso deseo. 

En este siglo xvi se encuentra también la primera dispo- 
sición penal, por la cual se estableció en Indias la distinción 
legal entre la responsabilidad del negro, libre o esclavo, y la 
del blanco, que subsistió hasta fines del siglo xix. Fué por la 
ya citada R. C. de 19 de Noviembre de 1551, estableciéndose 
la prohibición al negro de llevar armas, y fijando penas espe- 
ciales para el negro <iue hubiese echado mano a las armas con- 
tra un español aun(]ue no hiriese con ellas. (^) 



IV 



Pasaron los dos primeros tercios del siglo xvii sin que Ift 
legislación esclavista tuviese alguna innovación de importan- 
cia. Solamente se encuentran, aun de menor importancia que 
las del siglo xvi, disposiciones de carácter fiscal (") y político. 
Estas últimas tendentes a refrenar enérgicamente y a evitar los 
fermentos de rebelión que ya se habían observado vigorosos en 
los negros arrancados al África. (^) Los esclavos huidos mere- 
cieron también la atención del legislador durante este siglo, 
eomo se verá en otro lugar. 



(1) Véase en el Aprnáice. 

(2) Fué el siglo del apogeo de los asientos y su regulación 
debe buscarse en las R. C. de su concesión, amén de las disposiciones 
de carácter general ya entonces vigentes. Además véanse: R. C. de 
29 de Noviemhre de 1602. estableciendo que los negros condenados 
por algún delito a trabajos forzados, fuesen enviados a las minas. 
R. C. de 12 de Dicievibre de 1fíl9. dando franquicias a los barcos ne- 
greros por el biscocho, bastimentos y pertrechos que llevaren: y 
otras varirs de más escasa importancia que junto con las anotadas 
integran el Título XVIII del Libro VIII de las Leyes de Indias. 

Í3) R. C. de S de Agosto de 162 í, en la que se dice que en Car- 
tagena de Indias hay muchos negros y mulatos que han motivado 
muertes, robos, delitos y daños, por lo cual se prohibe a los esclavos 
llevar armrs, aun yendo con sus amos. R. C. de '/ de Abril de 162f^. 
ordenando que no se dé licencia a ninguna persona para traer negros 
con espadas, alabarda ni otras armas. R. C. de 31 de Diciembre de 



LOS NEGROS ESCLAVOS 347 



En cuanto al estado civil de los esclavos hay que llegar al 
último tercio del siglo, para hallar algún precepto de esa índo- 
le, pues antes sólo se puede citar una R. C. de 17 de Diciembre 
de 1614 que sin razón visible se incluyó en las Leyes de Indias 
^como ley ix del tít. v del libro 7^) por la cual se prohibe 
que se celebren contratos con los esclavos de ciertas estancias 
de Panamá que tienen aserradurías de madera y 7'ozas de 
maíz, arroz y otras legumbres. Esta disposición real sólo pue- 
de servir a demostrar cómo subsistía en Indias la aJitigua le- 
gislación castellana y romana por la cual se podía poner al 
esclavo al frente de un negocio, produciendo efectos jurídicos 
la contratación con él en tales condiciones. 

En 1640 se inicia la verdadera legislación esclavista colo- 
nial española. La esclavitud ha dado ya con su incremento 
ocasión a fenómenos sociales peculiares de las colonias, desco- 
nocidos en la metrópoli, y aquéllas buscan por todos los me- 
dios, expresión jurídica a las que ya son sus costumbres o a 
las que no son más que sus aspiraciones; y así vemos ir for- 
mándose y modificándose el derecho de los esclavos por los 
más divereos órganos generadores de derecho: ordenanzas 
municipales, sínodos diocesanas, bandos del capitán general, 
autos acordados de las reales Audiencias, sentencias y acuer- 
dos de las mismas. 

La historia de la legislación negra comienza ya a enmara- 
ñarse y hay que abandonar, al menos en trabajos de la índole 
del presente, la frondosa ramificación legislativa por los dife- 
rentes virreinatos de las Indias, dedicando la observación a tal 
o cual rama colonial. 

En 1574 el oidor D. Alonso de Cáceres hizo ordenanzas 



/6*.}.>. que excita el celo de los virreyes, gobernadores, capitanes ge- 
nerales, y demás autoridades sobre los procedimientos (conducta) 
de los esclavos negros y otras cualesquier personas que puedan oca- 
sionar cuidado. R. C. de 30 de Diciembre de 166Ó. más restrictiva que 
las anteriores prohibiendo que lleven armas hasta los esclavos y mu- 
latos sirvientes de los virreyes, presidentes y oidores, exceptuando 
los de los ministros de la justicia. Todas están en el Título V del 
Libro 7.° de las Leyes de Indias. Véanse en el Apéndice, 



348 FERNANDO ORTIZ 



para el buen gobierno de los municipios cubanos, pero fueron 
aprobadas por el rey en 27 de Mayo de 1640, y presentados al 
cabildo de la Habana en 26 de Abril de 1641 ; por lo cual co- 
rresponde en rigor incluir estas disposiciones en el siglo xvii en 
que fueron puestas en vigor y no en el anterior. 

En estas Ordenanzas de Aloíiso de Cáceres, se incluyen 
varios artículos sobre esclavitud, O regulando especialmente 
cuestiones de orden público : venta de vino por esclavos, porte 
de armas, trabajo de negros arrendados o echados a ganar, 
policía nocturna y de negros fugados, etc. 

Son también importantes los arts. 60 y 61 referentes a 
alimentos, vestidos y castigos a los esclavos. 

Estas Ordenanzas de Alonso de Cáceres no contienen pre- 
ceptos que afecten la condición civil del esclavo, y sólo tratan 
de prevenir los casos más urgentes de la vida de los esclavos 
en los primeros tiempos de la colonia. Promulgadas casi un 
siglo después de compuestas, bien pronto resultaron insufi- 
cientes. 

En Junio de 1680 celebróse en Cuba sínodo diocesana por 
las autoridades eclesiásticas, estableciendo varias constitucio- 
nes, que para regir entre los habitantes de la isla fueron apro- 
badas por R. C. de 9 de Agosto de 1862. Algunas de estas cons- 
tituciones son interesantes y, de todos modos, constituyen las 
primeras disposiciones legales cubanas de carácter civil en 
materia de esclavitud, ya que las Ordenanzas de Alonso de 
Cáceres, se refieren a cuestiones de orden público. La Sínodo 
se refería a materias eclesiásticas, pero dado el nexo estrecho 
que entonces existía entre el derecho canónico y el civil, no 
son de extrañar las disposiciones referentes al matrimonio, 
relacionadas con los negros y esclavos, contenidas en el Títu- 
lo I, del Libro iv. 

Así la constitución 3?, dispone que los curas que van a 
casar negros bozales averigüen antes si están bautizados, pues 
hasta que no se averigüe si lo están debe suspenderse el ma- 
trimonio. 



(1) Véanse en el Apéndice. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 349 



La constitución 5? establece que ''los matrimonios deben 
ser libres" y manda que "ningún amo prohiba a sus esclavos 
contraer matrimonio, ni les impidan el que lo cohabiten, por- 
que tenemos experimentado que muchos amos con poco temor 
de Dios y en grave daño de sus conciencias, procuran que sus 
esclavos no se casen e impiden su cohabitación a los casados, 
con pretextos fingidos;" y también prohibe ''que los embar- 
quen a vender fuera de la ciudad, sin que vayan juntos mari- 
do y mujer." El derecho sinodal repetía, como se ve, lo ya 
dispuesto por el civil; pero su reiteración bien demuestra el 
desuso en que había caído éste, y cuan visibles eran los abusos 
dominicos en la esclavitud colonial, que borraba con su egoís- 
mo irrefrenable varios siglos de piedad legislativa para volver 
casi de hecho al ^íí^ vitae et nocís del primitivo derecho 
romano. 

La constitución 6? reitera aún la prohibición a los amos de 
vender a los esclavos casados de mar en fuera ni en partes re- 
motas, de modo que les impidan la cohabitación matrimonial 
a lo que siguen daños espirituales a los esclavos. A costa del 
amo sería traído el siervo que vendieren de esa manera. 

La constitución 7? trata de ajustar al ambiente católico 
la situación matrimonial traída por el esclavo de sü tierra 
nativa. Dice así este muy interesante proyecto: "Porque 
suelen venir muchos indios de los cayos o de las provin- 
cias de la Florida y negros bozales, casados en su infide- 
lidad : mandamos que queriendo vivir juntos en este obispado, 
luego que sean, bautizados, ratifiquen el matrimonio in fa- 
cie ecch ñae, y si el uno de ellos no quisiere bautizarse, ni con- 
vertirse a la fé, se le notifique por lo menos siete veces, que 
dentro de seis meses se bautice; y si todavía no quisiere, los 
curas consulten al prelado para que vea si el bautizado se ha 
de apartar de él ; y si alguno de dichos infieles viniere casado 
con muchas mugeres, se le notifique siendo bautizado reciba 
por muger la primera con quien contrajo el matrimonio, según 
su castumbre y ritos; y si no supiere cual sea la primera, 
escoja la que quisiere, conforme a la bula de Paulo III, siendo 
bautizada ; y si no estaba casado conforme su legítima costura- 



350 FERNANDO ORTIií 



bre, podrá casarse con otra cualquiera la que quisiere; y si 
estaba casado con su madrastra, madre ó hermana, o con algu- 
na en linea recta en parentesco, primero sea apartado que reci- 
ba el bautismo ; y si estuviere casado con otra parienta, resiblen- 
do el bautismo ambos, se ratifique el matrimonio, lo guarden 
y cumplan los curas de este nuestro obispado." 

Acaso sea éste el único precepto legal que se refiera a la 
vida jurídica del esclavo en África, anterior a su entrada en 
las Indias. 

Además la sínodo diocesana de 1680 fijó algunos precep- 
tos encaminados a la propaganda religiosa entre los negros 
bozales. El más interesante es sin duda la constitución á^ refe- 
rente a la necesidad del bautismo, que olvidan los amos, orde- 
nando que dentro de dos meses se bauticen todos los esclavos 
que no lo estén ya, porque ' ' habiendo Dios nuestro señor dado 
tanta felicidad a los negros bozales, que vienen a esta isla en- 
tre cristianos (¡ ), es una de las mayores dichas el gozar el 
santo bautismo." 

Amplios comentarios podría merecer ésta como otras dis- 
posiciones eclesiásticas referentes a la catolización de los boza- 
les; pero prefiero dejarlos para lugar más oportuno. (^) 

El siglo XVII acaba con una Real Cédula de 14 de Noviemr 
bre de 1693, ordenando al capitán general de la Habana, que 
reservadamente (^) llámase a los amos de esclavos para que 
por ningún motivo extremen sus rigores con los esclavos; y 
asimismo mandaba que si los amos en cualquier tiempo hicie- 
ran malos tratamientos, se aplicase el remedio conveniente 
"no siendo justo se consienta ni permita exceso alguno en esta 



(1) Para otro tomo de esta serie que se titulará Hampa Afro- 
Cuhana, Los Negros Brujos. En él trataré ampliamente el problema 
religioso afro-cubano, algún tanto esbozado ya en la primera edi- 
ción de dicho libro. 

(2) Esta reserva explica quizás por qué en ciertas disposicio- 
nes legales cubanas, de carácter local, no se dice nada del régimen 
de esclavos. Así sucede, por ejemplo, en la Instrucción de Capitanes 
de Partido de 1765, y en el Bando de Buen Gobierno del Capitán ge- 
neral Bucarelli, de 1766. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 351 



materia, pues es bastante dolor el de su cautividad, sin que 
también experimenten el destemplado rigor de sus amos," 
Bien puede verse en esta disposición real, como en otras pos- 
teriores la necesidad constante de refrenar los malos trata- 
mientos de los amos con los esclavos; pero hay que pasar un 
siglo casi para encontrar una regulación concreta del derecho 
penal dominico esclavista. 

En la primera mitad del si^o xvm varias cédulas reales 
(29 de Octubre de 1733, 11 de Marzo y 11 de Noviembre de 
1740 y 24 de Septiembre de 1750) dispusieron que los negros 
y negras que can el deseo de abrazar el catolicismo se refugia- 
sen en estas Indias, huyendo de las colonias inglesas y holan- 
desas, "quedasen libres, sin poderse vender, ni restituir a sus 
primitivos dueños, sea en tiempo de paz o de guerra. ' ' 

Con Dinamarca se fué más generoso pues se concertó un 
tratado en Madrid el 21 de Julio de 1767, regulando la extra- 
dición de esclavos fugados en Puerto Rico y en las Antillas 
danesas, fijándose que los esclavos daneses que pasasen a po- 
sesiones españolas y cambiasen de religión, podrían al ser res- 
tituidos a las islas de su procedencia seguir practicando el 
catolicismo, con lo cual quedaba a salvo el celo apostólico de 
8u Majestad Católica. 

Por esta época (1768) creóse en la Habana una curiosa 
compañía de artillería, compuesta de negros y sus famiUtíS. 
En dicha extraña organización entraban los esclavos bozales 
de S. M. y en su reglamento se fijaban preceptos relativos a 
los castigos de los esclavos artilleros y a especiales casos de 
libertad, los cuales transcribo porque reflejan el espíritu de 
aquellos tiempos: 

" (Capítulo L — Art. X.) 

"Como los Negros bofales, fienten qualef quiera oprefsion 
refpecto á la libertad con que en el País de fu origen han 
%'ivido ; f eran tratados por el Governador del quartel, f egun fu 
rudeza, corrigiéndoles con agrado los defectos, y vicios que 
tuvieren, y fi reincidieren, con prifion y ■, manteniéndolos á 
media ración, que les es la mas fenfible pena, evitandofe 
quanto fe pueda el caftigo del palo, á excepción de la inobe- 



352 FERNANDO ORTIZ; 



diencia y altivez en que alguna vez incurren, que fe caf tigará 
con alguna feveridad, y fi fuere ladrón, ferá deftinado á los 
trabajos de fortificación, con cadena, por el tiempo que fe le 
confignare con proporción al importe de lo que hayan hurtado, 
y fi el hurto lo huviere echo en el mifmo Quartel, ó cafas de 
Negros con penas de vaquetas, formandofe la Compañía: al 
borracho manteniéndolo á Cafabe, y Agua por tres dias, y 
incurriendo en otra, fe proporcionará el caftigo. " 

' ' ( Capítulo I. — Art. xiv. ) 

' 'Tendrán libertad el Negro, y Negra cafados que llegaren 
á tener doce hijos vivos, cuya circunftancia (quando llegue el 
caffo) hará prefente fu Governador al Capitán General é 
Intendente, para que acuerden ef ta gracia. ' ' 

*' (Capítulo III. — Art. ix.) 

"El Negro Artillero que en tiempo de Guerra hiciere 
alguna acción feñalada, tendrá el premio de la libertad, fi el 
Capitán General, fegun juftificacion, le jusgare digno de 
ella." C) 

De este siglo, según Bachiller y Morales, son las disposi- 
ciones que de modo indirecto tratan de la coartación de los 
esclavos. Esta institución, como ya se ha dicho, fué introdu- 
cida por la costumbre, y es netamente indiana. He aquí lo 
que escribe dicho autor. (^) 

"1? La Real Cédula de 21 de Junio de 1768 que manda 
se observe la práctica para el cobro de la alcabala en la venta 
de negros en Nueva España y en Perú y la hace extensiva á 
la isla de Cuba. Con este motivo habla de los coartados, objeto 
de la consulta, y respecto de ellos dice : ' ' cuando el esclavo en- 
tregue a sus dueños parte del precio que le costó, con el fin de 
que rebajado de su valor principal quede más moderado y él 
en mayor aptitud de conseguir su libertad, se anote el instru- 



(1) Reglamento para el Govierno Militar, Político, y Económi- 
co de la Compañia de Artillería compuesta de Negros de 8. M. y sus 
Familias. — 'Año 1768. Por mandado de los superiores. — Impreffo en 
la Havana, en la Oficina de D. Blas de los Olivos. Págs. 45 y 10. 

(2) Los Negros, págs. 152 a 154. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 353 



mentó que le sirve de título: y acaeciendo muchas veces que 
antes de completarse el total importe de su rescate muda de 
dueño el esclavo por su voluntad o la de su dueño, se otorga 
instrumento con deducción de aquella partida que dio por 
cuenta de su libertad y la alcabala se regula y cobra única- 
mente de la cantidad a que quedó reducido su valor también 
en obsequio de la libertad. "y Su Majestad manda ({ue esto se 
ejecute por ser su voluntad. 

"2*? La otra disposición en que se habla de coartadas es 
de 27 de Setiembre de 1769. Se dictó por S. M. por haber teni- 
do dudas el Capitán General sobre los conceptos del anterior. 
Entre otros respecto de si se cargaba la alcabala al esclavo 
coartado que se enagenaba sin el consentimiento de su due- 
ño, que debe considerarse y seguirse la misma regla que se dio 
para los esclavos enteros, las de los coartados, qiíe estos últi- 
mos no pueden mudar de amo sin la voluntad, de su dueño, a 
excepción de los casos expresados por derecho, y que llegado 
a verificarse el traspaso pague la alcabala de su precio al 
comprador. 

"3? La resolución que a ésta se siguió, es la Real Cédula 
de 8 de Abril de 1778, también resolviendo dudas de la misma 
autoridad. Con esa fecha la cita el Sr. Mojarrieta en su obra 
sobre Síndicos, y esa fecha se pone en un memorial en que se 
pidió copia de la Secretaría Militar de la Habana pero parece 
alterado en 11 el día que se señala en la copia autorizada que 
poseo dada por el Sr. D. Pedro Esteban, Secretario en 1848. 
En esa disposición resolvió muchas dudas sobre alcabalas Su 
Majestad en ellas se reproduce la resolución de la de 21 de Ju- 
nio de 1768, "cuya declaración había sido confirmada por 
otra Real Cédula de 27 de Setiembre de 1769 con solo la dife- 
rencia por lo que tocaba a los esclavos coartados que estos no 
pudieron mudar de amo sin la voluntad de éste a excepción de 
los casos expresados y prevenidos por derecho. 

"La Real Cédula teraiina con resoluciones de alcabala so- 
bre esclavos enteros y coartados, confirmando de las dichas cé- 
dulas anteriores lo que creyó conveniente y derogando en lo 
que le fueren contrarias. 



354 Fernando orTiz 



"4" Todavía fué importunado el Gobierno con dudas so- 
bre las alcabalas pero esta vez se refería á los hijos de las 
coartadas. La Real Cédula de 10 de Febrero de 1789, declaró 
que la coartación era personal contra lo que creía el Capitán 
General, que la de la madre es sólo para ella y no puede ser 
trasmisible á los hijos... y que el que nace esclavo aunque su 
madre sea coartada, no poi: esta cualidad debe carecer de cuan- 
tos efectos causa la esclavitud en cuanto al absoluto dominio 
que deben tener los dueños y señores sobre ellos. ' ' 

En 1778 por R. C. de 7 de Abril se mandó observar la 
pragmática sanción de 23 de Marzo de 1776, si bien modificán- 
dola en el sentido de que "el común de las castas de color no 
tenían la obligación civil de obtener licencia de sus padres, 
abuelos, parientes y tutores para contraer matrimonio en- 
tre sí." 

Una R. O. de Carlos III, de 4 de Noviembre de 1784 extin- 
guió en las Antillas españolas la ignominiosa marca de escla- 
vos, por la cual éstos eran herrados con el hierro del amo, como 
los animales con el de la ganadería de su dueño, adelantándose 
en esto el legislador español a los de otros países. (^) 



(1) En Francia la marca de esclavos no se abolió hasta 30 de 
Abril de 1833. 



CAPITULO XX 



su:m:ae-io: condición jurídica del esclavo 

AFRO-CUBANO. (Continuación.)—!. Fin del siglo XVIII.— El 
"Código Negro" español. — Sus preceptos. — Los intereses colo- 
niales. — II. Otras disposiciones legales. — III. Juicio del siglo XIX. 
—Hasta 1842. — IV. El -Bando de Gobernación y Policía' del 
General Valdés.— El 'Reglamento de Esclavos".— Su análisis. 



El año 1789 es sin duda el más memorable en la historia 
del derecho esclavista en los tres primeros siglos de la colo- 
nización, por cuanto se declaró la libertad de la trata y se dic- 
tó la R. C. que podría ser llamada el Código Negro español. 
Dice al efecto Zamora: (^) "Habiendo terminado en 
1779 el asiento de la casa Aguirre, Ariztegui y compañia, que 
se habia aprobado en cédula de 15 de octubre de 1765 ; se co- 
municó por el ministerio universal de Indias la real orden de 
25 de enero de 1780, permitiendo proveerse aquellas posesio- 
nes de negros de las colonias francesas, con algunas excepcio- 
nes y declaraciones acerca de la calidad de los buques, frutos 
de estraccion y derechas de adeudo." 



(1) Ob. cit. T. III, pág. 113. 



356 fERÑAÑÜO ORTIÍÍ 



"Real cédula circular de 28 de felrero de 1789 no solo 
permitió franca libertad a los nacionales, para introducir ne- 
gros en Santo Domingo, Habana, Puerto-Rico, y Puerto-Ca- 
bello, sino que la extiende á los extrangeros por 2 años, proro- 
gados primero por otros 2 en 20 de febrero de 91, y por 6 
mas en 24 de noviembre siguiente, para proveer de brazos, y 
dar estímulos á la agriculUira y produccior.es, á que convida- 
ban el clima y feracidad de nuestras islas. (V. agricultura 
tomo I, p. 123.) — Y con el propio objeto la de 22 de abril de 
1804 se hizo justamente memorable, primero por la exención 
perpetua de derechos que declaraba á los frutos del azúcar, 
café, algodón y añil; y segundo, porque permitiendo la trata 
libre de negros bozales (pues no siéndolo se decomisarían) por 
12 años mas á los nacionales^ y por 6 a los estrangeros, fue ya 
la que cerró toda clase de concesiones negreras de esta es- 
pecie." 

Esta R. C. circular de 1789, así como las sucesivas que la 
ampliaron y ratificaron, se debieron a las gestiones del gran 
patricio habanero Francisco Arango y Parreño, (^) que se 
hallaba en la Corte como apoderado del Ayuntamiento de la 
Habana. 

De este año es también otra R. C. circular de 14 de Abril 
sobre libertad de esclavos huidos de las colonias inglesas; 
pero la más importante prescripción legal de este año, y aún 
del siglo XVIII en esta materia que se viene tratando es sin 
duda la ya citada Real Cédula circular a Indias de 31 de 
Marzo de 1789. {^) 

Como se ha podido observar, los preceptos legales regula- 
dores de la esclavitud en las Indias eran inconexos, surgidos en 
épocas distintas y dispersos por los varios cuerpos legales y 
no pocas provisiones especiales de la Corona. Tal estado de 
cosas tenía que cesar. 

"Solícitos los monarcas españoles de la suerte de los es- 
clavos, mandó Carlos IV por Real orden de 23 de Diciembre 



(1) Saco. Ob. cit. T. II, pág. 10. 

(2) Véase íntegra en el Apí'mdice. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



357 



de 1783 á la Audiencia de la parte española de Santo Domin- 
go, que oyendo á los hacendados y sujetos de mayor nota, 
formase Ordenanzas para el régimen económico, político y 
moral de los negros de aquella Isla. Formáronse en efecto en 
1784, bajo el título de Carolino Código negro, y eleváronse al 
Supremo Gobierno en 1785. Después de haber sufrido largas 
demoras y grandes alteraciones en la Corte publicóse al fin la 
Real cédula de 31 de Mayo de 1789 sobre la educación, trato 
y ocupaciones de los esclavos en todas las Indias é islas Fili- 
pinas." (1) 

A reser\'a de insertar íntegra esta Cédula-Instrucción en 
apéndice, inserto aquí un extracto hecho por Saco, de sus 14 
capítulos : 

' ' Por el 1? se impone á los amos la obligación de instruir 
á los esclavos en los principios de la religión católica ; hacer- 
les bautizar de"t'o de un año; rezar diariamente después de 
concluidos los trabajos, en su presencia ó en la de sus mayor- 
domos ; costearles un sacerdote que les diga misa todos los dias 
de precepto; y no obligarles ni permitirles que trabajen en 
los dias de fiesta, excepto en el tiempo de la recolección de 
frutos en que se acostumbra conceder licencia para hacerlo." 

' ' Por el 2" se manda darles buen alimento y vestido, pre- 
viniéndose que las justicias del distrito de las haciendas, con 
acuerdo del Ayuntamiento y Aiidiencici del Procurador Síndi- 
co, en calidad de protector de los esclavos, señalen la cantidad 
y calidad de alimentos y vestuario que proporcionalmente á 
sus edades y sexos deban suministrárseles por sus amos, con- 
forme á la costumbre del país y á lo que comunmente consu- 
men los trabajadores libres." 

"El 3? se refiere al trabajo de los esclavos, el cual será en 
proporción al sexo, edad y demás circunstancias. Debe durar 
de sol á sol, y no más, en cuyo tiempo se ha de conceder dos 
horas al esclavo para que las emplee en su utilidad. No se obli- 
gará á trabajar por tarea á los menores de 17 años, á los mayo- 
res de 60, ni á las esclavas. A éstas tampoco se las podrá desti- 



(1) Saco. Ob. cit., pág. 10. 



358 FERNANDO ORTIZ 



nar á jornaleras ni á trabajos en que tengan que mezclarse 
con los hombres. En todo esto deben también intervenir las 
Justinas en los términos que se ha dicho en el capítulo ante- 
rior. ' ' 

"El 4? manda, que en los dias festivos después que los 
esclavos de las haciendas hayan oido misa y asistido á la ex- 
plicación de la doctrina cristiana, se les permitan diversiones 
honestas con separación de sexos, bajo la vigilancia de los 
amos o mayordomos, sin consentir que los de una hacienda se 
junten con los de otra." 

"El 5" ordena que los esclavos estén bien alojados con 
separación de sexos, á no ser que sean casados. No debe haber 
en una pieza sino dos esclavos á lo más con cama cómoda y 
alta, para preservarlos de la humedad. Cada hacienda ha de 
tener una enfermería, donde se dé una buena asistencia á los 
enfermos. ' ' 

"El 6? debe transcribirse a la letra: "Los esclavos que 
por su mucha edad ó por enfermedad no se hallen en estado de 
trabajar, y lo mismo los niños y menores de cualquiera de los 
dos sexos, deberán ser alimentados por los dueños, sin que és- 
tos puedan concederles la libertad por descargarse de ellos, á 
no ser proveyéndoles del peculio suficiente á satisfacción de la 
justicia, con audiencia del Procurador Síndico para que 
puedan m'antenerse sin necesidad de otro auxilio." 

"El 7" recomienda á los amos que impidan las relaciones 
ilícitas de los esclavos, y que fomenten los matrimonios, sin 
estorbar que se casen con los de otros dueños. Si por estar las 
haciendas distantes los consortes no pudieren cumplir con el 
fin del matrimonio, la mujer siga al marido, comprándola el 
amo de éste á justa tasación de peritos nombrados por las par- 
tes y por un tercero nombrado por la justicia en caso de dis- 
cordia. Si el dueño del marido rehusare comprarla, igual dere- 
cho se concede al que lo fuere de la mujer." 

"Las faltas comunes de los esclavos se castigan por el ca- 
pítulo 8? con prisión, grillete, cadena, maza ó cepo, con tal 
que no se les ponga en éste de cabeza, ó con azotes que no 
pasen de 25, y con instrumento suave que no le cause contu- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 359 



sioii grave ó efusión de sangre. Estas penas correccionales 
solamente se pueden imponer á los esclavos por sus amos ó 
sus mayordomos." 

* ' Según el capítulo 9?, cuando los excesos, faltas ó delitos 
que cometieren los esclavos contra sus amos, mujer ó hijos, 
mayordomos ú otra cualquiera pei*sona, merecieren una pena 
mayor que las correccionales, entonces los tribunales procede- 
rán contra ellos. En estos juicios siempre se ha de oir al Pro- 
curador Síndico, en calidad de protector del esclavo acu>sado, 
y también al amo, á no ser que esté interesado en la acusación, 
ó haya hecho renuncia del esclavo antes de contestar la de- 
manda, en cuyo caso se exime de pagar las costas ó los daños y 
perjuicios que resulten á favor de un tercero. En cuanto á los 
trámites de proceder y á la aplicación de las penas, se ha de 
obsem'ar pimtualmente todo lo que las leyes disponen sobre las 
causas de los delincuentes del estado libre." 

"El 10 dispone que cuando el amo ó mayordomo de ha- 
cienda faltare á alguna de las prevenciones contenidas en los 
capítulos anteriores, incurrirá por la primera vez en multa de 
50 pesos, por la segunda de 100, y por la tercera de 200; las 
cuales se repartirán por partes iguales entre el juez, denun- 
ciador y un fondo ó caja de multas. Cuando el mayordomo 
fuese el responsable, y no tuviere con qué pagar, el amo satis- 
fará la multa. Si hubiere todavía reincidencias, se procederá 
á la imposición de penas más graves, como inobedientes á las 
órdenes del rey, á quien dará cuenta de la causa." 

"Cuando los amos ó mayordomos se excedan en las penas 
correccionales, causando á los esclavos contusiones graves, 
efusión de sangre ó mutilación de miembro, además de las mul- 
tas referidas, se procederá criminalmente contra ellos, á ins- 
tancia del Procurador Síndico, sustanciándose la causa con- 
forme á derecho, castigándoseles según el delito, como si fuera 
libre el ofendido, y confiscándose el esclavo. Este se venderá, 
si quedare hábil para trabajar, y su importe se aplicará á la 
caja de multas ; pero si no se pudiere vender por haber que- 
dado lisiado, sin devolvérsele al amo ni al mayordomo, se 
obligará al primero á contribuir con la cuota diaria que la 



360 FERNANDO ORTIZ 



justicia señalare para mantener y vestir el esclavo durante su 
vida, pagándola por tercios adelantados." 

"El capítulo 11, ordena que ninguna persona que no sea 
dueño ó mayordomo del esclavo, pueda injuriarle, castigarle, 
herirle, matarle; y si lo hiciere incurra en las penas estable- 
cidas por las Leyes para los que cometen semejantes excesos ó 
delitos contra las personas del estado libre. La causa se seguirá 
á instancia del amo del esclavo, y en su defecto de oficio por el 
Procurador Síndico en calidad de protector de los esclavos, 
quien siempre intervendrá bajo de este carácter aunque haya 
acusador. ' ' 

"Para impedir que los amos den muerte violenta á los 
esclavos, se prescribe por el capítulo 12, que aquellos presen- 
ten anualmente á la justicia de la ciudad ó villa en cuya ju- 
risdicción se hallen situadas sus haciendas, una lista jurada 
y firmada de los esclavos que tengan en ellas, con distinción de 
sexos y edades, para que se tome razón por el escribano del 
Ayuntamiento en un libro particular que se formará con este 
fin, conservándose además en el mismo ayuntamiento las listas 
presentadas. Luego que un esclavo muera ó se ausente de la 
hacienda, el amo dentro de tres dms dará parte a la justicia 
para que se anote en libros con citación del Procurador Síndi- 
co. De lo contrario, se procederá á instancia de éste contra el 
amo, á menos que pruebe plenamente ó la ausencia del esclavo 
o su muerte natural." 

' ' Para facilitar la averiguación de los excesos de los amos 
ó mayordomos, se establecen varios medios por el capítulo 13." 

"1? Se autoriza á los eclesiásticos empleados en las ha- 
ciendas, para que den noticia secreta y reservada al Procura- 
dor Síndico de los parajes respectivos, del mal trato que expe- 
rimenten los esclavos, quien sin revelar nunca el nombre del 
eclesiástico, se presentará ante las justicias, pidiendo la ave- 
riguación de las faltas que se denuncian. Este medio me pare- 
ce casi ineficaz, porque el eclesiástico, temiendo perder su colo- 
cación, muy pocas veces se atreverá á exponerse á las sospechas 
y á la indignación del amo de la hacienda. ' ' 

"2? Las justicias con acuerdo del Ayuntamiento y asís- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 361 

tencia del Procurador Síndico nombrarán una ó más personas 
de carácter y conducta que por tres veces al año visiten y re- 
conozcan las haciendas, para ver si se cumple lo prevenido en 
esta instrucción. De todos los medios que se proponen este es, 
en mi concepto, el que mejor resultado produciría si se ob- 
ser^'ara." 

"3? Dase á todos acción para denunciar las infracciones 
de la presente instrucción, reservándose el nombre del denun- 
ciador. Pero como éste es responsable en el caso que se justi- 
fique notoria y plenamente que la denuncia es calunmiosa, no 
habrá muchos que se aventuren á tales denuncias en países 
donde el foro presta tan pocas garantías. ' ' 

"£14? consiste en excitar el celo de la autoridad pública, 
mandando que en los juicios de residencia se forme cargo á 
las justicias y á los Procuradores Síndicos, de los defectos de 
omisión ó comisión en que hayan incurrido, por no haber 
puesto los medios necesarios para que se cumplan los capítulos 
de esta instrucción. ' ' 

"El capítulo 14, que es el último, se reduce á establecer 
una caja de multas, cuyos productos se han de invertir exclu- 
sivamente en hacer observar con escrupulosidad esta instruc- 
ción, y derogar todas las disposiciones que se opongan á lo 
que en ella se pre\áene." 

' ' Este reglamento, después de aprobado por la Audiencia 
del distrito, debia fijarse mensualmente en las puertas del 
Ayuntamiento y de las iglesias de cada pueblo, así como en las 
de los oratorios ó ermitas de cada hacienda. ' ' 

Esta Real Cédula tiene preceptos de orden económico, los 
referentes al trabajo de los esclavos, su habitación, su enferme- 
ría, su ancianidad, etc., de orden público y de orden civil. 
Estos, que ahora más interesan, siguen el criterio liberal del 
legislador metropolitano, fomentando los matrimonios y esta- 
bleciendo al efecto la obligación de vender la esclava casada 
el amo de ella al amo del esclavo marido. 

Pero los más notables son los capítulos de orden público. 
El 8? regula por primera vez los castigos a los esclavos. El 9? 
establece la cesión noxal (la noxae deditio o ius noxae dendi 



362 FERNANDO ORTIZ 



del antiguo derecho romano) del esclavo delincuente. El 10? 
estatuye un riguroso sistema de penas para castigar la sevicia 
en los esclavos llegando a la fijación de una indemnización 
por pensión vitalicia en caso de inutilización para el trabajo, 
y recordando el antiguo derecho de venta forzosa del esclavo, 
agravado aquí por la confiscación de su valor. El capítulo 11 
refresca, por así decirlo, preceptos y leyes en desuso. El 12 y 
13 tratan de medidas de policía y procesales para la viabili- 
dad real y observancia de los preceptos anteriores. Y el 14 es- 
tablece una caja de las multas impuestas por infracciones de 
la R. C. con las cuales deberá avivarse el celo de las autori- 
dades y sufragar los gastos que se hagan en su policía. 

Además, esta R. C. dio el carácter de protector de los es- 
clavos al Procurador Síndico de los ayuntamientos antillanos. 
El era el encargado de representarlos en juicio, de velar por 
sus derechos, de instar las causas por delitos contra sus per- 
sonas, etc. El legislador hispano bebió una vez más en fuente 
romana, y, como Augusto, encargó al praefectus iirhis la vigi- 
lancia sobre los esclavos y sus amos. 

Bien dijo Saco que la R. C. de 1789 se había promulgado 
después de sufrir grandes alteraciones el proyecto de Código 
Negro redactado en Santo Domingo ; pues en ella se observan 
las buenas intenciones que siempre caracterizaron a los legis- 
ladores españoles en esa materia, aunque jamás quisieron o 
pudieron hacerlas respetar. Los intereses de los colonos, ya 
robustos y fuertes en las Américas, eran opuestos a esas exi- 
gencias legislativas humanitarias de la metrópoli y preferían 
o el desorden y casi anarfiuía jurídica por el desuso del secu- 
lar derecho esclavista, o una legislación de hierro, como la que 
a sí mismos se habían dado los colonos de Norteamérica, con 
independencia de la metrópoli británica. Este era el ideal de 
los colonos hispanos ; darse su propio derecho esclavista ; la 
metrópoli, decían, no conociendo las verdaderas necesidades 
■de sus colonias, no puede regular con acierto materia tan gra- 
ve y trascendental como el estado civil y político de la que en 
algunas posesiones fué población preponderante. A partir 
de esta fecha, hasta el cese de la soberanía española en Amé- 



LOS NEGEOS ESCLAVOS 363 

rica continuó latente o violenta, pasiva o militante, la oposi- 
ción de las oligarquías coloniales contra la superior acción di- 
rectora de la metrópoli. Los intensos sucesos que a poco acae- 
cieron en la Península Ibérica y las próximas rebeliones ame- 
ricanas debilitaron el poder central y los colonos pudieron las 
más de las veces imponer su voluntad rebelde por sobre la leja- 
na y anémica voluntad metropolítica. 

Así puede vei*se ya en 1789. Esta honrosa Real Cédula 
(fue, como dijera Saco, fué inmensamente más ventajosa que 
cuantas habían dictado sobre esclavos todas las demás nacio- 
nes que los poseían en sus colonias, no fué cumplida, ficé hur- 
lada. Los escritores coloniales, Saco mismo, forzado por el am- 
biente, tratan de disfrazar con eufemismos esta positiva rehe- 
lióu de los colonos españoles contra su metrópoli que preten- 
día humanizar más el régimen esclavista. 

Ni siquiera se promulgaron sus preceptos én las colonias. 

"Cuando se expidió la Real cédula de 31 de Mayo de 
1789, los vecinos de la Habana en 19 de Enero de 1790 y tam- 
bién los de Santo Domingo, Caracas y Nueva Orleans, que en- 
tonces pertenecía á España, suplicaron al Gobierno por el ór- 
gano de sus Ayuntamientos que no se publicase por los temo- 
res de que los esclavos, interpretando mal su sentido, se pu- 
diesen alzar. En efecto, los Capitanes Generales no la publi- 
caron ; y consultados por el Consejo de Indias los Sres. don 
Francisco de Saavedra, D. Ignacio de Urriza y otras personas 
conocedoras de los asuntos de América, todas dijeron que se 
suspendiese su cumplimiento, y que se formase en cada capi- 
tal de provincia una Junta compuesta de los principales ha- 
cendados, Obispo y Capitán General, que propusiese las re- 
glas que debían regir en la materia." 

Hábil manera, puede hoy escribirse en Cuba, que tuvieron 
los colonos, los hacendados, los grandes caciques del gobierno 
insular para, escudados tras de las omnímodas facultades del 
pequeño César de la Capitanía General, que casi siempre las 
rindió servilmente a sus intereses particulares, suspender, 
derogar debiera decirse, una disposición soberana. ¡Qué mu- 
cho, si pocos años después había de suspenderse en Cuba la 



364 FERNANDO ORTIZ 



promulgación nada menos que de la Constitución de la mo- 
narquía, por gracia de los mismos elementos rebeldes ! 

Lo ocurrido con esta R. C. suspendida, (^) revela ya bien 
a las claras el estado político colonial de aquel entonces y expli- 
ca los muchos otros sucesos inverosímiles y bochornosos que 
ya conoce el lector de la historia de la abolición del tráfico 
negrero, o conocerá quien siguiere leyendo esta sucinta histo- 
ria de la legislación esclavista cubana. 



II 



Las demás disposiciones legales sobre esclavitud de este 
final de siglo se refieren a otros aspectos ágenos a la situación 
jurídica de los esclavos. 

Así en 20 de Febrero de 1791 y 24 de Noviembre del pro- 
pio año, ya en plena rebelión negra haitiana, se prorrogó la 
cédula de 1789 sobre libertad de la trata. Por ella dejó de li- 
mitarse el númfero de hembras que debían importarse, así c^mo 
las castas o naciones de donde debían traerse los africanos. (^) 
En 20 de Julio de 1792 se aprobó la Compañía de consignacio- 
nes de negros ya citada en otro lugar, y en 22 de Noviembre 
por R. D. se dieron cuarenta días a los negreros extranjeros 
para vender sus cargamentos de ébano. 

En este año de 1792, en el Bando de Buen GoMerno para 
la ciudad de l-a Habano, promulgado por el Capitán General se 
intentaron algunos preceptos sobre esclavos, tendentes a su 
educación religiosa. (^) Otro precepto referíase a su capaci- 



(1) Hakby H. Johnston. The Negro in tfie New World. Lon- 
don, 1910. En este libro de precipitada erudición, se da como vigente 

esta R. C. y sobre ese error se hacen no escasos comentarios. Véanse 
^as págs. 42 y sigts. 

(2) Véase en el Aprndice el extracto que da Saco. 

(3) "Art. 3. — Mando á los que compren Negros bozales, que se 
dediquen por sí ó por otras personas, á instruirles sin pérdida de 
tiempo en los principios de nuestra Religión Católica, de suerte que 
dentro de dos años lo mas tarde, reciban el Santo Sacramento del 

Bautismo; y si pasando este tiempo no estuvieren bautizados, se 
les obligará á venderlos por su tasación, á menos que se acredite 



LOS NEGROS ESCLAVOS 365 



dad contractual, diciendo así: "Art. 74: El que comprare 
alguna cosa a los hijos de familia, criados, y esclavos, perderá 
el precio que hubiere dado, y será castigado según la grave- 
dad que resulte, lo que se entenderá igualmente con los sol- 
dados, etc." 

En 1793, el 24 de Enero, se promovió la trata directa con 
África con los buques españoles. En 23 de Marzo de 1794 se 
habilitó el puerto de Manzanillo (Cuba) para la trata. 

También se legisló en este siglo sobre esclavos huidos, ha- 
biéndose dictado en 20 de Diciembre de 1796 un Reglamento 
de Cimarrones, del que trataré más adelante. 

Y también se promulgaron preceptos de carácter fiscal, 
tales como las Reales Cédulas ya referidas de 21 de Junio de 
1768, 8 de Abril de 1778, 10 de Febrero de 1789 y 27 de Octu- 
bre de 1790 sobre derechos alcabalatorios en venta de esclavos 
coartados o enteros; y la R. O. de 14 de Enero de 1797 previ- 
niendo que no se exigiese el impuesto para la linterna del Mo- 
rro de la Habana, a los buques de la trata negrera. 

III 

Y entramos en el siglo xix, que vio el mayor apogeo de 
la esclavitud negra, en sus comienzos, y su desaparición antes 
de finalizar. 

El derecho esclavista en este siglo sufre los embates de 
los acontecimientos que vertiginosamente se sucedieron. Am- 
plia libertad de tráfico, primero, y después represión inglesa, 
contrabando español, humanitarismo legal, represión españo- 
la, rebelión y abolicionismo .separatista, y abolición paulatina 
al final. 



haberse puesto la diligencia competente, y que el defecto ha prove- 
nido de su rudeza." 

"Art. 4. — Prohibo á todos los dueños de Esclavos que hagan 

trabajar á estos en obras no admitidas por la costumbre los Domin- 

-gos y demás fiestas que se titulan de guardar, ba.xo de la pena de 

seis ducados, la mitad para la Cámara, y la otra mitad para obras 

públicas, y de hacerle vend'er el mismo Esclavo." 



366 FERNAlít)0 ütiTl2 



Hasta 1815, ni una nubécula turba el plácido disfrute de 
los derechos dominicos a los señores de esclavos. Los tratantes 
negreros navegan a todo trapo libremente y las autoridades 
mientras estudian la suspendida R. C. de 1789 tienden a ro- 
bustecer ese poder dominico ya sin freno, fundándose quizás 
en la necesidad de mantener en un puño las negradas de los 
ingenios para impedir los alzamientos en masa al estilo de 
Haití. 

Todas las órdenes soberanas de esa época se inspiran en 
esa preocupación. Así se ven la R. O. circular de 10 de No- 
viembre de 1800 y otras de que hablaré en otro sitio. 

En 22 de Abril de 1804 se promulga R. C. prorrogando 
por última vez el libre tráfico de negros por doce años, siem- 
pre que sean precisamente bozales. 

En esta misma fecha (22 de Abril de 1804) se dictó otra 
Real Cédula por la cual se resolvía el asunto de la suspen- 
sión de la R. C. de 31 de Mayo de 1789, disponiendo escueta- 
mente que se cumpla lo en aquella dispuesto en cuanto a la hu- 
manidad con que deban ser tratados los esclavos, y cuidando 
las autoridades de que se introduzcan negras en las fincas don- 
de sólo haya negros hasta que estén casados los que lo deseen. 
Esta disposición real tampoco fué publicada, como en ella 
misma se prevenía, por miedo de que los esclavos se enteraran. 
Y así con estas recomendaciones platónicas en que ya se obser- 
va al poder real debilitado, terminó por esa época la intenta- 
da legislación civil esclavista; sin embargo el derecho protec- 
tor de lc« síndicos y los preceptos relativos al buen tratamien- 
to de los esclavos fué, externamente al menos, acatado. Desde 
esta fecha vemos activos a los síndicos municipales. El régi- 
men esclavista en las plantaciones siguió irref renado ; no era 
llegado aún el momento de atentar contra la omnímoda volun- 
tad de los amos de esclavos, los entonces directores de la so- 
ciedad colonial cubana. 

En 1805 por R. C. de 15 de Octubre se dispuso con moti- 
vo de una consulta de la Audiencia de Puerto Príncipe sobre 
los expedientes matrimoniales de blancos con mujeres de co- 
lor, que los virreyes, presidentes y audiencias podían negar o 



Los NEGROS ESCLAVOS 



36? 



conceder permiso y habilitación, si recurrían a ellos, a las per- 
sonas de conocida nobleza y notoria limpieza de sangre que 
intentaren casarse con negros, mulatos y demás castas. Real 
Cédula ésta que fué aclarada con amplio criterio liberal por 
auto de dicha Audiencia de 9 de Julio de 1806, basándose en 
las prescripciones de la R. C. de 17 de Julio de 1803 sobre 
libertad de matrimonio, que venía a derogar la citada disposi- 
ción real de Carlos I de 11 de Mayo de 1527. 

A partir de esta fecha el matrimonio fué libre entre blan- 
cos y negros, y poco a poco aun en familias alcurniadas pudo 
prescindirse en sus informaciones de limpieza de sangre, de 
hacer constar los antecedentes étnicos de alguno de los contra- 
yentes. Bien que, por otra parte, no fué nunca difícil para las 
sutiles habilidades del foro y del clero parroquial de aquel 
entonces, la operación de blanquear legalmente a una persona 
antropológicamente mestiza; de cuyos blanqueamiodos oficia- 
les, pueden verse no pocas huellas aun hoy día. ' 

Aun cuando ya en el Parlamento inglés en 1807 y en las 
Cortes españolas de 1812 alzó su voz fuertemente el espíritu 
abolicionista, causando gran alarma en Cuba, no fué hasta el 
8 de Febrero de 1815, cuando el abolicionismo se encauzó por 
la vía del derecho, merced a la declaración solemne del Con- 
greso de Viena (^), que marcó seguramente el inicio de ima 
nueva época en la historia legal de la esclavitud antillana. 

Ya en 24 de Septiembre de 1817 se concierta el primer 
tratado entre España e Inglaterra al que sigue una Real Cé- 
dula que inicia en Cuba la época de la restricción y del con- 
trabando negrero. 

Por esta R. C. de 19 de Diciembre de 1817 se hace la de- 
fensa retrospectiva de la legalidad de la esclavitud africana, 
se insiste en el incomparable beneficio religioso que recibieron 
los bozales importados, se marcaba el carácter excepcional (¡ ) 
de toda la legislación esclavista, se afirma el temple humano 
de los amos, se dice que el clima ]ja no es; tan perjudicial des- 
pués de los desmontes de tierras; y ([iie •'el hicn que resulta- 



(1) Véase íntegra en el Apéndice. 



368 FERNANDO ORTIZ 



ba a los habitantes de África de ser transportados a países 
cultos no es ya tan urgente y exclusivo desde que una nación 
ilustrada ha tomado sobre sí la glorioea empresa de civilizarlos 
en su propio suelo j " y contiene un cúmulo de consideraciones 
asaz curiosas que hacen de este documento uno de los más pe- 
grinos que inspiró la política colonial española. (^) 

Hasta 1826 se legisla sobre cimarrones y emancipados, en 
disposiciones ya citadas o que citaré en otro lugar. En esa 
fecha por R. O, de 2 de Enero, reiterada por las de 4 de Marzo 
y 2 de Agosto de 1830 se llamaba la atención del gobierno de 
la Habana sobre el contrabando de esclavos, y se establecía 
que fuese libre el esclavo que denunciase el contrabando, y se 
recordaba al clero que el que comprase un nuevo esclavo bozal 
cometía un hurto. Y ya hasta 1840 el legislador sólo se ocupa 
del contrabando de esclavos y de la vigilancia y policía. En 8 
de Octubre de 1829 se aprobó al gobernador de la Habana su 
prohibición, por primera vez, de que no se introdujeran en 
Cuba negros de Costa Firme ni de las colonias extranjeras; 
prohibición ésta reiterada muchas veces, al parecer sin éxito, 
por causas exclusivamente de orden público. 

En 1830 al aprobarse por R. O. de 8 de Septiembre el 
reglamento alcabalatorio se eximió del pago de alcabala (ar- 
tículo 19) las ventas de esclavos unidos a las haciendas, pero 
no (art. 32) ''si se venden separadamente; pero sí están exen- 
tas las manumisiones y las primeras ventas que hacen los 
consignatarios. ' ' 

En 28 de Julio de 1832 y en 3 de Enero de 1835 el 
gobierno de la Habana prohibe nuevamente la introducción 
de negros de Costa Firme. 

En 1832 el Capitán General Ricafort exige que todos los 
mayorales de fincas sean blancos. 

En 28 de Junio de 1835 se celebró el segundo tratado con- 
tra el tráfico negrero entre España e Inglaterra, en vista de la 
ineficacia del primero, cuyos preceptos tienen interés para 
conocer el estado civil de los emancipados. 



(1) Véase en el Apéndice. 



LOS NEGRC'S ESCLAVOS 369 



En 1836, 29 de Marzo, se dispuso por R. O. que los que 
embarcasen esclavos serían obligados a emanciparlos al llegar 
a la Península, donde ya, después de la Constitución doceañis- 
ta, no existía la esclavitud, y en 1838 por R. O. de 2 de No- 
viembre, se excitaba inútilmente por la Reina Gobernadora, 
el celo de las autoridades de Cuba en perseguir el contra- 
bando. 

Parece que los colonos esclavistas no estaban muy aveni- 
dos con las funciones de los síndicos ; éstos vinieron a ser una 
rueda más de la ferruginosa burocracia judicial de aquel en- 
tonces, nuevos parásitos coloniales que chupaban su sustento 
de los amos de esclavos, amparados en sus atribuciones tras- 
cendentales; beneficiados por lo irritante que era su ingeren- 
cia, para los amos en el régimen a que éstos sometían a sus 
dotaciones, lo cual hacía seguro, fructífero y habitual el cohe- 
cho, Y no tardaron hasta en excederse sino en sus entusiasmos 
por el bienestar de los esclavos, ni en sus atribuciones e inge- 
rencias en la autonomía dominica, hasta el punto de que se 
creyó necesario por la Real Audiencia Pretorial con motivo de 
un expediente sobre derechos devengados por un síndico de la 
Habana dictar un auto acordado con fecha 24 de Octubre de 
1840 regulando el procedimiento de la actuación de los síndi- 
cos y de los jueces en cuanto se refería a las "querellas y 
cuestiones de los esclavos contra sus amos." Los síndicos ade- 
más de promotores de tales procedimientos y defensores de 
los derechos de los esclavos, tenían funciones de amigables 
componedores, y así quedaron por este auto, restringiéndose 
las atribuciones que por la práctica abusiva se venían abro- 
gando los síndicos, y suprimiéndose los derechos fiscales que 
éstos devengaban, fuente de exacciones intolerables. 

Pero quedaba en pie la cuestión magna, la regulación del 
trabajo de los esclavos en las plantaciones, su alimentación, su 
educación, su régimen, en fin. Faltaba un código negro. A tal 
situación bochornosa trató de ponerse remedio en 1842. 



87o fÉRÑANDO ORtí¿ 



IV 



El año 1842 señala otra nueva época en la historia del de- 
recho esclavista. Puede decirse que entonces se inicia no ya 
por la metrópoli sino por la colonia la sistematización de la es- 
clavitud. Hasta esa fecha, subsistió aquel estado de confusión 
semi-anárquico, que permitía todos los abusos al amo de escla- 
vos, ((ue negaba de hecho toda justicia al siervo, y (jue inclinó 
a Carlos IV, inspirado acaso por Arango y Parreño, a promo- 
ver la formación de un Carolino Código Negro que promulga- 
do por R. C. de 31 de Mayo de 1789, había de ser rechazado 
hábil, eficaz y totalmente, por la colonia. La metrópoli se sen- 
tía empujada por Inglaterra y por sus buenas tradiciones a 
reprimir la trata y a liberalizar el régimen de la esclavitud; 
pero todos sus esfuerzos se estrellaban contra la granítica re- 
sistencia de los colonos, gobernantes y gobernados, que con 
la sangre y el sudor de los africanos cimentaban sus fortunas 
indianas. 

En 1842, cuando el edificio de la esclavitud comienza a 
bambolearse, cuando los colonos comienzan a sentir de cerca 
el peligro, entonces comienza a surgir en Cuba el primer siste- 
ma esclavista. Transcurrieron justamente cuatro siglos y me- 
dio de esclavitud negra en Cuba sin que la metrópoli pudiera 
dar una legislación sistemática de la esclavitud negra en las 
Indias, y sin que los indianos sintieran su necesidad. 

La esclavitud negra fué, en cierto modo, robustamente 
legislada en Cuba por el gobierno absolutista insular en 1842, 
cuando el tráfico era ya difícil, cuando tras pocos años se había 
de iniciar la abolición, cuando en Cuba había ya una opinión 
abolicionista. En esos cuatro siglos y medio la voluntad domi- 
nica no reconoció más límites a su derecho sobre el esclavo que 
los que le dictaban su dudosa piedad y su seguro interés. Des- 
de 1842 hasta que la esclavitud desaparece es una precipita- 
ción legislativa trataíido de retrasar las corrientes liber- 
tadoras. 

El capitán general de Cuba I). Gerónimo Valdés dictó un 



r.03 NEGROS ESCLAVOS 371 



Bando de Gobernación y Policía de la Isla de Quha con fecha 
14 de Noviembre de 1842, que comenzó a regir el 1? de Enero 
de 1843, del que fueron anexos un Reglamento de Esclavos y 
unas Instrucciones de Pedáneos. Entonces se trató de frente 
la sistematización de la esclavitud. 

En la parte principal de dicho Bando no hallamos ningún 
artículo referente a la condición civil del esclavo. Algunos hay- 
sobre su religión, sobre sus diversiones, sus cabildos, y algunos 
otros de simple policía. 

En cambio el Reglamento de esclavos, anexo al Bando, 
fué de gran importancia, fué el verdadero, único y tardío Có- 
digo Negro hispano-cubano. 

En sus artículos se regulan los diversos aspectos de la 
esclavitud, especialmente en cuanto al trabajo, los castigos y 
la coartación. 

Los cuatro primeros artículos se refieren a la enseñanza 
religiosa de los esclavos. Los dueños debían enseñarles los 
principios de la religión católica para poder bautizarlos, y en 
caso de necesidad, tenían el deber de "auxiliarlos con el agua 
del socorro." Dicha instrucción debía dársele a los esclavos 
por las noches después de concluir el trabajo, y acto continuo 
debía hacérseles rezar el rosario o algunas otras oraciones 
devotas. 

En los domingos y fiestas, después de las prácticas reli- 
glosas, los esclavos podían ser obligados a asear las casas y ofi- 
cinas durante dos horas, y en época de zafra o recolección o 
cuando ciertas atenciones no admitían espera, trabajarían 
como en los días de labor. Este artículo 3, consentía de hecho 
toda restricción al reposo dominical del esclavo, aun en tiempo 
muerto, es decir, fuera de la zafra, por cuanto dependía del 
arbitrio del amo fijan cuándo las atenciones no admitían 
espera. 

El art. 5° fija la condición de servidumbre espiritual del 
esclavo al ordenar a los amos lo que sigue : ' ' Pondrán el ma- 
yor esmero y diligencia posible en hacerles comprender la obe- 
diencia que deben a las autoridades constituidas, la obligación 
de reverenciar a los sacerdotes, de respetar a las personas blan- 



872 FERNANDO ORTlZ 



cas, de comportarse bien con las gentes de color, y de vivir eu 
buena armonía con sus compañeros. ' ' 

Los arts. 6 al 11, se refieren a la alimentación y esquifa- 
siones de los esclavos y crianza de los esclavitos. Del 12 al 15 
fijan las condiciones del trabajo. 

Los arts. 16 al 22 establecen preceptos de carácter pre- 
ventivo de orden público. Los arts, 23 y 24 tratan de las diver- 
siones lícitas a los esclavos ; el 25 y el 26 se refiere a las habi- 
taciones; el 27 y 28 a las enfermerías. 

En el art. 29 el Reglamento que vengo analizando, co- 
mienza a regular el matrimonio de los esclavos. Tiende a fa- 
cilitar el matrimonio y a reprimir las uniones ilícitas para lo 
cual dispone que los dueños no podrán impedir el que se casen 
sus esclavos con los de otros dueños, práctica usual en los cam- 
pos ya que la reproducción de la casta esclava la obtenía el 
amo por la promiscuidad sexual de los barracones o cuando 
menos por la cohabitación no legítima, sin las desventajas que 
aunque en grado atenuado les podía acarrear la existencia de 
vínculos legales entre sus esclavos y los de otros amos. 

Tal fué precisamente la restricción a los derechos domi- 
nicos que consagró el art. 30 del propio Reglamento al decir: 
''Para conseguir esta reunión y que los cónyuges cumplan el 
fin del matrimonio, seguirá la mujer al marido comprándola 
el dueño de éste por el precio en que se conviniere con el de 
aquella, y sino a justa tasación por peritos de ambas partes y 
un tercero en caso de discordia, y si el amo del marido no se 
allanare a hacer la compra, tendrá acción el amo de la mujer 
para comprar al marido. En el evento de que ni uno ni otro 
dueño se hallare en disposición de hacer la compra que le in- 
cumba, se venderá el matrimonio esclavo reunido a un ter- 
cero. ' ' 

Venía a establecerse así una especie de retracto matrimo- 
nial, dicho sea con perdón. Análogo principio inspiró el pre- 
cepto del art. 31 tendente a evitar que los negritos fueran 
separados de sus madres, fijando otra obligación a los amos, 
diciendo: "Cuando el amo del marido comprare la mujer de- 
berá comprar también con ella los hijos que tuviere menores de 



LOS NEGROS ESCLAVOS 373 



tres años, en razón a que según derecho hasta que cumplan 
esa edad deben las madres nodrescerlos y criarlos." 

Otro caso de venta forzosa fué en caso de sevicia. El ar- 
tículo 32 reguló así este antiguo derecho consagrado por las 
leyes: "Los amos podrán ser obligados por las justicias a ven- 
der sus esclavos cuando les causen vejaciones, les den mal tra- 
to o cometan con ellos otros excesos contrarios a la humani- 
dad y racionales modos con que deben tratarlos." 

"La venta se hará en estos casos por el precio que tasaren 
peritos de ambas partes, o la justicia en el caso de que alguno 
de ellos rehusare hacer nombramiento, y un tercero en discor- 
dia cuando fuere necesario, pero si hubiere comprador que 
quiera tomarlos sin tasación por el precio que exija el amo, no 
podrá la justicia impedir que se haga la venta a su favor." 

El art. 33 establece que: "Cuando los amos vendan sus 
esclavos por conveniencia o voluntad propia, estarán en liber- 
tad de hacerlo por el precio que les acomode, seyún la mayor 
o menor estimación en que los tuvieren." 

Los arts. 34 al 37 regulan la coartación, institución ésta, 
como se ha dicho, genuinamente indiana. 

"Art. 34. — Ningún amo podrá resistirse a coartar sus 
esclavos siempre que se les exhiban al menos cincuenta pesos 
a cuenta de su precio." 

Como se ve la suma de cincuenta pesos era la mínima que 
podía entregarse por el esclavo a cuenta del precio en caso de 
venta futura ; era, a la vez, el precio del derecho que se adqui- 
ría con la coaHación. (^) A su- vez el amo se sometía a un 
máximo, el que se convenía para precio en venta del esclavo. 
Así decía el art. 35 completando el concepto legal de la coar- 
tación: "Los esclavos coartados, no podrán ser vendidos en 
más precio que el que se les hubiere fijado en su última coar- 
tación y con esta condición pasarán de comprador a com- 
prador, ' ' 

' ' Sin embargo, si el esclavo quisiere ser vendido contra la 



(1) El Reglamento fambién usaba esta voz en letra cursiva, 
como para resaltar la relativa novedad legal de la misma. 



374 FERNANDO ORTIZ 



voluntad de su amo sin justo motivo para ello, o diere margen 
con su mal proceder a la enagenación, podrá el amo aumen- 
tar al precio de la coartación el importe de la alcabala y los 
derechos de la escritura que causare su venta." 

El art, 36 fija una restricción a la coartación, es ésta per- 
sonalísima. "Siendo el beneficio de la coartación personalísi- 
mo, no gozarán de él los hijos de las madres coartadas, y así 
podrán ser vendidos como los otros esclavos enteros. ' ' 

La coartación, venía completada con el derecho que tenía 
el esclavo de comprar su libertad al amo mediante el pago de 
la suma prefijada por la coartación o determinado en tasación 
oficial. Así la esclavitud venía a convertirse en un gravamen 
personal redimible por la entrega de determinada suma. "Ar- 
tículo 37. — Los dueños darán la libertad a sus esclavos en el 
momento en que les apronten el precio de su estimación legíti- 
mamente adquirido, cuyo precio en el caso de no convenirse 
entre sí los interesados se fijará por un perito que nombre el 
amo de su parte o en su defecto la justicia, otro que elegirá el 
Síndico Procurador general en representación del esclavo, y 
un tercero elegido por dicha justicia en caso de discordia." 

Otro modo de adquirir la libertad fué el siguiente, propio 
de aquella época de intranquilidad pública. "Art. 38. — Gana- 
rán la libertad y además un premio de quinientos pesos el 
esclavo que descubra cualquiera conspiración tramada por 
otro de su clase o por personas libres para trastornar el orden 
público. ' ' 

' ' Si los denunciadores fueren muchos y se presentaren a 
la vez a hacer la denuncia, o de una manera que no deje la 
menor duda de que el último o últimos que se hubieren presen- 
tado no podían tener idea de que la conspiración estaba ya de- 
nunciada, ganarían todos la libertad, y repartirían entre sí 
a prorata los quinientos pesos de la gratificación asignada." 

"Cuando la denuncia tuviere por objeto revelar una con- 
fabulación, o el proyecto de algún atentado de esclavo u hom- 
bre libre contra el dueño, su mujer, hijo, padre, administra- 
dor o mayoral de la finca, se recomienda al dueño el uso de la 
generosidad con que el sierv^o o siervos que también han llena- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 375 



do los deberes de fieles y buenos servidores, por lo mucho que 
les interesa ofrecer estímulos a la lealtad." 

En fin, el art. 40 recuerda otros preceptos ya antiguos, 
cuando dice: "También adquirirán los esclavos su libertad 
cuando se les otorgue por testamento, o de cualquier otro 
modo legalmente justificado, y procedente de motivo honesto 
o laudable. ' ' 

Los castigos lícitos se tratan en los arts. 41, 42 y 43. En el 
41 se remacha, por así decirlo, el deber de obediencia fijado ya 
por el art. 5 y se regula en dicho artículo y en los siguientes 
la sanción represiva, que ya se ha tratado. 

Los demás artículos hasta el 48, tratan de la sanción impo- 
nible a los amos infractores de este Reglamento. Las multas que 
por ese procedimiento se obtenían pasaban una tercera parte 
a la justicia que la imponía y las dos restantes a un fondo es- 
pecial que se constituía para los premios del art. 38. 

Esto es cuanto en este Reglamento se refería a la condi- 
ción civil de los esclavos. Los demás preceptos aquí simple- 
mente citados, van tratados con amplitud en los otros capítu- 
los o epígrafes respectivos de este libro. 

En la Instnicción de Pedáneos anexa al Bando, se inserta 
algún artículo sobre policía de esclavos, del que se tratará más 
adelante. 

En 16 de Febrero de 1843, el Capitán General Valdés, 
modificando el art. 34 de su Bando, permite en los campos el 
comercio de los buhoneros o vendedores ambulantes, si bien 
les prohibe que cambien ni vendan efectos ni cosa alguna a 
los esclavos u operarios de color, sino en presencia del mayoral 
o encargado del manejo del fundo. 



CAPITULO XXI 



aui^Aieio: condición jurídica del esclavo 

AFRO-CUBANO. (Continuación). — I. Otra vez el arbitrio del 
amo. — Las hipotecas de esclavos. — Los juicios sobre manumi- 
sión. — II. Reglamento de las sindicaturas. — El censo de escla- 
vos. — Casos de emancipación forzosa. — III. El patronato de 
libertos. — El Código Penal. — IV. Los "patrocinados". 



No habían transcurrido dos años desde la promulgación 
del Reglamento de Esclavos, cuando sus más fundamentales 
preceptos caían derogados y se alzaba de nuevo en su terrible 
plenitud la potestad arbitraria del amo sobre el esclavo. Ha- 
bían estallado fuertes sublevaciones de negros, el General Val- 
dés había sido sustituido por el tirano Leopoldo O'Donnell, y 
éste en 31 de Mayo de 1844 dictó dos providencias de policía 
negrera, de las f|ue trataré con mayor extensión en otro lugar. 
Los preceptos del General ^''aldés sobre alimentos, vestido, 
castigos-, etc., eran derogados por el art. 2° de la primera de 
dichas disposiciones que restablecía de nuevo el prudente ar- 
hitrío de los amos, como único criterio exigible. En cuanto a 
la condición civil del esclavo, nada en concreto se dispuso por 
O'Donnell; pero no hay por qué decir que con el fortalecido 

26 



378 FERNANDO ORTIZ 



espíritu esclavista, la situación de aquél habría de debilitarse 
de nuevo en la vida real. A pesar de que los esclavos podían 
tener peculio, en la forma que ya se ha visto, no podían los 
esclavos hacer depósitos en el Banco o Caja de Ahorros de la 
Habana, a menos que tuviesen licencias por escrito de sus 
amos, según el art. 13 del Reglamento de aquella institución. 
(28 Junio 1840). Tampoco podían por sí, ni a nombre de sus 
amos, ni con autorización de éstos hacer empeños en el Monte 
de Piedad ; ni aun los negros libres, sin certificación del pedá- 
neo acreditando su buena conducta y condición de libertos. 
(Artículo 7 del Reglamento del Monte de Piedad de la Haba- 
na, de 24 de Julio de 1844.) 

En 5 de Marzo de 1846 por auto acordado de la Audien- 
cia de la Habana, se dispuso que en las causas criminales 
contra esclavos, el síndico podía hacer las veces de curador, 
asistiendo a las declaraciones y confesiones, cuando los araos 
no se presentaban. Por otro auto acordado de 5 de Octubre 
del mismo año (art. 5) se prohibió que se anotaran en las en- 
tonces llamadas Anotadurías de hipotecas las hipotecas de 
esclavos, las cuales quedaron en lo adelante extinguidas, por 
lo cual bien se deduce que la falsa concepción de la condición 
esclava, asimilando éstos jurídicamente a las cosas, llevó en 
su exageración, a la posibilidad jurídica de las hipotecas de 
esclavos. Sin embargo, se mantuvieron vigentes las anotacio- 
nes ya hechas con anterioridad hasta 1° de Enero de 1848, 
para cuya fecha se dejaban destituidas de fuerza. Pero, pare- 
ce que esa resolución no fué del agrado de las autoridades, 
pues otro auto acordado (22 de Noviembre de 1847) revivió 
las hipotecas de esclavos anteriores a 5 de Octubre de 1846, 
hasta que por S. M. se resolviera en definitiva. 

En 1848 (19 de Junio) otra disposición de carácter pro- 
cesal demuestra que otra corruptela curialesca exigía a los 
esclavos en los juicios sobre libertad o coartación el otorga- 
miento de poder especial en segunda instancia. Un auto acor- 
dado de la Audiencia de la Habana de esa fecha dispuso que 
el poder no fuera necesario. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 379 



Aunque el esclavo tenía derecho a reclamar la libertad en 
casos ya especificados, no es menos cierto que ello en la prác- 
tica le era poco menos que imposible cuando el amo se resis- 
tía y cuando el sierv^o no tenía para vencer esa resistencia el 
apoyo de un buen padrino. Lo tuvieron algunas veces las es- 
clavas, pero a los esclavos les fué más difícil hallarlo. La casi 
imposibilidad de esa reivindicación estribaba en que el proble- 
ma jurídico de la libertad del esclavo tenía que ser ventilado 
y resuelto por la jurisdicción ordinaria, nada menos que en 
juicio de mayor cuantía, lo cual equivalía a obligar al esclavo 
a que acudiera tras luengos años de pleitear hasta el Tribunal 
Supremo de Justicia, residente en Madrid, para la resolución 
final de su cuestión. ¿Era eso por lo común xwsible al infeliz 
esclavo ? 

La Sala de Indias de dicho elevado Tribunal resolvió en- 
el caso de una esclava que reclamaba su libertad, que esas 
cuestiones ventilaban un problema relativo a la condición 
civil de las personas y que ' ' cualquiera sea el precio en que se 
estime al esclavo, el asunto debía ser considerado como de ma- 
yor cuantía (^)." Y así pudo verse el esclavo asimilado jurídi- 
camente a las cosas, vendido, hasta hipotecado, y en cambio, 
cuando se trataba de la redención judicial de ese derecho 
real no atenderse a las reglas procesales que determinan gene- 
ralmente la cuantía de los juicios sobre las cosas, por el valor 
de éstas, sino a los trámites preestablecidos para fijar la cuan- 
tía de los juicios sobre derechos personalísimos. 

En 1859 (18 de Agosto) una R. O. afirma que el título de 
propiedad sobre un esclavo no es válido donde las leyes no 
reconocen la esclavitud, pues en tales países todos los hombres 
son necesariamente libres. 

De 10 de Septiembre de 1860 es un auto acordado de la 
Audiencia de la Habana, por el cual se determinó que el pecu- 
lio del esclavo respondiese del pago de las costas en los juicios 
criminales aun en el caso de ser entregado el esclavo en noxa 



(1) Circular de 2 de Agosto de 1856 de la Real Audiencia Pre- 
torial de la Habana. 



380 FERNANDO ORTIZ 



al perjudicado. Como quiera que este auto analiza la responsa- 
bilidad civil del esclavo, la transcribo a continuación : 

"En la siempre fidelísima ciudad de la Habana, á diez de 
Setiembre de mil ochocientos sesenta, reunidos en Acuerdo or- 
dinario de este dia, los Sres. del margen, dijeron : que con arre- 
glo á la letra y espíritu de las leyes cuarta., título trece y quin- 
ta, título quince de la Partida sétima, el dueño del esclavo 
está obligado á indemnizar el daño cavsado por éste o cederlo 
ci la noxa, para que con su precio se realice la indemnización, 
disposiciones que le ofrecen la ventaja de no posar de la im- 
portancia de aquel la responsabilidad civil que pudiere afec- 
tarles por los delitos cometidos por el esclavo en el caso de 
optar por la cesión. Que respecto de las costas del procedi- 
miento criminal no deben salir del precio del esclavo, porque 
perteneciendo este al perjudicado hasta cubrir el daño y el 
resto al señor, seria castigar al inocente si del citado precio 
hubieran de sacarse, máxime cuando las costas son una pena 
accesoria que debe recaer sobre el culpable, doctrina conforme 
al espíritu de las leyes citadas que reconocen el desampara- 
miento del siervo en favor del ofendido, y no de los que inter- 
vienen en el juicio, y á la naturaleza de las acciones noxales. 
Empero como que no es justo que el siervo quede exento de 
esta parte de la pena, y los curiales privados de la retribución 
de sus trabajos, deberán pagarlas de su peculio puesto que por 
una jurisprudencia constante reconocida por la Real Cédula 
de ocho de Abril de mil setecientos setenta y ocho se han modi- 
ñcado las leyes sétima, título veinte y uno, partida sétima, y el 
esclavo adquiere su peculio para si hasta el punto de poder con 
él redimirse de la servidumbre. En el caso de no tenerle deberá 
obligarse el siervo con juramento é intervención del dueño ó 
promotor fiscal en su caso, á verificarlo cuando lo adquiera." 



II 



Gobernando el General Domingo Dulce (28 de Enero de 
1863) promulgo un Reglamento para las sindicaturas de la 



Los NEGROS ESCLAVOS 38l 



Habana a la presentación de los esclavos en queja de sus 
amos, demostrativo del buen criterio que inspiró generalmen- 
te los actos de aquel buen gobernante. El Reglamento (^) dio 
fin a grandes corruptelas, dando un procedimiento sencillo y 
claro al conocimiento y resolución de las quejas de los escla- 
vos, con lo cual se dio nuevas garantías a éstos y a sus dere- 
chos. La venta forzosa por causa de sevicia, el depósito provi- 
sional del quejoso, alquiler de los esclavos depositados, etcé- 
tera, están amplia y precisamente regulados. 

En este Reglamento intercaló el General Dulce, algunos 
preceptos importantes en relación con la condición civil del 
esclavo. Así vemos el art. 9°, que dice : 

"Respecto al precio de la libertad del feto, se continuará 
la costumbre, y el señor de la madre no podrá impedir que 
ésta lacte a su hijo y lo críe por el término que señala la ley y 
el reglamento de esclavos. Tampoco podrán separarse de sus 
madres por venta, ni por otros motivos los hijos menores de 
siete años, salvo que sea por utilidad de ésta, reconocida por 
el Síndico o por el Juez. " 

También los arts. 11 y 12 en cuanto regulan aspectos de 
la coartación, ya referidos. El art. 12, muy sensato, dice así : 
"No siendo justo que al siervo de buena conducta y capa- 
cidad, que sepa además algún oficio, le sea más difícil aspi- 
rar a su libertad con los ahorros u otros medios lícitos que al 
vicioso y torpe porque el precio de aquél sea mayor que el de 
éste, los tasadores tratándose de libertad o coartación, sólo 
tendrán en cuenta la edad, salud y aspecto físico del esclavo, 
y lo que hubiese gastado el amo en enseñarle oficio o lo que 
importase prudentenTOute esta enseñanza, si ya con sus servi- 
cios no estuviere indemnizado." 

Por otra parte el art. 13 fijó definitivamente el derecho 
del esclavo a buscar amo en el caso de que el actual quiera 
venderlo, voluntariamente aun en el caso de que el esclavo no 
diera motivo para ser vendido. Dice así: "No dando motivo 



(1) Véase en Apéndice. (Febbeb de Coüto, pág. 97). 



382 FERNANDO ORTlZ 



el esclavo para ser vendido y siendo la venta por pura volun- 
tad del dueño, tiene derecho a que se le autorice por éste con 
un plazo de tres días a fin de proporcionarse nuevo amo, dán- 
dole papel al efecto : transcurrido ese término queda el pro- 
pietario en aptitud de venderlo a quien le plazca. ' ' 

Esa expresión darle papel al esclavo fué después de esa 
época, muy usual en Cuba. (') 

"Lo prim;ero que hizo doña Rosa en la ciudad fué darle 
licencia o papel a María de Regla para buscar acomodo o amo. 
El papel (así se la llama por antonomasia en Cuba) en cues- 
tión, firmado por D. Cándido, rezaba poco más o menos como 
sigue : — Concedo papel a mi esclava María de Regla, para que 
en el término de diez días de la fecha, busque acomodo o amo 
en la ciudad. Es criolla, racional, inteligente y ágil, sana, ro- 
busta, no ha padecido nunca enfermedad contagiosa, no tiene 
tacha conocida, sabe caser de llano, entiende de lavar y plan- 
char, de cuidar niños y enfermos. Se le da papel porque ella 
lo ha pedido. No ha conocido más amos que aquel donde nació 
y el que ahora la vende. Habana, etc." 

La R. O. de 6 de Agosto de 1861 deja bien definido que el 
esclavo, aun yendo con su amo, a territorio donde la esclavi- 
tud no existe, queda, sin más acto, emancipado ; precepto éste 
ratificado especialmente en cuanto a los esclavos fugados de 
Cuba a España por la R. O. de 12 de Julio de 1865 y por Real 
Decreto de 29 de Septiembre de 1866 dictado para Ultramar, 
con cuyo último decreto fué ley en Cuba esa antigua práctica 
legal española. (-) Esta emancipación alcanzaba a los escla- 
vos que iban a España sentenciados a cumplir condena por de- 
lito; hasta la noxa desaparecía. 

Del mismo año 1866 (29 de Septiembre) es un R. D. que 
puso en vigor el proyecto de ley, ya citado, sobre represión del 
tráfico clandestino de esclavos. En él hay algunos artículos 



(1) Véase C. Vh.lavkrde. Cecilia Yaldts, N. York, 1882, pági- 
na 512. 

(2) Todavía necesitó nuevas ratificaciones por R. D. de 12 de 
Septiembre de 1878, por R. O. de Ultramar de 16 de Abril de 1879. 



Los KtOfiOS ESCLAVOS 3 83 



(33 al 47) estableciendo el censo de esclavos en Cuba. Los 
homhres de color que estuvieran empadronados, por este solo 
hecho eran considerados como libres, sin que se admitiera prue- 
ba eu contrario. Bien se ve por este precepto que el abolicio- 
nismo ganaba terreno. A partir de esta fecha se observa una 
lucha tenaz y sorda entre la metrópoli abolicionista y la colo- 
nia afei*rada a la esclavitud por la voz y resistencia de sus 
magnates hacendados. 

Dicha ley previo algunos abusos, que efectivamente se co- 
metieron, pues la organización del censo, por la adopción en- 
tonces imposible, de un infalible procedimiento de identifica- 
ción personal (^) no permitió que el empadronamiento diese 
todos los resultados que se deseaban. Tales abusos fueron con- 
siguientes a la frecuencia del delito de plagio en Cuba, desde 
antiguo. (^) Este consistía en hacer pasar por esclavo un ne- 
gro libre, en robarle la libertad. 

Después del censo de esclavos a veces no se cancelaron las 
defunciones y el esclavo aparecía vivo para poder atribuir 
falsamente esa personalidad a un negro libre, y como tal, no 
empadronado. Otras veces los actos y contratos translaticios 
del dominio del esclavo se dejaban sin inscribir y como a te- 
nor del art. 42, ningún acto de esa clase era válido sin su ins- 
cripción, de ahí numerosas estafas. En 18 de Jimio de 1867 
dictóse por R. O. el Reglamento para la ejecución del Decreto 
referido. 



(1) Véase Fernando Obtiz. La Identificación Dactiloscópica. 
Madrid, 2.' ed. 1915. 

(2) Este delito fué en Cuba muy antiguo. Reconoció su exis- 
tencia el Bando de Buen Gobierno de 1842 (art. 29). Y había tam- 
bién, ¡oh, degradación humrjna! el plagio a sí mismo. E. Bacabdi 

(Crónicas de Santiago de Cuba. T. III. pág. 19) cita el curioso caso 
de un tal negro José Loreto Oñate, aspirante al cargo de verdugo, 
que cumplía condena en 1S52 por plagio a, si mismo, cuyo delito con- 
sistía en que el esclavo ajeno se hacía vender por un supuesto amo, 
repartiéndose el dinero obtenido entre el esclavo y el falso señor, 
aun cuando, como es natural, se anulara tal venta al reclamar el 
amo verdadero, inocente o nó de la trama. 



384 FERNANDO OKTIZ 



III 



A partir de la ya referida ley de 4 de Julio de 1870, de ia 
República de España, la situación del esclavo fué mejorando 
visiblemente. 

Dicha ley creaba para sus libertos, menores y ancianos, 
la institución del patronato que viene definida por el art. 7" 
de la misma. El patrono tenía los siguientes deberes: mante- 
ner, vestir, asistir' en sus enfermedades y enseñarles un oficio 
o arte y la instrucción primaria a sus clientes; y los siguien- 
tes derechos : ' ' todos los de tutor, pudiendo a más aprovechar- 
se del trabajo del liberto sin retribución alguna hasta la edad 
de dieciocho años. De los 18 a los 22 años el liberto ganaba 
medio jornal, del cual una mitad se le entregaba y la otra se 
le reservaba para su peculio. A esa edad terminaba el patro- 
nato, así como por matrimonio del liberto, por abuso del pa- 
trono en castigos o faltas a sus deberes, y por prostitución del 
liberto procurada por el patrono. 

El patronato era transmisible legalmente y renunciable 
por justa causa. Los padres libres podían reivindicar el patro- 
nato de sus hijos, indemnizando al patrono los gastos he-chos 
en beneficio del liberto. 

Esta importante ley, incluyó otros preceptos ajenos a su 
finalidad principal, en sus últimos artículos. 

El art. 17 otorgaba la libertad al siervo en caso de senten- 
cia por sevicia. El art. 19 reiteraba la concesión de libertad a 
los no empadronados como esclavos en 31 de Diciembre de 
1870. El art. 21 prometía otra ley sobre emancipación indem- 
nizada de todos los esclavos restantes; suprimía el castigo de 
azotes y prohibía la venta separadamente de marido y mujer, 
y de madre e hijos menores de 14 años. 

Por R. D. de 23 de Mayo de 1879 se hizo extensivo a Cuba 
el Código Penal promulgado en 1870 para la Metrópoli, si bien 
introduciendo en él notables modificaciones. Este Código pe- 
nal, único que ha regido y sigue rigiendo en su mayor parte 
en Cuba, puso fin a la caótica justicia criminal de esta colonia 



LOS_NEGROS ESCLAVOS 385 



hispana, antes encarrilada solamente por leyes caducas de 
Castilla y de Indias y por la jurisprudencia casuística españo- 
la, inspirada en los últimos tiempos en los códigos penales 
de 1848 y de 1870. 

Entre las modificaciones introducidas al Código penal de 
1870 para adaptarlo a Cuba, cuéntanse las motivadas por la 
esclavitud y el régimen de castas aquí entonces imperante. 
El art. 8 extiende la exención de responsabilidad penal por 
legítima defensa al esclavo y al liberto que obra en defensa 
dé su amo y de su patrono, respectivamente, o en defensa del 
cónyuge, ascendientes, descendientes o hermanos de los expre- 
sados amo y patrono. 

El art. 9 atenúa la responsabilidad penal del esclavo que 
ejecute el hecho delictuoso en vindicación próxima de una 
ofensa grave a las mismas personas ya indicadas, o bien cuan- 
do lo ejecute por excitación de su amo. La voluntad del amo, 
como se ve, no dio lugar a la exención por obediencia debida 
(artículo 8, núm. 13). El legislador no pudo desconocer por 
una parte la imposibilidad de asimilar personalmente el escla- 
vo a la cosa y la imposibilidad de eximirlo de sanción penal 
cuando obedecía al amo; por otra parte hubo de estimar como 
realmente poderoso el influjo del amo sobre el ánimo del 
siervo. 

Viceversa, fué circunstancia agravante de la responsabi- 
lidad penal (art. 10, núm. 2) ser el agraviado amo o patrono 
del ofensor, o cónyuge, ascendiente, descendiente o hermano 
legítimo de aquellos. 

Asimismo, como reflejo del régimen de castas, el Código 
penal estimó también (art. 10. núm. 22) ser circunstancia 
agravante la de ser blanco el ofendido y negro el ofensor, 
según la naturaleza del delito, a juicio de los tribunales. 

Por el art. 15 el esclavo encubridor del amo o j>atrono y 
demás parientes ya citados, no incurría en responsabilidad. 

La responsabilidad civil se siguió exigiendo por el artícu- 
lo 19, a los amos por los delitos o faltas que cometieren sus 
esclavos, no tratando el Código de la entrega en noxa. 

En cuanto a la ejecución de las penas, el Código por su 



386 FERNANDO OR'flZ 



artículo 117, dispuso que los esclavos cumplieran la de arresto 
menor (hasta 30 días) en la casa de sus amos. 

Entre las formas de responsabilidad civil (art. 119) se 
comprende la manumisión forzosa del esclavo ofendido por el 
delito. 

La condición de esclavitud influye también en la penali- 
dad. Así, el esclavo o liberto que asesifia a su amo o patrón o a 
sus parientes ya citados se hace reo de una pena especialmen- 
te agravada. (Arts. 415 y 417.) 

El art. 430 establece penas para el amo por las lesiones 
inferidas al esclavo. Si aquéllas llegan a dejar al esclavo ciego, 
imbécil, impotente, impedido para el trabajo o con un miem- 
bro principal perdido, la responsabilidad civil consiste en la 
manumisión forzosa del esclavo y en los alimentas durante 
su vida; siendo no tan graves, la enajenación del esclavo es 
forzosa a persona no pariente del amo. Esto amén de la res- 
ponsabilidad penal. 

Están exentas de pena las lesiones inferidas a los escla- 
vos dentro del límite de castigo señalado por los reglamentos. 

También en los delitos contra la honestidad, la condi- 
ción del esclavo o del liberto era calificativa para la agrava- 
ción de la penalidad, así en el adulterio, (art. 448) ; en el de 
abusos deshonestos, (art. 455 y 461) ; en el de estupro, (ar- 
tículo 460) ; en el de rapto, (arts. 464 y 465). Si la víctima de 
estos delitos fuese esclava, también se impone la manumisión 
forzosa. (Art. 469.) 

Los arts. 539, 540 y 541, castigan el roho del esclavo, el 
apoderamiento del esclavo ajeno. Aquí se le asimila nueva- 
mente en cierto modo a las cosas. Y los arts. 542, 543 y 544, 
penan la fuga del esclavo con intención de quebrantar su ser- 
vidumbre, o tanto vale decir, el roho de sí mismo. 

El art. final del Código Penal (art. 634) al derogar las 
leyes que se opongan a la que se promulga, excluye el Real 
Decreto de 29 de Septiembre de 1866, sobre represión y cas- 
tigo del tráfico negrero. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 387 



IV 



Los reseñados preceptos del Código Penal, tuvieron poca 
vida. Promulgados en 1879, al año siguiente eran en gran par- 
te derogados por la ley de 13 de Febrero de 1880, que declaró 
cesada la esclavitud en Cuba. (^) 

Esta fué sustituida por el patronato. Los esclavos fueron 
llamados patrocinados. 

El patronato era análogo al ya establecido y conocido en 
Cuba desde 1870, como consecuencia de la "ley de vientres 
libres." 

El patrono además de los deberes ya conocidos tenía el 
de retribuir el trabajo del patrocinado con el estipendio men- 
sual de uno a dos pesos a los negros de 18 a 25 años, y de tres 
pesos a los mayores de edad. 

Este patronato cesaba a las ocho años de promulgada la 
ley; por mutuo acuerdo del patrono y del patrocinado; por 
renuncia del patrono, salvo si los patrocinados eran sexage- 
narios, menores, o enfermos; por una indemnización en metá- 
lico al patrono, ascendente a una suma de 30 a 50 pesos anua- 
les; y por cualquiera de las causas de manumisión legal o por 
faltar el patrono a sus deberes como tal. 

Cuando un patrono tenía varios patrocinados, la extin- 
ción del patronato de éstos le era obligatoria emancipando a 
los patrocinados por partes, según edades a partir del quin- 
to año. 

Todavía los patrocinados al salir del patronato, no que- 
daban sin protección, pues el Estado se declaraba su protector, 
obligándoles durante cuatro años a acreditar la contratación 
de su trabajo o con oficio u ocupación ; de lo contrario eran 
tenidos por vagos y obligados a trabajar en las obras públicas. 

Después de esos cuatro años, al fin, el antiguo esclavo era 
vn hombre plenamente libre. 

El patrono no podía imponer la pena de azotes a sus pa- 



(1) Véase en Apéndice. 



388 FERNANDO ORTI2 



trocinados, ni bajo pretexto de mantener el régimen de traba- 
jo en las fincas; si bien en el reglamíento (firmado por el Ca- 
pitán General de Cuba, aprobado por R. O. de 2 de Julio, 
1880 ; pero no publicado en la Gaceta Oficial, ni en la Colec- 
ción Legislativa, ni en el Diccionario de Alcubilla, etc.) se 
establecieron algunas facultades coercitivas y disciplinarias. 
Podían, sin embargo, los patronos, castigar al patrocinado, 
¡ disminuyéndole el estipendio ! ; aun teniendo en cuenta que 
el trabajo obligatorio del patrocinado era igual en duración 
y en tarea al del esclavo. Salvo el mísero estipendio el patro- 
cinado sólo se diferenciaba deV esclavo en su manumisión ase- 
gurada y próxima. 

Como se ve, la abolición de la esclavitud la realizó Es- 
paña sin indemnizar a los amos ; con lo cual hay que convenir 
en que aquélla más bien arrancaba del reconocimiento del de- 
recho de libertad, extensivo a todos los hombres, considerando 
como tales a los esclavos; que no de una teoría de expropia- 
ción forzosa por utilidad pública, lógica si el esclavo hubiese 
podido ser en modo absoluto tenido jurídicamente como 
una cosa, tal como algunos juristas erróneamente preten- 
dieron. 

Hay que convenir también en que la abolición de la es- 
clavitud se hizo mediante este régimen transitorio del patro- 
nato, sin violencias ni grandes y ruinosas trascendencias, má- 
xime teniendo en cuenta que esa época coincidió con la del ma- 
quinismo para los ingenios de azúcar. Los cafetales, sí desapa- 
recieron, bien que por variadas causas. 

Por R. O. de 2 de Diciembre de 1881, se dispone (jue la 
retribución personal del trabajo del patrocinado se haga en el 
primer día siguiente al vencimiento de cada mes. La falta de 
pago acarreaba la pérdida de los derechos del patrono. 

El referido reglamento, de 8 de Mayo de 1880, todavía 
permite el uso del cepo y del grillete en los ingenios, cuyos 
castigos fueron suprimidos al ñu por R. D. de 27 de Noviem- 
bre de 1883, estableciéndose que las faltas de los patrocinados 
se corrigiesen con la reducción de estipendios o con encierro 



LOS NEGROS ESCLAVOS 389 



en las horas y días de descanso por un plazo máximo de 24 
horas. 

La última disposición que cierra el derecho esclavista 
hispano-cubano es el R. D. de 7 de Octubre de 1886. Después 
de una pomposa exposición de motivos, en que se dice que sola- 
mente había ya 25,000 patrocinados, por el art. 1" se declara 
cesado el patronato en Cuba ; si bien aun mantiene la ya cita- 
da protección del Estado, o sea vigilancia del mismo sobre los 
libertos por cuati*o años. De modo que en 1880 se abolió la 
esclavitud, en 1886 el patronato, pero hasta Octubre de 1890 
hubo individuos lihertos en Cuba. Hasta esa fecha no fueron 
hombres Ubres todos los habitantes de Cuba. La plena liber- 
tad individual, sólo precedió en 8 años a la libertad nacional. 



CAPITULO XXII 



SU^SdlAieiO: LA rebeldía DE LOS ESCLAVOS.— I. Fre- 
cuencia de los suicidios. — Su antigüedad. — II. La fuga del es- 
clavo. — Los "cimarrones" y los "ranchadores"- — Su historia. — 
Su derecho. — Los "perros". — Los "palenques". — Sus castigos. 



Veamos ahora las naturales explosiones del espíritu hu- 
mano comprimido por ese régimen de esclavitud. 

La rebelión negra es antigua en Cuba, de nuestros prime- 
ros días ya que la esclavitud africana data en este país de la 
época colombina. En efecto, no siempre los siervos sufrieron 
tranquilamente su yugo. 

A pesar de que muchos africanos habían heredado un 
carácter servil formado por el embrutecimiento de varias ge- 
neraciones sometidas al despotismo de un tiranuelo, hubo en 
Cuba tentativas revolucionarias, como en los demás países 
americanos donde la masa esclava fué numerosa. El esclavo 
pretendía romper sus ataduras y si bien jamás logró violen- 
tamente su libertad como clase social, alcanzó muchas veces 
burlar a su amo sustrayéndose a la propiedad de éste por la 
fuga o por el recurso supremo de todos los oprimidos impo- 
tentes, por el suicidio. Acaso los negros no hicieron sino imi- 



392 FERNANDO ORTIZ 



tar en esto como en otras cosas a los indios autóctonos, tan 
propensos a ahorcarse. (^) 

Este último medio de emanciparse del amo fué en Cuba 
usado tan frecuentemente que llegó aquí a revestir carácter 
epidémico. Así, dice Arboleya refiriéndose a datos estadísticos 
de 1855 a 1857, que el númfero dg suicidios fué casi el duplo 
((ue el de homicidios, y que por lo menos una tercera parte de 
aquéllos era debida a los negros esclavos y otra tercera parte 
a los colonos chinos que se encontraban en igual condición so- 
cial. Saco observa (|ue en 1862 de 346 suicidios que hubo en 
Cuba, se contaron 173 entre los chinos, 130 negras esclavos y 
el resto, blancos. La creencia en unos y en otros de que al mo- 
rir renacían en su país natal, restábale aparentemente tras- 
cendencia subjetiva al suicidio, sin mengua del quebran- 
tamiento sufrido por el amo, objeto éste quizás primordial 
del esclavo, pues como decía ya en 1701, un conocedor tan pro- 
fundo de los africanos como el P. Labat: (-) "con frecuen- 
cia los negros se ahorcaban o cortaban el cuello por motivos 
fútiles, principalmente para vengarse de sus amos con el per- 
juicio que les producían." 

Por la citada superstición de los negros, algunos amos — 
según el propio autor refiere (^) — llegaban a cortar las mano» 
y la cabeza a los esclavos suicidas, para persuadir así a los 
demás de que los muertos al reencarnar en su tierra nativa, no 
podrían comer, ver, oir ni hablar. Moreau de Saint-Méry tam- 
bién cuenta algo análogo (*) referente a los esclavos de Haití; 
a los suicidas se les cortaba la nariz y las orejas para que la 



(1) J. M. Arrate. Llave del Nuevo Mundo, antemural de las 
Indias Occidentales. Los tres primeros historiadores de Cuba. Haba- 
na, 1876. T. I, pág. 33. 

I. J. DE Urrutia. Teatro histórico jurídico y militar de la isla 
Fernandina de Cuba, etc. Los tres primeros historiadores de Cuba, 
1876. T. II, pág. 329. 

(2) Nouveau voyage aux lies. 1742. T. I, pág. 446. 

(3) 05. cit. T. I, pág. 450. 

(4) Description de Saint-Domingue. T. I, pág. 36. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 393 



reencarnación, por tal modo deshonrosa, no fuese apetecible 
a los super\'ivientes del suicida. 

Igual efecto debió producir la singular creencia de algu- 
nas tribus de Guinea, de que el negro al morir va al país de 
los blancos convirtiéndose en uno de éstos. (^) 

Generalmente los negros suicidas se ahorcaban. Con fre- 
cuencia se usaba el envenenamiento por el curamagüey (Chi- 
nacum grandiflorum) y el guao (Commocladia dentata). (-) 

A menudo comían tierra los esclavos de tendencias sui- 
cidas, con cuyo procedimiento, según el P. Labat, se origina- 
ban la hidropesía, casi siempre incurable, ''Cuando se notaba 
spieen en los negros, el primer movimiento debe ser el de mi- 
rarles las uñas de las manos bajo las cuales es casi seguro en- 
contrarles las huellas de la tierra," como decía Xavier Ey- 
ma. (^) A veces las negros suicidas se asfixiaban con la pro- 
pia lengua, violentándola hacia atrás de modo, que obstruye- 
ra la respiración. Este medio de suicidarse era poco conocido ; 
pero no lo fué tan poco, que se le olvidara al gran pintor de 
nuestras costumbres de a<iuella época, a C. Villaverde, en su 
novela Cecüm Valdés, donde lo describe haciendo decir a un 
su personaje: (*) " — Diré a usted, Sr. D. Cándido. Ora haya 
hecho uso el negro de los dedos, ora de un poderoso esfuerzo 
(le absorción, e\4dente es, que doblando la punta de la lengua 
hacia dentro, empujó la glotis sobre 'la tráquea y quedó ésta 
obliterada, impidiendo la entratla y salida del aire en los 
pulmones o cesando la inspiración y la espiración. He aquí lo 



(1) Vés,se Barrkt. UAfrique Occidental. T. II, pág. 262. Trata 
de ambas creencias con detención Tylor en su Civilisation Primiti- 
ve. (T. II, traducido al francés, pág. 7). Consúltese además acerca 
de la creencia de los guineos a J. Lubbock UOrigine del Incivilmen- 
to, traducción italiana, pág. 567; y sobre la frecuencia del suicidio 
entre los chinos, la obra de J. J. Matignox Superstition, Crime et 
Misére en Chine. Lion, 1902. 

(2) Véase lo que acerca de este asunto dice Corre. (Le Crime 
-en Pays Creóle. Lion, págs. 18 y sigts.) aplicable a Cuba. 

(3) Les peaux noires. París, pág. 237. 

(4) Ob. cit., pág. 431. 

26 



394 FERNANDO OKTIZ 



que el vulgo llama tragarse la lengua y que ncsotros llamamos 
asfixia por causa mecánica. Durante mis viajes a la costa del 
África he tenido ocasión de observar varios casos ; pero en mi 
larga práctica de los ingenios de la Isla, este es el primero que 
se me presenta. Tal género de muerte, lo mismo que el del 
ahogado, debe ser muy doloroso, peor que el de estrangula- 
ción en horca, porque no se produce la asfixia instantánea- 
mente, sino por grados, en todo su conocimiento y después de 
una agonía atroz. Si hiciéramos la autopsia del cadáver, vería- 
mos que el sistema venoso está ingurgitado de sangre de color 
negruzco muy oscuro, lo mismo el pulmón y el cerebro." 

La predisposición al suicidio fué, además, característica 
de los esclavos procedentes de determinadas regiones africa- 
nas; Pichardo lo nota así, especialmente, entre los lucumíes. 
Una observación semejante se ha hecho también en el extran- 
jero. (^) Ello viene a comprobar una vez más la verdad lom- 
brosiana de la influencia étnica en la criminalidad. 

Por otra parte, el suicidio como venganza es también 
conocido en alguna región de África, (-) como en otras de 
Asia, y usado no solamente contra el amo por el esclavo, sino 
por un hombre libre contra otro de igual condición social. 
Esta aberración de fondo religioso no pudo menos de influir 



(1) T. Omromt. Yiaggi nelV África Occidentale. (Milán. 1847, 
página 158). Este autor se refiere a los negros del Congo y Elmina. 
esclavos en el Brasil, y pone de relieve su carácter menos belicoso 
que el de los negros de otras regiones. Así también A. G. Lkox.\rd, 
The Lower Niger and its trihes, London, 1906, pág. 259, nota la fre- 
cuencia del suicidio entre ciertas tribus del Niger, extraordinaria en 
relación con las otras. Moreau de Saint-Mery, la notó también mu- 
chos años atrás. (Ob. cit.. T. I, pág. 36), y también Adajís para los 
negros ibos y bricJ'es. (Ob. cit., pág. 133). Estas tribus son las que 
vinieron a Cuba llamándose liicumís. ararás, etc. La teoría positivis- 
ta de la equivalencia del suicidio y el homicidio, explicada por la 
psicología contemporánea, halla en estas observaciones una nueva 
demostración. 

(2) Clozel y Vilamur. Les Cout untes Indigcnes de la Cate 
d'Ivoire, París, 1902, pág. 251. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 395 



en el ánimo de aquellos esclavos que de su país la trajeron 
consigo. 

La frecuencia del suicidio en el negro esclavo es tanto 
más digna de tenerse en cuenta, cuanto según cuenta Bruce: 
"Como corolario de su relativa inmunidad a la locura por 
motivos morales, está demostrado que los negros raramente se 
suicidan, hecho de fácil explicación una vez adquirida plena 
conciencia del carácter de la raza. En primer lugar ninguna 
causa de ajisiedad oprime bastante la ment« del negro para 
<iue éste nutra el deseo de poner fin a su propia vida... después 
le falta la sangre fría y la fortaleza necesaria para matarse ; 
sobre todo tiene un miedo extraordinario a la muerte debido 
a su morbosa imaginación y probablemente a su tendencia a 
vivir completamente en el presente." (^) Observación que 
tiene una comprobación en los siguientes datos de suicidios 
ocurridos en la Habana, donde no se sentían los rigores de la 
esclavitud rural y en una época (1878 a 1885) en que ya la 
esclavitud tocaba a su fin y en la que los amos eran más huma- 
nas, por el avance total de la civilización, para desvirtuar en 
algo las predicaciones antiesclavistas y por la influencia bien- 
hechora ejercida por la revolución de los diez años, que jugó 
papel importantísimo en la historia de la esclavitud en 
Cuba. (-) 



(1) Plantation Negro as a Freeman, citado por Hoffman, Race 
traits and tendencies of the American Negro. 1896. New York, pági- 
na 143, véanse los fundados razonamientos de este último autoi*- 
contra la opinión de Mobselli en su citada obra. págs. 134 y sigts. 

(2) T. Plasencia. Notas relativas del Suicidio en la Circuns- 
cripción de la HaMna de 1878-1885. Habana, 1886. 



396 



FERNANDO ORTIZ 



Suicidios en la circunscripción de la Habana 



1 


Blancos 


Negros 


Mesíizng 


Cliiuos 


DeKiinocidos 




Años 


var. 


Heni. 


Var. 


Hem. 


Var. 


Hem.' 


Var. 
2 


Var. 


Hem. 


Totales 


1878 


o 


» 


1 


» 


» 


» 


» 


M 


5(1) 


1879 


17 


3 


2 


2 


» 


1 


3 


4 


5 


37 


1880 


25 


» 


6 


u 


1) 


» 


» 


4 


4 


41 


1881 


7 


3 


5 


1 


1) 


» 


1 


3 


1 


^1 


1882 


25 


2 


5 


» 


1 


ll 


» 


5 


1 


38 


188i 


35 


4 


3 


)l 


1 


» 1 


6 


3 


9 


54 


1884 


30 


3 


1 


1 


» 


I) 


tí 


2 


Í 


44 


1885 


27 


7 


» 


3 


» 


.) 1 


2 


I) 


» 


39 


Totales... 


168 


22 


21 


7 


2 


2 


22 


21 


14 


279 



Igual deducción puede hacerse observando Icá datos del 
•uinquenio 1902-07, ('•) extensivos a Cuba. 



II 



La fuga era el ideal del esclavo, ponjue significaba la li- 
bertad, temporal cuando menos. En las maniguas y vírgenes 
bosques los negros protegidos por la lujuriosa flora tropical 
conseguían a menudo hacerse libres de hecho; entonces eran 
llamados cimarrones. 

Según Pezuela (') así se llamaba por antonomasia al 
negro que andaba errante por el campo; al que se escapaba en 
poblado se le decía huido. Bachiller y Morales (^) ha tratado 
el origen etimológico de esta voz, pero no d<í modo convincen- 
te. No es voz de origen cubano, pues fué de uso general en las 
Indias. 



(1) Los datos de este año parten del mes de Agosto. 

(2) Jorge Le-Roy. Estudio médico legal sobre el suicidio en 
Cuba, durante el quinqenio de 1902-1901. Habana, 1907, págs. 12 y 
siguientes. 

(3) Jacoüo de la Pp:zuela. Diccionario geográfico, estadístico, 
histórico de la Isla de Cuba. Madrid, 1863. T. I, pág. 214. 

(4) Véase Cuba Primitiva. Habana, 188¿) págs. 247-248. 



l.OS NFGROS ESCLAVOS 



397 



Que los esclavos fugados eran muchos lo demuestra el 




Fig. núm. 33.— KL raxchador. (Oleo ce Laadalice) 

hecho de existir partidas de ranchadores, arranchadores, 



398 FERNANDO OHTlZ 



(Véase fig. 33) o buscadores de cimarrones en los ranchos 
donde éstos solían guarecerse. 

Los primeros ranchadores o antiguos recogedores, tuvie- 
ron por objeto aprisionar a \it vez a los indias y a los negros 
huidos. En 1503 ya se lamentaba el gobernador Ovando de 
que los negros huyesen a los bosques junto con los indios, en- 
señando a éstos la insubordinación y las malas costumbres ; ( ' ) 
y por Real Cédula de 6 de Septiembre de 1521 se prohibió 
que los negros esclavos acompañasen a los cristianos a sus des- 
cubrimientos y viajes para conquistar porque "solían fugar- 
se;" si bien esta orden soberana no fué seguida. 

Se habla ya de los ranchadores en un documento de 
1540 (") y en otro, anterior aún, de 1528: "Como puere verse 
en la correspondencia de Gonzalo de Guzmán con el Empera- 
dor así como la de sus oficiales, decían en 17 de Marzo de 
1528 que había dos meses que una partida de 30 a 40 indios se 
había levantado de Bayamo a Puerto Príncipe, que pronto los 
dominarían, pues siempre (^) ha habido cuadrillas de españo- 
les en esta isla que los aprisionan por sólo el que se les permi- 
ta hacerlos esclavos; pero ya piden salarios. (*) 

Antes de 1530 hubo en Cuba una hermandad formada 
por todos los amos de esclavos, quienes pagaban un ducado 
por cada esclavo, para fondo común destinado a la persecu- 
ción de cimarrones; (^) pero pronto cayó en desuso, 

A veces bien porque era imposible reducir los cimarrones 
a la esclavitud, bien porque éstos como sucedía casi siempre, 
se dedicaban a actos de pillaje en los campos, comprometien- 



(1) Herrera. Ob. cit. Déc. I, 52, 12. 

(2) La Sagra. Ob. cit. T. II, pág. 48. 

(3) ¡Siempre...! ¡y habían transcurrido solamente 36 años 
desde el descubrimiento! 

(4) Bachiller y Morales. Cuha Primitiva. Habana, 1883, pá- 
gina 127. Véase a Saco. Ob. cit., T. I, págs. 160 y 162. 

(5) Carta sA Emperador de Gonzalo de Guzmán, de 15 de Di- 
ciembre de 1534. 



Los ÍÍEGROS ESCLAVOS 399 



do la seguridad de las personas y de las propiedades (^) se 
hacía preciso que los rancheadores dieran muerte a los escla- 
vos fugados. Aquéllos cobraban una cantidad por cada cima- 
rrón muerto y con objeto de probar el número de víctimas les 
cortaban a éstos las orejas. Algunos de estos ranchado res al- 
canzaron triste celebridad como, por ejemplo, Ramón Cordero, 
de Vueltabajo, que murió en una batida de cimarrones en la 
sierra del Cuzco, teatro de sus proezas, y del cual quiso con- 
tar sus hazañas T. S. de Noda en una novela que, desgracia- 
damente, se perdió inédita, como casi todos los trabajos de 
este publicista. 

Calcagno nos cita (^) a Andrés Rivera, célebre ranchea- 
dor, que con otros de su familia y apellido fué el más temible 
de los llamados Riierones, de Pinar del Río, también ensal- 
zados por Xoda. También a Valentín Páez (a) Ranchador, 
de Los Palacios, que se hizo perseguidor de cimarrones por 
haber éstos matado a su hermano José, asimismo recordado 
por Noda. 

Xo se crea, sin embargo, después de tales alabanzas, que 
los ranchadores eran gento siempre de bien. A menudo se de- 
dicaban a esa profesión despiadada, hombres desalmados y 
verdaderos bandidos. Nada menos que en 1623, el día 23 de 
Julio, el Rey Felipe IV tuvo que ordenar como sigue: (^) 
''Los rancheadores nombrados ix)r las Justicias para ranchear 
negros cimarrones, entran con este título en las casas de los 
morenos horros de la isla de Cuba y otras partes, así en ciu- 
dades como en estancias, donde hacen sus labranzas quietos y 
pacíficos, y sin poderlos resistir les hacen muchas extoi-sio- 



(1) Por ejemplo: era frecuente que el esclavo se vengara del 
amo incendiando las plantaciones, forma delictuosa que aún sub- 
siste en Cuba. Otra forma de venganza adoptada a veces por el ne- 
gro esclavizado era el infanticidio cometido por éste en la persona 
de su propio hijo, para privar al amo de un nuevo esclavo. Véase a 
PiBOX. Ob. cit., pág. 182. 

(2) F. Calcagno. Diccionario biográfico cubano. Xew York, 
1878. pág. 544. 

(3) Rec. de Leyes de Indias. Libro 7, Título 5, ley 19. 



400 FERNAiSÍDO OltTlZ 



nes y molestias con grande libertad, de día y de noche, lle- 
vándose los caballos, bestias de servicios y otras cosas necesa- 
rias de labranza: Mandamos a los Gobernadores, (|ue provean 
de remedio conveniente a los daños referidos y hagan justicia 
a los morenos, para que no reciban ninguna molestia ni veja- 
ción de los rancheadores. ' ' 

Otras disposiciones reales, antes y después, tuvieron que 
dictarse para regular las hazañas de los rancheadores y cuidar 
de la tranquilidad pública, tales como las (|ue siguen a la ante- 
rior en las Leyes de Indias. 

En 1571 se dispuso por Felipe IT lo que sigue : 

"Los Virreyes, Presidentes y Gobernadores procuren 
siempre allanar a los negros cimarrones, poniendo en su re- 
ducción la diligencia posible, y siendo necesario nombren para 
esto Capitanes de experiencia, y el gasto ({ue se hubiere de 
hacer, donde.no hubiere aplicada alguna imposición o hacien- 
da, se reparta en esta forma : la quinta, parte de nuestra Real 
Hacienda, y las otras cuatro entre los mercaderes, vecinos y 
otros que puedan recibir beneficio y aprovechamiento en lo 
referido por la orden que al Virrey, Presidente o Audiencia 
del distrito pareciere, y de los negros aprehendidos en la re- 
ducción que fueren principales, y también de los libres se hará 
y administrará justicia ejemplar, y las demás serán vueltos a 
sus dueños, pagando la parte (|ue pareciere para las costas y 
gastos de la facción, guardando en todo las leyes de este títu- 
lo; y los que no tuvieren dueño y fueren mostrencos, se apli- 
carán a nuestra Real Hacienda, pagándose de ella la misma 
parte que se mandare pagar a los dueños y para el mismo efec- 
to, y lo que en nuestro nombre y por los dueños de aquellos 
esclavos se pagare, bájese del repartimiento a prorrata." 

Y en 22 de Junio de 1574, con mayor detalle se dictó esta 
Real Cédula, por Carlos TI y la reina gobernadora: 

"Ordenamos y mandamos, que si cuahiuier persona libre, 
blanco, mulato o negro prendiere negro o negra cimarrón, que 
hubiere estado huido o ausente del servicio de su amo tiempo 
de cuatro meses, no averiguándose haber sido llevado por fuer- 
za, sea del que le prendiere, si su amo no le hubiere denuncia- 



I.OS NEGROS ESCLAVOS 40l 



do O manifestado, y pueda hacer de él de allí adelante lo que 
(luisiere y por bien tuviere, y lo mismo se guarde si el negro 
o ne^ra cimarrones fueren libres, con calidad y obligación de 
traerlos a la ciudad, cabeza del distrito, y manifestarlos ante 
la justicia, para que se averigüe el tiempo que han andado au- 
sentes, y sean castigados conforme a lo ordenado ; y si el apre- 
hensor quisiere más cincuenta pesos en plata ensayada, que al 
negro o negra aprehendidos se le den y paguen de los propios 
y rentas de la ciudad, y habiéndolos castigado según los deli- 
tos que hubieren cometido y dispuesto por estas leyes, si la 
pena no fuere de muerte queden por esclavos de la ciudad, y 
si el aprehensor fuere esclavo adquiera al negro o negra al 
dominio de su amo, conforme a derecho. 

"Si el negro o negra cimarrón de cuatro meses que fueren 
presos, pareciere a la ciudad que convienen 3' son necesarios 
para guías y rastras contra los demás negros cimarrones, pue- 
da la ciudad tomarlos para sí pagando al aprehensor lo ([ue 
tasare la justicia de aquella ciudad, y personas puestas por 
ella para este efecto, conforme al valor y disposición del ne- 
gro o negra. 

"Si el negro o negra cimarrones fueren presos y encar- 
celados, y se averiguare haber cometido delito por el cual, 
conforme a las leyes y ordenanzas, merezca y se ejecute pena 
de muerte, t^nga la ciudad obligación a dar de sus prppios y 
rentas los cincuenta pesos referidos en plata ensayada al que 
lo aprehendió ; y lo mismo se guarde si la pena que en el negro 
o negra se ejecutare fuere mienor que de muerte, si ésta fuere 
causa de que muera, porque el aprehensor no quede sin 
premio. 

' 'En caso que los negros o negras cimarrones no hubieren 
andado huidos cuatro meses, se dé al que los hubiere aprehen- 
dido lo que por ordenanzas de las ciudades o donde no las 
hubiere, por moderación de la justicia y tasadores se le debe 
dar conforme al tiempo de su ausencia, lo cual pague su amo ; 
pero si el negro o negra no se hubieren huido de su voluntad y 
los hubieren llevado cimarrones por fuerza y lo probare su 
amo. se den al que lo hubiere aprehendido cincuenta pesos de 



402 FERNANDO ORTIZ 



plata ensayada en premio de la prisión, si hubiere estado más 
de cuatro meses ausente ; y si menos de este tiempo hubiere es- 
tado huido, desde el día que lo llevaron por fuerza hasta que 
fué preso, pagúesele por el dueño del esclavo, lo que por or- 
denanzas o moderación de la justicia y tasadores constare y 
pareciere, conforme al tiempo de la ausencia; y si no lo quisie- 
re pagar, sea el negro o negra del aprehensor ; y en cualquiera 
de los casos referidos tenga obligación el que aprehendiere a 
los llevar y poner en la cárcel y manifestarlos ante la justicia ; 
y si no lo hiciere así no pueda llevar ningún premio por la 
prisión, y vuelva lo que hubiere llevado con otro tanto más, 
aplicados para gastos contra cimarrones, e incurra en las pe- 
nas de derecho. 

"El negro o negra cimarrón que en cualquier tiempo se 
viniere de su voluntad del monte a la ciudad, y trajere consi- 
go otro negro o negra, sea libre ; y los que trajere esclavos de 
la ciudad, y del amo del negro que los trajere, por mitad, y 
ejecútese en ellos la pena que merecieren, y por cada negro se 
le den al que los trajere veinte pesos demás de la libertad, lo 
cual se entienda de los negros que han andado huidos cuatro 
meses ; y si el tiempo fuere menos, se le dé el premio conforme 
a ordenanzas y tasación con que el negro cimarrón que vi- 
niere de su voluntad y trajere a otro, no hubiere andado huido 
más de cuatro meses; y si fuere menos tiempo, sea libre como 
dicho es; pero el traído en este caso no sea de la ciudad, sino 
del amo del negro que de su voluntad vino, y la ciudad no 
pague los cincuenta pesos de premio; y si no fuere perdido el 
negro traído, lleve el amo el premio que él había de haber. 

"A cualquiera persona que avisare de algún negro o ne- 
gra cimarrón, y no lo pudiere prender, y por su aviso y orden 
fuere preso, se le dé la tercia parte del premio que llevare el 
que ejecute la prisión, y las otras dos tercias partes al que lo 
aprehendiere. 

"Si algún mulato, mulata, negro o negra, persuadiere y 
aconsejare a esclavo o esclava, que se esconda, y lo tuviere 
oculto los cuatro meses para efecto de manifestarlo después, y 
haberlo por suyo, en tal caso los unos y los otros incuiTÍrán en 



LOS NEGROS ESCLAVOS 403 



pena de muerte natural ; y si los ocultadores fueren españoles, 
sean desterrados de todas las Indias, demás de las otras penas 
que por derecho merecieren ; y si menos de cuatro meses estu- 
vieren ocultos, se les dé la pena conforme a la calidad del 
delito. 

"El que tratare o comunicare con negro cimarrón, o le 
diere de comer o algún aviso, o acogiere en su casa y no lo ma- 
nifestare luego por el mismo caso, si fuere mulato o mulata, 
negro o negra, libre o cautivo, haya incurrido en la misma 
pena que merezca el negro o negra cimarrón, y más en perdi- 
miento de la mitad de sus bienes si fuere libre, aplicados a 
gastos de la guerra contra cimarrones, y siendo español sea 
desterrado perpetuamente de todas las Indias, demás de las 
penas que por derecho mereciere. 

"Porque los negros cautivos no tengan ocasión de ausen- 
tarse del servicio de sus amos, con pretexto de que van en 
busca de negros cimarrones para prenderlos: Mandamos que 
ningún esclavo pueda ir ni vaya, sin licencia de su amo y de 
la justicia, a buscar cimarrones; y si fuere sin él ella, no haya 
premio por los que hubiere aprehendido, si no fuere yendo por 
agua, hierba o leña, o a otra parte por mandado de su amo. 

' 'El negro o negra que voluntariamente se huyere del ser- 
vicio de su amo, aunque después se vuelva de su voluntad y 
trajere presos a otros negros cimarrones, no consiga por esto 
libertad ni otro premio, y sea castigado conforme a las orde- 
nanzas, y los que trajeren presos sean para la ciudad, siendo 
cimarrones de cuatro meses. 

"Atento al gravamen impuesto al Escribano de Cabildo, 
de que tenga libro aparte para manifestaciones de negros huí- 
dos, y que lo ha de notar sin llevar derechos : En consideración 
de esto, y por ser dependiente del Cabildo, mandamos que los 
negocios y causas tocantes a negros cimarrones, de que se hu- 
biere denunciado o avisado a las justicias ordinarias de la 
dicha ciudad, pasen ante el Escribano que lo fuere de Cabildo, 
y no ante otro ninguno, y haya por esta razón los derechos que 
debiere percibir; y si ante otro escribano se comenzare, sea 



404 fERÍÍAlíDO OtlTÍz; 



obligado a entregarlo al Escribano de Cabildo, con los derechos 
que hubiere llevado y apremiado a ello." 

Es interesante observar un caso de simbiosis del delicuenfe 
en el hecho de acudir algunos aventureros rancheadores a las 
cárceles, de donde sacaban con aprobación de las autoridades, 
algún criminal que les ayudara en la caza del esclavo y acerca 
de cuya futura conducta honrada se constituían fiadores. (^) 

No quiere todo esto decir que a la persecución de los ci- 
marrones se dedicaran exclusivamente los ranchadores, en su 
captura se empleó toda clase de fuerza pública y no se desde- 
ñaron de tomar parte en las batidas de esclavos los propios 
alcaldes y cuadrilleros de la Santa Hermandad; (^) por 
más que su conducta dejó también bastante que desear, hasta 
el punto de que se negaron los dueñas de esclavos a contribuir 
a los gastos de los cuadrilleros por aprehender éstos no a los 
fugitivos, sino a los pacíficos negros que trabajaban en el 
campo, pretextando así servicios ilusorios. (^) 

Para cazar a los cimarrones eran adiestrados perros esco- 
gidos (perros de busca) que se tenían en gran estima, (Véase 
figura 34) tanto que durante la guerra civil en los Estados 
Unidos fueron exportados gran número de ellos para ayudar 
a combatir a los negros sudistas refugiados en la tribu india 
de los seminóles ; así como, tiempo atrás, doce guajiros de Cu- 
ba con treinta y cinco perros, enviados por D. Juan de Ezpele- 
ta bastaron para ani(iuilar a los indios mosquitos en Nicara- 
gua, que ya habían diezmado en sorpresas y emboscadas a tres 
regimientos de españoles, ciando así a España pacífica pose- 
sión de la costa nicaragüense ; como también ya a fines del 
siglo XVIII, en tiempo del Gobernador Las Casas, fueron pedi- 
dos perros por el gobierno inglés y llevados a Jamaica para la 



(1) Léase un artículo de P. J. Moriixas publicado en la revis- 
ta La Piragua, de la Habana, titulado: "El Rancheador." 

(2) En 1785. Emilio Bacardi. Crónicas de Santiago de Cuba. 
Barcelona, 1908. T. I, pág. 21. 

.(3) Ibidem. pág. 222. 




Fig DÚÍD. 34.- NEGRO CIMARRÓN. I Oi( O d«- I DtfaJUce) 



406 FERNANDO ORTIZ 



captura de cimarrones (') y asimismo se mandaron 200 a 
Haití, n 



(1) Bachiller y Morales. Cuba Primitiva, pág. 194. El Coro- 
nel Inglés W. D. Quarrel contrató con un negociante de Bejucal y 
embarcó para Jamaica 64 rancheadores cubanos con más de 100 
pesos. De tales operaciones fueron testigos los padres del citado A. 
Bachiller y Morales. V. Guia y America, 1900, núm. 75, págs. 16 y 
siguientes. Apuntes viejos de Manuel Naranjo Acosta. Lo interesante 
del relato amerita su reproducción: 

"Hablaron de la guerra de los cimarrones, de lo infructuoso de 
los sacrificios del ejército inglés, etc., etc. Refirió el cubano que 12 
guajiros de Cuba y 35 perros (mandados rllá por D. Juan de Espe- 
leta) habían bastado para que los indios Mosquitos (que ya habían 
aniquilado tres regimientos españoles en las costas de Nicaragua., 
en sorpresas y emboscadas) no pudiesen volver a sorprenderlos ni 
hacerlos caer emboscada alguna, con lo cual quedó España en pací- 
fica; posesión del Cabo Gracias a Dios, la embocadura del río Ne- 
gro, etc., etc. 

"Tanto ponderó el de Bejucal las proezas de sus paisanos, su 
astucia, su resistencia, su valor, su agilidad, etc., etc., que Quarrell 
habló de ello con el Presidente y varios miembros de la Asamblea de 
Jamaica. De f,hí resultó que el coronel Quarrell saliese para Cuba 
a bordo de. la goleta "Mercury", que montaba doce cañones, provisto 
de cartas del Gobernador de Jamaica Lord Balcarres, para D. Luis 
de las Casr^, recomendado como oficial del ejército inglés, miembro 
de la Asamblea de Jamaica y comisionado para comprar en Cuba, 
algunos de los famosos perros cubanos. 

"Llegó a Batabanó en donde encontró acurrtelada una compa- 
ñía del regimiento de Puebla en que servía entonces D. Gabriel 
Bachiller y Mena (padre de D. Antonio) y un destacamento de caba- 
llería. Allí le facilitaron cuatro caballos de silla (para él, su com- 
pañero el capitán Gilpin, y sus dos criados) y le dieron dos lanceros 
para que lo escoltasen de Batabanó a Bejucal y de Bejucal a la 
Habr.ina. Con ellos y con 20 arrieros y 200 muías de carga llegó a 
Bejucal. Advertida de su llegada doña María Ignacia de Contreras 
y Jústiz (Condesa del Castillo y Marquesa de San Felipe y Santia- 
go, Señora entonces del Bejucal) rogó al oficirl francés Mons. L' 
Epée, que fuera inmediatamente a brindarle su casa. Luego lo red- 



il) J. DE la Graviere. Souvenirs d'un Amiral. (Cita de Re- 
CLus). Según este autor estos perros eran allí alimentados con car- 
ne de negro, y se excitaba su voracidad hambreándolos. 



LOS NEGEOS ESCLAVOS 407 



La Condesa de Merliii pinta así (^ los perros del ran- 
cheador: "Los enemigos más temibles de los ladrones son los 



bió y obsequió con su proverbial hospitalidad, le manifestó estar 
muy al cabo de lo que en Jamaica estaba sucediendo (lo sabía de 
boca del mismo negociante cuj'as noticias movieron a Lord Balca- 
rres a enviar a Quarrell a Cuba) y prometió poner en juego su in- 
fluencia con los mejores ranchadores de los contornos de Bejucal 
para disponerlos a ir a Jamaica con sus perros. 

"Esperanzado con tales promesas siguió a la Habana y se pre- 
sentó a D. Luis de las Casrs, que lo acogió con gran amabilidad, 
brindándole casa y mesa, etc., etc. 

"Un abogado de la Habana redactó el contrato que debían fir- 
mar Quarrell por una parte y los ranchadores por otra. De tal abo- 
gado cuyo nombre no mencionó Quarrell en su diario, sólo sabemos 
que era "muy alto, muy flaco, atezado como un mulato, que le caía 
hasta media espalda una coleta grasienta de pelo negro, y que usaba 
casacón color de azufre, ancho, largo y abotonado hastr la barba." 
Según el i ontrato se comprometía cada uno de los rahchadores a ser- 
vir tres meses, llevando consigo tres perros suyos mediante $100 al 
contado, antes de embarcarse, y otros $100 al terminar los tres me- 
ses de su compromiso, con más la parte proporcional que les corres- 
pondiese de los $960 ofrecidos por la Asamblea de Jrmaica por la 
captura de cada uno de los cimarrones sublevados, siendo de cargo 
del Gobierno de Jamaica los gastos de viaje y manutención de los 
ranchadores sanos o enfermos, etc., etc. 

"Autorizado Quarrell por T). Luis de las Casas para comprar 
perros, acudió a él para que agregase a su pasaporte (para regresar 
a Jamaica) los nombres de 20 hombres que habrían de atender v\ 
cuidado de los perros durante la travesía. D. Luis se negó a lo que 
en su concepto equivalía a consentir que Inglaterra (a la sazón en 
guerra con Francia, aliada de España) reclutase gente en territorio 
español, pero al cabo se avino a poner en el pasaporte los nombres 
de seis, número más que suficiente para cuidar 16 o 18 perros, parte 
comprcdos y parte regalados, de que ya se había hecho Quarrell. 
y tanto insistió y rogó éste, que por fin accedió D. Luis a que no 
fueran seis, sino diez, cuyos nombres hizo insertar en el pasaporte 
que firmó y entregó al inglés. Este volvió entonces al Bejucal, en 
donde, apadrinado por la Marquesa de San Felipe y Santiago, en 
vez de reunir diez cuidadores de sus perros, enganchó de momento 
treinta y trntos ranchadores (cada uno con tres perros suyos) a 



(1) Viaje a ¡a Habana. 1905,. págs. 31 a 33. 



408 FERNANDO ORTIZ 



perros. La raza canina de Cuba es única por su fuerza, por su 
inteligencia y por su increíble aversión a los negros cimarro- 
nes. Cuando se deserta un esclavo, conduce el mayoral un 
perro al bohío o cabana del fugitivo, y aplica a las narices del 
mastín cualquiera de las prendas del negro. A veces suele tra- 
barse un combate entre el negro y el perro ; pero este último 
lleva siempre la ventaja, y auuíiue sea herido, no suelta su 



cada cual hizo el estipulado adelanto de $100 y les dio cita para 
cierto lugar en la Ciénega, cerca del pueblo de Batabanó, de donde 
saldrían cuando fueran a emlbarcarse. Los guajiros solicitaron de la 
Marquesa permiso para una fiesta de despedida, con juego de mon- 
te, etc., etc. La Marquesa lo negó redondamente, les mandó que 
dejasen a sus mujeres y familias los $100 de enganche, y que se 
contentasen con un baile — baile que abrió la misma Marquesa, con- 
forme al uso de la época, bailando un minué con Quarrell — y a la 
mañana siguiente almorzaba el inglés con la Marquesa y una prima 
suya (que debió ser doña Antonia Morales y Castillo, madre de don 
Antonio Bachiller) en el palacio de Bejucal, que ya no existe, cuan- 
do su agente reclutador de ranchadores, el que en Jamaica originó 
la idea de venir a buscarlos a Cuba, le llevó Ir. noticia de haber 
salido ya para la costa del Sur los de Bejucal con sus perros, acom- 
pañados de otros diez famosos ranchadores de las cercanírs de la 
Habana (capitaneados por Cabrera el de Guanabacoa) que la noche 
anterior había llegado ocultamente para tomar parte en la aventura. 

"Quarrell y el Capitán Gilpin, tu compañero, salieron para Ba- 
tabanó con Mons. L'Epée. Al teniente del regimiento de Puebla 
(compuesto en su mayor parte de guachinangos/ entregó el pasa- 
porte para disponer la salida de la goleta en que iba a embarcarse 
con los ranchadores y los perros, etc., etc., y fué en seguida a verse 
con los que le esperaban en la Ciénega. Pero el teniente de Puebla se 
encontró con que el pasaporte era diez y como los aventureros pasa- 
ban de cuarenta, se opuso resueltamente a su salida y mandó a la 
Habana un dragón, dando parte a D. Luis de las Casas de lo que 
ocurría y pidiéndole instrucciones. El tal teniente trató íil oficial 
inglés con extremada cortesía, fué obsequiosísimo con él; pero, en 
cuanto le hablaban de faltar a lo que él consideraba su deber ponía 
pie en pared y ni empeños, ni súplicas, ni ofertas de dinero, lo ablan- 
daban. 

"El dragón había salido para la Habana, podía regresar con 
alguna orden de D. Luis de les Casas que malograse la empresa, 
y Quarrell despachó a toda prisa a su agente y a uno de los ran- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 409 



lii*esa. Con un tino y una ligereza admirables, salta sobre su 
contrario, procurando agarrarle las orejas, y una vez conse- 
guido su objeto, clava los dientes con tanta fuerza, que el dolor 
hace sucumbir al negro y entregarse a merced de su contrario, 
el cual se contenta entonces con hacerlo levantar y conducirlo 
a donde están sus compañeros. Pero si el negro no se defiende, 
como sucede casi siempre por el espanto que le causa la pi-e- 



chadores provistos de dinero para que alcanzasen al mensajero y 
con dádivas o de cualquier modo lo detuviesen, aunque fuera matán- 
dole el caballo, mientras veían modo de burlar la vigilancia del te- 
niente de Puebla en Batabanó, y el dragón, según Quarrell, se dejó 
comprar a medio camino. 

"Mientras tanto, por más que los agentes de Quarrell hicieron 
cuanto pudieron por engañar al teniente, no lograron que consin- 
tiese en dejar ir al inglés hasta haber recibido respuesta de D. Luis 
de las Casas. Guardándole todas las consideraciones . imaginables y 
obsequiándolo cuanto le era dable, lo guardó con centinelas de vista 
para que no se le escapase pero la tercera noche fueron tantos los 
chinguiritos costeados por el inglés que la borrachera dio al traste 
con la vigilancia de los soldados guachinangos y cuando a la maña- 
na siguiente echaron de menos al huésped, ya éste se había echado 
mar a fuera con su goleta y sus hombres y sus perros; escapó a la 
persecución de dos guardacostas y después de baraduras, temporales 
y otros contratiempos tomó tierra en Jamaica el 14 de Diciembre a 
las siete semanas de haber salido. 

"El aspecto de los ranchadores y sus perros (que pasaban de 
100) amedrentaron de tal modo a los moradores de Montego Bay, 
cuando desembarcaron, que no quedó casa abierta en el pueblo, ni 
negro que se aventurase a salir a la calle, y pronto corrió de pueblo 
en pueblo la noticia de la llegada de aquella multitud de fieras con- 
ducidas por hombres de feroz apariencia, noticia que no tardó en 
llegar, abultada como es consiguiente, hasta los campamentos de 
los cimarrones. 

"El General Walpole quiso ver a los recién llegados, que debían 
entrar en campaña inmediatamente y fué a encontrarse con ellos 
en el lugar conocido por Seven Rivers, a dos días de marcha de 
Montego Bay. 

"Allí se encontró a los 64 campesinos cubanos, que lo espera- 
ban formados en orden de batalla, como dispuestos a entrar en 
acción inmediatamente. Todos, al decir de los oficiales ingleses que 
los vieron, eran hombres de mediana estatura, pocas carnes y recia 

27 



410 FERNANDO OKTIZ 



sencia de su contrario, no le hace éste mal ninguno, contentán- 
dose con hacerle marchar delante para derribarle a la menor 
tentativa de fuga. Si alguna vez el negro hace armas contra su 
dueño, el perro entonces se coloca detrás de éste, acechando 
con la boca abierta, y espera la señal del ata(|ue, sin tomar 
nunca la iniciativa ; siendo tal el instinto y obediencia de estos 
animales, que aun cuando vean herido a su amo, ni ladran ni 
le defienden sino cuando éste les hace la señal. 



musculatura; tostados del sol, curtidos a la intemperie y de adusto 
semblante; su uniforme: camisa y crlzón de rusia; zapatos de 
venado, un pañuelo en la cabeza, en vez de sombrero y otro pañue- 
lo atado a la cintura; su armamento: machete de cinta, cuchillo y 
tolete, y un par de formidables perros atados con cuerdas de algo- 
dón cuya extremidad llevaban sujeta a la cintura; sus provisiones: 
tabaco y trastos de candela, su equipaje (a retaguardia) una hama- 
ca, un capote, una muda de ropa y un par de zapatos de repuesto, y 
provisión de tabaco. Quisieron armarlos de fusiles, y no aceptaron 
más que tres o cuatro carabinas para otros tantos tiradores de pun- 
tería que iban entre ellos. Cuando les hablaban de las estratagemas 
de los cimcrrones, de sus temibles emboscadas, sorpresas, etc., etcé- 
tera, se reían y pedían que los dejasen ir solos a vanguardia para 
ver si con ellos también valían las emboscadas y si a ellos lograban 
sorprenderlos. 

"Temió el General Walpolc que el fuego de fusilería amedren- 
tase los perros y para cerciorarse de si eran o no fundados sus te- 
mores ordenó que, situados los cubanos a alguna distancia, avan- 
zasen y al hacer una descarga cerrada cargasen con sus perros como 
habrían de hacerlo en caso de pelea. Cargaron los guajiros como si 
fuese de veras, y el estruendo de los tiros, unido a la gritería, enfu- 
reció de tal manera a los perros que arrastraron a sus amos cuando 
quisieron contenerlos, y a duras penas lograron impedir que destro- 
zasen los caballos del coche en que el General había subido huyendo 
de los perros que, por fortuna, iban todos atados y sujetos a la cin- 
tura de los ranchadores. 

"Inmediatamente principió la campaña que suscintamente re- 
fiere Manuel Mariano Acosta, contando el relato de Francisquillo 
Jaime. Pronto concluyó sin efusión de sangre, pues el terror que 
inspiraron los cubanos y sus perros obligaron a los cimarrones a 
rendirse, después de largos años de lucha en que los ingleses mal- 
gastaron grandes cantidades de dinero y no pocos hombres sin lo- 
grar subyugarlos." 



LOS NEGROS ESCLAVOS 411 



"Antes de ayer, tres malhechores que habian devastado 
las cercanías de Marianao. a corta distancia de la Habana, 
después de haber burlado todas las persecuciones de la justi- 
cia, han sido conducidos a la ciudad por dos perros. Cuando 
llegaron junto a la ciudad, uno de los perros, con la boca en- 
sangrentada y el ojo fijo en su presa, se quedó custodiando 
sus prisioneros junto a una zarza, mientras que su compañero, 
corriendo hacia la ciudad, ahullaba, mordía las ropas de los 
que encontraba, e indicaba por señas ingeniosas el sitio donde 
se hallaban los presos. Al fin consiguió hacerse entender, y 
condujo al alcalde al lugar donde el otro pen*o, fiel a su deber, 
custodiaba a los malhechores, que estaban medio muertos, ten- 
didos sobre la yerba. Uno de aquellos desgraciados tenía la 
mejilla destrozada, y todos tres habían sido gravemente heri- 
dos en el combate. 

" — Tía mía. ¿esos perros deberán ser muy forzudos? 

" — Xo lo parecen, sin embargo; se asemejan mucho a los 
lebreles; pero su piel es más dura y el color más claro. Las 
gentes del campo no se ponen nunca en camino sin ir acom- 
pañados de su jauría, con cuya escolta atraviesan sin temor 
los bosques salvajes, donde la justicia de los hombres no ha 
peneti*ado nunca y muchas veces suelen deber la A-ida a sus 
compañeros de viaje." 

De tales perros, que fueron ya usados por los españoles 
contra los indios en la conquista, (^) dice con su acostumbrado 
tino el einidito Agustín G. de Amezúa en sus comentarios al 
cervantino Coloquio de Jos Perros (^) que las novedades estu- 
j)endas con que nos viene atronando los oídos los periódicos 
con motivo de los perros policías, "en España e-staban ya olvi- 
dados de puro sabidas en los siglos xat y xvii" y conocidos 
eran los tales canes por aquel entonces con el nombi*e de perros 
de ayuda. En la citada novela de Cer^-antes. en los Comenta- 
rios del Desengañado, de D. Diego Duque de Estrada y en 



(1) Oviedo. Ob. cit. T. I, pág. 547. T, II, págs. 172 y 181. 

(2) El casamiento engañoso y eJ coloquio úe Jos perros. Ma- 
drid, 1912, págs. 516 y sigts. 



412 FERNANDO ORTIZ 



otras publicaciones de aquellos tiempos se da razón sobrada 
de tales perros de ayuda y de la buena que proporcionaban a 
sus amos, alguaciles y cuadrilleras, así en las rondas noctur- 
nas, como en la persecución de foragidos, o en las contiendas 
con la entonces alborotada hampa de las cárceles. Y añade 
irónicamente Amezúa que los escritores políticos de aquellos 
tiempos, reputaban, empero, bárbaro e inhumano el uso de 
esos alanos y lebreles (hlood Jiounds, diríamos hoy) como 
puede verse en Bobadilla (^) y en Alonso de Villadiego. {^) 
Tales perros fueron usados también en África y a bordo de 
los barcos de la trata. (^) 

A veces los esclavos fugitivos se reunían y se concentra- 
ban en lugares ocultos, montañosos y de difícil acceso (*) con 
objeto de hacerse fuertes y vivir libres e independientes, lo- 
grando en algunos casos el establecimiento de cultivos a estilo 
africano, y hasta colonizar cuando conseguían, caso frecuen- 
te, unirse con algunas negras horras o cimarronas. Los escla- 
vos en tal estado de rebeldía se decían apalencados y palen- 
que se llamaba a su retiro. 

Los principales palenques de los negros, como antes de los 
indígenas, fueron en las abruptas cordilleras de Oriente y de 
Pinar del Río, así como en la Ciénega de Zapata, donde varios 
cayos se llaman aún del negro o de los negros por tal motivo: 
En Vueltabajo las lomas del Cuzco, fueron las preferidas has- 
ta loe últimos días de la esclavitud. En Oriente fué célebre el 



(1) Política para Corregidores, t. I, pág. 286. (Cita de Amkzu.\). 

(2) Instrucción política y práctica judicial conforme al estilo 
de los Consejos. Audiencias y Tribunales. .M?Láv\á, 1612, (Cita de 
Amezua). 

(3) BuxTON. Ob. cit., pág. 143. 

(4) Los negros al huir por las maniguas y montes, procura- 
ban no dejar rastro, no cortando ramaje alguno; pero éste, sin em- 
bargo, lo encontraban los ranchadores porque en el monte virgen y 
espeso quedaban algunos ramajes abatidos o rotos, a lo cual se lla- 
ma monte aballQdo, se^ún Pichakdo, 



tos NEGROS ESCLAVOS 4Í3 



gran palenque de Moa o del Frijol (^) a comienzos del siglo 
pasado. 

Las armas de los apalencados no podían ser más pri- 
mitivas: los machetes de las plantaciones, flechas de madera 
recia, estacas clavadas en el suelo, y hasta lanzas de hierro, 
" eonsti-uídas por los mismos negros," (-) no obstante lo cual 
los palenques vivieron, renovándose una y otra vez, lo que la 
esclavitud duró y a su extinción se dedicaron siempre buenas 
sumas por el gobierno. 

El barón A. de Humboldt hubo de escribir (^) respecto a 
los cimarrones: "Antes del año 1788 había muchos negros ci- 
marrones en las montañas de Jaruco, donde estaban algunas 
veces apalancados, es decir, que formaban para su defensa 
común unos pequeños retrincheramientos, amontonando tron- 
cos de árboles. Los marrones nacidos en África o bozales son 
fáciles de coger; porque la mayor parte, con la- vana esperan- 
za de hallar su tierra, marchan día y noche hacia el este. Están 
tan extenuados de fatiga y de hambre cuando se les coge, que 
sólo se les conserva la vida, dándoles durante muchos dias 
pequeñas cantidades de caldo. Los marrones criollos se ocultan 
durante el día en los bosques y roban víveres por la noche. El 
derecho de coger a los negros fugitivos sólo correspondió hasta 
1790 al alcalde mayor provincial, cuyo empleo era hereditario 
en la familia del conde de Bárrelo. Hoy todos los habitantes 
pueden coger a los negros marrones, y el propietario del escla- 
vo paga, además del alimento, cuatro pesos duros por cada uno. 
Si se ignora el nombre del dueño, el Consulado emplea a los 
marrones en los trabajos públicos. Esta caza de hombres que 
ha dado una celebridad funesta a los perros de la isla de Cuba, 
tanto en Haití como en la Jamaica, se hacía del modo más 
cruel, antes del reglamento de 20 de Diciembre de 1796." 



(1) Emilio Bacabw Mobeau. Crónicas de Santiago de Cuba. 
Tomo II, pág. 96. 

(2) Bacabdi. Loe. cit, pág. 96. 

(3) Ensayo político, etc. 



414 FERNANDO OBTIZ 



Varias disposiciones se dictaron para impedir este roho de 
si mismo. 

Ya en el famoso código castellano de Las Siete Partidas, 
hallamos (título iv, de la setena partida) ocho leyes encamina- 
das al castigo de los sierv'os que furtan a si mismos cuando 
fuyen de sus señores con intención de non tornar a ellos, y al 
de sus encubridores. 

Pero la legislación indiana consideró ineficaces estas le- 
yes de la metrópoli para su especial servidumbre y se dictaron 
varias medidas para evitar la cimarroneria, amén de los redo- 
blados castigos impuestos por los amos en los ingenios, cepo, 
maza, azotes, etc. (^) 

En 22 de Abril de 1526 por Real Cédula se dispuso para 
Nueva España que los negros esclavos se casaran y libertaran 
después de transcurrido cierto tiempo y entregar ellos a sus 
amos veinte marcos de oro; con el objeto de evitar fugas y 
alzamientos. (-) Bien pronto debió estimarse esta medida 
como ineficaz, cayéndose a menudo en el extremo opuesto. 

El gobernador Manuel de Rojas en 1533 habiendo matado 
en las minas de Jobabo a cuatro negros huidos, llevó sus cadá- 
veres a Bayamo y allí fueron descuartizados y puestas sus 
cabezas en "sendos palos," según el propio Rojas escribió en 
10 de Noviembre de 1534 al Emperador. {■") 

No debieron ser escasos los abusos en la represión, llegán- 
dose hasta la castración de los cimarrones, como se castraron 
los indios. Así dice la ley xxiii del tít. 5" del Libro 7 de las 
Leyes de Iridias, que es una R. C. de 15 de Abril de 1540. 

"JVEandamos, que en ningún caso se ejecute en los negros 
cimarrones la pena de cortarles las partes, (^ue honestamente 
no se pueden nombrar, y sean castigados conforme a derecho 
y leyes de este libro." 



(1) En las plantaciones al negro cimarrón a veces se le conde- 
naba a gritar siempre a su paso por ante los demás esclavos: ¡ahí va 
Fulano, cimarrón! Era como un ¡centinela, alerta! 

(2) HiíKRKKA. Década III. Lib. 10, cap. 8. 

(3) Saco. Hist. etc. T. I, pág. 162 



LOS JíEOkOS ESCLAVOS 415 

Xo podía esta pena repugnar a los primitivos pobladores 
pues allá en España al esclavo cimarrón se usó lardarlo. Así 
dice un personaje cervantino en La Git anilla: "que me lar- 
deen como a un negro fugitivo." Bárbaro castigo éste, dice 
Rodríguez Marín, (^) según el cual y Covarrubias lardar y 
pringar lo que se asa o los escíav(» es lo mismo. Covarrubias 
se queja de esa inhumanidad de los esclavos pringados o lar- 
deados. 

En cambio más tarde se trató de atraer a los cimarrones 
de Indias por la amnistía otoi*gada inútilmente por Carlos II 
en 1540 y después por Felipe II en 1574. Este procedimiento 
no dio resultado y hubo que regular el derecho penal de los 
cimaii-oues. 

De 11 de Febrero" de 1571 es una R. C. incluida en las 
Leyes de Indias, que dice: 

"En la provincia de Tierra Firme han sucedido muchas 
muelles, robos y daños hechos por los negros cimarrones, alza- 
dos y ocultos en los términos y arcabucos : Y para remediarlo, 
mandamos que al negro o negra ausente del serv-icio de su 
amo cuatro días, le sean dados en el rollo (-) cincuenta azotes, 
y que esté allí atado desde la ejecución hasta que se ponga el 
sol : y si estuviere más de ocho días fuera de la ciudad una 
legua, le sean dados cien acotes, puesta una calza de hierro al 
pie con un rainal, que todo pese doce libras, y descubiertamen- 
te la traiga por tiempo de dos meses, y no se la quite, pena de 
doscientos azotes por la primera vez: y por la segunda otros 
doscientos azotes, y no se quite la calza en cuatro meses, y si 
su rimo se la quitare inciu'ra en pena de cincuenta pesos, re- 
partidos por tercias partes iguales que aplicamos al Juez, de- 
nuncia<ior y obras públicas de la ciudad, y el negro tenga la 
ea'xa hasta cumplir el tiempo. 

■ ■ V cualquier negi'O o negra huido y ausente del senecio 



(1) Cervantes. Novelas Ejemplares. T. I. Ed. de "La Lectu- 
ra." Madrid. 1914, pág. 67. 

(2) Rollo. Tanto quiere decir como picota. Es voz castiza cas- 
tellana. Véase C. Bebxaloo dk Quiros. La Picota. Madrid, 1907, 



416 FERNANDO ORTIZ 



de su amo, que no hubiere andado con cimarrones y estuviere 
ausente menos de cuatro meses, le sean dados doscientos azotes 
por la primera vez : y por la segunda sea desterrado del Reino, 
y si hubiere andado con cimarrones le sean dados cien azo- 
tes más. 

"Si anduvieren ausentes del servicio de sus amos más de 
seis meses con los negros alzados, o cometido otros delitos gra- 
ves, sean ahorcados, hasta que mueran naturalmente. 

"Cualquier vecino o morador de aquella provincia, o 
que tuviere en administración su hacienda, si se le fuere o au- 
sentare negro o negra del servicio, tenga obligación a lo mani- 
festar y declarar dentro de tercero día ante el Escribano de 
Cabildo de la ciudad. 

"Y si el amo del negro no lo manifestare dentro del di- 
cho tiempo, incurra en pena de veinte pesos de oro, aplicados 
por tercias partes al Juez, denunciador y obras públicas : y el 
Escribano de Cabildo no lleve ningunos derechos por la mani- 
festación ; y si no lo asentare, incurra en pena de dos pesos 
para los presos de la cárcel, y tenga una libro aparte donde 
asiente las manifestaciones." 

Posterior es la ya copiada de 22 de Junio de 1574. 

Por esos tiempos, la religión católica por medio de sus 
ministros, extremó también su celo para castigar a los cima- 
iTones. Gracias a la prodigiosa y erudita labor de Henry 
Charles Lea (^) sabemos hoy que para el Santo Tribunal de 
la Inquisición el intento de escapar de la esclavitud era una 
apostasía, punible como tal si se frustaba, y expiable si tenía 
éxito por medio de auto de fe en el cual el cimarrón era que- 
mado en efigie. Lea, bien documentado siempre, cita el caso de 
un auto de fe celebrado en Canarias por el Dr. Zayas, visita- 
dor, en 24 de Junio de 1576, en el cual se quemaron en efigie 



(1) The Inquisition in the Spanish Dependencies. New York, 
1908, pág. 169. Es un brillantísimo apéndice a su monumental estu- 
dio sobre la Inquisición española: A Mstory of the inquisition in 
Spain, 4 vol. y otros volúmenes vergonzosamente no traducidos 
sobre historia religiosa de España. 



LOS^KEGROS ESCLAVOS 417 

siete esclavos negros huidos a Marruecos, del ingenio de azú- 
car de su ama doña Catalina de las Cuevas (^) en Orotava. 

De esta época son las ya citadas Ordenanzas de C áceres, 
entre cuyos preceptos hállanse algunos que tratan del mal de 
los cimarrones, los cuales por su interés y elocuente significa- 
ción transcribo a renglón seguido : 

"58. — Porque algimas personas aeojen en sus estancias y 
liatos negros fugitivos y cimarrones, y les dan de comer y se 
sir\'en de ellos en sus estíincias y hatos muchos días y algunas 
veces los compran a sus amos diciendo que los compran a sus 
aventuras, si los hallaren y los dueños de los tales esclavos 
por andar alzados y fugitivos y no saber de ellos los venden 
por mucho menos precio de lo que valen, y hay otros fraudes 
y engaños: Ordenamos que ninguna persona pueda acoger y 
dar de comer a negro fugitivo en su estancia y hato, ni lo aco- 
jan, ni den de comer ningún estanciero ni mayoi*al, ni se sirva 
de él so pena que si lo ac(^ere o diere de comer o sirviere de 
él algún día se procederá contra él, como contra receptadores, 
y encubridores, y que esté obligado a pagar a su amo todos los 
jornales que podría ganar desde el día en que así se sirviere 
de él hasta que vuelva a poder de su amo, aunque se huya y 
si no pareciere más que pague a su amo el valor del tal esclavo. 
Y porque nadie pueda alegar ignorancia diciendo que no an- 
daba fugitivo y que es usanza de la tierra dar de comer y aco- 
ger cualquier esclavo que va de camino, que se entienda ser 
fugitivo el esclavo que se estuviere en cualquier hato o estan- 
cia más de un día, le diere de comer y acojiere que no pueda 
alegar ignorancia diciendo que no sabía que andaba fugitivo. ' ' 

"59. — Que cualquier estanciero y mayoral pueda apre- 
hender y prenda a cualquier negro cimarrón o fugitivo sin 



(1) Lee toma estos datos de Agustín Mili.ares. Historia de la 
Inquisición en las Islas Canarias. Las Palmas de Gran Canaria. 
1874. T. II, págs. 57 a 61, y del Catallogue of a Collection of original 
manuscripts formerly helonging to the Holy Office of the Inquisi- 
tion in the Century Islands and now in possession of the Murquis 
of Bute, by W. De Gbat Bibch. Edinburgh, 1903. 



418 í'EENANDO ORTIZ 



pena ni calumnia alguna, con que lo lleve luego ante el juez, 
y no pudiendo ni teniendo recado para ello, dé luego aviso a 
su amo y a la justicia de cómo lo tiene preso en los cepos que 
en los dichos hatos y estancias están obligados a tener. ' ' 

' ' 60. — Que porque muchos se sirven .de sus esclavos y no 
les dan de comer y vestir para cubrir las carnes, de lo cual se 
sigue que los tales esclavos andan a hurtar de las estancias 
comarcanas para comer, y de los tales malos tratamientos 
vienen a se alzar y andar fugitivos : ordenamos y mandamos 
que todos los que tuvieren negros en estancias, hatos o criade- 
ros de puercos y otras cosas, les den comida suficiente para el 
trabajo que tienen, y que asimismo les den esquifación dos 
pares de zaragüelles o camisetas de cañamazo cada año por lo 
menos, y no les den castigos excesivos, y crueles, y que para 
ver si se les cumple esto, y como son tratados, los alcaldes de 
esta villa, el uno el mes de Marzo y el otro el mes de octubre, 
sean obligados a visitar los hatos y estancias ; de informarse 
del tratamiento de los dichos negros; si les han dado la dicha 
comida y caloña, y si hallaren negros incorregibles, y que al- 
teran los otros, mandar a su amo los saque a vender fuera de 
la tierra." 

"61. — Porque hay muchos que tratan con gran crueldad 
sus esclavos, azotándolos con gran crueldad y mechándolos 
con diferentes especies de resina, y los asan, y hacen otras 
crueldades de que mueren, y quedan tan castigados y ame- 
drentados que se vienen a matar ellos, y a echarse a la mar, o 
a huir o alzarse y con decir que niató a su esclavo no se pro- 
cede contra ellos : que el que tales crueldades y excesivos cas- 
tigos hiciere a su esclavo, la justicia lo compela a que lo ven- 
da el tal esclavo y le castigue conforme al exceso que en ello 
hubiere hecho." 

"62. — Que porque muchos negros se van a las montas y 
arcabucos y andan mucho tiempo alzados y fugitivos, y no 
pueden bien ser presos si no fuese por los mayorales y estan- 
cieros donde algunas veces, o por los vaqueros de los criade- 
ros de puercos : ordenamios y mandamos que el tal negro fugi- 
tivo que cualquiera le pueda prender y que el estanciero o 



LOS NEGROS ESCLAVOS 419 



mayoral o vaquero, u otra cualcjuier persona que prendiere 
negro fugitivo fuera de esta villa hasta dos leguas, le dé y 
pague el señor del esclavo cuatro ducados, y si le prendiere 
más lejos de las dichas veinte leguas hasta cuarenta leguas 
le dé doce ducados, y si lo prendiere de cuarenta leguas en 
adelante, le pague quince ducados." 

"80. — Porque los negros fugitivos puedan ser presos en 
el campo, y los demás en las estacias y hatos puedan ser cas- 
tigados: mandamos, que los que tuvieren estancias con bu- 
xíos, y los que tuvieren hatos y criaderos de puercos, estén 
obligados a tener y tengan cepo en los tales hatos, y con este 
cargo, se les dé, y conceda tal licencia, y el que tuviere hato, 
en los tales hatos o criaderos de puercos sin cepo, pague un 
ducado para el arca del consejo.'' 

Entre estas prescripciones legales sobresale una bastante 
remota para evitar la reincidencia de los cimarrones, procu- 
rando la comprobación de la reincidencia por un medio empí- 
rico, a falta de uno de los modernos sistemas científicos de 
identificación. Según acta del Cabildo de la Habana, de 15 de 
Enero de 1610, al cimarrón debía cortársele una oreja o la na- 
riz para que si volvía a huir "se le conozca." (*) 

En 1619, las medidas represivas se intensificaron median- 
te la R. C. de 14 de Septiembre de Felipe III, que dijo: 

"Porque en ca.sos de motines, sediciones y rebeldías con 
actos de salteamientos y de famosos ladrones, (jue suceden en 
las Indias con negros cimarrones, no conviene hacer proceso 
ordinario criminal, y se debe castigar las cabezas ejemplar- 
mente, y reducir a los demás a esclavitud y servidumbre, pues 
son de condición esclavos y fugitivos de sus amos, haciendo 
justicia en la causa y excusando tiempo y proceso: Mandamos 
a los Virreyes, Presidentes, Gobernadores y a las justicias a 



(1) Véase El Curioso Americano. (Habana, Abril de 1893, pá- 
gina 131). En el código de Ammurabí, rey babilónico, que reinó 
hace más de cuarenta siglos, se lee: "Si un esclavo dice a su dueño: 
"No eres tú el amo mío;" convicto que sea de ello, éste podrá cor- 
tarle las orejas." (Disposición núni. 82). 



420 ÍERNANbO 0ÉTI2 



quien toca, que así lo guarden y cumplan en las ocasiones que 
se ofrecieren." 

De 3 de Septiembre de 1624 (Ley xvii tít. xviii, libro 8 
de Leyes de Indias) es la primera disposición de carácter fis- 
cal referente al pago de cimarrones capturados en Cartagena 
de Indias. 

Los bozales perdidos que no podían indicar quiénes eran 
sus amos o los cimarrones eran recluidos en la cárcel y desti- 
nados a alguna obra pública, como las fortificaciones, cons- 
trucción de buques de guerra en el arsenal, etc. Natural era 
esto en una época, cuando los presos de la cárcel de la Habana 
no recibían otro alimento que el que les llegaba del exterior 
por amor de familiares o por limosna de buenas gentes, (^) 
Del mismo siglo xviii son algunas bandos de policía o buen go- 
bierno por los Capitanes Generales de Cuba, Jáuregui, Unza- 
ga, Bucareli y Las Casas, prohibiendo que los negros esclavos 
tengan accesorias, hugios o habitaciones alquiladas fuera de 
las casas de sus amos. 

Con estas disposiciones tan sencillas se llegó a 1796 en 
que se promulgó por Real Orden de 20 de Diciembre el primer 
Reglamento de Cimarrones, el cual fué después reformado por 
Real Cédula de 7 de Febrero de 1820 y R. O. de 22 de Abril 
de 1822, circulada en Cuba por acuerdo de la Junta del Con- 
sulado y agregado al Bando de Buen Gobierno de 14 de No- 
viembre de 1842. Este Reglamento, elogiado por A. Humboldt, 
fué debido a la pluma de F. Arango y Parreño, según su pane- 
girista Anastasio Carrillo y Arango. 

En este reglamento se define el concepto legal de los apa- 
lencados o los cimarrones que en número de 7 lleguen a reu- 
nirse. Se estableció un registro de esclavos huidos, impo- 
niéndose a los amos la obligación de denunciar las fugas. 

Los capitanes de partido tuvieron la obligación de visi- 



(1) Papel Periódico de la Habana, núnis. de 25 Noviembre y 2 
de Diciembre de 1792. Los amos al recoger los esclavos presos debían 
en aquel entonces pagar sus dietas o estancias a razón de un real 
diario. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 421 



tar mcnsiiálmente los palenques y rancherías de cimarrones 
que se formasen en su jurisdicción, lo que prueba cómo aqué- 
llos se renovaban constantemente, de un mes a otro mes. Asi- 
mismo se dieron algunas reglas para humanizar su aprehen- 
sión y devolución a los araos de los que no fueren cabeza de 
motín. 

Se definió al cimarrón diciendo que era el esclavo que se 
encontrase a tres leguas de la hacienda de criar o a legua y 
media de la hacienda de labor, sin papel (licencia) del amo, 
mayoral o mayordomo, o con papel que pasase de un mes de 
fecha. Cualquiera podía aprehenderlo, y devolverlo dentro de 
setenta y dos horas al amo o al juez del partido, pagando aquél 
los costos de h captura y demás. En la ECabana se estableció 
por el Consulado un depósito de cimarrones donde esperaban, 
trabajando en obras públicas, la reclamación del amo. Se fijó 
un minrcioso arancel de indemnizaciones y costos y otro de 
penas a los infractores del reglamento, con todo lo cual se 
creyó reprimir los palenques y cimarrones. Por la Instrucción 
de Jn-eces Pedáneos de 14 de Noviembi"e de 1842 se dispuso 
que en los incendios en el campo, se procurase prescindir de 
los esclavos para apagarlos y tener bien seguros y recogidos a 
los de las fincas vecinas ; amén de algunos preceptos procesales 
para facilitar la tramitación de la captura de ciman-ones. 

Con fecha 1" de Diciembre de 1845 se promulgó un nue- 
vo Reglamento de Cimarrones (^) ampliando las prescripcio- 
nes del anterior. Por el nuevo reglamento se consideró cima- 
rrón en las poblaciones al esclavo que pemocta.se fuera de su 
casa sin licencia de su amo. y en los campos al que se encon- 
trare sin licencia a una legua del lindero de la finca a que 
correspondiese. 

La inserción íntegra del mismo en otro lugar de este libro, 
me exime de su análisis. Baste aquí llamar la atención sobre el 
art. 12 demostrativo de que en aquellos tiempos se daba el 
caso de que se apresase un esclavo ausente de su finca con pa- 



(1) Véase en el Apéniice. 



422 FERNANDO ORTIZ 



peí o licencia, y se le arrebatase ésta para hacerlo pasar por 
cimarrón, con el objeto de beneficiarse en el cobro de la prima 
correspondiente. Nueva faceta de aquel poliédrico crimien de 
la esclavitud. 

En fin, en 27 de Hayo de 1879 se dispuso por Real Decre- 
to que rigiera en Cuba el Código penal que aún rige, y allí 
encontramos los últimos preceptos de la legislación contra ci- 
marrones, condenando en un artículo (542) al cimarrón por el 
robo de sí mismio. "El esclavo, dice, que se fugase con inten- 
ción de quebrantar su servidumbre, será castigado con la pena 
de arresto mayor." Después (art. 543 y 544) condena a los 
inductores. Artículos éstos incluidos en el título xiii del libro 
2^ referente a los delitos contra la propiedad. 

Los cimarrones detenidos eran mientras no se hallaba al 
amo, depositados en la Real Casa de Beneficencia en la 
Habana. 

Pero los esclavos se fugaron siempre. Huir de la servidum- 
bre del amo con el solo riesgo de entrar en la a veces más tole- 
rable servidumbre de la pena, y tras días, o meses... o años del 
goce de la libertad, fué siempre tentación explicable en los 
esclavos de firme carácter y saliente personalidad. Así es que 
jamás cesaron de verse en los periódicos de Cuba, mientras 
hubo esclavos, anuncios de siervos prófugos, ofreciendo re- 
compensas a los captores y amenazas a los encubridores. Véan- 
se los que siguen por vías de ejemplo : 

"La negra Rosario, criolla, conocida por La Conga, ha 
desaparecido de la casa de su amo, calle de Crespo núm. 68, 
es de 13 años de edad; alta, ojos grandes, el labio inferior 
grueso, vestida de percal morado : se hace responsables a daños 
y perjuicios a quien la ocultare." 

"La negra Teresa, conga, como de 18 a 20 años de edad, 
estatura regular y con una cicatriz en un carrillo, al fugarse 
de la casa de su amo lo hizo co^i un grillo en un pie del que 
pendía una cadenita delgada, vestía túnica de listado de cuar- 
tos azules, manta y pañuelo atado a la cabeza. Se gratificará 
con una onza de oro a quien dé razón de ella, haciendo respon- 
sable al que le proporcione abrigo. Galiano núm. 35. ' ' 



LOS NEGKOS ESCLAVOS 423 



"El día 17 de Noviembre del presente año se ha fugado 
de la casa calle de los Oficios, iiúm. 72, el negro Apolonio. crio- 
llo, como de 45 años de edad, es de oficio cocinero, repostero, 
calesero, zapatero y despalillador de tabacos, de estatura alta, 
es medio calvo, tiene un lohanillo en la parte inferior de la 
frente, una cicatriz de herida en el lado izquierdo del cuello, 
le falta un diente en la encía superior, fué comprado a don 
Victoriano Pagés, y dijo haber estado colocado de cocinero en 
casa de FeíTer : al que lo entregue o dé razón cierta de su pa- 
radero se le gratificará con 34 pesos fuertes." (') 



(1) De £Z ^iglG. Copiados por El AtolUionista Español. Ma- 
drid, 15 Enero 1866, 



CAPITULO XXIII 



SJJl^J^TiTO: INSURRECCIONES NEGRAS EN CUBA.— Le- 
vantamientos de negros. — Su antigüedad. — Su historia. — Su 
constancia. — Su trascendencia. 

Xo faltaron en Cuba rebeliones colectivas de esclavos, 
aiiaque sin la trascendencia que alcanzaron en la vecina 
Antilla. 

Desde antiguo el temor a las rebeliones fué siempre justi- 
ficado y constante. En 1514 ya se quería prohibir la importa- 
ción de esclavos por miedo a alzamientos, en la Española. (^) 
Como dice Saco: (-) ''Temiéndose ya en la Española desde 
1514 la influencia de los negros, el rey D. Femando usó del 
siguiente lenguaje, contestando á Suarez de Deza, Obispo de 
la Concepción en aquella isla: "Para más pronto acabar la 
iglesia, podréis pasar diez esclavos: decís que ahí aprueban 
los esclavos negros, y que convendría fuesen más por ahora: 
siendo varones no, pues parece que hay muchos, y podrá traer 



(1) Carta del Rey al Tesorero. Saco. Historia de la Esclavitud 
de la raza africana, etc. T. I, pág. 81. 

(2) Colección Postuma, etc., pág. 309. 



á26 FERNANDO OKTIZ 



inconveniente." (^) Los habitantes de la isla de Santo Domin- 
go, alarmados con la muchedumbre de negros que ya tenían en 
1520, no pidieron como se hace hoy entre nosotros, que se in- 
trodujesen nuevos africanos, sino que se dejase pasar á ella 
blancos de cualquier na-cion. {^) Oviedo deploraba desde el 
primer tercio del siglo xvi la condición de Santo Domingo, 
pues dlice que con los ingenios había ya tantos negros, que 
aquella tierra parecía una efigie ó imagen de la mesma Gui- 
nea. (^) Pocos años después, el emperador Carlos V, presin- 
tiendo los males que la muchedumbre de negros ocasionaría en 
sus posesiones del Nuevo Mundo, mandó que su número no 
excediese de la cuarta parte de los blancos, y que estos estu- 
viesen bien armados." (*) 

Ya en 1522 por haber ocurrido un levantamiento de unos 
cuarenta negros de Santo Domingo en un ingenio de D. Die- 
go Colón (^) y otro en 1527 en Puerto Rico, se dictó una cé- 
dula prohibiendo la importación de negros en las Indias Occi- 
dentales procedentes de ciertas tribus feroces, así como prohi- 
bióse que hubiese en las Indias más de un negro por cada tres 
blancos. En Septiembre de 1532 otra ley prohibe la introduc- 
ción de negros de la isla de Gelofe ''porque esta casta, de ne- 
gros soberbios, inobedientes, revolvedores e incorregibles, era 
la causa de los levantamientos y muertes de cristianos que 
habían sucedido en Puerto Rico y en las otras islas." Repeti- 
das veces esclavos procedentes del golfo de Benín o de los Ca- 
labares, según dice Ferrer de Couto (^) lograron sublevarse 



(1) Este papel existe en la interesantísima y ya citada Colec- 
ción de Documentos inéditos por D. Juan Bautista Muñoz. 

(2) Herrera, Dec. 2.\ lib. 9, cap. 7.° 

(3) Oviedo, Historia Natural y General de las Indias, libro 5.°, 
capítulo 4." 

(4) Herrera, Dec. 3.", lib. 5.°, cap. 8." 

(5) José M. F. de Arrate. Llave del Nuevo Mundo. En "Los 
tres primeros historiadores de Cu'ba." Título I, pág. 71. Oviedo. Obra 
citada, T. I, pág. 108. 

(6) Los negros en sus diversos estados y condiciones tales co- 
mo son, como se supone que son y como de'ben ser. New York, 1864, 
página 82. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



427 



con éxito durante la navegación a bordo del buque que los con. 
ducía a Cuba. (O 

Estas rebeliones a bordo de los buques negreros fueron 
según P. de Vaissiére, (-) bastante frecuentes, y las represio- 
nes de las mismas, horribles por los refinamientos de crueldad 
que a menudo traían como consecuencia. Cuenta el autor cita- 
do que en 1724 un capitán negrero hizo degollar al cabecilla 
del motín, lo hizo partir en 300 pedazos y obligó a cada escla- 
vo superviviente a comer uno de los trozos, confiando en ese 
canibalismo penitenciario para intimidar a los otros. Pueden 
leerse algunas descripciones de estos amotinamientos de es- 
clavos en los buques de la trata en el interesante libro del 
capitán negrero William Snelgrave. (^) 

Llegaron una vez en Cuba a ponerse del lado de los pira- 
tas, coi-sarios o filibusteros que infestaban las Antillas. Así en 
1538 los negros esclavos saquearon la Habana junto con los 
corsarios franceses que la asaltaron, si bien no es menos cierto 
que el año anterior otro corsario francés que entró en la misma 
villa, huyó después temiendo que echasen a pique su barco 



(1) Véase una indicación de las antiguas rebeliones negras en 
el Continente y Antillas en la obra de G. Scelle La traite negriere 
au^ Indes de Castille. T. I. págs. 167 y sigts. En 1529 una subleva- 
ción de negros destruyó a Santa Marta. En 1531 la hubo en Panamá. 
En 1533 se unieron a la rebelión de indios de la Española muchos 
negros, sosteniéndose alzados por unos diez años. En 1537 estalló 
en ^féxico y el virrey suplicó se suspendiera el envío de esclavos. 
En 1545 en Cartagena, en 1548 otra en Santo Domingo y en San 
Pedro de Honduras, en 1552 en Panamá y Venezuela, etc. Todos los 
grandes rebeldes blancos, contaron con el auxilio de los cimaiTones, 
como Francisco Hernández Girón, en el Perú, y Juan Gaetan. en 
Honduras y Guatemala. 

(2) Saint-Domingue. París. 1909, pág. 161. 

(3) A neiv account of fome parts of Guinea and the Slave 
trade. London, 1734, pág. 162 y sigts. El libro 2." se dedica en gran 
parte a este tema. 



428 FERNANDO ORTIZ 



los negros zahidlidores e indios que había en la Ha- 
bana. C^) 

Algunas veces hubo negros que hicieron causa común 
con los infelices indios sojuzgados también a la tiranía de los 
conquistadores. Parece deducirse de esta cita de Bachiller y 
Morales: "La ciudad de Santiago en 22 de Abril de 1540 al 
Emperador decía : convendrá que V. M. cada año eche de sisa 
300 pesos para acabar con los cimarrones. De lo contrario po- 
drían ahuyentarse los indios mansos con los cimarrones y con 
ellos algunos negros de mala intención como han ayuntado 
seis o siete negros que están presos por ello." Los negros no 
tuvieron que hacer sino seguir el ejemplo de los indígenas que 
se insurreccionaron repetidas veces contra los dominadores 
blancos, que los aniquilaban inhumanamente con el régimen 
de las encomiendas. 

Indudablemente hasta principios del siglo xix debieron 
de ocurrir en los campos de Cuba insurrecciones de negros que 
culminarían con la muerte de los rebeldes o con el manteni- 
miento durante más o menos tiempo de palenques recóndi- 
tos; pero tales acontecimientos no nos han sido trasmitidas. 
La dificultad de comunicaciones y la relativamente escasa 
trascendencia que para aquellos tiempos de aventuras tenía el 
hecho de sublevarse algunos negros, aparte del interés en 
ocultarlas para impedir el ejemplo y la imitación, estorbaron 
su consignación en las crónicas. Esto, no obstante, en 1528 
hubo de ordenarse públicamente "que no se llevasen a Cuba 
negros de la Española, porque se huían de ella, y que quinien- 
tos negros holgazanes y de malas costumbres que andaban 
esparcidos por las islas fuesen herrados y echados de ella, por- 
que incitaban a los esclavos domésticos a que se alzasen," lo 
que demuestra la frecuencia de las rebeliones. Estas, aunque 
de corta duración, dada la escasa población blanca de aquel 
entonces, no carecían de verdadero peligro. Así se comprende 
que en 1538, cuando el Ledo. Bartolomé Ortiz llegó a Santia- 



(1) De un manuscrito del Archivo de Simancas citado por 
Saco. Ob, cit. T. I, pá$. 169, 



Los NEGROS ESCLAVOS 429 



go de Cuba como Alcalde Mayor, hallase alzados negros que 
matando a españoles y a indios aterraron tanto la población, 
que nadie osaba andar por la tierra. (^ Otras providencias 
reales se dictaron durante el siglo xvi contra los cimarrones 
y (^) negros rebeldes. 

Pero ya en 1619 se consagra la realidad y trascendencias 
de las sublevaciones negras en todas las Indias, al verse obli- 
gado Felipe IV en Lisboa a ordenar en 14 de Septiembre de 
dicho año "que en caso de motines, sediciones y rebeldías con 
actos de salteamientos y de famosos ladrones que sucedían en 
las Indias con negros cimarrones, no se hiciese proceso ordina- 
rio, etc. (^) Eu 1627 Fray Alonso de Sandoval en su célebre 
obra (*) daba el alerta contra el peligro de las rebeliones ne- 
gras diciendo: "... el exceso es muy ocasionado a cualquier 
desconcierto, no porque se debe temer que los esclavos se alcen 
contra la república, que en corazones serviles raras veces cu- 
pieron pensamientos altos, sino que por el amor de la libertad 
es muy natural y a trueque de conseguirla se podrían juntar a 
procurarla y a dar la vida por ella. ' ' 

En el primer tercio del siglo xviii, cuando el almirante 
inglés Hossier amenazaba a la Habana, cinizaudo con su escua- 
dra frente a ella, creyeron los afrocubanos llegada la hora de 
su libertad, estallando en algunos ingenios al sudoeste de aqué- 
lla, una insurrección de negros a pesar de las draconianas me- 
didas que contra ellos promulgó en 1610 el Cabildo habanero; 
mas fueron dominados, sin que presentaran gran resisten- 
cia. (^) Pocos años después, el 24 de Julio de 1731, se alzaron 
en armas todos los esclavos de las minas de Santiago de Cuba, 
declarándose libres, protestando contra los atropellos e infa- 
mias de que eran víctimas; pero se redujeron pacíficamente a 



(1) Carta al Consejo de Indias por el Ledo. B.\btolome Obtiz, 
30 de Marzo de 1539. Cita de S.\co. Ob. cit. T. I, pág. 174. 

(2) Véanse en Saco. Ob. cit, pág. 221 y sgts. 

(3) Recopilación de Leyes de Indias, lib. I, tít. 22. ley 8. 

(4) De Instaurada Aethiopum Salute, pág. 1, lib. 1, cap. 27. 
(Cita de S.\co). 

(5) S.\co. T. I, pág. 300. 



430 FERNANDO ORTIZ 



la obediencia, por más que constantemente perturbaban la 
tranquilidad de aquella provincia. (^) A fines del siglo xviii, 
se registraron nuevos levantamientos, como el de los negros 
carabalíes de Tínima, seguido de algunos homicidios de blan- 
cos, dominado por el Teniente Gobernador de Puerto Prín- 
cipe. Otras intentonas fueron la de los esclavos de D. Serapio 
Recio, en Camagüey, en igual época, (-) como las del Ma- 
riel, de Güines y del Coronel Santa Cruz, cerca de la Ha- 
bana. (^) 

Algunos casos han llegado hasta nosotros, como el del 
negro criollo Miguel Barrera, ejecutado en 1736 en Guana- 
bacoa, por haber quemado la caña y cañaverales del ingenio 
San iripólito, del contador D. Juan de la Barrera, su amo, a 
tres leguas de la Habana. (Fué perdonado porque después de 
haberle disparado cuatro pistoletazos no murió, por interce- 
sión, según él dijo, de la Virgen del Rosario). 

Ya dentro del siglo xix, en 1805, el Gobierno sofocó otra 
tentativa. 

En 21 y 22 de Marzo de 1809 se sublevó la gente de color 
contra los franceses, azuzados probablemente por la gente 
blanca ; fueron saqueadas todas las casas de los franceses, espe- 
cialmente las del campo, y dirigió la rebelión como cabecilla 
un mulato chino esclavo. (*) 

En Febrero del año 1812 estallaron levantamientos en los 
ingenios de Puerto Príncipe, Ilolguín, Bayamo, Trinidad y 
hasta en la misma Habana, revelando la insurrección capita- 
neada por el negro libre José Antonio Aponte, que tendía a 
conseguir en Cuba lo que Toussaint L'Ouverture en Santo 
Domingo. "No era un levantamiento general ni combinado con 
acierto, echábase de ver que carecía de mano directiva; pero 



(1) Saco. Loe. cit., págs. 301 y sigts. 

(2) Juan Torres Lasquktti. Colección de datos históricos geo- 
gráficos y estadísticos de Puerto Príncipe y su jurisdicción. Haba- 
na, 1888, pág. 124. 

(3) Vidal Morai.ks. Iniciadores y primeros mártires de la Re- 
volución Cubana. Habana, 1901, pág. 132. 

(4) Francisco Cartas. Ob. cit., pág. 99. 



LOS NEOBOS ESCLAVOá 431 



hubo asesinato de mayorales y dependientes blancos, incen- 
dios de fábricas y otros excesos deplorables. Sublevóse buena 
parte de las dotaciones de los ingenios de la Trinidad y Peñas 
Altas, poco distantes de la Habana. De que el proyecto de 
insurrección se extendió a muchas fincas explotando el natural 
deseo de sus braceros de ser libres, no hubo duda" (Pezuela). 
Aponte y ocho de sus cómplices principales fueron condena- 
dos a la última pena, siendo descuartizados y expuestos en el 
puente de Chávez para escarmiento de los esclavos. ( ^ ) 

Ya en esta época los temores de que en Cuba se reprodu- 
jeran las escenas de Haití, iban en aumento, por el creciíniento 
de la población negi-a, hasta el punto que esos temores fueron 
una de las razones en que se apoyó el Padre Félix Várela para 
redactar una proposición de ley al Congreso español, al cual 
fué Diputado por Cuba, aboliendo la esclavitud (-) Várela se 
hizo eco entonces del rumor de que de Haití los negros habían 
enviado dos fragatas con tropas para formar la base de un ejér- 
cito libertador de esclavos. Y el Capitán General Vives al co- 
nocer el reconocimiento de la independencia de Santo Domin- 
go por Francia, escribió en 25 de Julio de 1825 al Gobierno de 
Madrid el desaliento de los vecinos de esta isla por ese acto que 
era "un golpe de extermmio a los intereses de S. M. Católica 



(1) Esta horrible pena la usaron también los franceses hasta 
1740 para reprimir el alzamiento de los esclavos. Peytbaud. Ob. ci- 
tada, pág. 361. 

Aponte dio nombre a la calle de la Habana llamada de Jesús 
Peregrino, donde aquél vivía, por un cuadro de Jesús peregrino que 
tenía el caudillo negro en su casa. Véase J. M. dk la Torre. Lo que 
fuimos y lo que somos o Ja Habana Antigua y Moderna. Edición 
de F. Ortiz. Habana, 913, pág. 81. En 27 de Ma>o de 1837 se aplicó 
la misma- pena en Santiago de Cuba a tres negros que asaltaron el 
cafetal "La Somanta". (Bacardi. Ob. cit. T. II, pág. 243.) 

(2) Véase la poco conocida Memoria por él redactada en 1822, 
inserta en la obra de J. A. Saco Historia de la Esclavitud, etc., to- 
mo II, pág. 157 y sigts. Véase en el Apéndice. 

(3) Boletín del Archivo Nacional. Habana, año IX, núm. 1, pá- 
gina 20. 



432 FERNANDO ORTIZ 



en Cuba y la necesidad de adoptar medios tendentes a evitar 
un fin calamitoso, " ( ^ ) 

En 1825 hubo rebelión en ingenios y potreros de Ma- 
tanzas, resultando 24 fincas saqueadas y quemadas, 15 blan- 
cos y 43 negros muertos y 170 esclavos heridos, en Gua- 
macaro. 

En 1826 tuvo lugar una intentona en la Güira. 

El año 1830 vio dos sublevaciones de las dotaciones del 
cafetal "Asención," en Tapaste, y del de D. Francisco Caba- 
nas en el Ubajay (hoy decimos ridiculamente: Wajay). Y, 
ademís, se descubrió en Octubre una conspiración en Guama- 
caro, contra los blancos. 

En 1831 la hubo en el cafetal "Nueva Empresa," y en 
1833 en el ingenio ' ' Jimagua, ' ' de Filomeno Satre. 

Tan frecuentes fueron las sublevaciones de las negradas y 
tan aparatosas las medidas de represión, que bien pronto los 
hacendados pudieron llegar a darse cuenta que más dañina 
que la misma rebelión era la intervención de las autoridades. 
Y así fué que el 17 de Julio de 1833 se hubo de dictar una cir- 
cular por el Capitán General por la cual se prohibía que se 
continuara el abuso de que los jueces pedáneos fueran a las 
fincas sublevadas con grandes acompañamientos de gente ar- 
mada, matando animales (i ) y negros y arruinarvdo a los 
dueños. 

En 1835 hubo los levantamientos de Jaruco y de Matan- 
zas (17 y 29 de Junio en el ingenio "Carolina", cafetal "Bu- 
rato" y otros de Macurijes) y el de la Habana (25 de Julio) 
en cuyo barrio extramuros del Horcón se amotinaron nume- 
rosos negros en el mismo puente de Chávez, donde precisa- 
mente fueron descuartizados Aponte y sus cómplices. (M 
Más de cincuenta negros, intentaron penetrar en la ciudad 
amurallada, matando e hiriendo varios blancos, pero el Gene- 
ral Tacón, reprimió enérgicamente la revuelta enviando al 



(1) ¡El poder intimidativo de las penas bárbaras!, tan grato 
a ciertas gentes. 



T.OS NKOKOS iSCLAVOS 433 



efecto un escuadrón de lanceros que desbarató a los revolto- 
sos. Después una Comisión militar los juzgó y condenó a ser 
fusilados seis de los principales y a cadena los demás; dos 
cabezas de amotinados fueron puestas en el puente de Cris- 
tina. (O 

En 1837 se notó otra rebelión de esclavos en Manzanillo. 
Conocido y curioso es el caso de ' " La Amistad ' \ en 27 de Ju- 
nio de 1839. Este buque salió de la Habana para La Guanaja 
(Puerto Príncipe) con un cargamento de negros recién llega- 
dos de África, como esclavos de José Ruiz y Pedro ^lontes. 
Antes de llegar a su destino, insurrecionáronse los negros, 
mataron al capitán y a tres tripulantes y ordenaron la vuelta 
al África. Habiendo cambiado de rumbo el barco, aparente- 
mente en tal dirección, en Agosto fué apresado por el "Wash- 
ington"' de la marina norteamericana cerca de Long 
Island. 

En 1840 otras rebeliones estallaron en Cienfuegos y Tri- 
nidad. En Octubre de 1841 se sublevaron los esclavos que tra- 
bajaban en la construcción del palacio de Aldama en la Ha- 
bana y fueron eliminados con las armas. En 1842 se subleva- 
ron los negros del ingenio "Loreto, " en Managua y los del 
cafetal "Perseverancia," en Lagunillas. En 1843 fué la cons- 
piración tramada entre los negros de Haití y varios america- 
nos residentes en Jamaica y expulsados de Costa Firme, en 
combinación con elementos cubanos de color. 

En 1843 (28 de Marzo) se sublevaron 254 negros de la 
dotación del ingenio "Alcancía,'' los cuales arrastraron con 
ellos a los esclavos de los ingenios "La Luisa." "La Trini- 
dad," "Las Nieves," "La Aurora," los del cafetal "Moscow" 
y los del potrero "Ranchuelo," así como los del ferrocarril de 
Cárdenas a Júcaro, pero contenidos a tiempo por un escua- 
drón de lanceros, fueron destrozados. Gran número de ellos 
perecieron en el encuentro y muchos huyeron a los montas, 



(1) Francisco Cartas. Recopilación histórica y estadística de 
la Jurisdicción de la Habatia. por distritos. Habana. 



434 fERNANt)0 OKTIZ 



donde se ahorcaron unos cuarenta. En Noviembre del mismo 
año alzáronse las dotaciones de los ingenios "Triunvirato" y 
' ' Ácana, ' ' cuyo movimiento se contuvo sangrientamente y con 
esfuerzo. 

Era ésta la época de la reacción gubernamental contra el 
creciente abolicionismo, cuyo espíritu llegaba a los negros. 

Los jueces pedáneos y capitanes de partido tenían encar- 
go oficial de vigilar a todo extranjero residente en el campo y 
a los hombres de color que se introducían en las fincas. El 
abolicionista cónsul inglés, David TumbuU era el enemi- 
go más temiible de la tranquilidad pública, según las autori- 
dades. 

En la jurisdicción de Cárdenas, Matanzas, etc., y con ra- 
mificaciones en casi toda la isla, debió estallar en Karzo de 
1844 un levantamiento simultáneo de las negradas de los inge- 
nios. Abortó el plan y una comisión militar instruyó de sus 
resultas numerosos procesos en los que fueron comprendidos 
unos 4,000 individuos blancos y de color, de los cuales apare- 
cen condenados a muerte 98, cerca de 600 a presidio, más de 
400 expulsados de la isla. El General O 'Donnell se valió de la 
conspiración para justificar subsiguientes horrores; llegóse a 
aplicar la tortura por lo cual se llamó a esa conspiración de Ja 
escalera, porque atados a ella sufrían el tormento los que te- 
nían que declarar a fuerza de latigazos. (^) El estudio de la 
voluminosa sumaria de esta causa, (véase en el Archivo Na- 
cional) es fuente de muy curiosos datos, que no caben en este 
trabajo. 

La rebelión iba a hacerse con armas primitivas, flechas, 
varas de yaya con cuchillos atados en las puntas, machetes 
calabozos, etc. Iba a usarse también el veneno, que según un 
esclavo, Francisco Chiquito O'Nagthen, éste era mejor que la 
guerra. Las mujeres eran las más embulladas para redondear 
(matar) a los blancos. La organización había sido lenta y ex- 



(1) Acerca de los procedimientos violentos autorizados por 
O'Donnell en dicha causa, véase a José Igxacio Rodríguez, Vida de 
don José de la Luz y Caballero. Nueva York, 1834, págs. 143 y sigta. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 435 



tensa por medio de los cabildos o bailes de tambor de las plan- 
taciones, teniendo en cada una como jefes de la conspiración 
un rey y una reina. Fué, sin duda, el alzamiento negro más 
premeditado y de ambiente más favorable; pero fracasó 
igualmente. 

Numerosos blancos antiesclavistas fueron envueltos en la 
represión. El poeta de color Gabriel de la Concepción Valdés 
(Plácido) fué fusilado con otras. 

En las guerras revolucionarias de Cuba los negros han 
desempeñado lucido papel, más int-eresante en la guerra de los 
diez años, en la que a la vez que lucharon por la independen- 
cia de su patria, pelearon por la suya propia personal. 

Merece aquí citarse el caso de Policarpo Kustán, mestizo 
oriental que peleó al lado del caudillo mambís Donato Már- 
mol y que muerto éste volvió sus armas contra los cubanos, 
proclamando la libertad y soberanía de los esclavos, reco- 
nociendo como Emperador de Cuba al mulato Doroteo, es- 
clavo de Cienfuegos, parodiando así al haitiano Soulou- 
que. O 

Después de la independencia (1912), muchos negros di- 
rigidos por un politicastro aventurero llamado Estenoz, se su- 
blevaron contra los blancos, principalmente en Oriente; pero 
la rebelión, descabellada, fué domeñada por las armas. Siendo 
externamente una violenta protesta contra la ley que, inspi- 
rada por un político de color, Morúa, prohibe, inconstitueio- 
nalmente, la formación de partidos políticos racistas. 

En todas las insurrecciones puramente negras de Cuba 
no se observa sino el estallido de una potente impulsividad 
largo tiempo comprimida, pero nada más : sin verdadero plan, 
sin caudillos directores, sin eco suficiente en los demás escla- 
vos, sin armjas ni medios de ataque y defensa eficaces... Con- 
secuencia de ello fué la inmediata repi-esión de las intentonas, 
que tuvieron la duración de los fuegos fatuos y escasa tras- 
cendencia. ¿A qué causa debióse la impotencia de la protesta 



(1) Calcagno. Diccionario Biográfico Cubano. New York, 1878, 
página 559. 



486 t'ERNANÍlO OKTVZ 



de los esclavos en Cuba, cuando en otros países fué tan tras- 
cendente y de tanto éxito? Pero si las insurrecciones negras 
en Cuba no fueron de resultados racistas importantes, debióse 
principalmente a múltiples circunstancias sociales y no a la 
resistencia que la raza de color opone a toda revolución, como 
se ha opinado por algunos, Lombroso entre ellos. 

Bien es verdad que para éstos la palabra revolncióv, tiene 
un significado social más amplio y trascendente (jue el dado a 
la voz rehelión. 



En los capítulos que anteceden puede el lector haber for- 
mado idea de lo que fué el ambiente esclavo en Cuba, así como 
de la condición jurídica, económica y social de los afroeuba- 
nos sometidos a servidumbre. 

El libro presente abarca las fases características 
de la servidumbre afro-cubana. El ambiente social en 
ciue se mantuvo y las consecuencias psicológicas de su perma- 
nencia dan tema a otros estudios en preparación o ya en curso 
de imprimirse. 

Claro está que para completar el estudio del tema, es pre- 
•eiso conocer la situación del negro liberto, que contrastaba con 
la del siervo y acentuaba la triste situación de éste. Y falta 
hacen, además, otros capítulos acerca de la música, los bailes, 
la instrucción, la moralidad, la delincuencia, las organiza- 
ciones sociales, los otros aspectos genéricos, en fin, de la vida 
afro-cubana, que a libertos y a esclavos comprende por 
igual. Pero ellos integrarán otro libro próximo de esta serie 
sobre el Hampa Afro-Cuhana, de la cual el presente es el 
inicial. 

Y aquí termina el libro acerca de Los Negros Esclavos, 
primero de fa serie del Hampa Afro-Cxibana. Al lector que 
con paciente bondad hubiere llegado al fin, remito a otro volu- 
men ya en su mayor parte escrito y que irá en breve a las 



LOS NEGROS ESCLAVOS 



437 



prensas, con el título de Los Negros Horros, si los afanes ine- 
ludibles e inaplazables de la brega por la vida, fueren servidos 
de hacerme merced de algunos descansos, que habré de entre- 
tener en estas plácidas, porfiadas y atrayentes rebuscas de 
cosas que fueron en los tiempos antañeros de la infancia de 
Cuba, y que bastan a explicar muchas cosas y quebrantos de 
nuestra adolescencia republicana. 



FIN 



APÉNDICE 



APÉNDICE 



11 Mayo 1527. 
Real Provisión del emperador Carlos V y el cardenal Cisneros, 

REITERADA EN 20 DE JULIO DE 1538 Y 26 DE OCTUBRE DE 1541, DES- 
PUÉS, Ley V DEL TiT. V, del Libro VII de las Leyes de Indias. 

Que se procure que los negros casen con negras, y los esclavos 
no sean libres por haberse casado. 

Procúrese en lo posible que habiendo de casarse los negros, sea 
el matrimonio con negras. Y declaramos que éstos y los demás que 
fueren esclavos, no quedan libres por haberse casado, aunque inter- 
venga para esto la voluntad de sus amos. 

14 Noviembre 1551. 

R. C. del emperador Carlos V, reiterada por D. Felipe II en 14 de 
Junio de 1589, después Ley VII, Tit. V del Libro VII de las 
Leyes de Indias. 

Que los negros y negras libres ó esclavos, no se sirvan de indios 

ni indias. 

Prohibimos en todas las partes de nuestras Indias que se sirvan 
los negros y negras, libres ó esclavos, de indios ó indias, como se 
contiene en la ley 16, tít. 12. lib. 6" y porque hemos entendido que 



442 FERNANDO OKTIZ 



muchos negros tienen á las indias por mancebas, ó las tratan mal 
y oprimen, y conviene á nuestro Real servicio y bien de los indios 
poner todo remedio á tan grave exceso: Ordenamos y mandamos 
que se guarde esta prohibición, pena de que si el negro ó negra 
fueren esclavos, le sean dados cien azotes públicamente por la pri- 
mera vez, y por la segunda, se le corten las orejas, y si fuere libre, 
por la primera vez le sean dados cien azotes, y por la segunda, sea 
desterrado perpetuamente de aquellos Reinos: y al alguacil ú otro 
cualquier denunciador asignamos diez pesos de pena, los cuales le 
sean pagados de cualesquier bienes que se hallaren de los negros ó 
negras delincuentes, ó de gastos de justicia, si no los tuvieren. Y 
ordenamos que los dueños de esclavos ó esclavas no les consientan 
ni den lugar á que tengan indios ni indias, ni se sirvan de ellos, y 
cuiden de que así se haga, pena de cien pesos, en que no puedan 
alegar ignorancia, ni frJta de noticia: y nuestras justicias Reales 
tengan el mismo cuidado respecto de los negros y negras libres. 

19 Noviembre 1551. 

R. C. DEL Empebadok y kl Principe Gobernador, reiterada en 18 de 
Febrero y 11 de Agosto de 1552, DESPires Ley XV del Tit. V dfx 
LiBKO VII de las Leyes de Indias. 

Que los negros y loros Ubres ó esclavos no traigan armas. 

Los negros y loros libres ó esclavos no puedan traer ningún 
género de armas públicas ni secretas, de día ni de noche, salvo los 
de las justicias (como se declara en la ley siguiente) cuando fueren 
con sus amos, pena de que por la primera vez las pierdan y sean del 
alguacil que Ipjs aprehendiere; y por la segunda, demás de haberlas 
perdido, estén diez días en la^ cárcel ; y por la tercera, también las 
pierdan, y si fuere esclavo, les sean dados cien azotes; y si libre, 
desterrado perpetuamente de la provincia; y si se probare que algún 
negro o loro echó mano á las armas contra español, aunque no hie- 
ra con ellas, por la primera vez se les den cien azotes y clave la 
mano; y por la segunda se la corten, y si no fuere defendiéndose y 
habiendo echado primero mano a la espada el español. 

31 Marzo 1563. 

R. C. DE D. Felipe II, después Ley VI. Trr. V, Libro VII de las Le- 
yes DE Indias. 

Que vendiéndose hijos de españoles y negras, si sus padres los 
quisieren comprar, sean preferidos. 

Algunos españoles tienen hijos en esclavas, y voluntad de com- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 443 



prarlos para darles libertad: Mandamos que habiéndose de vender, 
se prefieran los padres que los quisieren comprar para este efecto. 



12 Diciembre 1619. 

R. C. DE D. Felipe III, después Ley VI del Titvix) XVIII del Li- 
bro VIII de l.\s Leyes de Indias. 

Que los Alcaldes de sacas, portazgueros y diezmeros no cobren 

derecho de lo que llevaren los navios de esclavos 

para bastimentos y pertrechos. 

Ordenamos y mandamos á los Alcaldes de sacas y cosas veda- 
das, dezmaros, portazgueros, guardas y otras cuElesquier personas 
que guardaren los puertos y pasos que hay entre estos nuestros 
Reinos y otros, no lleven á los dueños ó maestres de navios que van 
con registro y despachos del presidente y Jueces de la Casa de con- 
tratación de Sevilla, á los ríos de Angola y otras partes á rescatar 
esclavos negros, ningunos derechos del bizcocho, bastimentos y per- 
trechos que llevan para su servicio y apresto de sus navios. 



8 Agosto 1621. 

R. C. DE D. Felipe IV, después Ley XVII del Tit. V del Libbo Vil 
DE L.\s Leyes de Indias. 

Que en Cartagena no traiga armas ningún esclavo, aunque sea 
acompañando á su amo. 

En la ciudad de Cartagena hay muchos negros y mulatos por 
cuyas inquietudes han sucedido muertes, robos, delitos y daños cau- 
sados de haberles consentido las justicias traer armas y cuchillos 
por favorecidos ó esclavos de Ministros de la Inquisición, Goberna- 
dores, justicias, estado eclesiástico y profesión militar, con cuyo 
amparo hacen muchas libertades en perjuicio de la paz pública: 
Mandemos que ningún esclavo traiga armas ni cuchillo, aunque sea 
acompañando á su amo. sin particular licencia nuestra, y que por 
ningún caso se tolere ni disimule, estando advertidos los Goberna- 
dores, que se les hará cargo en sus residencias, y castigará severa- 
mente cualquier descuido ú omisión: y en cuanto a los negros de 
inquisidores, se guarde la concordia. 



444 FERNANDO OiiTIZ 



4 Abril 1628. 

R. C. DE D. Felipe IV, después Ley XVIII del Tit. V del Libro VII 
DE LAS Leyes de Indias. 

Que los Ministros de las Indias no den licencia para traer negros 

con armas. 

Ordenamos á los Virreyes, Presidentes, Audiencias, Gobernado- 
res, Corregidores y Alfcaldes mayores, que no den licencias á nin- 
gunas personas de cualquier estado y calidad para traer negros^ con 
espadas, alabardas ni otras armas ofensivas ni defensivas, y si con- 
travinieren se les haga cargo en sus residencias, é impongan lae pe- 
nas en que hubieren incurrido por esta causa. 

26 Abril 1641. 

Ordenanzas de Alonso de Caceres, referentes a esclavos. 

18. — Que por experiencia se ha visto que los alguaciles de noche, 
con color de rondas, entran en casas de Indios, negros y personas 
pobres é intentan de los llevar á la cárcel, y los cohechan y dan 
dineros y cuando los llevan y entran en la cárcel de prisión y carce- 
lage, les llevan á la mañana ocho reales que la gente pobre padece 
y hay otros muchos inconvenientes, y toman armas y prenden en 
las posaidas á pasajeros, sabiendo que de madrugada se han de ir 
á la armada, y que no se han de quedar á pedir lo que así se les 
toma y cohechan á los dichos alguaciles: se ordena que ningún al- 
guacil pueda entrar en casa alguna de noche, sin mandamiento de 
juez, no yendo en seguimiento de algún delincuente, pues para visi- 
tar alguna casa que hubiese necesidad, hay en esta villa dos alcal- 
des, gobernsídor y su lugar teniente que lo puedan hacer. 

49. — ^Que ningún tabernero pueda vender vino á negros cauti- 
vos, pero porque hay muchos que andan á ganar, que sus amos los 
traen á ellos y les acuden con su jornal, y los tales negros trabajan 
y andan en oficio de trabado y tienen necesidad de beber algunas 
veces vino; que los tales taberneros puedan darles en sus tabernas 
á beber hasta medio cuartillo de vino y no más, y que á éste no le 
puedan dar más, ni que lo saquen en jarro, ni vasija, sino que lo 
haya de beber allí en la taberna, so pena que el tal tabernero que de 
otra manera lo vendiere que por la primera vez pague dos ducados, 
la tercia parte para el denunciador y juez que lo sentenciare, y las 
dos partes para el arca del consejo: y por la segunda la pena sea 



LOS NEGROS ESCLAVOS -í-í^ 



doblada, y por la tercera pague asimismo la pena doblada y que no 
pueda usar más oficio de tabernero; y que en esta pena incurra 
cualquiera que lo vendiere, aunque sea mercader que lo haya traído 
de Castilla y lo venda en su casa. 

50. — Que ninguno pueda vender vino por mano de negro, ni 
negra horra puede venderlo, ni tabernero, salvo si fuere persona de 
confianza, que en tal caso el cabildo les pueda dar licencia para 
ello, y el que sin ella lo vendiere, é pusiese á su esclavo á vender 
pague dos ducados, la tercia parte para el denunciador y juez que 
lo sentenciare y las otras dos partes para el arca del consejo. 

52. — Que ningún negro cautivo, pueda traer espada, ni cuchillo, 
ni otra anua aJguna, aunque sea yendo con su amo, salvo que de 
noche yendo con su amo la pueda llevar, y no de otra manera, ó 
yendo al campo con su amo de día, so pena que pierda las armas 
que trajere la primera vez y por la segunda pierda las armas y le 
den 20 azotes á la seiba ó picota ó á la puerta de la cárcel. Y por- 
que los negros baqueros y del campo traen desjarretaderos, puntas 
y cuchillos de desollar y otras armas: Que estos tales no se le pue- 
da quitar, ni incurran cuando vinieren del campo con ellas en. casa 
de sus amos hasta llegar á sus casas é salir de ellas para volverse al 
cf.Jupo ó sus haciendas. 

53. — Que los negros horros por haber en esta villa muchos que 
son vecinos y oficiales y por ser puerto, si les cabe la vela, es bien 
tengan armáis que las puedan traer, salvo si por alguna causa la 
justicia las prohibiere que no las traigan algunos. 

54. — Que muchos vecinos echan negros á ganar y los tales ne- 
gros se ocupan en diversas cosas, y andan como libres, trabaján- 
dose, y ocupándose en lo que ellos quieren, y al cabo de la semana 
ó mes dan á sus amos el jornal; y otros tienen casas puestas para 
hospedar y dar de comer á pasajeros, y tienen en las tales casas ne- 
gras suyas y acaece muchas veces que los tales negros el tiempo 
que saben sale flota á otros navios se esconden y huyen con la ropa 
blanca que les dan á lavar y otras cosas que les dan á guardar hasta 
que la flota ó navio es ido, sabiendo que no se ha de quedar el tal 
pasajero en la tierra y que se ha de ir, y se quedan con ellas y otras 
se quedan con las herramientas y otras cosas que les dan para tra- 
bajar, y hay otros inconvenientes: Y ordenamos y mandamos que 
ninguno pueda traer negra ó negro á ganar, ni le pueda poner casa 
para ganar de comer, ni acoger huéspedes ni otras cosas algunas, 
sin que primero la manifieste en cabildo y allí se le dé licencia para 
ello, y que el cabildo no se la dé sin que primero la tal persona se 
obligue ante el escribano de cabildo de pagar de lleno en lleno todos 
los daños que las tales negras o negros que así quisieren traer á 
ganar, ponerles en casa de por si hicieren y que paguen todas las 



446 FERNANDO ORTIZ 



ropas y otras cosas que así recibieren los tales negros, sin pleitos 
algunos, y si no fuere persona abonada que dé fianzas para ello, so 
pena que el que trajera negra ó negro ó le pusiere casa de por sí 
para trato, que pague dos ducados, la tercia parte para el denuncia- 
dor y juez que lo sentenciare y las otras partes para el arca del con- 
sejo. Y el escribano por la petición que diere para pedir licencia y 
preveimiento no lleve más de un real y si sacare y se dé licencia 
un real. 

55. — Que ningún negro cautivo tenga bohío de por sí donde 
duerma, aunque ande a ganar sino que duerma en casa de sus amos 
donde sus amos viven y moran, ni á persona alguna se los puedan 
alquilar, ni sus amos dárselos, so pena que el negro cautivo que 
diere bohío que tenga de por sí, y duerma aunque sea su propio 
esclavo ó el que se lo alquilare, que pierda el bohío, y sea la qui-nta 
parte para el denunciador y juez que lo sentenciare, y las otras cua- 
tro partes para el arca del consejo, salvo si sus amos los hubieren 
puesto el tal bohío ó casa con licencia del cabildo, como dicho es en 
la ordenanza ante de esta. 

56. — Que ningún negro cautivo puede quedar fuera de la casa 
de su señor ó de la persona á quien sirviere, de noche de tañida la 
campana de la queda, si no fuere enviado por su señor ó por la per- 
sona á quien sirviere, so pena que el que fuera tomado fuera de la 
casa después de ta¿iida la dicha campana, de otra manera le den 
treinta azotes en la cárcel ó en la puerta de ella como al juez le 
pareciere, y para esto se taña cada noche la campana un cuarto de 
hora por lo menos y se taña dos horas y media después de anoche- 
cido; y que el alguacil por la prisión y ca^rcelage lleve dos reales y 
otros dos reales el verdugo, y porque cesen costas y procesos en 
este caso, que el alguacil luego á aquella hora que prendiere algún 
negro ó á la mañana luego le manifieste al gobernador ó alcalde, el 
cual luego sin dilación aJguna y sin el proceso, sino con la averigua- 
ción que allí haga, lo determine so pena que si luego no lo deter- 
minare que pague al negro de tal esclavo los alquileres de los días 
que estuviere preso el esclavo y que solamente se asiente, y escriba 
el escribano la sentencia y mandado del juez, sin llevar derechos 
algunos y que el escribano lleve solamente un real y que si el amo 
de tal esclavo no quiere que al dicho esclavo le den los treinta azo- 
tes que pague un ducado para el arca del consejo. 

57. — Que ninguna .persona negra ni blanca acoja en su casa á 
dormir negro cautivo de noche, so pena que por la primera vez pa- 
gue tres ducados, la tercia parte para el denunciador y juez que lo 
sentenciare y las otras dos partes para el arca del consejo, y que 
esté preso en la cárcel diez días, y que por la segunda vez sea la 



LOS NEGROS ESCLAVOS 441 



una pena y la otra doblada, y por la tercera sea desterrado de esta 
villa por un año. 

58. — Porque algunas personas acogen en sus estancias y hatos 
negros fugitivos y cimarrones, y les dan de comer y se sirven de 
ellos en sus estancias y hatos muchos días y algunas veces lo com- 
pran á sus amos diciendo que los compran á sus aventuras, si los 
hallaren y los dueños de los tales esclavos por andar alzados y fugi- 
tivos y no saber de ellos los venden por mucho menos precio de lo 
que valen, y hay otros fraudes y engaños: Ordenamos que ninguna 
persona pueda acoger y dar de comer á negro fugitivo en su estan- 
cia y hato, ni lo acojan, ni den de comer ningún estanciero ni mayo- 
ral, ni se sirva de él so pena que si lo acogiere ó diere de comer ó 
sirviere de él algún día se procederá contra él, como contra recepta- 
dores y encubridores, y que esté obligado á pagar á su amo todos 
los jornales que podría ganar desde el día en que así se sirviere de 
él hasta que vuelva á poder de su amo, aunque se huya y si no pa- 
reciere más pague a su amo el valor de tal esclavo. Y porque nadie 
pueda alegar ignorajicia diciendo que no andaba fugitivo y que es 
usanza de la tierra dar de comer y acoger cualquier esclavo que va 
de camino, que se entienda ser fugitivo el escla\'0 que se estuviere 
en cualquier hato ó estancia más de un día, le diere de comer y 
acogiere que no pueda alegar ignorancia diciendo que no sabía que 
andaba fugitivo. 

59. — Que cualquier estanciero y mayoral pueda aprehender y 
prenda á cualquier negro cimarrón ó fugitivo sin pena ni calumnia 
alguna, con que lo lleve luego ante el juez, y no pudiendo ni tenien- 
do recado para ello, dé luego aviso á su amo y á la justicia de como 
lo tiene preso en los zepos que en los dichos hatos y estancia están 
obligados a tener. 

60. — Que porque muchos se sirven de sus esclavos y no les dan 
de comer y vestir para cubrir las carnes, de lo cual se sigue que 
los tales esclavos andan á hurtar de las estancias comarcanas para 
comer, y de los tales malos tratamientos vienen á se alzar y andar 
fugitivos: ordenamos y mandamos que todos los que tuvieren ne- 
gros en estancias, hatos ó criaderos de puercos y otras cosas, les 
den comida suficiente para el trabajo que tienen, y que asimismo les 
den dos pares de zaragüelles ó camisetas de cañamazo cada año por 
lo menos, y no les den castigos escesivos, y crueles, y que para ver 
si se les cumple esto, y como son tratados, los alcaldes de esta 
villa, el uno el mes de marzo y el otro el mes de octubre, sean obli- 
gados a visitar los hatos y estancias; de informarse del tratamiento 
los dichos negros; si les han dado la dicha comida y caloña, y si 
hallaren negros incorregibles, y que alteran los otros, mandar á su 
amo los saque a vender fuera de la tierra. 



448 FERNANDO ORTIZ 



61. — Porque hay muchos que tratan con gran crueldad sus escla- 
vos, azotándolos con gran crueldad y mechándolos con diferentes 
especies de resina, y los asan, y hacen otras crueldades de que 
mueren, y quedan tan castigados y amedrentados que se vienen á 
matar ellos, y á echarse á la mar, ó á huir ó alzarse y con decir que 
mató á su esclavo no se procede contra ellos: que el que tales 
crueldades y escesivos castigos hiciere á su esclavo, la justicia lo 
compela á que lo venda el tal esclavo y le castigue conforme al esce- 
so que en ello hubiere fecho. 

62. — Que porque muchos negros se van á los montes y arcabu- 
cos y andan mucho tiempo alzados y fugitivos, y no pueden bien 
ser presos sino fuese por los mayorales y estancieros donde algunas 
veces, o por los vaqueros de los criaderos de puercos: ordenamos y 
mandamos que el tal negro fugitivo que cualquiera le pueda apren- 
der y que el estanciero ó mayoral ó baquero, ú otra cualquier per- 
sona que prendiere negro fugitivo fuera de esta villa hasta dos le- 
guas, le dé y pague el señor del esclavo cuatro ducados, y si le pren- 
diere más lejos de las dichas veinte leguas hasta cuarenta leguas le 
dé doce ducados, y si lo prendiere de cuarenta leguas en adelante, 
le pague quince ducados^ 

80. — Porque los negros fugitivos puedan ser presos en el cam- 
po, y los demás en las estancias y hatos puedan ser castigados: 
mandamos, que los que tuvieren estancias con buxíos, y los que 
tuvieren hatos y criaderos de puercos, estén obligados á tener y 
tengan cepo en los tales hatos, y con este cargo, se les dé, y con- 
ceda la tal licencia, y el que tuviere hato, en los tales hatos ó cria- 
deros de puercos sin cepo, pague un ducado para el arca del consejo. 

31 Diciembre 1645. 

R. C. DE D. Felipe IV, después Ley XIII, Tit. V, Libro VII de las 
Leyes de Indias. 

Que las justicias tengan cuidado sobre procedimientos de Jos 
esclavos negros y personas inquietas. 



Nuestros Virreyes, Gobernadores y Capitanes generales, Pre- 
sidentes y Oidores, Jueces y justicias, observen siempre con toda 
advertencia y desvelo sobre los procedimientos de los esclavos ne- 
gros y otras cualesquier personas que puedan ocasionar cuidado y 
recelo, y prevengan con destreza los daños que puedan resultar con- 
tra la quietud y sosiego público, en que deban estar muy instruidos 
y recatados. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 44^9 



30 Diciembre 1665. 

R. C. üE D. Felipe IV, después Ley XVI, Tit. V, del Libro VIII de 
LAS Leyes de Indias. 

Que los esclavos, mestizos y mulatos de Virreyes y Ministros, no 

traigan armas, y los de alguaciles mayores y otros 

las puedan traer. 

Mandamos á los Virreyes, Presidentes y Oidores que no permi- 
tan á los esclavos, mestizos y mulatos que los sirvieren ó á sus 
familias, traer armas, guardando las prohibiciones generales. Y 
declaramos, que no se conxprenden los mulatos, esclavos ni mesti- 
zos de los ministros de justicia, como alguacil mayor y otros de este 
género, á los cuales las permitimos porque les asisten y necesitan 
de ellas para que sus amos puedan administrar mejor sus oficios. 



31 Mayo 1789. 

Real Cédula e Instrucción Circular a Indias, sobre la educacioüí, 
trato y ocupación de los esclavos. 

"El Rey. — En el Código de las Leyes de Partida, y demás cuer- 
pos de la legislación de estos reinos, en el de la Recopilación de 
Indias, cédulas generales y particulares, comunicados á mis domi- 
nios de América desde su descubrimiento; y en las ordenanzas, que 
examinadas por mi consejo de las Indias, han merecido mi real 
aprobación, se halla establecido, observado y seguido constantemen- 
te el sistema de hacer útiles a los esclavos, y proveído lo conve- 
niente á su educación, trato, y á la ocupación, que deben darles sus 
dueños, conforme á los principios y reglas, que dictan la religión, la 
humanidad y el bien del estado, compatibles con la esclavitud y 
tranquilidad pública: sin embargo, como nó sea fácil á todos mis 
vasallos de América, que poseen esclavos, instruirse suficientemente 
en todas las disposiciones de las leyes insertas en dichas colecciones, 
y mucho menos en las cédulas generales y particulares, y ordenan- 
zas municipales aprobadas para diversas provincias; teniendo pre- 
sente que por esta causa, no obstante lo mandado por mis augustos 
predecesores sobre la educación, trato y ocupación de los esclavos, 
se han introducido por sus dueños y mayordomos algunos abusos 
poco conformes, y aun opuestos al sistema de la legislación, y demás 
providencias generales y particulares tomadas en el asunto. Con el 
fin de remediar semejantes desórdenes, y teniendo en consideración. 



450 FERNANDO ORTIZ 



que con la libertad, que para el comercio de negros he concedido á 
mis vasallos por el artículo 1? de la real cédula de 28 de febrero 
próximo pasado, se aumentará considerablemente el número de es- 
clavos en ambas Américas, mereciéndome la debida atención esta 
clase de Individuos del género humano, en el ínterin que en el 
Código general que se está formando para los dominios de Indias. 
se establecen y promulgan las leyes correspondientes á este impor- 
tante objeto: He resuelto que por ahora se observe puntualmente 
por todos los dueños y poseedores de esclavos de aquellos dominios 
la instrucción siguiente: 

Capítulo I. — Educación. Todo poseedor de esclavos, de cual- 
quier clase y condición que sea, deberá instruirlos en los principios 
de la religión católica, y en las verdades necesarias para que pue- 
dan ser bautizados dentro del año de su residencia en mis dominios, 
cuidando que se les esplique la doctrina cristiana todos los dias de 
fiesta de precepto, en que no se les obligará, ni permitirá trabajar 
para sí, ni para sus dueños, escepto en los tiempos de la recolección 
de frutos, en que se acostumbra conceder licencia para trabajar en 
los dias festivos. En estos y en los demás en que obliga el precepto 
de oir misa, deberán los dueños de haciendas costear sacerdote que 
en unos y en otros les diga misa, y en los primeros les esplique la 
doctrina cristiana, y administre los santos sacramentos, asi en tiem- 
po del cumplimiento de iglesia, como en los demás que los pidan, 
ó necesiten; cuidando asimismo de que todos los dias de la semana 
después de concluido el trabajo, recen el rosario á su presencia, ó la 
de su mayordomo, con la mayor compostura y devoción. 

Capítulo II. — De los alimentos y vestuario. .Siendo constante 
la obligación en que se constituyen los dueños de esclavos de ali- 
mentarlos y vestirlos, y á sus mugeres, é hijos, ya sean estos de la 
misma condición, ó ya libres, hasta que puedan ganar por sí con 
qué mantenerse, que se presume poderlo hacer en llegando á la 
edad de 12 años en las mugeres, y 14 en los varones; y no pudién- 
dose dar regla fija sobre la cantidad y cualidad de los alimentos, y 
clase de rojas, que les deban suministrar, por la diversidad de pro- 
vincias, climas, temperamentos y otras causas particulares; se pre- 
viene, que en cuanto a estos puntos, las justicias del distrito de las 
haciendas, con acuerdo del ayuntamiento y audiencia del procura- 
dor síndico, en calidad de protector de los esclavos, señalen y deter- 
minen la cantidad y cualidad de alimentos y vestuario, que propor- 
cionalmente, según sus edades y sexos, deban suministrarse á los 
esclavos por sus dueños diariamente, conforme á la costumbre del 
pais, y á los que comunmente se dan á los jornaleros, y ropas de 
que usan los trabajadores libres, cuyo reglamento, después de apro- 
bado por la audiencia del distrito, se fijará mensualmente en las 



LOS NKGROS KSOLAVOS 4.')1 



puertas del ayuntamiento y de las iglesias de cada pueblo, y en 
las de los oratorios, ó ermitas de las haciendas, para que llegue á 
noticia de todos, y nadie pueda alegar ignorancia. 

Capitulo III. — Ocupación de los esclavos. La primera y prin- 
cipal ocupación de los esclavos debe ser la agricultura y demás 
labores del campo, y no los oficios de vida sedentaria; y así para 
que los dueños y el estado consigan la debida utilidad de sus tra- 
bajos, y aquellos los desempeñen como corresponden, las justicií.s 
de las ciudades y villas, en la misma forma que en el capítulo ante- 
cedente, arreglarán las tareas del trabajo diario de los esclavos 
proporcionadas á sus edades, fuerzas y robustez: de forma, que de- 
biendo principiar y concluir el trabajo de sol á sol, les queden en 
ese mismo tiempo dos horas en el dia para que las empleen en 
manufacturas, ú ocupaciones, que cedan en su personal beneficio y 
utilidad, sin que puedan los dueños, ó mayordomos obligar á tra- 
bajar por tareas á los mayores de 60 años, ni menores de 17, como 
tampoco á las esclavas, ni emplear á estas en trabajos no confor- 
mes con su sexo, ó en los que tengan que mezclarse con los varo- 
nes, ni destinar á aquellas á jornaleras; y por los que apliquen al 
servicio doméstico, contribuirán con los 2 pesos mensuales, preve- 
nidos en el capítulo 8>.' de la real cédula de 28 de febrero último, 
que queda citada. 

Capitulo IV. — Diversiones. En los dias de fiesta de precepto, 
en que los dueños no pueden obligar, ni permitir que trabajen los 
esclavos, después que estos hayan oido misa, y asistido a la espli- 
cacion de la doctrina cristiana, procurarán los amos, y en su de- 
fecto los mayordomos, que los esclavos de sus haciendas, sin que se 
junten con los de las otras, y con separación de los dos sexos, se 
ocupen en diversiones simples y sencillas, que deberán presenciar 
los mismos dueños, ó mayordomos, evitando que se escedan en be- 
ber, y haciendo que estas diversiones se concluyan antes del toque 
de oraciones. 

Capitulo y. — Habitaciones y enfermeria. Todos los dueños de 
esclavos deberán darles habitaciones distintas para los dos sexos, 
no siendo casados, y que sean cómodas y suficientes para que se 
liberten de las intemperies, con camas en alto, mantas, ó ropa nece- 
saria, y con separación para cada uno, y cuando mes dos en un 
cuarto, y destinarán otra pieza, ó habitación separada, abrigada y 
cómoda para los enfermos, que deberán ser asistidos de todo lo ne- 
cesario por sus dueños; y en caso que estos, por no haber proporción 
en las haciendas, ó por estar estas inmediatas á las poblaciones, 
quieran pasarlos al hospital, deberá contribuir el dueño para su 
asistencia con la cuota diaria que señale la justicia, en el modo y 



453 FERNANDO OKTlZ 



forma prevenido en el capítulo 2?; siendo asimismo de obligación 
del dueño costear el entierro del que falleciere. 

Capítulo yi. — De los viejos y enfermos habituales. Los escla- 
vos que por su mucha edad, ó por enfermedad, no se hallen en 
estado de trabajar, y lo mismo los niños y menores de cualquiera de 
los dos sexos, deberán ser alimentados por los dueños, sin que estos 
puedan concederles la libertad por descargarse de ellos, á no ser 
proveyéndoles del peculio suficiente á satisfacción de la justicia con 
audiencia del procurador síndico, para que puedan mantenerse sin 
necesidad de otro auxilio. 

Capítulo VII. — Matrimonio de esclavos. Los dueños de esclavos 
deberán evitar los tratos ilícitos de los dos sexos, fomentando los 
matrimonios, sin empedir el que se casen con los de otros dueños; 
en cuyo caso, si las haciendas estuviesen distantes, de modo que no 
puedan cumplir los consortes con el fin del matrimonio, seguirá la 
muger al marido, comprándola el dueño de este á justa tasación de 
peritos nombrados por las partes, y por el tercero que en caso de 
discordia nombrará la justicia; y si el dueño del marido no se con- 
viene en la compra, tendrá la misma acción el que lo fuere de la 
muger. — (V. ley 11, tlt. 5, part. 4, Matrimonios.) 

Capítulo VIII. — Obligaciones de los esclavos, y penas correccio- 
nales. Debiendo los dueños de esclavos sustentarlos, educarlos, y 
emplearlos en los trabajos útiles y proporcionados á sus fuerzas, 
edades y sexos, sin desamparar á los menores, viejos, ó enfermos, 
se sigue también la obligación en que por lo mismo, se hallan cons- 
tituidos los esclavos de obedecer y respetar á sus dueños y mayor- 
domos, desempeñar las tareas y trabajos que se les señalen confor- 
me á sus fuerzas, y venerarlos como á padres de familia; y asi el 
que faltare á alguna de estas obligaciones, podrá y deberá ser cas- 
tigado correccionalmente por los escesos que cometa, ya por el due- 
ño de la haicienda, ó ya por su mayordomo, según la cualidad del 
defecto, ó esceso, con prisión, grillete, cadena, maza ó cepo, con que 
no sea poniéndolo en este de cabeza, ó con azotes, que no puedan 
pasar de 25, y con instrumento suave, que no les cause contusión 
grave, ó efusión de sangre, cuyas penas correccionales no podrán 
imponerse á los esclavos por otras personas que por sus dueños, ó 
mayordomos. 

Capítulo IX. — Imposición de penas mayores. Cuando los escla- 
vos cometieren escesos, defectos ó delitos contra sus amos, muger 
ó hijos, mayordomos, ú otra cualquiera persona, para cuyo castigo 
y escarmiento no sean suficientes las penas correccionales de que 
trata el capítulo antecedente, asegurado el delincuente por el dueño, 
ó mayordomo de la hacienda, ó por quien se halle presente á la 
comisión del delito, deberá el injuriado, ó persona que lo represente. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 453 



dar parte a la justicia para que con audiencia del dueño del esclavo, 
si no lo desampara antes de contestar la demanda, y no es interesado 
en la acusación, y en todos casos con la del procurador síndico, en 
calidad de protector de los esclavos, se proceda con arreglo á lo 
determinado por las leyes, á la formación y determinación del pro- 
ceso, é imposición de la pena correspondiente, según la gravedad y 
circunstancias del delito, observándose en todo lo que las mismas le- 
yes disponen sobre las causas de los delincuentes de estado libre. 
Y cuando el dueño no desampare al esclavo, y sea este condenado á 
la satisfacción de daños y perjuicios en favor de un tercero, deberá 
responder de ellos el dueño, ademas de la pena corporal, que según 
la gravedad del delito sufrirá el esclavo delincuente después de 
aprobada por la audiencia del distrito, si fuere de muerte ó mutila- 
ción de miembro. 

Capítulo X. — Defectos, ó escesos de los dueños, ó mayordovios. 
El dueño de esclavos, ó mayordomo de hacienda que no cumpla con 
lo prevenido en los capítulos de esta instrucción, sobre la educación 
de los esclavos, alimentos, vestuario, moderación de trabajos y ta- 
reas, asistencia á las diversiones honestas, señalamiento de habita- 
ciones y enfermería, ó que desampare á los menores, viejos, ó impe- 
didos: por la vez primera incurrirá en la multa de 50 pesos, por la 
segunda de 100, y por la tercera de 200, cuj-as multas deberá satis- 
facer el dueño, aun en el caso de que solo sea culpado el mayordomo, 
si este no tuviese de qué pagar, distribuyéndose su importe por ter- 
ceras partes, denunciador, juez, y caja de multas, de que después se 
tratará. Y en caso de que las multas antecedentes no produzcan el 
debido efecto, y se verificase reincidencia, se procederá contra el 
culpado a la imposición de otras penas mayores, como inobediente á 
mis reales órdenes, y se me dará cuenta con justificación para que 
tome la condigna providencia. 

Cuando los defectos de los dueños, ó mayordomos fuesen por 
esceso en l?s penas correccionales, causando á los esclavos contusión 
grave, efusión de sangre, ó mutilación de miembro, ademas de sufrir 
las mismas multas pecuniarias citadas, se procederá contra el due- 
ño, ó mayordomo criminalmente á instancia del procurador síndico, 
sustanciando la causa conforme á derecho, y se le impondrá la pena 
correspondiente al delito cometido, como si fuese libre el injuriado, 
confiscándose ademas el esclavo para que se venda á otro dueño, si 
quedare hábil para trabajar, aplicando su importe á la caja de 
multas, y cuando el esclavo quedase inhábil para ser vendido, sin 
volvérselo al dueño, ni mayordomo que se escedió en el castigo, 
deberá contribuir el primero con la cuota diaria, que se señalase 
por la justicia para su manutención y vestuario por todo el tiempo 
de la vida del esclavo, pagándola por tercios adelantados. 



454 FERNANDO OKTIZ 



Capítulo XI. — De los que injurian á los esclavos. Como solo 
los dueños y mayordomos pueden castigar correccionalmente á los 
esclavos con la moderación que queda prevenida, cualquiera otra 
persona que no sea su dueño, ó mayordomo no se podrá injuriar 
castigar, herir, ni matar, sin incurrir en las penas establecidas por 
las leyes para los que cometan semejantes escesos, ó delitos contra 
las personas de estado libre, siguiéndose, sustanciándose y determi- 
nándose la causa á instancia del dueño del esclavo que hubiese sido 
injuriado, castigado, ó muerto; en su defecto, de oficio por el procu- 
rador síndico, en calidad de protector de esclavos, que como tal pro- 
tector tendrá también intervención en el primer caso, aunque haya 
acusador. 

Capitulo XII. — Lista de esclavos. Los dueños de esclavos anual- 
mente deberán presentar lista firmada y jurada á la justicia de la 
ciudad, ó villa, en cuya jurisdicción se hallen situadas sus hacien- 
das, de los esclavos que tengan en ellas, con distinción de sexos y 
edades, para que se tome razón por el escribano de ayuntamiento en 
un libro particular, que se formará para este fin, y que se conservará 
en el mismo ayuntamiento con la lista presentada por el dueño, y 
éste luego que se muera, ó ausente alguno de la hacienda, y dentro 
del término de tres dias, deberá dar parte á la justicia para que 
con citación del procurador síndico se anote en el libro, á fin de 
evitar toda sospecha de haberle dado muerte violenta; y cuando el 
dueño fritare á este requisito, será de su obligación justificar plena- 
mente, ó la ausencia del esclavo, ó su muerte natural, pues de lo 
contrario se procederá á instancia del procurador síndico á formarle 
la causa correspondiente. 

Capítulo XIII. — Modo de averiguar los escesos de los dueños ó 
mayordomos. Las distaíicias que median de las haciendas á las 
poblaciones: los inconvenientes que se seguirán de que con el pre- 
testo de quejarse, se permitiese á los esclavos, que saliesen de aque- 
llas sin cédula del dueño, ó mayordomo, con espresion del fin de su 
salida, y las justas disposiciones de las leyes para que no se auxi- 
lie, proteja y oculte á los esclavos fugitivos, precisan á facilitar los 
medios mas proporcionados á todas estas circunstancias, para que 
se puedan adquirir noticias del modo con que se les trata en las 
haciendas, siendo uno de estos, que los eclesiásticos que pasen á 
ellas á esplicE.rles la doctrina y decirles misa, se puedan instruir por 
sí, y por los mismos esclavos del modo de proceder de los dueños, ó 
mayordomos, y de como se observa lo prevenido en esta instruc- 
ción, para que dando noticia secreta y reservada al procurador sín- 
dico de la ciudad, ó villa respectiva, promueva el que se indague si 
los amos, ó mayordomos faltan en todo, o en parte á sus respectivas 
obligaciones, sin que por defecto de justificación de la noticia, ó 



LOS NEGROS ESCLAVOS 455 



denuncia reservada dada por el eclesiástico por razón de su minis- 
terio, ó por queja de los esclavos, quede responsable aquel á cosa 
alguna, pues su noticia solo debe servir de fundamento, para que el 
procurador síndico promueva y pida ante la justicia, que se nombre 
un individuo del ayuntamiento, ú otra persona de arreglada conduc- 
ta, que pase á la averiguación, formando la competente sumaria, y 
entregándola á la misma justicia, sustancie y determine a causa 
conforme á derecho oyendo al procurador síndico, y dando cuenta 
en los casos prevenidos por las leyes, y esta instrucción, á la au- 
diencia del distrito, y admitiendo los recursos de apelación en los 
que haya lugar de derecho. 

Ademas de este medio convendrá que por las justicias, con 
acuerdo del ayuntamiento y asistencia del procurador síndico, se 
nombre una persona, ó personas de carácter y conducta, que tres 
veces en el año visiten y reconozcan las haciendas, y se informen de 
si se observa lo prevenido en esta instrucción, dando parte de lo 
que noten, para que actuada la competente justificación, se ponga 
remedio con audiencia del procurador síndico, declarándose también 
por acción popular la de denunciar los defectos, ó falta de cumpli- 
miento de todos, ó cada uno de los capítulos anteriores, y en el 
concepto de que se reservará siempre el nombre del denunciador; 
y se le aplicará la parte de multa que se deja señalada, sin respon- 
sabilidad en otro caso, que en el de justificarse notoria y plenísi- 
mamente que la declaración, o denuncia fue calumniosa. 

Y últimamente se declara también, que en los juicios de residen- 
cia se hará cargo á las justicias y á los procuradores síndicos, en 
calidad de protectores de los esclavos, de los defectos de omisión o 
comisión en que hayan incurrido, por no haber puesto los medios 
necesarios para que tengan el debido efecto mis reales intenciones, 
esplicadas en esta instrucción. — (V. Síndicos procuradores.) 

Capítulo XIV. — Caja de multas. En las ciudades y villas, que 
es donde deben formarse los reglamentos citados, y cuyas justicias 
y cabildos se componen de individuos españoles, se hará y tendrá 
en el ayuntamiento un arca de tres llaves, de las que se entregarán 
el alcalde primer voto, el regidor decano, y el procurador síndico, 
para custodiar en ella el producto de las multas, penas y condena- 
ciones, que se deben aplicar en todas las clases de causas que pro- 
cedan de esta instrucción, invirtiéndose precisamente su producto en 
los medios necesarios para su observancia en todas sus partes, no 
pudiéndose sacar de ella maravedises algunos para otro fin. y con 
libramiento firmado de los tres llaveros, con espresion del destino, 
é inversión, quedando responsables y obligados á reintegrar lo gas- 
tado, ó distribuido en otros fines, para en el caso de que por alguna 
de estas causas, ó por otras, no se aprueben las cuentas de este ramo 



456 FERNANDO ORTIZ 



por el intendente de la provincia, á quien anualmente se le deberán 
remitir, acompañándole testimonio del producto de las cultas, y de 
su inversión con los documentos justificativos de cargo y data. 

Para que tengan el debido y puntual cumplimiento todas las 
reglas prescritas en esta instrucción, derogo cualesquiera leyes, cé- 
dulas, reales órdenes, usos y costumbres que se opongan á ellas; y 
mando á mi consejo supremo de las Indias, vireyes, etc." 



24 Noviembre 1791. 

Rkal Ckdui.a prorrogando i.a de 1782 sobre libertad de la trata. 

La fatal nueva de la insurrección de los negros en la parte 
francesa de la isla de Santo Domingo, recibióse en Madrid el 20 
de Noviembre de aquel año; y temiendo el activo apoderado del 
Ayuntamiento de la Habana, que las conmociones de aquella Isla pu- 
diesen detener la prórroga que se acababa de conceder, apresuróse á 
tranquilizar al Gobierno, pintándole la diversa situación en que se 
hallaban Cuba y Santo Domingo. Penetrado el Gobierno de la soli- 
dez de sus razones y de que el incendio de esta última Isla no se 
propagarla á la primera, expidió con toda confianza la Real cédula 
de 24 de Noviembre de 1791, ampliando, modificando y derogando 
algunos artículos de la de 28 de Febrero de 1789. 

Prorrogóse, pues, el comercio de negros por seis años más, 
empezados á contar desde el I" de Enero de 1792. Aumentóse tam- 
bién el número de puertos habilitados para dicho comercio, y fué- 
ronlo Montevideo, en el Rio de la Plata: en el Vireinato de Santa 
Pé, Cartagena: en la Capitanía General de Caracas, Puerto Cabello, 
La Guayra, Maracaybo. Cumaná y Nueva Barcelona: en la isla Es- 
pañola, Santo Domingo: en la de Puerto Rico, el de este nombre, y 
en la de Cuba, el de la Habana, quedando habilitados para sólo los 
españoles, con exclusión de los extranjeros, los puertos de la misma 
Isla, Nuevitas, Batabanó, Trinidad y Santiago de Cuba; y el Rio de 
la Provincia de la Hacha en el referido Vireinato de Santa Fé: de- 
clarándose que aunque Puerto Cabello quedaba habilitado- para el 
comercio de negros, y cuanto tenía conexión con él, no por eso se 
debia entender por ahora habilitado para otros registros. 

Permitióse á los españoles extraer el dinero y frutos, excep- 
tuando solamente el cacao de Carac?s, que se necesitase para esta 
negociación, pagando un 6 por 100 de derechos, según lo dispuesto en 
Real orden de 6 de Enero de 1790: pero la introducción de negros 
quedaba absolutamente libre de todas contribuciones y del derecho 
de alcabala en primera venta. 



LOS NEGROS KSCLAVOS 45' 



Como la»^gracia de este comercio se dirigía al fomento de la 
agricultura, facultóse á los españoles, para que además de los negros 
pudiesen también introducir herramientas para 'la labranza, máqui- 
nas }■ utensilios para los ingenios, pagando los derechos que estaban 
en práctica antes de la citada Real cédula de 28 de Febrero, ó los 
que se arreglasen después, con absoluta prohibición de importar 
cualquier otro objeto comerciable, bajo la pena de confiscación del 
buque y carga y las demás impuestas por las leyes á los contra- 
bandistas. 

Dejóse al arbitrio del comerciante llevar el nú.mero de varones ó 
hembras que juzgase conveniente para la provisión del paraje adonde 
dirigiese su cargamento, aunque igualase ó excediese el de las últi- 
mas al de los primeros; permitiéndole igual facultad en orden á 
castas y calidades de los negros, pues estas cosas habian de dejarse 
al cuidado del comprador y vendedor, sin que los comisarios de ne- 
gros pudieran impedir la entrada y venta de otros que los contagia- 
dos: á cuyo solo punto se ceñirían, obligando á los introductores á 
que los extrajesen del país. 

Siendo ya necesario en muchfs partes de América el servicio 
doméstico de los negros, derogóse la capitación de dos pesos anua- 
les, que se impuso sobre cada uno, por el articulo 89 de la citada 
Real cédula de 28 de Febrero; y mediante á que la gratificación de 
4 pesos que señala el artículo 7' por cada negro que introdujesen 
los españoles, servia más de gravamen á la Real Hacienda que de 
estímulo al pomercio. no se cobrase en lo sucesivo. 

El estrecho plazo de 24 horas, que por el artículo 11 de la Real 
cédula de 28 de Febrero de 1789, se daba á los extranjeros para que 
vendiesen los negros que introducir.n, amplióse al término de 8 dias 
por el altículo 13 de la presente Real cédula. Tales son las alteracio- 
nes fundamentales que hizo éste á la anterior, y fueron sin duda 
muy ventajosas al tráfico de esclavos. 



20 Diciembre 1796. 

Rkgl.\5ih;xto de Cimarroxks, beformaoo por R. C. dk 7 de Febrero de 
1820 Y R. O. DE 22 Abril de 1822. 

PARTE PRIMERA 

Que trata de los Apalencados. 

Artículo 1" — Merecerán este nombre los que en número de siete 
lleguen á reunirse. 



458 KKKNAM)0 oiniz 



Artículo 2? — Pondrán el mayor cuidado en su reducción y es- 
carmiento los Capitanes generales y demás justicias de esta Isla. 

Artículo 3? — Para evitar su reunión, para poder perseguirlos y 
tal vez aprehenderlos antes de que merezcan el nombre de apalen- 
cados habrá una especie de registro en que se tome razón de todo 
esclavo que esté huido. 

Artículo 4? — Correrá con este registro el que fuere contador del 
Consulado de esta isla, con la asignación de mil pesos anuales, y 
asimismo tendrá dos oficiales, el primero dotado con ochocientos 
cuarenta pesos, y el segundo con tresientos sesenta, debiendo en- 
tenderse que estas asignaciones son por via de compensación á este 
nuevo trabajo. 

Artículo 5'.' — Y á fin de que sea tan exacto como se debe desear, 
se previene que todos los hacendados, amos de ingenios, cafetales, 
algodonerías y añilerírs que existen en esta provincia, tendrán obli- 
gación de dar noticia mensualmente al referido Contador del núme- 
ro de esclavos que cada uno tiene huidos, ó de que no hay novedad 
en sus haciendas, porque con arreglo al número de prófugos deberá 
la .Tunta de Gobierno tomar las providencias que crea convenientes. 

Artículo 6'.> — La Contaduría coordinará por partidos estas noti- 
cias, sacará con claridad el resultado que ofrezcan y anotará asimis- 
mo las haciendfiS que han faltado á tan justa obligación. 

Artículo 7'.' — El dia primero de Enero y el de Julio de cada año 
remitirán también los referidos hacendados un resumen igualmente 
circunstanciado de los esclavos que les quedan dispersos, y la Con- 
taduría cuidará de arreglr-r estas otras noticias en los términos que 
explica el artículo anterior. 

Artículo 8<,' — Será también obligación de los capitanes de par- 
tido el avisar mensualmente á la misma Contaduría lo que pudiesen 
sr.ber de las rancherías o palenques que existen en su distrito y no 
hayan podido destruir; remitiendo de todos modos una lista de los 
esclavos que en aquel mes hubiesen aprehendido, con especificación 
de los destinos que han llevado. 

Artículo 9<? — Los Síndicos de la ciudad y Consulado tendrán la 
indispensable obligación de examinar mensualmente el registro que 
hr, de formarse de todas estas noticias, y la de promover con vigor 
lo que conceptúen uno y otro que puede ser conveniente. 

Artículo 10. — El fondo del Consulado anticipará los gastos ne- 
cesarios para las expediciones que con urgencia se hagan contra 
alguna ranchería ó palenque, precediendo para esto acuerdo de la 
Junta de Gobierno, y quedando obligado el que capitanee la expedi- 
ción á conducir al mismo Consulado los esclavos que aprehendiere; 
para que !>:llí se le pague lo que tuviere (]ue haber, y pueda el Coa- 
gulado reintegrarse de todos sus suplementos. 



LOS NKGKOS ESCLAV(»S 451) 



Artículo 11. — Se conserva á las justicias ordinarias el derecho 
que ahora tienen para perseguir palenques, con tal de que se arre- 
glen al Arancel del Gobierno, y que le den noticia de Ir-s expedicio- 
nes que emprendan y de la resulta que haya habido. 

Artículo 12. — Los capitanes de partido podrán atacar por si 
mismos las rancherías ó palenques que en su distrito se formen, y 
tendrán la nueva obligación de visitarlos mensualmente, con el 
único objeto de descubrir cimarrones; quedando advertidos de que 
será muy reparable cualquiera omisión ó descuido que tengan en 
esta parte. 

Artículo 13. — Xo pueden dictarse reglas para que en el momento 
del ataque se trate á los apalencados con dulzura y cristiandad; 
pero pasado aquel, desarmado ya el esclavo, se prohibe maltratarlo. 

Artículo 14. — Lejos de poder hacer costas, y formar procesos 
para inquirir los delitos que anteriormente hayan cometido los es- 
clavos, debe observarse a la letra la ley 26, tít. 5. libro 7 de la Reco- 
pilación de Indias, que lo reprueba. 

Artículo 15. — Solo en los casos de motín, salteamiento de cami- 
no ó de ladrones famosos se llevarán á la Cárcel, y aun entonces, 
castigados que sean los cabezas de motin. se entregarán los demás 
á sus verdaderos amos sin la menor demora. Y si estos no los recla- 
man ó no pagan de contado lo que por Arancel adeudan se ocurrirá 
al instante al Sr. Prior del Consulado, que mandará abonar todo 
lo que se deba y dispondrá igualmente que tomada razón en la 
Contaduría se pongan en una obra pública los esclavos aprehen- 
didos. 

Artículo 16. — Con los demás apalencados que no sean reos de 
motin. salteamientos de camino ó ladrones famosos se excusará la 
entrada en la cárcel entregándolos á sus amos, ó al Sr. Prior del 
Consulado en los términos y casosque previene el artículo anterior. 

Artículo 17. — Que á menos que no sea persona conocida del 
Contador no se entregue ningún negro del depósito sin que haga 
comparecer el esclavo ante el Diputado de obras y se examine si 
conoce al que lo solicita: debiendo los amos enviar algún operario 
ó negro de las mismas haciendas que pueda reconocerlos y ser reco- 
nocido por ellos, sin cuyo requisito deberá presentarse certificación 
por el reclamante del juez del partido en que resida de ser de su 
pertenencia el esclavo. 

Artículo 18. — Se faculta al tribunal del Consulado para que 
haga la calificación y entrega de los esclavos cuando se ofrezcan 
dudas sobre la legitimidad de las personas que los reclamen, bastan- 
do la orden escrita de uno de los vocales para quedar á cubierto la 
Contaduría. 



4tíU FERNANDO OKTIZ 



PARTE SEGUNDA 
Que trata de los cimarrones simples. 

Artículo 1? — Se estimarán como tales el esclavo ó los esclavos 
que á tres leguas de distancia de las haciendas de criar en que 
sirven, y legua y media de las de labor se hallan sin papel de su 
amo, mayoral ó mayordomo, ó con papel que pase de un mes de 
fecha. 

Artículo 2'.> — Cualesquiera podrá aprehenderlo, y ganará para sí 
el precio de la captura como no esté asalariado por el amo del 
cimarrón. 

Artículo 3" — Dentro de setenta y dos horas precisas deberá salir 
el esclavo de manos del aprehensor. 

Artículo 4'.' — Será obligación del aprehensor llevar el negro á 
su dueño cuando lo sepa explicar; y solo en el caso de resistirse el 
pago de la captura lo presentará al juez de partido mas inmedia- 
ta, donde tomará el competente recibo parp„ que le sea abonada aque- 
lla cuando éste la cobre del Consulado. 

Artículo 5'.'— Las justicias remitirán inmediatamente al Consu- 
lado los esclavos que expresen corresponder á vecinos de esta ciu- 
dad, y solo permanecerán diez dias en su poder cuando no sepan 
explicar el nombre de su dueño ó de las haciendas á que pertenecen. 

Artículo 6" — Si su verdadero amo pareciere en este tiempo se 
le devolverá sin demora, con tal de que antes pague los costos de la 
captura y demás que haya causado, y de que deje también su com- 
petente recibo. 

Artículo 7? — Si no pareciere el amo, ó no paga puntualmente 
lo que el Arancel previene para semejante caso, al cumplimiento de 
los diez dias se traerá el cimarrón á esta ciudad; y por la Conta- 
duría del Consulado se abonarán todos los costos legales. 

Artículo 8" — Se destinará al instante con toda seguridad á las 
obras del Consulado, y se mantendrá allí hasta que reclame su amo 
y reintegre los desembolsos que el Consulado tenga hechos advir- 
tiéndose que nada se abonará por jornal, ni se exigirá tampoco por 
lo que gaste en alimento y curación el tiempo que los cimarrones es- 
tén á las órdenes del Consulado sin que sepa de su dueño, porque 
sabiéndose y avisándoselo corre la curación de su cuenta, facultán- 
dose al Contador los cobre ejecutivamente. 

Artículo 9<' — Todos los negros cimarrones que existan en el 
Consulado, se reunirán en la casa de Depósito los domingos y dias 
preceptuados, para que puedan allí concurrir los que tengan negros 
fugitivos, reconocerlos y reclamar los que les pertenezcan. 



hOS NKOROS ESCLAVOS 4G1 



artículos adicionales 

Artículo I9 — Se establecerá un oratorio en la casa de depósito 
y se dotará un capellán, que ademan de la obligación de celebrar el 
santo sacrificio de la Misa en los dias festivos; tenga la de enseñar 
la doctrina cristiana á los esclavos del Consulado y á los prófugos 
que se encuentren en el Depósito. 

Artículo 2'' — Todos los dias primeros de cada mes se publicará 
una lista que comprenda los cimarrones que existan en las obras del 
Consulado, dándose cada seis meses noticia a la Intendencia de la 
misma existencia. 

ARANCEL DE CAPTURAS DE NEGROS APALENCADOS 

Artículo T.9 — 'En los casos extraordinarios se señalará por el 
Gobierno el premio que sea conveniente, con audiencia del cuerpo 
que costea la expedición. 

Artículo 2" — Si no precede este señalamiento, y entre muertos, 
heridos y presos pasaren de veinte los esclavos, se darán diez y 
ocho pesos por cada uno que se coja, sea donde Tuere el lugar de la 
ranchería. Nada por los que en la refriega muriesen ó viniesen tan 
estropeados que los renuncien sus amos. Por los palenques en que 
pasen de doce los aprehendidos, muertos y heridos, se pagarán diez 
y seis, y por los que pasen de seis, diez; autorizándose al Contador 
á consultar en cada caso con los jueces del tribunal del Consulado 
el que le parezca merecer mayor premio á fin de que recayendo su 
aprobación pueda exhibir la Contaduría á los rancheadores los pre- 
mios aprobados. 

Artículo 3':' — Si alguno de ios aprehensores saliese herido en la 
refriega, se pagará por el consulado su curación, y todo el tiempo 
que dure se le dará el salario que ganaba por su oficio. 

Artículo 4? — Supuesto que con competente comisión de cual- 
quier justicia puede atacarse un palenque ó ranchería y que los que 
de ellas se aprehendan deben llevarse á la ciudad en que reside la 
justicia que dio la comisión para que proceda con arreglo á las le- 
yes, se previene que el Consulado pagará la captura de aquellos 
esclavos que hallándose en los casos de la ley merezcan ejemplar 
castigo. 

Artículo .5'' — Ademas de lo que se señala por la captura de los 
apalencados se contribuirá con un real diario por su alimento, otro 
real por la custodia y por su conducción tres reales por cada legua. 

Artículo 6' — Lo que resulte de las capturas de apalencados se 
repartirá por iguales partes entre los de la expedición y solo al que 
capitanee la cuadrilla se dará un sexta parte mas que á los otros. 



4t>2 FEliNANDO OliTlZ 



Pero las justicias que no asistan al ataque no prí3tenderán parte 
alguna por haber dado la comisión, ni llevarán mas derechos que 
los que se señalan á los jueces de hermandad por la ley !<% lib. 8, 
título 13 de la Recopilación de Castilla, que es la única que puede 
aplicarse á semejante caso. 

Cimarrones simples. 

Artículo 7? — La reunión de cuatro o cinco fugitivos no forma 
palenque porque á nadie puede causar el mayor susto ó cuidado; se 
estimarán pues; como cimarrones simples. Será en todos casos igual 
el precio de su captura, sin que se admita á prueba sobre la docili- 
dad ó resistencia del cimarrón; pero en cualquier ocasión que el 
aprehensor sea herido, se le dará la asistencia y socorro que previene 
el artículo 3 del Arancel. 

Artículo 8? — Se pagarán cuatro pesos por el hecho de la apre- 
hensión, y dos reales por cada legua de las que tiene que andar 
desde su casa hasta la de la justicia mas inmediata, á donde irremi- 
siblemente debe estar el esclavo setenta y dos horas después de su 
aprehensión. 

Artículo 9<.' — Si el aprehensor no estuviese domiciliado en aque- 
lla vecindad, se graduará la distancia desde la casa en que durmió 
la noche anterior, con tal de que exista dentro del mismo partido, 
y si no existiere se le abonará un peso. 

Artículo 10. — Nada podrá pedir por el mantenimiento y hospi- 
talidad que en aquellas setenta y dos horas tiene obligación de dar. 

Artículo 11. — Pero el capitán de partido se abonará un real 
para alimentar al esclavo en cada uno de los diez dias que estuviere 
en su poder otro real diario por el cuidado que en aquel tiempo ha 
tenido; y en caso de enfermedad se pasará por la relación jurada 
que de los gastos presente. 

Artículo 12. — Por la conducción de estos cimarrones se abonará 
lo mismo que por la de los apalencados. 

PENAS CONTRA LOS INFRACTORES DE ESTE REGLAMENTO 

Artículo I9 — El hacendado que hubiese faltado á remitir la 
lista qqe solo por su bien se le pide, no perderá por esto el derecho 
de probar la propiedad que sobre su esclavo conserva, pero se le 
impone la pena de dos pesos aplicados al fondo del Consulado por 
cada esclavo que lleve sin aquella circunstancia, facultándose al 
Contador para exigir estas multas, y por que no se tengan condes- 
cendencias en esta parte, será obligación de los Síndicos de la Ciu- 



LOS NEGKOS ESCLAVOS 4G3 



dad y Consulado, comparar el registro con los recibos y reclamar lo 
conveniente con dos veces al año lo menos. 

Artículo 2? — Las justicias y capitanes de cada territorio proce- 
derán criminalmente contra todo el que con conocimiento mantu- 
viese un negro por mas tiempo que el que se permite en este Regla- 
mento a los aprehensores, ó que los hubiese entregado á quien no es 
el verdadero dueño, y sustanciado el sumario se remitirá con el reo 
á la Intendencia de Ejército como incidencia de mostrencos para 
que siga la causa por sus trámites regulares; y ademas de la pena 
que por la ley merezca el exceso, se impondrá la multa de cien pesos 
para el delator. 

Artículo 3? — Lo mismo se hará con la justicia que ocupe en 
algún servicio al negro que debe estar en el cepo; al que con mala 
fé lo tenga mas dias de los diez prevenidos, ó que con la misma mala 
fé lo entregue al que no fuese su dueño. 

Artículo 4? — También se procederá criminalmente contra el 
aprehensor que por ganar la captura quitase el papel; alterase la 
distancia ó de cualquier manera le supusiese huido sin que en rea- 
lidad lo sea; pero en todos los casos de este artículo deberá hacer 
de fiscal uno de los dos Síndicos; de cuyo celo se espera que tenga 
la debida induljencia con las pequeñas faltas pues decaería de lo 
contrario el oficio de rancheador. 

Artículo 5? — Obligadas las justicias de cada partido á exigir del 
dueño ó del Consulado el precio de la captura y demás costos, no 
tardarán un momento en pagar lo que corresponde al aprehensor, 
advertidas de que si asi no lo hiciesen y este reclamare con justicia; 
serán condenados en el triple. 

Artículo 6? — Se castigará igualmente con un mes de cárcel al 
conductor de cimarrones que los dejare huir; y sin perjuicio de las 
demás que merezca su malicia se impondrá la misma pena al que 
entregue á cualquiera otro los que al Consulado se dirijan. 

Artículo 7? — El tribunal del Consulado exigirá de los Síndicos de 
la ciudad y Consulado la multa de veinte pesos, siempre que hubie- 
sen faltado á la obligación que se les impone en el artículo del 
Reglamento. 

8 Febrero 1815. 
Declakacion del Congreso de Viena. 

Considerando: "Que los hombres justos é ilustrados de todos 
los siglos han pensado, que el comercio conocido con el nombre de 
tráfico de negros de África es contrario á los principios de la huma- 
nidad y de la moral universal: — Que las circunstancias particulares 



464 FlíIiNANDt) ORTI/. 



que le originaron-, y la dificultad de interrumpir repentinamente su 
curso, han podido cohonestar hasta cierto punto la odiosidad de 
conservarle; pero que al fin la opinión pública en todos los paises 
cultos pide, que se suprima lo más pronto posible: — Que después 
tjue se ha conocido mejor la naturaleza y las particularidades de 
este comercio, y se han hecho patentes todos los males de que es 
causa, varios gobiernos de Europa han resuelto abandonarlo, y que 
sucesivamente todas las potencias que tienen colonias en las dife- 
rentes partes del mundo, han reconocido por leyes, por tratados ó 
por otros empeños formales las obligaciones y la necesidad de es- 
tinguirlo: — ^Que por un artículo separado del último tratado de 
París, han estipulado la Gran Bretaña y la Francia, que unirán sus 
esfuerzos en el congreso de Viena, para decidir á todas las potencias 
de la cristiandad, á decretar la prohibición universal y definitiva 
del comercio de negros: — Que los plenipotenciarios reunidos en este 
congreso no pueden honrar mas bien su comisión, desempeñarla y 
manifestar las máximas de sus augustos soberanos, que esforzándose 
para conseguirlo, y proclamando en nombre de ellos la resolución de 
poner término á una calamidad, que ha desolado por tanto tiempo 
el África, envilecido la Europa, y afligido la humanidad. — Dichos 
plenipotenciarios han convenido en empezar sus deliberaciones sobre 
los medios de conseguir objeto tan provechoso, declarando solemne- 
mente los principios, que les guian en este examen. — En consecuen- 
cia, y debidamente autorizados para este acto por la adhesión uná- 
nime de sus cortes respectivas, al principio enunciado en el dicho 
artículo separado del tratado de París, declaran á la faz de la Euro- 
pa, que siendo á sus ojos la estincion universal del comercio de ne- 
gros una disposición digna de su particular atención, conforme al 
espíritu del siglo, y á la magnanimidad de sus augustos soberanos; 
desean sinceramente concurrir á la pronta y eficaz ejecución de ella 
con cuantos medios estén á su alcance, y empleándolos con el celo 
y perseverancia, que exije una causa tan grande y justa. — Sin em- 
bargo conociendo la manera de pensar de sus augustos soberanos, 
no pueden menos de proveer, que aunque sea muy honroso el fin que 
se proponen, no procederán sin los justos miramientos, que requie- 
ren los intereses, las costumbres, y aun las preocupaciones de sus 
subditos; y por lo tanto los dichos plenipotenciarios reconocen al 
mismo tiempo, que esta declaración general no debe influir en el 
término que cada potencia en particular juzgue conveniente fijar 
para la estincion definitiva del comercio de negros. Por consiguiente, 
el determinar la época, en que este comercio debe quedar prohibido 
universalmente, será objeto de negociación entre las potencias; 
bien entendido, que se hará todo lo posible, para acelerar y asegu- 
rar el curso del asunto, y que no se considerará cumplido el empe- 



LOS NKGROS ESCLAVOS 465 



ño recíproco, que los soberanos contraen entre si en virtud de la 
presente declaración, hasta que se haya conseguido completamente 
el fin que se ha propuesto en su empresa. — Comunicando esta decla- 
ración á la Europa y á todas las naciones cultas de la tierra, los 
dichos plenipotenciarios esperan, que estimularán á los demás go- 
biernos, y particularmente á los que prohibiendo el comercio de ne- 
gros han "manifestado las mismas máximas, á sostenerlos con su 
dictamen en un asunto, cuyo logro será uno de los mas dignos mo- 
numentos del siglo, que lo ha promovido, y le habrá dado fin glo- 
riosamente. — Viena 8 de febrero de 1815." 



19 Diciembre 1817. 

R. C. Circular .v Indias sobrk prohibición de la trata. 

"El Rey. — La introducción de negros esclavos en América fué 
una de las primeras providencias, que dictaron mis augustos prede- 
cesores para el fomento y prosperidad de aquellop vastos dominios, 
muy poco tiempo después de haber sido descubiertos. La imposibili- 
dad en que estaban los indios de ocuparse en diferentes trabajos úti- 
les, aunque penosos, nacida del ningún conocimiento, que tenian de 
las comodidades de la vida, y de los cortísimos progresos que entre 
ellos habia hecho la sociedad civil, exigió por entonces, que el bene- 
ficio de las minas y el rompimiento y cultivo de las tierras se entre- 
garan á brazos mas robustos y activos. Esta providencia, que no 
creaba la esclavitud, sino que aprovechaba la que ya existia por la 
barbarie de los africanos, para salvar de la muerte á sus prisioneros, 
y aliviar su triste condición, lejos de ser perjudicial para los ne- 
gros de África, trasportados á América, les proporcionaba no solo 
el incomparable beneficio de ser instruidos en el conocimiento del 
Dios verdadero, y de la única religión con que este supremo Ser 
quiere ser adorado de sus criaturas, sino también todas las ventajas 
que trae consigo la civilización, sin que por esto se les sujetara en 
su esclavitud á una vida mas dura que la que traían siendo libres en 
su propio pais. Sin embargo, la novedad de este sistema requería 
mucho detenimiento en su ejecución, y f.sí fue que la introducción 
de negros esclavos en América dependió siempre de permisos particu- 
lares, que mis augustos predecesores concedian según las circuns- 
tancias de los lugares y de los tiempos, hasta que la de negros boza- 
les fue generalmente permitida, asi en buques nacionales como es- 
trangeros, por reales cédulas de 28 de setiembre de 1789, 12 de abril 
de 1798 y 22 de abril de 1804, en cada una de las cuales se señalaron 
diferentes plazos para dicha introducción: todo esto manifestaba 



4G6 FERNANDO ORTlZ 



bien claramente que la cristiana sabiduría de los reyes consideraba 
siempre estas providencias como escepciones de la ley sujeta á con- 
diciones variables. Aun no habia espirado el concedido en la de 22 
de abril de 1804, cuando la divina providencia me restituyó al trono 
á que me había destinado, y de que intentó pérfidamente despojarme 
un injusto usurpador. Las turbulencias y disensiones suscitadas en 
mis dominios de América durante mi ausencia, fijaron desde luego 
mi soberana atención; y meditando con incesante desvelo las provi- 
dencias mas adecuadas para restablecer el buen orden en aquellos 
remotos prises, y darles todo el fomento de que son capaces, no 
tardé en advertir, que hablan variado enteramente las circunstancias 
que movieron á mis augustos predecesores, para permitir el tráfico 
de negros bozales en las costas de África, y su introducción en am- 
bas Américas. En ellas ha crecido prodigiosamente el número de 
negros indígenas, y aun el de los libres, á beneficio de la regulación 
suave del gobierno, y de la cristiandad y temple humano de los pro- 
pietarios españoles: el de blancos se ha aumentado mucho, y el clima 
no es tan perjudicial pí-ra esos como lo era antes de que las tierras 
se desmontasen y pusiesen en cultivo. Aun el bien que resultaba á 
los habitantes de África, de ser trasportados á países cultos, no es 
ya tan urgente y esclusivo, desde que una nación ilustrada ha 
tomado sobre sí la gloriosa empresa de civilizarlos en su propio 
suelo: al mismo tiempo la general cultura de Europa, y el espíritu 
de humanidad, que ha dirigido sus últimas transaciones, al restaurar 
el edificio, que la depravación del régimen del usurpador habia des- 
truido hasta sus bases, han escitado un conato general entre los 
soberanos de Europa de ver abolido este tráfico; y en el congreso de 
Viena, conviniendo en la necesidad de la abolición, se ocuparon en 
facilitarlo por medio de las negociaciones mas amistosas con las 
potencias que tenian colonias, encontrando en Mí aquella disposi- 
ción que era consiguiente á tan laudable empeño. Estas considera- 
ciones movieron mi real ánimo á informarme de personas instruidas 
y celosas de la prosperidad de mis estados sobre los efectos, que en 
ellos produciría la abolición del tráfico de negros. Vistos sus infor- 
mes, deseoso de asegurar el acierto en materia de tanta trascenden- 
cia y gravedad, los remití á mi consejo de las Indias con real orden 
de 14 de junio de 1815 para que me consultara lo que se le ofreciese 
y pareciese. Agregados todos estos copiosos materiales y los antece- 
dentes del asunto, y visto lo que el propio supremo tribunal me ha 
espuesto en su consulta de 15 de febrero de 1816, correspondiendo á 
la confianza que en él tengo depositada, y conformándome con su 
parecer sobre la abolición del tráfico de negros, y convenido con el 
Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña é Irlanda, por un tratado 
solemne sobre todos los puntos de interés recíproco que versan en 



I.OS NEGROS ESCLAVOS 4fi' 



esta notable transacion, y hecho cargo de ser llegado el tiempo de la 
abolición, debidamente los intereses de mis estados de América con 
los sentimientos de mi real animo, y los deseos de todos los sobera- 
nos mis amigos y aliados, he venido en resolver lo siguiente: 

Art. 1. Desde hoy en adelante prohibo para siempre á todos 
mis vasallos, así á los de la Península como á los de América, que 
vayan á comprar negros en las costas de África, que están al norte 
del Ecuador. Los negros que fueren comprados en dichas costas, se- 
rán declarados libres en el primer puerto de mis dominios á que 
llegare la embarcación en que sean trasportados; esta con lo restan- 
te de su carga, será confiscado para mi real hacienda, y el compra- 
dor, el capitán, el maestre y piloto, irremisiblemente condenados á 
10 años de presidio en las islas Filipinas. 

Art. 2. La pena señalada en el artículo precedente, no com- 
prende al comprador, capitán, maestre y piloto de las embarcaciones 
que salgan de cualquiera puerto de mis dominios para las costas de 
África, que están al norte del Ecuador, antes del dia 22 de noviem- 
bre del presente año, á los cuales les concedo ademas el plazo de 6 
meses, contados desde dicha fecha, para que concluyan sus espe- 
diciones. 

Art. 3. Desde el dia 30 de mayo de 1820 prohibo igualmente á 
todos mis vasallos, así á los de la Península como á los de América, 
que vayan á comprar negros en las costas de África, que están al sur 
del Ecuador, bajo las mismas penas impuestas en el artículo 1? de 
esta mi real cédula; concediendo asimismo el plazo de 5 meses 
desde dicha fecha, para que puedan completar sus viages los buques 
que hubiesen sido habilitados antes de la citada fecha de 30 de mayo 
de 1820, en que ha de cesar totalmente el tráfico de negros en todos 
mis dominios, tanto en España como en América. 

Art. 4. Los que usando del permiso que concedo hasta 30 de 
mayo de 1820 fueren á comprar negros en las costas de África que 
están al sur del Ecuador, no podrán trasportar mas esclavos que 5 
por toneladas del porte de su buque, y si alguna contraviniere á 
esta disposición, será castigado con la pena de perder todos los que 
trasportare, los cuales serán declarados libres en el primer puerto de 
mis dominios á que arribe la embarcación. 

Art. 5. Por el cómputo de 5 negros por cada 2 toneladas no se 
hará cuenta con los que nacieren durante la navegación, ni con los 
que fueren sirviendo en el buque en clase de marineros ó criados. 

Art. 6. Los buques estrangeros que introduzcan negros en cual- 
quiera puerto de mis dominios, deberán hacerlo con sujeción á las 
reglas que se prescriben en esta mi real cédula, y en caso de con- 
travención serán castigados con las mismas penas que señalan en 
ella. 



408 FERNANDO OKTIZ 



Y siendo mi real voluntad que todo lo referido se circule á mis 
dominios de América y Asia para su mas puntual observancia, lo 
comunique á mi supremo consejo de Indias." 



1822. 

Pi{:)YKcro Al{0LICI0^usTA UK.L P. Félix Várela. 

Memoria que demuestra la necesidad de extinguir la esclavitud de los 
negros en la Isla de Cuba, atendiendo á los intereses de sus pro- 
pietarios, por el Presbítero don Félix Várela, Diputado á Cortes. 

La irresistible voz de la naturaleza clr.ma que la Isla de Cuba 
debe ser feliz. Su ventajosa situación, sus espaciosos y seguros 
puertos, sus fértiles terrenos serpenteados por caudalosos y frecuen- 
tes rios, todo indica su alto destino á figurar de un modo intere- 
sante en el globo que habitamos. Cubríala en los primeros tiempos 
un pacífico y sencillo pueblo que, sin conocer la política de los hom- 
bres, gozaba de los justos placeres de la frugalidad, cuando la mano 
de un conquistador condujo la muerte por todas partes, y formó un 
desierto que sus guerreros no bastaban á ocupar. Desapareció como 
el humo la antigua raza de los Indios conservada en el continente 
á favor de las inmensas regiones donde se internaiban. Sólo se vieron 
habitadas las cercanías de varios puertos, donde el horror de su 
misma victoria condujo á los vencedores rodeados de una pequeña 
parte de sus víctimas, y las cumbres de lejanos montes donde halla- 
ron un espantoso asilo algunos miserables que contemplaban triste- 
mente sus albergues arruinados, y las hermosas llanuras en que 
poco antes tenían sus delicir.s. 

No recordaría unas ideas tan desagradables cómo ciertas si su 
memoria no fuera absolutamente necesaria para comprender la si- 
tuación política de la Isla de Cuba. Aquellos atentados fueron los 
primeros eslabones de una gran cadensí que oprimiendo á millares 
de hombres les hace gemir bajo una dura esclavitud sobre un suelo 
donde otros recibieron la muerte, cadena infausta que conserva en 
una Isla, que parece destinada por la naturaleza á los placeres, la 
triste imagen de la humanidad degradada. 

Era imposible que el canal de comunicación de dos mundos no 
recibiera el torrente de luces del civilizado y los inmensos tesoros 
que poseía el inculto, y aun era más imposible que con tales ele- 
mentos no hubiera bastado un solo siglo para formar una nueva 
Atlántida. Sin embargo, la tenebrosa política de aquellos tiempos 
(si es que entonces tenía alguna la España) después de haber deja- 



LOS N^GKOS ESCLAVOS 4H}) 



do la Isla casi desierta, procuró impedir la concurrencia no sólo de 
los extranjeros, sino aun de los mismos nacionales, escaseando los 
medios de una inmigración que hubiera consolidado los intereses de 
los nuevos poseedores. 

Se declaró en seguida una tremenda guerra á la prosperidad de 
aquellos paises. creyéndolos destinados por la Providencia para en- 
riquecer á éstos, é ignorando las verdaderas fuentes del engrandeci- 
miento de unos y otros, fuentes obstruidas por la avaricia de algunos 
con perjuicio de todos. 

Esta conducta del Gobierno produjo un atraso en la población de 
aquella hermosa Isla, y animó á una potencia, cuyas luces la han in- 
clinado siempre á diversos y seguros caminos para hallar sus intere- 
ses, animó, digo, á la Inglaterra en la empresa de brindarnos brazos 
africanos que cultivasen nuestros campos. La Inglaterra, esa misma 
Inglaterra que ahora ostenta una filantropía tan hija de su interés 
como lo fueron sus pasadas crueldades, y yo no sé si diga como lo 
son sus actuales, pero disfrazadas opresiones, esa misma Inglaterra, 
cuyo rigor con sus esclavos no ha tenido ejemplo, esa misma intro- 
dujo en nuestro suelo el principio de tantos males, Ella fué la pri- 
mera que con escándelo y abominación de todos los virtuosos no du- 
dó inmolar la humanidad á su avaricia, y si ha cesado en estos bár- 
baros sacrificios es porque han cesado aquellas conocidas ventajas. 
Pero ¡qué digo han cesado!... El Brasil... yo no quiero tocar este 
punto... la Inglaterra nos acusa de inhumanos, semejante á -un gue- 
rrero que después de inmolar mil víctimas á su furor, se eleva sobre 
un grupo de cadáveres, y predica lenidad con la espada humeante en 
la mano, y los vestidos ensangrentados. Ingleses, en vuestros labios 
pierde su valor la palabra filantropía, escusadla, sois malos apóstoles 
de la humanidad. 

Una funesta imprevisión de nuestro Gobierno en aquellos tiem- 
pos fué causa de que no sólo aprobase el tráfico de negros sino que. 
teniéndolo como un especial beneficio, asignó un premio de cuatro 
pesos fuertes por cada esclavo que se introdujese en la Isla de Cuba, 
ademas dé permitir venderlos al precio que querían sus dueños, 
como si los hombres fueran uno de tantos géneros de comercio. De 
este modo se creyó que podía suplirse sin peligro la falta de brazos, 
¡sin peligro, con hombres esclavos! El acaecimiento de Santo Do- 
mingo advirtió muy pronto al Gobierno el error que había come- 
tido: empero, siguió la introducción de negros... 

Sin embargo, me sirve de mucha complacencia poder manifestar 
á Irs Cortes, que los habitantes de la Isla de Cuba miran con horror 
esa misma esclavitud de los africanos que se ven precisados á fo- 
mentar no hallando otro recurso, pues ademas de la falta de brazos 
para la agricultura, el número de sirvientes libres se reduce al de 



■iii) FKKNANDO OKTIZ 



algunos libertos; digo algunos, porque es sabido que aun esta clase 
no quiere alternar con los esclavos, y sólo cuando no hallan otra 
colocación se dedican aJ servicio doméstico. Mucho menos se encuen- 
tran criados blancos, pues aun los que van de Europa, en el momento 
que llegan á la Habana no quieren estar en la clase de sirvientes. De 
aquí resulta que los salarios son exorbitantes, pues el precio corrien- 
te es de catorce a veinte duros mensuales, y siendo una cocinera ú 
otro criado de algún mérito, jamás baja de veinte y cinco duros. 

Suplico al Congreso me dispense que haya molestado su aten- 
ción, refiriendo pormenores caseros, pues su noticia ilustra mucho 
para la inteligencia del extraordinario fenómeno de que un pueblo 
ilustrado y amable como el de la Habana, compre esclavos y más 
esclavos. El Gobierno, lo repetiré mil veces, el Gobierno es quien 
puede evitar esto, proporcionando el aumento de libertos que por' 
necesidad tendrán que ocuparse en el servicio doméstico, bajando el 
precio de los salarios que con el tiempo será muy moderado cuando 
se destierre la esclavitud, y algunos blancos no tengan á menos de- 
dicarse á igual servicio. _Me atrevo á asegurar que la voluntad gene- 
ral del pueblo de la Isla: de Cuba es que no haya esclavos, y sólo de- 
sea encontrar otro medio de suplir sus necesidades. Aunque es cierto 
que la costumbre de dominar una parte de la especie humana inspi- 
ra en algunos cierta insensibilidad á la desgracia de estos miserables, 
otros mxichos procuran aliviarla, y más que amos son padres de sus 
esclavos. 

Yo estoy seguro de que pidiendo la libertad de los africanos con- 
cillada con el interés de los propietarios, y la seguridad del orden 
público por medidas prudentes, solo pido lo que quiere el pueblo de 
Cuba. Mas yo no quiero anticipar el plan de mis ideas, y suplico á 
las Cortes me permitan continuar la narración de los hechos que 
sirven de base á las proposiciones que debo hacer sobre esta ma- 
teria. 

La introducción de africanos en la Isla de Cuba dio origen á la 
clase de mulatos, de los cuales muchos han recibido la libertad por 
sus mismos padres, mas otros sufren la esclavitud. Esta clase, fun- 
que menos ultrajada, experimenta los efectos consiguientes á su 
nacimiento. No es tan numerosa, pues no ha recibido los refuerzos 
que la de negros en los repetidos cargamentos de esta mercancía 
humana, que han llegado de África; pero como son menos destrui- 
dos, se multiplican considerablemente. Ambas clases reunidas for- 
man la de originarios de África, que según los cómputos mas exactos 
á principios de 1821, excedía á la población blanca como tres á uno. 
I.os esclavos se emplean en la agricultura y en el servicio doméstico, 
mas los libres están casi todos dedicados á las artes, así mecánicas 
como liberales, pudiéndose decir que para un artista blanco hay 



I.OS NKGROS KSCLAVOS 4 71 



veinte de color. Estos tienen una instrucción, que acaso no podía 
esperarse, pues la mayor pr rte de ellos saben leer, escribir y contar 
y además su oficio que algunos poseen con bastante perfección, aun- 
que no son capaces de igualas a los artistas extranjeros, por no ha- 
ber tenido más medio de instruirse que su propio ingenio. Muchos de 
ellos están iniciados en otras clrses de conocimientos, y acaso no 
envidian á la generalidad de los blancos. 

La necesidad, maestra de los hombres, hizo que de su infortunio 
sacaran los originarios de África estas ventajas, pues hallándose 
sin bienes y sin estimación han procurado suplir estas faltas en 
cuanto les ha sido posible por medio de su trabajo, que no sólo les 
proporciona una cómoda subsistencia, sino algún mayor aprecio de 
los blancos: al paso que éstos han sufrido un golpe mortal por la 
misma civilización de los africanos. Efectivamente, desde que las 
artes se hallaron en manos de negros y mulatos se envilecieron para 
los blancos, que sin degradarse no podían alternar con aquellos infe- 
lices. La preocupación siempre tiene gran poder, y á pesar de todos 
los dictámenes de la filosofía, los hombres no se resignan á la igno- 
rancia cuando un pueblo justa ó injustamente desprecia tales ó 
cuales condiciones. De aquí se infiere cuan infundada es la inculpa- 
ción que muchos han hecho á los naturales de la Habana, por su 
poco empeño en dedicarse á las artes, y no falta quien asegura que 
el mismo clima inspira la ociosidad. El Gobierno es quien la ha ins- 
pirado, y aun diré más. quien la ha exigido en todrs épocas. Yo sólo 
pido que se observe que esos mismos artistas oriundos de África no 
son otra cosa que habaneros, pues apenas habrá uno ú otro que no 
sea de los criollos del país. 

Las leyes son las únicas que pueden ir curando insensiblemente 
unos males tí".n graves, más éstas por desgracia los han incremen- 
tado, autorizando el principio de que provienen. El africano tiene 
por la naturaleza un signo de ignominia, y sus naturales no hubie- 
ran sido despreciados en nuestro suelo si las leyes no hubieran hecho 
que lo fueran. La rusticidad inspira compasión á las almas justas, y 
no desprecio; pero las leyes, las tiránicas leyes, procuran perpetuar 
la desgracia de aquellos miserables, sin advertir que el tiempo es- 
pectador tranquilo de la constante lucha contra la tiranía, siempre 
ha visto los despojos de ésta sirviendo de trofeos en los gloriosos 
tiempos de aquella augusta madre universal de los mortales. 

Resulta, pues, que la agricultura, y Irs demás artes de la Isla 
de Cuba, dependen absolutamente de los originarios de África, y 
que si esta clase quisiera arruinarnos le bastaría suspender sus 
trabajos, y hacer una nueva resistencia. Su preponderancia puede 
animar á estos desdichados á solicitar por fuerza lo que por justicia 
se les niega, oue es la libertad y el derecho de ser felices. Hasta 



472 FERNANDO OKTIZ 



ahora se ha creído que su misma rusticidad les hace imposible tal 
empresa; pero ya vemos que no es tanta, y que, aun cuando lo 
fuera, serviría ella misma para hacerlos libres, pues el mejor sol- 
dado es el más bárbaro cuando tiene quien le dirija. Pero ¿faltarán 
directores? Los hubo en la Isla de Santo Domingo, y nuestros ofi- 
ciales aseguraban haber visto en las filas de los negros los uniformes 
de una potencia enemiga, cuyos ingenieros dirigían perfectamente 
todo el plan de hostilidades. 

Pero ¿á qué ocurrir á la época pasada? Los países independien- 
tes no pueden dar esta dirección y suministrar otros medios para 
completar la obra? En el estado actual de Haití con un ejército nu 
meroso, aguerrido, bien disciplinado, y lo que es más, con grandes 
capitales, ¿no podría emprender nuestra ruina que sería su mayor 
prosperidad? Ya la ha emprendida, pues se sabe que dirigieron á 
nuestras costas dos fragatas con tropas para formar la base del 
ejército, que muy pronto se hubiera aumentado extraordinariamen- 
te, mas el naufragio de dichos buques libertó á la Isla de Cuba de 
esta gran calamidad. Se advierte una frecuente comunicación entre 
ambas Islas, cuando antes apenas se recibían dos o tres correspon- 
dencirs al año. En el estado de independencia en que se halla la de 
Santo Domingo, ya sea que los negros acometan á los blancos, y se 
apoderen de toda la Isla, ya sea que se unan por tratados pacíficos, 
no han de ser unos y otros tan estíipidos que no conozcan el mr.l que 
pueden recibir de la Isla de Cuba, y las ventajas que experimenta- 
rían insurreccionando. Es, pues, casi demostrado que hay una gue- 
rra entre las dos Islas, y que la de Santo Domingo no perderá la 
ventaja que le presta el gran número de nuestros esclavos, que sólo 
espera un genio tutelar que los redima. 

Por lo que hace á Bolívar, se sabía en la Habana que había 
dicho que con dos mil hombres y el estandarte de la libertad, toma- 
ría la Isla de Cuba, luego que esto entrase en sus planes. Otro tanto 
debe esperarse de los mejicanos, y si por nuestra desgracia llegamos 
á tener una guerra con los ingleses, yo no sé qué dificultad podrán 
tener en arruinar la Isla de Cuba cuando son amos del mar, y les 
sobra talento y libras esterlinas (por más pobres que estén) para 
introducirnos millares de emisarios. 

Es preciso no perder de vista que la población blanca de la Isla 
de Cuba se halla casi toda en las ciudades y pueblos principales, 
mas los campos puede decirse que son de los negros, pues el número 
de mayorales, y otras personas blancas que cuidan de ellos es tan 
corto, que puede computarse por nada. También debe advertirse que 
saliendo veinte leguas de la Habana se encuentran dilatados terre- 
nos enteramente desiertos, y así está la mayor parte de la Isla. Todo 
esto manifle&ta la. facilidad con qué se puede desembarcar uu ejér» 



LOS NKUKoS ESCLAVOS 478 



cito, oiganizaiio, y emprender su niarcna sin que se tenga noticia 
de ello hasta que no esté encima de alguno de los puntos principa- 
les, y que cualquier enemigo puede apoderarse de nuestros campos 
que le entregarán gustosos sus moradores, y destruir de un golpe 
nuestra agricultura, que es decir nuestra existencia. 

Se aumentan nuestros temores con la rápida ilustración que 
adquieren diariamente los libertos en el sistema representativo, 
pues la imprenta los instruye, aunque no se quiera, de sus dere- 
chos, que no son otros que los del hombre tan repetidos por todas 
partes, y les hace concebir deseos muy justos de ser tan felices 
como aquellos á quienes la naturaleza sólo diferenció en el color. 

La imagen de sus semejantes esclavos los atormenta mucho, 
porque recuerda el oprobio con que se mira su origen, y es muy na- 
tural que estos hombres procuren de todos modos quitar este obs- 
táculo de su felicidad libertando á sus iguales. Ademas, su inferio- 
ridad á los blancos nunca ha sido tan notable para ellos ni tan sen- 
sible como en el dia, que por la Constitución están privados de los 
derechos políticos, que sólo se les franquea una pue.'ta casi cerrada 
por su naturaleza, y aun se les excluye de formar la base de pobla- 
ción representada, de modo que son españoles, y no son representa- 
dos. Ellos no tanto desean serlo, como sienten él desprecio de la 
exclusión, porque al fin un artista, un hombre útil á la sociedad en 
que ha nacido se ofende mucho de ver que se le grande como á un 
extranjero, y tal vez como á un bruto. 

Cuando se habla de libertad entre esclavos, es natural que éstos 
hagan unos terribles esfuerzos para romper sus cadenas, y si no lo 
consiguen, la envidia los devora, y la injusticia se les hace más sen- 
sible. Los blancos de la Isla de Cuba no cesan de congratularse por 
haber derrocado el antiguo despotismo, recuperando los sagrados 
derechos de hombres libres. Y ¿se quiere que los originarios de 
África sean espectadores tranquilos de estas emociones? La rabia 
y la desesperación los obligara á ponerse en la alternativa de la 
libertad ó la muerte. 

Debo advertir á las Cortes que en los oriundos de África se nota 
MU conocido desafecto á la Constitución, pues jamas han dado el 
menor signo de contento, cuando es sabido que en todas las fiestas y 
regocijos públicos ellos son los primeros en alborotar por todas par- 
tes. Los sensatos observaron en la Habana que cuando llegó la noti- 
cia del restablecimiento del sistema, pareció que la tierra se había 
tragado los negros y mulatos, pues se podían contar los que había en 
Irs calles, sin embargo de la alegría general, y por algún tiempo 
guardaron un aire sombrío é imponente. No se crea que esto lo hacen 
por ignorancia, ó por adhesión al antiguo sistema, pues ya sabemos 
que por dos veces han procurado derrocarlo declarándose libres, y 



474 FKRNANDO ORTIZ 



estoy seguro de que el primero que dé el grito de independencia tie- 
ne á su favor á casi todos los originarios de África. Desengañémo- 
nos, Constitución, libertad, igualdad, son sinónimos; y á estos tér- 
minos repugnan los de esclavitud y desigualdad de derechos. En 
vano pretendemos conciliar estos contrarios. 

Pero supongamos que tenemos todos los medios para una glo- 
riosa resistencia, y que salimos vencedores: claro está que ya habrán 
cesado todas nuestras relaciones mercantiles, destruyéndose entera- 
mente la agricultura, y una gran parte de la población así blanca 
como negra. En muchos años nuestro país no podrá prestar seguri- 
dad al comerciante para sus empresas, y este estado de decadencia 
animará al mismo, ú á otro enemigo á un nuevo asalto que consume 
la obra. La Isla de Cuba, cuyo comercio merece tanta consideración 
en todo el orbe, quedará reducido á un depósito de pobres pescado- 
res hasta que se apodere de ella otra potencia que sacará las venta- 
jas que ha despreciado la España. No nos alucinemos, la Isla de 
Cuba es un coloso, pero está sobre arena; si permanece- erigido es 
por la constante calma de la atmósfera que le rodea; pero ya tene- 
mos probabilidad de que le agiten fuertes huracanes, y su calda será 
tan rápida y espantóse, como inevitable, si con anticipación no con- 
solidamos sus cimientos. 

En tales circunstancias, no queda otro recurso que remover la 
causa de estos males procurando no producir otros que puedan 
comprometer la tranquilidad de aquella Isla, quiero decir, dar la li- 
bertad á los esclavos de un modo que ni sus dueños pierdan los 
capitales que emplearon en su compra, ni el pueblo de la Habana 
sufra nuevos gravámenes, ni los libertos en las primeras emociones 
que debe causarles su inesperada dicha, quieran extenderse á más 
de lo que debe concedérseles, y por último auxiliando á la agricul- 
tura en cuanto sea posible para que no sufra, ó sufra menos atrasos 
por la carencia de esclavos. 

No faltan medios para tan ardua empresa y en el siguiente pro- 
yecto de decreto presento algunos de cuya utilidad juzgarán las 
Cortes con su acostumbrada prudencia. 

Proyecto ele decreto sobre la aholicion de la esclavitud en la Isla de 
Cuba y sobre los medios de evitar los daños que puedan ocasio- 
narse á la población blanca y ó la agricultura. 

Libres por años de servicio. 

Se declara libre todo esclavo que hubiere servido quince años 
continuados al amo á quien actualmente pertenece. Cuando el es- 
clavo fuere criollo, ó se hubiere comprado muy pequeño, se empezará 



LOS NKOKOS ESCLAVOS 475 



á contar su servicio desde los diez años de edad, y como esto no 
puede saberse á punto fijo (respecto de los conducidos de África), se 
graduará por aproximación. 

En lo sucesivo se contarán los quince años de servicio, aunque 
hayan sido á diversos amos, y así tendrá entendido todo el que com- 
pre un esclavo después de la publicación de este decreto, que sólo 
durará su dominio sobre dicho esclavo el tiempo que á éste le falte 
para cumplir los quince años de servicio. 

Cuando un esclavo quiera libertarse, contará como parte de pre- 
cio el tiempo que hubiere servido á su amo actual, y sólo le pagará 
lo que falte, que se deducirá dividiendo el precio en que le compró 
dicho amo por los 15 años que debió servirle. 

Libres por nacimiento. 

Son libres los criollos que nr-cieren después de la publicación de 
este decreto. Los amos de sus madres estarán obligados á mantener- 
los y curarlos hasta la edad de diez años, y en recompensa continua- 
rán sirviéndose de ellos hasta los veinte años sin pagarles salario y 
sin más obligación que la de mantenerlos y curarlos. 

Si un criollo á los diez años de edad quisiere indultarse de la 
obligación de servir hasta los veinte al amo de su nxadre, le abonará 
doscientos cincuenta pesos fuertes para indemnización del costo de 
su crianza. 

Cuando un criollo mayor de diez años, pero menor de veinte, 
quiera indemnizar al amo de su madre, contará el tiempo de servi- 
cio después de los diez años de su edad, como precio ya entregado, y 
rebajará lo que corresponda á los doscientos cincuenta pesos de in- 
demnización, según lo dispuesto en orden á los esclavos. 

Si un criollo mayor de diez años no quisiere continuar en el 
servicio del amo de su madre sino pasar al de otro, sólo se hará un 
traspaso de deuda con derecho á exigir servicio, hasta que cumpla 
los veinte años de edad, á menos que no satisfaga, y en dicha deuda 
se hará la rebaja que corresponda al tiempo que hubiere servido el 
criollo después de los diez años de edad, según lo dispuesto en el 
artículo anterior. 

Libres á costa de los fondos públicos y de las contribuciones 
voluntarias. 

Se establecerá en la capital de cada Provincia de la Isla de Cuba 
una junta principal con el título de Filantrópica compuesta del Jefe 
político que será el Presidente, el Obispo ó el superior eclesiástico. 



476 FERNANDO OKTIZ 



el Intendente, dos individuos de la Junta Provincial, y otros dos del 
Ayuntamiento que sacarán por suerte en una y otra corporación. 

Habrá otras juntas subalternas y dependientes de la anterior con 
el mismo título en todas las cabezas de partido. Dichas juntas s« 
compondrán del Jefe Político subalterno donde lo hubiere, y en su 
defecto, del Alcalde de primera elección, dos regidores sacados por 
suerte y el cura párroco. 

Las juntas principales nombrarán un Secretario asignándole 
cincuenta pesos fuertes mensuales, que se pagarán de los fondos 
públicos, y quedará á su arbitrio removerlo y sustituir otro sin 
dar cuenta, pues éste no se reputa empleo dado por el Gobierno. 

Encargos comunes así ú las Juntas principales como subalternas. 

Llevar una cuenta exacta del número de esclavos que existen en 
su distrito, que es el mismo que el del partido indicando el sexo, 
edad, precio y dueño de cada uno. En cuanto á los africanos, cuya 
edad se ignora, se pondrá ésta aproximadamente. 

Con este nn exigirán de los amos una noticia exacta, que darán 
en el término de tres meses, pasados los cuales no se les admitirá, 
dándose por concluido el censo, y para que los amos puedan hacer 
constar que dieron noticia de sus esclr.vos en tiempo oportuno, se les 
entregará una lista de ellos firmada por todos los individuos de la 
junta á que se hubieren presentado y conservarán esta lista como 
documento. 

Hacer que los nuevos libertos se dediquen á la agricultura, á 
las artes, al servicio doméstico, ó alguna ocupación útil; pero de- 
jándoles plena libertad para elegir la clase de estas ocupaciones 
que n^ás les agrade. El liberto que á los dos meses no se empleare 
en alguna de dichas ocupaciones será compelido por la junta en cuyo 
distrito se hallase, destinándole á tal ó cual ejercicio que sólo podrá 
dejar cuando se aplique á otro libremente. Lo mismo deberá hacer 
la Junta siempre que conste que un liberto está dos meses sin ejer- 
cicio. 

Exigir que los libertos hagan constar cada dos meses por al- 
guna persona que merezca la confianza de la Junta, ó por otros me- 
dios de igual valor, que se hallan dedicados, y continúan en las ocu- 
paciones de que habla el artículo anterior. Si contravinieren á este 
mandato, dará cuenta al poder judicial para que les imponga tres 
días de cárcel por la primera vez y nueve por la segunda, repitién- 
dose esta pena si continuaren faltando. Estas funciones de las Jun- 
tas de ningún modo impedirán las que en iguales casos ejercen los 
ayuntamientos, y las autoridades locales. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 477 



Encargos de las Juntas principales. 

Recibir los fondos destinados á la libertad de los esclavos. Di- 
chos fondos se compondrán: 

I'.' — Del 3 por 100 de los derechos de adueñas, y administración 
de toda la Provincia. 

2" — El 2 por 100 de las rentas municipales de todos los ayun- 
tamientos. 

3o — El 1 por 100 de la renta del clero en toda la Provincia. 

4'.' — El 1 por loo de las rentas de capellanías, y obras pías. 

5<? — El 1 por 100 de la renta de correos. 

6<? — El producto de las bulas de la cruzada en toda la Pro- 
\incia. 

7.' — Las lanzas y medias annaías de los títulos de Castilla exis- 
tentes en la Provincia. 

9" — Las donaciones que hagan los amantes de la humanidad. 
Con este fin se abrirá una suscricion por la Junta para colectar por 
meses, ó de una vez las cantidades que se quieren dar, y además se 
establecerá en todas las iglesias de la Provincia, sean ó no parro- 
quias, unas cajas donde sin rubor pueda cada uno echar la cantidad 
más corta con que quiera contribuir. 

Estas cajas deberán tener tres llaves de diversa construcción, 
de las cuales conservará una el párroco ó superior de la iglesia si 
no fuere parroquia, y las dos restantes dos regidores sacados por 
suerte; y donde no hubiere ayuntamiento, dos vecinos nombrados 
por la Junta del partido. Cada semana concurrirán los llaveros para 
abrir las cajas y contada la cantidad certificarán los tres. 

Todos estos fondos se depositarán en la Tesorería nacional, 
exigiendo del Tesorero el documento competente para instruir la 
cuenta de entradas que debe llevar la Junta. Dichos fondos serán 
tan sagrados, que perderá el empleo toda persona que les diere otra 
inversión, aunque sea momentáneamente y bajo cualquier pretexto. 

Además del libro de asiento en que consta el número de esclavos 
que se hallan en el distrito del partido de la capital con expresión 
de las circunstancias ya indicadas, llevarán otro libro con el título 
de asiento general en que estén apuntados todos los esclavos de la 
Provincia, indicando las mismas circunstancias. 

En este libro se colocarán los nombres de los esclavos según 
los años de servicio que tuvieren, dividiéndose en tres clases: la 1» 
desde uno hasta cinco años, la 2-} desde cinco á diez y la 3a deisde 
diez hasta quince, bien que este número nunca, puede estar cumpli- 
do, pues en tal caso ya es libre el esclavo. 

Al fin de cada mes publicara una lista de las cantidades que se 
hubiesen recibido en el anterior, indicando su origen, y con espe- 



478 FERNANDO OKTIZ 



cialidad los donativos, con expresión de los nombres de l',s contri- 
buyentes, y asimismo las cantidades colectadas en la crja de cada 
iglesia en toda la Provincia; y si de alguna de ellas aun no se supie- 
re por hallarse muy distante, se expresará así, lo cual debe obser- 
varse respecto de todo ingreso que no se haya realizado, para que 
de este modo quede el público satisfecho. 

Cada dos meses se hará públicamente un sorteo en que entrarán 
tantos números cuantos fueren los esclavos de toda la Provincia. 
Luego que salga un número por suerte, se buscará en el margen del 
libro de asiento general, y á continuación se verá el nombre del es- 
clavo, su precio y dueño, todo lo cual se apuntará inmediatamente 
por el secretario. De este modo se continuará la extracción de nú- 
meros hasta que la suma de los valores de los esclavos que hayan 
salido en suerte iguale al fondo disponible que tiene la Junta. 

Si fueren tantas las bolas que no baste un globo para contener- 
las, sin que sea muy incómodo, se repartirán en varios, poniendo 
en cada uno igual númiero de bolas, y si hubiere números impares, 
se agregarán por suerte al globo que correspondan, para lo cual ten- 
drán por fuera los globos las indicaciones de primero, segundo, et- 
cétera. En este caso, cada suerte se sacará de un globo, empezando 
por el que tiene la denominación de primero, y jamás se sacarán dos 
bolas seguidas de un mismo globo. 

Si comparada la suma de los valores de los esclavos que hayan 
salido en suerte con el fondo disponible, se viere que sobra una can- 
tidad que no baje de trescientos pesos fuertes, se procederá á sacar 
otros números, y si el precio del esclavo que saliere en suerte exce- 
diere á dicha cantidad, esperará el amo un mes para recibir todo el 
precio; y hasta entonces no se le dará dinero alguno, ni se declarará 
libre ningún esclavo; mas si el dueño no compareciere en el término 
del mes á recibir el precio de dicho esclavo, le abonará en lo suce- 
sivo un salario como libre si lo conservare en su servicio. Dicho sa- 
lario será graduado por la Junta según el mérito del esclavo. 

Como los esclavos pueden desmerecer de su precio por enfer- 
medad y otras muchas causas, luego que salieren en suerte se reco- 
noí-erán por un médico y un cirujano nombrados por la Junta, y 
después serán tasados por dos individuos, uno de ellos nombrado 
por la Junta, y otro por el amo, teniendo los tasadores en conside- 
ración el dictamen que hubieren dado los facultativos de medicina 
y cirugía. Si no convinieren en la tasación, se partirá la diferencia 
de ambos precios. Del mismo modo, si el amo no se conformare con 
el dictamen de estos facultativos, se nombrarán otros dos, uno en 
medicina y otro en cirugía, á cuya decisión deberá estarse sin más 
altercado. 

Cuando los esclavos fueren tasados en mayor precio del que eos- 



LOS NEGROS ESCLAVOS 47l' 



t. ron, sólo se pagará éste; pero si fueren tasados en menos, se paga- 
rá el precio de tasación. Sin embargo, cuando el esclavo valga me- 
nos, no por enfermedad, sino por haber sido comprado en tiempo en 
que era mayor el precio corriente de los esclavos, se abonará todo 
su importe. 

En la Tesorería nacional se hará la entrega del precio de los 
esclavos, en moneda efectiva, por orden de la Junta, que pasará al 
intento una lista de todos los esclavos que deben libertarse por 
haber salido en suerte, indicando sus precios y dueños. Hecho el 
pego, se dará inmediatamente á los libertos, si concurrieren, ó á sus 
antiguos amos ó apoderados de éstos, una papeleta firmada por el 
Tesorero en que se diga: Queda libre por el precio de... X., que per- 
tenece (i F. y será obligación de los antiguos amos presentar esta 
papeleta con el nuevo liberto, si existiere en el distrito, ante el Se- 
cretario de la Junta filantrópica para que. conservando dicha pape- 
leta como comprobante de inversión, ponga el nombre del liberto en 
un libro que tendrá para este objeto, con el título de asiento de li- 
bertos por la Junta filantrópica, é inmediatamente entregará á dicho 
liberto un documento concebido en estos términos: F. que era escla- 
vo de S., es libre por el precio de... entregado en Tesorería de orden 
de la Junta filantrópica en (aquí la fecha) y queda su nombre en el 
censo de libertos. Firmarán el Presidente y el Secretario, y no se 
extenderá otra escritura; pues á ésta se dá todo el valor necesario 
sin que intervenga escribano alguno. Así estos documentos como las 
papeletas de Tesorería, se imprimirán dejando los claros necesarios 
para poner nombres y fechas. La impresión de unos y otros, será 
pagada de los fondos de la Junta con el visto bueno del Presidente y 
firma del Secretario. 

Xo se admitirá reclamación de ninguna especie, y en ningún 
tiempo, contra la libertad concedida á los esclavos por la Junta. 

Con el objeto de fomentar la agricultura, se prohibe que con- 
curran á la capital los libertos que salieren en suerte }* pertenecie- 
ren á otro distrito. Si contravinieren, serán obligados á regresar 
inmediatamente; pues sólo se les permitirá venir á la capital, ó á 
su distrito á los cuatro años de obtenida su libertad, á menos que la 
Junta no se lo conceda ó el Gobierno los llame. 

Concluido el sorteo, se remitirá con la mayor brevedad á cada 
Junta subalterna la lista de los esclavos que hayan salido en suerte, 
y correspondan á su distrito. 

La Junta principal hará imprimir y publicar una lista de todos 
los esclavos que hayan salido en suerte, dividiéndolos según los dis- 
tritos á que pertenezcan, con expresión de sus amos, para que ocu- 
rran á recibir el precio de dichos esclavos en el término de un mes, 
y presenten á éstos si existieren, en el distrito de la Junta principal 



480 FERNANDO ORTIZ 



en el término de ocho dias para que se proceda á su tasación por los 
trámites indicados. Si el amo que se indica en la lista hubiere ya 
vendido el esclavo, se presentará, sin embargo, dentro del mismo 
término, por sí ó por otra persona, á dar razón del nuevo amo, y 
éste también deberá presentarse, aunque el primero lo haga; pues 
ambos deben concurrir. El amo que contraviniere á cualquiera de las 
disposiciones de este artículo pagará diez pesos de multa en favor 
del fondo. 

Encargos de las Juntas subalternas. 

Llevar un libro de censos de esclavos, con especificación de las 
circunstancias que se han indicado, otro de libertos, y otro de cargo 
y data de las cantidades que recibieren y de las que envíen á la 
Junta principal. 

Remitir á la Junta principal una copia del censo de esclavos in- 
mediatamente que se concluyere, que será á la mayor brevedad, y 
después cada dos meses una nota de los que hubieren muerto, ó se 
hubieren libertado, exigiendo para este fin, que todo amo dé noticia 
de la libertad ó miuerte de los esclavos. 

Igualmente remitirá todos los meses á la Junta principal las 
cantidades que hubiere colectado. 

Avisar á los amos de los esclavos que han salido en suerte, que 
en el preciso término de un mes, sino se hallan á más de cuarenta 
leguas de la capital, y de dos meses si estuviera á mayor distancia, 
se presenten por sí, ó por apoderado en la Tesorería general de la 
Provincia á recibir el precio de dichos esclavos. Si existieran los 
rmos en otro distrito, á menos que no sea el de la capital, oficiará 
á la Junta de dicho distrito, para que les intime lo mandado, y esta 
Junta contestará el oficio cuando concluido su encargo, que será á 
la mayor brevedad, indicando la fecha en que hizo su intimación. 

En el preciso término do tres dias, después de recibir las listas, 
avisará á los amos, para que en el de ocho presenten los esclavos que 
han salido en suerte, y se tasen por dos individuos nombrados por 
la misma Junta, y otros dos por el amo, reconociéndose antes por 
dos médicos ó cirujanos que nombrará la Junta, ó por un solo facul- 
tativo yo sea en Medicina ó en Cirugía, si no hubiere otro en el 
pueblo. Si el amo no existiere en el distrito y no hubiere dado per- 
sonas que tasen por su parte, la Junta las nombrará para que no sTj 
entorpezca el acto. En esta tasación se procederá según lo prevenido 
á las Juntas principales. 

Cuando los amos no se conformaren con el dictamen de los mé- 
dicos nombrados por la Junta, conducii'án sus esclavos á la capital 
para que sean reconocidos por los facultativos que tiene nombrados 



LOS NKGROS ksclavos 4S1 



la Junta, conducirán sus esclavos á la capital para que sean recono- 
cidos por los facultativos que tiene nombrados la Junta principal; 
mes el esclavo siempre quedará libre, cuando espire el término que 
señala el artículo y del modo que expresa el siguiente: 

Concluido el término que se ha prefijado á un amo para recibir 
el precio 1I3 su esclavo, aunque no conste haberse realizado la en- 
trega, declar» la Junta por libre á dicho esclavo, dándole una pape- 
leta concebida en estos términos: Queda libre X.. esclavo de F. (fir- 
marán el Presidente y Secretario) y valdrá este documento hasta 
que se le entregue el que remitirá la Junta principal. Luego que se 
reciban las cartcs de libertad remitidas por la Junta principal, se 
entregarán á los libertos, sentando sus nombres en el censo á que 
correspondan, y dando cuenta á dicha Junta de haberlo ejecutado 

De la introducción de esclavos y del pase de estos, de unas provincias 

á otras. 

Se permite que vuelvan á cada Provincia, los que se compraron 
en ella, debiendo sus amos presentarlos a la Junta principal y espe- 
cificar haberlos comprado en la Provincia. Dicha Junta mandará 
apuntar el nombre de este esclavo en el asiento general y agregará 
al globo á que tocare por suerte el número que corresponda. 

No se permite vender un esclavo fuera de la Provincia, y aun- 
que salga de ella para acompañar á su amo ú otra causa, siempre 
entrará en suerte en dicha Provincia á que corresponde, y no donde 
se halle. 

Se prohibe extraer de la Isla esclavos, aunque sea bajo el pre- 
texto de acompañar á sus propios amos. El que contraviniere, pagará 
$800 de multa, y si presentare el esclavo que habia extraído, solo 
pagará 100 pesos. 

Término de la esclavitud. 

Luego que se hayan sacado todos los números, hará la Junta 
Filantrópica principal, una declaratoria solemne de quedar libre 
todo esclavo que se halle en la Provincia, pues los que no constan en 
el censo se han introducido clandestinamente, ó se han ocultado de 
un modo culpable y quedan libres en pena del delito de sus amos. 

Si posteriormente fueren presentados algunos de los que habla 
el artículo, supuesto que serán muy pocos, se abonará su importe 
según las reglas prefijadas, y esto se entenderá hasta un año des- 
pués de haberse hecho la declaratoria que expresa el artículo an- 
terior. 

Si los esclavos, por culpa de sus amos, no fueren presentados en 



482 li'ERNANÍ)© OlitlZ 



el término de dos meses después de haber entrado en el territorio de 
la Provincia, quedarán libres y se juzgarán comprendidos en la de- 
claratoria general. 

Funciones de las Juntas Filantrópicas después de extinguida 
la esclavitud. 

No habiendo ya esclavos, quedarán reducidas las funciones de 
las Juntas, así principales como subalternas, respecto de los libertos, 
á vigilar sobre que se ejercitan útilmente y al mismo tiempo que no 
sea ilusoria la libertad que han adquirido, y que ni sus antiguos 
amos ni otro alguno se prevalga de su debilidad é ignorancia para 
un fin tan depravado. Este encargo se supone que las Juntas le ha- 
brán ejercido respecto de cada liberto, desde el momento en que ad- 
quiera su libertad, y en el caso de que habla este artículo, no harán 
nxás que continuar en tan laudables funciones. 



14 Noviembre 1842. 

Baxdo de GonERXAcroN y Policía m: í.\ Isla di: Cuija, por ix Capiiax 
Sr. D. Gerónimo Valdes. 

Art. 5<.' — Los amos enseñarán á sus siervos cuanto exige la igle- 
sia Católica, Apostólica, Romana para recibir los sacramentos; y lOs 
que faltaren á este deber pagarán la multa de cincuenta pesos si no 
lo hubiesen verificado en el especio de tiempo que á juicio de la 
autoridad pudiera haber sido suficiente, atendidas la capacidad y 
circunstancias del esclavo. 

Art. 6v — No les obligarán á trabajar los domingos y fiestas de 
guardar en artes ú oficios mecánicos, pero si podrán hacerlo en lo 
relativo al servicio personal y doméstico. 

Art. 17.'— Ningún maestro recibirá operario alguno de color sien- 
do de condición libre sin que acredite esta circunstancia con pape- 
leta del pedáneo de su barrio; y si fuere esclavo sin la licencia de su 
amo visada por el mismo pedáneo, la cual no podrá concederse por 
mayor plazo que el de dos meses: pena de abonar cuantos daños y 
perjuicios se causaren á los dueños de los esclavos que hubiese ocu- 
pado contra el tenor de este disposición. 

Lo mismo se observará respecto de los hombres de color aplica- 
dos á los trabajos del muelle, siendo responsables de la infracción 
los capataces de cuadrilla. 

Art. 21. — Todo esclavo que tenga que alejarse á mas de tres le- 
guas de distancia de la hacienda de criar en que sirva, ó á legua y 



I,OS NKGRt'S ESCLAVOS 4t>3 



media de las otras clases de fincas á que pertenezca, llevará licencia 
escrita de su amo, del mayoral ó persona que administre la posesión, 
pena de ser detenido como cimarrón y pagar el dueño los cuatro pe- 
sos de captura. 

Art. 23. — Todo individuo de color, libre ó esclavo, que proc-e- 
diendo de países extranjeros llegue á esta Isla, será remitido inme- 
diatamente al depósito constituido por el Gobierno en cada puerto, 
donde permanecerá custodiado hasta el momento de ser reexportado, 
ó podrá subsistir en el buque en que llegare siempre que la casa á 
que viniere consignado éste, afiance el pago de la multa de mil pesos 
si sale de á bordo; cuya fianza, no se cancelará hasta que se acredite 
la reexportación con la oportuna papeleta del Capitán de puerto. 

Si contra lo que se deja establecido lograse introducirse, podrá 
ser denunciado por cualquiera persona á las autoridades, y averigua- 
do el punto de que proceda, será reexportado en el primer buque que 
salga para él, permaneciendo mientras se disponga el viaje custodia- 
do en el depósito, y cada persona de las que hubieren verificado ó 
protegido su introducción pagará la multa de doscientos pesos, en- 
tendiéndose todo sin perjuicio del procedimiento á que pudiere dar 
lugar el comportamiento del individuo introducido mientras hubiese 
estado en la Isla. 

Art. 27. — El que recibiere en su casa, ó alquilare cuarto á algún 
esclavo sin licencia de su señor satisfará á éste los perjuicios que le 
hubiere ocasionado, y no podrá reclamar en el último caso los alqui- 
leres de la habitación, á mas de quedar responsable ante la ley del 
delito de piágio si el Juez á quien se acuda entendiere que trató de 
cometerse. 

Art. 28. — El que comprare alguna cosa á los hijos de familia, 
criados ó esclavos, ademas de perder el precio, incurrirá en las penas 
que las leyes designan y estimare procedentes el juez á quien se de- 
nuncie el hecho. Lo mismo se entenderá respecto de las compras 
hechas á los soldados no siendo efectos de manufacturas de su oficio 
ó no interviniendo en otro caso algún oficial de su cuerpo. 

De las compras hechas á cualquiera otra persona desconocida, 
será responsable el comprador si resultare haber sido mal adquiridos 
los efectos por el vendedor. 

Art. 29. — Toda persona de mar que recibiera á bordo ó trasladare 
á otro punto algún esclavo sin licencia de su dueño, incurrirá en la 
multa de cincuenta pesos, sin perjuicio del procedimiento á que haya 
lugar por el piágio. 

Art. 30. — Los hacendados, administradores ó encargados de fin- 
cas de campo no admitirán en ellas, operario alguno que no les 
entregue la licencia que debe llevar del pedáneo o justicia del punto 



4§4 FKKNANt)Ü OlíTlZ 



de que proceda para dedicarse al oficio ó trabajos que supiere desem- 
peñar, pena de veinte pesos de multa. 

Tampoco recibirá operario alguno de color que proceda de paí- 
ses extranjeros aun cuando bajo falsas preces ú ocultando su proce- 
dencia, hubiere concedido licencia del Gobierno ó de las autoridades 
del punto de su anterior residencia, sin dar cuenta al pedáneo del 
partido en que se halle radicada la finca. 

Art. 34. — Ninguna persona blanca ni de color podrá ejercitarse 
en los campos de buhonero, vendedor ambulante de ropas, cuchillos, 
comestibles ni otros efectos, pena de veinte pesos de multa, pues para 
el abasto de estos objetos se hallan establecidas las tiendas, bodegas 
y tabernas. 

Art. 39. — ^Los hacendados ó sus mayordomos, mayorales ó en- 
cargados de las haciendas, darán parte mensual al capitán pedáneo 
de su distrito, de los negros que se les hubieren fugado con expresión 
de sus nombres y sexos, fincas á que perteneciesen y dia en que hu- 
biesen verificado la fuga; y de cualquier acaecimiento notable que 
ocurriere en ellas ó de no haber ocurrido novedad, pena de ocho pe- 
sos de multa. 

Art. 40. — Todo vecino está autorizado para detener los esclavos 
prófugos y presentarlos á la Autoridad. 

Art. 51. — ^Se permitirá á los negros del campo el baile conocido 
con el nombre de tambor, los dias de fiestas por las tardes hasta la 
hora de costumbre, bajo la vigilancia de los mayorales, ú otras per- 
sonas blancas que cuiden de que no haya desórdenes y de que no se 
admitan negros de otras fincas. 

Art. 52. — Se prohibe el establecimiento de vallas de gallos sin 
licencia del Gobierno y en despoblado, pena de doscientos pesos. No 
se pelearán gallos en ellas sino los dias festivos bajo la misma multa 
al dueño de la valla, y aun entonces no se permitirá la entrada á los 
hijos de familia y esclavos, sino en compañía de sus padres ó due- 
ños, pena de doce pesos que pagará el amo del establecimiento. 

Art. 53. — Cuando se encuentren dos individuos en la calle cederá 
la acera el que la llevare á la izquierda, á menos que sean de dis- 
tintas castas, en cuyo caso cederá siempre la de color á la blanca. 

Art. 77. — 'El mayoral de toda finca de campo será hombre blanco, 
pena de cien pesos de multa al dueño, á quien ademas se obligará 
por todos los medios coercitivos de que el Gobierno puede hacer uso 
á que cumpla con esta disposición. 

Art. 101. — Se prohibe á los taberneros y dueños de tiendas es- 
tablecidas en los campos el comprar á los esclavos ni permutar con 
ellos los efectos que trajeren por otros de su tienda á menos que el 
contrato se celebre con consentimiento del amo del esclavo, abono 
del capitán del partido ó intervención de un vecino de arraigo que 



LOS NEGROS hSCLAVOS 485 



se haga responsable de las resultas, pena de perder el precio ó efec- 
tos que dieren, pagar ademas treinta pesos de multa por la primera 
vez y de incurrir en la misma pérdida y multa y de ser cerrado el 
establecimiento en caso de reincidencia. 

Art. 102. — Se prohibe ocupar á los esclavos en cazar ú otro cual- 
quier ejercicio que exija el uso del arma de fuego ó blancas que no 
sean las reputadas como instrumentos de labor, bajo la pena de per- 
der dichos siervos. 

Art. 166. — El peso del azúcar se hará dentro de las casas ó alma- 
cenes de que se sacare y no en la calle, y se prohiben los cánticos 
que al pesar, cargar y descargar éste y otros artículos suelen hacer 
las gentes de color. 

Art. 261. — No pudiéndose hacer efectivas la multa ó multas que 
quedan acordadas por absoluta carencia de bienes del infractor, su- 
frirá dos dias de prisión por cada peso que importe la pena, siendo 
hombre blanco, y si fuere de color será destinado á los trabajos de 
Irs calles y paseos. 

Si los infractores fuesen hijos de familia ó esclavos pagarán sus 
padres ó dueños si tuvieren bienes la multa en que hubieren incu- 
rrido, y careciendo de ellos sufrirán la de trabajos los esclavos y 
los hijos de familia la de prisión ó corrección que el Gobierno estime 
según las circunstancias del infractor. 

REGLAMENTO DE ESCLAVOS 
(Código N€gro Hispano<ubanoJ 

Artículo 1. — Todo dueño de esclavos deberá instruirlos en los 
principios de la religión Católica Apostólica Romana para que pue- 
dan ser bautizados si ya no lo estuvieren, y en caso de necesidad, les 
ruxiliará con el agua del socorro, por ser constante que cualquiera 
pueda hacerlo en tales circunstancias. ■ 

Art. 2. — La instrucción á que se refiere el artículo anterior de- 
berá darse por las noches después de concluir el trabajo, y acto con- 
tinuo se les hará rezar el rosario ó algunas otras oraciones devotas. 

Art. 3. — En los domingos y fiestas de ambos preceptos, después 
de llenar las prácticas religiosas, podrán los dueños ó encargados 
de las fincas emplear la dotación de ellas por espacio de dos horas 
en asear las casas y oficinas; pero no mas tiempo, ni ocuparlos en 
las labores de la hacienda á menos que sea en Irs épocas de recolec- 
ción, ó en otras atenciones que no admitan espera, pues en e^tos 
casos trabajarán como en los dias de labor. 

Art. 4. — Cuidarán bajo su responsa.bilidad que á los esclavos ya 
bautizados que tengan las edades necesarias para ello, se les admi- 



480 i-'ERNANDO ORTIZ 



nistren los sacramentos cuando lo tiene dispuesto la Santa Madre 
Iglesia, ó sea necesario. 

Art. 5. — Pondrán el mayor esmero y diligencia posible en ha- 
cerles comprender la obediencia que deben á las autoridades consti- 
tuidas, la obligación de reverenciar á los sacerdotes, de respetar á 
las personas blancas, de comportarse bien con las gentes de color, y 
de vivir en buena armonía con sus compañeros. 

Art. 6. — Los amos darán precisamente á sus esclavos de campo 
dos ó tres comidas al dia como mejor les parezca, con tel que sean 
suficientes para mantenerlos y reponerlos de sus fatigas, teniendo 
entendido que se regula como alimento diario y de absoluta necesi- 
dad para cadr, individuo seis ú ocho plátanos ó su equivalente en 
buniatos, ñame, yucas y otros raíces alimenticias, ocho onzas de 
carne ó bacalao, y cuatro onzas de arroz ú otra menestra ó harina. 

Art. 7. — Deberán «Jarles tam;bién dos esquifaciones al año en los 
meses de Diciembre y Mayo, compuestas cada una de camisa y cal- 
zón de coleta ó rusia, un gorro ó sombrero y un pañuelo; y en la de 
Eiciembre se les añadirá alternando, un año una camisa ó chaqueta 
de bayeta, y otro año una frazada para abrigarse durante el invierno. 

Art. 8. — ^Los negros recien nacidos ó pequeños, cuyas madres 
vayan á los trabajos de la finca, serán alimentados con cosas muy 
ligeras como soprs, atoles, leche ú otras semejantes, hasta que sal- 
gan de la lactancia y de la dentición. 

Art. 9. — Mientras las madres estuvieren en el trabajo, quedarán 
todos los chiquillos en una casa ó habitación que deberá haber en 
todos los ingenios ó cr fetales, la cual estará al cuidado de una ó mas 
negras que el amo ó mayordomo crea necesario según el número de 
aquellos. 

Art. 10. — Si enfermasen durante la lactancia, deberán entonces 
ser alimentados á los pechos de sus mismas madres; separando á 
estas de lr,s labores ó tareas del campo, y aplicándolas á otras ocu- 
paciones domésticas. 

Art. 11. — Hasta que cumplan la edad de tres años deberán tener 
camisillas de listado, en la de tres á seis podrán ser de coleta; á 
las hembras de seis á doce se les darán sayas ó camisas largas, y á 
los varones de seis á catorce se les proveerá también de calzones, 
siguiendo después de estas edades el orden de los demás. 

Art. 12. — En tiempos ordinarios trabajarán los esclavos de nue- 
ve á diez horas diarias arreglándolas el amo del modo que mejor le 
parezca. En los ingenios durante la zafra ó recolección serán diez 
y seis las horas del trabajo repartidas de manera que se les pro- 
porcionen dos de descanso durante el dia, y seis en la noche para 
dormir. 

Art. 13. — En los domingos y fiestas de ambos preceptos, y en 



I.<»8 NKGKOS ESCI-AVOS 487 



las horas de descanso los días que fueren de labor, se permitirá á 
los esclavos emplearse dentro de la finca en manufacturas ú ocupa- 
ciones que cedan en su personrl beneficio y utilidad, para poder 
adquirir peculio y proporcionarse la libertad. 

Art. 14. — No podrá obligarse á trabajar por tareas á los escla- 
vos varones mayores de sesenta años ó menores de diez y siete; ni 
á las esclavas, ni tampoco se empleará á ninguna de estas clases en 
trabajos no conformes a su sexo, edades, fuerza y robusted. 

Art. 15. — Los esclavos que por su avanzada edad ó por enfer- 
medad no se hallen en estado de trabajr.r, deberán ser alimentados 
por los dueños, y no podrán concederles la libertad para descargarse 
de ellos á no ser que les provean de peculio suficiente á satisfacción 
de la justicia, con audiencia del Procurador Síndico pr.ra que pue- 
dan mantenerse sin necesidad de otro auxilio. 

Art. 16. — En toda finca habrá una pieza segura destinada para 
depóstio de los instrumentos de labor, cuya llave no se confiará 
jamás á ningún esclavo. 

Art. 17. — Al salir para el trabajo se dará á cada esclavo el ins- 
trumento de cue haya de servirse en la ocupación del dia. y tan 
luego como regrese se le recogerá y encerrará en el depósito. 

Art. 18. — No saldrá de la hacienda esclavo alguno con ningún 
instrumento de labor, y menos con armas de cualquiera clase, á no 
ser que fuere acompañando al amo ó mayordomo, ó á las familias 
de estos, en cuyo caso podrá llevar su machete y no mas. 

Art. 19.^-Los esclavos de una finca no podrán visitar á los de 
otra sin el consentimiento expreso de los amos ó mayordomos de 
ambas: y cuando tengan que ir á finca agena ó salir de la suya, 
llevarán licencia escrita de su propio dueño ó mayordomo con las 
señas del esclavo, fecha del dia. mes y año. expresión del punto á 
que se dirijan y término porque se les ha concedido. 

Art. 20. — Todo individuo de cualquiera clase, color y condición 
que sea está autorizado para detener al esclavo que encuentre fuera 
de la crsa ó terrenos de su amo, sino le presenta la licencia escrita 
que debe llevar, ó presentándola advierte que ha variado notoria- 
mente el rumbo ó dirección del punto á que debia encaminarse, ó 
que está vencido el término por el cual se le concedió y le deberá 
conducir á la finca mas inmediata, cuyo dueño le recibirá y asegura- 
rá dando aviso al amo del esclavo si fuere del mismo partido; ó al 
pedáneo para q'i*> oficie á quien corresponda á fin de que pueda ser 
corregido el fugitivo por la persona á quien pertenezca. 

Art. 21. — Los dueños ó mayordomos de fincas, no recibirán gra- 
tificación alguna por los esclavos prófugos que aprehendieren ó les 
fueren entregados á virtud de !'^ dispuesto en el artículo anterior, eu 



4:88 FEKNANDO OKTIZ 



atención á ser un servicio que recíprocamente se deben prestar los 
hacendados y redunda en su privativa utilidad. 

Los demás aprehensores serán remunerados por el amo del es- 
clavo con la cuota de cuatro pesos señalada por la captura en el 
reglamento de cimarrones. 

Art. 22. — Tendrá el amo que satisfacer ademas los de gastos de 
alimento, curación si hubiere sido necesario hacerla, y lo demás que 
previene el mismo reglamento de cimarrones. 

Art. 23. — Permitirán los amos que sus esclavos se diviertan y 
recreen honestamente los dias festivos después de haber cumplido 
con las prácticas religiosas; pero sin salir de la finca, ni juntarse 
con los de otras, y haciéndolo en lugar abierto y á la vista de los 
mismos amos, mayordomos ó capataces, hasta ponerse el sol á toque 
de oraciones y no mas. 

Art. 24. — Se encarga muy particularmente á los dueños y ma- 
yordomos la mas exacta vigilancia para impedir el exceso en la 
bebida y la introducción en las diversiones de los esclavos de otra 
finca y de otros hombres de color libres. 

Art. 25. — Los amos cuidarán con el mayor esmero de construir 
para los esclavos solteros habitaciones espacióse s en punto seco y 
ventilado con separación para los dos sexos y bien cerradas y asegu- 
radas con llave, en las cuales se mantendrá una luz en alto toda la 
noche; y permitiéndoselo sus facultades, harán una habitación ais- 
lada para cada matrimonio. 

Art. 26. — A 1?„ hora de retirarse á dormir (que en las noches 
largas será á las ocho, y en las cortas á las nueve) se pasará lista á 
los esclavos para que no queden fuefa de su habitación sino los guar- 
dieros, de los cuales uno deberá destinarse para vigilar que todos 
guarden silencio y dar parte inmediatamente al amo ó mayordomo 
de cualquier movimiento de los mismos compañeros, de las gentes 
que llegaren de fuera, ó de cualquier otro acaecimiento interesrnte 
que ocurriere. 

Art. 27. — Asimismo habrá en cada finca una pieza cerrada y. 
asegurada con la división oportuna para cada sexo y otras dos ade- 
mas para los casos de enfermedades contagiosas, donde serán asis- 
tidos los esclavos que cayeren enfermos por facultativos en los cases 
graves, y por enfermeros ó enfermeras en los males leves en que 
solo se necesita de remedios cr seros; pero siempre con buenas me- 
dicinas, alimentos adecuados y con el mayor aseo. 

Art. 28. — Los enfermos á ser posible, serán colocados en camas 
separadas, compuestas de un gergon, estera ó petate, cabezal, manta 
y sábana, ó en un tablado que preste el desahogo suficiente para las 
curaciones de los individuos que en él se reúnan, pero siempre en 
alto. 



LOS NEGROS ESCLAVOS 48Í» 



Art. 29. — Los dueños de esclavos deberán evitar los tratos ilí- 
citos de ambos sexos fomentando los matrimonios: no impedirán el 
que se casen con los de otros dueños, y proporcionarán á los casados 
la reunión bajo un mismo techo. 

Art. 30. — Para conse^ir esta reunión y que los cónyuges cum- 
plan el fin del matrimonio, seguirá la mujer al marido comprándola 
el dueño de éste por el precio en que se conviniere con el de aquella, 
y si no á justa tasación por peritos de ambas partes y un tercero en 
caso de discordia, y si el amo del marido no se allanare á hrcer la 
compra, tendrá acción el amo de la mujer para comprar al marido. 
En el evento de que ni uno ni otro dueño se hallare 'en disposición 
de hacer la compra que le incumba, se venderá el matrimonio escla- 
vo reunido á un tercero. 

Art. 31. — Cuando el amo del marido comprare la mujer deberá 
comprar también con ella los hijos que tuviere menores de tres años, 
en razón á que según derecho hasta que cumplan esa edad deben las 
madres nodrescerlos y criarlos. 

Art. 32. — Los rmos podrán ser obligados por las justicias á 
vender sus esclavos cuando les causen vejaciones, les den mal trato 
ó cometan con ellos otros excesos contrarios á la humanidad y racio- 
nales modos con que deben tratarlos. 

La venta se hará en estos casos por el precio que tesaren peritos 
de ambas partes, ó la justicia en el caso de que alguno de ellos rehu- 
sare hacer nombramiento, y en tercero en discordia cuando fuere 
necesario, pero si hubiere comprador que quiera tomarlos sin tasa- 
ción por el precio que exija el amo, no podrá la justicia impedir que 
se haga la venta á su favor. 

Art. 33. — Cuando los rmos vendan sus esclavos por conveniencia 
ó voluntad propia, estarán en libertad de hacerlo por el precio que 
les acomode, según la mayor ó menor estimación en que los tuvieren. 

Art. 34. — Ningún amo podrá resistirse á coartar sus esclavos 
siempre que se les exhiban al menos cincuenta pesos á cuenta de su 
precio. 

Art. 35. — Los esclavos coartados, no podrán ser vendidos en mas 
p-ecio que el que se les hubiere fijado en su última coartación y con 
esta condición pasarán de comprador á comprador. 

Sin embargo, si el esclavo quisiere ser vendido contra la volun- 
tad de su amo sin justo motivo para ello, ó diere margen con su miel 
proceder á la enagenacion, podrá el amo aumentar al precio de la 
coartación el inuporte de la alcabala y los derechos de la escritura 
que causare s\i venta. 

Art. 36. — Siendo el beneficio de la coartación personalísimo, no 
gozarán de él los hijos de las madres coartadas, y asi podrán ser 
vendidos como los otros esclavos enteros. 



490 FERNANDO ORTIZ 



Art. 37. — Los dueños darán la libertad á sus esclavos en el mo- 
mento en que les apronten el precio de su estimación legítimamente 
adquirido, cuyo precio en el caso de no convenirse entre sí los intere- 
sados se fijará por un perito que nombre el amo de su parte ó en su 
defecto la justicia, otro que elegirá el Síndico Procurador general en 
representación del esclavo, y un tercero elegido por dicha justicia 
en caso de discordia. 

Art. 38. — Ganarán la libertad y ademas un premio de quinientos 
pesos el esclavo que descubra cualquiera conspiración tramada por 
otro de su clase ó por personas libres para trastornar el orden pú- 
blico. 

Si los denunciadores fueren muchos y se presentaren á la vez á 
hacer la denuncia, ó de una manera que no deje la menor duda de 
que el último ó últimos que se hubieren presentado no podían tener 
idea de que la conspiración estaba ya denunciada, ganarán todos 
la libertad, y repartirán entre sí á prórata los quinientos pesos de 
la gratificación asignrda. 

Cuando la denuncia tuviere por objeto revelar una confabula- 
ción, ó el proyecto de algún atentado de esclavo ú hombre libre con- 
tra el dueño, su mujer, hijo, padre, administrador ó mayoral de 
la finca, se recomienda al dueño el uso de la generosidad conque el 
siervo ó siervos que también han llenado los deberes de fieles y bue- 
nos servidores, por lo mucho que les interesa ofrecer estímulos á la 
lealtad. 

Art. 39. — El precio de la libertad y el premio á que se refiere el 
párrafo primero del precedente artículo, serán satisfechos del fondo 
que ha de formarse de las multas que exijan por las infracciones de 
este reglamento ó de cualquier otro de los que pertenecen al go- 
bierno. 

Art. 40. — También adquirirán los esclavos su libertad cuando 
se les otorgue por testamento, ó de cualquier otro modo legaltnente 
justificado, y procedente de motivo honesto ó laudable. 

Art. 41. — Los esclavos están obligados á obedecer y respetar 
como á padres de familia, á sus dueños, mayordomos, mayorales y 
demás superiores y á desempeñar las tareas y trabajos que se les 
señalasen, y el que fritare á alguna de estas obligaciones podrá y 
deberá ser castigado correccionalmente por el que haga de jefe en la 
finca según la calidad del defecto ó exceso, con prisión, grillete, ca- 
dena, maza ó cepo donde se les pondrá por los pies y nunca de cabe- 
za, ó con rzotes que no podrán pasar del número de veinte y cinco. 

Art. 42. — Cuando los esclavos cometieren excesos de mayor con 
sideración, ó algún delito para cuyo castigo ó escarmiento no sean 
suficientes las penas correccionales de que habla el artículo ante- 
rioi', serán asegurrdos y presentados á la justicia para que con au- 



I.OS NEOHOS KSCÍAVoS 401 



diencia de su amo si no los entrega á la noxa ó con la del Síndico 
Procurador si los entregase ó no quisiese seguir el juicio se proceda 
á lo que haya lugar en derecho; pero en el caso de que el dueño no 
haya deseniperado ó cedido á la noxa el esclr.vo, y este fuere conde- 
nado á la satisfacción de daños y menoscabos á un tercero, deberá 
responder el dueño de ellos, sin perjuicio de que al esclavo delin- 
cuente se le aplique la pena corporal ó de otra clase que merezca el 
delito. 

Art. 43. — Solo los dueños, mayordomos ó mayorales podrán cas- 
tigar correccionalmente á los esclavos con la moderación y penas 
que quedan prevenidas, y cualquier otro que lo hiciere sin mandato 
expreso del dueño ó contra su voluntad, le causare otra lesión ó 
daño, incurrirá en ias penas establecidas por las leyes, siguiéndose 
la causa á instancia del dueño ó en su defecto á instancias del Sín- 
dico Procurador, como protector de esclavos, si el exceso no es de 
aquellos que interesen á la vindicta pública, ó de oficio si fuere de 
esta última clase. 

Art. 44. — El dueño, encargado ó dependiente de la finca que deje 
de cumplir ó infrinjan curlquiera de las disposiciones contenidas 
en este reglamento incurrirán por la primera vez" en la multa de 
veinte á cincuenta pesos, por la segunda de cuarenta á ciento, y por 
la tercera de ochenta á doscientos; según la mayor ó menor impor- 
tancia del artículo infringido. 

Art. 4.5. — Les multas serán satisfechas por el dueño de la finca 
ó persona que fuere culpable de la omisión ó infracción, y en caso 
de no poderlas satisfacer por falta de numerario sufrirá un dia de 
cárcel por cada peso de los que importe la multa. 

Art. 46. — 'Si las faltas de los dueños ó encargados de regir la 
esclavitud en las fincas fueren por exceso en las penas correccionales 
causando á los esclavos contusiones graves, heridas ó mutilación de 
miembros ú otro daño mayor, ademas de Iss multas pecuniarias ci- 
tadas, se procederá criminalmente contra el que hubiere causado el 
daño á instancia del Síndico Procurador ó de oficio para imponer 
I?, pena correspondiente al delito cometido, y se obligará al dueño á 
vender el esclavo si hubiere quedado útil para el trabajo ó á darle 
1?. libertad si quedase inhábil y á contribuirle con la cuota diariia 
que señalase la justicia para manutención y vestuario mientras viva 
el esclavo, pagaderas por meses adelantados. 

Art. 47. — Las multas se aplicarán en esta forma, una tercera 
parte de su importe á la justicia ó pedáneo que la imponga y las dos 
restantes al fondo que ha de formarse en el Gobierno político de 
cada distrito, para los casos de que trata el art. 38. á cuyo fin se en- 
tregarán bajo recibo á la Secretaría de aquel. 

Art. 48, — Los Tenientes de Gobernador, justicias y pedáneos 



402 KKKNANÜO OK'IIZ 

cuidarán de la puntual observancia de este Reglamento, y de sus 
omisiones ó excesos serán inevitablemente responsables. 

INSTRUCCIONES DE PEDÁNEOS 

Art. 14. — Importando como importa al Gobierno tener noticia 
exacta de los esclavos que se hubieren fugado de las ñucas y de las 
demás ocurrencias dignas de atención que sucedan en ellas, darán 
los pedáneos un parte mensual sobre el particular con vista de los 
que deben recibir de los dueños ó encargados de los fundos existentes 
en sus partidos según lo dispuesto en el artículo 39 del Bando: sin 
perjuicio del que deben elevar tan luego como recibieren la noticia, 
cuando el acaecimiento fuere de importancia y urgente el ponerlo en 
conocimiento del Gobierno del distrito. 

Si el acaecimiento fuere de haberse insubordinado ó sublevado y 
huido toda la dotación de la finca ó parte de ella, ademas de adoptar 
inmediatamente en su partido cuantas medidas aconseje la pru- 
dencia y permitan las circunstancias para restablecer el orden y de 
dar aviso á los dueños ó encargados de las fincas comarcanas para 
que tomen cuantas providencias crean oportunas á fin de sujetar 
sus negros y auxiliar también al propietario de los sublevados, ofi 
ciarán prontamente á los pedáneos de los partidos inmediatos y á 
los comandantes de armas mss próximos para que estén sobre aviso, 
les surrtinistren los auxilios que pudieren necesitar, y contribuyan á 
conseguir la captura de los fugitivos, cuyas filiaciones y demás no- 
ticias conducentes al objeto les remitirán si fuere posible. 

Respecto de los esclavos cimarrones que aprehendieren dentro 
de su distrito en circunstancias ordinarias, por haberlos encontrado 
á la distancia y sin el requisito de que habla el artículo 21 del Bando 
de Buen Gobierno, ó porque con otro motivo se hallen prófugos de las 
fincas á que pertenezcan, darán noticia al dueño tan luego como 
tenga efecto la aprehensión para que ocurra á recogerlos, siempre 
que se halle á menor distancia que la que haya desde el partido al 
depósito de cimarrones que hubiere mas próximo; y si transcurrido 
un término proporcionado á la distancia no se presentase el dueño 
ó envirse á recoger el esclavo, se le remitirán con razón del costo 
de captura y de alimentos, que se regula en un real diario, y de los 
demás que hubieren podido hacerse en médico y botica en caso de 
haber enfermado; cuyo total importe abonará el amo del esclavo ó 
se hará efectivo por el Gobierno á virtud del parte que diere el pe- 
dáneo si se negase a verificarlo. 

Si fuere ignorado el dueño por no conocerse el esclavo por no 
dar este razón de él, conservarán ^1 cimarrón en su poder el tiempo 
que señala el art. 5<? de la parte segunda del Reglamento de la mate- 



LOS NKGROS ESCLAVOS 4U3 



lia y no mas; y pasado que sea, le remitirán en derechura con la 
misma razón al depósito de cimarrones que hubiere mas próximo, á 
cuyo administrador harán entrega de él y de la filiación y pliego con 
que se conduzca. 

Finalmente, los pedáneos no llevarán la persecución de los ci- 
marrones mes allá de los límites de su partido, sino lo que fuere 
necesario para dar parte al capitán del otro comarcano y para que 
éste se ponga en disposición de continuarla. 

Art. 15. — No consentirán en sus partidos hombres vagos, pica- 
pleitos, ni personas escandalosas de cualquier sexo que sea y tan 
luego como tuvieren noticia de existir en ellos algún individuo de 
tales circunstancias, levantarán auto de oficio á cuyo tenor sean 
examinados dos ó mas testigos de conocido arraigo y probidad que 
puedan deponer acerca de la conducta de aquellos; y con su mérito, 
si le produjere bastante, los reducirán á prisión y remitirán con lo 
obrado al Gobierno político ó Tenencia de Gobierno de que depen- 
dan, para que proceda á lo demás que haya lugar, conforme á las 
disposiciones particulares publicadas en esta materia que quedan en 
su fuerza y vigor.* 

Art. 16. — En cumplida observancia de lo dispuesto en el artícu- 
lo 38 del Bando de Buen Gobierno, siempre que se presente en su 
partido algún demandante ó limosnero de Corporaciones ó Santua- 
rios que no vaya provisto de la oportuna licencia de su superior 
eclesiástico, ó aun cuando la llave no esté visada por el Gobierno, 
procederá el pedáneo á detenerle, levantará auto de oficio, y con la 
instructiva que reciba al procesa.do y las demás declaraciones que 
crea conducentes á justificar el hecho de haberse ocupado en la 
cuesta, le remitirá al Gobierno político ó Tenencia de Gobierno del 
distrito. 

La mismo practicará respecto de los curanderos, albéitares y 
otros profesores públicos que para el desempeño de sus profesiones 
necesitan haber obtenido título y haberle presentado al Ayunta- 
miento del distrito donde traten de establecerse á ejercer, sino 
acredítese en el acta haber llenado estos requisitos. 

Respecto á los preceptores de primeras letras que abriesen es- 
cuela ó diesen lecciones en casas particulares haciendo de ello una 
profesión les exigirán además del título y su presentación al 
Ayuntamiento, que den noticia á los inspectores de escuelas del ba- 
rrio de donde se muden cuando llegue el caso de hacerlo, con expre- 
sión de la calle y número de la casa á que vayan á parar. 

Art. 17. — También recogerán los pedáneos del campo, y remi- 
tirán á este Gobierno Político ó Tenencia de Gobierno de su dis- 
trito, con diligencias bastantes para justificar el hecho, todo mu- 
chacho que pasando de diez años y no llegando á diez y siete, andu- 



494 t'EKNANDO OUTIZ 



viera vagando, y no les sea posible hacer que tome ocupación con 
algún vecino en la agricultura ó en otro ejercicio honesto y suscep- 
tible de proporcionarle la subsistencia. 

Art. 18. — Como por una parte tiene demostrado la experiencia 
que existen hombres robustos dispuestos que no quieren dedicarse 
á ningún género de ocupación lucrativa y honesta, y por la otra que 
hay personas honradas y laboriosas que caen en una involuntaria 
miseria por su edad, achaques y otras causales, los pedáneos de las 
poblaciones en que existan justicias ordinarias cumplirán exacta- 
mente lo dispuesto en el art. 85 del Bando, y los de los campos deten- 
drán y remitirán á la capital á disposición del Gobierno político los 
pordioseros que se presentasen en sus partidos para que sean reco- 
gidos y destinados en la Real Casa de Beneficencia á los oficios ú 
ocupaciones compatibles c^>n su edad ó achaques; y si á primera 
vista conociesen que tales pobres no tienen impedimento físico para 
el trabajo, los encause como á vagos, verificando la remisión en el 
primer caso con el auto de oficio que levantarán y la declaración 
que reciban al detenido, y en el segundo, con la oportuna sumaria 
que perefccionarán hasta donde les sea posible. 

Art. 19. — Los pedáneos, á quienes incumbe hacer que tenga en- 
tero cumplimiento lo dispuesto en los artículos 22 y 30 del Bando, 
tan luego como observen que ha residido en la población algún ex- 
tranjero mas de tres meses, ó que siendo hombre de color ha logra- 
do introducirse en alguna finca de campo dará parte al Gobierno 
Político ó Tenencia de Gobierno, con expresión de sus cualidades y 
de las relaciones que haya podido contraer en la Isla, para que se 
adopten las providencias que correspondan; y desde el momento de 
su presentación en el partido hasta en el que dieren el parte, y 
siempre vigilarán cuidadosamente la conducta que observase; y en- 
tiéndase que debe reputarse extranjero todo el que no siendo natu- 
ral de los dominios de España, aun cuando hablase su idioma, no 
tenga carta de domicilio ó naturaleza expedida por el Gobierno su- 
perior de esta Isla. 

Art. 20. — Como las personas dementes vagando por la población 
no solo turban el sosiego del vecindario, sino que pueden atentar 
contra su misma persona y la de los demás, será obligación de los 
pedáneos el recogerlas y entregarlas á los parientes mas cercanos ó 
allegados para que las cuiden y tengan aseguradas. Pero si no tu- 
vieren parientes ó allegados, ó teniéndolos, la pobreza y circunstan- 
cias de estos no permitiesen que el loco estuviere aumentado y ase- 
gurado cual corresponde, formarán el oportuno expediente instructi- 
vo en que se acredite la demencia con las declaraciones de dos veci- 
nos de conocida probidad y arraigo, el atestado del cura párroco y 
certificación al menos de un médico, y se hs^an constar todas las 



LOS MEüKÓS KSCLAVUS -ítíÓ 



noticias que fueren posibles acerca del tiempo en que empezó la 
enagenacion mental, el curso que hubiere llevado la enfermedad y 
las circunstancias que se hubiesen observado en sus delirios y pu- 
üieran ser convenientes para la curación, la edad del paciente que 
deberá justificarse á ser posible con la partida de bautismo, su esta- 
do social, relaciones y condición, y si tiene ó no bienes de fortuna, 
los cuales en su caso pondrán los pedáneos en seguro depósito y de 
la manera que pueda ser más productiva para el demente; y lo remi- 
tirán todo al Gobierno político o tenencia de Gobierno de que depen- 
aau, paf-a que pueda acordarse la traslación del loco á la Real Casa 
de Beneficencia ó lo que se estime más arreglado. 

Art. 21. — ^No podrá haber en los partidos junta ni reunión de 
ninguna especie sin consentimienteo y permiso previo de los pedá- 
neos, quienes deberán concurrir (si otras ocupaciones mas urgentes 
no se lo impiden) á todas las que se celebren, como responsables 
de la tranquilidad y del orden y encargados de hacer que se cumplan 
las disposiciones del Gobierno. 

Cuidarán por lo mismo de impedir que haya peleas de gallos 
otros dias que no sean los festivos, y el que en estos y los demás 
del año, entren en las vallas y casas de billar los hijos de familia y 
esclavos no yendo con sus padres ó dueños. 

Disolverán las reuniones de gentes que se formen á las puertas 
y ventanas de las casas en que hubiere bailes, harán retirar los pues- 
tos de bebidas y comestibles que se hubiesen situado en sus inme- 
diaciones, y no permitirán que concurran al baile gente de color si 
la licencia hubiese sido concedida á nombre de alguna persona blan- 
ca, ni personas blancas si se hubiese otorgado á alguna de color. 

En exacta observación de lo dispuesto en el artículo 145 del 
Bando, no consentirán que en los bailes y otras reuniones del campo 
se porten machetes. 

Y finalmente vigilarán con sumo esmero sobre los cabildos de 
negros, dando parte inmediatamente al Gobierno de cualquier acae- 
cimiento desagradable é importante que ocurra en las reuniones de 
esta clase, ó en cualesquiera otras, y levantando cuando las circuns- 
tancias lo e.xigieren el oportuno procedimiento. 



4 Julio 1870. 

Ley de Viextbes Libres. 

"Don Francisco Serrano y Domínguez, Regente del Reino por la 
voluntad de las Cortes soberanas; á todos los que las presentes vie- 
ren y entendieren, salud: las Cortes Constituyentes de la Nación 



496 FEKNANüü ORTIZ 



eápañola, en uso de su soberanía, decretan y sancionan lo si- 
guiente: 

Artículo 1" — Todos los hijos de madres esclavas que nazcan des- 
pués de la publicación de esta ley son declarados libres. 

Art. 2<> — Todos los esclavos nacidos desde el 17 de Setiembre de 
1868 hasta la publicación de esta ley son adquiridos por el Estado 
mediante el pago á sus dueños de la cantidad de 125 pesetee. 

Art. 3'.' — Todos los esclavos que hayan servido bajo la bander? 
española, ó de cualquier manera hayan auxiliado á las tropas du 
rante la actual insurrección de Cuba, son declarados libres. Igual- 
mente quedan reconocidos como tales todos los que hubieren sido de- 
clarados libres por el gobernador superior de Cuba en uso de sus 
atribuciones. El Estado indemnizará de su valor á los dueños si 
han permanecido fieles á la causa española: si pertenecieren á los 
insurrectos no habrá lugar á indemnización. 

Art. 4v — Los esclavos que á la publicación de esta ley hubieren 
cumplido sesenta años son declarados libres sin indemnización á sus 
dueños. El mismo beneficio gozarán los que en adelante llegaren á 
esa ciudad. 

Art. 5<) — Todos los esclavos que por cualquier causa pertenez- 
can al Estado son declarados libres. Asimismo aquellos que á título 
de emancipados estuvieren bajo la protección del Estado entrarán 
dende luego en el pleno ejercicio de los derechos de los ingenuos. 

Art. 6v — Los libertos por ministerio de esta ley, de que hablan 
los cirts. I9 y 2?, quedarán bajo el patronato de los dueños de la 
madre, previa indemnización conforme á lo prescrito en el art. 11. 

Art. 7'.| — El patronato á que se refiere el artículo anterior im- 
pone al patrono la obligación de mantener á sus clientes, vestirlos, 
asistirlos en sus enfermedades y darles la enseñanza primaria y 
educación necesaria para ejercer un arte ó un oficio. 

El patrono adquiere todos los derechos de tutor, pudiendo á 
más aprovecharse del trabajo del liberto sin retribución alguna has- 
ta la edad de diez y ocho años. 

Art. 8'' — 'Llegado el liberto á la edad de diez y ocho años, gana- 
rá la mitad del jornal de un hombre libre según su clase y oficio. De 
este jornal se le entregará desde luego la mitad, reservándose la 
otra mitad para formarle un peculio de la manera que determinen 
disposiciones posteriores. 

Art. 9<' — Al cumplir los veintidós años, el liberto adquirirá el 
pleno goce de sus derechos, cesando el patronato, y se le entregará 
su peculio. 

Art. 10. — ^El patronato terminará también: 

Iv Por el matrimonio del liberto, cuando lo verifiquen las hem- 



l.OS nKgkos JísclaVos 4'j' 



bras después de los catorce años y los varones después de los diez 
y ocho. 

2v Por abuso justificado del patrono en castigos, ó por faltas á 
sus deberes, consignados en el art. 7'.' 

3v Cuando el patrono prostituya ó favorezca la prostitución del 
liberto. 

Art. 11. — El patronato es trasmisible por todos los medios cono- 
cidos en derecho y renunciable por justas causas. 

Los padres legítimos ó naturales que sean libres podrán reivin- 
dicar el patronato de sus hijos abonando al patrono una indemniza- 
ción por los gastos hechos en beneficio del liberto. 

Disposiciones posteriores fijarán In base de esta indemnización. 

Art. 12. — El gobernador superior civil proveerá en el término de 
un mes desde la publicación de esta ley las listas de los esclavos que 
estén comprendidos en los arts. 3" y 5" 

Art. 13. — Los libertos ya libres á que se refiere el artículo ante- 
rior quedarán bajo la protección del Estado, reducida á protegerlos 
y proporcionarles el medio de ganar su subsistencia sin coartarles 
de modo alguno su libertad. 

Los que prefieran volver al África serán conducidos á ella. 

Art. 14. — Los esclavos á que se refiere el artículo 4» podrán per- 
manecer en la casa de sus dueños, que adquirirán en este caso el 
carácter de patronos. 

Cuando hubieren optado por continuar en la casa de sus patro- 
nos, será potestativo en éstos retribuirlos ó no; pero en todo caso, 
y especialmente en el de imposibilidad física para mantenerse por 
sí, tendrán la obligación de alimentarlos, vestirlos y asistirlos en 
sus enfermedades, como también el derecho de ocuparlos en trabajos 
r.decuados á su estado. 

Si se negare el liberto á cumplir la obligación de trabajar, ó 
produjere trastornos en la casa del patrono, la autoridad decidirá 
oyendo antes al liberto. 

Art. 15. — Si el liberto por su voluntad saliese del patronato de 
su antiguo amo, no tendrán ya efecto para con éste las obligaciones 
contenidas en el presente artículo. 

Art. 16. — El Gobierno arbitrará los recursos necesarios para las 
indemnizaciones á que dará lugar Ir. presente ley por medio de un 
impuesto sobre los que, permaneciendo aún en servidumbre, estén 
comprendidos en la edad de once a sesenta años. 

Art. 17. — El delito de sevicia, justificado y penado por los Tri- 
bunales de justicia, traerá consigo la consecuencia de la libertaxl del 
siervo que sufriese el exceso. 

Art. 18. — Toda ocultación que impida la aplicación de los benefi- 



498 t'EKNANDO OÜT12 



cios de esta ley será -castigada con arreglo al tít. XIII del Código 
penal. 

Art. 19. — Serán considerados libres todos los que no aparezcan 
inscritos en el censo formado en la isla de Puerto Rico en 31 de Di- 
ciembre de 1869, y en el que deberá quedar terminado en la isla de 
Cuba en 31 de Diciembre del corriente año de 1870. 

Art. 20. — El Gobierno dictará un reglamento especial para el 
cumplimiento de estci ley. 

Art. 21. — ^El Gobierno presentará á las Cortes, cuando en ellas 
hayan sido admitidos los diputados de Cuba, el proyecto de ley de 
emancipación indemnizada de los que queden en servidumbre des- 
pués del planteamiento de esta ley. 

ínterin esta emancipación se veriflcaí, queda suprimido el casti- 
go de azotes que autorizó el capítulo XIII del reglamento de Puerto 
Rico y su equivalente en Cuba. 

Tampoco podrán venderse separadamente de sus madres los 
hijos menores de catorce aiios, ni los esclavos que estén unidos en 
matrimonio. 

De acuerdo de las Cortes Constituyentes se comunica al Regente 
del Reino para su promulgación como ley. 

Palacio de las Cortes 23 de Junio de 1870. — Manuel Ruiz Zo- 
rrilla, Presidente, etc. 

Por tanto: mando, etc. 

San Ildefonso 4 de Junio de 1870. — Francisco Serrano. — El Mi- 
nistro de Ultramar, Segismundo Moret y Prendergast." 



5 Agosto 1872. 

Reglamento del Patronato de Esclavos. 

CAPITULO PRIMERO 
De las Juntas protectoras. 

Artículo 1<> — En cumplimiento del art. 13 de la ley y de los de- 
más que se refieren al patronato, se establecerá en cada una de las 
jurisdicciones de la Isla de Cuba y en cada uno de los distritos civi- 
les de la de Puerto-Rico una Junta protectora de los libertos, bajo 
cuya protección estarán todos los declarados libres por las disposicio- 
nes de la expresada ley. En la capital de cada isla habrá además una 
Junta Central. 

Art. 2'? — Las Juntas protectoras jurisdiccionales se compondrán 
del Gobernador ó Teniente Gobernador de la jurisdicción en Cuba, 



L(JS NEOROS ESCLAVOS 499 



del Corregidor del distrito en Puerto-Rico, que serán los Presiden- 
tes, y del Síndico primero del Ayuntamiento de la cabecera, ó del 
úpico que aquel cuente; de cuatro Vocales propietarios, dos de ellos 
no poseedores de esclavos; de cuatro suplentes, dos también que no 
posean esclavos, para los casos de enfermedad, ausencia ú otro impe- 
dimento, y de un Secretario sin voto. 

La sustitución de los propietarios se hará de modo que en nin- 
gún caso resulte menor de dos el número de los Vocales no poseedo- 
res de esclavos. 

Art. 3" — El 'cargo de Vocal de estas Juntas será gratuito y no 
renunciable, sino por los mayores de 60 años y los físicamente im- 
pedidos. 

No podrán ser Vocales: 

Primero. Los extranjeros si no han obtenido carta de natu- 
raleza. 

Segundo. Los menores. 

Tercero. Los que no sepan leer y escribir. 

Cuarto. Los militares y empleados públicos en activo servicio. 

Quinto. Los que hayan sufrido penas aflictivas. 

Sexto. Los que por sentencia se hallen sujetos á la vigilancia 
de la Autoridad. 

Sétimo. Los que en cualquier tiempo hayan sido condenados por 
delitos de infracción de los reglamentos que rigen la esclavitud ó 
por los que castiga el decreto sobre represión del tráfico negrero. 

Durará el cargo dos años, renovándose por mitad en cada uno, 
y determinando la suerte los dos propietarios y dos suplentes que 
deben salir al finíjizar el primero de dichos años. 

Art. 4.' — Para constituir las .Juntas jurisdiccionales, los Gober- 
nadores ó Tenientes Gobernadores en Cuba, y los Corregidores en 
Puerto-Rico, de las cabeceras respectivas formarán una lista que 
comprenda los 16 mayores contribuyentes de la jurisdicción, tengan 
ó no su residencia en la misma, la mitad no poseedores de esclavos, 
á fin de que entre ellos elija el Gobernador Superior Civil los cuatro 
Vocales propietarios de las mencionadas Juntas. En los años suce- 
sivos las listes comprenderán únicamente ocho individuos que reú- 
nan las mismas circunstancias con el objeto de que la Autoridad 
Superior elija los dos que han de reemplazar á los salientes. 

Art. 5'.i — Constituidas las Juntas jurisdiccionales con los dos 
Vocales natos que determina el artículo 2?^ y los cuatro propieta- 
rios elegidos con arreglo al 4", procederán á formar una propuesta 
de ocho contribuyentes que residan en la jurisdicción, la mitad no 
poseedores de esclavos, y la elevarán al Gobernador superior civil 
para que elija los cuatro Vocales suplentes que hayan de sustituir á 
los propietarios. Para las renovaciones anuales y sucesivas de la mi- 



OUU • FERNANDO OÜTlZ 



tad de los suplentes, solo propondrán las Juntas cuatro contribu 
yentes que reúnan las circunstancias prevenidas, á ñn de que elija 
dos la Autoridad Superior. 

Las Juntas no podrán tomar acuerdo sin la asistencia de la 
mitad más vmo de los Vocales. 

Art. 6v — Son atribuciones de las Juntas protectoras jurisdicc.o- 
n Toles: 

l^i Cuidar de que se cumplan las obligaciones impuestas á los 
patronos por el artículo 7<.) de la ley respecto á los clientes libertos 
comprendidos en los arts. l',> y 29 de la misma, con arreglo á lo que 
en cada caso permitan el estado de cultura y las condiciones de loca- 
lidad, y en consonancia con los trabajos que han de ejecutar más ade- 
lante en las fincas rústicas ó urbanas. 

2a — Procurar que se haga efectivo el pago de los jornales que el 
artículo 8'.i de la ley señala á los libertos que hayan cumplido 18 
años, interviniendo en la fijación de su importe, y percibiendo la 
mitad destinada á la formación del peculio de aquellos. Para apreciar 
el salario de los libertos, el medio jornal que á éstos se asigne 
estará en relación con el que ganen los hombres libres según su 
clase y oficio. 

3a — ^Procurar que la terminación de patronato al cumplir los 
individuos la edad de 22 años, con arreglo al artículo 9'? de la ley, 
surta todos sus efectos. Cuando el patronato termine por cualquiera 
de las tres causas expresadas en el artículo 10 de la ley, las Juntas 
tendrán en el primer caso bajo su protección á los cónyuges hasta 
la mayor edad del varón, y procurarán, sin violentar su voluntad, 
que continúen en calidad de colonos con el patrono de la hembra. 
En los otros dos casos colocarán á los menores bajo el patronato de 
las personas que crean conveniente, atemperándose para la fijación 
del jornal á lo que se determina en la atribución segunda. 

4;< — Auxiliar á los libertos comprendidos en los artículos 3o y 5? 
de la ley y á los que no estuviesen en patronato, procurando que los 
contratos ó estipulaciones que celebren sean los más conformes al 
interés de aquellos, al desarrollo de la agricultura y á las necesida- 
des del orden público. 

5a — .Ejercer todas las funciones de la cúratela, según derecho, 
sobre los libertos menores de 22 años que no estén bajo patronato, y 
sobre los que, siendo también menores de 22 años, ejerciten derechos 
contrarios á los de sus patronos, representándolos en juicio y fuera 
de él, por medio de las personas que nombren al efecto. 

6^; — Intervenir con su aprobación necesaria en las estipulaciones 
y actos de trasmisión del patronato, así como en los que tengan por 
objeto revindicar los padres libres el patronato de sus hijos, y apro- 



LOS NKORÜS hSCLAV(J.~- 0<'l 



bar las indemnizaciones que consideren justas, según se establecerá 
más adelante. 

7" — Llevar registros de los individuos cuya protección les está 
confiada, y de las alteraciones que sufran los mismos en su situación 
y residencia, anotando por separado los que estén bajo patronato y 
los trabajadores libertes. 

S; — Cuidar al tenor de lo dispuesto en el artículo 14 de la 
ley, de que los patronos cumplan sus obligaciones respecto á los li- 
bertos mayores de 60 años que permanezcan en las casas ó haciendas 
de sus antiguos dueños, é intervenir en las desavenencias que ocu- 
rran entre unos y otros. 

9-1 — Imponer á nombre de cada interesado las cantidades que se 
recauden para la formación de su peculio en la Caja pública de Aho- 
rros establecida en la Habana y en San Juan de Puerto-Rico, ó en 
sus sucursales. 

10. — Entender en las renuncias de los patronatos, admitiendo 
las que se funden en causas que las Juntas consideren justas y pro- 
badas, sin que las renuncias tengan jamás por resultado la separa- 
ción de hijo menor de 14 años de su madre siervr.. Esta separación 
tampoco será permitida en los casos de trasmisión del patronato. 

11. — Disponer el cambio de patronato, oyendo al patrono cuando 
el menor que revele alguna especiallsima aptitud reclfme. por sí, 
ó por otra persona en su nombre variar de ocupación, siempre que 
esto exija su traslación á otro punto donde el patrono no pudiese 
ejercer sus funciones, ó cuando éste no accediese al cambio de ocu- 
pación. 

12. — Formar los padrones, las listas y los registros que para la 
aplicación de la ley fuesen necesarios ó se prevengan en este regla- 
mento, cumpliendo cuanto en él se dispone acerca de dichos docu- 
mentos. 

13. — Preparar los nombramientos de Secretario y demás emplea- 
dos necesarios, que se hará por los Gobernadores en Cuba, y los Co- 
rregidores en Puerto-Rico, y deberán ser aprobados por el Goberna- 
dor superior civil. 

14. — Formrr la plantilla de los empleados de la jurisdicción, 
fijando sus sueldos y el del Secretario, sometiéndola á la aprobación 
del Gobernador superior civil, el cual oirá antes de darla á la Junta 
Central. 

15. — Resolver las reclamaciones que se hagan sobre exclusión ó 
inclusión en las listas de libertos. 

16. — Dirimir j' resolver todas las cuestiones que se susciten 
entre patronos y clientes y todas las demás que puedan ocurrir con 
motivo de la aplicación de este reglamento, ajustándose al procedi- 
miento que estfblezca el especial de que trata el artículo 18. 



502 FKKNANDO ORTJZ 



Art. 7? En el caso de que las partes reclamantes ó contendien- 
tes no se conformaren con la decisión de las Juntas jurisdiccionales, 
tendrán derecho á acudir á la Central dentro del término de 30 dias, 
la cual decidirá sin ulterior recurso en el orden administrativo. 

Art. 89 El que se sintiere agraviado por las resoluciones que 
causen estado de la Junta Central, podrá entablar contra ellas los 
recursos contencioso-administrativos ó contencioso-judiciales que es- 
time procedentes. 

Art. 9<.> La tramitación ó procedimiento de loe recursos á que 
se refiere el artículo anterior, se ajustará en los contencioso-adminis- 
trativos á las disposiciones vigentes para los demás de su clase: y en 
los contencioso-judiciales á lo determinado en el tít. 24, parte 1? de 
la ley de Enjuiciamiento civil vigente en las islas de Cuba y Puerto- 
Rico. 

Art. 10. Los esclavos que sean declarados libres con arreglo al 
artículo 17 de la ley, quedarán al cuidado de las Juntas protectoras, 
que procederán respecto de ellos en la misma forma que para los 
demás se dispone en el reglamento, principalmente en el núm. 4o del 
artículo 6'.' 

Art. 11. Lus Juntas protectoras jurisdiccionales podrán delegar 
sus facultades para cada uno de los partidos de su jurisdicción en 
alguna de las personas comprendidas en la píopuesta á que se refiere 
el art. 5'.' designando también otra para el cargo de suplente, ambas 
residentes en el partido: y sus nombramientos, a propuestas de las 
Juntas, se harán por el Gobernador ó Teniente Gobernador en Cuba, 
y el Corregidor en Puerto Rico, dando cuenta para su aprobación al 
Gobernador superior civil. Los delegados y suplentes obrarán siem- 
pre bajo la autoridad de las Juntas, de manera que éstas únicamente 
sean las que resuelvan y determinen todas las cuestiones que puedan 
ocurrir, limitándose los delegados á ser ejecutores de sus órdenes. 

Art. 12. Las personas investidas de tales cargos serán conside- 
radas como funcionarios públicos con atribuciones administrativas, y 
estarán sujetas á la responsabilidad gubernativa y judicial que co- 
rresponde á este carácter. También serán gratuitos los referidos 
cargos, y no podrán renunciarse sino en los casos en que procede la 
renuncia de los Vocales. 

Art. 13. La Junta Central protectora residirá en la capital y 
se compondrá: del Gobernador superior civil, que será su presidente; 
de un Vice-presidente nombrado por dicha Autoridad; de los prime- 
ros síndicos del Ayuntamiento de aquella; de 16 Vocales propieta- 
rios, la mitad de ellos no poseedores de esclavos, elegidos por el Go- 
bernador superior civil entre los 150 mayores contribuyentes de 
tgda la Isla, residan ó no en la capital; de 16 suplentes, ocho que no 
posean esclavos, para los casos de ausencia ó ení'ennedad, y de un 



.os NKGRoS KSCI.AVOS 503 



Secretario propuesto por la Junta y nombrado por el Gobernador 
superior civil. Esta Autoridad podrá delegar las funciones de Presi- 
dente en casos especiales en Ir. persona que crea oportuno. 

La sustitución de los propietarios se verificará de manera que 
nunca resulte menor de ocho el número de Vocales que no posean 
esclavos. 

Art. 14. Tan luego como se constituya la Junta, formará una 
lista de 32 contribuyentes; pero que tengan su residencia en la capi- 
tal, para que el Gobernador superior civil elija los 16 suplentes que 
han de sustituir á los propietarios. 

Art. 15. Esta Junta se renovará por mitad en cada año, deter- 
minando la suerte los que deban cesar al fin del primero. 

Las renovaciones de los Vocales propietarios se harán por nom- 
bramiento del Gobernador superior civil, conforme al art. 13, y la 
de los suplentes se verificará eligiéndolos dicha Autoridad Superior, 
conforme al art. 14. El carg^ de vocf.l no es renunciable sino en los 
casos previstos en el art. 3? 

No podrán ser vocales los que se hallen comprendidos en alguno 
de los casos primero al sétimo del citado artículo. 

Art. 16. Son atribuciones de la Junta Central: 

I9 La formación del padrón general de esclavos. 

2'.' La de las listas y registros de libertos de toda la Isla que 
fuera necesario fonnar ó que se prevenga en adelante, previa la 
aprobación del Gobernador Superior civil; debiendo publicarse en 
la Gaceta de la capital el resfimen general de las citadas listas y 
registro. 

S»? Entender y resolver en las reclamaciones que se le presen- 
ten contra los acuerdos de las Juntas jurisdiccionales y en las con- 
sultas que las mismas le dirijan. 

4" Dar las instrucciones debidas á las Juntas jurisdiccionales, 
cuidando de que cumplan puntualmente las obligaciones que les 
impone este reglamento. 

5? Exponer al Ministerio de Ultramar, por conducto del Go- 
bernador superior civil de la Isla, cuanto considere conveniente al 
mejor cumplimiento de la ley. y á remover las dificultades que pu- 
diesen producir perturbaciones ó perjuicios, tanto á los esclavos y 
libertos como á los dueños ó patronos. 

6" Llevar en forma legal cuenta y razón de las cantidades que 
recaude cada una de las Juntas jurisdiccionales por la mitad de los 
jornales que hayan de formar el peculio de los libertos. 

7" Proponer al Gobernador superior civil para su aprobrclon 
los nombramientos del Secretario y demás empleados que sean in- 
dispensables, los sueldos que deban tener, y el presupuesto de gastos 
de la misma dependencia. 



5(»4 



FERNANDO OKTIZ 



89 Resumir los presupuestos de gastos de todas las Juntas ju- 
risdiccionales, é intervenir en la rendición de cuentas de las mis- 
mas, y redactar la general, remitiéndola en la forma establecida por 
las disposiciones vigentes en la materia al tribunal competente para 
su aprobación. 

Art. 17. A fin de arbitrar los recursos necesarios para las in- 
demnizaciones declaradas en la ley y cubrir los presupuestos de gas- 
tos de todas las .Juntas protectoras: la Central, después de cslcular 
y conocer el total importe de las indemnizaciones y gastos, propondrá 
al Gobierno superior civil de la Isla el impuesto con que deban gra- 
varse los esclavos comprendidos en la edad de 11 á 60 años. 

El Gobernador superior civil remitirá con su informe la ante- 
rior propuesta al Ministerio de Ultramar, para que en su vista, re- 
suelva lo que estime más acertado. 

Art. 18. El Gobernador superior civil, oyendo á la .Junta Cen- 
tral y al Conse.io de Administración en» Cuba, ó á la Diputación pro- 
vincial en Puerto-Rico, dictará los reglamentos porque ha de regirse 
la primera, las Juntas jurisdiccionales y los delegados de los parti- 
dos en sus varias funciones protectoras, y en sus relaciones con el 
Gobierno superior civil; ajustando estrictamente sus prescripciones 
á las de la ley de 4 de Julio de 1870, y á las de este reglamento. 

Art. 19. Los esclavos que hayan servido bajo la bandera espa- 
iíola durante la insurrección de la isla de Cuba, y continúen después 
en servicio activo, no estarán al cuidado de las Juntas protectoras 
mientras permanezcan como libertos en dicha situación, de la cual 
se dará conocimiento por el Gobernador superior civil á la Junta 
jurisdiccional á que correspondió como esclavo. Igual conocimiento 
se dará á la misma Junta cuando fuesen licenciados del servicio de 
las armas. Las disposiciones anteriores no comprenden á los meno- 
res de edad, los cuales en todo lo que no se refiera á asuntos milita- 
res, deben de ser protegidos por las respectivas Juntas. 

Art. 20. Los libertos que por su mala índole demuestren aver- 
sión ó mala' voluntad al trabajo ó fuesen incorregibles, deberán ser 
abandonados por Ifs Juntas á que correspondan; y estas, con apro- 
bación de la Junta Central; les retirarán su protección, dando cuen- 
ta á la Autoridad para su gobierno ó para los fines que estime opor- 
tunos. 

Art. 21. Los libertos que por virtud de las disposiciones del 
artículo 29 de la ley fuesen objeto de indemnizroion á sus antiguos 
dueños, no recibirán cédulas de tales hasta que haya sido examinada 
su situación, para fijar el importe de las indemnizaciones ante la 
Junta protectora de la jurisdicción á que correspondieron como es- 
clavos. Las Juntas cuidarán de que se hagan inmediatamente así 
las tasaciones como el examen expresado, para no diferir un mo- 



LOS NEGROS ESCLAV08 5(>5 



mentó la declaración de libertad y la entrega de la correspondiente 
cédula. 

Art. 22. La apreciación del valor de los individuos sujetos á 
indemnización se verificará siempre ante la Junta jurisdiccional res- 
pectiva, previo dictamen de dos peritos, nombrados uno por parte de 
la Hacienda pública para cada caso que ocurra, y otro por la persona 
á quien la indemnización sea debida ó su representante. En caso de 
desacuerdo entre ambos peritos, la Junta, oyendo previamente á un 
tercero nombrado por ella, decidirá como en el caso anterior sobre el 
importe de la indemnización. Todo procedimiento relativo á un mis- 
mo individuo se verificará precisfimente en un solo acto, sujetán- 
dose las tasaciones acordadas por las Juntas á la aprobación del 
Administrador económico respectivo. 

Art. 23. Los que hallándose aun en el servicio de las armas 
residiesen incorporados como militares en otra jurisdicción, se pre- 
sentarán, previa autorización de sus Jefes, ante la Junta de aquella, 
á fin de que pueda fijar la cantidad indemnizable. dando inmediata- 
mente el oportuno f-viso al antiguo dueño del liberto ó su represen 
tante. para que nombre un perito por su parte que comparezca al 
acto de la tasación, sin dejar esta de verificarse por falta de asisten- 
cia del interesado. 

Art. 24. En el ceso de no comparecer la representación del 
dueño, la Junta fijará irrevocablemente, y con la aprobación del 
Administrador o Jefe económico respectivo, el importe de la indem- 
nización, oyendo al perito de la Hacienda pública y á otro nombrado 
por la misma Junta. El acuerdo que esta tome se pondrá en conoci- 
miento del dueño ó su representante, y se comunicará á la Junta 
protectora de la jurisdicción á que el liberto correspondió como es- 
clavo. 

Art. 25. Los dueños, cuyos esclavos hubieren servido bajo la 
bandera española y muerto en campaña ó de resultas de sus heridas 
después de la publicación de la ley en la Gaceta de Madrid y antes 
de ponerse en ejecución este reglamento tienen derecho á la indem- 
nización de que trata el artículo 3" de rquella, y recibirán en tal 
concepto la cantidad de 1,500 pesetas por cada esclavo. 

Art. 26. Las indemnizaciones que deban hacer los padres li- 
bres, legítimos ó naturales, al reivindicar el patronato de sus hijos 
comprendidos en los artículos !<? y 2" de la ley. serán reguladas de 
manera que representen la diferencia entre el importe de los gastos 
de manutención y enseñanza que el patrono ha hecho por el liberto 
y el de los servicios que este haya prestr.do gratuitamente al patrono. 



506 FKKNANDO OHTIZ 



CAPITULO SEGUNDO 

De los padrones, listas y registros encomendados á las Juntas pro- 
tectoras, Central y jurisdiccionales y de la expedición de cédulas 
á los libertos. 

Art. 27. Únicamente serán considerados como esclavos los que 
en tal concepto se hallen inscritos en el censo general ultimado 
respectivamente en las islas de Cuba y Puerto-Rico por la Junta 
protectora Central. Dicho censo se considerará como definitivo siem- 
pre que se halle ajustado á las disposiciones contenidas en la ley de 
4 de Julio de 1870 y á las instrucciones dictadas por el Ministerio de 
Ultramar para su ejecución y cumplimiento. 

Art. 28. Las Juntas jurisdiccionales llevarán un registro espe- 
cial de los nacidos desde el 4 de Julio de 1870, fecha de la publica- 
ción de dicha ley. En ese registro, además de las circunstancias que 
se tuvieron presentes para el general de la esclavitud y que les sean 
rplicables, se consignarán el nombre, profesión y domicilio del pa- 
trono, que respecto de ellos haya de ejercer los derechos de tutor. 

Art. 29. Oportunamente se iniciarán en el registro á que se 
refiere el artículo anterior, los nacidos de madre que se halla bajo 
patronato según la ley. 

Art. 30. Las reclamaciones respecto á la aplicación de los 
beneficios de la ley á los individuos cuyos nombres hayan sido omi- 
tidos en los censos ó registros respectivos, podrán producirse en cual- 
quier tiempo. Las de exclusión sólo se admitirán cuando se presen- 
ten antes del término de 30 dias, contados desde la publicación de 
las listas que se formen en las jurisdicciones respectivas; enten- 
diéndose estos recursos sin perjuicio de las responsabilidades que 
proceda exigir con arreglo á las disposiciones anteriores. 

Los esclavos no comprendidos en el censo formado en la isla de 
Puerto-Rico en 31 de Diciembre de 1869, fecha anterior a la publi- 
cación de la ley, aunque empadronados en 31 de Diciembre de 1867, 
serán considerados como libres; pero á sus dueños se les reservan 
las indemnizaciones que correspondan cuando las Cortes les hayan 
concedido este derecho. 

Art. 31. El Gobernador superior civil dispondrá que las Juntas 
protectoras jurisdiccionales, por medio de uno de sus Vocales, hagan 
con toda urgencia, si ya no lo hubieren verificado, la entrega de las 
respectivas cédulas tanto á los libertos mayores de 60 años, como á 
los patronos de los menores "de edad. El Vocal delegado levantará 
acta de la entrega que autorizará con su firma, la del patrono ó su 
representante y dos testigos. 

Art. 32. La entrega de cédulas que se refieren á los nacidos 



LOS ^EGKOS ESCLAVOS 50" 



después del dia 4 de Julio de 1870, se verificará con las mismas for- 
malidades del artículo anterior. 

Art. 33. El censo de que trata el artículo 19 de la ley, no per- 
judicará ni se opondrá de modo alguno á las responsabilidades y 
derechos consignados en el decreto con fuerza de ley de 29 de Se- 
tiembre de 1866 y en el reglamento de 18 de Junio de 1867. 

Art. 34. Las Juntas protectoras, comparrndo la expresada ley 
de 1866 con el censo general de esclavitud, procurarán que se exclu- 
yan de este todos los que no se hallen comprendidos como esclavos 
en el antiguo, sin más excepción que los nacidos con posterioridad 
hasta la fecha en que por la ley deben ser libres. 

Art. 35. Las expresadas Juntas formarán también un padrón 
de todas las personas declaradas libres por efecto de la ley de 4 de 
Julio de 1870. 

Art. 36. La prueba de los servicios á que se refiere el artículo 
3<.> de la mencionada ley, se encomienda á las Juntas protectoras á 
fin de que gestionen con las Autoridades la libertad del esclavo. El 
Gobernador superior civil resolverá definitivamente, según su pru- 
dente arbitrio, reservando á las partes los recursos de que se crean 
asistidas contra las decisiones de la expresada Autoridad. 



CAPITULO TERCERO 

Del Patronato. 

Art. 37. Quedan sujetos al patronato de los dueños de las ma- 
dres todos los libertos que seg»m los artículos l':> y 2° de la ley 
hayan nacido desde el dia 17 de Setiembre de 1868 y nazcan en lo 
sucesivo. También quedan en patronato, en el caso del artículo 14 
de la ley. los que hayan cumplido 60 años si no optaren por su 
libertad. 

Art. 38. Las facultades que conceden nuestras leyes á los tuto- 
res respecto de los menores las ejercerán los patronos respecto de 
los libertos, representándolos en juicio. 

Art. 39. Los libertos deben obediencia y respeto á sus patronos 
como á sus padres, y no podrán sin su anuencia comprar, vender, 
ceder ni enajenar, ba.jo la pena de nulidad. 

Art. 40. El patronato es trasmisible por todos los medios co- 
nocidos en derecho, y renunciable por justas causas, con arreglo al 
artículo 11 de la ley. Ni la trasmisión ni la renuncia podrán hacerse 
separando de su mano al liberto menor de 14 años. 

Art. 41. Los patronos tiienen obligación de mantener á sus 
clientes, vestirles y asistirles en sus enfermedades é instruirles en 



508 FKKNANDO OKTIZ 



los principios de religión y moral, inculcándoles afición al trabajo, 
sumisión y respeto á las leyes y amor al prójimo, y la de satisfacer 
los gastos que originen su bautismo y sepultura. Estos deberes del 
patrono se refieren únicamente á los libertos comprendidos en los 
artículos 1" y 2'.' de la ley. 

Art. 42. También deberán dar á sus clientes la instrucción ne- 
cesaria para ejercer un arte ú oficio dedicándoles á aquel para el 
cual demuestren más amplitud é inclinación así que lleguen á la 
pubertad. El celo que observen los patronos en este punto se consi- 
derará servicio especial y meritorio. 

Art. 43. El patrono, en justa remuneración de los deberes que 
le imponen los artículos precedentes y de los gastos que hiciere en 
favor del liberto, tiene derecho á aprovecharse de su trabajo, sin 
retribución alguna, hasta que cumpla 18 años su cliente. 

Art. 44. Desde los 18 hasta los 22 abonará el patrono al liberto 
la mitad del jornal de un hombre libre, según su clase y oficio, 
teniendo en cuenta al fijar la cuota de este jornal lo consignp..do en 
la atribución 2a del artículo 69 Este jornal se dividirá en dos partes, 
de las cuales una se entregará al liberto y la otra á la .Tunta pro- 
tectora de la jurisdicción para formar el peculio de aquel. 

Art. 45. El patrono de todo menor que no le haya dado la 
instrucción necesaria para ejercer un arte ú oficio arreglada á lo que 
permita el estado de cultura del país y las condiciones de localidad y 
en consonancia con el trabajo que presta el liberto en las faenas 
rústicas ó urbanas, quedará obligrdo á satisfacer á dicho menor 
desde los 18 hasta los 22 años el jornal íntegro que corresponda á un 
hombre libre siempre que esta omisión sea debida á culpa ó negli- 
gencia del patrono. 

Art. 46. Cuando los libertos de 60 años hubiesen optado por 
continuar en la casa ó hacienda de sus antiguos dueños, éstos adqui- 
rirán el carácter de patronos. 

Art. 47. En el caso de negarse el liberto ó el antiguo dueño á 
cumplir con las respectivas obligaciones consignadas en el artículo 
14 de la ley, las juntas protectoras, previa audiencia de ambas par- 
tes, adoptarán las medidas oportunas para aquellas que sean cum- 
plidas, y procurarán facilitar trabajo á los libertos según sus cir- 
cunstancias. 

Art. 48. Las juntas protectoras cuidarán muy especialmente de 
no contratar á los libertos para trabajos que no sean análogos á los 
que hubieren desempeñado hasta entonces, conservando en las fincas 
de campo los que estuvieren en ellas, pero sin coartar su libertad. 

Art. 49. Los patronos tienen el deber de corregir las faltas que 
cometan los libertos. El Gobierno superior civil, oyendo á la Junta 



LOS NEGROS ESCLAVOS 509 



Central protectora, determinará en un reglamento las correcciones 
que podrán imponer los patronos. 



CAPITULO CUARTO 

De la manera de verificar el embarque de los libertos comprendidos 

en los articulos /e la ley. 

Art. 50. Al recibir las cédulas de libertos los comprendidos en 
el artículo 3v de la ley, y las suyas especiales los de que trata el 5? 
de la misma, serán consultados por la Junta de quien las reciban so- 
bre su deseo de volver al África. En el mismo acto se hará constar 
su manifestación en las listas á que correspondan y en la cédula que 
obtengan. 

La facultad de elección que se concede á estos libertos se ejerce- 
rá por sólo una vez, y dentro de los 70 dias siguientes al en que se 
les entregue la cédula de libertad. 

Art. 51. Los que acepten volver al África, quedarán desde lue- 
go á disposición de la Junta protectora de la jurisdicción hasta que 
reunidos los que en la misma se hallen en este caso, el Gobernador 
superior civil, con previo conocimiento de su número y circunstan- 
cias, determine su conducción al punto de embarque que señale. 

Art. 52. Reunidos en el puerto de embarque los emigrantes pro- 
cedentes de las jurisdicciones á quienes se hubiese señalado punto de 
dirección, serán tomados á bordo del buque que haya de conducirlos, 
cuyo Comandante los recibirá de la Autoridad Gubernativa de dicho 
punto, como delegado al efecto por el Gobernador superior civil, ex- 
tendiéndose por triplicado el acta de embarque que contendrá los 
nombres de los emigrantes. Cada ejemplar de esta acta llevará las 
Armas de la Autoridad que entrega en la representación ya dicha, 
del Comandante de Marina ó del Capitán del Puerto y del Coman- 
dante del buque que los reciba. Este conservará un ejemplar hasta 
el desempeño de su comisión, y los otros dos se remitirán al Gober- 
nador superior civil con destino el uno á Secretaría del Gobierno, y 
el otro al Ministerio de Ultramar: librándose copias autorizadas de 
dicha acta al Regente y Fiscal de la Audiencia del territorio. 

Art. 53. Los emigrantes podrán embarcar sus efectos de equipa- 
je y peculio, así como los instrumentos de trabajo que les pertenez- 
can á la orden del Comandante del buque. 

Art. 54. La conducción de los emigrantes se hará al punto de 
África que determine la Autoridad Superior, según las instrucciones 
que le dé el Gobierno de S. M. ; adoptándose las medidas necesarias 
para justificar la entrega en el puerto de desembarque. 



510 FERNANDO OETIZ 



Art. 55. Luego que desembarquen los emigrantes en el puerto 
á que vayan destinados, quedan en completa libertad. 

Art. 56. Los Gobernadores Superiores civiles de las islas de 
Cuba y Puerto-Rico someterán al Ministerio de Ultramar las dudas 
que puedan ocurrir sobre la aplicación de la ley y de este reglamen- 
to, siempre que para su resolución se exija una medida legislativa ó 
gubernativa; remitiendo de igual manera á la aprobación del Gobier- 
no Supremo las disposiciones que para la ejecución exacta de la una 
y del otro crean oportuno dictar. 

Dado en San Sebastian á cinco de Agosto de mil ochocientos se- 
tenta y dos. — AMADEO. — El Ministro de Ultramar, Eduardo Gasset 
y Artime. 

13 Febrero 1880. 

Lky de Arolicion de la Esclavitud. 

"Don Alfonso XIL sabed: que las Cortes han decretado y Nos 
sancionado lo siguiente: 

Artículo 1? Cesa el estado de esclavitud en la isla de Cuba con 
arreglo á las prescripciones de la presente ley. 

Art. 2? Los individuos que sin infracción de la ley de 4 de Ju- 
lio de 1870 se hallaren inscritos como siervos en el censo ultimado 
en 1871 y continuaren en servidumbre á la promulgación de esta 
ley, quedarán durante el tiempo que en ella se determina bajo el 
patronato de sus poseedores. 

. El patronato será trasmisible por todos los medios conocidos en 
derecho, no pudiendo trasmitirse sin trasmitir al nuevo patrono el 
de los hijos menores de doce años y el de su padre ó madre respec- 
tivamente. En ningún caso podrán separarse los individuos que 
constituyan familia, sea cual fuere el origen de ésta. 

Art. 3? El patrono conservará el derecho de utilizar el trabajo 
de sus patrocinados y el de representarlos en todos los actos civiles 
y judiciales con .arreglo á las leyes. 

Art. 4? Serán obligaciones del patrono: 

Primero. Mantener á sus patrocinados. 

Segundo. Vestirlos. 

Tercero. Asistirlos en sus enfermedades. 

Cuarto. Retribuir su trabajo con el estipendio mensual que en 
esta ley se determina. 

Quinto. Dar á los menores la enseñanza primaria y la educación 
necesaria para ejercer un arte, oficio ú ocupación útil. 

Sexto. Alimentar, vestir y asistir en sus enfermedades á los 
hijos de los patrocinados que se dallen en la infancia y en la púber- 



LOS SEGKOS ESCLAVOS 511 



tad, nacidos antes y después del patronato, pudiendo aprovecharse 
sin retribución de sus servicios. 

Art. 5'.' A la promulgación de esta ley se entregará á los patro- 
cinados una cédula, en la forma que determine el reglamento, ha- 
ciendo constar en ella la suma de los derechos y obligaciones de su 
nuevo estado. 

Art. 6? El estipendio mensual á que se refiere el art. 4? en su 
párrafo cuarto será de uno á dos pesos para los que tengan más de 
diez y ocho años y no hayan alcanzado la major edad. Para los que 
la hayan cumplido, el estipendio será de tres pesos mensuales. 

En caso de inutilidad para el trabajo de los patrocinados, por 
enfermedad ó por cualquier otra causa, el patrono no estará obligado 
á entregar la parte de estipendio que corresponda al tiempo que 
dicha inutilidad hubiere durado. 
Art. 7? El patronato cesará: 

Primero. Por extinción mediante el orden gradual de edades de 
los patrocinados, de mayor á menor, en la forma que determina el 
artículo 89, de modo que concluya definitivamente á los ocho años de 
promulgada esta ley. 

Segundo. Por acuerdo mutuo del patrono y del patrocinado, sin 
intervención extraña, excepto la de los padres si fueren conocidos, 
y en su defecto de las Juntas locales respectivas, cuando se trate de 
menores de veinte años, determinada esta edad en la forma que ex- 
presa el art. 13. 

Tercero. Por renuncia del patrono, salvo si los patrocinados fue- 
ren menores, sexagenarios, ó estuvieren enfermos ó impedidos. 

Cuarto. Por indemnización de servicios, mediante entrega al pa- 
trono de la suma de 30 á 50 pesos anuales, según sexo, edad y cir- 
cunstancias del patrocinado, por el tiempo que faltare á éste de los 
cinco primeros años de patronato y el término medio de los tres 
restantes. 

Quinto. Por cualquiera de las causas de manumisión estaWecidas 
en las leyes civiles y penales, ó por faltar el patrono á los deberes 
que le impone el art. 49 

Art. 8? La extinción del patronato mediante el orden de edades 
de los patrocinados, á que se refiere el párrafo primero del artículo 
anterior, se verificará por cuartas partes del número de individuos 
sujetos á cada patrono, comenzando al terminar el quinto año y si- 
guiendo al final de los sucesivos hasta que cese definitivamente al 
concluir el octavo. 

La designación de los individuos que deban salir del patronato 
mediante la edad, se hará ante las Juntas locales con un mes de an- 
terioridad á la terminación del quinto año y demás sucesivos. 

Si hubiere de la misma edad más individuos de los que deban 



512 FERNANDO ORTIZ 



srlir del patronato en un mismo año, un sorteo verificado entre di- 
chas Juntas designará los que liayan de salir del patronato, que se- 
rán los que obtengan número más bajo. 

Cuando el número de patrocinados siendo mayor de cuatro, no 
fuera divisible por éste, el exceso aumentará un individuo á cada 
una de las primeras designaciones. 

Si el número de patrocinados no llega á cuatro, la designación 
se hará por terceras partes, por mitad, ó de una vez; pero la obli- 
gación del patrono no será exigible sino al final del sexto, sétimo ú 
octavo año respectivamente. 

El reglamento fijará la forma, método y extensión de los regis- 
tros y empadronamientos que hayan de servir para las designaciones. 

Art. 9<> Los que dejen de ser patrocinados en virtud de lo dis- 
puesto en el art. 7'.'. gozarán de sus derechos civiles, pero quedarán 
bajo la protección del Estado y sujetos á las leyes y reglamentos 
que impongan la necesidad de acreditar la contratación de su trabajo 
ó un oficio ú ocupación conocidos. Los que fueren menores de veinte 
años y no tuviesen padres, quedarán bajo la inmediata protección 
del Estado. 

Art. 10. La obligación de acreditar la contratación de su tra- 
bajo para los que hayan salido del patronato durará cuatro años, y 
los que la quebranten, á juicio de la autoridad gubernativa, aseso- 
rada de las Juntas locales, serán tenidos por vagos para todos los 
efectos legales y podrán ser destinados a prestar servicio retribuido 
■en las obras públicas por el tiempo que según los casos determine el 
reglamento. Transcurridos los cuatro años á que este artículo se 
contrae, los que fueron patrocinados disfrutarán de todos sus dere- 
chos civiles y políticos. 

Art. 11. Los individuos que estén coartados á la promulgación 
de esta ley conservarán en su nuevo estado de patrocinados los dere- 
chos adquiridos por la coartación. Podrán además utilizar el benefi- 
cio consignado en el caso cuarto del artículo l^:, entregando á sus 
patronos la diferencia que resulte entre la cantidad que tuvieren 
dada y la que corresponda por indemnización de servicios con arreglo 
á lo dispuesto en el artículo y caso mencionados. 

Art. 12. Los individuos que en virtud de lo dispuesto en la ley 
de 4 de Julio de 1870 sean libres por haber nacido con posterioridad 
al 17 de Setiembre de 1868, estarán sujetos a las prescriciones de 
aquella ley, excepto en todo lo que puede serles más ventajosa la 
presente. 

Los libertos a virtud del art. 19 de la expresada ley de 1870 que- 
darán bajo la inmediata protección del Estado y obligados á acredi- 
tar, hasta que trascurran cuatro años, la contratacióii de su trabajo y 



Los NtGROS ESCLAVOS ol3 



demás condiciones de ocupación á que se refieren los arts. 9? y 10 de 
la presente. 

Art. 13. Se entenderán que son menores para los efectos de esta 
ley los que no Iiayan cumplido veinte años, si la edad puede justi 
ficarse, y en caso contrario se deducirá ésta por las Juntas locales, 
en vista de las circunstancias físicas del menor, previo informe pe- 
ricial. 

Art. 14. Los- patronos no podrán imponer á los patrocinados, 
ni aun bajo el pretexto de mantener el régimen del trabajo dentro 
de las fincas, el castigo corporal prohibido por el párrafo segundo 
del art. 21 de la ley de 4 de Julio de 1870. Tendrán, sin embargo, las 
facultades coercitivas y disciplinarias que determine el reglamento, 
el cual contendrá á la vez las reglas necesarias para asegurar el 
trabajo y el ejercicio moderado de aquella facultad. Podrán también 
los patronos disminuir los estipendios mensuales proporcionalmente 
á la falta de trabajo del retribuido, según los casos y en la forma que 
el reglamento fije. 

Art. 1.5. En cada provincia se formará una Junta presidida por 
el gobernador, y en su defecto por el presidente de la Diputación pro- 
vincial, el juez de primera instancia, el promotor fiscal, el procurador 
síndico de la capital y dos contribuyentes, uno de los cuales será 
patrono. 

En los Municipios donde convenga, á juicio de los respectivos 
gobernadores, y previa aprobación del gobernador general, se forma- 
rán también Juntas locales, presididas por el alcalde, y compuestas 
del procurador síndico, uno de los mayores contribuyentes y dos ve- 
cinos honrados. Estas Juntas y el Ministerio fiscal vigilarán por el 
exacto cumplimiento de esta ley y tendrán, además de las atribucio- 
nes que la misma determina, las que el reglamento les confiera. 

Art. 16. Los patrocinados estarán sometidos á los Tribunales 
ordinarios por los delitos y faltas de que fueren responsables con 
arreglo al Código penal, exceptuándose de esta regla los de rebelión, 
sedición, atentado y desórdenes públicos, respecto á los cuales serán 
juzgados por la jurisdicción militar. 

Esto no obstante, los patronos tendrán derecho á que la autori- 
dad gubernativa les preste su auxilio contra los patrocinados que 
perturben el régimen del trabajo, cuando su acción no fuere suficien- 
te para impedirlo, pudiendo aquélla, á la tercera reclamación justifi- 
cada, obligar al patrocinado á trabajar en las obras públicas por el 
período que fije el reglamento, según los casos, dentro del tiempo que 
reste para la extinción del patronato. Si el patrocinado reincidiere 
después de haber sido destinado una vez al servicio expresado, lo 
abandonase o perturbase gravemente el orden del mismo, podrá el 
gobernador general, dcndo cuenta razonada al Gobierno, ordenar que 



»14: FERNANDO UlíTlZ 



se le traslade á las islas españolas de la costa de África, donde per- 
manecerá sujeto al régimen de vigilancia qqe fijare el reglamento. 

Art. 17. El reglamento á que se refiere esta ley se formará por 
el gobernador general de la isla, oyendo al arzobispo de Santiago de 
Cuba y al obispo de la Habana, á la Audiencia de esta última y al 
Consejo de Administración, dentro de los sesenta días de recibida 
aquélla, y al cumplirse este plazo improrrogable publicará y plantea- 
rá simutáneamente dicha autoridad la ley y el reglamento, sin per- 
juicio de remitirlo por el primer correo á la aprobación del Gobierno, 
que resolverá definitivamente lo que corresponda en el plazo de un 
mes, previa audiencia del Consejo de Estado. 

Art. 18. Quedan derogadas todas las leyes, reglamentos y dis- 
posiciones que se opongan á la presente ley, sin perjuicio de los dere- 
chos ya adquiridos por los esclavos y libertos conforme á la de 4 de 
Julio de 1870, en todo lo que no esté expresamente modificado por los 
artículos anteriores. 

Por tanto: mandamos, etc. 

Dado en Palacio á 13 de Febrero de 1880. — Yo el Rey. — El Minis- 
tro de Ultramar, José Elduayen." 

8 Marzo 1880. 

Reglamento de la Ley de 1880, aboliendo la esclavitud en Cuba. 
(No publicado por la Gaceta, ni por la Colección Legislativa, ni 
por las colecciones particulares de Zamora, Alcubilla, Oliva y 
otras. ) 

En cumplimiento de lo dispuesto por el artículo 17 de la Ley de 
13 de Febrero último, planteada en el dia de hoy, y después de oir á 
los reverendos arzobispo de Santiago de Cuba y Obispo de la Haba- 
na, á la Real Audiencia de este territorio y al Excmo'. Consejo de 
Administración, he tenido á bien dictar el siguiente reglamento 
para la ejecución de dicha ley: 

CAPITULO 1 '. 

De las Juntas. 

Artículo 1<? Conforme se previene en el artículo 15 de la Ley de 
13 de Febrero de 1880 mandando que cese la esclavitud en esta Isla, 
en cada provincia se establecerá